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22 de febrero de 2009

Por qué tanto apuro


lector en ruta
Por qué tanto apuro
Por Mex Urtizberea
Ahora que quedé atrás de un camión frigorífico, en esta ruta de doble mano, y me veo obligado a reducir la velocidad a 70 kilómetros por hora, por un rato, tengo tiempo de pensar en esto: cuando era chico y viajábamos a Miramar, en el Citröen 2 CV de mi madre, ella al volante, tardábamos exactamente 3 días en llegar. Siempre a una velocidad de 70 km/h, todo el camino; sólo muy cada tanto nos adelantábamos para pasar algún camión, porque se necesitaba tomar mucho envión y rogar no tener el viento en contra para lograr hacerlo. Y así, unas 8 horas después de salir de casa llegábamos a Dolores.

De noche hacíamos ahí la primera parada para dormir. A la mañana siguiente, volvíamos a la ruta y sus peligros, y, de nuevo a 70 km/h, hasta que llegábamos a Mar del Plata, donde hacíamos noche, y entonces ocurría que, al tercer día, Miramar aparecía frente a nuestros ojos, no se había movido de allí por la tardanza.

"Qué apuro hay en llegar", decía mi madre, cuando alguno de sus seis hijos empezaba a impacientarse, "si estamos yendo de vacaciones".

Ahora me interrumpe el recuerdo un auto que, con una maniobra ansiosa, casi furiosa, me pasa y descubre que puede hacerlo conmigo, pero no con la fila de camiones que tenemos adelante. Entonces, bruscamente, se ve obligado a quedar entre mi coche y el camión frigorífico.

Allí está él, que arriesgó su vida en esa maniobra, y la de su familia o la de quienes sean esas cabezas que asoman por el vidrio de atrás. Allí está, después de jugarse todas las tardes al sol que le quedan por delante; un partido de tejo que dejarle ganar a su hijo para verlo feliz; una picada de rabas y cornalitos bajo las estrellas con la mujer amada; cientos de conversaciones sin apuro con un amigo de reposera a reposera; todo a cambio de haber ganado uno o dos minutos en la llegada a sus vacaciones.

Ahora me interrumpe el pensamiento la noticia, por la radio, de un accidente en no sé qué ruta, de no sé cuántos muertos, que se suman a los otros muertos de no sé de cuántos otros accidentes que ya ha habido este año en las rutas. Creo oír que hablan de un récord en este verano, y algo dicen sobre los riesgos de la velocidad; con tanta velocidad lo dicen; con velocidad pasan las cifras de muertos, y después pasan a otra cosa. Y percibo ahora que otros autos me pasan y van a encontrarse con el auto que está entre mi auto, el camión frigorífico y una fila de camiones, y la posibilidad de perder todas las tardes al sol que ofrece la vida, por unos minutos, por unas pocas horas, de llegar antes a destino.

Ahora pienso en esto: algo ha pasado a lo largo del tiempo que nos ha hecho creer que estamos apurados; que esperar no es de valientes; que tardar es de cobardes. Alguien nos ha vendido la necesidad de la velocidad, con todos sus accesorios, a cualquier precio, y acá estamos, sumisos y obedientes con el apuro, matándonos entre nosotros, en las rutas.

http://www8.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=985384

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