Lo que circula por los medios

17 de abril de 2009

COMO SE GENERA LA INSEGURIDAD


Veintitres
Comentar Gabriel Kessler
Cómo se genera la inseguridad

División. El muro que se intentó levantar en San Isidro fue la típica medida efectista pero ineficiente.
16-04-2009 / De la farándula pidiendo pena de muerte al muro en San Isidro, la inseguridad ocupa el debate político y la oposición la usa como caballito de batalla. Un diálogo con el sociólogo desentraña las razones de este sentimiento y su autonomía frente al nivel del delito. Las claves sociales y políticas de la sensación de temor, explicadas por un especialista.
Por Jorge Cicuttin

El sentimiento de inseguridad no refleja exactamente el nivel de delitos. Estos pueden disminuir, pero el temor permanece por largo tiempo en la sociedad. Esta es una de las conclusiones a las que ha llegado el sociólogo Gabriel Kessler, tras haber estudiado en profundidad las raíces de la inseguridad en la Argentina. Investigador del Conicet y profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento, Kessler recorrió parte del país –desde las grandes urbes hasta pequeños pueblos–, intentando descifrar las razones del creciente temor ciudadano.

“Ocurre –dice– que el sentimiento de inseguridad tiene una autonomía relativa frente al delito. En general, ese sentimiento crece cuando el delito aumenta pero aun si después el delito desciende, la sensación de inseguridad se puede mantener alta. Esto no quiere decir que carezca de lógica. La tiene. En el conjunto de las grandes urbes latinoamericanas, las tasas de victimización –es decir, las personas víctimas del delito en un año– van del 30 al 40 por ciento y las de temor ascienden al 70 u 80 por ciento. La lógica es que el temor tiende a duplicar las tasas de delito. Y esto se comprueba también en Europa.” Kessler lo explica: “Cuando hay más delitos, más información boca a boca sobre los hechos circula, más noticias en los medios y uno conoce a más gente victimizada, esto que se llama presión ecológica o victimización indirecta restituye una lógica a la relación entre delitos y temor”.

–¿Cómo definir entonces la inseguridad?

–Es algo diferente al delito. Es la sensación de una amenaza aleatoria, es decir que se puede abatir sobre cualquiera, tanto en los espacios públicos como privados. No obstante, no todos los delitos violentos crean inseguridad. Un buen ejemplo de esto se dio con el triple crimen de los jóvenes ligados al tráfico de efedrina. El propio ministro Carlos Stornelli, sin haberlo reflexionado, dio una buena definición de la inseguridad. Al descubrirse que no se trataba del secuestro aleatorio de tres jóvenes de clase media, dijo algo así como: “No es inseguridad, esto es crimen organizado”. Con esa diferenciación, lo que dijo es que no se trataba de algo que le hubiera podido pasar a usted, señor o señora, esto le pasó a gente vinculada con el delito. Al mismo tiempo, la inseguridad está causada por algunas situaciones que no tienen nada que ver con el delito. Por ejemplo, el temor que generan en un barrio jóvenes de sectores populares reunidos en una esquina tomando cerveza, sin infringir ninguna ley.

–Entonces la inseguridad es una sensación...

–A nivel político, la inseguridad es siempre una sensación. Testimonia la dificultad del Estado de garantizar a la población un riesgo aceptable en los espacios públicos y privados. La inseguridad es la expresión de una demanda insatisfecha. En toda sociedad hay un umbral de riesgo aceptable: todos sabemos que salir a la calle en la ciudad genera algún riesgo, la inseguridad es cuando ese riesgo se transforma por algunas razones complejas en inaceptable. Pero que sea una sensación no desmerece su estatus de realidad y de problema social y político. Una sensación es algo real. Es una demanda compleja en la que no necesariamente las políticas de control de delitos tienen un impacto fuerte sobre ella. Por eso muchas veces hay medidas demagógicas e ineficaces que tratan de aplacar esa sensación pero que no tienen ningún efecto sobre el nivel de delitos. Por ejemplo el muro que se quiso hacer de San Isidro. La intención pudo haber sido mostrar que se estaba haciendo algo sobre el tema. Pero en las antípodas de las lecciones de intervención urbana para garantizar la seguridad cuyo objetivo central es integrar, tender puentes sociales y espaciales, no cerrar y discriminar.

–¿Es equivocado decir que hay un sentimiento exagerado de inseguridad?

–La inseguridad siempre es una anticipación de eventuales riesgos, entonces es lógico que sea mayor que las tasas reales de delitos. Uno escucha que pasan más cosas y entonces dice: “Me puede pasar”. Aclaro que no es lo mismo el temor que el sentimiento de inseguridad. Uno puede entender que se trata de un problema importante, y no necesariamente tener miedo.

–En su estudio refleja que la preocupación por la inseguridad una vez que se instala en la sociedad no disminuye rápidamente, como ocurre con otras problemáticas...

–Cuando un problema se instala hay siempre un desfasaje temporal con el tema de la percepción. Con el delito debe darse un cambio bastante importante y debe pasar un tiempo razonable para que las percepciones se acomoden a la realidad política.

–¿Es fácil generar el sentimiento de inseguridad?

–Es fácil, siempre que aquello que la gente ve en los medios tenga algún tipo de confirmación con lo que percibe a su alrededor, lo que se llama consonancia intersubjetiva. Si bien hay estudios que muestran que en la Argentina los delitos tienen más cobertura mediática que en otros países de América latina con mayor nivel de violencia, tiene que existir esa consonancia entre lo que la gente ve en los medios y lo que percibe alrededor.

–¿A qué se llama la deslocalización del peligro?

–Esa es una característica importante de la inseguridad en el país, cuando en las grandes urbes se va desdibujando la división imaginaria entre zonas seguras e inseguras, suscitándose la idea de que en cualquier lado te puede pasar algo. Otra característica es lo que llamo des-identificación relativa, esto es que el temor, a la vez que continúa centrado en las figuras más clásicamente discriminadas y estigmatizadas de los jóvenes varones de sectores populares, va adquiriendo a la par una pluralidad de imágenes de potenciales victimarios: por supuesto policías, patovicas, gente ligada al poder pero además personas, mujeres y hombres, sin ninguna característica que los identifique como potencialmente amenazantes. Estas dos cuestiones, que puede ser cualquiera y en cualquier lado, retroalimentan el tema de la inseguridad.

–¿La falta de confianza en la policía no es un factor clave en la inseguridad?

–Sí. Los sectores bajos y sobre todo los jóvenes tienen temor a la policía porque esta es fuente de hostigamiento, de brutalidad y de todo tipo de violencia. Los sectores medios y altos, desde el retorno a la democracia, siempre le tuvieron desconfianza a la policía. Como institución nunca estuvo bien vista, y esto ocurre en los demás países de América latina, salvo en Chile. Es imposible que se restablezca la sensación de seguridad sin confianza en las distintas instituciones públicas, en la policía, en la Justicia.

–¿El sentimiento de inseguridad produce cambios ideológicos en la población?

–Está demostrado a nivel internacional que la sensación de inseguridad tiene consecuencias muy nocivas en la sociedad: genera una deslegitimación de la justicia penal, favorece la idea de “justicia por mano propia”, promueve el armamentismo personal, aumenta la desconfianza y produce mayor desigualdad porque la protección pública y privada se centra en los lugares de mayor poder económico, desplazando el delito hacia las zonas menos favorecidas. La pregunta hoy es si el sentimiento de inseguridad, que llega a un 80 por ciento, produce que toda esta gente se vuelva reaccionaria. Creo que no, que hay formas diferentes de procesar la inseguridad según el tipo de cultura política previa. Lo que sí veo con preocupación es que en algunos sectores y en algunos relatos de la inseguridad, sí hay un corrimiento punitivista y autoritario. En algunos sectores, el sentimiento de inseguridad, y por ejemplo la sensación de que el Estado no sabe qué hacer, tiene un efecto de corrimiento y creo que eso explica parte del éxito de Blumberg. En otros casos también genera un corrimiento, no por el temor sino por ira y revanchismo, deseando una suerte de justicia sumaria inmediata; un castigo retributivo sin límites. Yo estoy viendo en el último año un mayor punitivismo. Algunas encuestas recientes muestran un incremento en quienes piensan en la pena de muerte como una posibilidad; en años anteriores era bajísimo. Muy posiblemente sea coyuntural, igual es muy preocupante. Claro que al mismo tiempo, cuando apareció el muro en San Isidro gran parte de la sociedad se puso totalmente en contra...

–No toda. Una encuesta entre los lectores del diario La Nación arrojó un 54 por ciento en favor del muro...

–Es cierto, en todo caso no pudo seguir adelante. Al mismo tiempo, la estigmatización que se advierte en los medios sobre los asentamientos precarios, las villas, que son considerados como sinónimo de lugares de concentración de delitos, es escandalosa. Por otro lado, cuando el tema del delito se instala durante un tiempo largo con intensidad alta y con picos de tensión, es un contexto favorable para las reacciones autoritarias.

–Como las expresiones de Susana Giménez y el apoyo de parte de la farándula...

–Ahí aparece un fenómeno que no es sólo de la Argentina. Hay en muchas sociedades una disputa sobre quiénes son las voces autorizadas para hablar del tema de la inseguridad. El hecho de que ser víctima de un delito haya convertido automáticamente a Blumberg en especialista en seguridad es una cosa increíble. Esto demuestra también que falta en el país un cuerpo civil que se ocupe del tema de seguridad y tenga una voz pública autorizada. Pero también es indicador del lugar central que han ocupado las víctimas del delito común en el espacio público, tema que se registra ya en los años ochenta en Estados Unidos cuando la derecha empezó a poner a las víctimas en el centro de los debates penales, por lo cual se volvió muy difícil una discusión seria.

–¿Cuál sería la manera efectiva de trabajar con esa sensación de inseguridad?

–Hay varios temas sobre los cuales trabajar, diferentes a las políticas ligadas al delito. Uno, muy importante, es el de dar trabajar más en los espacios públicos y en la prevención situacional. Yo pondría uno de los ejes en las políticas de mayor presencia del Estado y de la comunidad en los espacios públicos. También, como dije, no hay sensación de seguridad sin confianza en la policía y eso es un tema muy difícil. Pero también las formas de presencia policial pueden contribuir a la sensación de inseguridad o por el contrario, disminuirla. Otra cuestión es que sabemos muy poco del delito en la Argentina. Hay que saber cuáles son los delitos que generan mayor letalidad, mayor violencia, y ahí poner las prioridades políticas. Tener para cada uno de estos delitos una estrategia y ver cómo se desactivan; en algunos casos se trata de cortar todas las bocas de expendio o de ventas; en otras, de desarticular el financiamiento. Mostrar que se tiene una política estratégica, con prioridades en los delitos que generan más letalidad, que tiene que ver menos con llenar de policías las calles y más con cuestiones de investigación y desarticulación preventiva. Otra cosa fundamental es desarmar a la población, porque donde hay armas, se usan. Y lo último es discutir abiertamente cuál es la responsabilidad de los medios en el clima actual y qué compromisos deberían asumir.

–¿Y cuánto influyen?

–En otros países de América latina existe todo un trabajo, que acá no lo veo, en conjunto entre la sociedad, el Estado y los medios sobre su responsabilidad en la generación de la realidad, y entre ella el tema de la seguridad. Acusar a los medios sobre no reflejar la realidad es un mal camino, está demostrado ya en otros países que la presencia de un delito en un medio es proporcional a su rareza, pero sí se debe lograr un debate abierto sobre cuál es la relación de los medios con la generación de inseguridad, cómo se debe tratar un delito, la presunción de inocencia, las distintas voces, la contextualización del problema, etcétera. En algunos países de América latina existen desde manuales de ética acerca de cómo informar sobre los delitos hasta veedurías de los lectores. Existe en Brasil, en Colombia...

–Al margen de la sensación de inseguridad, ¿qué dicen las cifras sobre los delitos?

–En el país, en las últimas dos décadas, los delitos en general se duplicaron. Pero en los últimos cuatro o cinco años no aumentaron, se mantuvieron estables, incluso con alguna ligera disminución. Respecto de los homicidios, entre 1988 y el 2003 la tasa en el país llegó a siete por cien mil y en la ciudad de Buenos Aires a una tasa de alrededor de cinco por cien mil, muy por debajo de otros países de la región. Ciudades de América Central están en el orden de 110 por cien mil, también estamos en Buenos Aires por debajo de Miami, San Pablo, Río de Janeiro, Lima, estamos más o menos como Montevideo. Pero ocurre que estamos por encima de nuestra tasa histórica que era por debajo de cuatro por cien mil, comparable a ciudades de Europa occidental. Pero a eso se le suma que en nuestras principales urbes hay tasas de victimización altas, de alrededor de un cuarto o un tercio de la población en un año, lo que retroalimenta una sensación cotidiana de inseguridad.

–Eso, y la ineficacia o directamente la ausencia del Estado en algunos lugares.

–Con la reapropiación del espacio urbano se disminuyen las oportunidades del delito en la ciudad. Eso es claro. Se necesita una inversión del Estado en los espacios urbanos. Por qué para mí es importante el tema del Gran Buenos Aires: porque la Capital tiene una planta urbana controlable y la adición de la inversión pública y privada –como las luces en las puertas de las casas– que hacen que sea una ciudad en términos generales segura. Pero en el Gran Buenos Aires hay además un tema espacial, hay muchos espacios extendidos, con poca densidad urbana, en los que el Estado no está presente como debería. La Argentina no tiene una estrategia clara sobre la seguridad urbana. Se ha delegado históricamente a la policía el tema de la seguridad y eso no ha tenido éxito en ningún país. La policía debe ser una herramienta más. Y a la cabeza, el Estado, con políticas integrales.
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http://www.elargentino.com/nota-36953-Como-se-genera-la-inseguridad.html




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