Lo que circula por los medios

16 de febrero de 2009

Lo que dure el amor


El lector transitorio
Lo que dure el amor


Por Mex Urtizberea

–¿Cuál es su fantasía, Bety?

–Acostarme y levantarme con la misma persona toda la vida.

–Caramba, su imaginación no tiene límites. (Tute.)


Alguna vez, las cosas fueron para siempre. Los vasos duraban toda la vida. Los juguetes eran eternos. Una heladera permanecía inmutable décadas y décadas en la misma cocina. El hombre mantenía su lugar de trabajo hasta el resto de su vida o, al menos, hasta que la jubilación los separase. El matrimonio era hasta la muerte.

Algo cambió y las cosas cambiaron. Los vasos duran una fiesta. Los juguetes sucumben en la primera embestida. La heladera dura hasta que aparece una más moderna, o hasta que se rompe y es más aconsejable comprar una nueva que arreglarla. Los trabajos son temporarios, por decisión de los mercados o por decisión del que trabaja, que muchas veces prefiere cambiar los horizontes para enriquecer su vida. Y una diputada alemana, que pertenece al partido más conservador, acaba de plantear como proyecto que el matrimonio dure legalmente siete años, porque se ha calculado que es más o menos lo que dura el amor: luego de ese lapso, propone que el contrato matrimonial se venza; quien quiera renovarlo, lo puede renovar; quien no lo renueva, queda desvinculado de su pareja sin trámite mediante. Así habrá menos divorcios, dice.

Ya nada es para siempre. Ni el amor ni el trabajo ni las heladeras.

La discusión de si es mejor o peor así es una de las pocas cosas eternas que siguen existiendo; por lo demás, sólo un puñado de cosas parecen decididas a ser perpetuas, inamovibles, intactas, para toda la vida: los tatuajes, la elección del cuadro de fútbol, el capitalismo (aunque lo disimule mutando en distintas formas), y la policía, tal como afirmaba Honoré de Balzac: “los gobiernos pasan; las sociedades mueren; la policía es eterna”.

Alguna vez, las cosas fueron para siempre, y algo cambió, que las cosas cambiaron.

Con un promedio de vida que aleja la muerte, los tiempos del ser humano han cobrado nuevos sentidos; con la desconfianza de que exista una vida después de ésta, también. Las fechas de vencimiento se han modificado (se han adelantado, en algunos casos, y se han postergado en otros), las ofertas se han multiplicado y las decisiones han dejado de tener que ser para siempre; ahora son decisiones temporales.

Si es mejor así o si es peor así, es una discusión que quizá dure eternamente.

Mientras tanto, el amor va a durar lo que dura el amor (toda la vida, siete años, veinte minutos... ¿quién puede establecerlo?), y las heladeras, el tiempo que se les ocurra a los benditos fabricantes.

Por Mex Urtizberea

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=991379

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