Lo que circula por los medios

24 de julio de 2009

AUMENTOS O SUBSIDIOS


DEFENDIÓ LAS REFORMAS AL INDEC QUE ANUNCIÓ BOUDOU
CFK también tuvo onda con Macri, pero enumeró los fondos que le da
Recordó que le gira $430 millones al año para que el subte no suba -dijo- "a $2,45". Y que subsidia con $1.037 millones la tarifa de gas. Aseguró que no hará "borrón y cuenta nueva" en el INDEC. "Soy la presidenta de las cuentas claras".
23.07.2009

Cristina Kirchner, calificó como "muy buena" la reunión que mantuvo con Mauricio Macri, aunque este miércoles le recordó los fondos que la Nación gira al transporte público de la Ciudad para mantener las tarifas en sus valores actuales. La Presidente aseguró que se giran "430 millones de pesos por año" a los subtes porque, de lo contrario, el boleto "en lugar de 1,10 debería ser de 2,45".

Las declaraciones llegaron después de que Macri dijera que la reunión fue "muy positiva" pero no "se llevó ningún sí". Por esto, al jefe de Gobierno, Cristina también le recordó los subsidios que recibe de la Nación en materia de gas y que, según dijo, "no son geográficamente justos".

"En materia de gas estamos subsidiando a la Ciudad de Buenos Aires en 1.037 millones de pesos por año y Chaco tiene cero, porque nunca llegó al gas, ni a Misiones, ni a Formosa", destacó la Presidente que remató: "Es el producto de un modelo de país que ha sido muy deformado".

En relación al INDEC y las medidas anunciadas este martes por el ministro de Economía, Cristina sostuvo que "no soy presidenta de borrón y cuenta nueva. Me siento presidenta de cuentas claras", y señaló que se resolvió encargar a sectores académicos y científicos la evaluación y el seguimiento de todos los programas del Indec y el IPC desde 1999 hasta la fecha "para que no haya dudas".

También se refirió a las críticas acerca de por qué esto no se hizo antes y al respecto dijo que "son críticas válidas" y aludió a la "crispación política, las elecciones presidenciales, los conflictos de 2008" y las últimas elecciones legislativas.

"Este es el momento adecuado para dar transparencia y fortalecimiento a las instituciones", afirmó tras hacer referencias a las críticas sobre por qué no se tomaron medidas antes, y luego finalizó: "Entre todos estamos tratando de construir una Argentina que nos cobije a todos y a los que no han tenido oportunidad en la vida, que para mi gusto siguen siendo demasiados".

Cristina habló en la Casa Rosada para nunciar una inversión para jóvenes empresarios que consiste en un fondo de crédito de 20 millones de pesos, para financiar proyectos, un cupo de crédito fiscal de 24 millones, otros 2 millones del Programa de Acceso al Crédito y la Competitividad y 8 para programas de capacitación.

http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=26829
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Nuevos roces
Complica el Gobierno la gestión de Macri
No cedería fondos para subte y policía
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Lunes 23 de julio de 2007

Disfrazados de gestos de buena voluntad, el Gobierno proyecta trasladar a la futura administración porteña de Mauricio Macri algunos de los conflictos que por ahora están en la órbita de la política nacional.

En medio de los reclamos de autonomía formulados reiteradamente por Macri, se convino que el Estado cedería al gobierno porteño el control del subterráneo y que se avanzaría con la derogación o modificación de la denominada ley Cafiero, que regula las competencias de la Nación en la Capital y que impide que la ciudad tenga una policía propia.

Un detalle: el subte tiene hoy un subsidio de 250 millones de pesos anuales, que le permite mantener la tarifa a 70 centavos por viaje. El Gobierno nunca dijo que la transferencia de competencias se haría con fondos, de modo que Macri se vería obligado a seguir con los subsidios –política que rechaza– o a elevar la tarifa.

Otro detalle: como la derogación de la ley Cafiero no implica la cesión de la Policía Federal, Macri, que hizo de la seguridad uno de los ejes de su campaña, se encontraría ante la disyuntiva de crear una fuerza paralela, cuyo costo sería de unos 900 millones de pesos por año, o esperar una cesión que quizá se demore.

El ministro del Interior, Aníbal Fernández, dio ayer una pista sobre la escasa voluntad del Gobierno de transferir inmediatamente a la ciudad las 53 comisarías de la Policía Federal. “Los que votaron por Macri no votaron por la autonomía", señaló ayer el ministro en declaraciones radiales. No es el primer ninguneo de Fernández a los reclamos macristas.

La semana pasada, antes de que Macri regresara de sus vacaciones en París y la isla de Córcega, el ministro del Interior había despreciado una reunión para hablar de la transferencia policial con el macrista Eugenio Burzaco. "¿Quién es Burzaco? No lo conozco", ironizó. El mensaje del Gobierno quedó claro.

En el medio, el diputado Federico Pinedo visitó al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, para hablar de la autonomía de la ciudad. El jefe del kirchnerismo porteño prometió la cesión de la red de subtes y la modificación o derogación (para el caso de la policía es exactamente lo mismo) de la ley Cafiero. No habló de dinero.

El boleto de subte cuesta 70 centavos, pero sólo porque cuenta con una compensación tarifaria de 250 millones de pesos anuales, según admitieron fuentes de Metrovías, la empresa concesionaria del sistema.

De acuerdo con cálculos de la firma, sin el subsidio la tarifa debería aumentar hasta 1,50 o 1,60 pesos para que la red de subtes no fuera deficitaria. Sin los recursos del Gobierno, Macri se vería en la disyuntiva de aumentar el boleto o subsidiar a Metrovías con dinero de la ciudad, un recurso que despreció reiteradamente.
El gremio más duro

La transferencia del subte, además, enfrentaría al macrismo con los delegados gremiales más combativos de la ciudad. Si bien el gremio que agrupa a los trabajadores de la red es la Unión Tranviarios Automotor (UTA), en la práctica la mayoría de los delegados del sistema rechaza esa conducción y genera, así, una permanente complicación en las negociaciones gremiales. El gobierno o la concesionaria deben acordar con ambos.

Estos delegados son en su mayoría de izquierda. Un caso: el de la Línea B, Claudio Dellecarbonara, es el candidato a vicepresidente del PTS, un partido autodefinido como trotskista. La lista de dirigentes combativos la completan delegados del MST, del Partido Obrero y del MAS.

Si el Gobierno cediera el control del subte, como prometió, de movida Macri se encontraría con un sindicalismo complicado y con una opción antipática: tarifas más caras o más subsidios.

"Los subsidios son una política general del Gobierno para no aumentar las tarifas de servicios públicos. Si van a cambiar la política en la red de subtes, también deberían hacerlo en el sistema ferroviario, en el gas, en la electricidad", resaltó Pinedo, jefe del bloque de Pro en la Cámara de Diputados.

"Que te pasen el subte pero te corten los subsidios te puede generar un problema muy grande", reconoció el legislador electo por el macrismo Cristian Ritondo.
La seguridad

En el kirchnerismo reclaman silencio y trabajo. Menos pataleo y más dedicación a los problemas.

"Una cosa es la promesa de campaña y otra la realidad. Es fácil gobernar la ciudad con plata de todos los argentinos, pero hay que aprender a gobernar con la plata que se recauda en el distrito. No se puede pensar que la ciudad tiene un privilegio especial para que Macri maneje servicios con recursos de todos los argentinos, pero beneficio exclusivo de los porteños", consideró el legislador Diego Kravetz, jefe del bloque del Frente para la Victoria.

Así como en el caso del subte, también aparece una trampa en la derogación de la ley Cafiero. Esta norma dice que la ciudad no puede tener una fuerza de seguridad propia. Si se derogara o modificara, a lo sumo permitiría que la Capital condujera una fuerza de seguridad, pero no se ocuparía de definir el traspaso. Eso quedaría para una discusión política entre Macri y la Casa Rosada.

"Nos van a decir que si queremos una policía propia formemos una y nos ocupemos de pagarla con recursos propios", vaticinó el macrista Ritondo. La policía porteña costaría unos 900 millones de pesos. Es el 10 por ciento del presupuesto de la ciudad. Demasiado, en tiempos en los que la recaudación local crece lentamente.

La cuestión es que Macri pidió autonomía y el Gobierno respondió con dos "atenciones". Dijo que cedía el control del subte y que ayudaba a derogar la ley Cafiero. En el fondo, podrían ser más trabas que ayudas.

Por José Ignacio Lladós
De la Redacción de LA NACION
En disputa
El subte

* $ 250.000.000 Es el monto que, en subsidios, recibe anualmente la red de subterráneos. Sin esa ayuda nacional, la tarifa pasaría de $ 0,70 a alrededor de $ 1,50, según el cálculo de Metrovías.

* 3000 Son los empleados del subte, cuya jornada laboral es de seis horas y no de ocho. Cuentan con los sindicalistas (casi todos de izquierda) más combativos.

La policía

* $ 900.000.000 Es el presupuesto de la Superintendencia Metropolitana de la Policía Federal. Macri reclama la cesión de la fuerza con la partida correspondiente de recursos.

* 53 Son las comisarías de la policía en la Capital. Dependen del Ministerio del Interior. Si no le ceden la fuerza, Macri debería armar otras 53 comisarías.
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=928107

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redistribución regresiva del ingreso

Los que más tienen reciben el 40% de los subsidios
El Estado repartirá este año $ 14.000 millones entre los hogares de clase media y alta
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Lunes 28 de julio de 2008

Por Oliver Galak
De la Redacción de LA NACION


Los subsidios, una de las principales herramientas que en teoría utiliza el Gobierno para cumplir su objetivo de "redistribuir la riqueza", funcionan de una manera extraña: más del 40% de esos recursos terminan beneficiando a las clases medias y altas.

Para peor, como la cantidad de personas con ingresos bajos (inferiores a $ 2000 brutos mensuales) representa el 70% del total, a cada una le toca una cifra notablemente inferior a lo que percibirían sus compatriotas más afortunados si se repartieran entre todos los 34.000 millones de pesos que se destinarían este año a dar subsidios.

Según un estudio de la consultora Prefinex, los trabajadores, jubilados y beneficiarios de planes sociales con ingresos bajos se benefician en promedio con $ 110 mensuales cada uno con subsidios estatales a la energía, el transporte, los alimentos y los planes sociales. Quienes tienen ingresos medios o altos, en cambio, son beneficiados en promedio con $ 180 mensuales que salen de las arcas públicas. En el primer grupo hay 15,6 millones de personas; en el segundo, 6,6 millones.

El informe proyecta que en 2008 el Estado destinará 47.232 millones de pesos en transferencias al sector privado. De ellos, la mayor parte ($ 21.426 millones) se destinará a subsidios a la energía. Luego aparecen los subsidios al transporte ($ 6151 millones), alimentos ($ 3666 millones) y planes sociales ($ 3100 millones). El resto ($ 12.889 millones) son partidas sin identificar.

De los 34.343 millones de pesos en subsidios identificados, 20.327 millones (59,2%) llegan de una manera u otra -tarifas domiciliarias de gas y electricidad congeladas, alimentos más baratos, boletos económicos en colectivos, trenes y subtes- a personas con ingresos inferiores a $ 2000, ubicadas en el quintil 1 y parte del 2 en la pirámide de distribución del ingreso. Otros $ 14.016 millones (40,8%) benefician a quienes ganan más de $ 2000 mensuales, un dato que habla de la regresividad de este recurso. Los únicos subsidios que cumplen con su cometido de redistribuir riqueza a los sectores menos favorecidos en un 100% son los planes sociales (si no se consideran los planes, el porcentaje de subsidios destinados a los sectores de bajos ingresos se reduce al 55%).

Para calcular quién es el beneficiario de los subsidios que reciben las empresas se consideró el consumo de esos productos según los quintiles de la población. Aunque entre los de ingresos bajos se incluyó a personas que están por encima de la línea de la pobreza, ese segmento de la población no llega a quedarse ni con el 60% de los fondos que el Estado destina a contener los precios.

"La verdad es que no se debería destinar un peso a subsidiar a las clases altas. Los 14.000 millones que se gastan con ese fin son mucha plata", consideró el economista Osvaldo Cado, autor del informe junto con Nicolás Bridger. Según su opinión, para corregir la distorsión se podría aplicar un esquema similar al de Brasil, con un aumento gradual de algunos alimentos "y transferencias directas a los estratos más golpeados de la población" para que puedan acceder con facilidad a esos productos.

"Es inadmisible que la mitad de los 3600 millones que se gastan este año para subsidiar alimentos como leche, carne, pan y fideos se lo quede gente que puede pagar mucho más de lo que vale en las góndolas. Cuando hay políticas de subsidios masivos, siempre se lo termina quedando el que puede consumir más", agregó.

Retenciones
Se estima que el Estado recaudará este año por retenciones cerca de 38.000 millones de pesos, más que el total de los subsidios en energía, alimentos, transporte y planes sociales. El aumento de los derechos de exportación había sido justificado por el Gobierno como una herramienta para "redistribuir la riqueza".

Ricardo Delgado, de la consultora Ecolatina, recordó que muchos subsidios "tenían sentido" cuando fueron creados luego de la crisis, pero quedaron desdibujados con el aumento del ingreso medio de la población.

"Se destinan cada vez más subsidios para energía, transporte y alimentos, y los servicios que brindan las empresas que los reciben no son de la calidad que uno desearía. Además, se subsidia en gran parte a los segmentos más altos, sobre todo en la Capital", dijo Delgado. Efectivamente, la ciudad de Buenos Aires, donde los pasajes de colectivos y las tarifas energéticas son más bajos que en el resto de las provincias, tiene un ingreso medio por habitante muy por encima del promedio nacional. "Los subsidios llegan al usuario residencial porteño, pero no al de Santiago del Estero, porque allí el Indec no mide la inflación", afirmó.

El economista Pablo Besmedrisnik, de la Fundación Crear, explicó que en teoría los subsidios son un instrumento eficaz "para compensar de alguna manera a los sectores perjudicados" por los aumentos de precios y por "la necesaria competitividad cambiaria" que requiere el modelo económico.

Sin embargo, aclaró: "Que los subsidios sean cada vez más relevantes en el gasto público y que al mismo tiempo las tarifas de luz y gas en Libertador y Coronel Díaz sean casi insignificantes marcan la pauta de que la efectividad es restringida".

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1034192

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Sigue creciendo el gasto público, aunque sin poner en riesgo el superávit
Aumentaron un 132% los subsidios
Los desembolsos para energía, transporte, alimentos y empresas públicas sumaron $ 4588,1 millones en el primer trimestre
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Viernes 2 de mayo de 2008 |

Los subsidios para energía, alimentos, transporte y empresas públicas sumaron $ 4588,1 millones en el primer trimestre del año, según un informe de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), elaborado sobre la base de datos oficiales. La cifra implica un aumento del 132% respecto del mismo período de 2007.

Se trata de los fondos que el Tesoro transfiere a empresas públicas y privadas para subsidiar el transporte público y las tarifas eléctricas de los hogares -en ambos casos, sólo en el área metropolitana-, el consumo de gas, las compras de fueloil para las centrales térmicas, contener el precio de algunos alimentos, como pan, aceites, leche, pollo y carne vacuna, y financiar las actividades de algunas empresas estatales, entre otros fines. Estos fondos ya habían aumentado un 125% el año anterior.

La cifra no abarca todos los subsidios otorgados, ya que excluye, por ejemplo, los recursos que reciben los fondos fiduciarios directamente de la recaudación impositiva, y que se suman a los giros del Tesoro.

Sólo en el primer trimestre, el Gobierno destinó $ 2547,9 millones para morigerar el impacto de la crisis energética, más del triple de lo que desembolsó un año atrás.

El calor del verano agitó la chequera oficial. Cammesa, la administradora del mercado eléctrico mayorista, recibió $ 1227,5 millones para financiar la adquisición de fueloil -principalmente a Venezuela- que las centrales térmicas utilizan para generar electricidad ante la escasez de gas, aun con las importaciones de Bolivia, que demandaron $ 448 millones. Enarsa utilizó esos fondos para comprar el fluido y venderlo a un precio inferior en el mercado interno. Otros $ 179,5 millones fueron girados al Ente Binacional Yacyretá, para compensar a Paraguay, que cedió parte de la electricidad que le corresponde de lo que genera la hidroeléctrica.

Las compensaciones, el mecanismo diseñado por el Gobierno para "desacoplar" los precios domésticos de los alimentos de los precios internacionales, también se triplicaron. Los fondos que reparte la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) entre productores agropecuarios, cooperativas y grandes empresas, como SanCor, Mastellone, Molinos, Cargill o Aceitera General Deheza, alcanzaron los $ 430 millones entre enero y marzo últimos.

El ajuste en las tarifas del subte, los colectivos y los trenes que circulan por la Capital y el Gran Buenos Aires no impidió que los subsidios que distribuye el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, se incrementaran un 52% en un año. Las empresas concesionarias de trenes y subtes recibieron $ 737,7 millones de pesos entre enero y marzo, mientras que los recursos para el Fondo Fiduciario del Sistema de Infraestructura del Transporte, que, entre otros fines, se utiliza para financiar a las empresas de colectivos, aumentaron un 82% hasta los $ 600 millones.

Los subsidios, según la óptica oficial, contribuyen a sostener el crecimiento de la economía, cubrir las necesidades energéticas y controlar la inflación en los alimentos y mejorar la distribución del ingreso. Varios economistas sostienen, por el contrario, que los subsidios desalientan el ahorro de energía y alientan el consumo. Por lo tanto, agravan la crisis energética y elevan la presión sobre los precios. Agregan, además, que su impacto sobre la distribución del ingreso es, por lo menos, dudoso.

Pese al fuerte incremento de los subsidios, marzo mostró "una continuidad en la política de desaceleración del gasto público", que en los primeros tres meses aumentó un 35%, por debajo de la expansión del año anterior e inferior a la expansión de los ingresos, que llegó al 40,5% en el mismo período, incluido el traspaso de recursos de las AFJP a la Anses. Sin ese aporte, el alza fue del 39,2%, agrega el informe.

Los cambios aplicados a las retenciones en noviembre pasado, junto con el incremento de los precios internacionales de las commodities y el aumento de los volúmenes exportados, más que duplicaron los ingresos por este tributo, que dejó $ 4170 millones entre enero y marzo.

El informe sostiene que el aporte nominal de las retenciones al superávit fiscal "fue mayor que el crecimiento del ahorro primario, por lo que de no haberse aplicado las mencionadas modificaciones arancelarias, seguramente al resultado primario hubiera alcanzado un nivel no muy distinto al del primer trimestre de 2007".

Entre abril del año pasado y marzo último, el superávit fiscal primario alcanzó el 3,4% del producto bruto interno (PBI), si se consideran los aportes extraordinarios de las AFJP, que aportaron un punto adicional.

Por Rafael Mathus Ruiz
De la Redacción de LA NACION

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1008971



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Los subsidios casi igualan al superávit
Una suma de factores internos y externos forzará al Gobierno a destinar el equivalente al total del ahorro del Estado nacional para contener precios de alimentos, electricidad, gas y transporte


Domingo 20 de julio de 2008

La sequía que azotó en los últimos años a Australia; las inundaciones en el medio oeste norteamericano; la crisis financiera mundial; la crisis alimentaria; los ataques a instalaciones petroleras en Nigeria; la inestabilidad en Medio Oriente; la estrategia de la OPEP; el régimen alimenticio de los cerdos en China o la pujanza de la India pueden parecer, en principio, fenómenos ajenos a las finanzas públicas locales. Pero no es así: todos fuerzan al Gobierno a gastar cada vez más en subsidios.

No son los únicos. Hay que agregar, entre otros factores, lo que ocurre con las lluvias y los termómetros a lo largo y a lo ancho del país. Nunca antes la caja oficial, quizás el activo político que el kirchnerismo cuida con mayor recelo, estuvo tan expuesta a tantos fenómenos, internos y externos.

Todo esto, junto con la intención oficial, por el momento inquebrantable, de aislar los precios internos de los que rigen fuera de las fronteras de la Argentina, construyó de a poco una realidad que convirtió al tan bendecido viento de cola externo en un nuevo dolor de cabeza para el Gobierno: la suba en los precios internacionales genera beneficios, pero también costos, como una mayor inflación, un mayor deterioro de la situación social y también un mayor esfuerzo de la chequera oficial, que este año se encamina a destinar a los subsidios el equivalente al superávit fiscal primario. Ambos rozarán los $ 30.000 millones, o un 3% del producto bruto interno (PBI).

Esa cifra incluye sólo las transferencias a empresas privadas o públicas para subsidiar el consumo de gas, electricidad, los viajes en avión y en colectivos, subtes y trenes del área metropolitana, además del precio de algunos alimentos básicos, como leche, carne, pan y fideos.

Los economistas Javier González Fraga, Miguel Bein y Ramiro Castiñeira coincidieron en este pronóstico. Un informe de la consultora Ecolatina va un poco más allá y sostiene que podrían alcanzar a los $ 35.000 millones, es decir, un 3,5% del producto. Un tanto más cauto, el director de Abeceb.com, Dante Sica, estimó que rondarán los $ 24.000 millones.

El superávit fiscal primario previsto para en el presupuesto es del 3,2% del producto, un valor que el Gobierno probablemente logre, aun sin el impulso de las agónicas retenciones móviles.

Todos coinciden en un punto: el grueso de estos fondos se destinará, una vez más, a emparchar la delicada situación energética, bendecida, al menos durante la semana pasada, con temperaturas de primavera en pleno invierno. Bein estima que el Estado destinará unos $ 19.000 millones a este rubro, principalmente para la compra de combustibles como fueloil o gasoil para las centrales térmicas y la industria. Ecolatina estima que serán $ 20.000 millones, un monto que supera, por ejemplo, "el total de pagos de intereses de la deuda pública nacional", señala en su informe.

El transporte demandará entre 7000 y 10.000 millones de pesos más. Cabe aquí una aclaración: la incorporación de Aerolíneas Argentinas a la constelación de empresas públicas puede llevar la cuenta un poco más allá de lo que indica esa cifra.

El subsidio al consumo interno de alimentos básicos, inexistente hace dos años, insumirá otros $ 4000 millones. En la Oficina Nacional de Control Comercial Agroalimentario (Oncca), a cargo del pago de compensaciones, creen que la cifra final será menor, de unos $ 2600 millones (ver aparte).

Así como el aumento del precio del petróleo implica un esfuerzo fiscal cada vez más grande en energía, la escalada en el valor de las commodities agrícolas, como soja, trigo y maíz, enraizada entre otros fenómenos en la expansión de China y la India, la creciente participación de inversores institucionales y fondos de cobertura en los mercados de futuros, la irrupción de los biocombustibles y los vaivenes climáticos de Australia y Estados Unidos, obligaron ya a reforzar el presupuesto de la Oncca. Estos fenómenos, vale agregar, también empujan los ingresos por retenciones.

Polémica
Los subsidios, utilizados también en otras partes del planeta, no están exentos de polémicas. La primera crítica tiene que ver con su eficiencia: en energía, por ejemplo, algunos creen que sería mejor encarar más obras de infraestructura antes que subsidiar el consumo. Pero es la discusión acerca de su impacto sobre la equidad, es decir, sobre la distribución del ingreso, la que más debate genera.

La mayoría de los economistas cree que estos subsidios son regresivos, o que su impacto redistributivo es, por lo menos, dudoso. Días atrás, González Fraga fue más directo aún y dijo, en un seminario, que el Gobierno favorece con esta política a los más ricos.

Detrás de este postulado aparecen varios argumentos. Uno de los más escuchados es que el distrito donde está la mayor cantidad de beneficiarios de este tipo de políticas es la Capital Federal, uno de los rincones más ricos del país y el único donde la factura del gas y la electricidad en los hogares no ha variado desde la salida de la convertibilidad. Es también el rincón más mediático de la Argentina, algo que también ayuda a entender el persistente congelamiento.

Que la Capital sea uno de los distritos más beneficiados plantea, según Ecolatina, una inequidad regional, porque "el esquema de subsidios depende cada vez más de los recursos generados en el interior".

El discurso oficial traza otra visión. Sostiene que los subsidios son un elemento clave para mantener el crecimiento de la economía, fomentar el crecimiento de la industria, contener la inflación -sobre todo de la canasta básica alimentaria-, y, claro está, mejorar la distribución del ingreso. Ante el dictamen de que las compensaciones a los alimentos favorecen por igual a todas las familias, sin diferenciar entre ricos y pobres, se responde que las familias de menores recursos destinan una proporción mayor de sus ingresos a los alimentos, con lo cual el subsidio es, en proporción al gasto del hogar, mayor para estas familias que para las más ricas, que destinan un porcentaje menor de su gasto a las compras en el supermercado.

Más allá de esta discusión, es claro que todas las proyecciones que se trazaron para este año quedaron cortas, incluidas las del presupuesto. Basta con ver los números de los programas más emblemáticos utilizados para estos fines, como el que financia a las empresas de colectivos o trenes, o a la administradora del mercado eléctrico mayorista, Cammesa, y a la petrolera estatal Enarsa.

El programa destinado a las transferencias a las empresas de colectivos, entre otros fines, ya utilizó el 79,5% de los $ 1505,6 millones que tenía disponibles hasta el 6 de julio, según datos de la ejecución presupuestaria disponibles en la página web del Ministerio de Economía. El que financia la caja de las empresas de trenes y subtes del área metropolitana, el ferrocarril General Belgrano, el Belgrano Cargas y de la supuestamente desaparecida aerolínea estatal Lafsa ya consumió casi el 60% de los $ 2590,6 millones asignados.

En energía el panorama es menos alentador: se han agotado casi todos los fondos disponibles, aun cuando el Estado tiene, por ejemplo, atrasos de más de un año en los pagos a algunas generadoras. El ministro de Planificación, Julio De Vido, ya autorizó pagos que equivalen al 73,3% de los $ 7990,8 millones disponibles para paliar la crisis energética y mantener intactas las tarifas en los hogares.

Y esto ocurre aun cuando ambos fueron bendecidos ya con una inyección de recursos merced a una decisión administrativa del jefe de Gabinete, Alberto Fernández, una maniobra que, seguramente, se repetirá.

La Oncca, que también cuenta con atrasos en las transferencias a alimenticias, lácteas, molineros y productores agropecuarios, también recibió un refuerzo de la mano de Alberto Fernández. Con todo, goza aún de cierta holgura: de los $ 1861,5 millones disponibles para compensaciones sólo utilizó, hasta julio, el 49,6 por ciento.

Perspectivas
Todos los informes privados coinciden en que los subsidios pasaron a ser, este año, la razón principal del aumento del gasto público. ¿Pueden poner en riesgo el superávit?

La mayoría de los economistas se ataja cuando se le pregunta sobre el frente fiscal. Responden, casi al unísono, que todo dependerá de lo que ocurra a futuro con el gasto. El consenso todavía no cambió: este año el Gobierno no tendrá mayores inconvenientes, pero el año próximo, que además será electoral, plantea "desafíos".

"La situación fiscal puede forzar a pasar de un sistema de subsidios generalizados a uno de transferencias focalizadas. Esta es una decisión que el Gobierno diluye", apuntó Ramiro Castiñeira, de Econométrica.

El director de abeceb.com, Dante Sica, dijo que el gasto "viene galopando" y que, pensando en 2009, "que es un año político, cuando el gasto de capital siempre aumenta, o se resigna superávit fiscal o hay que hacer un trade off dentro del gasto, y el único lugar para hacerlo son los subsidios".

El economista Pablo Morra, de Goldman Sachs, trazó el siguiente panorama: "La meta de superávit de este año todavía es posible de cumplir. Dependerá de la evolución del gasto. Pero con la economía en desaceleración, el Gobierno debería desacelerar la suba del gasto para asegurarse un amplio superávit fiscal y despejar dudas sobre la situación financiera de 2009. Eso implicará resistir fuertes demandas de aumento de gasto. En una situación de mayor debilidad política y con elecciones por delante, el desafío de mantener el gasto controlado y el superávit fiscal va a ser grande, pero no imposible".

Por Rafael Mathus Ruiz
De la Redacción de La Nacion

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1031830

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Joaquín Morales Solá | Ver perfil

Ante un final de fiesta
Por Joaquín Morales Solá
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Domingo 30 de noviembre de 2008

Apariencias distintas. Hay una diferencia enorme entre las apariencias y los actos verdaderos. Cristina Kirchner demoró menos de 24 horas en concederle una entrevista al cardenal Bergoglio, que nunca logró las condiciones necesarias para reunirse con el ex presidente Kirchner. La Presidenta fue también a la asamblea anual de la Unión Industrial para anunciar, en buen romance, un final de fiesta. Néstor Kirchner despreció siempre cualquier conglomerado de empresarios. El único problema de Cristina consiste en que todo el mundo cree que el marido presidencial es el que gobierna con antojos contradictorios.

Final de fiesta para muchos. ¿El comienzo de una fiesta para algunos pocos? La moratoria fiscal podría servir para lavar dinero mal habido y para cerrar casos como el de Skanska. El Congreso debería corregir el proyecto y, por ejemplo, exceptuar del beneficio a los empresarios del kirchnerismo que han hecho poderosas fortunas en los últimos tiempos. ¿Ejemplos? Lázaro Báez y Cristóbal López, entre otros. Podrían agregarse también a empresarios que florecieron bajo la sombra de otros gobiernos. La moratoria tampoco debería permitir la extinción penal de las causas abiertas que rozan peligrosamente el bolsillo de conocidos kirchneristas.

Destacados funcionarios internacionales pusieron la lupa sobre ese blanqueo. Menos mal que en Washington hay un gobierno que virtualmente ya no está y otro que no ha llegado todavía. La relación de los Kirchner con los Estados Unidos siempre fue buena en materia de trasiego de información sobre narcotráfico, sobre terrorismo y sobre el dinero de ambos. Podría cambiar en adelante. Cualquiera puede entrar cuando se abren las puertas al primero que pasa. ¿Por qué un argentino no podría lavar dinero de narcotraficantes con sólo cobrar el 20 por ciento de lo que declararía, que es la comisión que se paga en el mundo por esos sucios menesteres? Carteles de la droga están aterrizando en la Argentina, pero el abundante dinero de ellos es más fulminante que sus armas.

Los buenos ahorristas no traerán el dinero al país. Detrás de las decisiones institucionales está siempre la impronta de Guillermo Moreno. Un importante empresario compró en su banco, hace pocos días, un millón de dólares para pagar compromisos en el exterior. El banco lo llamó para explicarle que necesitaba hacerle algunas preguntas por orden de Moreno. Devuélvame los pesos y dígale a Moreno que no exportaré más , le contestó el empresario. En el mundo kirchnerista, las cosas nunca son como parecen.

Néstor Kirchner se notificó en los últimos días de que la recesión golpea las puertas y de que el Estado exuberante que conoció ya no existe más. La recaudación sólo permitiría los gastos impostergables del Estado si se quiere preservar cierto superávit. Esas erogaciones imprescindibles corresponden a los salarios de los empleados y a los gastos fijos. No hay más. El promedio de la poda presupuestaria para el año próximo será del 20 por ciento, que es justo lo que sobra si se apartan aquellos gastos.

La sociedad dejó de comprar. La producción agropecuaria duerme en silos y frigoríficos por la acción o la omisión del Gobierno. El turismo se cayó por la crisis internacional. La economía real apaga los motores. Es el infierno perfecto de cualquier gobernante. Funcionarios clave acceden sólo al ex presidente; no le llevan malas noticias a la Presidenta. Eso explicaría que Cristina Kirchner haya pensado en Débora Giorgi para abrir nuevos mercados a la producción argentina , mientras la producción básica argentina no se mueve de la Argentina.

Las malas novedades explican también que el Gobierno haya decidido bajar el increíble nivel de los subsidios al consumo de servicios públicos. El Estado de Kirchner despilfarró dinero durante más de un lustro pagando la luz, el gas y el transporte hasta de los ricos. Ese paraíso está perdido.

Giorgi se propuso arreglar el conflicto con el campo. Deberá bajar las retenciones a la soja para convencer a los productores de que pueden exportar con un precio internacional que perdió casi el 50 por ciento de su valor. Deberá vérselas con Ricardo Echegaray, el poderoso hombre de Kirchner colocado en la agencia de exportaciones para hacerles imposible la vida a los productores. Es él quien pone trabas a las exportaciones de carne, de cerdo, de leche y de quesos. Echegaray es tan odiado como Moreno entre los dirigentes rurales. O más aún. En última instancia, los dos son cómplices de la prepotencia del sistema gobernante.

La nueva ministra viene con fama de un carácter fuerte y decidido. Tiene muy pocas pulgas , aceptó un funcionario que la conoce desde hace mucho tiempo. Dará el portazo si comprueba que su lucha es estéril , anticipó otro. El ministerio de Giorgi desplumó a Carlos Fernández, convertido desde ahora en un secretario de Hacienda de lujo. Es lo que sabe hacer y lo que quiere hacer: sumar y restar con los números fiscales.

¿Puede existir un Ministerio de la Producción con Turismo y sin Energía? La fórmula es medio excéntrica, pero es lo que hay. Nadie puede tocar a Julio De Vido. Petróleo y obras públicas no irán jamás a manos de una desconocida, como Giorgi lo es, de alguna manera, para el hermético universo kirchnerista.

No hay explicación racional para la cerrada defensa que Néstor Kirchner hace de De Vido. En sus cinco años y medio de gestión, el país perdió reservas de petróleo y gas como nunca en su historia. Dos días de calor intenso fueron suficientes para que cientos de miles de argentinos se quedaran sin la indispensable electricidad. En varios barrios metropolitanos las cacerolas volvieron a salir a la calle con el nombre de De Vido en la boca de muchos.

Un temor sordo se extiende entre los funcionarios. La crisis social, consecuencia del freno económico, podría terminar con protestas masivas, sobre todo en el conurbano. Quizá por eso la Presidenta no demoró un instante en recibir a la conducción de la Iglesia, que ha sido siempre un factor importante para la contención del reclamo social. Bergoglio será el jefe de la Iglesia hasta el final del mandato de Cristina.

La reunión entre la Presidenta y el cardenal fue distendida, corta y evanescente. Podría haberse planteado la necesidad de reinstalar el Diálogo Argentino, la experiencia más útil que la Iglesia hizo en los últimos años a la convivencia de los argentinos. Nada. Kirchner detesta hablar de eso y su esposa se contagió de esas fobias. Estuvo el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que nada tiene que ver con la Iglesia, y faltó sonoramente el jefe de Gabinete, Sergio Massa.

Massa arrastra un pecado. Propuso como embajador en el Vaticano a su asesor oficial, el empresario Jorge O´Reilly, que milita en el sector ultraconservador de la Iglesia. En mayo pasado se reunió en la Nunciatura con importantes diplomáticos vaticanos. Actuó casi como un embajador de hecho y presentó un documento con su firma en el que proponía varias decisiones para recomponer la relación dañada con el Vaticano. Tras algunas ideas obvias, el funcionario escribió un párrafo que explotó entre diplomáticos y sacerdotes: "Sería favorable el desplazamiento del arzobispo de Buenos Aires", sugirió. Pedía, lisa y llanamente, el relevo de Bergoglio, uno de los cardenales más prestigiosos en el Vaticano, de su sede apostólica en Buenos Aires.

La información fue confirmada por tres obispos y por una alta fuente del propio Vaticano. El documento existe, aunque no está firmado por Massa, sino por su asesor. El asunto llegó a tratarse en una reunión de la Asamblea Permanente de los obispos argentinos. Finalmente, O´Reilly no fue designado embajador y el cargo se lo llevó Juan Pablo Cafiero, un hombre querido por la Iglesia. Dios oyó el ruego unánime y desesperado de sus obispos. Relevo de Bergoglio. Premura para recibir a Bergoglio. ¿Dónde está el verdadero gobierno?

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1075756
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