Lo que circula por los medios

4 de septiembre de 2010

¿QUIEN EXAGERA CON EL PAPEL?


¿QUIEN EXAGERA?
Acaso ¿Exagera Fontevecchia en su defensa?


¿ Y quien dijo que  quien controla Papel Prensa controla los diarios?




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columnistas
Papel Prensa

Por Jorge Fontevecchia | 28.08.2010 | 22:47


Al revés. Todas las materias primas, hasta la madera, duplicaron en promedio su precio la última década. Pero el papel es la única commodity que bajó.

Editorial Perfil es la mayor importadora de papel de diario de la Argentina. No sólo utiliza ese insumo para su propio diario, sino para algunas de sus revistas y varios diarios de terceros que imprime con papel incluido. También Editorial Perfil fue la más perjudicada cuando el precio de Papel Prensa era más barato que el importado y tuvo siempre que importar todo su consumo porque no le vendían papel nacional.

Pero a pesar de haber padecido Perfil –quizá más que ninguna otra empresa– la ventaja competitiva de Clarín y La Nación en Papel Prensa, prefiero que el Estado no intervenga. Me sentiría más incómodo con regulaciones gubernamentales al mercado de papel que con el eventual abuso de posición dominante que pudieran ejercer en el futuro Clarín y La Nación.

Es que el Gobierno atrasa, llega tarde y tiene una mirada anacrónica sobre el tema del papel. Hace veinte años, tener o no tener acceso al papel que producía Papel Prensa era determinante, porque diferencias de precio del 30% al 50% respecto del papel importado hacían casi inviable cualquier competencia. Pero en la última década hubo cambios sustanciales. Mientras el cobre, la soja, el petróleo, hasta la madera y todas las materias primas, duplicaron en promedio su precio en diez años, el papel es la única commodity que cuesta menos.

No es muy difícil adivinar por qué: las ventas de diarios en todo el mundo se redujeron un tercio y las fábricas de papel tienen exceso de capacidad ociosa. Se están cerrando plantas de papel de diario en distintos países porque pasaron a perder dinero.

Hace veinte años, el 90% del papel de diario importado se traía en barcos desde Finlandia, que tardaban casi un mes en llegar, y había que contar con un stock de varios meses porque cada tanto surgían problemas logísticos en la provisión, lo que obligaba a las editoriales a contar con grandes depósitos y enormes recursos financieros para anticipar casi medio año su principal materia prima. Hoy se sigue importando papel de diario desde el hemisferio norte (ya no mayoritariamente de Finlandia o Canadá sino de Rusia, China y decenas de países), pero cada vez menos porque, a menudo, resulta más económico y eficiente traerlo de países limítrofes, especialmente de Chile, donde llega por camión a Buenos Aires en cuatro días.

Antes se fabricaba papel con árboles de países muy fríos; avances en los sistemas de producción hicieron posible hacerlo con madera de árboles de zonas cálidas. Y para completar el cambio tecnológico, antes se colocaban las fábricas de papel en lugares cercanos a plantaciones de árboles, pero en el hemisferio norte se están ubicando fábricas de papel de diario cerca de ciudades donde se editan los principales diarios, porque la materia prima ya no es la madera sino el propio papel de los diarios leídos que se recicla de la basura.

Esto no quiere decir que Clarín y La Nación no continúen obteniendo beneficios por Papel Prensa, aunque sean cada vez menores. Tampoco sería lógico que el Gobierno quisiera imponer el mismo precio para todos porque iría en contra de la lógica económica de menores precios a quien compra mayores cantidades: es lo que se enseña en cualquier facultad de ciencias económicas como bonificación por volumen.

Al revés, no creo que si el Estado fuera dueño de Papel Prensa pudiera dejar de venderle a Clarín y La Nación, porque sin esos dos compradores, aun abasteciendo al cien por ciento de todos los diarios del país, Papel Prensa se quedaría con la mitad de su papel sin vender.

Exagera el Gobierno al decir que –hoy– quien controla Papel Prensa controla los diarios. Y exageran Clarín y La Nación al decir que si el Gobierno controlara Papel Prensa, correrían el riesgo de que los dejara sin papel salvo que prohibiera o limitara su importación.

Otra discusión falsa es presentar como algo deseable el autoabastecimiento de papel de diario y que todo el papel de diario que se consuma se produzca en la Argentina. Me encantaría que hasta exportásemos papel de diario, porque eso indicaría que somos más eficientes que los extranjeros, pero me atemoriza la palabra autoabastecimiento: temo que resulte una condena, porque eso se logre obligando a los diarios a comprar papel nacional de peor calidad y más caro simplemente colocando impuestos a la importación lo suficientemente altos.

Al igual que la publicidad oficial, lo ideal sería que todo lo relacionado con la producción de contenidos se rigiera por criterios económicos donde el Estado interviniera para desmonopolizar, penar el abuso de posición dominante y garantizar –precisamente– la libre competencia, no para sustituir al mercado.


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AHORA
¿QUE DECIA FONTEVECCHIA EN EL 2009?
Sábado 10 de Octubre de 2009
Año V Nº 0407
Buenos Aires, Argentina


Papel Prensa
No hace trampa quien puede ganar sin ella. El mal es otra forma de pobreza, una carencia de recursos. Es el atajo que utiliza la ambición cuando la capacidad es inferior a ella.


Por Jorge Fontevecchia



Jorge Fontevecchia


No hace trampa quien puede ganar sin ella. El mal es otra forma de pobreza, una carencia de recursos. Es el atajo que utiliza la ambición cuando la capacidad es inferior a ella.


El secretario de Comercio Guillermo Moreno es brutal porque compensa con fuerza tosca su falta de otros atributos. Una mente más sofisticada habría analizado los antecedentes de los representantes del Estado en Papel Prensa antes de hacerles confesiones que le harían daño al Gobierno si trascendieran, y hubiera así advertido que uno de ellos había sido empleado de Clarín, a pesar de representar formalmente al Estado, como informa PERFIL en la página 16. Igual que en el caso del operativo de la AFIP a Clarín, el victimario se daña a sí mismo por primitivo.


Moreno creyó que con sólo advertirles a los funcionarios citados que “afuera están mis muchachos, expertos en partirle la columna y hacerle saltar los ojos a quien hable” alcanzaba. Creyó que con “sus muchachos” no hacía falta gastar esfuerzos en inteligencia previa. Y se llevó un chasco porque el licenciado Carlos Collasso, consejero titular de vigilancia de la empresa Papel Prensa representando al Estado, pero ex empleado de Multicanal, la primera empresa de cable de Clarín, denunció frente a un escribano público lo que había escuchado. Por ejemplo: “Que era su intención (de Moreno) que el Estado sea el que compre las acciones de Papel Prensa a los privados (...) que luego de preguntar por el valor de las acciones manifestó que había que encontrar el modo de hacerlas bajar o si no el Estado iba a tener que expropiar la sociedad”.


Al poco elaborado método que usa Moreno para lograr su objetivo se agrega que su objetivo parte de un error de diagnóstico. Papel Prensa representa para Clarín hoy una ventaja competitiva menor de lo que fue durante las tres décadas de su existencia, porque la crisis mundial, que redujo el consumo de todo, sumada a la sustitución de lectores de papel por lectores de Internet, hizo que desde fines de 2008 el precio internacional del papel se desplomase, y la misma tonelada de papel para diarios por la que se pagó 860 dólares hoy se puede comprar hasta por la mitad.


En enero, mientras esa tonelada de papel importado costaba 860 dólares, la de Papel Prensa se vendía a 610 dólares a aquellos clientes que no fueran sus accionistas que, como es sabido, son los diarios Clarín y La Nación. Al ser más barato que el papel importado, hasta enero Papel Prensa no les vendía a todos los que quisieran comprarle. De las 170 mil toneladas que fabrica por año, 40 mil son consumidas por La Nación, 100 mil por Clarín y apenas 30 mil se venden a otros diarios . El resto de los diarios compra su papel en el exterior; el total de esas importaciones fue 84 mil toneladas en 2008, y se prevé que esa cantidad se reduzca a la mitad en 2009.


A lo largo del año el precio del papel no sólo bajó sino que la relación entre el precio de Papel Prensa y el papel importado se invirtió. Lo mismo que sucede con la nafta, que sube o baja junto con el petróleo en el resto del mundo pero su precio en la Argentina no se modifica, pasa con el papel importado, que bajó el 36% mientras el de Papel Prensa bajó sólo el 11% (siempre para clientes que no sean Clarín y La Nación) y hoy se vende a 610 dólares la tonelada cuando el papel importado se vende a 550 dólares. Corolario: ahora que su papel es más caro, Papel Prensa sale a ofrecerlo a todos los diarios cuando hasta enero era imposible comprarle.


Que el papel de Papel Prensa sea hoy el 11% más caro que el importado no quiere decir que Clarín y La Nación lo paguen más caro, porque el precio del papel para sus accionistas es de 500 dólares, todavía el 10% más barato que el importado.


Pero en el pasado esa diferencia de precio fue en promedio 30% más barato, llegando en los momentos de grandes devaluaciones a costar la mitad. Esto benefició a Clarín en mucho mayor proporción que a La Nación, que consume sólo un tercio de Clarín. Pagar el papel entre un tercio y la mitad fue una ventaja competitiva insuperable para cualquier competidor, y cuanto mayor fuera la cantidad de ejemplares a imprimir, peor era la situación del diario que compitiera con Clarín. Por ejemplo, Crónica, que cuando se fundó Papel Prensa vendía 700 mil ejemplares por día contra 300 mil de Clarín, fue cayendo progresivamente hasta ser hoy menos del 10% de aquella venta, mientras Clarín aumentó respecto de hace treinta años.


En un diario como Crónica el papel llegaba a representar más de la mitad de todos los costos, y al pagar hasta el doble de precio por él, tuvo que vender un diario con la mitad de páginas de Clarín pero al mismo precio. Así, a lo largo de las décadas, muchos de los lectores que iba perdiendo Crónica se pasaron a Clarín porque les daba más por menos. Después de una generación acostumbrada a Clarín, ¿quién podría cambiar ese hábito? Hasta Crónica terminó vendiéndose a un grupo de sindicalistas afines a Moyano.


Cuentas claras. Si Clarín no tuviera Papel Prensa gastaría 10 millones de dólares más en papel por año por mayor precio.


Pero además tendría que tener un stock de dos meses más de papel, que hoy no necesita porque siendo el dueño de la fábrica no precisa cubrirse frente a la falta de provisión. Dos meses son 17 mil toneladas, a 500 dólares cada una, son otros 8,5 millones de dólares que debería inmovilizar. Quizá comenzando a abrir el paraguas, hace tres días, justo después de haberse difundido el exabrupto de Moreno, Clarín salió a comprar 15 toneladas de papel al mercado internacional, después de no haber comprado ni una sola en los nueve meses de 2009, y logró comprarle a la fábrica canadiense Abitibi 5 mil toneladas a sólo 450 dólares cada una (el precio normal es 500 dólares la tonelada, pero como Abitibi atraviesa un concurso de acreedores bajó 10% más su precio, pero sólo por esa partida, y no podría regularmente abastecer a ese precio).


Además, Clarín, en lugar de pagar el papel entre 90 y 120 días, como hoy se lo cobra Papel Prensa, pasaría a pagar al contado (o a inmovilizar crédito en cartas de crédito). Tres meses y medio de crédito de consumo de papel equivalen a pagar anticipadamente otras 30 mil toneladas, que a 500 dólares cada una suman otros 15 millones de dólares de caja.


En síntesis, habría una pérdida económica de 10 millones de dólares anuales por mayor precio, más una inmovilización de caja por mayor stock y pago no financiado de otros 18,5 millones de dólares (8,5 y 10 millones, respectivamente). En total, un primer año de Clarín sin que existiera Papel Prensa le quitaría 28,5 millones de dólares, más de cien millones de pesos.


Pero si el Estado comprase a los privados Papel Prensa, Clarín recibiría por el pago de sus acciones en esa empresa aproximadamente 42 millones de dólares. En el pasado, las fábricas de papel de diario valían el equivalente a las ventas de dos años de papel, pero con la crisis mundial se valúan según las ventas de un año. Papel Prensa, que fabrica 170 mil toneladas anuales a 500 dólares cada una, alcanza ventas anuales –y al mismo tiempo un valor de compañía– de 85 millones de dólares. Clarín tiene el 49% de las acciones, por tanto le corresponderían 42 millones de dólares.


Se podría decir que con lo que cobraría por la venta de sus acciones cubriría el agujero de caja que le generaría el capital de trabajo por mayor stock y el pago al contado del papel más la pérdida de poco más de un año. Si a los 42 millones de dólares que recibiría se le restaran los 28,5 de capital de trabajo, quedarían sólo 13,5 millones de dólares para una pérdida anual por mayor precio de 10 millones de dólares por año. Al segundo año, Clarín comenzaría a tener un flujo neto negativo, habiéndose consumido 42 millones de dólares de su patrimonio.


A estudiar. Si el licenciado Moreno hubiera estudiado –como hace cualquier banco de inversión– el negocio sobre el que desea intervenir, tomándose el tiempo de consultar a los expertos de venta, fabricación y consumo de papel en Argentina, hubiera obtenido estos datos y en lugar de apelar a bravuconadas hubiera podido construirse un diagnóstico que le permitiera trazar un plan.


Si los recursos no fueran un problema, éste sería el mejor momento para comprar una fábrica de papel porque el precio es el menor. No hay necesidad de “encontrar el modo de hacerlas bajar (el precio de las acciones) o si no el Estado iba a tener que expropiar la sociedad” por varios motivos. Primero porque el precio ya es bajo para los volúmenes de dinero que está acostumbrado a manejar el Estado, y no resulta conveniente tener comportamientos patoteros que destruyan aún más el prestigio del Gobierno por hacer descender el 20 o el 30 por ciento de los eventuales 42 millones de dólares que debería pagarle a Clarín y los 19 millones de dólares que proporcionalmente le corresponderían a La Nación por sus acciones, si la valuación total de la empresa fuera de 85 millones de dólares. Papel Prensa no es Aerolíneas Argentinas, donde las cifras alcanzan los 1.000 millones de dólares: tiene mucho valor para los diarios pero poco precio en términos macroeconómicos.


Y segundo, porque ni Clarín ni La Nación van a vender acciones de Papel Prensa a ningún precio, porque ya han rechazado ofertas de compra de empresas extranjeras como la noruega Norske Skog, que compró la papelera chilena Bio-Bio, y la brasileña Pisa. Tanto Bio-Bio como Pisa producen 200 mil toneladas, cifras similares a las de Papel Prensa. La brasileña Pisa fue un caso similar al de Papel Prensa, porque fue fundada en el estado de Paraná, fronterizo con la provincia de Misiones, hace también tres décadas, por dos diarios: O’Estado de São Paulo y O’Globo, de Río de Janeiro.


La única forma que el Estado tiene para quedarse con el 72% de las acciones que le falta para ser dueña del 100% de Papel Prensa será consiguiendo que el Congreso vote su nacionalización, algo que sólo podría –y remotamente– lograr antes del próximo diciembre, porque ni a Clarín ni a La Nación les convendría venderla a ningún precio.


Sí podrá el secretario de Comercio molestar, como denunció el consejero de Papel Prensa Carlos Collasso ante escribano al decir que “el licenciado Moreno habló también del Sindicato del Papel, manifestando que iba a llevar a Papel Prensa a los sindicatos y en especial a los agresivos, con intención de que hagan manifestaciones e intervengan la sociedad con huelgas”, como también denunciar sobre contaminación e incumplimiento de normas ambientales de su fábrica.


El último temor que le queda a Clarín trasciende lo económico. Así como muchos importadores se quejan de que la Aduana no les aprueba las licencias automáticas de importación (área que supervisa directamente Moreno) y, por ejemplo, no se consiguen neumáticos de autos importados, o los muebles demoran ocho meses en ser liberados del puerto, algo similar podría suceder con el papel importado una vez que eventualmente el Estado hubiera nacionalizado Papel Prensa.


Actualmente, el papel está dentro de las partidas arancelarias que no requieren autorización previa de importación, pero bastaría una mera reclasificación para que Moreno pudiese regular la cantidad de papel que dispondría cada diario volviendo a lo que hizo Perón en los años 50, cuando no se fabricaba papel en el país y todo era importado, apelando a un organismo centralizador de importaciones –IAPI–, que lograba que el diario opositor La Prensa padeciera tal desabastecimiento que sólo podía aparecer con cuatro páginas diarias. Si bien esa amenaza afecta a todos los diarios, quien más la sufriría sería Clarín, porque su modelo de negocios es el de utilizar más intensivamente el papel como ventaja comparativa frente a sus competidores, porque es el que siempre da más.




http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0407/articulo.php?art=17352&ed=0407----------


Una historia inventada para quedarse con Papel Prensa
24/08/10 - 01:44

Ante la ofensiva del Gobierno contra Papel Prensa, que tras una escalada de meses alcanza hoy su punto más alto con un anuncio oficial, los diarios accionistas de la empresa, Clarín y La Nación, decidieron difundir el siguiente comunicado, a fin de informar la verdad a la opinión pública.


Los accionistas privados de Papel Prensa venimos denunciando desde hace casi un año un plan del gobierno nacional para apoderarse de la compañía y controlar el papel para diarios, insumo esencial de la prensa libre. Controlar el papel es controlar la información, y esto es lo que el Gobierno viene buscando a través de varias herramientas: la propaganda oficial, la ley de medios, el control del acceso a la información, el manejo militante de los medios públicos y la multiplicación de los medios paraoficiales. En los últimos días, esta intención de avasallar el derecho de la sociedad a la libre elección y expresión se reveló de manera muy clara con la cancelación de la licencia de un proveedor de Internet.



Esta misma matriz autoritaria y de control mediático es la que se viene revelando en Papel Prensa. El Gobierno ha elegido varios mecanismos para cumplir su cometido, y también ha elegido un personero para todos esos frentes, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien ha sido denunciado penalmente por La Nación y Clarín por llevar adelante un plan ilegal para hacerse de la compañía. Tras su incursión con guantes de boxeo en una asamblea, y luego de amedrentar al personal con alocuciones bélicas, el último capítulo de Moreno al frente de su cruzada ha sido pretender arrogarse facultades judiciales y liderar una falaz investigación sobre la historia de la compañía, buscando convertirla en un caso de derechos humanos y de delitos de lesa humanidad, algo que le fue ordenado desde lo alto del poder y que resulta inconcebible hasta en las especulaciones más maquiavélicas. Para esto viene distorsionando con alevosía hechos históricos, manipulando dolosamente personas y situaciones, reclutando aliados de sugestiva plasticidad y reescribiendo la historia, bastardeando así la bandera de los derechos humanos, en lo que constituye una de las prácticas más deleznables del kirchnerismo. Nunca, en 27 años de democracia, Papel Prensa recibió ningún cuestionamiento administrativo o judicial por su origen. La empresa nació en 1972 de la mano de la Editorial Abril, de César Civita, luego fue adquirida por el grupo Graiver y en 1976, cuando este último atravesaba graves problemas financieros con la quiebra de dos de sus bancos en el exterior, fue ofrecida por sus dueños a Fapel, sociedad constituida por los diarios La Nación, Clarín y La Razón. Fapel había nacido dos años antes para construir otra fábrica de papel, pero decidió abandonar su proyecto para asegurar la continuidad del de Papel Prensa, empresa que en ese momento se encontraba endeudada y paralizada. La compraventa se llevó a cabo el 2 de noviembre de 1976. Fue una operación absolutamente legal y pública, anunciada en todos los diarios de la época. La Opinión, de Jacobo Timerman, padre del actual canciller, afirmó que se trataba de una “ventajosa operación” para los Graiver. En ese momento no había salido a la luz la conexión del grupo Graiver con la organización armada Montoneros, vínculo que en marzo y abril de 1977 desencadenó el repudiable secuestro de varios miembros de ese grupo por la dictadura militar. Los integrantes del grupo Graiver, vendedores de la empresa, fueron ilegalmente detenidos 5 meses después de la venta de Papel Prensa y por imputaciones ajenas a este tema. Al momento de esa operación, los Graiver estaban libres: no habían sido secuestrados ni torturados ni amenazados por la dictadura gobernante. Así surge de las causas en las que declararon en democracia, tanto ante el juez federal Miguel Pons como ante la Cámara Federal, en este caso luego de la condena a las Juntas Militares.



La Justicia no encontró vínculo alguno entre la detención de los Graiver y Papel Prensa. La compra también fue investigada, ya en democracia, por el entonces fiscal nacional de Investigaciones Administrativas, Ricardo Molinas, que no encontró irregularidades. En todos esos procesos declararon los hermanos Lidia y Osvaldo Papaleo y nunca mencionaron presión alguna de los diarios.



Lidia Papaleo también declaró en sede judicial que no participó de las negociaciones, que fueron llevadas a cabo por Juan e Isidoro Graiver, padre y hermano, respectivamente, de David Graiver. Ella sólo firmó en representación de su hija menor y por una parte minoritaria de las acciones que pertenecían a la sucesión de David Graiver. Pero la venta de esas acciones no se concretó porque el juez que debía aprobarla nunca se expidió. Así, pasaron al Estado Nacional junto con otros bienes de los Graiver.



Desde que se reveló el plan del Gobierno para apropiarse de la compañía, los voceros oficiales y sus aliados circunstanciales vienen cambiando su discurso cuantas veces fuera necesario para intentar instalar una mentira que resulte incomprobable o al menos deje sembrada una duda. Siguiendo la máxima de Joseph Goebbels, el padre de la propaganda nazi, “miente, miente, que algo quedará”. Primero dijeron que la empresa se vendió con los Graiver secuestrados; después, que se hizo en un intervalo de su secuestro, y finalmente, bajo presión de los diarios.



Lidia y Osvaldo Papaleo y Rafael Ianover declararon en democracia respecto de los vejámenes que sufrieron durante su secuestro. Jamás denunciaron estos hechos que hoy, sugestivamente, aparecen de la mano de Guillermo Moreno y tras reunirse con el matrimonio Kirchner. El objetivo para la cúpula del poder es obvio: una nueva manera de ir contra la prensa independiente, n este caso a través del control de su insumo básico y del intento de criminalizar a los principales diarios del país.



Papel Prensa fue una empresa perseguida por el entonces almirante Emilio Massera –quien logró intervenirla– y ahora lo es por los Kirchner y por Moreno. La frase de este último “aquí no se vota”, proferida a los gritos en la última asamblea, es una buena metáfora para comprender las semejanzas de quienes buscan o han buscado controlar la información en la Argentina. Es de esperar que la manipulación de los derechos humanos, la mentira lisa y llana y la persecución de raigambre autoritaria encuentren rápidamente un freno decidido en las instituciones de la democracia.


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ver relacionadas





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24-08-2010 | Política

"Confío en que la democracia pase esta verdadera prueba”, sostuvo la presidenta en torno a esta "historia sórdida y de vejaciones".

"Coincido con Clarín: quien controla Papel Prensa controla la palabra impresa"

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner presentó esta tarde "Papel Prensa: La Verdad" y reseñó en su discurso la historia sobre la apropiación de esa empresa por parte de los diarios Clarín y La Nación durante la última dictadura militar. Anunció la presentación del informe en la Justicia, y el envío al Congreso de un proyecto de ley para declarar de interés público la producción de pasta base de celulosa y la formación de una comisión bicameral de seguimiento del funcionamiento de la firma.

Cristina Fernández afirmó hoy en Casa de Gobierno que “hubo negativas para presentar documentación a los funcionarios, por lo que debimos solicitar la intervención de la Justicia”.

“Así debió hacerse para acceder a la documentación y saber qué pasa en la empresa”, dijo, además de criticar el editorial publicado por Clarín el domingo último. "Coincido con Clarín en que quien controla Papel Prensa controla la palabra impresa", aseveró.

Dijo que “la empresa es la única que produce pasta celulosa para fabricar papel de diario” y agregó que también “lo distribuye y comercializa como compañía monopólica integrada verticalmente”.

Cristina indicó que “el pacto de sindicalización entre los tres diarios controlantes (Clarín, La Nación y La Razón) fue obtenido en un expediente judicial, en la quiebra de La Razón. Estaba allí porque en esa quiebra se efectiviza ese pacto para que Nación y Clarín sustraigan a la masa de la quiebra -que no se puede hacer- la parte de La Razón".

Indicó que "hay que distinguir tres etapas" en la historia de Papel Prensa: el grupo fundador de los generales Onganía y Lanusse, el período
del Grupo Graiver, quien compró las acciones, y un tercer período que comenzó el 24 de marzo de 1976, cuando “se produce el apoderamiento de la empresa” y añadió que “se trató de un thriller argentino”.

“Cuando detuvieron a Ianover en 1977 lo llevaron al pozo de Banfield. Lo vendaron y le prohibieron hablar. Sólo podían conversar de fútbol. Alguien le preguntó si era Sajón, el ex secretario de Prensa del general Lanusse. Estaba desaparecido y continúa en esa situación. Ianover relató que ahí se dio cuenta dónde estaba y el terror se apoderó de él”, reseñó la presidenta.

En 1976 “se suceden los hechos con verdadero vértigo, lo que reveló que aquellos que suscribieron contratos lo hicieron sin libertad”.

Añadió que "el 7 de agosto de 1976 murió David Graiver en un extraño accidente aéreo. El 24, su mano derecha, Rubinstein, inicia el juicio sucesorio, sin tener la partida de defunción de aquél. Ese era el apuro. Ianover había sido visitado por un grupo de tareas que tuvo a toda su familia secuestrada en su departamento hasta las 4 de la mañana. Le dijeron que firmara un documento diciendo que no le faltaba nada en su casa. Tuvo que hacerlo”.

"Ese era el marco de presiones y amenazas. Era el país en el que vivíamos", destacó Fernández de Kirchner.

Lidia Graiver presentó el escrito el 9 de marzo de 1977 "en representación de su hija", que no había cumplido dos años. “El juez jamás autorizó esto y, a los 5 días, la toman detenida 15 años”, continuó.

“Durante su detención fue torturada y violada. Por los golpes recibidos fue operada de un tumor cerebral en cautiverio. La misma suerte corrieron sus suegros, Ianover y otros miembros del grupo económico. Le habían vendido a la empresa Fapel SA, compañía de paja o que luego desaparecen. Era de Clarín, La Nación, La Razón y algunos abogados. Fapel transmite todo a los otros grupos en diez días", indicó.

“Conservaron la libertad hasta firmar los papeles porque, de lo contrario, Papel Prensa hubiese quedado interdictada también. Es una fotografía perfecta. Los Graiver quedaron con todo su patrimonio interdictado, a excepción de Papel Prensa, antes de ser sometidos al Consejo de Guerra Federal", dijo, y añadió que Graiver "vendió las acciones en 996 mil dólares. El Banade señaló que valían 2.316.000 dólares”.

"Lidia cobró por adelanto 7 mil dólares y el resto le iba a ser pagado en cuotas a partir de los 3 meses, cuando la detuvieron”, sostuvo, para sentenciar: “Nunca iba a cobrar". El dinero "se depositó en una escribanía y lo retiraron los diarios".

Dijo que “los tres diarios publicaron cómo adquirieron las acciones previa consulta y conformidad de la Junta Militar” y sostuvo que “no hallaron objeciones y celebraron el contrato vía Fapel el 2 de noviembre de 1976”.

Prosiguió detallando que “la compañía comenzó a funcionar con el pacto de sindicalización celebrado el 18 de agosto de 1977 y es un documento imperdible hallado en la quiebra de La Razón”.

“Allí aparecían los verdaderos valores y también cómo iban a votar en representación de sus diarios ante la empresa. Lo firmaron Noble, Mitre y Peralta Ramos. Decidieron conformar un comité directivo, integrado por Mitre, Peralta Ramos y Magnetto. Era el corazón, el verdadero sistema de decisión de la compañía hasta hace pocos días”, dijo la presidenta.

“Por todo esto debimos solicitar la intervención judicial. No queremos controlar a nadie sino que dejen de controlar a todos los argentinos. La seguridad jurídica debe ser gozada por todos los empresarios editoriales argentinos", aseveró.

Cristina dijo que queda “un sabor amargo pero la certeza de que hay un poder en la Argentina por sobre quien ejerce la Primera Magistratura, por sobre el poder legislativo y el judicial".

"Como todo verdadero poder, es invisible a los ojos pero aflora en algún momento de la historia”, disparó.

Finalmente, aseguró que el secretario de Derechos Humanos hará presentaciones judiciales para juzgar. “Le daré cauce a una situación que lleva 33 años de manejo oscurantista y con prácticas desleales", además de enviar al Poder legislativo "un proyecto de ley cuyos ejes fundamentales serán declarar de interés público la producción de pasta celulosa, su distribución y comercialización". También le encomendará un marco regulatorio "con tratamiento igualitario para todos los diarios en precio, condiciones y cantidad”.

Dijo que “el proyecto de ley preverá inversiones para que todo sea de producción nacional” y añadió que “la ley impulsará la creación de una comisión bicameral de seguimiento. Queremos que los legisladores, partidos políticos, opinen y voten como mejor les parezca".


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Respuesta de los accionistas privados de Papel Prensa a la Presidenta
25/08/10 - 00:01


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Papel Prensa
Tras el anuncio que esta tarde realizó la presidenta Cristina Kirchner, los accionistas privados de Papel Prensa difundieron el siguiente comunicado, cuyo texto se reproduce completo:




LOS ACCIONISTAS PRIVADOS DE PAPEL PRENSA ANTE LAS FALSEDADES DE LA PRESIDENTA


Frente a las falsas y maliciosas acusaciones formuladas esta tarde en la Casa de Gobierno, los accionistas privados de Papel Prensa ratifican que:


La compra de Papel Prensa, concretada 34 años atrás por parte de los diarios Clarín, La Nación y La Razón, fue efectuada de manera absolutamente legítima.


La compra de las acciones de Papel Prensa tuvo lugar el 2 de noviembre de 1976 y se le dio amplia publicidad en los diarios de todo el país.


Los integrantes del Grupo Graiver, vendedores de la empresa, fueron secuestrados y detenidos al año siguiente de la venta, por imputaciones totalmente ajenas a Papel Prensa y su compra parte de los diarios.


Al momento de vender, los Graiver estaban libres, no habían sido secuestrados, torturados ni amenazados por la dictadura. Así surge de las causas judiciales en las que declararon en democracia, en las que relataron los vejámenes a los que fueron sometidos durante su secuestro e identificaron a sus responsables.


Los Graiver decidieron vender esa empresa, así como otros importantes activos de su propiedad, para cancelar cuantiosas deudas que tenían. Así lo declararon en la Justicia, en democracia La operación fue calificada por el diario La Opinión, dirigido por Jacobo Timerman, padre del actual canciller, como "ventajosa para los Graiver".


Las acciones de la sucesión Graiver, reiteradamente mencionadas por la Presidenta, nunca fueron adquiridas por los diarios, que desistieron de dicha operación ante la indefinición del juez de la sucesión, que debía aprobarla. Dichas acciones pasaron al Estado Nacional, como otros bienes de los Graiver, y hoy son parte del paquete accionario con el que el Estado vota en la empresa.


El caso Graiver ya fue investigado en democracia por el Juez Miguel Pons y la Cámara Federal, en este caso luego de la condena a las Juntas Militares. La Justicia no encontró vínculo alguno entre la detención de los Graiver y la venta de Papel Prensa. La transacción también fue investigada, en democracia, por el fiscal Ricardo Molinas, quien tampoco encontró irregularidades en la compra por parte de los diarios.


Los diarios del interior del país desarrollaron en la misma época otro proyecto papelero, Papel del Tucumán, que luego fue adquirido sucesivamente por los grupos Bulgheroni y Pierri. Esta empresa hoy no produce papel para diarios por su baja rentabilidad. Si lo hiciera, como estaba previsto, el mercado más que se autoabastecería de productos nacionales.


Papel Prensa es una empresa privada, una sociedad anónima regida por la ley de sociedades comerciales, que siempre cumplió la ley. En este contexto sorprende que un convenio de sindicación entre socios, habitual en muchas empresas, intente ser presentado como algo irregular.


La empresa abastece a más de 170 diarios de todo el país, sin discriminar por tamaño, ubicación o línea editorial.


Es falso que el abastecimiento de papel en la Argentina sea un monopolio. Muy por el contrario, el papel es commodity, y además es uno de los pocos productos que se importan sin ningún tipo de restricciones ni aranceles. Papel Prensa compite como pocas industrias lo hacen en la Argentina, sin ningún tipo de protección frente a los productos importados. Hay abundante presencia en el mercado de productores del exterior. Las exportaciones de nuestro vecino Chile triplican las importaciones de Argentina. También operan proveedores de lugares tan diversos como Canadá, Finlandia, Rusia, Estados Unidos y Suecia, entre otros.


De hecho, muchos de los diarios argentinos vienen comprando papel importado más barato que el de Papel Prensa.


Papel Prensa ha reinvertido constantemente sus utilidades desde su puesta en marcha, pasando de una producción anual de 105 mil toneladas a una de 175 mil toneladas.


Es falso que Papel Prensa oculte información. Más aún, en los últimos meses ha puesto a disposición de los directores estatales más de 30 mil fojas de documentos, muchas de las cuales ni siquiera fueron retiradas. La designación de un coadministrador judicial fue consecuencia de dos resoluciones arbitrarias de la Comisión Nacional de Valores que han sido declaradas nulas por la Cámara Comercial, la última de ellas ayer. Previamente, el coadministrador judicial presentó su renuncia debido a las intimidaciones y coacciones del secretario Guillermo Moreno.


La puesta en escena de la Casa Rosada confirma la intención del Gobierno Nacional de criminalizar a los accionistas de Papel Prensa apelando a innumerables mentiras, hechos que no ocurrieron, manipulación de testigos y tergiversaciones de la historia, bastardeando en el camino la causa de los derechos humanos.


El falaz informe encomendado nada menos que a los funcionarios que destruyeron el INDEC y presentado por la Presidenta, confirma la vocación de estigmatizar a medios, editores y periodistas no adictos. Del mismo modo, el proyecto de ley anunciado aparece como un nuevo riesgo de intervención estatal en el mercado de los medios gráficos.


Este no es sólo un ataque a los accionistas de Papel Prensa. El abuso manifiesto del Estado para perseguir injustamente a medios y directivos de empresas periodísticas es una clara muestra de autoritarismo y una amenaza a la libertad de expresión y el resto de las libertades individuales.


Buenos Aires, 24 de agosto de 2010.-






http://www.clarin.com/politica/Respuesta-accionistas-Papel-Prensa-Presidenta_0_322767974.html

¿QUE DICE EL INFORME DEL FISCAL MOLINAS?
INFORME FISCAL MOLINAS
El fiscal había pedido anular la venta

El fallecido fiscal Ricardo Molinas, que durante la gestión de Raúl Alfonsín investigó la transferencia del paquete accionario de la empresa Papel Prensa a sus actuales socios privados, pidió en su momento la anulación de esa operación


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Y otra vez Tn edita el video del programa palabras más, palabras menos que hoy se puede ver en el  portal de TN y corta el final de la entrevista con Fontevecchia - PAPEL PRENSA LA VERDAD - DIA HISTORICO - Aug 25

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Ahora, los dueños de Papel Prensa dicen que quien controla el papel controla la información
Publicado el 25 de Agosto de 2010

En una desenfrenada carrera por difamar al gobierno que jaquea sus intereses económicos, los medios tradicionales no dudan a la hora de comparar al kirchnerismo con el dictador Emilio Massera y con el nazi Joseph Goebbels.

Clarín y La Nación reconocieron ayer ser los “controladores de la información” y dejaron trascender que la pelea con el gobierno por la empresa Papel Prensa está relacionada con la disputa por “controlar el papel”.
En la desenfrenada carrera mediática por desprestigiar al gobierno que pone en juego sus intereses económicos, los principales medios decidieron ahora difundir una proclama conjunta (que ambos publicaron en sus tapas de ayer), bajo el título: “Una historia inventada para quedarse con Papel Prensa”. Y, en medio de las difamaciones más terribles, como comparar medidas del gobierno democrático con las de Emilio Massera o decir que se actúa bajo “las máximas” del publicista nazi Joseph Goebbels (“miente, miente, que algo quedará”), los máximos referentes de la concentración mediática se detienen en poner el acento en que “la compra de Papel Prensa no se hizo durante la persecución a la familia Graiver”, porque “los integrantes del Grupo Graiver fueron ilegalmente detenidos cinco meses después de la venta de Papel Prensa”. No explican, Clarín y La Nación, los detalles de la operación económica ni por qué los principales medios de comunicación debían ser los dueños exclusivos del papel, en desmedro de sus competidores.
La misiva dice: Los accionistas privados de Papel Prensa venimos denunciando desde hace casi un año un plan del gobierno nacional para apropiarse de la compañía y controlar el papel para diarios, insumo esencial de la prensa libre. Controlar el papel es controlar la información, y esto es lo que el Gobierno viene buscando a través de varias herramientas: la propaganda oficial, la ley de medios, el control del acceso a la información, el manejo militante de los medios públicos y la multiplicación de los medios paraoficiales. En los últimos días, esta intención de avasallar el derecho de la sociedad a la libre elección y expresión se reveló de manera muy clara con la cancelación de la licencia de un proveedor de Internet.”
Y acusan: “Esta misma matriz autoritaria y de control mediático es la que se viene revelando en Papel Prensa. El Gobierno ha elegido varios mecanismos para cumplir su cometido, y también ha elegido un personero para todos los frentes, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que ha sido denunciado penalmente por La Nación y Clarín por llevar adelante un plan ilegal para hacerse de la compañía.” Y dice que el funcionario “lidera una falaz investigación sobre la historia de la compañía, buscando convertirla en un caso de derechos humanos y de delitos de lesa humanidad, algo que le fue ordenado desde lo alto del poder y que resulta inconcebible hasta en las especulaciones más maquiavélicas.”
Agregan que: “Los integrantes del Grupo Graiver, vendedores de la empresa, fueron ilegalmente detenidos 5 meses después de la venta de Papel Prensa y por imputaciones ajenas a este tema. Al momento de esa operación, los Graiver estaban libres: no habían sido secuestrados ni torturados ni amenazados por la dictadura gobernante.”
Luego cuentan pormenores de la “historia oficial” de la operación y se explayan: “Desde que se reveló el plan del Gobierno para apropiarse de la compañía, los voceros oficiales y sus aliados circunstanciales vienen cambiando su discurso cuantas veces fuera necesario para intentar instalar una mentira que resulte incomprobable o al menos deje sembrada una duda. Siguiendo la máxima de Joseph Goebbels, el padre de la propaganda nazi, ‘miente, miente, que algo quedará’, primero dijeron que la empresa se vendió con los Graiver secuestrados; después, que se hizo un intervalo de su secuestro, y finalmente, que fue bajo presión de los diarios (…) El objetivo para la cúpula del poder es obvio: una nueva manera de ir contra la prensa independiente. Papel Prensa fue una empresa perseguida por el entonces almirante Emilio Massera –quien logró intervenirla– y ahora por los Kirchner y por Moreno. La frase de este último, ‘aquí no se vota’, proferida a los gritos en la última asamblea, es una buena metáfora para comprender las semejanzas de quienes buscan o han buscado controlar la información en la Argentina.”
Y concluyen pidiendo ayuda a sus socios, los opositores políticos: “Es de esperar que la manipulación de los derechos humanos, la mentira lisa y llana y la persecución de raigambre autoritaria encuentren rápidamente un freno decidido en las instituciones de la democracia.”


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Informe Papel Prensa


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Documento Final
        (Documento Final al 23-08-2010 hora 13)

Lidia Papaleo de Graiver

Rafael Ianover

José Pirillo

Victor Javkin

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informe papel prensa 

Papel Prensa: "La Verdad" de Clarín y La Nación




Clarín y La Nación dieron difusión a una serie de documentos por medio de los cuales buscan desmentir irregularidades en la compra de las acciones.


El primer documento emitido por los accionistas privados comienza: "El ex Presidente Néstor Kirchner está desarrollando un plan para controlar y dominar a los medios que no le son afines. Esta política se acentuó luego de la derrota del Gobierno en las elecciones legislativas del año pasado, cuando Kirchner culpó del resultado electoral a la posición editorial de los medios".

PAPEL PRENSA DOCUMENTO 2010.pdf, PAPEL PRENSA DOCUMENTOS RESPALDATORIOS PARTE 1.pdf
 





ISIDORO GRAIVER, NOTICIAS FALSEADAS Y UNA PREGUNTA PARA RICARDO ALFONSIN - Aug 26


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98-06-07

DIA DEL PERIODISTA

UNA MISIÓN DE LA SIP CONSTATÓ EN 1978 QUE PARA LOS EDITORES DE DIARIOS LA SEGURIDAD NACIONAL TENÍA PRIORIDAD SOBRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN




Cooperación- "Otros editores y directores dijeron que no le dan espacio a la violencia porque están de acuerdo con la campaña del gobierno en contra del terrorismo y que van a cooperar".

Una foja del informe original de la SIP de 1978
Un documento invalorable para una reflexión sin autoindulgencia ni hipocresía.



Hoy es el Día del Periodista y los medios se cantan y se celebran a sí mismos. Pero hace veinte años una misión de la Sociedad Interamericana de Prensa, que agrupa a los dueños de periódicos del continente, constató que los principales editores de diarios argentinos asignaban prioridad a la seguridad nacional sobre la libertad de expresión, justificaban la censura alegando que compartían los objetivos de la dictadura militar, se negaban a informar sobre la desaparición de personas y se beneficiaban de ese comportamiento, asociándose con el Estado en la explotación de una fábrica de papel. Ese documento excepcional, redactado por los dueños de dos diarios estadounidenses, fue ocultado por la prensa argentina, que llegó a rechazar un premio otorgado por la SIP.

En el Día del Periodista, los medios argentinos se cantan y se celebran a sí mismos. No muestran el mismo entusiasmo por la revisión del pasado. Cuando la encaran, como hizo hace dos meses el presidente de ADEPA, Claudio Escribano, aducen que "no fuimos recios en la crítica contra los hombres que se excedieron en el ejercicio del poder. Debemos lamentar no haber alzado más la voz, porque hubiéramos contribuido a la salud de la República". En ese contexto de autoindulgencia, contribuye a la salud de la República la divulgación de un documento excepcional, redactado hace ahora veinte años por dos periodistas norteamericanos, que visitaron la Argentina como representantes de la Sociedad Interamericana de Prensa, que agrupa a los propietarios de periódicos de todo el continente. Edward Seaton, propietario del diario "Mercury" de Kansas, e Ignacio Lozano, de "La Opinión" de Los Angeles, constataron que para los editores argentinos la seguridad nacional tenía prioridad sobre la libertad de expresión, que justificaban la censura porque se declaraban de acuerdo con la dictadura militar (dentro de la cual distinguían entre duros y moderados y con la cual deseaban cooperar), que se negaban a informar sobre la desaparición de personas y que se beneficiaban de tal comportamiento al asociarse con el Estado para la producción de papel. La prensa argentina ocultó ese documento y varios de sus representantes expresaron su desacuerdo con él rechazando un premio que la SIP confirió a los periodistas argentinos con la intención de ayudarlos en una lucha por la libertad de expresión, que los editores no estaban interesados en librar.

"Absoluta libertad"

La SIP describió a la prensa argentina como "un grupo de periodistas desesperados que escriben y editan en condiciones extremadamente difíciles" pero se sorprendió de que aceptaran "las reglas de la censura impuesta directa o indirectamente por el gobierno militar. Nuestra misión chocó a cada paso con la opinión de que la Argentina", por citar a un editor, "goza de absoluta libertad de prensa dadas las circunstancias". Entre el 18 y el 25 de agosto de 1978 la misión entrevistó a más de cinco docenas de personas que se refirieron a "una situación de guerra" en la que "el país se acercaba a un estado de anarquía". La guerrilla controlaba hasta "territorios próximos a Buenos Aires". Antes del golpe "no había ley ni Justicia" y los secuestros y asesinatos eran tan comunes "que la información sobre ellos pasó a ser como la de los accidentes de tránsito, agrupados en los diarios de a cinco o seis por día bajo un único título. La gente se volvió tan insensible a la muerte, a los secuestros y asesinatos que, de acuerdo con varios directores, el país llegó al borde de la barbarie".

La mayoría de las fuentes consultadas por los visitantes dijo que sin la intervención militar el país hubiera sucumbido a la guerrilla. Después del golpe, se arresta a los sospechosos "a menudo sin proceso". El ministro del interior, general Albano Harguindeguy, dijo a la misión de la SIP que "1500 de esos ‘desaparecidosí estaban detenidos sin proceso por las autoridades militares" y que no serían liberados o juzgados porque eran "prisioneros de guerra". Fuentes extraoficiales "sugieren que su número puede ser de tres a seis veces mayor" y el propio gobierno reconoce en privado que hasta un 20 por ciento de esas detenciones "se deben a confusiones de identidad u otros errores". Harguindeguy dijo que en muchos casos no era posible formular cargos porque las pruebas, "aunque convincentes para los militares, no se sostendrían ante la Justicia". La misión citó un informe de Amnesty International acerca de 39 periodistas desaparecidos hasta enero de 1978, 40 detenidos y otros 22 asesinados, la clausura o suspensión temporaria de más de 60 publicaciones y la clausura permanente de otras tres docenas. Cuatro diarios fueron intervenidos, "La Opinión" de Buenos Aires, "La Opinión" de Trenque Lauquen, "El Independiente" de La Rioja y "El Norte" de Resistencia. "Esas cuatro publicaciones dirigidas ahora por autoridades militares y las publicaciones privadas que sobreviven enfrentan una situación de 'posguerra' dominada por el miedo y la autocensura".

Prioridades- "Es difícil que los observadores externos se sientan bien en un país cuyos principales editores de diarios dicen que la seguridad nacional tiene prioridad sobre la libertad de expresión".



Ministerio del miedo

Según la SIP, "no rigen las garantías constitucionales y el gobierno tiene amplias facultades para confiscar tiradas completas, cerrar publicaciones y disponer arrestos". Sin embargo, la censura no es tanto el resultado de un decreto como de "la proliferación del miedo. Miedo personal a sufrir daño, miedo a la clausura u otro castigo oficial, y miedo a debilitar a los elementos moderados del gobierno que quieren el retorno a la democracia. Cada una de esas fuentes de temor contribuye a la extendida autocensura que practica la prensa del país. La increíble inseguridad que enfrentan editores, directores y periodistas, ha inducido a la mayoría de ellos a no asumir riesgos", aunque "muchos reconocen que mucho de lo que no publican probablemente podría publicarse sin provocar las iras del gobierno". Los editores "también deben contemplar la posibilidad de represalias paraoficiales por elementos militares que actúan fuera del control de las autoridades superiores. Un periodista se refirió a este fenómeno como 'gangsterismo gubernamental'. Además, deben temer represalias de los grupos terroristas completamente ajenos al gobierno".

"La justificación para el castigo rara vez se explica en forma clara". Por ejemplo, "La Opinión" fue clausurada por publicar que "el Ejército había decidido proclamar como el próximo presidente a su representante en la Junta, el general Jorge Videla". La ironía es que el diario está dirigido por las propias Fuerzas Armadas. El funcionario a cargo renunció tres semanas después y fue reemplazado. "Crónica", un vespertino de Buenos Aires, levantó la historia, suponiendo que provenía de los militares. El decreto de clausura de ambos diarios dijo que la nota presentaba "disfrazada como un rumor, una temeraria afirmación acerca de decisiones unilaterales de una institución" que después la realidad confirmó. "El Día" de La Plata "enfrenta un tipo distinto de represalia, porque aparentemente desagrada a las autoridades locales de esa ciudad. El gobierno provincial retiró la publicidad oficial, estimada en unos 100.000 dólares por año; los periodistas de "El Día" no son admitidos en los despachos oficiales y se han enviado minuciosas inspecciones a su sede en busca de evidencias sobre infracciones edilicias menores".

Kafka y Walsh

"Nadie está ni siquiera seguro acerca de quién es responsable de las desapariciones y las muertes que, aunque menos frecuentes últimamente, han llegado a ser lugar común. Debido a este aspecto de la realidad argentina, la atmósfera es la de una sociedad totalitaria, aunque no demasiado bien organizada. Es como vivir en una novela de Franz Kafka. Hay gente que muere, gente que desaparece y luego reaparece. El periodista Julián Delgado, director del principal diario económico, 'El Cronista Comercial', por ejemplo, desapareció recientemente junto con su auto. No se encontraron rastros de ninguno de ellos. Los secuestros de medianoche por personas vestidas de civil a veces terminan con arrestos reconocidos luego por las autoridades. Pero en muchos casos tal reconocimiento no se produce y, sin embargo, la policía no los investiga".

"El caso de Rodolfo Walsh ilustra lo que puede ocurrir. Walsh es uno de los más conocidos periodistas investigativos del país y un abierto y activo partidario del peronismo de izquierda". El día anterior a su secuestro "difundió una Carta Abierta a la Junta Militar denunciando, en el primer aniversario del golpe, las violaciones a los derechos humanos y deplorando el impacto de su gobierno sobre la Argentina. La carta fue la más poderosa y detallada denuncia del gobierno aparecida desde el golpe". La responsabilidad por tales actos "nunca es clara. Varios periodistas bien informados dijeron a nuestra misión que creen que el gobierno no se propone perseguir a los periodistas. Su sospecha es que militares de jerarquías inferiores puedan estar actuando por su cuenta en esos casos. Nuestras fuentes dijeron que en muchos casos los máximos líderes militares no pueden controlar a sus subordinados y que en realidad la Argentina no tiene uno sino el equivalente a seis o siete gobiernos. Además, algunos asesinatos y secuestros también pueden ser responsabilidad de los terroristas de izquierda, dicen".

"Esta situación de extrema inseguridad parece estar mejorando", dice el informe. "El número de asesinatos y desapariciones se ha reducido. Y desde abril, fecha de la más reciente clausura de una publicación, las represalias oficiales han disminuido". El secretario de información pública, almirante Franco, prometió a la misión que no habría más clausuras y que "de ahora en más los llamados desde su oficina se limitarían a pedidos, antes que advertencias o reprimendas". Otros "signos alentadores" mencionados fueron la derogación de dos decretos que prohibían publicar o difundir noticias sobre el país escritas por agencias extranjeras y comentarios sobre el país publicados en el exterior, y el anuncio de "planes para devolver a manos privadas todas las estaciones de radio y televisión excepto un canal cultural no comercial en Buenos Aires y uno en cada capital provincial", algo que no ocurrió.

Zonas grises

"La mayoría de los diarios ignoran la mayoría de los secuestros. Por ejemplo, pocos quisieron cubrir la desaparición de diez dirigentes de las llamadas Madres Locas que se reúnen los jueves frente a la sede presidencial". Luego de referirse a una desaparición en la que habría autoridades comprometidas, la misión consignó que "ningún diario quiere publicar los hechos de los que se deriva esta implicación ni designar un equipo de investigación para ir a fondo. Como expresó un editor, 'si publico los datos de ese caso que conozco, el que desaparece soy yo'. Tres días después de nuestra partida, el director de la revista 'Confirmado', Horacio Agulla, fue muerto a tiros mientras estacionaba su auto en un barrio de clase alta de Buenos Aires". El mismo día "otro periodista, Juan Ramón Nazar, que fue editor del diario 'La Opinión' de Trenque Lauquen fue liberado luego de más de un año desde su secuestro".

"La Argentina está bien lejos de haber vuelto a la normalidad. Muy pocas publicaciones están dispuestas a asumir el riesgo de cubrir la violencia que permea la sociedad. Sólo unos pocos diarios publican en forma habitual noticias sobre secuestros y actividades subversivas. La mayoría de los editores que nuestra misión entrevistó se justificaron por no publicar noticias sobre desaparecidos con afirmaciones como esta: 'De tan común no es noticia'. El director que dijo esto, el mismo día publicó en su diario informaciones sobre secuestros y asesinatos en el exterior. Otros editores y directores dijeron que no le dan espacio a la violencia porque están de acuerdo con la campaña del gobierno en contra del terrorismo y que "van a cooperar". La extensión de esta actitud quedó demostrada en mayo [de 1978] cuando "La Prensa" publicó la lista de 2.500 personas que habían "desaparecido". De acuerdo con un vocero del organismo de derechos humanos que pagó la solicitada, la lista había sido rechazada antes por lo menos en otros tres diarios de Buenos Aires. Y pocos diarios de Buenos Aires informaron de que se hubiera publicado semejante lista". Durante el campeonato mundial de fútbol "fue colocada una bomba en la planta fabril de un gran diario de Buenos Aires, que no publicó la noticia. Cuando explotó otra en el edificio del 'Buenos Aires Herald', el único diario que lo cubrió fue el propio 'Herald'. La prohibición "de toda información independiente sobre actividades subversivas se ha ido relajando". Pero el problema "consiste en saber dónde está el límite. Implicar a los militares en las desapariciones está claramente fuera del límite, aun cuando el propio presidente Videla haya admitido públicamente que la lucha contra la subversión condujo a excesos que deben ser controlados. Los pocos diarios dispuestos a correr riesgos, exploran en forma constante esta zona gris, en busca del límite. Pero la mayoría acepta las normas del gobierno sin quejarse, y en las zonas grises son muy prudentes. Una notable excepción a la ausencia de cobertura de esos crímenes es el "Buenos Aires Herald", el valiente David que recibió el premio Mergenthaler en nuestra última reunión", que se publica en inglés y cuyo director, Robert Cox, fue arrestado y detenido durante 24 horas bajo acusación de violar una ley de seguridad por informar en la tapa acerca de una conferencia de prensa de extremistas argentinos en Roma. Luego del retiro de la misión, Cox marchó al exilio. Según Seaton y Lozano "en este cuadro sombrío no faltan signos alentadores". La promesa de que no habrá más clausuras y las declaraciones oficiales acerca de que "la prensa no tiene nada que temer del gobierno, son estimulantes. Pero es difícil que los observadores externos encuentren algún consuelo en los comentarios de editores y directores de que vivieron la mayor parte de su vida bajo estado de sitio, de modo que la situación actual no es necesariamente anormal. Tampoco pueden sentirse bien en un país cuyos principales editores de diarios dicen que la seguridad nacional tiene prioridad sobre la libertad de expresión".





El papel del crédito

"Otro aspecto de la situación que perturbó a la misión es el crédito a largo plazo que el gobierno concedió a los diarios para una planta de papel". Seaton y Lozano entendieron el deseo de los diarios de desarrollar su propia provisión de papel, "de modo de no estar sujetos a los caprichos de la importación controlada por el Estado", pero expresaron "graves reservas sobre el proyecto emprendido por tres grandes diarios de Buenos Aires. 'La Nación', 'La Razón' y 'Clarín' compraron acciones en la nueva planta" mediante un "generoso crédito ofrecido por el gobierno militar. Semejante situación encierra muchos peligros. No es el menor de ellos que esto casi imponga no antagonizar con el gobierno". El informe dedica dos de sus 18 hojas al caso de Jacobo Timerman, "un propietario y director de diario arrancado de su casa en medio de la noche, torturado, privado de su propiedad, juzgado y absuelto por la justicia militar, que sigue prisionero pese a que la Corte Suprema ordenó su libertad" mientras su diario "La Opinión" es dirigido por un coronel. "Todos debemos preguntar cómo llegó Jacobo Timerman a una situación tan desesperada y qué implica esto para el resto de la prensa en la Argentina". Su caso "no es especial porque él sea periodista ni porque sea único. Muchos otros periodistas están presos sin proceso, porque se considera que tienen conexiones con los terroristas, como se pensaba que Timerman las tenía. La diferencia es que Timerman fue juzgado y absuelto por un tribunal militar por delitos subversivos, y sin embargo sigue bajo arresto". Harguindeguy, "quien parece tener completo control sobre estas cosas", informó a la misión que Timerman aún "debía aclarar sus asuntos financieros ante la justicia civil. Normalmente, los juicios civiles no son causa de detención. En consecuencia, la situación de Timerman representa muy claramente el caso de un prominente director y editor arrestado sin causa, cuyo diario "La Opinión" ha sido confiscado". Aunque las acusaciones de conexión con los subversivos han sido refutadas "su diario no le fue devuelto. Timerman cree categóricamente que su detención es un simple caso de antisemitismo. Otras fuentes coinciden con esta evaluación. Timerman está desilusionado por lo que siente como falta de apoyo de los demás editores argentinos. Sin embargo, nueve meses antes de nuestra visita ADEPA, la organización de los editores de diarios, aprobó una declaración exhortando al gobierno a liberar a Timerman y dispuso que sus directivos pidieran una audiencia con el presidente Videla para expresarle su preocupación. Hasta el momento de nuestra visita la audiencia con Videla aún no había tenido lugar", concluye el muy moderado documento de la SIP. A dos décadas de distancia y en una situación por fortuna muy distinta, su lectura ayuda a rememorar la viscosidad del pantano en que la sociedad argentina hozaba entonces. Hoy es el día apropiado.



LAS NEGRITAS

El informe fue presentado a la 34° Asamblea de la SIP, que sesionó en Miami entre el 9 y el 13 de octubre de 1978. Ese último día "La Nación" tituló su crónica "Firme posición de la Argentina ante la asamblea de la SIP", en la que informó que ADEPA había rechazado el premio SIP Mergenthaler, ofrecido en forma colectiva "a los periodistas argentinos que por defender la libertad de prensa han muerto, desaparecido o sufrido encarcelamiento y persecución". La delegación argentina propuso que se cambiara aquel texto por éste: "A los periodistas argentinos en la figura de Alberto Gainza Paz, quien nunca claudicó en la lucha por los principios que sostiene la SIP". La SIP no aceptó y nadie retiró la plaqueta, que quedó colocada en la sede central de la organización.


Según "Clarín" los asistentes argentinos dijeron que la aceptación del premio "sólo contribuiría a la campaña lanzada por ciertos elementos de la prensa internacional para denigrar el buen nombre del país". El mismo diario dijo que "el restablecimiento de la libertad de prensa registró progresos en la Argentina pero dista mucho de llegar a una total normalidad". El artículo reprodujo tres párrafos genéricos del documento (el de los periodistas desesperados, el de la atmósfera totalitaria y los seis o siete gobiernos, y otro en el que se afirma que la prensa afronta una situación compleja) y destacó con negritas el párrafo sobre los "signos alentadores". Entre ellos mencionó "la concesión a las empresas periodísticas de créditos a largo plazo para la adquisición de papel" convirtiendo en positivo lo que el documento había calificado como motivo de "graves reservas". Las negritas también resaltaron la posibilidad de que "los grupos terroristas tengan responsabilidad en los secuestros de periodistas" y una declaración de Jorge Remonda, de "La Voz del Interior", según quien existía "una insidiosa campaña contra la Argentina desatada en el exterior y aberrantes deformaciones de medios extranjeros de comunicación".

"La Nación" también informó que "la representación de la prensa argentina" había rechazado el informe porque "parecería que en vez de ir a la Argentina a cerciorarse de si existe libertad de prensa se ocupó esencialmente del caso de Jacobo Timerman, quien se encuentra a disposición de la Justicia (sic) por hallarse supuestamente mezclado en el 'affaire Graiver'". El diario reseñó sucintamente el documento y luego se extendió en las respuestas indignadas de los argentinos, entre ellos Remonda, quien dijo que en la Argentina no había antisemitismo. En sus crónicas "La Opinión", confiscada por la Junta Militar, destacó una afirmación de la propietaria de "La Nueva Provincia", Diana Julio de Massot, según quien Timerman "estaba detenido por sus notorios vínculos con manejos financieros que aún hoy el gobierno nacional sigue investigando". Según "La Nueva Provincia", Annuar Jorge dijo que "para algunos parece más importante qué clase de gobierno tenemos que el hecho de que hayamos eliminado a los guerrilleros". Los autores del documento respondieron que "no somos miembros de una conspiración internacional contra la Argentina".

http://www.pagina12.com.ar/1998/98-06/98-06-07/pag10.htm

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revista DEBATE 
Papel Prensa, pasado y presente
Por Néstor Leone La ominosa historia de la empresa que tiene como socio mayoritario al Grupo Clarín



Casi como una metáfora de la manera en que se consolidan ciertos poderes fácticos o se adquieren determinados derechos en nuestro país. Así puede leerse hoy la historia de Papel Prensa, la planta productora del insumo básico de los diarios, monopólica en su rubro. Atravesada por una faena engorrosa de venias políticas y favores económicos, algunos más impúdicos que otros, más una cuota importante de tragedia, la empresa puede considerarse un signo de estas últimas cuatro décadas. Con empresarios que saben de prebendas y hacen usufructo de ellas, y con un Estado más bien incompetente que, cual socio bobo, financia las ganancias de sus pares privados en perjuicio de otros actores y, en definitiva, del resto de la sociedad.
Papel Prensa es eso y, además, la empresa que nació a fines de los sesenta para sustituir importaciones y quedó convertida en un coto de exclusiva propiedad de un selecto grupo de empresarios que hizo y deshizo a su piacere. Es eso, y es la empresa que pasó de ser un intento de resolver el principal cuello de botella de los diarios, a una nueva modalidad de cerrojos y elemento de presión. Es eso, y es la empresa que creció para satisfacer una necesidad ligada a promover la libre circulación de ideas y pensamientos, y terminó convertida en piedra basal del poder concentrado de un grupo económico.
Del poco claro Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa, que creó la dictadura de Juan Carlos Onganía para financiar el proyecto, a la primera adjudicación de Alejandro Lanusse a la Editorial Abril. De la decisión de José Ber Gelbard de interceder en favor de David Graiver, a la vinculación de éste con la organización Montoneros. Todo eso contribuyó a darle al proyecto, desde su prehistoria, un halo de hecho enrevesado, sombrío y de intereses ocultos. Pero nada hizo más por hacer más farragoso todo lo que vino después, con el terror de la dictadura de por medio, la apropiación indebida de derechos empresarios como factor necesario y una trama compleja de presiones y acuerdos mal habidos como telón de fondo, que se proyectan como situación inmodificable hasta hoy. A continuación, algunos mojones de esa historia.

EL TERROR
La planta, como tal, nació como una sociedad entre el Estado y la familia Graiver, durante el tercer peronismo, aunque se desarrolló a partir de la última dictadura. Y se hizo posible con el traspaso forzado de acciones de la familia Graiver a sus nuevos dueños, cuando aquélla estaba detenida y siendo “juzgada” por un tribunal militar.
Es cierto, primero hubo un intento formal de comprar las tan codiciadas acciones A de la empresa, no bien se conoció la muerte de su propietario, David Graiver, en un misterioso accidente de aviación, en México, en agosto de 1976. Estuvo a cargo de la Junta Militar que, a través de algunos enviados, “le sugirió” a la familia que vería con agrado que los Graiver transfirieran su parte de Papel Prensa. Pero luego siguieron otras metodologías y otros actores, incluidos los propios empresarios de medios interesados en el negocio del papel. De hecho, como lo reconoció Osvaldo Papaleo a Debate (ver aparte), su hermana Lidia, viuda de Graiver, fue secuestrada pocas horas después de que tuviese una reunión en las viejas oficinas de La Nación, en la calle Florida, con la plana mayor de estas empresas.
Al poco tiempo fue detenida casi la totalidad de la familia, y un tribunal de guerra “condena” a sus integrantes sobre la base de declaraciones arrancadas bajo tortura en el Pozo de Banfield y en el Puesto Vasco, de Bernal, mazmorras bonaerenses de Ramón Camps. En esas mismas sesiones de torturas, se sabe, murió Jorge Rubinstein, que había sido una de las manos derechas de Graiver y era cuñado del sucesor de Gelbard al frente de la CGE, Julio Broner. Pero se sabe menos que unos y otros fueron torturados con más saña por su origen judío. Los bienes de los Graiver, por supuesto, quedaron interdictos por la Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial para ser aprovechados por amigos de la dictadura.
Sin los Graiver de por medio, La Nación, Clarín y La Razón llegaron con cierta facilidad a hacerse de las acciones de la empresa. El pago se hizo con poco efectivo y mucho papel pintado, más una serie de préstamos preferenciales del Banco Nacional de Desarrollo (Banade), que les había facilitado la dictadura. Además, las empresas involucradas se aseguraron de que el Estado no realizara ningún estudio técnico para averiguar cómo financiarían el proyecto ni que se pidieran avales de patrimonios personales para acceder a esos créditos. Como puede verse, un empujoncito estatal para contraer los tan mentados derechos adquiridos sobre la planta. La foto histórica del brindis entre Ernestina Herrera de Noble, dueña de Clarín, con Jorge Rafael Videla, dueño de la vida y la muerte de los argentinos, el 27 de setiembre de 1978, durante la inauguración de la planta de San Pedro, parece el documento más contundente de este acuerdo.
Sin embargo, fue una conferencia de prensa, en la sede de Adepa (Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas), la que sirvió para que los tres diarios informaran acerca de la compra del paquete mayoritario de Papel Prensa. La entidad, por supuesto, no sólo prestó su casa sino que también avaló con bríos la iniciativa, a la que consideraba “sin precedentes en la prensa nacional”. Además, se congratulaba “ante la posibilidad abierta para todos los diarios asociados, merced al esfuerzo de tres de ellos, comprometidos en la solidaridad profesional”. Y, por si fuese poco, equiparaba ese traspaso con los intereses de la República, como habitualmente gustaban hablar los militares y sus socios civiles, justo en momentos en los cuales la República estaba más ausente. Para curiosos e incrédulos, la declaración puede consultarse en los diarios de la época y en el libro de José Ignacio López El hombre de Clarín, una especie de biografía laudatoria y condescendiente con Héctor Magnetto, CEO del Grupo.
Por esa época, las Fuerzas Armadas no sólo ya habían intervenido La Opinión, el competidor que más lectores le había sacado en los últimos años a Clarín, sino que también había desaparecido una cantidad importante de periodistas entre los que se contaban a Edgardo Sajón, que no pudo superar la tortura, o Jacobo Timerman, director del diario intervenido. Y no faltaría mucho para que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) expresara sus “graves reservas” sobre el proyecto de Papel Prensa, tanto por la forma en que la habían adquirido como por lo que ello implicaba. Ni tampoco para que la propia Adepa condenase públicamente el otorgamiento del premio Maria Moors Cabot, que homenajeaba a los periodistas presos y desaparecidos y que Timerman recibió en nombre de ellos.
Pero eso no fue todo. Como plus, el jefe de asesores del Ministerio de Economía e integrante del cenáculo golpista conocido como Club Azcuénaga, Luis García Martínez, permitió que el papel fuese uno de los pocos insumos exceptuados de la política de apertura irrestricta de entonces. Por lo tanto, no sólo la empresa se fortaleció rápidamente sino que, también, los competidores de los tres diarios propietarios de la empresa no pudieron aprovechar un recurso que les hubiese abaratado el papel. Ahí sí la protección a la industria nacional fue bandera política.

EL USUFRUCTO
“Durante diez años se le cobró un impuesto a todos los diarios argentinos para montar una fábrica de papel y los militares, finalmente, se la regalaron sólo a tres.” Quien dijo esto y lo publicó más de una vez fue el periodista Julio Ramos, fundador de Ámbito Financiero y antiguo redactor de Clarín. Se lo puede leer, por ejemplo, en Cerrojos a la prensa, el libro que editó en 1993 y donde denuncia el poder concentrado del Grupo, cuando era mucho menos de lo que hoy es. La frase se refería al Fondo para el Desarrollo de la Producción de Papel y Celulosa, que había creado el gobierno de Onganía, en agosto de 1969, y con el cual se gravaba con un diez por ciento el precio del papel que entonces se importaba con el objetivo de reunir los fondos necesarios para montar lo que luego fue Papel Prensa. Y ponía en cuestión la apropiación de la empresa en manos de Clarín y sus socios. Pero la frase no termina ahí. Acto seguido, Ramos se embronca más: “Y luego nos elevan el arancel un 48 por ciento para que no haya otra escapatoria que comprarle a ellos”.
Está claro, el fortalecimiento de Clarín como factor de poder se consolida hasta niveles nunca antes vistos por un medio a partir de este traspaso forzado de Papel Prensa a su cartera de pertenencias. Resuelto el problema del papel para sus publicaciones, uno de sus mayores dolores de cabeza y habitual causa de endeudamiento, la empresa se convirtió en punta de lanza del conglomerado en construcción. Ya Clarín se había convertido en hábil interlocutor del sentido común argentino y, con una posición más consolidada en términos operativos, no tardó en sumar negocios y convertirse en multimedios. La cesión de la licencia de Radio Mitre, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, fue un paso que fortaleció su peso pero, sobre todo, fue una muestra acabada del poder de lobby que adquiría y que consolidaría de manera exorbitante durante el menemismo, con nuevas porciones de la gran torta de Papel Prensa, hasta llegar al 49 por ciento que ostenta actualmente.
El libro de Ramos grafica la metodología empleada por Clarín y cómo era modelo de negocio que reproducía con otros medios, con precios y distribución discrecional. El caso de Crónica, de Héctor Ricardo García, fue el más evidente en cuanto a perjuicio, pero estuvo lejos de ser el único. Condenados a la dependencia en la compra de bobinas o a la importación onerosa, muchos diarios fueron perdiendo peso a favor del creado por Roberto Noble. Ramos habla de la capacidad que tenía el diario para asfixiar a través del papel y de la decisión que obligaba a sus rivales a ser cautelosos frente al nuevo pope. Pero no es Ramos quien lo confirma sino la misma empresa. De hecho, Papel Prensa presume de vender ese insumo a 170 diarios del país, en otra confesión de su poderío.
La nota de Jorge Fontevecchia, presidente de la Editorial Perfil, en la edición de su periódico del sábado 10, muestra hasta dónde llega ese poderío, a partir de una especie de juego: cuánto incidiría en el Grupo quedarse sin esa fuente generadora de insumos y posicionamiento favorable en el mercado. “Si Clarín no tuviera Papel Prensa, gastaría diez millones de dólares más en papel por año por mayor precio”, sostiene. Y luego analiza el mercado del papel en la actualidad en relación con el pasado. Dice que hoy no tiene la ventaja competitiva que en las tres décadas anteriores, por la caída de su precio internacional y la caída del consumo. Pero dice también que la empresa es un arma lo suficientemente importante para asegurarle su predominio en el mercado.
Un predominio que ya lleva 32 años.



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Buenos Aires Económico
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Los números de Papel Prensa que defienden Clarín y La Nación
Los medios gráficos pagan un sobrecosto de entre 35 y 40%
26-08-2010 / La gran mayoría de los medios gráficos debe sobrevivir pagando el papel más caro que los dos grandes diarios; por ese mismo motivo, muchas publicaciones fueron quedando en el camino.

La planta de Papel Prensa en San Pedro.
Por Doris Elisa Bustamante

El anuncio de la presidenta Cristina Fernández de declarar la producción del papel para diarios de interés público desató reacciones en propios y ajenos. Algunos actores resaltaron su importancia, como buena parte de los diarios locales y regionales; y otros advirtieron sobre su “peligro”, tal como lo calificó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Pero, ¿qué significa que Papel Prensa sea virtualmente la única fuente de papel de diario en el país? Para un medio impreso pequeño, que no pertenezca al Grupo Clarín o La Nación, un sobrecosto de entre un 35 y un 40% de su insumo principal que, de acuerdo a Dypra (Diarios y Periódicos Regionales de Argentina) y Adiccra (Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina), representa entre un 50 y un 70% en su estructura de costos. Así dicho, del papel depende las sustentabilidad de medios alternativos a los que replican a los dos grandes diarios.

Papel Prensa controla el flujo de papel, y con ello el precio en el mercado interno, con un sistema de cupos que no llega a todos. La papelera sólo vende el papel restante después de abastecer completamente a todos los medios de los dos grupos. Además mantiene la pastera por debajo de su capacidad de producción para regular la oferta nacional. Y?ese sistema de cupos sólo cubre menos de la mitad de las necesidades de los medios que entran a su sistema. El resto lo deben importar.

Es el caso del diario cordobés Comercio y Justicia que hace parte de Dypra, entidad que “se beneficia” del cupo en Papel Prensa. Tal y como lo ilustró a este diario Gustavo Bastos, editor de Economía del diario cordobés La Mañana, de nueve bobinas que necesita Comercio y Justicia, tres se las compran a Papel Prensa a u$s750 + IVA la tonelada y el resto lo debe importar de Chile, en donde la papelera de Bio Bio lo vende a u$s820 + IVA.

En el caso del diario La Mañana, que no cuenta con cupo en Papel Prensa, el 100% del papel lo importa de Bio Bio. Con el agravante de que la compra se debe hacer a través de intermediarios, pues ellos como diarios no cuentan con cupos de exportación. La diferencia con, por ejemplo, La Voz del Interior, su competencia en esa misma ciudad y propiedad del Grupo Clarín, es que éstos le pagan a Papel Prensa a precio de costo de producción que es hoy de U$480 la tonelada. El mismo precio se les ofrece a los restantes medios de Clarín y La Nación, incluyéndose.

Pero Papel Prensa no es la única fábrica de papel de diarios en el país. Existe también la Papelera Tucumán. La última vez que La Mañana le compró papel fue en junio de 2009 y le costó U$720 + IVA. El problema es que a esa papelera se le debe pagar de contado y por adelantado. Bio Bio les financia a 60 o 90 días.

Si se tiene en cuenta que del mercado de diarios en el interior, el 90% lo ocupan medios regionales, el peso de una política de igualdad de precios, cantidad y abastecimiento, cobra mayor relevancia mientras más lejana esté la General Paz.

Otro de los aspectos que ilustra la clara ventaja con que cuentan las empresas editoras de Clarín y La Nación sobre el resto de medios gráficos del país es el escenario sin Papel Prensa. Tal y como lo describió el CEO de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, en una extensa columna de octubre de 2009: “Si Clarín no tuviera Papel Prensa gastaría 10 millones de dólares más en papel por año por mayor precio, más una inmovilización de caja por mayor stock”. Como es el dueño de su propia fábrica “no precisa cubrirse frente a la falta de provisión”. Después de una detallada explicación, Fontevecchia sustenta por qué “en total, un primer año de Clarín sin que existiera Papel Prensa le quitaría 28,5 millones de dólares, más de cien millones de pesos”.


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LANATA

El pequeño señor K
Clarín reaccionó a una tapa de Crítica de la Argentina

El matutino lo hizo con su estilo: nunca de frente, sin dar nombres. Es un diario donde se susurra miedo burocrático al poder.
Clarín, finalmente, reaccionó a la tapa del domingo de Crítica de la Argentina. Lo hizo con su estilo: nunca de frente, sin dar nombres, usando eufemismos. Es un diario donde se vive en el pasillo, y se susurra miedo burocrático al poder, propio y ajeno. El trabajo sucio le tocó a Ricardo Kirschbaum, editor general. La nota se titula “De antinomias y oportunistas”. Allí, Kirschbaum se refiere a la “feroz campaña” contra el diario, una oficial y “otra paraoficial, aunque se presente como independiente”.
Kirschbaum pisa huevos –como siempre– mientras habla del Gobierno, y dedica el final de su artículo a hablar de “actores menores, si se quiere miserables; una jauría que se ha lanzado a morder algo del mercado que tiene Clarín. Son plagiarios de otros que, al menos, demostraron alguna originalidad y que (...) sólo reproducen argumentos oficiales. Mendigan un poco de difusión y venta porque los lectores no los eligen. Y se proclaman opositores, originales, cuando son apenas trasvestidos”. Kirschbaum cometió, entre otros errores, el de pensar que, al no mencionar a Crítica de la Argentina, evitaríamos cualquier contestación, por aquello de que “al que le quepa el sayo, que se lo ponga”. Que Clarín acuse a este diario de oficialista es realmente gracioso. Que no advierta que ellos mismos cobijan al verdadero Boletín Oficial, también.
Y Kirschbaum no lo desconoce, desde que Clarín –o Héctor Magnetto, da igual– decidió comprar la totalidad de Página/12. Él –en aquel momento, número tres del diario– fue una de las seis o siete personas que estuvieron al tanto de toda la operación, hecho que me consta. Lo gracioso, también, es que Kirschbaum hable de periodismo independiente: según su currículum, publicado por la Fundación Konex, entró a Clarín en 1976 y hasta los ochenta fue redactor, jefe y secretario de la sección Política, además de columnista del área. Una lástima, ¿no? Los mejores años de su carrera avalando los negocios y los asesinatos de la dictadura. En la sección Política, para colmo. ¿Cuántos supuestos “enfrentamientos” habrá publicado Kirschbaum? ¿Cuántos nombres habrá silenciado? Kirschbaum presenció el montaje de Papel Prensa, la acumulación de la deuda externa, la llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para hablar sólo de hechos públicos y publicados. Todo ese tiempo diciendo solamente que sí. Da un poco de lástima, Kirschbaum. Kirschbaum sostiene que “hay una jauría que quiere morderle un poco de mercado a Clarín”. Ésa parece su definición del hecho de sacar a la calle un nuevo diario: un producto hecho por perros para morder a otros. Nunca había leído esta visión canina de la profesión. Sobre el hecho de ser “plagiarios” de algo que nosotros mismos hicimos, me parece que el perro también mea fuera del tarro. Fue precisamente la decisión de comprar Página/12 la que terminó de destruir al producto. Y se entiende, en esa lógica, que después de comprarlo, Clarín haya decidido alquilárselo al gobierno. Pero Kirschbaum ha vivido tantos años agachado, diciendo que sí, que debe tener a esta altura una visión distorsionada de casi todo. Ahora, leyendo esto, debe estar preguntándose: ¿me defenderá Clarín? Y lo peor es que no puede estar seguro: hace pocos días, cuando el Gobierno atacó a uno de sus íconos, Hermenegildo Sábat, Clarín no salió a defenderlo.
¿Pensará Clarín que el hombrecito colorado que siempre dice que sí vale realmente la pena? Después de todo, esto ha sido escrito por un plagiario de sí mismo, travesti que tiene, con Kirschbaum, una sola diferencia: puede mirar de frente a los ojos.




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 Periodistas
tenembaum - Lanata




http://www.youtube.com/watch?v=H4UqIjpuXkw


VER: LANATA, AUTORETRATO DE UN CREIDO  
"Yo elegi como socio a Mata porque la Madre Teresa no podia venir..."

"Mata hizo lo que hace siempre"

"El diario deja para  él de ser  negocio para apretar al gobierno y elige salirse"


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