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10 de octubre de 2008

“¿Qué carajo creés que viene si fracasa Kirchner?”


Entrevista al filósofo Nicolás Casullo
“¿Qué carajo creés que viene si fracasa Kirchner?”


24/05/2007. El pensador estuvo en la Facultad Libre de Rosario y se sentó con el eslabón para analizar en profundidad el momento que está atravesando nuestro país.


El profesor acaba de terminar su clase de Historia de las Ideas de Occidente en el Parque España. Una patota de alumnos lo acompaña en el trayecto que va del túnel a la explanada y lo atormenta a preguntas. “¿Qué quiso decir con eso de que Kirchner repuso el conflicto en el discurso político?”, le dice uno que lo sigue de cerca y no lo suelta intentando robarme a mi entrevistado, hasta que lo corto. “Nicolás, ¿podemos hacer una nota para el eslabón?”, le grito. “Vamos a cenar que recién a la una de la mañana sale mi colectivo”, responde Casullo, que parece haber encontrado un salvoconducto por el cual escaparse de ese plantel de aduladores y personajes que parecen querer demostrar que saben mucho haciendo preguntas complejas.
Nicolás Casullo es Filósofo, investigador y profesor de Ética, Historia de las ideas e Historia del Arte en la UBA. Ha publicado, entre otros libros, La democracia difícil (1985), El Debate modernidad- posmodernidad (1988), París 68 (1998) y está a punto de lanzar a las librerías Cuestiones. Viene cada quince días a Rosario a dar clases en la Facultad Libre, y el miércoles 16 de mayo aceptó sentarse con este periódico en una mesa de Cuernavaca, el restaurante de Oroño y Rivadavia.

La entrevista tuvo dos momentos, aunque acá se reproducirá de corrido. Uno es apenas el entrevistado y el reportero se conocen, y el otro luego de los primeros dos cuartos de vino, momento en que le grabador había sido apagado. A partir de entonces, los tópicos de la charla se hicieron más terrenales y Casullo demostró ser un intelectual bien criollo, apasionado por el fútbol –hincha de Racing– y la política –de familia con padre radical gorila y madre peronista–.
Para agregar datos, a quien no conoce al hombre en cuestión, cabe recordar que su testimonio es uno de los troncales de la monumental obra La Voluntad, escrita por Martín Caparrós y Eduardo Anguita sobre la experiencia de la generación del sesenta-setenta, de la cual Casullo es un sobreviviente.

—Reflexionar desde las distintas disciplinas sociales hacia la política nos debería permitir ver más en profundidad el escenario de los acontecimientos públicos ¿En qué proceso se encuentra inserto nuestro país en este tiempo?
—Yo creo que nuestro país esta inserto en un proceso latinoamericano interesante, quizás como muy pocas veces existió en la historia moderna. Tendría que regresar a la historia independentista para que hubiese una coyuntura donde seis o siete países de distintas perspectivas de centro izquierda, gobiernan al unísono. Es una época para pensar, para actuar, para defender. En donde América Latina, y Argentina dentro de esta, cada uno con sus bemoles, con sus límites, con sus desprolijidades, es la única zona en occidente y más allá de occidente, que se plantea en discusión crítica con los recetarios de época. Es decir, contra lo que sería el sentido común del neoliberalismo y sus programáticas, con variables que uno podría decir que tienen en el fondo un corte popular, más o menos acentuado y que se reconocen entre si. Hay una cierta alianza entre Ecuador, Venezuela, Brasil, Argentina y Bolivia, que es interesante porque es el único espacio dentro del capitalismo occidental que aparece como discordante, desfasado de lo que es el mercado salvaje, el modelo y la receta de república democrática liberal.

—¿Por qué creés que este escenario se está haciendo posible?
—Creo que hay elementos compartidos. Es el fracaso en un altísimo porcentaje, quizás exceptuando Chile, del modelo del Consenso de Washington y el modelo liberal de los noventa. Ahí hay un fracaso general que le compete tanto a Venezuela, como a Ecuador con la dolarización, como a los gobiernos que tuvieron Bolivia, Argentina y el propio Brasil. Luego hay que tener en cuenta que la historia tiene siempre un caudal de azares e imprevistos, de situaciones que no están calculadas: Chávez no creo que estuviese en los planes, Evo Morales, si bien aparece como resultado de una larga lucha de los movimientos indígenas, el hecho que gane electoralmente no estaba calculado; y en Argentina, el gobierno kirchnerista no estaba calculado. Es decir, Argentina sale de 2001 inclinada hacia la derecha. El que gana es Menem, el que estuvo a punto de salir segundo es López Murphy, el que iba a ser el candidato peronista de Duhalde era Reutemann o De la Sota. O sea que la Argentina por milagro tiene de golpe a este sureño que le intenta imprimir al peronismo un sesgo de centro izquierda, un desarrollismo de corte nacional industrializador y muy ligado a ciertos países latinoamericanos.
Pero también hay una gran cuota de azar en esas variables. Todas estas variables generan como resultado un momento propicio para pensar en términos latinoamericanos, cosa que no se dio en los ochentas, en los noventas y que no se dio tampoco en los setenta. Porque en los setenta, muy rápidamente cae el gobierno de la unidad popular en Chile, viene la dictadura en Uruguay, en Brasil había una dictadura, y la Argentina queda absolutamente sola y marginada, y es la última en caer.

—¿Qué lugar debería tener en este proceso el campo de las ideas, la universidad, los intelectuales?
—Yo creo que hay acontecimientos históricos que son difíciles de remontar y que van a llevar tiempo, que no son simplemente la caída de un gobierno o el fracaso de un proceso. Creo que acá se está en una etapa post revolucionaria, en tanto tomemos como modelo la clásica revolución de la teoría marxista, que tanto las variables cristianas, como las antiimperialistas, como las populistas de izquierda habían sustentado en los sesenta y setenta. Se está en una crisis profunda porque ha desaparecido un mundo de experiencias histórico, de libros, de militancia; un mundo de pensamientos, de debate, que sería lo que constituyó el campo de la izquierda revolucionaria. Eso no es fácil de levantar. Lo que hay que hacer es resistir, reinventar la política, reconstituir el conflicto, reponer sujetos sociales.
Y luego hay que tener en cuenta que estamos en un tiempo de un amplio triunfo cultural del liberalismo. Desde los ochenta, de Ronald Reagan en adelante, hay una avance en términos intelectuales, de ideas, de propaganda, de usinas de comunicación mass mediático, de sentido común de época, donde el triunfo del individualismo, del neoliberalismo, del mercado rigiendo todo, de la política como no conflicto, de la muerte de las ideologías, del fin de las derechas e izquierdas, ha tenido un gran triunfo difícil de remontar. Hoy si vos ves el pensamiento de la izquierda europea por ejemplo, ellos cuestionan profundamente toda la experiencia latinoamericana, plantean que es una pérdida de tiempo todo lo que sucede de Chávez hacia el sur. Al mismo tiempo, la socialdemocracia europea está acorralada, idiotizada, no sabe donde está parada, que no puede dar cuenta de su domesticación. O sea el triunfo neoliberal ha sido muy rotundo.
Desde esas dos perspectivas, la crisis profunda de una idea revolucionaria y el éxito que ha tenido la cultura neoliberal, estamos viviendo una etapa de resistencia, donde lo máximo que hay que aspirar es a resistir, tener memoria y reorganizarse lentamente. En ese sentido América latina ha reaccionado positivamente, teniendo en cuenta todo lo descrito, junto con los avances de la derecha en Europa, junto con ocho años de gobierno de Bush y donde las repuestas alternativas al capitalismo no existen. Vamos a ver lo que es el socialismo del siglo XXI de Chávez.

—¿Qué considerás que se pone en juego en estas próximas elecciones?
—Me da una sensación que el país está viviendo una de las épocas de menor sabiduría, donde amplios sectores medios, sectores culturales, podríamos decir intelectuales, profesionales, viven en una de las épocas de menor sabiduría que yo conozco en mis sesenta años de vida. Una sensación que no la sentí con el triunfo alfonsinista, que no la sentí en el setenta y tres; en el sentido de que se plantea por distintas razones, ya sea por un liberalismo que ha logrado imponer sus credos, sus mitos, sus lemas; o desde una izquierda que desde la nada y sabiendo que evidentemente el retroceso de toda idea de izquierda y revolución ha sido extremo, plantea la idea de que Kirchner se maneja con un doble discurso. Y el liberalismo que plantea que Kirchner es un autoritario, un protofacista, o que simula todo. Esto da cuenta de una inmensa falta de sabiduría para la poca cosa que puede la Argentina. Una Argentina que sale del 2001 en términos electorales queriendo la derecha, no la izquierda, porque de casualidad no es candidato Reutemann, De la Sota o Duhalde.
Entonces lo de Kirchner con diez o doce políticas que ha planteado de horizonte, es como un suerte de milagro que haya podido levantar el cadáver peronista, sacarlo de la sepultura donde lo había llevado la década menemista, y volverlo a situar en una centro izquierda, con todos los errores, autoritarismos, patoterismos, cosas sesgadas, cosas mal hechas, con la incapacidad política de construcción que tiene Kirchner; pero aún con todo eso es indudable que Kirchner es lo mejor que le pudo haber salido a Argentina y le salió de casualidad. Recordemos que ganó con un veintidós por ciento. Pero sin embargo, en muchísimos campos culturales hay una neurosis, una suerte de resentimiento y ceguera donde Kirchner es un personaje que hay que terminar. Con esto no me refiero a la derecha, ellos saben perfectamente lo que quieren, ¿pero qué se imagina ese progresismo que critica a Kirchner? ¿Qué carajo se imagina que viene después de Kirchner? Viene un país espantoso, un país que toda la dominación está acechando. Llámese iglesia, derecha militar, Fondo Monetario Internacional, los organismos internacionales, el capitalismo salvaje, la oligarquía terrateniente, fijadores de precios. Todo ese mundo que es la dominación histórica Argentina, toda esa infamia, ese excremento, es lo que se viene.
Sin embargo, encontrás en sectores progresistas de todo pelaje que están buscando que Kirchner fracase. Por todo esto, considero que es el momento de menor sabiduría de un sector de la sociedad. Confío en que ese otro sector de la sociedad que se nos escapa a nosotros, el subsuelo de la patria, tenga la sabiduría que los inmensos medios ilustrados no están teniendo. Pero ese es nuestro país. Siempre ha sido una tragedia en cuanto a la interpretación de lo que nos pasa.

—¿Qué lugar ocupan en este escenario los medios de comunicación?
—Creo que los medios de comunicación son la verdadera derecha de nuestro país. Cuando yo hablo de la derecha no hablo de Mauricio Macri o Ricardo López Murphy. Lo que construye la derecha del país son los medios de comunicación, es la ideología salvaje del movilero, del locutor, del periodista. Son la derecha cotidiana. Una cosa mecánica que nace espontáneamente donde se genera terror, se acusa a la criminalidad, al Estado. Se hace una contrapolítica donde todos son delincuentes y corruptos. Se produce un cualunquismo neofacista que es producto del ochenta por ciento de los medios audiovisuales. En ese sentido empatan con el pensamiento de Lilita Carrió que es el exponente máximo del cualunquismo neofascista que hay en la Argentina, donde la política es el lugar de la criminalidad.

—¿Cómo interpretás el hecho de que luego de la derrota de los setenta viene una etapa como la actual de juzgamiento a la mano de obra represiva de la dictadura?
—La nuestra ha sido una experiencia muy original. En principio habría que pensar de la derrota de la dictadura a partir de Malvinas, lo que la hace ilegítima a un nivel superior al de las otras dictaduras de la región. Luego se da el caso de un gobierno como el de Alfonsín que realmente se atreve, con el apoyo de un determinado sector social a algo inédito como el juicio a las juntas. Esto abre una perspectiva y un debate con denuncias y toma de conciencia de amplios sectores sociales, cosa inédita y que es algo argentino que hay que reconocer. Tampoco hay que confundir. No es que la sociedad esté mayoritariamente volcada hacia el juzgamiento a los militares. En eso soy bastante escéptico, creo que la sociedad en general tiene un fondo dictatorial y medio facho que hay que tener eternamente cuidado. Pero en Argentina se dio esto, a diferencia de otros países, no digamos en Latinoamérica, en España tardaron treinta años en reabrir el proceso de la guerra civil. En Francia y Alemania tardaron cuarenta y cinco en reabrir el proceso de colaboracionismo. En ese sentido, así como tenemos cosas cuestionables, tenemos ese nivel de conciencia, de avance de lucha en los derechos humanos, que creo que ha sido el logro mayor de un proceso democrático de veinte años que tiene muchos déficit en otros planos.

http://www.eleslabon.org.ar/noticias_desarrollo.shtml?x=33568



leida en: http://catanpeist.blogspot.com/2008/10/homenaje-nicolas-casulo.html

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