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20 de febrero de 2009

Motivos de estrés


El lector preocupado
Motivos de estrés


Por Mex Urtizberea

Viernes 23 de noviembre de 2007 “Pero ya que hay que escribir, que al menos no aplastemos con palabras las entrelíneas”.
Clarice Lispector

Iba a escribir algo sobre el estrés en las fiestas, un tema clásico para cuando se acerca el mes de diciembre, que vale la pena tratar en todas sus aristas; pero una mujer en Arabia Saudita, que había sido violada por siete hombres, fue sentenciada por la justicia a seis meses de cárcel y doscientos latigazos, por encontrarse en ese momento violando la segregación de sexos. Ella, la mujer violada por un grupo de hombres, ahora azotada doscientas veces porque así lo indica una ley hecha por otro grupo de hombres.

Pasará la noticia, y será del olvido, hasta que otra mujer vuelva a ser violada y azotada, y olvido otra vez.

Lo que quería comentar es que, seguramente, lo que estresa de las fiestas es tener que decidir si festejarlas con la familia de uno, o con la familia de la esposa de uno, juntar o no juntar a las dos familias, y también la elección del menú y de los regalos para el arbolito. Pero un chico nigeriano de catorce años llegó a España después de sobrevivir dos semanas en el eje del timón de un barco, al atravesar el mar tratando de escapar de la pobreza que la historia ha provocado en su continente; y cuando las autoridades lo interpelaron, él explicó, simplemente, que había dejado su país y llegado hasta allí porque quería aprender a leer y a escribir.

El, el pequeño nigeriano, desheredado de futuro en su tierra, arrojado al mar por su destino, ahora mendigando permiso para aprender a leer y escribir en el rico continente.

Pasará la noticia, y será del olvido el chico de Africa, y el resto de los inmigrantes que han sido noticia este año por morir en el intento, o por el maltrato recibido allí donde fueron a buscar cobijo.

Con gusto me había sentado a escribir algo sobre la sensación de urgencia que nos invade en diciembre, por las fiestas que se avecinan y el año que termina, el estrés de tener que ultimar detalles laborales, los exámenes de los hijos, organizar las vacaciones, pero los olvidados llaman desde el olvido y es como un timbre que sonara insistente en la puerta. Y es un timbre que el mundo no escucha, y es una puerta que el mundo no abre, y es un mundo que no deja que pasen los que están afuera.

Pasarán pronto estos días que quedan de noviembre. Y pasará diciembre con sus fiestas y su estrés por las fiestas. Y pasarán, a lo mejor, los años, y seguirán quedando en el olvido los olvidados de siempre; pues el mundo esta preocupado en otros asuntos, mareado del estrés que provoca lo urgente, lo que no puede esperar, lo que tiene que ser resuelto sin más vueltas, nervioso por cosas verdaderamente importantes.

Se me había ocurrido un buen chiste para el final de una columna sobre el estrés de las fiestas, y se me borró de repente.

http://www8.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=964641

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