Lo que circula por los medios

17 de mayo de 2010

PARA SABER: ARGENTINA, GRECIA... Y LA ECONOMIA





















Domingo, 9 de mayo de 2010 | Hoy


ECONOMIA › OPINION
Sin reservas morales

Por Alfredo Zaiat

El encadenamiento de crisis financieras es un antídoto eficaz ante el desfile de analistas y políticos que interpelan con la frase presuntuosa “Argentina tiene que regresar al mundo”. Si el boleto de ingreso es lo que se observa en ese “mundo”, con cortesía, lo mejor es rechazar el convite. Quienes convocan a ese fantasioso retorno, como si el país estuviera aislado en sus vínculos comerciales y diplomáticos, aspiran en realidad a volver con políticas que sumergen en debacles financieras, además de confundir el debate en el espacio público. No deja de ser peculiar la idea de ese grupo influyente de exigir identificación del país con una parte del mundo que se está desmoronando. Resulta conmovedora la crisis existencial de economistas a sueldo de bancos, financistas y políticos militantes de la corriente ortodoxa y voceros que amplifican sus ideas. Se formaron en la concepción neoliberal, ocupan espacios relevantes en sus ámbitos de participación social y laboral, son expresión del poder y detentaron la hegemonía durante décadas. Hoy toda esa estructura está crujiendo y no tienen otras respuestas más que las de ofrecer la conocida receta económica del fracaso sin reservas morales. Esto no significa que ese entramado de poder se haya replegado; sigue siendo el dominante y no tiene ninguna intención de emprender la retirada. Esa resistencia es el marco para comprender la profunda crisis de la actual fase del capitalismo global en Estados Unidos y Europa, cuyas repercusiones padece en diferente medida el resto del planeta. Cada vez queda más en evidencia que la escala y la velocidad de los flujos financieros han provocado una serie de crisis importantes que ocurren con perturbadora frecuencia.

La desconexión financiera de Argentina no fue premeditada, puesto que se produjo por la declaración del default en 2001, la fuerte quita de capital en la renegociación de la deuda en 2005 y el prolongado período hasta comenzar la segunda etapa de esa operación, que recién ahora está en marcha y pretende cerrar ese capítulo luego de casi diez años. El castigo del mundo financiero por ese repudio a la deuda se tradujo en la reducción de los usuales canales de especulación global. Esa sanción ha sido una bendición en esta etapa de turbulencias internacionales debido a que ese descalabro financiero no está impactando en forma considerable en el mercado local. Los principales efectos negativos se encuentran por el lado de los flujos comerciales, por el riesgo de un retroceso de la economía mundial, como se verificó a partir del último trimestre de 2008 y a lo largo del año siguiente.

La crisis griega con la mecha encendida recorriendo otros países vulnerables, como España y Portugal, expone nuevamente la característica de potente desestabilizador macroeconómico del capital financiero. La desconexión de ese circuito no implica autarquía en cuanto a la disminución de los intercambios comerciales, financieros y tecnológicos con el exterior. Tampoco se trata de definir un crecimiento autocentrado o de aislamiento internacional, sino de ganar espacios de autonomía que la dependencia del capital financiero internacional reduce. Cierto grado de desconexión en estos años ha sido en definitiva un aspecto positivo, porque implicó en estas circunstancias no someter la estrategia nacional de desarrollo a los dictados de una lógica financiera global en crisis.

En esa instancia emerge el debate sobre recursos y vías alternativas para cubrir vencimientos de capital e intereses de los próximos años. Aquí se revela cuál es el sentido que tiene ese pedido de “regreso al mundo” propuesto por fuerzas conservadoras. Pretenden reiterar la subordinación al mundo financiero para conseguir fondos no sólo para el pago de la deuda, sino como un canal de financiamiento al sector público con el objetivo de reiterar ese ciclo perverso de endeudamiento. Uno de los principales factores de los desequilibrios internos ha sido la apertura y desregulación al capital extranjero. Cuanto más dependiente de los dólares especulativos para refinanciar deuda más inestable se convierte la economía y, por lo tanto, más vulnerable se vuelve. La cuestión remite a plantear acerca de para qué buscar la aceptación del capital financiero si es, como se prueba una y otra vez, un potente desestabilizador macroeconómico.

La opción de utilizar una pequeña porción de las reservas para hacer frente a una parte de la deuda a vencer es un oportuno sendero para evitar caer en esa trampa. La extensión de la discusión sobre ese tema ya arrastra cinco meses. Como se mencionó al comienzo, la hegemonía financiera está herida pero no rendida. Las escasas muestras de profesionalidad técnica, encubierta en posiciones políticas, del ex presidente del Banco Central han precipitado ese debate que se ha prolongado en forma innecesaria, con elevados costos financieros. Ninguno de los riesgos con que amenazaba si se implementara esa medida se verificó: embargo de reservas, fortalecimiento de los fondos buitres, inestabilidad cambiaria. Ya se cancelaron casi 1900 millones de dólares de vencimientos de deuda con reservas, sin afectar el stock total, puesto que el Central ha estado adquiriendo dólares en cantidad durante estos meses.

El país estuvo pagando deuda con reservas desde el mismo momento en que quedó fuera del circuito financiero global. El Tesoro adquiría esas divisas con recursos del superávit fiscal y ahora, por la pérdida de ese excedente al utilizarlo para amortiguar la crisis, pretendía hacerlo de la misma forma sólo que a cambio de un pagaré a diez años entregado al Banco Central. La repentina resistencia de Martín Redrado de una operación que durante los cinco años y medio de su gestión (no pudo completar los seis porque fue despedido) realizó sin quejarse provocó erráticos movimientos financieros en el primer bimestre del año, además de demorar el proceso de implementación de la segunda vuelta del canje de bonos en default. La rebeldía oportunista de Redrado generó más consultas de las habituales por parte de los organismos de regulación de los mercados bursátiles estadounidense y europeo, que derivó en que el canje se atrasara y finalmente comenzara en una pésima semana financiera.

La crisis europea debería saldar esa polémica por la fuerza de los hechos: el canje no debe convertirse en la puerta para regresar a ese mundo financiero en crisis, a la vez que la utilización de las reservas debería considerarse como una política alternativa para evitar, precisamente, el círculo perverso de las finanzas globales.

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Domingo, 9 de mayo de 2010 | Hoy




ECONOMIA › EL ESTALLIDO DE LA CRISIS GRIEGA AMENAZA EL FUTURO DEL EURO Y LA DEBIL RECUPERACION DE LA ECONOMIA MUNDIAL
La cara oculta de la moneda común europea


El sur de Europa vuelve a generar pánico en los principales mercados del mundo. Qué puede esperar Argentina.


Por Fernando Krakowiak

Cuando parecía que la situación económica internacional comenzaba lentamente a estabilizarse, el estallido de la crisis griega volvió a generar pánico en los principales mercados del mundo. Esta vez la réplica tuvo como epicentro el sur de Europa y amenaza con hacer desaparecer al euro. El huevo de la serpiente se encuentra en la dificultad para armonizar las diferencias entre los distintos socios que optaron por impulsar una moneda común. Qué puede esperar Argentina.

- ¿Por qué estalló la crisis en Grecia? Grecia adoptó el euro el 1º de enero de 2001 y a partir de entonces vivió un boom de consumo fomentado por la estabilización de los precios y el fácil acceso al crédito. Fue una bonanza ficticia que no respondió a una mejora en la productividad de su economía. Los principales ganadores del período fueron los bancos alemanes y franceses que financiaron el endeudamiento y las multinacionales de esos mismos países que ganaron participación en el mercado griego. Ambos procesos derivaron en un creciente déficit comercial y corriente. La adopción del euro implicó para Grecia una rigidez similar a la que enfrentó Argentina durante la convertibilidad, lo cual la forzó a resignar la política monetaria y cambiaria. Incluso fue más allá porque no “ató” su moneda a otra, sino que directamente eliminó la propia. El ingreso a la Eurozona fue como una dolarización. En ese contexto, cuando el déficit se volvió insostenible y las calificadoras le bajaron la nota a la deuda griega, haciendo imposible su acceso al mercado voluntario de crédito, el default quedó a la vuelta de la esquina y ahora sólo podrá evitarlo con la ayuda del resto de los países de la Eurozona.

- ¿En qué consiste el plan de rescate diseñado por Europa y el FMI? Los países de la Eurozona aprobaron el viernes un paquete de ayuda por 110.000 millones de euros destinado a Grecia. Alemania será el principal aportante con 22.000 millones. El plan está supeditado a la implementación de un durísimo plan de ajuste cuyo cumplimiento será monitoreado trimestralmente por la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional. El primer desembolso se hará efectivo antes del próximo miércoles 19 de mayo, cuando Grecia debe afrontar un vencimiento de deuda por 8500 millones de euros. La deuda pública griega llega casi a 300.000 millones de euros, equivalente al 120,8 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). Para poder dar cuenta de la dimensión del problema, basta comparar con Argentina que en 2001 tenía una deuda equivalente al 53,8 por ciento de su PIB y declaró un default por 81.800 millones de dólares. Lo que se busca en este caso es evitar una quiebra que haría temblar a Europa, en especial a los bancos de las principales potencias de la Unión. Grecia le debe 57.000 millones de euros a la banca francesa y 34.000 millones a la alemana. El plan de rescate también se hizo pensando en ellos.

- ¿Qué medidas le exigen a cambio de esa ayuda? El Parlamento griego aprobó el jueves los lineamientos generales del plan de ajuste que el gobierno del socialista Giorgos Papandreu se comprometió a ejecutar a cambio de la ayuda europea y del FMI. El objetivo principal es reducir el déficit fiscal, que en 2009 llegó a 13,6 por ciento del PIB, a 8,1 este año y luego seguir achicándolo progresivamente hasta lograr un rojo de “sólo” 2,6 por ciento en 2014. El combo para alcanzar esa meta incluye un recorte de 30 mil millones de euros en los gastos de los próximos tres años y aumento de impuestos al consumo y las ganancias. Para achicar el gasto se prevé: 1) reducir 16 por ciento los salarios públicos mediante la eliminación de dos pagos extraordinarios (cobrarán 12 salarios en lugar de 14). Además, permanecerán congelados durante los próximos tres años; 2) eliminar dos pagos extras para los jubilados que cobran más de 2500 euros por mes y congelar los ingresos por tres años para toda la clase pasiva; 3) subir la edad jubilatoria a partir de su vinculación con un indicador que tomé en cuenta la esperanza de vida; 4) computar para la jubilación todos los años de la vida laboral, lo que también supondrá una remuneración menor; 5) aumentar gradualmente de 37 a 40 el número de años cotizados para recibir el ciento por ciento de ese haber; y 5) profundizar el proceso de privatización de empresas públicas. Por el lado de los ingresos, se prometió: 1) aumentar en IVA al 23 por ciento (en marzo ya se lo llevó del 19 al 21 por ciento); 2) subir 10 por ciento impuestos especiales al tabaco, el alcohol y los combustibles, y 3) crear nuevas tasas para gravar las ganancias empresarias y el consumo de productos de lujo. El paquete incluyó además una propuesta de reforma laboral que contempla rebajas en las indemnizaciones y eliminación de la cláusula que le prohíbe a las empresas despedir a más del 2 por ciento de sus empleados en un mes.

- ¿El gobierno griego puede garantizar el ajuste? Es la pregunta del millón. El miércoles pasado los sindicatos intentaron frenar la aprobación del plan de ajuste con una huelga general que paralizó al país. Además, cerca de 100 mil personas se manifestaron en las calles de Atenas. Si ese nivel de protestas se mantiene durante las próximas semanas, Papandreu podría verse obligado a renunciar y en ese caso la “solución” ortodoxa que proponen Bruselas y el FMI quedaría herida de muerte y a Grecia no le quedaría otra opción que formalizar el default y salir de la zona euro para recuperar competitividad con una nueva moneda más devaluada. De hecho, la primera ministra alemana, Angela Merkel afirmó el miércoles que “un buen europeo no es necesariamente el que ayuda rápido, sino quien está dispuesto a revisar los tratados para que la estabilidad de la zona euro no sufra daños”. Así dejó en claro que si Grecia no ajusta, a los líderes europeos no les temblará el pulso para marginarla de la unión monetaria.

- ¿Qué otros países de Europa se están viendo afectados? El temor de los inversores es que Grecia sea sólo la punta del iceberg. En la fila aparecen Portugal, Irlanda, Italia e incluso España. Portugal, por ejemplo, registró un déficit de 9,4 por ciento de su PIB el año pasado y ya se comprometió ante Bruselas a llevar adelante un plan de austeridad que incluye recortes en el gasto público y subas de impuestos para los sectores más ricos. Sin embargo, a fines de abril Standard & Poor’s rebajó la calificación de la deuda portuguesa de “A+” a “A-” porque duda de que pueda cumplir con la meta de achicar su déficit a 2,8 por ciento en 2013. A España le ocurre algo similar. En 2009, su déficit fiscal llegó a 11,2 por ciento y los inversores desconfían de las promesas de llevarlo a 3 por ciento en 2013, sobre todo en un contexto donde la desocupación llega al 20 por ciento y la economía permanece estancada. Por ese motivo Standard & Poor’s le bajó la nota de “AA+” a “AA”. La calificación sigue siendo buena, pero la obtención de crédito se encarece. La semana pasada el Tesoro español colocó deuda a cinco años por 2345 millones de euros y tuvo que ofrecer 3,58 por ciento, cuando en abril la tasa había sido de 2,84. En los bonos a dos años está ofreciendo un 2,9 por ciento, mientras que Alemania paga sólo 0,5 por ciento anual.

- ¿El euro puede desaparecer? Si la crisis queda circunscripta a Grecia y el ajuste fracasa, lo más probable es que sean los griegos los que se queden sin el euro, pero si la amenaza del default se extiende a España, Portugal, Italia e Irlanda, la moneda común comenzaría a peligrar. Para despejar esos fantasmas, los líderes de los 16 países de la Eurozona acordaron el viernes la creación de un fondo que tendrá por objetivo defender la moneda común. “Los especuladores deben saber que van a apostar a perdedor. El lunes, a la apertura de los mercados, Europa estará lista para defender el euro”, aseguró el presidente francés, Nicolas Sarkozy, al finalizar la cumbre en Bruselas. De hecho, los ministros de Finanzas de la Eurozona se reunirán hoy para instrumentar un mecanismo de estabilización financiera que sirva para preservar la moneda.

- ¿Qué incidencia puede tener la crisis sobre la economía argentina? Argentina permanece al margen del mercado voluntario de crédito desde hace ya varios años. Por lo tanto, la crisis europea impactará sólo a través de los flujos comerciales. Por ahora, la principal preocupación surge por la pérdida de competitividad del peso frente al euro y el real, lo cual podría ocasionar una caída de ingresos por exportaciones, sobre todo si el euro se sigue debilitando y el dólar se fortalece como reserva de valor. No obstante, el riesgo principal es que la crisis, ahora focalizada en el sur de Europa, se generalice e impacte en el precio de los commodities a partir de una menor demanda de clientes relevantes para Argentina como China o India.

- ¿Y sobre el canje de la deuda? La crisis financiera impactó en el precio de los bonos y eso hizo que la oferta argentina se tornara menos atractiva. Por ejemplo, para los inversores institucionales el valor del paquete (compuesto por bonos Discount y cupones atados al PIB) tenía el 15 de abril un valor presente de 50,9 por cada 100 dólares en default y ahora se ubica cerca de 45 dólares. Además, la suba de la tasa de interés de los bonos complica la posibilidad de que se puedan tomar 1000 millones de dólares de fondos frescos a 9,5 por ciento, tal como se había acordado con los bancos Citi, Deutsche y Barclays, que acercaron la propuesta. Sin embargo, en Economía creen que la crisis le podría generar a la operación un beneficio inesperado. En momentos de mucha incertidumbre los inversores prefieren recuperar liquidez y para ello siempre es más facil vender un bono que no está en default.

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Sábado, 15 de mayo de 2010


ECONOMIA › PANORAMA ECONOMICO

Déjà vu

Por Alfredo Zaiat
La comparación con la crisis argentina se ha convertido en la referencia obligada de analistas para advertir sobre la crisis griega, que como mecha encendida empezó a recorrer los países vulnerables de Europa. Esa evaluación no es para nada equivocada teniendo en cuenta los profundos desequilibrios de esas economías, la pérdida de competitividad, la su-bordinación al mundo de las finanzas desreguladas y los dramáticos costos sociales que se observan. Sin embargo, esa claridad en el diagnóstico tiene una respuesta que es sorprendente: la política para enfrentar la crisis es un calco de la implementada por el gobierno de Fernando de la Rúa. Las administraciones socialistas griega, española y portuguesa están aplicando la receta Cavallo: reducir el gasto público bajando salarios, jubilaciones y la inversión pública en el área social y de infraestructura con el objetivo de mejorar así la competitividad de la economía. La meta del ministro del corralito era no devaluar el peso y para ganar competitividad entonces se buscó bajar los costos internos. Lo mismo que hacen ahora los países europeos que están en la cornisa: disminuir los precios relativos domésticos (devaluación interna) en forma importante para generar ingresos a través de una mejora de las exportaciones. Ese esperado aumento en la entrada de divisas permitiría equilibrar el frente externo y, en especial, hacer frente a los vencimientos de la abultada deuda, que incluso puede ser reestructurada en forma amigable en el mercado. Como el resultado de ese proceso requiere de tiempo, la Unión Europea estructuró un blindaje por la fabulosa suma de 750 mil millones de euros para atender las cuentas de bancos y calmar la ansiedad de tenedores de bonos de deuda de esos países. Quienes estudiaron todos los capítulos de la crisis argentina saben cuál es el desenlace. Estudiosos de la mente humana explican que la experiencia del déjà vu suele ir acompañada por una sensación de familiaridad y también por una sensación de sobrecogimiento y extrañeza. Señalan que la experiencia “previa” se atribuye con frecuencia a un sueño, aunque admiten que en algunos casos se da una firme sensación de que la experiencia “ocurrió auténticamente” en el pasado. La actual reacción de los gobiernos europeos a su crisis corresponde a esa segunda opción.

La debacle del euro empezó a ser una experiencia terrible para la población más vulnerable. La política para salvar la moneda única tiene la dirección de un fortísimo ajuste fiscal con el único objetivo inmediato de mantener a flote el sistema bancario de la Eurozona. La respuesta de los gobiernos de Grecia, España y Portugal es la misma que la aplicada en Argentina, pero en esos casos se presenta una cuestión estructural que agrava aún más la situación. No pueden devaluar porque resignaron su soberanía monetaria. Se quedaron sin moneda propia al eliminarla para formar parte de las 16 naciones que se manejan con el euro.

Esa extraordinaria restricción de política económica es una referencia práctica muy adecuada para ilustrar el desastre que hubiera sido abrazarse aquí a la dolarización, como presionaban bancos extranjeros, multinacionales y compañías privatizadas en los traumáticos años previos al estallido de la convertibilidad. La paridad fija por ley era la estación previa a la dolarización, instancia que proponían alcanzar las corrientes más ortodoxas del pensamiento económico local. Pese a los inmensos costos sociolaborales que implicaron la devaluación y el default, el descalabro que provocó esa salida fue inmensamente menor al que se hubiera padecido si se hubiera avanzado hacia la eliminación de la moneda nacional.

Como se enseña en los manuales de texto, si un país enfrenta dificultades fiscales o externas puede recurrir a una devaluación de su moneda y llevar a cabo un ajuste para recuperar equilibrios macroeconómicos. Los países de la Eurozona no pueden recurrir a esa alternativa a menos que decidan abandonar el euro. En caso de crisis como la actual sus opciones son más difíciles para la mayoría y conducen de manera directa a un recorte en el poder de compra de grandes segmentos de la población. Queda la opción de declararse en bancarrota, anunciar el default y esperar las dramáticas consecuencias para luego comenzar la dolorosa recuperación. Esa opción sería un golpe durísimo para la unión monetaria, en especial para la hegemonía alemana, pues el efecto en cascada para los demás países débiles sería desastroso. Ese colapso debilitaría el euro o hasta sentenciaría su muerte porque sería el resultado de la incapacidad de los países de la Eurozona para coordinar sus políticas económicas, para crear instituciones supranacionales que ordenen la situación y para mantener una posición fiscal más o menos equilibrada con la meta de consolidar la divisa europea.

Rebecca Wilder, una reconocida analista económica norteamericana que difunde sus ideas en su página web newsneconomics.com, lo explica así en un reportaje publicado en el periódico quincenal español Diagonal:

- El principal problema dentro de la Eurozona es su propia estructura: una sola moneda “que lo regula todo”. De esta manera, países como Grecia, Italia, Irlanda, Portugal o España no pueden devaluar su moneda para estimular el crecimiento de las exportaciones.

- La Eurozona puede encontrarse a sí misma en una carrera sin sentido. El recetario del FMI y la UE consiste en una severa y profunda reducción de salarios y precios, con la intención de ganar competitividad.

- Sin un crecimiento adecuado de las exportaciones, la devaluación interna se convierte más bien en una “devaluación infernal”.

- Los recortes en los ingresos nominales (salarios y jubilaciones) y el resto de variables laborales restringirán el consumo actual y el gasto agregado, y dichas medidas repercutirán en el déficit de las cuentas públicas de los gobiernos.

- Es una falacia pensar que la disminución del gasto agregado puede ser el camino para salir de una recesión mediante las exportaciones cuando están cayendo los salarios, lo que repercute en que cae el consumo.

- Ni Grecia ni ningún otro país de la Eurozona cuentan con la opción de devaluar. Sólo pueden reducir los salarios y los precios de cara a generar una devaluación interna que dé como resultado el obligado crecimiento de las exportaciones.

- Esto no llegará a buen puerto, ya que toda la Eurozona compite por los ingresos procedentes de las exportaciones. No creo que todo esto suponga el fin de la unión monetaria europea, pero tampoco me sorprendería si algunos países quebraran, lo que parecería acercarnos a ese posible escenario.

En otro artículo. “Fin de partida en la Unión Europea: los recortes salariales y la batalla por las exportaciones”, Wilder explica que “la moneda está en un régimen cambiario fijo, de modo que el único mecanismo para acrecer la competitividad exterior pasa por la caída de los precios (salarios). Pero este modelo de crecimiento no puede funcionar para el conjunto de la Eurozona”. Además, cada uno de los países que quedan en la mira del rifle del mercado financiero está aplicando la misma receta. Esto va a ir neutralizando el efecto buscado de mejorar la competitividad. Wilder se pregunta: “¿Y qué ocurre cuando los ingresos de las exportaciones no proporcionan el ímpetu necesario para el crecimiento de la demanda agregada?”. La respuesta no es muy alentadora. “Bueno, ya no queda margen –afirma–, no se puede devaluar la moneda, y los ingresos fiscales caerán más rápidamente que un plomo: déficit crecientes, deuda en aumento, creciente servicio de la deuda.” La conclusión es una alerta: “De modo que la suspensión de pagos parece el destino prácticamente cierto de varios Estados de la Eurozona”. Un déjà vu.

azaiat@pagina12.com.ar




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