Lo que circula por los medios

2 de abril de 2010

APROPIARSE... UN TERMINO Y UN ACTO...


Freud toma  de Goethe las siguientes palabras: “lo que recibiste de herencia de tus antepasados, hazlo tuyo para poseerlo  
Tótem y tabú 1913









Desde hace tiempo se escucha a ciertos sectores decir que el gobierno se ha apropiado de los derechos humanos... y que hacen de su defensa un uso político... o que ahora los usan como bandera propia...
Y en ese sentido encontramos, entre otras, las declaraciones de Gil Lavedra que refieren que el actual gobierno toma este tema, "como bandera propia y lo que hace es fomentar algunos roces y produce elementos de división" o los ultimos dichos de Luis Zamora que declaró que "Kirchner nunca tuvo nada que ver con los Derechos Humanos" en el programa de Palabras más,  palabras menos o 678...

Así pintan las cosas o  marchan las cosas sus causas;  pero a  mi modo de ver; veo como bajo esas consignas, se cambia el eje de la cuestión. Y lo importante pasa a ser secundario y lo anecdótico a ser relevante... El reino al reves...
Primero se desdibuja una posición o una gestión... ya que no es lo mismo hacaer uso de los derechos humanos que tener decisión politica. Decisión politica a la hora de la verdad, la memoria y la justicia. Desición política, a la hora de ser gobierno y actuar desde ese lugar... como tal

Pero ante esta posición actual; ante esta  desición política muchos politicos o periodistas dicen ¿y antes que hicieron los Kirchner?

Podemos contestar esa pregunta, pero a mi modo de ver la respuesta no invalida lo que se ha hecho en estos años y en el presente... o ¿ sera que para ellos, si lo invalida?

Ayer escuchaba a Luis zamora en el programa de 678 hablando del tema y manifestando su posición; y recordaba los años en los que él había puesto el cuerpo acompañando la lucha por los derecho humanos; pero para mi sorpresa cuando Orlando Barone le pregunta sobre las leyes del olvido y del perdón y cual fue su voto; Zamora responde: que se abstuvo... 
Que se abstuvo!!!! 
¿ Y porque se abstuvo??

La verdad, la res-puesta me dejó un sabor amargo;  mezcla de sopresa, perplejidad e indignación. Mucho cuerpo en defensa de los derechos humanos; pero a la hora de votar en el Congreso... faltó el cuerpo. Algo a mi modo de ver incomprensible si lo situo en un discurso comprometido y coherente. Zamora observa el accionar pasado de los Kirchner con respecto a los derechos humanos;  pero no hace su propia autocrítica... ¿ Como se acompaña la defensa de algo bajo una abstención?

Pero el canto de las sirenas circula y  hablan de apropiación  por parte del gobierno... con un tono que apunta a desmerecer o a despestigiar...
Por eso aquí quiero situar una pregunta: ¿ Esta mal apropiarse de una causa, de una defensa?

¿ QUE SIGNIFICA APROPIARSE? 

¿Un sujeto no puede apropiarse de un tema, de una bandera,  de  un discurso? Es decir:  hacerlo propio y pelear por ello. 
Hacerlo propio y pelear por ello; hoy, ayer o mañana....
Y pelear por ello, con el entendimiento, la razón y el cuerpo. Anudando discurso y acto. Sí anudando en el presente discurso y acto!

Entonces, bajo discurso y acto,  se hace oportuno aclarar que hay distinas clases de apropiaciones
Apropiaciones: legitimas; con conviciones; bajo intrereses espurios; legales o ilegales...

 Hay términos que alcanzan su dimensión y un sentido bajo su realización fáctica...

No es lo mismo apropiarse... apropiarse, hacer propia la causa de los derechos humanos, con desición politica y convicción; que apropiarse de los hijos de desaparecidos o de bienes ajenos.

Por Gal... apropiandose de las palabras...
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678 ZAMORA


http://www.youtube.com/watch?v=v4cXneXhThQ

ver nota al pie del post
una votación con gusto a justicia
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DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA
apropiar.

(Del lat. appropriāre).

1. tr. Hacer algo propio de alguien.

2. tr. Aplicar a cada cosa lo que le es propio y más conveniente.

3. tr. Acomodar o aplicar con propiedad las circunstancias o moralidad de un suceso al caso de que se trata. U. t. c. prnl.

4. tr. ant. asemejar.

5. prnl. Dicho de una persona: Tomar para sí alguna cosa, haciéndose dueña de ella, por lo común de propia autoridad. Se apropió del vehículo incautado.



MORF. conjug. actual c. anunciar.


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http://www.youtube.com/watch?v=TinZIXl5dKE




http://www.youtube.com/watch?v=bREx3ubYOhM


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relacionadas:NOTAS DE INTERES
“El Gobierno ha sobreactuado en la lucha por los derechos humanos”

El diputado Ricardo Gil Lavedra pone blanco sobre negro el tema de los derechos humanos en la Argentina y reivindica el accionar de la justicia en épocas de Alfonsín.
Ricardo Gil Lavedra fue uno de los seis miembros del Tribunal que juzgó a los integrantes de la Junta Militar. En diálogo con Parlamentario el ahora diputado radical trazó una síntesis de aquel histórico momento. En otro tramo de la entrevista, el titular de la Comisión de Justicia cuestionó al oficialismo por obstaculizar el funcionamiento del Congreso. Además criticó la propuesta de que los jueces rindan examen cada cuatro años.

- Hace pocos días se cumplió un nuevo aniversario del golpe militar y usted fue uno de los integrantes del Tribunal que condenó a la Junta. ¿Qué significó este hecho para la democracia de nuestro país?

- El juicio a las juntas militares fue una bisagra dentro de la transición democrática argentina, que fue más que un antes y un después, porque no se trató solamente de un juicio de características inéditas. Fue la primera vez que un tribunal civil podía juzgar con el Código Penal y la legislación común a los autores de crímenes atroces provenientes de una dictadura saliente. En ese sentido el juicio a las juntas militares es un precedente único en el mundo de que un tribunal civil pudiera hacer eso.
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También inédito por su volumen. Debe haber sido el juicio de mayor tamaño en la historia argentina. Para dar un solo ejemplo, ese juicio llevaba acumulada la totalidad de los expedientes de Hábeas Corpus y de denuncias por violaciones ilegales de libertad que secuestraron por orden de la dictadura, es decir tenía agregados unos 20 a 25 mil expedientes. Cuando le pedimos a Naciones Unidas que nos remitiera la documentación que se había acumulado en Ginebra respecto de la famosa resolución 1503, la mandaron en un barco, en un container, lo que nos da una idea del volumen de toda la documentación. Lo significativo es que no se trató solamente de un juicio que juzgó gravísimas violaciones a los derechos humanos, sino que también lo que se juzgó fue a los golpes de Estado, al abuso y a la prepotencia en el ejercicio del poder. Se juzgó también la posibilidad de hacer encarnar el principio básico de toda sociedad democrática, que es la igualdad ante la ley. La primera vez en la Argentina que se rompía el principio de impunidad de los poderosos, por eso creo que el juicio a las juntas militares ha quedado incrustado en la transición democrática como una gran bisagra.

- El Gobierno kirchnerista reivindica como propia la lucha por los derechos humanos. ¿Que opinión le merece eso?

- El Gobierno de los Kirchner ha conseguido cerrar la etapa de la justicia, y en ese aspecto a mí parece muy loable y digno de encomio la voluntad política que ha puesto para cerrar con verdad y justicia este período trágico. Es decir, completó lo que no se pudo completar en los inicios de la transición democrática. Lo que yo critico es la enorme sobreactuación que se ha hecho sobre el tema. Esto no comenzó con los Kirchner. Fue la sociedad argentina, cuando comenzó la democracia, la que sentó las bases de la persecución por primera vez en un contexto dificilísimo. No era lo mismo juzgar a los autores de estos crímenes cuando estaban en actividad, que hacerlo contra ancianos asistidos por un respirador o con pañales. Esto no quita mérito, pero también ha hecho mal el Gobierno en involucrarse de modo tan personal en el tema, me parece que la cuestión de las violaciones a los derechos humanos, el reconocimiento de los principios de justicia, de legalidad, de verdad son patrimonio de todos. Ha habido un intento de apropiación de parte del Gobierno que me parece mezquino y hasta malo para los propios movimientos, porque esta no ha sido solamente una política del Gobierno, esto ha tenido el apoyo de todas las fuerzas progresistas de la sociedad, por lo tanto cuando el Gobierno se lo quiere tomar como bandera propia, lo que hace es fomentar algunos roces y produce elementos de división.

- Hasta hace poco se decía que el Congreso era una escribanía del Gobierno. Ahora se dice que es un estudio de abogados donde se discute y se polemiza mucho, pero después se va a los tribunales. ¿Está judicializada la política?

- Estamos tratando de abrir la escribanía. Lo que pasa que no nos dan la llave verdadera. Cuando se recurre a la Justicia es una señal de impotencia porque los órganos políticos no están funcionando en forma adecuada. En toda esta disputa respecto del Fondo del Bicentenario o Desendeudamiento, que es lo mismo, los legisladores acudieron a la Justicia. Yo también lo hice con la Unión Cívica Radical.

- ¿Porqué fueron a la Justicia?

- Para que nos dejara intervenir. Es decir que la Justicia paralizara los efectos del decreto que había dictado el Ejecutivo hasta que el Congreso pudiera resolver. Nuestra lucha ha sido para tratar de resolver el tema. La otra disputa que se ha dado por la Comisión Bicameral y el cambio que se dio en el Senado en su integración es para que la comisión pudiera funcionar, porque el oficialismo no le daba quórum. Queda claro que la voluntad de la oposición ha sido que el Congreso funcione y que pueda analizar los decretos.

- Desde que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner abrió este período legislativo solamente hubo una sesión en cada cámara, ¿Por qué?

- Porque a diferencia de los no oficialistas, me parece que la política del Gobierno y de los legisladores del FpV es que el Congreso no funcione. Son todas trabas, obstáculos con los recursos que tienen. Entiendo que el no dar quórum puede ser un recurso parlamentario, pero sin duda que esto obstaculiza el funcionamiento del Cuerpo y yo creo que el Gobierno no quiere que el Congreso funcione y los legisladores oficialistas no quieren tampoco que el Congreso funcione.

- ¿A qué lo atribuye?

- Ahora las mayorías están repartidas. En consecuencia, le resulta más conveniente gobernar sólo a través de los DNU o vetando lo que el Congreso pueda producir.
El desafío es que ambas cámaras, es decir el Congreso, puedan funcionar y, como las mayorías están muy divididas, son muy precarias de un lado y del otro, seguramente en muchas oportunidades el oficialismo tendrá apoyo y en otras la oposición, pero este es el juego de la democracia. Cuánto nos hubiésemos ahorrado si la Presidenta hubiera enviado el proyecto de ley al Congreso para que se discutiera; cuánto nos hubiéramos ahorrado y es posible que quizás con modificaciones, el oficialismo hubiese conseguido adhesiones. Pero como temen que le enmienden, prefieren seguir este camino absurdo que es trabar permanentemente el funcionamiento de las instituciones, en una obstinación y obcecación que lo único que hace en definitiva es perjudicar a todos .

- Sin embargo, la Presidenta dice que es la oposición la que pone palos en la rueda y que no la dejan gobernar…

- Lo que dice el Gobierno es: dénme la suma del poder público para actuar con discrecionalidad, para actuar a mi capricho. Sino no me la dan, me están trabando.
Lo que ella (Cristina Fernández de Kirchner) pide es que la dejen actuar a su solo capricho y éste no es nuestro régimen constitucional. La Presidenta tiene que entender que hay un Congreso que está destinado a gobernar junto con el PE y el que dicta las leyes es precisamente el Congreso de la Nación y que es bueno que esas leyes se discutan en el Congreso. Esto no es poner palos en la rueda, esto es querer cumplir la Constitución. Es al revés: la Presidenta quiere un funcionamiento absolutamente autoritario y prepotente que no vamos a permitir. No lo vamos a permitir porque le hemos prometido a la ciudadanía, en las elecciones del 28 de junio, ponerle límites al poder y ese fue nuestro primer mandato. Nuestra agenda parlamentaria está enderezada a esto. Por eso nuestros proyectos apuntan a la reforma del Consejo de la Magistratura, a la ley que reglamenta los decretos de necesidad de urgencia, derogar los superpoderes, el Impuesto al Cheque, toda esta gama de proyectos que tiende a reestablecer el equilibrio entre los poderes. Repito, lo que la Presidente dice es: déjenme gobernar como quiero y sino son golpistas.

- Hasta ahora la oposición y de acuerdo con lo prometido, todavía no ha podido hacer mucho...

- Algo que se ha dicho hasta el hartazgo no es que ha habido un oficialismo y una oposición. La voluntad del pueblo es que haya un oficialismo que no tiene mayoría y un no oficialismo que está segmentado en muchísimas vertientes. La más numerosa, la que tiene mayor representación, es la UCR, que no puede imponer su voluntad, sino con el concurso de otros partidos políticos. Nosotros vamos a hacer todos los esfuerzos que sean necesarios para cumplir con el mandato popular y con la agenda que la gente votó, en una situación compleja y difícil. Nosotros vamos a hacer lo que está a nuestro alcance y el resto que deslinde públicamente su responsabilidad, así también es el juego democrático.

Reforma política

- La Cámara de Diputados en su última sesión rechazó el veto parcial a dos artículos de la reforma política. Sin embargo, Eduardo Fellner interpretó que la oposición no obtuvo los dos tercios para dejar sin efecto el veto. ¿Cuál es su interpretación?

- La Cámara de Diputados dejó sin efecto la promulgación parcial de la reforma política y no importa lo que haya dicho el presidente Fellner. Esto se votaba por mayoría simple y se alcanzó los votos que hacían falta. El presidente de la Cámara, que pertenece al oficialismo, puede decir lo que quiera, pero el número es éste y no el de Fellner.

- ¿En este caso hay una doble interpretación del reglamento?

- El que interpreta el reglamento es la Cámara y no su presidente. Y respecto de la Constitución eso tampoco es facultad del presidente, yo no sé dónde está escrito que la Constitución dice lo que sostiene Fellner.

- ¿Está de acuerdo con el proyecto del diputado Alejandro Rossi de evaluar cada cuatro años a los jueces?

- Como está formulado, no estoy de acuerdo. Pero quiero destacar varias cosas: en primer lugar que me parece sumamente positivo que el Frente para la Victoria haya presentado un proyecto de modificación del Consejo de la Magistratura. Todos los bloques han presentado proyectos para la modificación de la ley del Consejo de la Magistratura. Esta iniciativa que ha sido duramente criticada, tiene algunos antecedentes del derecho público provincial, hay algunas constituciones provinciales como las del Chubut y Neuquén, que tienen estas condiciones de evaluaciones. A mí particularmente como está concebido me parece una herramienta de presión hacia los jueces. Los jueces no pueden estar rindiendo examen cada cuatro años, esto me parece que afecta su independencia. De todas maneras vamos a discutir todos los proyectos para alcanzar el máximo grado de acuerdo respecto de todas las iniciativas presentadas, incluido por supuesto el del Frente para la Victoria.

http://www.parlamentario.com/articulo-4673.html

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Reflexiones sin demagogia sobre Raúl Alfonsin 

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viernes, 03 de abril de 2009
Por Osvaldo Bayer (x)Por Osvaldo Bayer (x)

Tengo 82 años y nací justo tres semanas antes que (Raúl Ricardo) Alfonsín. Es decir que viví todos los mismos tiempos históricos. La Década Infame (1930 en adelante) durante la niñez, el golpe del ‘43 a los 15 años y el primer peronismo a los 18. Y todo lo demás. Las tristes realidades argentinas pero siempre las esperanzas al comenzar de nuevo.

¿Qué pienso de Alfonsín? Empecemos por el lado bueno. Es uno de los pocos presidentes a los que no se le puede reprochar ningún negociado ni enriquecimiento en provecho propio. Eso ya es algo, en la Argentina.

En lo demás tal vez sea muy duro, pero es que viví parte de mi vida en Alemania, principalmente en la postguerra, y tal vez esperé de Alfonsín –después de la dictadura de la desaparición– una política parecida a la del posnazismo en Alemania, donde el pueblo alemán demostró haber aprendido, por fin, la lección para siempre. Nunca más ni el militarismo ni las guerras ni el racismo ni el totalitarismo.

Cuando regresé de mi exilio pensé que la Argentina iba a iniciar el mismo camino de autocrítica, luego de la larga cadena de dictaduras militares y del haber sido escenario de la “Muerte argentina”, como se conoce en el exterior al sistema de la desaparición de personas, la tortura bestial de los prisioneros, su muerte final –como el ser arrojado con vida desde aviones al río– y el robo de sus niños.

No, no fue así. Empezó el tire y afloje. Mi primera decepción fue cuando Alfonsín y su partido no propugnaron la comisión bicameral investigadora de los crímenes militares –como tendría que haber sido– sino que cargó esa responsabilidad en una “comisión de notables” elegidos a dedo. Algunos de los cuales habían sido colaboracionistas de los dictadores o, por lo menos, sonrientes concurrentes a audiencias de los verdugos. Bien, sí, algo hizo la llamada Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) porque por lo menos se recogieron acusaciones. Pero no se cumplió con la investigación a fondo que podría haber tenido –por su responsabilidad– una comisión bicameral. Para luego pasar al juzgamiento de los responsables mayores.

Se hizo entonces el juicio a los comandantes, pero limitado a eso, a los responsables pero no a los centenares de ejecutores. Y esos responsables fueron a parar a “countries” cercanos a un penal militar, entre jardines y con la visita diaria de sus familias. Luego, el levantamiento de carapintadas y el presidente que va en helicóptero al cuartel a “parlamentar” con los que volvían a levantarse con sus armas contra el poder elegido por el pueblo. En vez de resistir con el pueblo, no, fue a parlamentar. De ahí salieron las humillantes palabras para todos los que estábamos en Plaza de Mayo dispuestos a defender la democracia hasta sus últimas instancias, que quedarán para la historia de las renuncias argentinas: “La casa está en orden”, “Felices Pascuas”. Y de inmediato las leyes que avergonzarán para siempre al Congreso Nacional, de obediencia debida y punto final. Votadas por los representantes de la Unión Cívica Radical.

En otras palabras: libertad incondicional para todos los uniformados de la picana eléctrica y la desaparición. La democracia se había puesto de rodillas ante los criminales desaparecedores. Eso fue imperdonable. Como lo fue también un hecho de ese gobierno: el mantenimiento en la cárcel hasta cumplir con sus condenas de los presos políticos que habían sido condenados por los jueces de la dictadura. Yo los visité hasta bien entrado el año ’88. Fui, me acuerdo, con la actriz noruega Liv Ullmann a Devoto (cárcel en la zona norte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Allí estaban, eran cuatro. Y nos juraron su inocencia y nos relataron las torturas bestiales a que habían sido sometidos por esos “jueces” de la dictadura a los que el gobierno de Alfonsín no dejó cesantes como tendría que haber hecho. Y el otro acto que nos llenó de tristeza y pesimismo fue la brutal represión ordenada por el gobierno radical contra los invasores de La Tablada. En vez de seguir el consejo del jefe de policía de aquel entonces, de sitiar el cuartel y rendirlos por hambre, envió nada menos que al peor represor que había actuado en Mar del Plata, autor de la trágica Noche de las Corbatas, que llevó a la desaparición de todos los abogados de derechos humanos de esa ciudad. Ese señor general invadió el cuartel de La Tablada con bombas de napalm, gases y fuego cruzado de ametralladoras. La masacre fue evidente: murieron soldados que se hallaban en el cuartel, guerrilleros y hasta se dieron el lujo los militares de haber hecho “desaparecer” a unos cuantos de los jóvenes invasores. La comisión de derechos humanos de la OEA (Organización de los Estados Americanos) criticaría después abiertamente al gobierno de Alfonsín por ese ataque y por haber sido los acusados mal juzgados, sin los resguardos pertinentes. Y, para no extenderme, el final. El haber abandonado el gobierno cinco meses antes de terminar su mandato, para dejarle el “muerto” económico a (Carlos Saúl) Menem. Ningún estadista elegido por el pueblo debe hacer una cosa así. Tiene el deber de demostrar su sentido de la responsabilidad hasta último momento. Por algo el pueblo, después de Alfonsín, cambió de rumbo y volvió a votar al peronismo. Y tuvimos que aguantar diez años a Menem y su saqueo por el Pacto de Olivos, un arreglo de comité que acentuó el personalismo en nuestro país.

No logramos, después de la dictadura de la desaparición, la democracia que debiéramos haber implantado tras las trágicas enseñanzas de nuestro país tan humillado. Escribo esto para llamar a la realidad y no mentirnos en un falso “respeto por los muertos”. Debemos pensar también en los otros muertos, en aquellos que dieron su vida por más justicia en una democracia. Pensar que, desde aquel diciembre de 1983, no hemos cumplido con el principal mandato de una auténtica democracia: un país sin niños con hambre, un país sin villas miseria, un país sin desocupados.

(x) Periodista y escritor argentino. Autor de "Los Vengadores de la Patagonia trágica", "Los anarquistas expropiadores", "Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia", "Rebeldia y esperanza" y otros libros. Editada por el diario "Página/12", de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.

http://www.lanaldia.com/info-general/porqu-hoy-se-celebra-el-d-a-de-la-madre.html

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Raúl Alfonsín, en el recuerdo de Osvaldo Bayer

“Quienes durante ocho años luchamos en el exilio por la democracia en nuestro país, el 6 de julio último (1985) sentimos tristeza. Más, diría, una especie de náusea. Y escribo este término porque ése fue el sentimiento verdadero al escuchar el reportaje que la televisión alemana le hizo al presidente de los argentinos, doctor Raúl Alfonsín”
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(del libro “En camino al paraíso”)

Una noche triste para nuestra democracia

Quienes durante ocho años luchamos en el exilio por la democracia en nuestro país, el 6 de julio último (1985) sentimos tristeza. Más, diría, una especie de náusea. Y escribo este término porque ése fue el sentimiento verdadero al escuchar el reportaje que la televisión alemana le hizo al presidente de los argentinos, doctor Raúl Alfonsín.

Fue un reportaje exclusivo para que lo vieran y escucharan los alemanes. El doctor Alfonsín atacó a las Madres de Plaza de Mayo. Dijo que perseguían un fin político. Las palabras textuales fueron: “Nosotros tenemos serias discrepancias con las actitudes de las Madres que en este caso están en una actitud política”. Y agregó esta terrible frase: “Creo que es altamente negativo para la democracia pensar en la defensa de quienes ocasionaron todo este trágico derramamiento de sangre en el país, con una concepción elitista yendo al terrorismo subversivo”.

Saquemos la cáscara de la retórica radical; sin lugar a dudas, quiso decir: “las Madres están contra la democracia” y “son madres de terroristas”. Las mismas palabras que solía pronunciar su amigo y condiscípulo del Liceo Militar el general Albano Harguindeguy, el máximo verdugo del régimen, que casualmente sigue libre paseándose por las soleadas calles de Buenos Aires. Claro, éste lo decía todo en forma más directa, más cuartelera, más brutal. Aquél emplea fórmulas envaselinadas pero cargadas de veneno dosificado, por la experiencia astuta de quien ha debido abrirse paso entre “internas” y largas noches comiteriles.

Hubo un fin subalterno en ese ataque inopinado a las Madres. No lo hizo porque sí. El presidente es hombre avisado en estas lides. Nada en él es gratuito. Lo lanzó para Alemania porque bien sabe que, en el exterior, las Madres son reconocidas por amplias capas de la población, por las Iglesias, por los organismos de derechos humanos, por intelectuales y artistas, por sindicatos obreros, por sectores universitarios progresistas.
El ataque tuvo algo de puñalada trapera. Iba dirigido a esa enorme audiencia que había apoyado y apoya a las Madres. Me di cuenta de a qué apuntaba Alfonsín. A quitarles parte de su hábitat, lo que más le duele a él, la repercusión internacional que ellas tienen. Lo que no pudo la dictadura de los generales con sus embajadores y sus millones de dólares en propaganda exterior lo intentó Alfonsín en la noche del 6 de julio.

Por eso, en la mesa redonda televisiva que hubo inmediatamente después del reportaje -a la que estuve invitado- pedí de inmediato la palabra. No podía dejar suspendida en el ambiente la infamia. Dije que como argentino lamentaba que Alfonsín no hubiera aprovechado esa inmejorable oportunidad de contacto con el público alemán para hablar de lo que fue nuestro holocausto, de lo que significó ese método de crueldad extrema (la desaparición de personas, aplicada por los militares), que no aprovechó para agradecer a todos aquellos -los pocos- argentinos y extranjeros que lucharon por la democracia en los años más oscuros de nuestra historia; que no diera las gracias a las Madres por su epopeya; que no hiciera la autocrítica de su partido, el radicalismo, que dio más de trescientos intendentes en Córdoba, funcionarios y embajadores a la feroz dictadura; que no haya hablado de la lucha de Latinoamérica por la dignidad de sus pueblos. No, nada de eso. Atacó a las Madres de Plaza de Mayo. Al doctor Alfonsín le había faltado grandeza.

Osvaldo Bayer
Berlín, 7 de agosto de 1985

http://loboalpha.com.ar/blog/?p=883

gracias a http://desdelbosque-marice.blogspot.com por la nota.
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"Hacen política con los Derechos Humanos" 

Duhalde mostró extrema dureza con los Kirchner, con expresiones no habituales en él como “que se dejen de joder” y “me tienen podrido”, cuando fundó su planteo de estos días de terminar con los juicios a represores de la última dictadura y convocar a un plebiscito con ese fin. Estas fueron sus principales consideraciones.

“Los juicios hay que terminarlos de forma rápida. Coincido con Strassera (el fiscal de los juicios a las juntas que gobernaron durante la dictadura) en que es vergonzoso el manejo que se está haciendo de los que ellos llaman `derechos humanos` cuando en realidad son crímenes de lesa humanidad. El Gobierno los mantiene abiertos porque hacen política con este tema. Se puede abreviar el procedimiento y a partir de que estén terminados (los juicios aún abiertos) debemos terminar con la caza de brujas. Alguna vez hay que terminar y dedicarse a los Derechos Humanos de los vivos y el pueblo tiene que cerrar definitivamente con un plebiscito en el que se exprese esa voluntad”.

NUREMBERG Y LA ARGENTINA

“En el famoso juicio de Nuremberg (que juzgó los crímenes del nazismo) fueron 199 los procesados. Acá son 1.400. Y después aparece en un diario del Gobierno que 90 militares tuvieron un premio al valor en 1979 por lo tanto hay que investigar. No, no, que se dejen de joder. Que terminen de una vez por todas, me tienen podrido”.

“Hay que dar vuelta la página de la historia. Pero los Kirchner están en los 70 y ahora van a llegar a los 90, porque a la Presidenta le ha agarrado un ataque de neoliberalismo tardío”.

“COLA DE PAJA”

“A los Derechos Humanos no los defendía este matrimonio cuando había que defenderlos. A mediados del `76 yo puse un estudio jurídico no para ganar plata sino para atender la inmensa cantidad de familiares de Lomas de Zamora (yo había sido intendente) que venían a ver qué se podía hacer con sus hijos que desaparecían. Eramos seis los que firmábamos los pedidos de hábeas corpus en blanco. Y un día un comisario me dijo que me fuera inmediatamente. Y tenía razón: me destrozaron el estudio. Y el día que reasumí la intendencia lo hice rodeado de pañuelos blancos. Entonces, que me dejen de joder. Según la Presidenta, ellos fueron hacer plata a Santa Cruz para dedicarse a la política. Siempre vinculan la plata con la política. Entonces, a mí no me vengan con cuentos. No me pueden atacar con nada en esto. Y tengo todo el derecho a pensar que están jugando con este tema y a indignarme. Este es un gobierno que realmente está sobreactuando porque tiene cola de paja”.

http://www.eldia.com.ar/edis/20100328/laprovincia3.htm

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El indebido uso de los derechos humanos
Procesar con ecuanimidad un pasado tan dramático es un desafío al que la sociedad y el Estado nacional deberían apuntar
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Domingo 28 de marzo de 2010 | Publicado en edición impresa


LA consagración de un conjunto de derechos propios de la persona humana en cuanto tal representa uno de los progresos morales más trascendentes que ha protagonizado la humanidad en los últimos tres siglos. La nota esencial de esos derechos es su universalidad. Es decir, que deban ser garantizados a todos los individuos, con independencia de su sexo, condición social, creencia religiosa, nacionalidad o posición ideológica.

No hay peor gestión de los derechos humanos que la que restringe esa dimensión universal. Es decir, aquella que los reconoce a un grupo pero se los niega a otro. Ese es el vicio que corroe la política seguida en esta delicada materia por los dos gobiernos del matrimonio Kirchner. La concepción de los derechos humanos expuesta desde lo más alto del poder durante los actos de conmemoración del 24 de marzo, día del golpe de Estado de 1976, corrobora esa apreciación.

Esa concepción viciada nace de una mala interpretación del pasado. Durante los años ´70, una parte muy activa de la sociedad argentina renunció a la cultura democrática y a los valores republicanos. Como en muchos otros países de América Latina, el respeto al estado de derecho se transformó, para esa fracción, en un prejuicio clasista y reaccionario. Dicha visión, que se escudó primero en la existencia de gobiernos de facto, continuó operando una vez que se estableció una administración elegida constitucionalmente en 1973. La guerrilla, levantándose contra la democracia, sembró el país de sangre y muerte hasta transformarse en terrorismo, extendiéndose a acciones que constituyeron por sus objetivos y alcances una verdadera guerra interna. El Estado, inicialmente desde el mismo gobierno constitucional y luego desde el de facto iniciado el 24 de marzo de 1976, respondió con procedimientos que lo pusieron al margen de la ley a pesar de su pretensión de restaurarla. Todo terminó en tragedia.

Procesar con ecuanimidad un pasado tan dramático es un desafío por momentos inalcanzable para muchas sociedades, pero al que deberíamos apuntar. Son comprensibles las demandas de castigo por parte de quienes, cualquiera haya sido la posición que ocupaban en el arco político, sufrieron la barbarie. Víctimas de ambos lados reclaman justicia, aunque hoy no se escucha a aquellas que sufrieron pérdidas de vida y destrucción por la acción de los grupos guerrilleros.

Las autoridades nacionales deberían cuidarse muy bien de dar una respuesta sesgada a esa comprensible sed de reivindicación. Esta es la deformación más grave de la administración actual. Su política de derechos humanos se funda en un recorte deliberado del pasado que sólo reconoce una parte del drama acontecido. En vez de contribuir a cerrar las heridas abiertas por la tragedia, ese enfoque faccioso reanima la contradicción. En vez de reponer el equilibrio allí donde se había perdido, la bandera de la Justicia es agitada para reinstalar la lucha, ahora con espíritu de venganza.

Se podría suponer que este extravío se debe a que llegó al poder un grupo que, habiendo protagonizado con intensidad aquel tramo violento de la historia, viene a cobrarse las cuentas que a su juicio quedaron pendientes. No sería éste el caso de los esposos Kirchner. Como ilustran innumerables reconstrucciones biográficas, se recluyeron en su profesión durante el gobierno militar y no pusieron énfasis en la cuestión de los derechos humanos durante su trayectoria como gobierno de la provincia de Santa Cruz.

Por otra parte, se ha observado en otros países que quienes sí registraron una actuación relevante en aquel ciclo turbulento, terminan convirtiéndose, cuando están al frente del Estado, en agentes de reconciliación. El ejemplo más a mano es el del flamante presidente del Uruguay, el ex líder tupamaro José Mujica. Pero también sin haber militado en organizaciones armadas, Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, en Chile, o Fernando Henrique Cardoso y Luiz Inacio Lula da Silva, en Brasil, ilustran esa vocación por servir desde un liderazgo nacional a la superación de un conflicto histórico en el que ellos tomaron parte con posiciones ideológicas activas.

La intención con la cual el matrimonio Kirchner abrazó la causa de los derechos humanos sólo cuando alcanzó el gobierno nacional ha dado lugar a innumerables interpretaciones. Son explicaciones conjeturales, como todas las referidas a las motivaciones subjetivas de una conducta. La más habitual afirma que el discurso oficial sobre los derechos humanos está destinado a manipular a agrupaciones abocadas a la defensa de esos valores en beneficio de la creación de poder y de la distracción sobre acciones oficiales menos aceptables.

Hay una peculiaridad objetiva que vuelve muy sospechosa la preocupación de los Kirchner por los derechos humanos. Es su inscripción en una política de extraordinario desdén por otras dimensiones del estado de derecho, la calidad institucional y el imperio de la ley. Es difícil explicar que un gobierno tan preocupado por la reivindicación de esos derechos manipule la Justicia, atropelle al Congreso, ataque a la prensa, invada con los métodos propios de las peores dictaduras la privacidad de los ciudadanos y, en definitiva, ignore a la Constitución como lo hace la administración actual y lo ha hecho la que la precedió. La distancia entre aquella retórica exaltada y esta práctica deficiente es la medida de su hipocresía.

Este uso instrumental y tendencioso de los derechos humanos ha tenido en los últimos meses un par de manifestaciones todavía más sombrías. La señora Fernández de Krichner y su esposo no se han inhibido de utilizar esa consigna para perseguir a quienes ellos consideran sus enemigos. El matrimonio agitó de manera capciosa una causa judicial sobre la identidad de los hijos de la señora Ernestina Herrera de Noble para atacar al Grupo Clarín. Esa misma perversión apareció en el caso de la jueza María José Sarmiento, quien después de fallar limitando el uso de las reservas del Banco Central advirtió cómo se exhumaba una investigación judicial sobre la conducta de su padre, un coronel retirado del Ejército, con 85 años de edad, lo que constituye un claro mensaje intimidatorio a todos los jueces independientes.

Estos dos episodios deberían activar un estado de alarma en quienes tienen preocupación por la calidad de la democracia en la Argentina. También debería llevar a la ciudadanía a recapacitar sobre la necesidad de superar el pasado y mirar hacia delante para construir un futuro apoyado en la reconciliación y en la unión nacional.


http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1248132

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Miércoles, 13 de agosto de 2003


EL PAIS › DIPUTADOS DIO MEDIA SANCION A LA
NULIDAD DE LAS LEYES DE IMPUNIDAD
Una votación con gusto a justicia

La Cámara baja dio el primer paso para anular las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. El texto aprobado las declara “insanablemente nulas”. También se aprobó por unanimidad la adhesión a la convención sobre los crímenes de lesa humanidad y su adecuación a la legislación penal.


Producción y textos:
Eduardo Tagliaferro y Felipe Yapur

La inclaudicable lucha de los que reclaman Justicia por los 30.000 desaparecidos se coló ayer en la Cámara baja cuando, por fin, los diputados le dieron media sanción a la nulidad de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Fueron casi 17 años de búsqueda para poner fin a estas normas que garantizaron la impunidad de miles de genocidas. El cambio de las condiciones históricas y políticas –a partir de la decisión del presidente Néstor Kirch-ner de avanzar en la lucha contra los crímenes de la dictadura– permitieron que el mayoritario bloque justicialista cambiara su posición de ignorar el reclamo de Justicia y se aviniera a derrumbar las mal llamadas leyes del perdón. Antes, en una rápida votación, los diputados dieron rango constitucional a la adhesión argentina –firmada el lunes por el Gobierno– a la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad de la ONU.
Eran las 23.33 cuando el secretario de la Presidencia de la Cámara leyó el texto de la norma que declara “insanablemente nulas” las leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Los diputados levantaron sus brazos para aprobarla. Desde los palcos bajó un fuerte aplauso y el estallido de bombas de estruendo en la Plaza del Congreso acompañaron los festejos.
Fueron algo más de siete horas de debate donde surgió lo mejor y lo peor de la Cámara baja. Se escucharon discursos plagados de argumentos jurídicos y hasta políticos contra la nulidad, pero también se escucharon interminables autorreferencias sobre el compromiso en la lucha por los derechos humanos durante los años de la dictadura en detrimento de los otros. El consenso alcanzado durante la mañana de ayer por una decena de bloques, entre los que estaban el PJ y la UCR, incluía avanzar en tres proyectos de ley: la nulidad de las leyes de impunidad, la adhesión a la convención sobre los crímenes de lesa humanidad y su adecuación a la legislación penal. Los partidos provinciales anticiparon su rotunda negativa a todas ellas. El radicalismo, en cambio, anunció su abstención en la primera (ver asimismo nota aparte).
El debate arrancó bajo la atenta mirada del presidente de la Cámara, Eduardo Camaño. El bonaerense, ahora alineado con el kirchnerismo, interrumpió al primer orador, el salteño justicialista Juan Urtubey, cuando el tablero marcaba la presencia de 179 legisladores, seis más de los dos tercios del total de legisladores, para hacer votar la adhesión a la convención internacional y así darle el rango constitucional que se necesitaba. Fue a mano alzada, no hubo necesidad de recuento.
Urtubey, al seguir, dio muestra de su abandono de las filas menemistas y su incipiente simpatía por el kirch-nerismo al sostener que las normas son nulas “no por su origen sino por el objetivo que tenían y que daban cuenta de la actitud claudicante frente a las imposiciones de los que apoyaron los gobiernos de facto”. Urtubey criticó a los que sostienen que la no inclusión de los indultos en el proyecto se beneficiaron a los comandantes. “No se preocupen, si es necesario sacaremos del primero al último de los artículos del Código Penal para que vayan presos los autores ideológicos de estos crímenes”, dijo para regocijo de sus colegas que rápidamente lo felicitaron.
El clima comenzó a caldearse cuando llegó el turno de los radicales. La responsabilidad recayó en Pascual Capelleri. Este afirmó que su bloque iba a defender siempre el orden jurídico e institucional. Y para justificar la abstención indicó que la iniciativa “atentaba” contra ese orden y aseguró que la anulación tenía un efecto “virtual” para luego poner en duda su verdadera intención: “Creo que podemos estar frente a un engaño a la sociedad y los damnificados”.
La jefa del bloque del ARI, Elisa Carrió, le respondió a sus ex colegas radicales. Con vehemencia la chaqueña destruyó uno a uno los argumentos jurídicos de aquellos que sostienen que el Congreso no puede anular unanorma. “Nadie va a poder borrar esta declaración histórica”, dijo para luego agregar que “así se construye la paz, mientras no haya verdad, justicia y condena, no va haber paz. Yo no sé si todos vamos a poder decir dentro de 20 años que no nos dimos cuenta de lo que estaba pasando”. Para el final, Carrió dejó una sorpresa al agradecerle a Kirchner “que haya tenido la decisión y la energía de poner las cosas en su lugar”. Así, la líder del ARI se ganó por primera vez el aplauso de los justicialistas.
Los discursos con fuerte carga emotiva se sumaron y provocaron en más de un diputado lágrimas y abrazos. Pero dos fueron los que causaron el mayor rechazo de los presentes. El primero fue el de Ricardo Bussi, vástago del genocida Antonio Bussi. No sólo reconoció que las leyes de Obediencia Debida y Punto Final garantizaban la impunidad. Con total desparpajo y desprecio por las víctimas de la represión, aseguró que “nadie le va devolver los muertos a la señora (Estela) Carlotto, nadie le va a devolver los muertos a la señora (Hebe) Berdina. Es tiempo de terminar con esta cuestión”. No sólo se escucharon abucheos, el diputado del ARI, Fernando Melillo no dudó en gritarle que era un “hijo de puta”.
La exposición de Luis Zamora también fue claramente repudiada. El diputado hizo un extenso racconto de su participación en la lucha contra la impunidad desde los tiempos mismos de la dictadura. Sin embargo, a partir de esa descripción criticó con dureza a peronistas y radicales por no haber tenido una actitud similar. Nada hacía presumir que terminaría votando en contra de la nulidad por entender que se trataba de una oscura maniobra para juzgar sólo a unos pocos militares y dejar libre al resto. Los abucheos no se hicieron esperar.
Tal vez el discurso más emotivo fue el de la legisladora del ARI, Elsa Quiroz. Presa política durante todo la dictadura, sobreviviente a la matanza de Margarita Belén y con el cuaderno donde escribió sus sentimientos durante los años de cautiverio, cerró su exposición agradeciendo a su madre y pidiendo perdón a sus hijos “por haber demorado tanto tiempo en comenzar a saldar esta deuda”.
La emoción también estuvo del lado justicialista cuando le tocó el turno al puntano Oraldo Britos. Con el documento que el PJ entregó a la CIDH en 1979, el veterano legislador levantó a sus compañeros. “Vos también lo conocés (Nilda) Garré porque eras mocosa y nos ayudabas a redactarlo”, le dijo el puntano recordando el temor que por esos años tenían los hombres del PJ al momento de redactarlo y entregarlo a la CIDH.
Eduardo Camaño demostraba minuto a minuto su obsesión por apurar el trámite. Cuando sucesivos oradores cuestionaban a la dictadura y elogiaban a sus víctimas, el presidente del cuerpo presionó “el mejor homenaje es votar pronto”
El último orador fue el jefe del bloque oficialista, José María Díaz Bancalari. “Como dijo el presidente Kirchner, venimos con memoria pero sin rencores. Quienes hemos defendido presos políticos y gremiales, quienes hemos recorrido buscando a los compañeros en hospitales, cárceles y cementerios, no podemos decir que no tenemos memoria. El debate recién comienza en esta construcción del futuro que nos proponemos.” Luego se pasó a votar. Fue a mano alzada y por abrumadora mayoría. Ni hizo falta corroborar cabalmente el resultado. Ayer, en la sesión resultó fácil para quienes tienen familiares o fueron víctimas directa de la dictadura derrumbar las leyes de impunidad. Pero hicieron falta más de 16 años de lucha para lograrlo.


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