Lo que circula por los medios

2 de diciembre de 2008

BASTA DE VIOLENCIA Y DE INDIFERENCIA


vER: Basta de violencia y de indiferencia - parte 2 - 10 Dic


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UN SEMILLERO DE LA VIOLENCIA...

Nuesta sociedad es ciega...

En tiempos donde la violencia retorna, seria bueno empezar a ver donde están, donde se cuelan los semilleros de la violencia... Seria bueno encontrar las huellas, en vez de salir corriendo a poner parches, a pedir penas más severas...
Seria bueno... para saber que es lo que nos pasa... y porqué nos pasan ciertas cosas e implicarnos en nuestro presente.
Por que? Porque en este presente algo tenemos que ver... las escenas hablan...

Las escenas hablan, se multiplican, nos fotografian, nos delatan... Las escenas se multiplican, y en ese abanico hay una escena que se repite y se repite...

Supongo que a vos, a Usted; o a quien lea estas líneas... durante los fines de semana o en los días habiles; en las ciudades, en los pueblos; en los barrios o en el centro de la ciudad... hay una imagen que no le es extraña...
Y quizás ese sea el problema... Esa imagen es parte del contexto... es parte de la escenografia; la urbana, la social y la "psiquica" en tanto representación...

Quien no ha visto a un grupo de chicos arriado por un adulto?? Un grupo de chicos que recorren las mesas de los bares, o que hacen piruetas en las esquinas... mientras un adulto espera... y hace cumplir el horario de permanencia... o de trabajo. Trabajo...?? La palabra me recuerda que allá por el 2001... delante mio iba un grupo de chicos entre las mesas de un bar( sobre una avenida... ) y a unos metros de ellos... una mujer que con voz de mando los arriaba... Una mujer que cuando escucha el ring*tone de su celular al contestar dice: Hola, ahora estoy trabajando...
Ella estaba trabajando y los chicos que lugar ocupan en su trabajar??

Chicos en la calle, permanencia, trabajo, piruetas... Algo que para algunos es una realidad impensada para otros es parte de la rutina diaria.
Y ahí están... con sus piruetas. Piruetas que esconden... piruetas que muestran a destajo... la explotación infantil, el espacio de la infancia perdida...

A destajo y a la vista... una herida que sin embargo pasa como desapercibida...
Una escena que nos pasa... que nos gana... que nos hace perder...

Y que es lo que no percibimos, lo que no vemos allí... ?? Lo que nos hace perder como sociedad, como conjunto??
Que es lo que pasa por nuestras narices y no vemos allí? Que es lo que se nos escapa al ojo, a la razón??
La indiferencia propia, la indiferencia ajena, la indiferencia social, la indiferencia política, la marginalidad, la explotación, el negocio; el dolor, el dolor... El dolor, la violencia y el odio.

Y ante esa escena que se le escapa al ojo y a la razón... y que se repite y se repite y se multiplica... frente a esa escena la sociedad que hace?? Sube la ventanilla, no dice nada, hace silencio, mira para otro lado.
Se convierte en ciega, sorda y muda. Y hace como si no pasara nada... Dos veces entonces esa escena: nos pasa, nos gana, nos hace perder...

Ciega, sorda y muda ante la violencia... ante esa violencia...
La sociedad calla, no la denuncia, no exige que se erradique...
No se mira con amor al otro, al projimo; a quien sufre... a quien sufre en forma pasiva; a quien padece un abuso y esta en inferioridad de condiciones.

Que puede pensar un niño en esas circunstancias? Que a nadie le importa lo que le pasa? Puede preguntarse por su futuro y por la calidad de su futuro con esperanza? Puede tener un proyecto y sostener la esperanza de un futuro digno??
Que puede pensar de ese hombre o de esa mujer bien vestidos que pasan por su lado y actuan como si no lo vieran?? Como si no vieran si situación; la explotación y el abuso... Nadie ve nada...

Es sabido, la violencia genera violencia. La humillación y los vejamenes resentimiento y deseos de justicia y/o venganza. Con la indiferencia se desagarra la solidaridad; la idea de conjunto, la noción de humanidad...
Y nadie ve nada...

Nuestra sociedad está acostumbrada a creer que la violencia se ejecuta en un robo, en un disparo; pero niega, desconoce la violencia que genera la indiferencia social.

A diario, la infancia perdida pasa por por delante de nuestras narices y corroe el alma y el futuro de esos niños; corroe el alma y la vacia de amor... La explotación infantil desgarra la idea de infancia, de edad escolar; de solidaridad ( para instalar la concepción de la limosna) de conjunto social; de progreso; de inclinación al bien...

Allí al alcance... de nuestro ojos... uno de los semilleros de la violencia; y también al alcance la solución... pero esa mirada social ( la de una sociedad que cae y se somete al silencio y a la indiferencia) se convierte en una mirada que deja hacer... que no sanciona... que no corta con el dolor... que no ayuda, que no sale en defensa del projimo; que no piensa en el bien del otro; que no se preocupa por los que estan en inferioridad de condiciones; ni por aquellos que carecen de escolaridad.

Y la violencia se reproduce; se repite; toma otros rumbos; otros alcances y genera consecuencias... y hoy es la violencia feroz.
Y hoy es la violencia feroz... que toma al conjunto social. Una violencia que es vivida ahora en carne propia.
Así se agranda el circulo... y al cabo de un tiempo, en ese circulo resulta que todos somos un cacho de carne... una cosa... a la que se puede agredir, maltratar y balear...

Y ante el dolor, nos quejamos; pedimos que los funcionarios hagan algo, que hagan cumplir la ley; que defiendan a los ciudadanos.
Queremos un punto final... Basta de violencia y basta de inseguridad...
Algunos piden "manos duras" y subir las penas... La sociedad empieza a gritar y se moviliza... pero a esta altura parece que llegamos tarde... la violencia está desatada; nos pasa; nos supera; nos gana; nos sorprende; nos hace perder...

Y nadie ve nada... no hay testigos, no hay relato. No hay nadie, estamos solos con el dolor social.

Y desde esa ceguera y con su ceguera a cuestas... la sociedad no ve que para escribir otro presente y otro futuro, se requiere de la participación de cada uno y del conjunto de la sociedad... con la mirada de las Instituciones y desde cada uno, desde cada rol y función; pero para ello... ni ciegos, ni sordos, ni mudos.


Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

GAL



http://www.youtube.com/watch?v=YUuAqmjTBRQ


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ACTUALIZADA: PREOCUPADOS POR LA SEGURIDAD... LA TV, EL EJE Y LA ESQUIZOFRENIA
Lunes, 08 de Diciembre de 2008

Darín: hace lectura de la realidad despues de sufrir un robo - 27 Nov

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ACTUALIZADAS

Lunes, 28 de Marzo de 2005

EL PAIS › LUIS CEVASCO
“Proteger al chico”
Por A. O.


Luis Cevasco es el jefe de todos los fiscales contravencionales de la ciudad, quien como juez liberó al ingeniero Santos por considerar que tenía “falta de mérito”. También tuvo una cuestionada actuación en el caso Jimena Hernández. “No hay persecución, hay una preocupación por los chicos que están desamparados” asegura.–¿Le parece que un policía es el más adecuado para eso?–El policía que se encuentra con un chico en estado de abandono o de explotación representa en ese momento al Estado.

¿Qué hace un policía que se compadece de la situación de un chico que ve en esa situación? ¿Lo deja ahí? ¿Qué pasa si a los diez minutos lo atropellan? ¿Qué le van a decir al policía que lo dejó?–Hay otras instancias más aptas para atender esas situaciones. –¿Pero el policía es el enemigo público número 1? Además, en numerosas ocasiones esas instancias no existen. En esas condiciones no me parece tan tremendo que sea llevado a una seccional. Permanentemente, cuando se llama al Consejo por un caso concreto, la respuesta es que se deje al chico ahí.

–¿La solución es meterlo en un patrullero?–Hay menores que cometen contravenciones y otros que son víctimas. En uno y otro caso, la policía debe hacer cesar la contravención. Y para eso es necesario identificar al menor.

–¿Y llevarlo a la comisaría?–En ciertos casos ocurrió, pero lo que se hace es llevarlo a una oficina del Ministerio Público, se lo identifica y va al Consejo. ¿Cómo vamos a dar con el explotador si no se toma contacto con el chico?–Haciendo inteligencia, por ejemplo.

–Yo coincido en que no es lo mejor llevarlo en un patrullero, ni judicializarlo ni institucionalizarlo. Pero hay que tomar contacto con la víctima.–También mencionó a los chicos que cometen contravenciones. El Código dice que los menores de 18 son inimputables.

–Que sean inimputables no quiere decir que estén autorizados a cometer la contravención. El policía debe hacer cesar la contravención.

–¿Qué contravención puede hacer un menor?–Está el caso de la venta ambulante, los cuidacoches, limpiavidrios y malabaristas, que encuadran en el artículo 83, que sanciona la actividad lucrativa no autorizada en la vía pública.–Eso es un problema social, no contravencional.

–Nosotros debemos discernir cuándo es una actividad lucrativa y cuándo es una mera subsistencia. Pero para eso es necesario abrir un expediente, y ver si el menor está ejerciendo esa actividad porque está explotado. Nosotros nos reunimos en el Consejo para tratar estos temas.

–¿Qué resolvieron?–Nada útil. Ellos se niegan a judicializar el abandono.




Permalink:http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/49032-16617-2005-03-28.html

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Lunes, 28 de Marzo de 2005 Hoy
EL PAIS › MARIA ELENA NADDEO
“Teoría facilista”
Por A. O.


María Elena Naddeo es la titular del Consejo de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, el organismo del gobierno porteño para velar por la infancia. “Estamos muy preocupados porque observamos un accionar policial muy represivo en los últimos meses”, le dijo a Página/12 al confirmar el alerta lanzado por las organizaciones. “Vemos detenciones arbitrarias de chicos de temprana edad –advirtió–, no originados en la comisión de un delito sino por supuestas violaciones contravencionales, que terminan convertidos en incidentes penales.”
–¿Cómo opera esa conversión?
–Un grupo de chicos está durmiendo en la calle, viene la policía y se despiertan sobresaltados. Quieren escapar y terminan con una causa penal por resistencia a la autoridad.
–¿Por qué ocurre esto?
–Se sienten más respaldados por el marco de un Código Contravencional que abrió una mayor rigurosidad y un mayor control social. La policía se siente con mayor respaldo para proceder con niveles represivos más altos.
–Los fiscales argumentan que así protegen a los chicos.
–Hay una interpretación incorrecta: se dice que niños que son víctimas merecen asistencia y protección. Que mediante la detención de los chicos se llega al adulto explotador. Pero esto finalmente no ocurre: los chicos son detenidos pero los explotadores nunca aparecen.
–También aseguran que reiteradamente no encuentran respuesta en el Consejo.
–Para los parámetros que manejan, ellos lo entienden así. Si se llevan a un chico de 12 años que no está cometiendo ningún delito, ni contravención ni es víctima de ninguna explotación, lo más probable es que al policía le digamos que no se lo lleve en un patrullero.
–¿Y qué se hace en esos casos?
–El Consejo y la Secretaría de Desarrollo Social tienen una amplia red de contención para los chicos que están en la calle. Lo que debe entenderse es que a nadie se lo puede llevar compulsivamente a un hogar o una institución. Hay que hacer un trabajo mucho más fino e intenso que levantarlo en un patrullero y llevarlo a la comisaría. Creer que así se va a solucionar el problema es facilista, pero contacta con la necesidad de un sector de la población que quiere ver libre la calle de pobres y mendigos.
–¿Cómo se soluciona el tema de los chicos en la calle, la mayoría de las veces efectivamente explotados?
–No con cruzadas salvadoras. El trabajo que hacemos es con una guardia permanente para las urgencias, con operadores de calle que están con ellos. Y con una investigación en serio: nosotros llevamos a la Justicia cinco denuncias concretas de explotación sexual de chicas y chicos. Y todo quedó archivado porque no se investigó.




Permalink:http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/49032-16616-2005-03-28.html

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Lunes, 28 de Marzo de 2005 Hoy
EL PAIS › LA JUSTICIA CONTRAVENCIONAL ORDENO SACAR DE LAS CALLES A LOS CHICOS POBRES

Niño, marche preso por limpiar vidrios


La policía tiene un nuevo objetivo en la ciudad: levantar de las calles a chicos que mendigan, piden monedas o están abandonados. En dos meses hubo 40 casos, incluido un nene de 2 años. En muchas ocasiones, terminan golpeados y con causas penales. Las ONG denuncian la situación. El gobierno porteño alertó al Ministerio de Interior.



Por Andrés Osojnik
La puesta en marcha del nuevo Código Contravencional porteño trajo una consecuencia inesperada: la persecución policial a los chicos que están en la calle. Los operativos contra los niños están amparados por los fiscales del fuero, que avalan la situación. Así lo denunciaron a Página/12 diversas organizaciones que trabajan en el área de la niñez. Según estiman, en los últimos dos meses hubo al menos 40 casos de chicos llevados por la policía. El hecho paradigmático ocurrió hace un mes: tres hermanitos fueron levantados en Florida y Córdoba por pedir limosna. Todos quedaron involucrados en un acta contravencional, cuyo facsímil se publica aquí. Y terminaron en una comisaría, incluido el menor, de dos años. El último episodio sucedió hace una semana en Retiro: 15 chicos, todos menores de 18 años, fueron golpeados, detenidos y derivados a la Justicia penal por “resistencia a la autoridad”. Su delito fue estar durmiendo en la calle y pretender escapar cuando llegó la policía. El Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes del gobierno porteño ya alertó sobre la situación al Ministerio de Interior, de quien depende la Federal.
Según cálculos oficiales, unos 300 chicos viven en la calle en la ciudad de Buenos Aires. Y unos 3500 deambulan y realizan diversas tareas (de mendicidad, cartoneo o limpiavidrios) durante el día y regresan a sus casas a la madrugada. La mayoría pertenece al primer y segundo cordón del conurbano.
La embestida contra los llamados “chicos de la calle” o, como manda decir la corrección política, “chicos en situación de calle” se suma a otras recientes decisiones polémicas por parte de los fiscales contravencionales, encargados de velar por las normas establecidas en el Código de Convivencia: las instrucciones para limitar las protestas de los piqueteros y las filmaciones de prostitutas y travestis.
En el caso de los chicos, las organizaciones dedicadas a la protección de la niñez coinciden en que la Justicia contravencional y la policía renuevan con su accionar un debate que ya debería estar superado: el de la judicialización de la pobreza y el desamparo infantil, espíritu fundador de la cuestionada y perimida ley de Patronato.

Por favor, ayúdeme:

Con esa inscripción en una caja de cartón, los hermanos N.C., D.C. y R.C. estaban el 17 de febrero en Florida y Córdoba mendigando algún centavo. El primero tiene 9 años, la segunda 6 y el tercero, 2. El principal Carlos Rodríguez, de la comisaría 10, se topó con ellos y decidió actuar. Labró el “acta circunstanciada de comprobación contravencional” que se reproduce en esta misma página. Según consta allí, el artículo violado en esa oportunidad fue el 59 del Código. En el ítem “descripción de dicha falta”, el policía anotó: “Inducir a menores a mendigar en la vía pública calle Florida y Av. Córdoba con una caja de cartón totalmente solos y alejado de sus progenitores” (sic). Luego dio cuenta del secuestro de elementos: “Una (1) caja de cartón con la inscripción AKIRA y en la tapa ‘Por favor ayúdeme a comprarle pañales a mis hermanitos, mi mamá no puede trabajar porque está recién operada. Dios los va a ayudar. Gracias’ y la suma de $6,10 en billetes y monedas”. El principal da cuenta de que informó a la fiscalía 30, a cargo de Adrián Martín, y anotó los nombres de los pequeños. Como imputado inscribió a “NN - padre/madre de los nombrados”. Aunque ni el padre ni la madre (a quienes el principal acusó de inducir a los chicos a la mendicidad) estaban en el lugar, el policía anotó que “consultado el imputado si desea firmar el acta, manifiesta que no”. Terminada el acta, cargó a los tres niños en el patrullero y los llevó a la seccional. Hasta allí llegó preocupado, momentos después, el hermano mayor, de 15 años. Pero no sólo no consiguió que le dieran a sus hermanitos como pretendía, sino que también quedó detenido, como consta en una observación al final de la planilla: “En el acta –dice el texto– no está incluido A.C., de 15 años, al que no se le permitió retirar de la comisaría a sus familiares y fue también detenido”.
Después de tenerlos en la comisaría, la policía decidió llevar a los cuatro al Centro de Atención Ciudadana, una oficina en Combate de los Pozos 155 que depende de la Fiscalía Contravencional. Pero los responsables del lugar se espantaron cuando descubrieron a los “infractores” que traía el patrullero y se negaron a recibirlos. Los policías continuaron su periplo infantil hacia el Centro de Atención Transitoria del Consejo de los Derechos de los Niños. Allí finalmente quedaron a cargo del gobierno porteño.
En el Consejo aseguran que en ese momento fue la primera noticia que tuvieron de la situación de los cuatro niños. En la Fiscalía sostienen, en cambio, que la policía consultó con la guardia permanente del Consejo, pero que allí “daban vueltas”, por lo que decidieron actuar por su cuenta. También aseguran que la observación final sobre la detención del hermano mayor no figura en el acta original, aunque así llegó el fax a la guardia del Consejo. En la Fiscalía sostienen que el chico de 15 fue “invitado” a acompañar a sus hermanitos al destino final.
La diferencia de criterios entre la Justicia contravencional y la policía por un lado, y el Consejo por otro refleja la concepción distinta sobre cómo encarar el problema de los chicos en la calle.
–¿Le parece adecuado que un chico de 2 años vaya a parar a una comisaría? –le preguntó este diario a Luis Cevasco, el fiscal general adjunto a cargo de los temas contravencionales de la ciudad.
–¿Acaso fue golpeado? –respondió.

El delito de dormir:

El niño de dos años efectivamente fue cuidado y salió de la comisaría sin rasguño alguno. No es el caso de otros chicos, mayores por cierto que él, pero igualmente menores de 18 años, la edad que fija el Código Contravencional como límite de la imputabilidad. El martes 15 de marzo, en la zona de Retiro, 15 chicos fueron llevados a la comisaría 46ª “a resguardo”, porque eran supuestas víctimas de explotación. La policía también detuvo al adulto que presuntamente los explotaba. Horas después, el adulto era liberado porque no había pruebas en su contra.
Los chicos, sin embargo, quedaron en la mira. Dos días después, el jueves 17, el grupo pernoctó en la vereda del ferrocarril, enfrente del Patio Bullrich. La policía cargó de nuevo contra ellos, esta vez de la comisaría 17ª. Como estaban durmiendo, los empezaron a despertar. Y la reacción instintiva fue intentar escapar. La osadía fue caratulada como “resistencia a la autoridad”. Para cumplir su misión cabalmente, los agentes a cargo del operativo sacaron a relucir sus bastones y los aplicaron puntillosamente sobre los cuerpos de quienes pretendían huir de los representantes de la ley. Los menores ya dejaban de estar involucrados en un hecho contravencional y pasaban a incurrir en un delito previsto en el Código Penal. Por lo tanto, todos terminaron con una causa abierta en el fuero penal: fueron trasladados a la comisaría y de allí, esposados, al juzgado de turno.
De las esposas no se salvó ni el menor del grupo, de apenas 9 años. Una fotógrafa de este diario testimonió el hecho: las tomas que acompañan esta nota muestran a los chicos en el momento de ser llevados a su declaración indagatoria –doce horas después de ser detenidos– ante la jueza Mercedes Sassano. Pese a que el trámite se cumplía en Tribunales, donde la seguridad está supuestamente garantizada, los chicos seguían esposados. La denuncia sobre el episodio fue publicada por Página/12 al día siguiente de ocurridos los hechos.

El método:

Lo que ahora debe agregarse a esa denuncia es que la detención de esos chicos fue apenas el último hecho –grave, por cierto– de una metodología que se instaló en la ciudad después de la entrada en vigencia del nuevo Código de Contravenciones, el 22 de enero de este año. Las comisarías más cuestionadas son la 1ª, 3ª, 8ª, 16ª, 17ª, 32ª, 34ª y las divisiones ferroviarias del Roca y el Sarmiento. El argumento esgrimido en la Justicia contravencional es un supuesto cuidado y protección de los chicos. “Si los menores están en la calle, desamparados, cometiendo alguna contravención o son ellos mismos víctimas de una contravención, ¿qué debe hacer la Justicia y la policía? ¿Dejarlos a su suerte o actuar?”, se defiende Luis Cevasco (ver aparte).
Desde las organizaciones, la interpretación es otra. “Este discurso ya lo hemos escuchado muchas veces. Es la teoría salvacionista, en la que la Justicia y la policía salen a salvar a los pibes. Pero lo que se termina haciendo es victimizarlos, se victimiza la pobreza –advierte Nora Schulman, del Comité de Seguimiento de la Convención Internacional de los Derechos de Niños, un colectivo de varias ONG que preside Estela de Carlotto–. Se habla del estado de riesgo y abandono de los niños, pero no se habla de la vulneración de sus derechos: que los encierren y los esposen es casi tan extremo como que estén en la calle.” Schulman agrega que “esta supuesta protección de los niños y la judicialización de la pobreza” es inconstitucional desde la incorporación a la Carta Magna de la Convención Internacional de los Derechos del Niño.
La “protección” policial no sólo alcanza a los chicos explotados o desamparados, también llega para quienes cometen una infracción al Código Contravencional. Así lo entienden los fiscales, que encuadraron bajo el artículo 83º –que sanciona la “venta no autorizada en la vía pública”– la actividad de los limpiavidrios y malabaristas en la calle. “Tenemos la información de que a esos chicos, sobre todo en la 9 de Julio, los llevan policías de civil, les rompen los elementos que usan, los increpan y les pegan”, denunció Florencia Castro, de la asociación civil Matilde Vara. “En los últimos meses notamos el incremento de casos de chicos detenidos por la policía, pero también que los niños llevados son más chicos. Antes la policía se dedicaba a los de 15 para arriba; ahora el promedio de los que se llevan es de 12”, advierte Vara, que es coordinadora de “El Armadero”, una casa en Almagro que alberga a chicos en situación de calle.
En la zona de trabajo de la asociación, dos semanas atrás, cuatro chicos (de 12, 14, 16 y 17 años) fueron detenidos en la plaza Serrano por estar aspirando pegamento. Estuvieron en la 25ª desde las siete de la tarde hasta las 5 de la madrugada. A esa hora fueron liberados. No se les inició causa alguna.
Según detectaron en la entidad, en los últimos dos meses se produjeron entre 4 y 5 detenciones de chicos por semana. “En el 80 o 90 por ciento de los casos, los chicos no están haciendo nada –explica–. Pero la policía los para, los palpa y por ahí les encuentra un porro o pegamento. Y entonces se lo llevan. Si no le encuentran nada, igual los llevan a la comisaría por averiguación de antecedentes y los tienen entre 6 y 10 horas.”
–¿A qué atribuye que la policía ahora se dedique a eso?
–Lo estamos analizando, pero parecería que después de Cromañón se han ajustado también las clavijas en lo social, que el incremento de las cuestiones de inseguridad también llega a la calle. Ana Chávez, del Servicio de Paz y Justicia, coincide con el diagnóstico: “Después de Cromañón, el lugar de cuidado es la persecución de los chicos. Evidentemente la policía tuvo un guiño. Acá hay una decisión de algunos fiscales y las fuerzas de seguridad. Uno de los argumentos es que con la detención de los chicos combaten los soportes mafiosos que los explotan. Pero cuando detienen a un nene de 2 años, ese silogismo se vuelve muy penoso”.
En el Serpaj, que dirige Adolfo Pérez Esquivel, evalúan también que la reforma del Código Contravencional potenció el permiso para actuar con mayor mano dura en la ciudad. “La policía no investiga el delito vinculado a los estupefacientes porque participa de él, tampoco defiende a los chicos de la explotación, pero por eso necesita mostrar un cierto grado de acción”, dice Ana Chávez.
Y revela un caso: “Un chico de 9 años se estaba peleando con otro en la calle. Lo ve un policía y le dice que pare. Pero el chico no le da bolilla. Entonces intenta detenerlo, pero como el chico quiere escapar, lo acusa de resistencia a la autoridad y se lo lleva a los golpes. Enterados del hecho, llamamos a la División Delito contra los Menores de la Policía Federal, para contarles que un compañero de ellos le estaba pegando y se llevaba detenido sin motivo a un menor. La respuesta fue que ellos no estaban para eso”.



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http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-49032-2005-03-28.html

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Clarín.com » Edición Miércoles 09.02.2005 » Sociedad » Podrían apresar a quienes obligan a mendigar a sus hijos

EN VILLA MARIA, CORDOBA
Podrían apresar a quienes obligan a mendigar a sus hijos


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Fabián García
cordoba@clarin.com

Una jueza de menores de Villa María, Córdoba, aseguró que está dispuesta a solicitar la detención de los padres que permitan u obliguen a sus hijos a trabajar o pedir en la calle.

Villa María, sobre la ruta nacional 9 que comunica la provincia con Buenos Aires, es la tercera ciudad de la provincia de Córdoba, con 100 mil habitantes. Sus ejes económicos son la producción agropecuaria, la industria lechera, los restos del sistema fabril militar y los servicios.

—¿No cree que una medida de este tipo aumenta la vulnerabilidad de los niños y sus familias? —le preguntó Clarín a la jueza Cecilia Fernández.

—Indudablemente que sí, pero la ley prevé que se puede diferir la aplicación de la sanción para que este papá o mamá, comprometiéndose a cumplir con que los chicos no vayan a la calle, puedan cumplir, por ejemplo, una probation. Existe una historia previa, meter al padre preso es la última instancia. Los papás deben conocer que ellos están poniendo en riesgo a sus chicos. Son los que están arruinando el futuro y las posibilidades de sus hijos. Hay que concientizar que esto existe y lo que la ley prevé. Si bien hay derechos y obligaciones, la patria potestad plantea más obligaciones que derechos.

La intendenta, Nora Avedano, coincide con la jueza Fernández: "Una vez comprobado que el niño está bajo programa, que los papás reciben asistencia de distinto tipo, y que está probado que hay posibilidades de contención familiar, estoy de acuerdo con la jueza. Papá y mamá que reciben asistencia deben hacerse responsables", apuntó.

En cambio, la abogada y coordinadora de la Comisión de Infancia y Justicia de la ONG Inecip (Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales), Julia Reartes, polemizó con ese punto de vista.

"Como jueza de menores, la doctora Cecilia Fernández no puede poner a nadie preso —indicó Julia Reartes—, y además no es una solución criminalizar los problemas sociales a partir de las imposibilidades materiales o simbólicas de llevar adelante sus roles de progenitor".

Reartes consideró además que al primero que se debe interpelar es al Estado, que debe garantizar los derechos establecidos en la Convención Internacional de los Derechos del Niño.

Avedano indicó que en 2004, en Villa María, fueron detectados casi un centenar de niños, adolescentes y jóvenes que trabajaban o pedían en las calles de la ciudad. Todos fueron incluidos dentro de un programa social denominado "Yo también", con la intención de "sacarlos de la calle".

La jefa comunal afirmó que después de siete meses habían logrado ese objetivo, pero dijo que a fines de enero aparecieron otra vez algunos niños.

"Es por la temporada de vacaciones. Por nuestra ciudad pasa la mayor parte de los turistas que llegan a la provincia de Córdoba y esto es aprovechado por los padres", explicó.

Fernández recordó que los padres se comprometieron por escrito a que sus hijos no trabajaran o mendigaran más en las calles, y "si observo que hubo negligencia o explotación laboral, enviaré los antecedentes al fiscal para que determine si existe o no delito."
http://www.clarin.com/diario/2005/02/09/sociedad/s-03308.htm

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ver más: EXPLOTACION COMERCIAL VIVEN NIÑOS Y NIÑAS EN LEON, MENDIGAN ANTE LOS TURISTAS QUE NOS VISITAN

Chicos que abren las puertas al cielo

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Martes, 2 de Diciembre de 2008

PUBLICIDADES QUE APUNTAN AL CORAZON DE LOS PREJUICIOS

Cuando el racismo es método de venta


Una campaña de seguros para el hogar, otra de puertas de seguridad y otra de venta de SMS’s apelan a una estigmatización de la clase pobre. “La civilidad aparece dividida en un nosotros/ellos”, dice la analista María Laura Pardo.

Por Facundo García

Hay una ola de inseguridad”, se avisa en todas partes. La utilización de la metáfora acuática –la “ola”– sugiere que la violencia que estarían originando los marginales responde a su naturaleza.

Una marea de negros de mierda vendría a inquietar cíclicamente a “los decentes”, y el que quiera venderle a las clases medias y altas sabe que para ser efectivo debe montarse sobre ese prejuicio. En tal sentido, la publicidad viene haciendo punta: durante los últimos meses, una escalada que se basa en la estigmatización de un sector de la sociedad ha ido regalando ejemplos que demuestran que con tal de hacer plata, más de una empresa decide archivar el sentido crítico y jugarse por lo efectivo, que en muchos casos coincide con el fascismo.

Uno de los ejemplos más obvios es el anuncio radial que lanzó en octubre el Banco Galicia, para promocionar sus servicios de seguros del hogar. Arranca con el diálogo entre un encargado de edificio y un pibe. En tono confianzudo, el encargado deja deslizar que los vecinos tienen valiosos electrodomésticos y, finalmente, pregunta a su interlocutor: “¿Vos venías a repartir unos volantes, no? Pasá, pasá”. En respuesta se escucha a un joven con acento típico del conurbano bonaerense que agradece el permiso exclamando “gracia’, amigo”. Esa expresión mínima y corriente se usa para dar a entender que el que ha entrado es en el fondo un ladrón. De remate, un locutor en off cierra el sentido al declarar que es preciso cubrirse de esas eventualidades porque “nada es tan seguro como parece”.

Ante ese aviso, el Sindicato Unico de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal (Suterh) presentó una demanda remarcando que se estaba “desprestigiando la relación laboral de los Encargados de Edificio (...) generando desconfianza sobre nuestra lícita actividad”. Por otro lado, el vínculo que se establece entre los pobres del conurbano y los chorros es directa, amén de la relación insinuada entre el oficio de volantero y la criminalidad. Como ha comunicado al respecto el Observatorio de la discriminación en Radio y Televisión (obserdiscriminacion.gov.ar), “son prácticas sociales discriminatorias crear y/o colaborar en la difusión de estereotipos de cualquier grupo humano por características reales o imaginarias”. Aparentemente, la actuación conjunta de estas instituciones logró que el fiasco dejara de emitirse.

Igual o más siniestro es lo que está haciendo Telepromos con su oferta de envío de mensajes de texto por celular. Cualquiera ha visto esos anuncios en los que se insta a mandar un SMS para recibir, a cambio de un monto de dinero, “los mejores consejos para el amor”, horóscopos o confesiones hot. Ahora bien: el nuevo producto, “Mandá ‘robar’ al 2020”, pretende vestir de simpatía lo que no es más que un juego perverso a través de la identificación de un grupo vulnerable con la ilegalidad. La publicidad puede verse de día y se ha detectado en al menos un canal de aire (en el 9, alrededor de las 13.10). Durante todo el comercial suena una cumbia y un joven vestido con remera y gorra pasa por distintas locaciones urbanas cumpliendo con el repertorio gestual que abunda en los barrios más humildes. El locutor resume la propuesta: “Mandá ‘robar’ al 2020 y recibí todos los días las frases de la villa en tu celular”, exclama, e insiste: “Sentí la villa en tu celular”.

Esta equivalencia entre afanar y vivir en la pobreza no contrasta con el nuevo caballito de batalla de puertas Pentágono. La pieza –que todavía puede verse en Youtube y en algunos canales de TV– arranca en cámara lenta: se ve correr a un hombre gordo y transpirado, morocho y vestido de pobre. Es interesante notar la similitud entre esta perspectiva y la de Leni Riefenstahl en su film Olympia, aquel documental sobre las olimpíadas del ’33 que terminó siendo un canto a la superioridad de la raza aria. En este caso, la mirada también es detallista y ralentada. Pero el objeto ya no son los atletas, sino la figura del “grasa”. El ritmo pausado garantiza que el ojo burgués tenga tiempo para identificar y hacer sentido sobre ese cuerpo “imperfecto”, “sucio” y todo lo que la creatividad peyorativa del mediopelo local sea capaz de agregar.

Allí no termina el vicio discriminatorio. El gordo se desplaza al trote por lo que parece ser una pista estilo test dummies y se inclina para dar un topetazo contra la puerta blindada. El personaje choca de lleno contra el metal y cae al suelo, justo antes de que se explique que las Pentágono protegen la casa porque son “más duras que la realidad”. María Laura Pardo, docente y analista de discursos de los medios, ha explicado que en estas situaciones “la civilidad resultante aparece dividida en un nosotros/ellos” que va construyendo un paisaje social en el que “hay personas que disfrutan de una cantidad de derechos en virtud de que muchas otras no pueden disfrutarlos”.

¿A qué musa atribuir este catálogo de groserías? ¿A la endeblez ideológica de los publicistas? ¿A la avidez del empresariado? Cuando pase la “ola” de inseguridad habrá que chequear cuánto crecieron estas compañías a partir de la explotación de los prejuicios más dañinos. Mucho más difícil, en cambio, será cuantificar la cantidad de humillaciones y prejuicios que sembraron en su carrera detrás de la ganancia.



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