Lo que circula por los medios

24 de noviembre de 2009

PAPEL TRENZA... PAPEL PRENSA...





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Ahora el Gobierno quiere que el Congreso investigue a Papel Prensa
Boudou anunció el envío de un proyecto a Diputados. Sostuvo que los representantes del Estado en Papel Prensa no reciben toda la información que necesitan. Es un paso más en la avanzada del kirchnerismo sobre esta compañía. Ayer la CNV había ordenado un sumario a la empresa y sus directores.Aunque la carga del Estado está encabezada por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, el ministro de Economía, Amado Boudou, fue formalmente el encargado de dar a conocer la nueva embestida del Gobierno sobre Papel Prensa, una compañía en la que son socios el Estado y los diarios Clarín y La Nación.

Después de que la Comisión Nacional de Valores ordenara ayer un sumario contra la empresa y todos sus directores, incluida Beatriz Paglieri –la voz de Moreno en el directorio de la compañía, Boudou anunció hoy el envío de un proyecto a Diputados para que el Congreso investigue los números y las actividades de Papel Prensa, cuyo capital mayoritario está en manos de los dos socios privados.

Durante una conferencia de prensa que ofreció en el Palacio de Hacienda, el ministro deslizó que Clarín y La Nación estarían aprovechándose de su condición de dueños para obtener descuentos mayores a los que Papel Prensa le ofrece a otros diarios o actuar como "monopolios para lograr precios más altos" por el papel. Y dijo que no es así "como debe funcionar una empresa vinculada a la libertad de prensa". También aclaró que esa es "una hipótesis que puede ser cierta o no".

El pedido de Boudou al Congreso no tiene antecedentes cercanos. En los últimos años no se solicitó al Parlamento que investigue a empresas con participación estatal, ni aún cuando estas estuvieran cuestionadas, y mucho menos se informó en conferencia de prensa.

El jefe del Palacio de Hacienda también cuestionó que la decisión de la CNV de sumariar a Papel Prensa y a sus directores fuera publicada en la tapa de los diarios. Simultáneamente, dijo que como "toda la sociedad puso recursos en Papel Prensa" a través de la participación del Estado, el funcionamiento de la empresa "debe dejar un tema tabú". Y justificó los sumarios abiertos por la CNV en que, supuestamente, "las asambleas de estos días estuvieron plagadas de desprolijidades".

El ministro sostuvo que el pedido obedece a que los directores en representación del Estado no reciben toda la información que necesitan. "Estamos llevando a cabo una acción que es obligatoria para el poder Ejecutivo en la defensa de sus derechos políticos dentro de Papel Prensa", argumentó.

La nueva avanzada sobre Papel Prensa tiene varios antecedentes cercanos. Entre ellos, la inusual megainspección que hizo la AFIP en Clarín –que terminó en la salida de los principales responsables de ese operativo- los bloqueos por parte del gremio kirchnerista de Camioneros a la distribución de Clarín, La Nación, Noticias y otros medios y la más mención de Guillermo Moreno a sus "expertos en partirle la columna al que hable" durante una ríspida reunión con los ahora ex representantes del Estado en la empresa.

http://www.clarin.com/diario/2009/11/24/um/m-02047845.htm
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vision 7


http://www.youtube.com/watch?v=0A9a6vjDgy0

ver 1: Osvaldo Papaleo; habla de Papel Prensa - Sep 19
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“Clarín compró Papel Prensa con la familia Graiver secuestrada”

Una planta arrancada con sangre


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9:30 - ECONOMIA
Papel Prensa: el Gobierno reclamó "transparencia" y le pidió una investigación a Diputados


El ministro de Economía advirtió que el Gobierno pretende "transparencia" de parte del directorio de Papel Prensa y le pidió a Diputados que investigue el comportamiento de la empresa. Anticipó que irá al Congreso para informar sobre la compañía, ante la negativa de los socios mayoritarios privados de brindar información.

"De ninguna manera es nuestra intención quedarnos con la firma. Queremos acceso a toda la información”, aseguró esta tarde Boudou durante una conferencia de prensa celebrada en el Palacio de Hacienda, en la que sostuvo que el Gobierno pretende "transparencia" de parte del directorio de Papel Prensa y pidió a la Cámara de Diputados que investigue el comportamiento de la empresa.

El ministro explicó que las últimas asambleas de accionistas de Papel Prensa "estuvieron plagadas de irregularidades" y sostuvo que hubo momentos "en que no se sabía quién era el presidente de la empresa".

Papel Prensa es una empresa mixta creada en 1969 para proveer de papel a los diarios, los cuales antes debían importar ese insumo. En la actualidad, el diario La Nación posee un 36,9 por ciento del paquete accionario, otro tanto el Grupo Clarín, y el Estado posee el 26,2 por ciento, según los últimos datos oficiales.

En la rueda de prensa, Boudou negó que esta medida esté en contra de estos dos medios ya que "no hay un problema con nadie. Sólo queremos ver cómo funciona Papel Prensa”.

Boudou explicó que el Estado hace 40 días que está pidiendo información "en carácter de accionista" y que hasta el momento no obtuvo respuesta.

Esta solicitud de informes a los socios privados no es "con ningún objetivo más que poner las cosas blanco sobre negro" y "para llevar la mayor transparencia posible", dijo el ministro.

"Aspiramos a que la empresa no funcione con un nivel de subadministración", explicó el funcionario quien luego agregó que esa situación "es una hipótesis que puede ser cierta o no".

"Buscamos que el Estado no se vea perjudicado" y la información está destinada a "evaluar la hipotética presunción (de subadministración) que tenemos", agregó Boudou.

Al ser consultado por la prensa sobre si recurrirían a la justicia, por sentirse afectados como socios minoritarios, Boudou manifestó su deseo de que esto no sea necesario:
“Ojalá que no haya que ir”, dijo al respecto el ministro Explicó que el Estado quiere saber "primero, si se está produciendo a pleno, y segundo cuál es el mecanismo de asignación" de cupos de papel para los demás diarios.

Aseguró que "permanentemente escuchamos las quejas (de los diarios) que tienen que pagar un 30 por ciento más caro el papel, o que tienen que achicar la tirada” porque no tienen el dinero necesario para comprar ese insumo, o el cupo disponible no es el suficiente.

El ministro evitó precisar cuáles eran los medios perjudicados.

Boudou destacó que se apunta a evitar "eventuales prácticas monopólicas” y aseguró que "el Estado no va a mirar hacia el costado” si estas se llevan a cabo.

El ministro explicó que le pedirá a las Comisiones de Presupuesto y Hacienda, de Finanzas y de Libertad de Prensa de la Cámara de Diputados hacer una presentación para informar sobre la situación de Papel Prensa.

Esa empresa "nació de beneficios extraordinarios y se consolidó a partir de condiciones ventajosas", aseguró.

"No cabe duda que la libertad de prensa también se entiende como la igualdad de oportunidades del acceso de los insumos de los distintos medios periodísticos", remarcó el titular de la cartera económica.

El ministro afirmó que el "tema Papel Prensa debe dejar de ser un tema tabú" y por eso "con toda seriedad estamos llevando adelante una acción que es obligatoria, como la defensa de derechos políticos dentro de la firma".

http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&idPub=168861&id=326994&dis=1&sec=1

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notas varias;

Trastienda
El papel de la prensa


En marcha. La papelera ubicada en San Pedro fue inaugurada en el ’78, ante la presencia de Videla y Noble.
14-10-2009 / Un becario del Conicet investigó la compra de Papel Prensa. El académico Marcelo Borrelli revela la trama secreta de la adquisición de la papelera. El pacto Clarín-Videla, los números ocultos y las claves del negocio.

El diario Clarín lanzó su primer número al público el 28 de agosto de 1945. Su fundador fue Roberto J. Noble, quien dirigió el diario hasta el día de su fallecimiento, el 12 de enero de 1969. Luego su esposa, Ernestina Herrera de Noble, se hizo cargo de la dirección del diario, la cual ha ejercido hasta la actualidad. Clarín tuvo una carrera ascendente desde su primer número. Durante el período 1976-1983 fue el diario con mayor tirada en la Capital Federal y, además de ser el líder indiscutido en la publicación de los avisos clasificados, consolidó una amplia influencia en la opinión pública nacional. (...)

Clarín y el golpe militar de 1976

En marzo de 1976, en el marco de la desafección general de la sociedad civil hacia el proceso político encabezado por el peronismo y hacia la institucionalidad democrática –y con la voluntad golpista de las Fuerzas Armadas ya desembozada–, Clarín juzgó como “inevitable” el golpe de Estado (Blaustein y Zubieta 1999; Borrelli 2007; Díaz 2002). (...)

Luego del golpe, la línea editorial ofreció un “consenso expectante” hacia el gobierno militar, apoyando la restauración del “orden” pero reclamando que se implementaran las “soluciones desarrollistas”. (...)


El nacimiento de Papel Prensa

A inicios de la década del ’70, Argentina ocupaba el primer lugar en América latina en consumo de diarios y revistas, e importaba casi la totalidad de papel prensa que consumía. Esto implicaba una erogación en divisas de más de 100 millones de dólares anuales, entre papel y pasta celulósica (Getino, 1995). La consecución de una producción propia de papel prensa era un anhelo largamente deseado por los diarios nacionales. (...) El primer paso para su concreción lo dio el gobierno de facto del general Onganía (...)

Se iniciaba así un camino plagado de irregularidades y prerrogativas ofrecidas por el Estado a ciertos intereses privados. A inicios de 1972, la Junta Militar de la Revolución Argentina realizó una contratación directa con un grupo que encabezaba César Augusto Civita, dueño de la editorial Abril, e integrado por César Alberto Doretti –de Fabril Financiera y Celulosa–, Luis Alberto Rey y la propia Editorial Abril. (...)

Hacia finales de 1973, Rey se convirtió en el accionista mayoritario del grupo Civita. El entonces ministro de Economía de Perón, José Ber Gelbard, había impuesto un “ahogo reglamentario” sobre el grupo y lo había obligado a entregar su 26% de participación en Papel Prensa a Rey (Gasparini, 2007: 25). Rey operaba como testaferro del empresario y banquero platense David Graiver. (...)
Graiver consolidaría sus manejos empresarios y financieros con “dinero sucio”: la agrupación Montoneros le confió parte del pago millonario que había obtenido del secuestro de los hermanos Born en 1974 (la parte eran casi 17 millones de dólares)1. La aparición de Graiver en el negocio fue decisiva para el futuro de Papel Prensa durante la dictadura militar iniciada en marzo de 1976. (...)

Antes de su muerte, Graiver controlaba la mayoría de las acciones de Papel Prensa (...) Luego del golpe, entre una más de las contradicciones de la época, los militares en el poder estatal se transformaron provisoriamente en socios del “banquero de Montoneros” –la organización “subversiva” que estaban aniquilando en las mazmorras de los centros clandestinos–, en un emprendimiento financiado con dinero espurio proveniente de un secuestro extorsivo.
La compra del paquete accionario de Papel Prensa por parte de los diarios Clarín, La Nación y La Razón

La compra del paquete accionario de Papel Prensa por parte de los tres diarios combinó política y negocios, en una oscura trama de intereses. Luego del fallecimiento de Graiver, en un confuso y sospechado accidente de avión en agosto de 1976 (Gasparini, 2007), el gobierno militar encabezó una cruzada para confiscar las propiedades que habían pertenecido al banquero, y ofreció las acciones de Papel Prensa a los cuatro diarios de mayor circulación del país, La Nación, Clarín, La Razón y La Prensa (este último rechazó el negocio). El 2 de noviembre de 1976 el gobierno militar obligó a la viuda de Graiver, Lidia Papaleo, a firmar el pre-boleto de venta de las acciones (...)
Desde septiembre de 1976 la Junta conocía la insolvencia del Grupo Graiver, y que había obtenido gran parte de su dinero de Montoneros. Por ello, el gobierno apuró la transacción para resolver la venta antes de detener a la familia Graiver y otros colaboradores del grupo por sus relaciones con la “subversión”. Con esa decisión, Papel Prensa no entraba en el lote de propiedades que les serían incautadas a los deudos del banquero fallecido. (...)

La operación se concretó el 18 de enero de 1977 a un valor tres veces menor al real (se pagó 8.300.000 dólares; diez años después la empresa costaba 250 millones de dólares; Ruiz Núñez, 1987: 26). Con la asociación del Estado y los diarios, las Fuerzas Armadas –que ya controlaban los medios de radiodifusión estatales– se aseguraron un control directo sobre la sensible producción de papel (el 25% del porcentaje accionario que mantuvo el Estado le otorgaba derecho a veto sobre sus socios privados). En medio de la masacre política que los militares dirigían, la posibilidad de condicionar a la prensa nacional a través del papel –ya voluntariamente autocensurada en relación a la cuestión de las desapariciones y las disputas inter e intra fuerzas– era una significativa herramienta política. (...)

Las concesiones que el gobierno militar otorgó a los grandes diarios pueden integrarse dentro de lo que Castellani (2004) menciona como el funcionamiento de un ámbito privilegiado de acumulación, a través del cual la acción del Estado durante la última dictadura militar benefició a grandes grupos económicos industriales. El funcionamiento de estos ámbitos determinó que ciertos grupos económicos obtuvieran cuasi rentas de privilegio, originadas en las regulaciones estatales que les permitieron a las empresas fijar posiciones oligopólicas en sus mercados. En el caso de Papel Prensa, la cuasi renta de privilegio estaba asegurada por una política estatal de promoción industrial (Castellani, 2004: 177) (...)

Como señala Castellani (2004: 202), hacia el final del “Proceso” se constata que durante el régimen militar las empresas “vinculadas” habían obtenido tasas de rentabilidad mayores a aquellas que no lo habían estado. Además, Papel Prensa se constituyó como un oligopolio sobre la producción de papel que perjudicó a diarios de circulación menor (Muraro, 1987: 28). (...)


La voz editorial de Clarín. El papel: una “batalla” ganada

La noticia sobre la compra de las acciones de Papel Prensa fue tapa de Clarín (1976: 11-11). (...) La transacción accionaria que se había arrancado a la fuerza a Lidia Papaleo, viuda de Graiver, no contó ese día con una opinión en la sección editorial. (...)

En la argumentación esbozada se identifica rápidamente una estrategia que ha sido común a los grandes grupos empresarios que se beneficiaron de la acción discrecional del Estado: presentar una promoción industrial sectorial como una oportunidad para el progreso del país. (...)

Por supuesto, en ningún momento se mencionaban las condiciones ventajosas y la forma en las que se habían adquirido las acciones. Tampoco que el Estado formaría parte de la empresa. El cariz político de la cesión se solapaba en las referencias ventajosas para el país.


Una compra sospechada: Papel Prensa y el escándalo Graiver

La forma en que se había concretado la compra del paquete accionario de Papel Prensa quedó envuelta en un manto de sospecha al tomar estado público el “caso Graiver”. Con el fin de aventar las sospechas y defender la compra, el 19 de mayo de 1977 los tres diarios implicados dieron a conocer una solicitada ofreciendo las explicaciones del caso. (...)

Con respecto a la venta, se aclaraba que la adquisición de las acciones había sido “previa consulta y posterior conformidad de la Junta de Comandantes en Jefe”. (...)

En resumen, para los tres diarios la transacción se había celebrado “a luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado”, preservando así un proyecto de “interés nacional” que resguardaba el abastecimiento para “todos los diarios” de su principal insumo “en defensa de la libertad de prensa, de conformidad con una centenaria tradición argentina y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida” (Clarín, 1977: 19-05).

Pese a la transparencia aludida, tres meses después, el 16 agosto de 1977, el gobierno designó un veedor-interventor militar –el capitán de navío Alberto D’Agostino– para investigar el origen del capital de compra de las acciones y las condiciones de su negociación en sus distintas etapas. (...)

El 18 de septiembre de 1977 Clarín volvía a expresarse editorialmente sobre la prioridad que tenía el papel prensa (...) Consideraba las palabras de Videla como “liminares” y las tomaba como un justificativo más para recordar la importancia de la producción de celulosa y papel, que eran “actividades fundantes” requeridas por el fortalecimiento de la Argentina. (...)

El interventor D’Agostino elevó su informe el 27 de diciembre de 1977, advirtiendo sobre graves irregularidades y objetando distintos aspectos de la operación de adquisición accionaria, aunque omitiendo la mención de la conexión Graiver-Montoneros (Molinas y Molinas, 1993: 252). La Junta no atendió sus indicaciones y a inicios de febrero de 1978 decretó la finalización de la intervención. Clarín no hizo ningún comentario editorial sobre el informe. Tampoco hubo ninguna información en otra sección del diario.


El final de una “batalla”: la inauguración de la planta productora de Papel Prensa

El 31 de julio de 1978 finalizaron oficialmente las obras de la planta de Papel Prensa en la localidad bonaerense de San Pedro. (...)

El editorial que comentaba la novedad recurría al tono apologético con el que se había referido al emprendimiento del cual era protagonista. La producción de papel prensa nacional era interpretada como un gran hito para el país: político –por la afirmación de la “soberanía”–, cultural –por la ratificación de la capacidad técnica nacional y la perspectiva favorable para la libertad de expresión– y económico, por sus perspectivas favorables en este campo. (...)


A manera de conclusión

La compra del paquete accionario de Papel Prensa S.A. en manos de los tres diarios nacionales estuvo signada por las irregularidades y la concesión de prerrogativas discrecionales por parte del Estado a intereses privados. Este beneficio sectorial fue presentado por los tres diarios como una contribución al país y a la libertad de prensa, solapando todos los aspectos contradictorios y espurios que contuvo la operación. (...)

El apoyo editorial al emprendimiento de Papel Prensa, además de responder al obvio interés propio, se adecuaba sin contradicciones con el discurso de Clarín porque se ensamblaba dentro de una política editorial que apoyaba aquellos signos “positivos” de la dictadura militar que estuvieran orientados en el sentido de la concreción del ideario desarrollista. (...)

Por otra parte, Papel Prensa puso de relieve la importancia de los intereses económicos en la acción concreta de las empresas periodísticas. Dicho esto, vale aclarar que es en la articulación de intereses empresarios, perfil ideológico de los medios, historia, alianzas coyunturales, entre otras variables, que debe analizarse la política editorial de un diario. Esto supone analizar en qué medida uno u otro aspecto tiene mayor peso según la circunstancia histórica específica. Está claro que sería una simplificación plantear que Clarín se transformó en mero reproductor de los intereses del gobierno militar por su actuación en Papel Prensa. Esto no implica desmerecer la importante influencia que implicó en la relación de Clarín con el gobierno militar. (...)

Pero sin duda, cuando constatamos que la conformación de Papel Prensa fue el inicio remoto del proceso de consolidación de Clarín como gran grupo empresario podemos hipotetizar –en un planteo que debe ser confirmado o rechazado en futuras investigaciones– que aquí reside el origen de la supeditación de los intereses puramente “periodísticos” e ideológicos del diario –relacionados a su capacidad de influencia ideológica, a su representación de los intereses de ciertos sectores de la población, a la gestión de la información y a la mediación del diálogo social dentro de una sociedad– a los intereses pecuniarios relacionados con su existencia como grupo empresario. (...)

Por tanto, puede plantearse que el tipo de pacto, explícito e implícito, con el gobierno militar que supuso el negocio de Papel Prensa debe entroncarse en una línea de continuidad con lo que será la política del diario durante los años ’90, donde buscará y obtendrá beneficios legislativos por parte del Estado y utilizará su función periodística y su influencia sobre la opinión pública para presionarlo en función de sus propios intereses empresariales.

1. Gasparini, 2007; Mochkofsky, 2004; Ramos, 1993; Seoane, 1998; Seoane y Muleiro, 2001; Ulanovsky, 2005

http://www.elargentino.com/nota-61835-El-papel-de-la-prensa.html

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El país
BOTNIA EN SAN PEDRO
La historia se escribe en papel, por Jorge Lanata
De Lanusse a Videla, de Montoneros a Menem y Kirchner, 36 años de Papel Prensa S.A.C.I.F.
Por Jorge Lanata
13.04.2008


Sirve para envolver huevos, para limpiarse el traste, para recortar personitas tomadas de la mano, para hacer aviones o barquitos, para reprocesarlo y hacer trapo y también para difundir ideas. Sirve para abrir los ojos y para dar noticias, y estamos condenados a él desde hace tres mil años antes de Cristo, o quizá más. Ha comenzado su agonía pero fue, desde siempre, la materia prima soporte de la comunicación. Controla mucho quien controla el papel. Es quien puede hacer que este texto desaparezca, ahora, de sus manos. O que llegue tarde, o nunca. O que cueste cien pesos, o diez. Por eso la historia que sigue puede presentar personajes tan diversos y, sin embargo, tan unidos: Lanusse, Víctor Civita, Videla, los Montoneros, Graiver, Clarín, La Nación, La Razón, el fiscal Molinas, Menem, Kirchner, bailando alrededor del papel.

En esta historia el “periodismo independiente” se hace trizas, la libertad se vuelve una broma pesada y el doble discurso reina y se multiplica, en un eterno juego de espejos.

BARROTES DE PAPEL

En 1950 el gobierno peronista comenzó a utilizar tenazas de papel como instrumento de presión: el Estado concedía los permisos de importación y se encargaba de fijar las cuotas de compra del insumo a cada diario.

En aquel año La Nación, un diario crítico al oficialismo, importaba 8.388 toneladas de papel, ocupando el tercer lugar en el ranking de circulación, debajo de La Prensa (que fue expropiado al año siguiente) y de El Mundo, de Editorial Haynes. Tres años más tarde el matutino de los Mitre pasó al séptimo lugar: el gobierno sólo autorizó la importación de 2.097 toneladas.

Años después la dictadura de Onganía creó el Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa (decreto ley 18.312 de agosto de 1969) y fijó una “tasa de contribución” del 10% a la importación de papel hasta que la fábrica de papel argentina se pusiera en marcha. Todos los diarios del país pagaron, durante diez años, el 10% de sus importaciones para montar una planta que, finalmente, sólo se adjudicó a algunos de ellos.

El 31 de marzo de 1971 otra dictadura, la de Lanusse, dispuso que la fábrica de papel debía tener un 51% de capital nacional y que el Estado aportaría el resto. Se llamó a licitación el 19 de abril de ese año y ninguno de los oferentes cumplió con los requisitos. César Civita, de la entonces poderosa Editorial Abril, editora de Claudia, Panorama y Siete Días, entre otras revistas, presentó una oferta superadora pero después de la apertura de los sobres.

En mayo de 1972 Lanusse declaró desierto el concurso público y firmó una adjudicación directa con Civita, Doretti y Rey. El “Grupo Fundador” de Papel Prensa recibió acciones clase A y el Estado, acciones clase B. A finales de 1973 Rey ya había comprado el ochenta por ciento de las acciones clase A y es entonces cuando entra en escena el banquero David Graiver, financista ligado a los Montoneros. “Dudi” Graiver estaba al frente a un imperio multinacional valuado en doscientos millones de dólares de la época, y manejó parte del rescate de 60 millones de dólares que Montoneros cobró por el secuestro de Jorge y Juan Born.

En 1976, a través de testaferros, Graiver controlaba la totalidad de Papel Prensa. El banquero, entonces de 35 años, murió en un confuso accidente de un vuelo privado que cubría el trayecto Nueva York-Acapulco. En David Graiver, banquero de los Montoneros Juan Gasparini relató el momento del traspaso de acciones: “Lidia, la viuda, fue convencida para firmar el preboleto de venta sin chistar. Reunió a Juan (el padre de David) y a Isidoro (su hermano).

Mordiéndose de rabia, les pidió que la acompañaran al solemne acto, celebrado en La Nación, en Florida entre Corrientes y Sarmiento, en el despacho del Dr. Bartolomé Mitre, a quien acompañaban Patricio Peralta Ramos de La Razón y Héctor Magnetto de Clarín, encontrándose también como invitado Máximo Gainza Castro de La Prensa”.

El traspaso a los tres diarios se firmó el 18 de enero de 1977. Después de ceder las acciones los miembros del Grupo Graiver fueron detenidos e intervenidos en todos sus bienes para evitar que algún reclamo de heredederos afectara la tenencia de Clarín y sus socios. El general Camps, jefe de Policía de la provincia de Buenos Aires, efectuó personalmente las detenciones.

Los Graiver ni siquiera cobraron la cesión de las acciones. Gracias a gestiones de la dictadura, los diarios lograron dos créditos: del Banco Español del Río de la Plata y del Banco Holandés Unido sucursal Ginebra, por 7.200.000 dólares, a sola firma y sin avales. Años más tarde, ante el fiscal de Investigaciones Administrativas Ricardo Molinas, Magnetto declaró que el préstamo tuvo un aval de una papelera internacional, pero se negó a ratificarlo por escrito a pedido del fiscal.

En mayo de 1977, en una solicitada publicada en su tapa, Clarín, bajo el título “A la opinión pública” dio su versión de la compra de Papel Prensa, aclarando que “la transacción se celebró a la luz pública y con el consentimiento previo y posterior del Estado”, algo que se hizo –decía– “resguardando el abastecimiento para todos los diarios de su principal insumo, en defensa de la libertad de prensa, de conformidad con una centenaria tradición argentina y respetando uno de los soportes de nuestro estilo de vida”. El primero de agosto de 1978, en la tapa de La Nación, puede verse una fotografía cívico-militar de inauguración de la planta.

¡UY, PRESCRIBIÓ!

En los ochenta Papel Prensa recorrió dos curiosos vericuetos judiciales:

–Durante la quiebra del diario La Razón la empresa papelera pasó a ser el único activo valioso del grupo. El juez Héctor Foiguel López decidió venderle a Clarín el porcentaje de La Razón. La Cámara de Apelaciones acusó al juez de haber celebrado la venta a “precio vil” y pidió el juicio político al juez de la quiebra. El caso llegó a la Corte, que mantuvo un criterio similar al del tribunal de alzada, llamando a Foiguel López “magistrado indigno” y expresando su “convicción inequívoca de una conducta grave”. De pronto el legislador Alberto Balestrini propuso un juicio político a la Cámara de Apelaciones y todo quedó en la nada. Foiguel López dejó la magistratura y vive ahora con la tranquilidad de sus ahorros.

–El fiscal Molinas emitió un duro dictamen sobre Papel Prensa el 29 de febrero de 1988, en el que acusó:

–al ex dictador Lanusse de abuso de autoridad y malversación de caudales públicos.

–al Grupo Graiver de haber utilizado testaferros en violación al pliego de condiciones.

–a la Junta Militar de encubrimiento y omisión de denuncia por la operación de transferencia de acciones y posterior interdicción de los Graiver.

–a todos los representantes del Estado en la empresa por incumplimiento de deberes de funcionario público.
Cuatro años después la causa penal fue sobreseída por prescripción.

“Papel Prensa es uno de los casos de corrupción más graves de la historia argentina –escribió, junto a su hijo, el fiscal Molinas en su libro Detrás del espejo–. Pone de manifiesto las relaciones y procedimientos empleados por los grandes grupos de poder.”

“Crónica se editará, dentro de pocas semanas, con el papel más caro del mundo”, escribía en octubre de 1986, en la tapa del vespertino, su creador, Héctor Ricardo García. Ya García como Julio Ramos, fundador de Ámbito Financiero, fueron de los pocos editores que se animaron a denunciar el negociado de Papel Prensa en público.”

“Se regaló Papel Prensa sólo a tres diarios –escribió Ramos–. Luego se elevó el arancel de importación de papel a 44-48% para que no hubiera otra escapatoria que comprarle a esa fábrica a precio exorbitante. Cuando bajó el arancel, con los radicales, y el precio bajó, Papel Prensa no le vende a nadie. A precio bajo sólo se benefician los dueños”.

A excepción de Clarín y La Nación, claro, el resto de los cupos para poder comprar papel nacional barato se decide en las reuniones de directorio de la empresa. Casualmente los cupos siempre coinciden con los diarios asociados: la presidencia y vice de la empresa se alterna, desde hace años, entre Julio César Saguier, CEO del diario La Nación, y Héctor Magnetto, de Clarín. Durante el menemismo representaron al Estado en la empresa Alejandro Mac Farlane, yerno de Hugo Anzorreguy, y Luis Juez, ex intendente de Cordoba.

El primer representante puesto allí por Kirchner fue Dante Divena y la duhaldista Norma Rosende. Hace dos años asumieron Juan Drucker y Carlos Mauricio Mazzón, hijo de uno de los principales operadores K.

En julio del año pasado, cuando la Secretaría de Medio Ambiente decidió empezar a preguntarse si la planta de Papel Prensa en San Pedro era contaminante, el diario respondió con una investigación sobre los “extraños manejos” de Romina Picolotti en sus gastos y nombramiento de funcionarios nuevos. Ahora, frente a un nuevo análisis las presiones se multiplicaron, pero a nivel técnico judicial y en las sombras.

Este miércoles Alberto Fernández y Héctor Magnetto volverán a sentarse en la mesa del cuarto piso de Bartolomé Mitre 739. La mesa es larga, oscura y está ambientada en la Argentina de los setenta: chocolate, vidrios esmerilados, colores tibios y opacos. Es la quinta reunión de directorio a la que Alberto asistirá. Pero el contexto no es el mismo: hay una foto del presidente Kirchner sosteniendo en alto un cartel de “La Cámpora” en el que se fustiga al Grupo Clarín como parte de la “patria sojera”. Hay una causa por apropiación ilegal de menores en la Corte, con un análisis de sangre pendiente en la familia Noble. Hay un cambio de número del canal de noticias en el cable. Hay una pelea entre socios que nunca se sabe en qué puede terminar.

INVESTIGACIÓN: J. L. /LUCIANA GEUNA/JESICA BOSSI

http://criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=2191

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Opinión
El pequeño señor K
Jorge Lanata
16.04.2008
Clarín, finalmente, reaccionó a la tapa del domingo de Crítica de la Argentina. Lo hizo con su estilo: nunca de frente, sin dar nombres, usando eufemismos. Es un diario donde se vive en el pasillo, y se susurra miedo burocrático al poder, propio y ajeno. El trabajo sucio le tocó a Ricardo Kirschbaum, editor general. La nota se titula “De antinomias y oportunistas”. Allí, Kirschbaum se refiere a la “feroz campaña” contra el diario, una oficial y “otra paraoficial, aunque se presente como independiente”.

Kirschbaum pisa huevos –como siempre– mientras habla del Gobierno, y dedica el final de su artículo a hablar de “actores menores, si se quiere miserables; una jauría que se ha lanzado a morder algo del mercado que tiene Clarín. Son plagiarios de otros que, al menos, demostraron alguna originalidad y que (...) sólo reproducen argumentos oficiales. Mendigan un poco de difusión y venta porque los lectores no los eligen. Y se proclaman opositores, originales, cuando son apenas trasvestidos”. Kirschbaum cometió, entre otros errores, el de pensar que, al no mencionar a Crítica de la Argentina, evitaríamos cualquier contestación, por aquello de que “al que le quepa el sayo, que se lo ponga”. Que Clarín acuse a este diario de oficialista es realmente gracioso. Que no advierta que ellos mismos cobijan al verdadero Boletín Oficial, también.

Y Kirschbaum no lo desconoce, desde que Clarín –o Héctor Magnetto, da igual– decidió comprar la totalidad de Página/12. Él –en aquel momento, número tres del diario– fue una de las seis o siete personas que estuvieron al tanto de toda la operación, hecho que me consta. Lo gracioso, también, es que Kirschbaum hable de periodismo independiente: según su currículum, publicado por la Fundación Konex, entró a Clarín en 1976 y hasta los ochenta fue redactor, jefe y secretario de la sección Política, además de columnista del área. Una lástima, ¿no? Los mejores años de su carrera avalando los negocios y los asesinatos de la dictadura. En la sección Política, para colmo. ¿Cuántos supuestos “enfrentamientos” habrá publicado Kirschbaum? ¿Cuántos nombres habrá silenciado? Kirschbaum presenció el montaje de Papel Prensa, la acumulación de la deuda externa, la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para hablar sólo de hechos públicos y publicados. Todo ese tiempo diciendo solamente que sí. Da un poco de lástima, Kirschbaum. Kirschbaum sostiene que “hay una jauría que quiere morderle un poco de mercado a Clarín”. Ésa parece su definición del hecho de sacar a la calle un nuevo diario: un producto hecho por perros para morder a otros. Nunca había leído esta visión canina de la profesión. Sobre el hecho de ser “plagiarios” de algo que nosotros mismos hicimos, me parece que el perro también mea fuera del tarro. Fue precisamente la decisión de comprar Página/12 la que terminó de destruir al producto. Y se entiende, en esa lógica, que después de comprarlo, Clarín haya decidido alquilárselo al gobierno. Pero Kirschbaum ha vivido tantos años agachado, diciendo que sí, que debe tener a esta altura una visión distorsionada de casi todo. Ahora, leyendo esto, debe estar preguntándose: ¿me defenderá Clarín? Y lo peor es que no puede estar seguro: hace pocos días, cuando el Gobierno atacó a uno de sus íconos, Hermenegildo Sábat, Clarín no salió a defenderlo.

¿Pensará Clarín que el hombrecito colorado que siempre dice que sí vale realmente la pena? Después de todo, esto ha sido escrito por un plagiario de sí mismo, travesti que tiene, con Kirschbaum, una sola diferencia: puede mirar de frente a los ojos.

http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=2850

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