Lo que circula por los medios

13 de octubre de 2010

El kit y el quid de la cuestión con miras al 2011


El kit y el quid de la cuestión con miras al 2011

kit

1. (voz i.) m. Aparato o mueble que se vende en piezas separadas que han de ser montadas por el comprador:

2. Conjunto de piezas o instrumentos que sirven para realizar alguna función o desarrollar alguna actividad:
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Real Academia Española

kit.

(Del ingl. kit, y este del neerl. kit).

1. m. Conjunto de productos y utensilios suficientes para conseguir un determinado fin, que se comercializan como una unidad. Un kit de maquillaje.

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Diccionario de la lengua española © 2005 Espasa-Calpe:
quid

1. m. Esencia,causa,razón:
aquí está el quid de la cuestión.

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Real Academia Española
quid.

(Del lat. quid, qué cosa).

1. m. Esencia, punto más importante o porqué de una cosa. EL quid.

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Las metaforas muchas veces sirven para pensar ciertos temas aunque a veces no se adecuen completamente al tema pensado o sean un poco  forzadas... y por ende no muy apropiadas; pero reconociendo esos límites bien  pueden servir para abrir un espacio de reflexión.

Así traemos aquí  el kit y quid de la cuestión. El kit como conjunto de piezas o instrumentos que sirven para realizar alguna función o desarrollar alguna actividad y el quid como esencia, punto más importante o porqué de una cosa.

Porque a la hora de pensar un proyecto o una tarea a realizarse podemos pensar y hacer la distinción entre en el kit y en el quid de la cuestión. 
Porque no es lo mismo, centrar la atención en un kit, que en el quid de una cuestión, en su esencia y en su razón.

Y aquí hilamos, hace un tiempo traia para la lectura, esta nota de Juan Santiago Fraschina: EL FRACASO DEL EFECTO DERRAME, en la cual se abordaba y se establecia la distinción entre la meta de un modelo económico y las herramientas o instrumentos para alcanzar dicha meta.

Distinción entre meta, objtivo y herramientas que nos puede servir para pensar algunas cosas de nuestro escenario; sobre el kit y quid de ciertas cuestiones.

De la nota registramos

"El primer día de clase, el docente realiza una pregunta a su grupo de alumnos que en principio les pareció muy sencilla, incluso hasta con una cuota de ingenuidad por ser ellos estudiantes avanzados de la carrera de Economía.

- ¿Cómo se dan cuenta ustedes que la Argentina se encuentra en crisis? ¿Qué indicador tomarían para diagnosticar la recesión del país?.

De inmediato comenzaron a cruzarse las miradas de los alumnos con gesto de asombro ante la aparente simplicidad de la pregunta de su profesor.

- Un país está en crisis cuando no hay crecimiento económico- aventuró rápidamente un estudiante con la seguridad de haber respondido correctamente la pregunta.

- No- contestó el docente en forma contundente.

- Al disminuir el producto bruto per capita- respondió otro alumno, creyendo que lo único que le faltaba a la respuesta de su compañero era un poco de refinamiento.

- Tampoco- exclamó el docente.

Empezaron a verse gestos de sorpresa entre los alumnos ante las negativas del docente a la respuesta de sus compañeros.

- Al aumentar el déficit fiscal del Estado- tímidamente, esta vez, respondió otro alumno.

- Menos- sentenció el profesor de Economía.

La pregunta aparentemente sencilla se había convertido en un escollo difícil de superar.

- Cuando se genera inflación y se reduce la inversión de los empresarios- balbuceó otro alumno, arriesgando dos respuestas para aumentar su probabilidad de acierto.

- Ninguna de las dos- dictaminó el docente, y agregó –Uno se da cuenta que la Argentina está en crisis porque al pasar al mediodía por las obras en construcción, ya no se siente el aroma a asado como en el pasado. Ese es el mejor indicador que se puede utilizar para demostrar la situación crítica que está atravesando el país.

Esta breve historia que parece tener un final poco académico por parte del profesor, encierra sin embargo, conceptos básicos y fundamentales para cualquier economista, y que deben enseñarse el primer día de clase de la Facultad : la distinción entre la meta de un modelo económico y las herramientas o instrumentos para alcanzar dicha meta.

A la hora de considerar el éxito o fracaso de un modelo económico es imprescindible, para dicha evaluación, la distinción entre las políticas económicas, de las metas u objetivos del modelo. A su vez, entre estos últimos, debemos diferenciar las metas intermedias del objetivo final.

Tanto las políticas económicas como las metas intermedias deben estar subordinada al objetivo final. Es decir, se eligen herramientas económicas para conseguir las metas intermedias que nos permitan conseguir el objetivo último del modelo económico:

Políticas económicas metas intermedias objetivo final.

El éxito o no de un modelo de desarrollo depende de cuanto nos acercamos o nos alejamos de la meta final. Si bien todo modelo económico está conformado por los tres componentes, su éxito no depende de las herramientas económicas ni de las metas intermedias. Estas deben considerarse tan solo como pasos previos hacia la meta final.

Entre las políticas económicas aplicables podemos encontrar las siguientes: déficit fiscal cero, privatizaciones, devaluación, dolarización, apertura de la economía, proteccionismo, acuerdo o no con el Fondo Monetario Internacional, desregulación de los mercados, estatización de las empresas, pesificación de la economía, no pagar la deuda externa, subsidiar a los sectores productivos, entre otras.

Por otro lado, las metas intermedias que se pueden alcanzar al aplicar las diferentes políticas económicas, pueden ser: crecimiento económico, aumento de la inversión, estabilización de los precios, aumento de la productividad de la economía, incremento del producto per capita del país, entre otras.

Pero el objetivo final, por el cual debemos medir el éxito de todos los modelos económicos, y al cual deben subordinarse las políticas económicas y las metas intermedias, es el mejoramiento del estándar de vida de la población.

Un modelo de desarrollo no es exitoso cuando se logran las metas intermedias, ni mucho menos cuando se aplican de manera satisfactorias las políticas económicas. Solo es exitoso cuando aumenta el bienestar de la mayoría de los individuos de la población. 
Muchas veces se aplican herramientas económicas sin siquiera alcanzar las metas intermedias, pero aunque se alcancen, no nos debemos conformar para declararlo como exitoso al modelo, pues falta observar si esas metas intermedias alcanzadas nos acerca o no al objetivo final. Por lo tanto, la eficacia de las herramientas económicas y de las metas intermedias alcanzadas se deben medir en términos de si mejoran o empeoran el bienestar de la población.

Por otro lado, los dos primeros componentes del modelo de desarrollo deben ser flexibles y tienen que modificarse rápidamente si nos alejamos del objetivo final. En cambio, este ultimo es inmodificable y es común a todo modelo económico.  
Las herramientas económicas y los objetivos intermedios son instrumentos transitorios, no permanentes, y deben alterarse para poder alcanzar la meta final. No debe ser un objetivo en sí mismo el de mantener permanentemente los dos primeros componentes del modelo de desarrollo y menos cuando empeora el bienestar de la población.

Los medios, tanto las políticas económicas y los objetivos intermedios, son opcionales según los diferentes contextos, tanto nacionales como internacionales, en cambio, el fin del modelo económico, mejorar el estándar de vida de la población, se mantiene inalterable.

Ahora sí podemos observar claramente la diferencia entre las respuestas de los alumnos y la del docente de Economía. Los alumnos se referían a los medios, mientras que el profesor apuntaba al objetivo final de todo modelo económico.

Ahora bien, para medir el éxito de los medios no es necesario salir a dar vuelta al mediodía por los barrios para pasar por las obras de construcción y verificar si hay aroma o no a asado. Por suerte existen indicadores que nos permiten mensurar el estándar de vida de la sociedad, de los cuales destacamos los siguientes: la evolución del mercado de trabajo, el comportamiento de las remuneraciones reales de los asalariados, el nivel de la pobreza y, por ultimo, la distribución del ingreso entre los diferentes estratos sociales.

Es importante señalar que estos indicadores apuntan a medir el estándar de vida de los individuos que forma parte de su calidad de vida. Sin embargo, este ultimo concepto es mas abarcativo que el primero, al tener en cuenta los efectos, no solo de las políticas económicas, sino de las políticas públicas en general. Para mensurar la calidad de vida de los individuos, a los indicadores recientemente mencionados, les debemos sumar el acceso a la salud, a la educación, la seguridad de la población, entre otras. Pero este articulo solo se va a circunscribir a las consecuencias de las políticas económicas en las condiciones de vida de la población.  (Y aquí llegamos al fin del fragmento.)

EL FRACASO DEL EFECTO DERRAME
Juan Santiago Fraschina
publicado en La revista Argentina de Economia y Ciencias Sociales,
Volumen VII, Nº 10/11 Año 2003

Es decir, desde esta visión que trama sobre lo económico, no hay que confundir, medios con un objetivo final, en este caso la realización de un modelo económico.
Entonces  no hay que confundir kit con el quid de la cuestión... y hay que poner bien en claro cual es el fin que se persigue, o se desea alcanzar. La esencia, la razón, el porqué...
No es lo mismo aspirar  a la continuidad de un modelo de desarrollo que a la continuidad  de un color o signo político; y de un color político que en su abanico puede significarse o plasmarse como una secuencia disimil  
Y en ese juego entre el kit y quid, podemos leer que las mediciones desnudan tendencias, y que las tendencias no son profecias; aunque a veces puedan inflarse y decantar como profecias autorrealizadoras... un bla, bla constante, que coloniza pensamientos.
Entonces, no hay que confundir kit con quid... no sea cosa que a la hora de llegar a casa nos demos cuenta que en la cartera de la dama y en el bolsillo del caballlero solo hemos adquirido, un conjunto o una serie de productos... como puede ser un kit de maquillaje o un kit de disfraces y que lejos estamos con esos elementos  de alcanzar el objetivo primordial, que bien podria ser: apostar como meta final u objetivo a alcanzar la  permanencia y estabilidad de un modelo de desarrollo

Gal
lecturas


Domingo, 10 de octubre de 2010

EL PAIS › EL PROCURADOR DA ROCHA IMPULSA LA CANDIDATURA PRESIDENCIAL

Scioli desatado
Kirchner desmintió su candidatura bonaerense, pero Scioli prepara su lanzamiento presidencial, impulsado por el Procurador del Tesoro Da Rocha. El 25 de septiembre el testigo del Grupo Clarín en la causa de Papel Prensa, Gustavo Caraballo, asistió a la fiesta de casamiento de la hija de Da Rocha, luego de cuchichear con Scioli y Casal en la iglesia. Otros encuentros en un restaurante.

Por Horacio Verbitsky

En el desatinado acto del viernes en Santa Cruz Kirchner desmintió en forma elíptica el anuncio de La Nación de que él sería candidato en Buenos Aires y CFK en la elección presidencial, lo que dejaría fuera de todo juego a Daniel Scioli. Sin embargo, el gobernador bonaerense prepara su candidatura presidencial, aunque recién el año próximo decidirá si dentro del proyecto político del kirchnerismo o en oposición a él. Su personalidad le permite manejar sin dificultades semejante indefinición. Dice uno de sus colaboradores: “Scioli es así, hiperkinético pero sin una línea definida en nada. No le preguntes si algo es blanco o negro, porque no lo sabe. Me hace acordar a un mozo al que le pregunté si el pescado que me sirvió era a la plancha o al horno, y contestó que sí”.

A Scioli y no a Carlos Reutemann se refería el alcalde porteño Maurizio Macrì cuando dijo que estaría dispuesto a posponer su candidatura presidencial si apareciera una alternativa afín y se alcanzara un acuerdo político para acabar con Néstor Kirchner. En pocos días Scioli tuvo dos encuentros con Macrì en circunstancias sociales, con las respectivas mujeres. Karina Rabolini es un puente con la prometida de Macrì, Juliana Awada, como lo fue durante años con la esposa de Francisco De Narváez, la modelo Agustina Ayllón, quien recurría a ella cada vez que en una discusión terminaba magullada. Quien se reunió con Scioli en un contexto más político fue Jorge Macrì, vicepresidente de la Legislatura, quien podría integrarse al gabinete bonaerense en Seguridad, que volvería a desdoblarse de Justicia. Luego del encuentro, Macrì dijo que Ricardo Casal era el mejor ministro de Justicia que tuvo la provincia, pero que en Seguridad él tenía equipos superiores. Encomió al gobernador y a su ministro, y también al ex gobernador Felipe Solá y al precandidato De Narváez. 
Es irónico que, en 2007, al fundamentar por qué Scioli sería su carta fuerte en Buenos Aires, Kirchner sostuvo que era la única forma de impedir que Macrì saltara de la Capital a la provincia y se impusiera allí, lo cual “sería el fin de nuestro proyecto”. Tres años después las diferencias entre ambos hombres de negocios siguen siendo una hipótesis no comprobada y Scioli se perfila como la gran esperanza blanca de quienes no se resignan a la recuperación del rol de la política como garante de derechos y reguladora de la vida económica. Lo fue en estado latente desde que asumió la vicepresidencia en 2003 y de inmediato cuestionó tanto los juicios por los crímenes de la dictadura como el congelamiento de tarifas de las empresas de servicios públicos privatizadas.

Trabas de corbata

La presencia del gobernador en el acto de Río Gallegos revela el estrecho sendero que el ex comerciante de electrodomésticos recorre. Seguirá cerca de Kirchner todo lo posible, diferenciándose en los gestos y las palabras, con la esperanza de que la ventaja que dice tener a su favor en varias encuestas termine por inducir al ex presidente a ungirlo como el mal menor. De no ser así, Scioli lo enfrentaría. La colocación de bonos provinciales por 550 millones de dólares pagando una tasa exorbitante del 11,75 por ciento forma parte de sus preparativos. El tema formó parte de una de las últimas conversaciones sostenidas por el gobernador en una de las quintas del ex senador Eduardo Duhalde, en Alejandro Korn. A Duhalde, a quien ni siquiera el glamour de Luis Barrionuevo y Gerónimo Venegas le contagia atractivo electoral, sólo lo mueve la compulsión por vengarse de Kirchner. Pero Scioli calcula cada paso con la frialdad de quien tiene poder y procura acrecentarlo. De ese proyecto forma parte buena parte de su gabinete, lo cual es comprensible, pero también funcionarios del gobierno nacional a cargo de operaciones sensibles encomendadas por el Poder Ejecutivo, como la madre de todas las batallas, contra el Grupo Clarín. Además de los ministros bonaerenses Alberto Pérez, Mario Oporto, Bartolomé Alvarez y Casal, son de la partida algunos ex funcionarios que siguen trabajando con Scioli, como el actual director del Banco Provincia Rafael Perelmiter, y el ex encargado de Agricultura y Ganadería, Emilio Monzó, a quien Scioli le pidió la renuncia en 2008 por su posición favorable a la Mesa de Enlace de las cámaras patronales agropecuarias. En los contactos empresarios se especializó el presidente del Banco Provincia, Guillermo Francos, ex dirigente del partido de Cavallo, quien acercó al proyecto a Eduardo Eurnekian, del que fue vocero, a Ernesto Gutiérrez y a Mario Montoto. Cuando Scioli desembarcó en La Plata con su equipo de porteños, Casal intimó con Pérez, a quien ayudó a encontrar una casa quinta apropiada en City Bell, próxima a la suya, lo cual les permite desayunar juntos. 

Pérez también es un invitado permanente a la mansión que Casal tiene en Pinamar con vista al mar. Allí ambos conversaron sobre el proyecto Scioli presidente con el intendente de Tigre, Sergio Massa quien, en ese esquema, podría aspirar a la gobernación. Pero los coequipers más sorpresivos son la extraña pareja formada por el Procurador del Tesoro de la Nación, Joaquín Pedro Da Rocha, y el ex Gerente de Proyectos de Bunge & Born, Gustavo Caraballo.

Durante muchos años, Da Rocha fue abogado y amigo personal de Scioli, a quien conoció antes de su acercamiento a la política y del accidente náutico. En 1987 Scioli recurrió al estudio de Da Rocha a raíz del incendio del quincho que había construido en un espacio no autorizado de su departamento de Callao y Posadas. El fuego se propagó a los pisos superiores del edificio y causó la muerte del portero, mientras trataba de rescatar a otras personas cercadas por las llamas. Scioli y Karina Rabolini apenas lograron escapar pasando a una terraza vecina, pero en el salto ella se fracturó una pierna. La relación se inició cuando ella era adolescente, para fastidio de su padre, quien también intentó impedir una relación de una hermana de Karina con un periodista veinte años mayor, al que hizo seguir por los servicios de informaciones y acusó de montonero. El incendio dejó a Scioli en una situación económica complicada y con la amenaza de graves consecuencias judiciales si se demostraba el dolo eventual del incendio. La joven pareja debió mudarse al sector de oficinas del depósito de electrodomésticos del padre de Scioli, en el Abasto, abarrotado de heladeras y calefones. La defensa de Da Rocha fue exitosa y desde entonces ambos hombres intimaron. Del mismo modo progresó su relación con Aníbal Fernández, a quien asesoró en una causa penal por una denuncia sobre la privatización de los servicios sanitarios de Quilmes. Durante la gobernación de Antonio Cafiero, Da Rocha fue subsecretario de Justicia y con Felipe Solá, asesor en asuntos jurídicos de la vicegobernadora Graciela Giannetasio. Desde ese cargo dictaminó en contra de la autonomía de la Defensa Pública, que hasta hoy sigue sometida a la conducción del Ministerio Público Fiscal. Al asumir la gobernación, Scioli quiso designarlo ministro de Justicia bonaerense. En su lugar, Da Rocha sugirió al ex oficial penitenciario Casal, quien lo acompaña en su grupo de presión sobre los Tribunales, Fundejus. Esto le permitió retener su cargo como representante del Poder Ejecutivo Nacional en el Consejo de la Magistratura, para el que lo designó Duhalde durante su interinato presidencial y en el que lo confirmó Gustavo Béliz cuando fue ministro de Justicia de Kirchner. Este año Aníbal Fernández sugirió su designación como Procurador del Tesoro cuando el titular desde 2003, Osvaldo Gugliemino, no daba pie con bola en el conflicto por el uso de las reservas del Banco Central. Da Rocha nunca dejó de influir en las decisiones del gabinete de Scioli. Tanto Da Rocha como Casal usan traba de corbata, que hace algunas décadas era signo de ascenso social. Ese ascenso tiene que ver con Caraballo, el principal contacto para la obtención de clientes y arbitrajes millonarios del estudio que Da Rocha comparte con Gustavo Gené y Raúl Munrabá y en el que también ha llevado algunos casos el ex ministro de Relaciones Exteriores Rafael Bielsa (n). Las reuniones en las que se elaboran planes y equipos para el lanzamiento presidencial de Scioli se realizan durante la semana en los despachos platenses de Alberto Pérez y Casal y en el estudio de Da Rocha, al que asistió el propio Casal, y los domingos en la casa del gobernador en Villa La Ñata, en Benavídez.

Los de la mesa 2

El sábado 25 de septiembre, muchos de ellos coincidieron en la iglesia del Pilar y luego en el Club Ciudad de Buenos Aires en la celebración de la boda del ingeniero Juan José Burgos con Clara Da Rocha, hija del Procurador del Tesoro, a quien CFK encomendó que denunciara a los directivos de Clarín y La Nación por la presunta participación en crímenes de lesa humanidad contra miembros de la familia Graiver, para obligarlos a vender a los diarios su participación accionaria en la empresa Papel Prensa. Caraballo es uno de los testigos ofrecidos por los imputados, quien sostiene que ni durante su cautiverio compartido con los padres, hermano y cuñada de David Graiver ni en los 33 años transcurridos desde entonces le mencionaron la extorsión por Papel Prensa entre las causales de su secuestro. Es comprensible que no confiaran en el Capitán Plumita o el Viejo Bucanero, como llaman a Caraballo sus amigos de la navegación por el Mediterráneo: luego de la muerte de Graiver, Caraballo presionó a Lidia Papaleo para que le pagara una deuda millonaria al ex ministro de Economía José Gelbard, de quien el joven banquero había sido testaferro. En la Iglesia, el gobernador había cuchicheado en una de las primeras filas con Casal y Caraballo. Scioli departió en el club con los 500 invitados pero se retiró antes de que se sentaran a las mesas. El robusto Capitán Plumita ocupó la mesa número 2, junto a la de Casal. Se acomodaron junto a Caraballo su esposa ucraniana, a quien la maledicencia porteña atribuye sin prueba alguna haber sido experta en claves de la KGB, los socios de Da Rocha, Munrabá y Gené, la ex camarista en lo contencioso administrativo federal María Inés Garzón de Conte Grand, su esposo el dirigente de la CCL Gerardo Conte Grand, el laboralista y experto en arbitrajes Gabriel Binstein, también miembro de Fundejus, y la actual asesora del ministerio de Trabajo de la Nación Silvina Nora Fazio, ex apoderada de Nueva Dirigencia, el partido de Domingo Cavallo y Gustavo Béliz, y viuda del fallecido responsable de la Oficina Anticorrupción Abel Fleytas. ¿Cómo explicarán esta confraternización entre el jefe de los abogados del gobierno y el testigo que intentó desacreditar la denuncia del Estado quienes creen que el gobierno de CFK es vertical, autoritario y excluyente?

Fervor de Buenos Aires

Las citas de Da Rocha con Caraballo son frecuentes. Uno de los lugares en los que se encuentran a almorzar es el restaurant “Fervor”, de Posadas y Callao, bautizado así en homenaje a Jorge Luis Borges. Esos almuerzos ni siquiera se interrumpieron cuando la presidente CFK presentó el informe “Papel Prensa, la verdad” y encomendó a la Procuración del Tesoro efectuar las denuncias judiciales que se desprendían de su contenido. De inmediato, Caraballo desmintió las afirmaciones presidenciales, invocando su carácter de cautivo junto con los Graiver en los campos de concentración de Camps. A la mesa que compartieron en “Fervor” pocos días antes del anuncio del informe también se sumó Binstein, con quien Caraballo volvería a chocar copas en la boda de la hija de Da Rocha, donde también estuvo presente la jueza de la Corte Suprema de Justicia Carmen Arbgibay Molina. La querella contra los directivos de Clarín y La Nación fue presentada por el secretario de derechos humanos, Eduardo Luis Duhalde, y su subsecretario, Luis Alén. Su texto dice que “será patrocinada” por Da Rocha, “quien por hallarse ausente del país no la suscribe y la ratificará posteriormente”. Aunque al regresar estampó su firma, el ser patrocinante y no querellante le permitió una mayor toma de distancia con el expediente, cuyo seguimiento quedó en manos del equipo jurídico de la secretaría de Derechos Humanos. Antes de declarar ante el juez Arnaldo Corazza, Caraballo consultó con otro abogado al que había conocido como parte del equipo de Da Rocha. Corazza es amigo de Da Rocha, quien intervino en su designación. Un conocido común de ambos le sugirió hace unos días que se declare incompetente en la causa de Papel Prensa y la remita a la Capital Federal. El estudio del actual Procurador del Tesoro también defendió al presidente del directorio de La Nación, Julio Saguier, en la causa por evasión tributaria y lavado de dinero iniciada en 2002 por una denuncia del banquero Raúl Juan Pedro Moneta, por la cual la jueza María Servini allanó el diario en busca de documentación. La Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA) sostuvo que se procuraba debilitar a La Nación “para que capitales hostiles puedan adquirir parte de sus acciones mediante la compra de su deuda a precios devaluados”. La toma de control no se concretó por intercesión de Duhalde y, según fuentes oficiosas de Clarín, por el apoyo económico de Héctor Magnetto y Ernestina Herrera de Noble, pariente política de la madre de Saguier, Matilde Noble Mitre de Saguier. En 2005 el estudio Da Rocha consiguió que la Cámara Federal de la Capital sobreseyera al presidente del directorio de La Nación y accionista de Papel Prensa. También defiende al ex jefe de policía de Maurizio Macrí, Fino Palacios, en la causa por su involucramiento con un proveedor de autos a la banda que secuestró a Axel Blumberg. La resolución de la semana pasada de la Corte Suprema de Justicia, que confirmó la medida cautelar contra la aplicación al Grupo Clarín del artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual incluye un llamativo cuestionamiento al desempeño de la Procuración. El recurso extraordinario que llegó a la Corte fue firmado por Da Rocha. Según la Corte, ese recurso no demuestra que la suspensión de la vigencia del artículo 161 obstaculice la aplicación general de la ley, con lo cual no se configuraría la denominada gravedad institucional, que hubiera habilitado un pronunciamiento del alto tribunal como si se tratase de una sentencia definitiva.


La boda de la hija del Procurador del Tesoro, Clara Da Rocha, el 25 de septiembre en el Club Ciudad de Buenos Aires. En la mesa 2: de izquierda a derecha, Raúl Munrabá, en primer plano; la esposa ucraniana de Gustavo Caraballo y el propio testigo de Clarín en el caso Papel Prensa; la asesora del ministerio de Trabajo Silvina Fazio; Gustavo Gené, semicubierto, y la ex camarista María Inés Garzón de Conte Grand. El padre de la novia compartió la mesa principal con su colaborador y actual ministro de Justicia y Seguridad bonaerense, alcaide mayor Ricardo Casal. Scioli se retiró antes de pasar a las mesas, luego de cuchichear en la Iglesia con Caraballo. Munrabá y Gené son socios del estudio Da Rocha.

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 asociadas

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Escrito por Iván Schargrodsky Lunes, 27 de Septiembre de 2010 14:11
Sandra Russo: “El kirchnerismo es algo superador del peronismo”


Sandra Russo recibió a Política Argentina, en el marco de su ida de Radio Nacional, por diferencias con su directora, María Seoane. En el encuentro, la panelista de 678 se refirió, con nombre y apellido, a todos los actores de la política vernácula, confesó que no confía en Proyecto Sur –“no les creo nada”, recalcó”- y, además, adelantó algunas aristas del libro que escribirá sobre la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Es la única panelista inobjetable de 678 y una histórica en Página/12. Reconocida por propios y extraños, es una de las periodistas más prestigiosas del país. Angustiada por su ida de Radio Nacional, por diferencias con las autoridades, Sandra Russo mantuvo un encuentro con Política Argentina, en el que analizó el proyecto del oficialismo nacional, sus defectos, los Gobiernos populistas de América latina y, entre otras cosas, el libro que escribirá sobre la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

-¿Qué le falta a este modelo para dejar de ser una variante del peronismo y pasar a ser un proceso autónomo?

-Creo que, de algún modo, el kirchnerismo es algo superador del peronismo, pero no me parece que esté próximo ni me puedo imaginar ahora una manera de que lo evite. Creo que se está haciendo una relectura de lo que fue el peronismo, y es una lectura más completa que incluye revisitar lo que fue la Revolución Libertadora. No se puede analizar al peronismo, sin pensar lo que fue la Unión Democrática, o en las fuerzas que siempre lo trataron de aplastar, porque eso también formó parte de la dialéctica argentina, y lo estamos viendo de nuevo hoy.

-¿Y esta metamorfosis, el kirchnerismo, si así lo quisiera, podría lograrla condicionándose con sectores como el de Martín Sabbatella, un ala del socialismo, o esa alianza ya es imposible que se ejecute?

-Somos un montón los que estamos apostando a ese camino. O sea, a mí no me interesa un kirchnerismo pejotizado en el sentido tradicional. Tampoco me parece que necesariamente haya que renunciar a la identidad peronista, que es el núcleo duro del kirchnerismo. Los Kirchner pertenecen a un sector del peronismo que siempre estuvo a favor de la discusión política y no de la lucha armada, pensando o previendo, que eso iba a terminar en lo que terminó: que no podían ganar. Ahí se distinguen dos líneas bastante fuertes en la política argentina y no sólo en el peronismo: los que tienen de verdad vocación de poder. Y hay otra gente, como por ejemplo la izquierda argentina o la derecha de (Elisa) Carrió, que no tiene vocación de poder; construyen, se diferencian, logran tener una identidad, pero después se dividen. Ése es el clásico de la izquierda argentina. Hay muchos bloques de dos, tres, cuatro personas, que no quieren cosas demasiado diferentes, pero cada uno quiere ponerle un sello personal.

-Egos.

-Sí, son egos, es una cuestión sectaria, y además, para mí también hay una cuestión en ese análisis que es muy compleja, y tiene que ver con que si hay millones de personas convencidas de algo, hasta ontológicamente les parece que no se pueden sumar a eso, que tienen que proponer otra cosa. Es una visión opuesta a la que tenemos otros, que creemos que cualquier cosa buena es posible, solamente articulando, que es la clave ahora. He escuchado a (Néstor) Kirchner hablar, casi teóricamente, de un colectivo nacional y popular que hoy puede conducir el kirchnerismo desde el peronismo, pero dentro de uno o dos mandatos puede estar conducido por (Martín) Sabbatella, depende cómo evolucione cada liderazgo. Eso sería lo deseable, que se geste una identidad fuerte nacional y popular, que no necesariamente tenga la impronta peronista.

-¿La clase media tiene un error conceptual al no distinguir popularidad de prestigio?

-Lo que sucedió en los años en que se empezó a conformar la hegemonía mediática fue que nació la videopolítica, y el primer político que la usó fue (Carlos) Menem. Ésa es una de las grandes explicaciones del menemismo. Lo hechizada que estaba la sociedad argentina, que pudo darse cuenta y asquearse del menemismo, pero no cuestionar sus políticas, porque sino el electorado no hubiese aceptado que pusieran a Domingo Cavallo como ministro de Economía de De la Rúa. Y no hubiésemos llegado al 2001. Evidentemente, hubo resortes de racionalidad en la sociedad argentina que se mantuvieron obturados por los medios de comunicación. Menem quedó como que era un tipo excéntrico que tenía patillas y que era un grasa. Y después vino la Alianza que era gente con traje que había terminado la universidad; pero las políticas eran las mismas. Ese debate nunca estuvo, porque los medios no le dieron lugar. Hoy se están dando muchos debates en 678, por ejemplo, y la gente que sigue el programa los tiene presentes simplemente porque se abrió una ventana a temas que eran absolutamente tabúes y que estaban afuera de la agenda de los medios. Esto es lo que tiene de irritante 678

-Justamente. ¿El debate que se dio con Robert Cox, Eduardo Aliverti y Ricardo Forster, no da lugar a vislumbrar que en Argentina se debate poco y que oficialistas y opositores deberían sentarse más a discutir ideas?

-Seguro. Lo que pasa es que nosotros tenemos un problema que es que se han hecho decenas de invitaciones, y no vienen. Porque tenés que tener presente que ellos están acostumbrados a dialogar con periodistas que no trabajan de tales. Nunca hay una repregunta ni una pregunta incómoda. Se ha invitado a gente de la UCR, de la Coalición Cívica, de Proyecto Sur.

-Proyecto Sur es un caso diferente al resto

-Pero también es difícil discutir con Proyecto Sur, porque es complicado debatir con alguien que te subestima de antemano. Entonces ahí ya no hay paridad, y un debate requiere mutuo respeto. La lectura que hacen ellos de la realidad argentina es subestimadora del kirchnerismo y de los kirchneristas. Entonces, si vos estás hablando con alguien que dice que el kirchnerismo es la continuación del menemato…bueno, por supuesto que eso da pie a un debate, pero es jodido; de ahí salió la canción de (Carlos) Barragán Somos boludos. Es difícil discutir de entrada con alguien que te trata de boludo; de que vos no te estás dando cuenta de algo que ellos sí. Las disidencias entre los sectores progresistas tienen que ver con cuándo hacer las cosas; en los objetivos estamos más o menos todos de acuerdo. Por ejemplo, el 82 por ciento móvil en sí mismo es deseable, pero el tema es cuándo y cómo hacerlo.

-Es cierto que el proyecto de la CC y el pejotismo disidente no dice absolutamente nada sobre el financiamiento, pero el de Pino Solanas y Claudio Lozano, sí.

-Sí, pero no se ponen de acuerdo en los números. Faltan 20 mil millones. Es lo mismo cuando (Víctor) De Gennaro dice que hay dos millones de chicos sin cobertura de la Asignación Universal por Hijo. Le pregunté a (Diego) Bossio y me dijo que ellos no tenían esas cifras. Posiblemente ahí sí esté el error del Indec y la falta de estadísticas oficiales que da pie a que te tengas que comer que alguien te diga que tenés dos millones de personas, que vos no sabés dónde están ni de dónde las sacaron. Además, uno tiene la presunción que tampoco la izquierda lo está haciendo porque le interesen los jubilados, porque si así fuera no hubiera hecho alianza con el Grupo A. Ya, a partir de ahí, desconfío de todo lo que dice Proyecto Sur. No les creo nada.

-¿No es un error político que el Gobierno responda con la misma virulencia a los ataques de Proyecto Sur, cuando los votos de ese espacio pueden ser vitales en un eventual ballotage?

-Es lo que hablábamos hace un rato. Cuando Kirchner fue a 678 se dirigió a Pino y le dijo: “Acá tiene que haber un colectivo. Eventualmente lo conducirá una fuerza, después puede hacerlo otra, pero lo importante es distinguir la paja del trigo”. Al principio aparentaba que queríamos cosas similares, pero ellos ven otra película.

-¿Pero es realmente una lectura diferente o el espacio de Solanas, del GEN, no reconocen los logros por una ambición de poder?

-No, creo que hacen otra lectura. O sea, no es que no acepto la idea del narcisismo, no hay otra explicación. Que Pino esté diciendo que en las paredes del país está escrito su nombre para que sea candidato a Presidente solamente puede ser producto de un ego descentrado. Yo ahora estoy muy pendiente del tema de Jujuy; Proyecto Sur no existía hasta hace dos meses allá. Ahora llegó y lo tomaron como referente al “Perro” Santillán, que dice que Milagro (NdeR: Sala, líder de la Túpac Amaru) es una mina violenta: el mismo discurso de Gerardo Morales. Eso es Proyecto Sur en Jujuy; se están preparando para una guerra fea y con gente que ha luchado junta.

-¿Es una formadora de cuadros la Túpac?

-Sí, absolutamente. La CTA es una formadora de cuadros; Milagro se formó ahí.

-¿Hay un machismo enquistado en sectores de la oposición que se presumen republicanos, en relación con la figura sexuada de la “Presidenta sexy”, como la definió Juan Carlos Volnovich?

-Sí, con la figura sexuada de la Presidenta y con la figura asexuada de Milagro, porque el problema viene con que es una india andrógina, que es muy masculina. Entonces no hay manera de resolverlo. Las mujeres somos los agentes transmisores de ese mandato patriarcal. Hay muchas mujeres –Margarita Stolbizer, (Elisa) Carrió- que han dicho que la Presidenta les da vergüenza de género. Porque si es un referente para Lula (Da Silva), (Rafael) Correa, (Hugo) Chávez, (Pepe) Mujica, no entiendo de dónde sale esa vergüenza. Es desde su propia impotencia; y eso no se llama vergüenza de género, se llama envidia.

-¿Es posible que un proceso que produce transformaciones no sea contradictorio?

-No, creo que ningún colectivo grande puede evitarse las contradicciones. De hecho yo me estoy yendo de Radio Nacional, porque no me quieren. Y trabajo en Canal 7, porque me metió una productora privada, porque a mí, en 2008, me echaron. Entonces, a mí los medios públicos kirchneristas me han tratado como el culo. Si yo confundiera el proyecto con los funcionarios –como hace Pepe Eliaschev-, pensaría que éste es un proyecto de mierda, por cómo me fue a mí. En 2008 no tuve trabajo ni en radio ni en televisión, mí relación con el 7 terminó muy mal; tuve que pedir en la Secretaría de Medios que me tuvieran en cuenta para la radio. Hicimos un muy buen programa el año pasado, con El nombre de las cosas, pero este año llegó María Seoane, a quien no le caigo simpática. Primero me dijo que me quería sacar de la grilla diaria, después me sacó toda la producción, me desarmó todo el equipo. Por eso me voy de la radio. Ésa es una de las contradicciones del proyecto, también. Porque, la verdad, no es un exceso de autovaloración, pero si no quieren tenerme están un poco confundidos, porque no hay mucho para elegir en figuras periodísticas conocidas, que tengan mucho rebote con la gente. Y sin embargo no me quieren ahí. No toda la gente es buena y no todos los proyectos son de diseño; se hacen con lo que hay, que no siempre es bueno, pero hay que bancársela.

-Es muy extraño lo que me cuenta.

-Sí, es feo, a mí me produce mucha angustia. Pero ya firmé con Sudamericana el libro nuevo, que es la vida de Cristina, así que de paso me viene bien, porque necesito mucho tiempo para hacer ese libro.

-¿Será algo así como el “Cien horas con Fidel”, de Ignacio Ramonet?

-Eso se irá viendo, pero la propuesta editorial es una especie de biografía, pero temática. Tendrá algo de la historia de su vida, pero pero desviándonos a lugares que a mí me importan mucho, como los debates en los ’70, sobre la lucha armada y la política; sobre la femineidad; sobre ser esposa, madre, Presidenta. Y cosas que me interesan a mí hablar, que creo que el Gobierno no entiende todavía, como lo plurinacional, lo pluricultural. No han captado la importancia del concepto de la plurinacionalidad. Y si nos vamos a integrar a America latina, me parece que tenemos que empezar a agilizar un poco eso.

-¿Cree que lo de Honduras fue una prueba piloto? Porque si bien se condenó, el régimen, con matices, sigue en el poder, y ahora peligra la estabilidad democrática de Fernando Lugo en Paraguay.

-Sí, absolutamente. Creo que es un globo de ensayo, así como la UNASUR lo fue también, para ver cómo se frenaba el golpismo blanco. La derecha norteamericana sabe que no puede reeditar la década del ’70 con las dictaduras militares en América latina, porque las condiciones son otras y, entre otras cosas, porque los militares de ahora son muy distintos a los de los ’70. También fijate que alguien como (Robert) Cox, que es un demócrata, puede ver más dictadura en Venezuela que en Honduras, cosa que a mí me parece increíble.

-Esto que se recordaba: Chávez tuvo 26 plebiscitos ratificatorios.

-Absolutamente. Lo que tenemos que discutir es a qué le llamamos democracia, porque normalmente se le llama a la alternancia entre el peronismo y el radicalismo, y eso es lo que ha permitido que gobierne (Héctor) Magnetto. Ante esta situación que estos Gobiernos populares buscan perpetuarse en el poder, que es lo que está diciendo todo el mundo, pasan de largo que hay mayorías que los votan. A mí me parece natural que quieran tener cuatro o cinco mandatos consecutivos, porque son procesos estructurales. Además, han ampliado tanto la ciudadanía –como por ejemplo los dos millones y medio de jubilados que se incorporaron con este Gobierno- que es lógico que quieran seguir votándolos, porque saben que con los otros, no es que les hubieran bajado la pensión, ni siquiera hubieran sido jubilados. Eso es natural y es legítimo; forma parte del juego democrático: hago bien las cosas y me volvés a votar.

-¿Es positivo que existan gobiernos más conservadores, como pueden ser el de Juan Manuel Santos o Sebastián Piñera, para que las sociedades entiendan cuáles son sus políticas o sería mejor que Sudamérica lograra una homogeneidad de espacios?

-A mí me parece fantástico, porque es una lección para la derecha argentina, que se puede ser de derecha y democrático; que ser de derecha no significa ser golpista o disculpar que hayan tirado gente viva al Río de la Plata. Eso no es ser de derecha, es ser un hijo de puta. Entonces, la derecha argentina tiene que aprender a jugar políticamente y que si pierde ahí, ya está. Y se tiene que ir al Congreso a los escaños que le tocan. (Sebastián) Piñera le negó el indulto a la Iglesia, porque esa derecha chilena sabe que no ayudaría a consolidar la democracia. Acá tenemos a (Eduardo) Duhalde diciendo que quiere un país para el que quiere a Videla y para el que no lo quiere. Eso no es ser de derecha, es ser canalla.



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Escrito por Nicolás Fortunato Miércoles, 22 de Septiembre de 2010 14:44
Hugo Yasky: “Hay que apoyar lo que está bien y pelear por lo que falta”
Hugo Yasky

A pocas horas de las elecciones en la CTA, el Secretario General y principal candidato de la Lista 10 habló en exclusiva con Política Argentina sobre los proyectos de la central de trabajadores que se debaten, los posicionamientos que debe tener frente al panorama político actual y la cercanía entre sectores progresistas y la oposición de centroderecha. Además, elogió las políticas sociales del gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández pero también criticó y remarcó que hay que insistir en los reclamos para profundizar los cambios.

La Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) elegirá mañana a sus representantes, en medio de un debate y confrontaciones internas sin precedentes para la central. El actual Secretario General, Hugo Yasky, es el candidato que encabeza la Lista 10, mientras que su principal oposición es la Lista 1, encabezada por el secretario adjunto de la central y titular de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), Pablo Micheli, que responde a la línea de Víctor De Gennaro. Así, el 23 se llevará a cabo una elección histórica porque se enfrentan dos sectores fuertes que buscan captar la mayor cantidad de votos posibles entre sus sindicatos más numerosos: los docentes con 320 mil afiliados, y los estatales con 220 mil.

-A pocas horas de llevarse a cabo las elecciones ¿qué balance hace de los debates durante la campaña?

-Estoy muy conforme con el grado de instalación fuerte que tiene la elección de la central en los trabajadores y en general en la opinión pública. El riesgo más grande que corríamos era de enfrentar un escenario de apatía en el que la discusión no existiera y en el que fuéramos a un acto eleccionario que no moviera la aguja ni despertara ninguna expectativa en nadie. Vamos a ir a una elección que se va a convertir en un caso testigo de una manera distinta de construir mayorías a través del voto directo en una central sindical.

-Hace algunas semanas el dirigente de la Lista 1 Hugo Godoy dijo que esta es una elección entre dos proyectos, ¿cuáles son y qué diferencias fundamentales tienen?

-Hay varios ejes. Uno es el de dos miradas contrapuestas sobre la lectura de la etapa histórica que estamos viviendo en Argentina y en la región de América Latina. Nosotros entendemos que hay un proceso de transformación con gobiernos de distintas características pero con algunos hilos conductores que han puesto en la agenda social la distribución de la riqueza, la autonomía respecto de Estados Unidos y el intento de avanzar hacia formas de integración más horizontales. Hoy ya no podemos hablar de la continuidad de las políticas neoliberales como si este gobierno fuese una especie de continuación del menemismo o de la Alianza. Hay otra mirada que confronta, que está instalada dentro de la central, para la cual esto es más de lo mismo. Otra cuestión en debate es la autonomía. Para nosotros no es un concepto filosófico abstracto. En la época de Menem si uno tenía autonomía del gobierno y era opositor eso expresaba una voluntad de cambio y una condición de progresismo. En este momento uno puede ser acérrimo opositor del gobierno, tener autonomía en el mundo sindical, como Luis Barrionuevo, y ser un gran exponente de lo peor del sindicalismo. Creo en una autonomía que no nos ponga como pieza del engranaje oficial pero tampoco del opositor. Pero no podemos convertir la Central en la incubadora de un proyecto político partidario porque eso anula el pluralismo y además genera una tendencia a la fragmentación, que es lo que hay que tratar de evitar.

-¿Cómo cree que afecta esta idea de partido político que hay en algunos sectores dentro de la CTA?

-La idea de que en la central hay que instalar un proyecto político porque si no pierde razón de ser, es una concepción que le hace daño a la CTA. La somete a tensiones y estigmatiza a quienes tienen otras miradas. Nosotros tenemos que contener todas las realidades y en ese camino lo peor que podríamos hacer es dejarla en manos de los que la quieren convertir en una especie de híbrido entre un partido político y una ONG.

-Una de las críticas continuas desde la Lista 1 es su cercanía con el Gobierno nacional, ¿cuál es el posicionamiento de la Lista 10 y qué los acerca al kirchnerismo?

-Este Gobierno ha generado muchas iniciativas que han recibido el apoyo de nuestra central, porque van en el mismo sentido de las demandas populares o porque recogen directamente viejas demandas de la CTA: la asignación universal por hijo o la reestatización de Aerolíneas Argentinas y del sistema jubilatorio. Hay otras políticas que nosotros jamás podríamos avalar porque tienen un contenido antipopular como por ejemplo la intervención del INDEC, el apriete a sus trabajadores o los bolsones de corrupción como el caso de Ricardo Jaime. Hay que apoyar lo que está bien y pelear por lo que falta, como la personería gremial y la libertad sindical, y eso hay que hacerlo con el margen de independencia como para poder decidir en cada momento. Ser una CTA permanentemente opositora y testimonialista, que elabora documentos desde los balcones mirando pasar la realidad, pero que no mete los pies en el barrio para cambiarla, ya no alcanza, es una etapa superada.

-Por esta cercanía con el gobierno de Cristina Fernández, ¿podría quedar la CTA como un brazo de la CGT como lo plantean desde la Lista 1?

-Es un error y un vicio de determinados sectores que tienen una mirada muy infantil al poner a la CGT como un enemigo a derrotar. La CGT no es un todo homogéneo y además están representados trabajadores, es decir, hermanos de clase. Más allá de que el modelo que nosotros representamos es irreconciliable en términos de sus principios y su concepción, hay instancias en las que el movimiento popular y los trabajadores debemos apelar al recurso de la unidad en la acción. Esto que acá es un gran debate filosófico, afuera, en la calle, es dos más dos igual a cuatro. Ningún trabajador duda en el momento que le están pisoteando los derechos en unirse para enfrentar a la patronal, para torcerle el brazo. Pasó en Rosario frente al intento de despido de trabajadores de ambas centrales y no hubo que hacer ningún curso de filosofía.

-Una de las diferencias más notorias entre las posturas contrapuestas dentro de la central se dio en el debate por la resolución 125 , ¿cómo toman la relación entre un sector de la CTA con el titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi?

-Es un error histórico muy grande, porque al confundir al enemigo también se confunde al campo de aliados. Si yo pienso que en el debate de la 125 el enemigo principal era el Gobierno nacional, es lógico que incurra en el error de caracterizar el lockout patronal encabezado por la burguesía de La Rural como una lucha de campesinado pobre. Esa distorsión lleva a pensar que Buzzi es un militante popular. Esto produjo una grieta muy grande acá adentro y partir de ahí se fueron mostrando diferencias más grandes.

-¿Cómo ve la convergencia de espacios progresistas como Proyecto Sur con otros de la derecha o centroderecha?

-Son espacios donde se pierde la perspectiva de la disputa que hay en la región, de lo que significa haber logrado un viraje impresionante en políticas trascendentales como la de derechos humanos, y lo que significa para la región latinoamericana la idea de que no vuelva a gobernar la derecha. Quienes hoy asuman una construcción desde el campo popular, comprometida con las banderas progresistas, no pueden cometer el error de entender la política en un tablero chico donde solamente se explican las alianzas que uno hace en función de un electorado local o nacional. Quienes asuman el compromiso de la transformación, o lo hacen viendo el total del tablero donde están los países de la región, o van a errar permanentemente.

-¿Qué lo entusiasma del partido Nuevo Encuentro de Martín Sabbatella?

-Tiene una mirada en la que nosotros encontramos puntos en común, sobre todo en lo que fue el realineamiento de fuerzas dentro del campo popular después de la 125. El papel de la centroizquierda y de las fuerzas emergentes que intentan crecer por fuera del bipartidismo es justamente profundizar los cambios y las transformaciones, pero a partir de asegurar la inviabilidad de cualquier retorno de la derecha.

-¿Cuál es el lugar que ocupa Nuevo Encuentro y por qué crece tan rápido?

-Hay un sector importante de nuestra población que quisiera ver sintetizada una nueva ética de transparencia en la gestión política, con acompañamiento en la lucha por la justicia social y compromiso con la construcción de políticas ciudadanas más democráticas. Creo que Sabbatella empieza a ser visto como una referencia que intenta construir una especie de síntesis de todo eso, lo que lo pone por fuera de los canales políticos tradicionales.

-El kirchnerismo ha instalado algunas políticas sociales que eran un reclamo histórico de los trabajadores, con lo que ilusiona con un nuevo rumbo, sin embargo ¿por qué no otorga la personería a la CTA?

-Este gobierno le teme a la autonomía de los sindicatos, a la libertad sindical. E incluso no resuelve correctamente la necesidad de ampliar la base de alianzas sociales incorporando actores que, con su cuota de autonomía y demanda, de todas maneras le van a aportar una fortaleza y una legitimidad que otros socios no le aportan. En eso comete un error inmenso y ahí se explica la negativa a la personería y la docilidad del gobierno frente a los lobbys empresarios y a presiones de algunos sectores de la CGT.

-¿Cuáles son los objetivos que debe plantearse la CTA de ahora en adelante?

-Tenemos que crecer mucho más en el sector de las organizaciones que representan a los trabajadores del sector privado, lo que no significa fabricar sindicatos de probeta, burbujas que después ante el primer contacto con la realidad estallen. También tenemos que avanzar en generar formas más democráticas para la propia central, que la pongan a tono con lo que hoy representa en términos del crecimiento que ha tenido. Hay que implementar la representación de mayorías y minorías a través de la proporcionalidad directa.

-¿Por qué se llegó a un acuerdo en la formación del comité, pero no para el sistema de mayorías y minorías?

-No se implementó en esta elección porque les dio vértigo a los compañeros de la Lista 1. Ellos habrán pensado que quizás podía rebotar hacia dentro de su sindicato y generar entonces la misma demanda. Es una paradoja porque empezaron esta discusión hablando del sindicalismo de los próximos diez años y terminaron aferrados a las viejas prácticas. Hay que incorporar al estatuto la posibilidad de un comité arbitral para las elecciones de aquí en más.

-¿Qué va a resultar de estas elecciones históricas para la CTA y de los grandes debates que se dieron?

-Va a quedar una CTA más legítima, más fuerte, más participativa. Nos estamos ganando como central un lugar en la discusión grande de la política argentina y entiendo que más allá del resultado esos avances van a ser irreversibles.



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Sábado, 6 de febrero de 2010
CONTRATAPA
Curiosidades argentinas

Por Sandra Russo

El miércoles estaba entrando a un restaurante porteño con algunos miembros de la organización barrial Túpac Amaru. Milagro Sala venía media cuadra más atrás, con su marido y otros compañeros. Cuando estábamos por entrar, un policía federal que estaba con otro en la puerta del restaurante de enfrente me miró y me hizo una seña. Nos detuvimos. El policía, un hombre de mediana edad, cruzó la calle y vino directo hacia mí. Yo debo haber retrocedido un poco y la cara se me debe haber puesto involuntariamente tensa: el policía estiraba su mano, iba a agarrarme el brazo.

–No te asustés que estoy emocionado, boluda –me dijo él riéndose, y entonces le vi el brillo en los ojos. Pero era raro. ¿Por qué un policía habría de emocionarse al verme? Nunca me había pasado y no pensé que alguna vez me pasara que un policía federal me abrazara en la calle y me felicitara por mi trabajo. El se separó de mí y me mostró su placa. Leí en un voz alta su apellido, porque él me estaba sugiriendo que en su nombre estaba la explicación de esa emoción. No me lo dijo, pero bien me hubiese podido repetir: “Boluda”. Lo que dijo fue:

–El apellido no. Las iniciales.

Las leí también en voz alta:

–J. D.

Hubo un instante de silencio.

–¡Juan Domingo! –grité.

El pegó una carcajada, asintiendo. Nos reímos mucho todos. En eso llegó Milagro, y para el tipo ya fue el colmo esa sorpresa. La hundió en sus brazos –ella es muy menudita–, y se largó a llorar en su hombro. Un peronista de cuna peronista, con padres que decidieron ponerle Juan Domingo. Un policía federal.

Milagro también es peronista desde niña. Su madre adoptiva, de quien estuvo distanciada muchos años pero a quien siempre amó mucho, y sigue haciéndolo, le escribió una vez una carta a Evita y tuvo respuesta. Le llegó una de aquellas máquinas de coser de las que habla la leyenda. A Jujuy llegó aquella Singer. A Jujuy nunca había llegado nada.

El peronismo está marcado con ese bautismo de reconocimiento de ciudadanía que obtuvieron en los ’40 y ’50 millones de argentinos que hasta ese momento no figuraban ni siquiera en las preocupaciones electorales de los políticos argentinos. Cuando Perón llegó a la Secretaría de Trabajo, lo que se estilaba en este país era el fraude. Era más fácil para los partidos tradicionales y para los ocasionales arribistas al poder gestar un engaño o un golpe que incluir a los oscuros y a los desharrapados como objeto de satisfacción política. Eso que ahora llaman “clientelismo” indiscriminadamente cuando se trata de pobres, no era ni siquiera necesario antes de Perón. El “clientelismo”, aun indiscriminadamente, supone un canje de satisfacción. Un canje tramposo y antidemocrático, es cierto, pero los que le reprochan al peronismo su “clientelismo” son los que también hablan de “populismo”. Las clases dominantes argentinas eran predemocráticas cuando nació el peronismo. No querían ni siquiera comprar a los pobres. Simplemente los explotaban a destajo, sin considerar el poder como algo distinto a su propiedad privada.

Hasta Perón, este país fue un ágora cocoliche, un vip berreta, una careta con un tajo racial marcado en el medio. Nunca lo revisamos ni lo admitimos, pero este país creó su ilusión de identidad con un feroz gesto de racismo. La ciudadanía era hasta entonces más que una condición, una aptitud. Se era apto si se era blanco, porque si se era blanco se había comido en la infancia y se había ido a la escuela. Posiblemente con sacrificios, por supuesto, incluso hasta con pobreza. Esa primera exclusión histórica fue racial.

Muchas cosas han cambiado desde entonces, pero algunas no han cambiado nada. Ya escribí alguna vez que ese sentimiento de pertenencia que expresa el peronismo me es ajeno y que sólo puedo percibirlo, empatizar con él, rendirme ante su evidencia. Pero aunque no puedo afirmarme en esa identidad, porque no la reconozco en mí, tampoco puedo dejar de comprenderla en toda su contradictoria y magnífica dimensión movimientista.

Le toca ahora encarnar al peronismo disidente la versión del peronismo que no negó ni siquiera Perón. Es cierto que no es menos peronista ese peronismo. Eso lo refleja con maestría la película de Juan José Campanella, El secreto de sus ojos. Un personaje como ese violador incluido en la trama siniestra en la que derivó alguna vez el peronismo de derecha funde la historia particular en la general. Esta es la contradicción no resuelta del peronismo, pero quizá no se trate ya de una contradicción, sino de dos dicciones totalmente diferentes, dos fuerzas condenadas a competir por un nombre y una identidad. Me temo que nunca ninguna será más peronista que la otra. El contradictorio era Perón y cada fuerza refleja una parte de ese hombre que amplió fenomenalmente las bases de la política argentina.

El antiperonismo, en cambio, no es tan contradictorio. Es lineal en su asco a los males modales, en su selectividad estética y en su abyecto lamento por los privilegios perdidos. Y en los sectores medios, es un lamento peor: como dijo inmejorablemente Carlos Barragán, “si los negros viven como uno, uno siente que tiene una vida de negro”.




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viernes 8 de octubre de 2010
¿El kirchnerismo etapa superior del peronismo?
Polémica
Por Mario Moldovan

Ahora son los muchachos kirchneristas los que discuten si Néstor y Cristina son los herederos superadores del líder. Andan con el libro del populismo de Ernesto Laclau bajo el brazo y hablan de los significantes vacíos y otras yerbas que van quedando como reflujos de la lingüística y del estructuralismo.

Enfrente de ellos se alza el viejo padrino kirchnerista, el doctor Frankenstein de esta criatura que gobierna hace siete años. No es otro que Eduardo Duhalde quien asegura que el kirchnerismo es cualquier cosa menos peronismo.

A principios de esta semana Duhalde, en un acto en Lomas de Zamora, dijo que “hoy la pelea es entre el peronismo y el kirchnerismo” o sea que él no lo ve como una instancia superadora sino como un enemigo que quiere destruir la naturaleza, sea cual fuere, del movimiento que creó Juan Perón.

En fin, como podrán apreciar los que tienen algunos años, esa discusión tampoco es nueva. Las querellas por el peronómetro, imaginario artefacto que definiría quién es más peronista, son antiguas y se dieron en vida del propio Perón.

La cuestión de todas maneras es preguntarse qué hace que el peronismo cambie sin ser nunca superado. Porque Perón fue estatista y aperturista; hubo peronismo socialista y neo-liberal; de derecha y filo-marxista.

Es decir, hubo tantos peronismos como anhelos de superarlo. Y en este sentido me parece que el peronismo se superó tantas veces a sí mismo que ya no hay posibilidades ni necesidad de superarlo. Hay que dejarlo ir.

Fuente (www.lapoliticaonline.com)




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