Lo que circula por los medios

21 de noviembre de 2010

DIA SOBERNIA NACIONAL -






http://www.youtube.com/watch?v=MEIliiEJ23I



http://www.youtube.com/watch?v=qoZcCikKCOM

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Domingo, 21 de noviembre de 2010


EL PAIS › CRISTINA FERNANDEZ DE KIRCHNER INAUGURO EL MONUMENTO A LA BATALLA DE LA VUELTA DE OBLIGADO
“Hay que entender la necesidad de la unidad nacional”

En un acto emotivo, masivo, el Día de la Soberanía pasó a ser un feriado nacional. La Presidenta lo definió como “cumplir con una deuda histórica porque se ocultaron las luchas contra otros colonialismos que aún subsisten”.


Por Julián Bruschtein


“Convoco a nuestros compatriotas a una nueva gesta. Despojar nuestras cabezas de las cadenas culturales que durante años nos han metido.” En un marco imponente, con buques de la Armada y la Prefectura en el río y gran cantidad de gente, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner inauguró ayer en San Pedro el monumento a los caídos en la batalla de la Vuelta de Obligado y formalizó la conmemoración del Día de la Soberanía, a partir de este año feriado nacional. Mientras los manifestantes gritaban “patria sí, colonia no” CFK convocó a la “unidad nacional” para lograr una gran nación”.

Celebrar el Día de la Soberanía es “cumplir con una deuda histórica porque se ocultaron deliberadamente durante dos siglos luchas contra otros colonialismos que aún subsisten, por ejemplo en las Malvinas”, aseguró la presidenta Fernández de Kirchner luego de descubrir el Monumento a los Caídos en Obligado. Los militantes reunidos para el acto tronaron en aplausos ante la arenga. “Hay que entender la necesidad de la unidad nacional para lograr la gran nación como soñaron Belgrano, Moreno, Castelli”, señaló CFK. Del público salió fuerte un grito: “¡y Néstor!” que logró sacarle un sollozo. Entonces agregó “sí, él también”. A esa altura, el público y los invitados especiales vociferaban el ya clásico “olé, olé, olé, Néstor, Néstor”.

El acto fue emplazado en la Reserva Natural que tiene San Pedro en la localidad de Vuelta de Obligado a la vera del río Paraná, a unos 13 kilómetros del centro sampedrino. Antes de ingresar, el diputado Juan Carlos Dante Gullo recordó en diálogo con Página/12 que “en el ’75, con la Juventud Peronista, hicimos también un acto en la Vuelta de Obligado como símbolo de soberanía e integración regional” emparentándolo con el homenaje realizado por CFK. A su vez la diputada radical K de la Concertación, Silvia Vázquez, resaltó que “además de la soberanía política, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner impulsó la reivindicación de la soberanía económica y sobre todo la alimentaria. Este Día de la Soberanía nos encuentra muchos más libres”.

Antes de que llegue Fernández de Kirchner en el helicóptero un grupo de la Asociación Madres de Plaza de Mayo encabezadas por Hebe de Bonafini se sentó a un lado de la escultura todavía cubierta por la bandera argentina. De a poco fueron apareciendo el diputado del Frente para la Victoria Agustín Rossi y José María Díaz Bancalari, la intendenta de Luján Graciela Rosso y el sociólogo Ricardo Rouvier. Una curiosidad fue la presencia del dirigente radical Leopoldo Moreau, que también ingresó con los invitados especiales, aunque se lo notó un poco solitario. Después los mandos militares y los funcionarios del gobierno como el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el secretario de Medios, Tristán Bauer, que conversaban a un costado. La presidenta entró acompañada por los gobernadores Daniel Scioli de Buenos Aires Jorge Capitanich de Chaco y Sergio Urribarri de Entre Ríos, junto con casi todo el gabinete de ministros que la acompañan en la gestión.

El Himno Nacional interpretado por la banda militar del Regimiento Patricios fue acompañado por la voz de Ernesto Bauer, aquel barítono que conmovió a la Presidenta cantando el Ave María durante el funeral del ex presidente Kirchner. De fondo los dedos en “V” de casi todos los presentes y el grito al unísono de “patria sí, colonia no” casi como apéndice del “juremos con gloria morir”. Los militantes decididamente peronistas se salían de la vaina cuando el intendente radical Pablo Guacone –reemplazante del cobista Mario Barbieri, quien renunció para asumir como diputado en diciembre pasado– comenzó con el acto. Rechifla tímida al principio, pero ascendente a medida que Guacone continuaba, hasta que de las filas de las agrupaciones locales partió un “¡gorila!” que desencadenó otra vez el “andate Cobos, la puta que te parió” y “el que no salta es radical”.

La intervención fue corta y el jefe comunal dio paso a la inauguración de la escultura realizada por el artista Rogelio Polesello. La obra está compuesta por un semicírculo de cuatro metros de altura en el que predominan las cadenas y a su derecha se ubica una figura de Juan Manuel de Rosas de tres metros de alto. El área donde está asentada dibuja una estrella federal de ocho puntas de 8,5 metros, iluminadas y con una caída de agua en el fondo. La obra conmemora la batalla de la Vuelta de Obligado en la que los soldados al mando de Lucio N. Mansilla y por órdenes de Rosas, cruzaron cadenas de lado a lado para repeler a la flota anglofrancesa, que quería internacionalizar la navegación del río.

La intervención de CFK estuvo cargada de intensidad. “Fue una guerra de guerrillas en la que la flota anglofrancesa se enfrentó con militares y pueblo, unidos en un solo fusil y un solo cañón”, señaló en su discurso y enfatizó el “rol que tuvieron las mujeres, porque allí pelearon mujeres de San Pedro y San Nicolás. Estoy segura que deben tener su calle y si no que los intendentes y los concejales tomen nota. Hay cada argentino que no se lo merece”, retando a los jefes comunales de la zona. “En esos buques no venían solamente los ingleses y los franceses, venían también” argentinos “que también querían invadir su propia patria”, recordó. Allí convocó a los compatriotas “a despojar de nuestras cabezas las cadenas culturales que durante años nos han metido, que son más profundas que un cañonazo. Porque nos hacen ver con los intereses de otros y no los de la patria”, logrando despertar otra vez a la multitud.

La cantante popular correntina Teresa Parodi interpretó la canción “La Vuelta de obligado”, en la que la Presidenta siguió el ritmo con las palmas. Después los mismos granaderos hicieron un popurrí de las canciones patrias que fueron seguidas por todo el público. Las banderas de las agrupaciones juveniles peronistas se agolpaban frente a las vallas en constante agitación mientras los militantes no paraban de cantar consignas kirchneristas. La Cámpora, la JP Evita, la JP descamisados del Movimiento Peronista Revolucionario mantenían el vaivén al compás de los bombos y la banda de trompetas. Un grupo de mujeres y hombres con flores esperaban “para darle a Cristina nuestro apoyo”. Venían de Merlo, de Ezeiza, Villa de Mayo, de Ramallo, para “continuar con el legado de Néstor”, explicó a los gritos una joven del Peronismo Militante.

Al final, la luna llena como espectadora de lujo sobre el río miraba, redonda y blanca, cómo se desperdigaban los fuegos artificiales mientras la banda militar hacía sonar la Marcha de San Lorenzo acompañada por las banderas y las voces de los militantes que quedaban en el acto, después de que la Presidenta se acercara a saludarlos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-157293-2010-11-21.html

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Enfoque histórico del Día de la Soberanía
La batalla que la historia silenció
La señal Encuentro transmitió a las 21.30 un especial sobre `La Vuelta de Obligado`, uno de los episodios fundantes de la historia argentina. Pacho ODonnell se la definió a Télam, como una metáfora a cañonazos de la alianza entre sectores de la dirigencia local e intereses de poderes internacionales
Esta epopeya nacional contra la flota anglo-francesa aliada con sectores locales pudo verse anoche a través del canal 6 de Cablevisión y Multicanal, canal 7 de Telecentro y canal 126 de DirecTV.

La entrega sobre tendrá repeticiones a través de la señal del Ministerio de Educación de la Nación, también a las 21 de hoy, a las 12 y a las 19 y el lunes 22 a las 21.

En diálogo con Télam el historiador Pacho O´Donnell definió la gesta en la Vuelta de Obligado como "una metáfora a cañonazos de la alianza entre sectores de la dirigencia local y los intereses de poderes internacionales en contra de la Patria y de las grandes mayorías, algo que lamentablemente recorre toda la historia de nuestro país”.

La batalla se produjo el 20 de noviembre de 1845 en un recodo del río Paraná conocido como la Vuelta de Obligado, cerca de la ciudad bonaerense de San Pedro.

Allí, las fuerzas criollas enviadas por Juan Manuel de Rosas al mando del general Lucio Mansilla, enfrentaron a la poderosa escuadra anglo-francesa que pretendía doblegar la soberanía argentina y asegurarse la libre navegación de los ríos.

Los aliados locales de los invasores, “con tal de recuperar el poder del que habían sido desalojados por Rosas y la `chusma´, eran capaces de cualquier cosa, aún de actos de traición a la Patria”, sostiene O´Donnell.

Pacho, biznieto de Sabino O´Donnell, a su vez sobrino y médico de Mansilla, a quien asistió tras ser herido en el combate por un golpe de metralla, afirma que la Vuelta de Obligado fue uno de los más importantes hechos militares de la historia argentina.

“Es solamente comparable al cruce de los Andes”, subraya, y destaca que “se trató nada menos que de la defensa de un país alejado, nuevo, pobre, desarmado, contra el ataque conjunto de Inglaterra y Francia, las dos mayores potencias del momento, no punibles en lo militar ni en lo económico”.

El autor de “La Gran Epopeya”, un libro de reciente aparición y gran aceptación entre los lectores, publicado por Editorial Norma, afirma que el tema “es apasionante y está latente desde hace mucho tiempo, porque la Vuelta de Obligado no fue reconocida en su verdadera dimensión debido a que los que escribieron la historia oficial estaban de acuerdo con los invasores”.

En la visión de O´Donnell, las circunstancias que provocaron el combate de la Vuelta de Obligado, no expresan un hecho aislado ni excepcional.

Aquella batalla “puede parangonarse con el tremendo endeudamiento venal de fondos que fueron a parar a bolsillos de extranjeros y de sus socios argentinos y a la venta de las empresas estratégicas del país a capitales foráneos, sin otro propósito que el beneficio para esos intereses y sus cómplices interiores”, afirma.

Luego, al explicar el creciente interés por el tema y el éxito de su investigación, agrega que “como todo lo que permanece escondido pero presente, cuando aflora provoca una gran conmoción”.

A ello suma la celebración del bicentenario de la Revolución de Mayo “tan multitudinaria, espontánea y alegre”, denotativa de la nueva realidad del país y el interés de la juventud que quiere participar del presente porque comienza a entender el pasado.

Resaltó también la decisión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner de disponer que el 20 de noviembre sea feriado y se celebre el “Día de la Soberanía Nacional”.

“Es un paso muy largo hacia el encuentro con nuestra verdadera identidad, hacia el orgullo por nuestras capacidades, hacia la conciencia de que podemos afrontar y resolver las situaciones más difíciles.”

“Somos un país de epopeyas”, afirma y sustenta esa última sentencia en gestas como “el cruce de los Andes, la Vuelta de Obligado, el fin de la dictadura militar del ´76 y, más recientemente, la resolución de la crisis del 2001 sin ayuda de nadie”.

http://www.prensa.argentina.ar/2010/11/21/14052-la-batalla-que-la-historia-silencio.php

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¿Por qué el 20 de noviembre es el Día de la Soberanía?, por José María Rosa *


El 13 de enero de 1845 en París, noche nevosa según el testimonio de uno de los presentes, François Guizot, primer ministro de Luis Felipe, rey de los franceses, reúne a cenar en el Ministerio de Relaciones Exteriores a los técnicos del Plata que se encontraban en la capital de Francia.

De dicho ágape surgirá la intervención armada anglofrancesa, y su posible colaboración brasileña en los asuntos internos de las repúblicas sudamericanas.

Concurren el embajador de Inglaterra Lord Cowley, sir George Ouseley, que partiría al Plata llevando la intimación a Rosas, Mr.

De Lurde hasta entonces Encargado de Negocios francés en Buenos Aires, el almirante Mackau, ministro de Marina, y que conociera a Rosas en 1840 cuando fue a llevarle la paz por instrucciones de Thiers, Mr. Desages director general del Ministerio, y el vizconde de Abrantés en misión especial de Brasil para acoplarse a la proyectada expedición.

Los Antecedentes de la Intervención Desde 1842 andábase en ese negocio. Francia había fracasado en su intento de imponerse por la fuerza de sus cañones y de su dinero “que sembró la guerra civil” a la Confederación Argentina gobernada por un hombre del carácter férreo de Rosas.

Hacia 1842 la política de la `entente cordiale` de Inglaterra y Francia hizo renacer la posibilidad de una nueva intervención, esta vez combinadas las fuerzas militares de ambas naciones: no era admisible que los pequeños países surgidos de la herencia española obraran como si fueran Estados en uso pleno de su soberanía y se negaran a recibir los beneficios “libertad de comercio, tutelaje internacional, libertad de sus ríos navegables” de las "naciones comerciales".

Había que hacer, en primer lugar, de la ciudad de Montevideo una factoría comercial, de propiedad común anglofrancesa, desde donde dominar la cuenca del Plata después, establecer la ley de los mares “es decir, su libre navegación” a los ríos interiores argentinos, y finalmente dividir en mayores fragmentos esa Confederación Argentina que Rosas se había empeñado en mantener incólume del naufragio del antiguo y extenso virreinato del Plata.

De allí la nota conjunta que los ministros inglés y francés en Buenos Aires (Mandeville y De Purde) habían pasado a Rosas apenas producida la batalla de Arroyo Grande. Diciembre de 1842: prohibíase ayudar a Oribe a recuperar su gobierno oriental y se amenazaba con tomar las medidas consiguientes si los soldados argentinos atravesaban el Uruguay en unión con los orientales para expulsar las legiones extranjeras que mantenían a Montevideo.

Pero Rosas quedó sordo a la amenazas: contestó poco más o menos que en las cosas argentinas y orientales mandaban solamente los argentinos y los orientales. Consecuente con su respuesta el ejército aliado de Oribe, atravesó el Uruguay, y en febrero de 1843 empezó el sitio de Montevideo, defendida por las legiones extranjeras y por el almirante inglés Purvis.

En febrero de 1843 esperábase por momentos la intervención conjunta amenazada por la nota de Mandeville y De Lurde que Rosas había osado desafiar. Pero no llegaba. Es que 1843 no había sido un año propicio para la entente cordiale, amenazada de quebrarse por la cuestión del matrimonio de la joven reina de España.

La misión del argentino Florencio Varela De allí el desdichado fracaso del abogado argentino Florencio Varela, enviado a Londres en agosto de 1843 por el gobierno de la Defensa de Montevideo a indicación del almirante inglés Purvis.

Llevó instrucciones para convencer al canciller Aberdeen de que la "causa de la humanidad" reclamaba la inmediata presencia de la escuadra británica en el Plata.

Gestionaría también la "tutela permanente" inglesa a fin de salvar al Plata en adelante de la barbarie nativa. Intervención y tutela retribuidas “lo decían las instrucciones” con la libertad absoluta de comercio y la libre navegación de los ríos.

Para cumplir mejor su cometido y documentar la "causa de la civilización", la casa inglesa Lafone confeccionó en Montevideo un record de los actos de barbarie que convenía atribuir a Rosas.

El periodista argentino José Rivera Indarte, ducho para esos menesteres, recibió el encargo de redactar el record abultándolo de manera que impresionara en Europa: se le pagó un penique por cadáver atribuido a Rosas.

Confeccionó Las tablas de sangre, que por dificultades de impresión no estarían listas en el momento de embarcarse Varela, pero le llegarían a Londres a los fines de su misión.

Aberdeen recibió a Varela. El trato no fue el esperado por el argentino. No obstante traducirle Las tablas de sangre, el inglés no pareció emocionarse con los horrores recopilados por Rivera Indarte; tampoco tomó en serio "la tutela permanente" ni las cosas que le ofrecía el ex argentino.

Le contestará fríamente que Inglaterra defenderá la "causa de la humanidad" dónde y cómo lo creyera conveniente, sin menester de promotores ni alicientes, y se le importaba un ardite cuanto pudieran ofrecerle los nativos auxiliares.

Inglaterra haría y tomaría lo que más le conviniese, sin otro acuerdo que "con las grandes naciones comerciales" asociadas a la empresa.

Varela no entiende; nunca entendió nada de la política americana ni de la europea. No comprende ese desprecio hacia "su gobierno" tan favorable a Inglaterra, ni que se hiciera caso omiso de sus tentadoras ofertas; jamás tuvo conciencia de su posición ni sentido de las distancias.

Váse de Europa “después de una gira por París, donde tuvieron mayor éxito las Tablas de sangre” mohino y decepcionado de los "poderes civilizadores". "La Inglaterra “escribe en su Diario de viaje” no conoce ni sus propios intereses".


La cena de Guizot En 1844 las cosas mejoraron y la `entente cordiale` pudo reanudarse. Más alerta Brasil que el despistado gobierno de Montevideo, envía entonces su comisionado: el vizconde de Abrantés.

Aberdeen lo recibe mejor que a Varela; al fin y al cabo Brasil era un imperio constituido y no un gobierno nominal de ocho cuadras escasas, mantenido a fuerza de subsidios y de legiones.

Pero Inglaterra no quiere la participación de Brasil en la empresa a llevarse en el Plata; no le convenía fortalecer ese imperio americano ni darle entrada al Plata.

Como Abrantés representaba a un emperador no podía despedirle a empujones, como lo hizo con Varela; lo hará más diplomáticamente, pero lo hará.

Tras conversar con Abrantés en Londres (que también ha venido a hablarle "de la causa de la civilización", oyendo del inglés el despropósito de "que la existencia de la esclavitud en Brasil era vergüenza mayor que todos los horrores atribuidos a Rosas por sus enemigos", lo despacha a París.

Allí se arreglará la intervención en definitiva y la posible participación de Brasil.

Pero eso es la cena de Guizot en el ministerio la noche del 13 de enero de 1845. Muy a la francesa se discutirá la acción en la sobremesa. Y al servirse el café y el coñac, Guizot abre el debate sobre el interrogante ¿Qué propósito y qué medios dar a la intervención? Abrantés no se anima a postular "la causa de la civilización" después de lo ocurrido con Aberdeen.

Las Tablas de Sangre podían ser útiles para impresionar al gran público, pero evidentemente no producían efecto en los políticos.

Sin embargo, todos son partidarios de pretextar ostensiblemente la "causa de la civilización", pero agregándole las "necesidades de las naciones comerciales", la "independencia de Uruguay, Paraguay y Entre Ríos" que había que preservar de la Confederación Argentina, y la "libre navegación de los ríos" argentinos, orientales, paraguayos y entrerrianos.

En cuanto a Rosas... Mackau, que lo ha conocido en 1840 hace su elogio: es un patriota insobornable, un político hábil, un gobernante de gran energía y un hombre muy querido por los suyos.

Desde luego, es un obstáculo para los planes de la intervención y costaría llevarlo por delante; aunque contra las escuadras combinadas nada podría hacer.

De Lurde, que también lo ha conocido en Buenos Aires, se desata en elogios para Rosas: su gobierno ha impuesto el orden donde antes imperaba el desorden; tal vez los argentinos se hubieran acostumbrado a obedecer a una autoridad y pudiera reemplazárselo por otro gobernante más amigo de los europeos, pero la cuestión es que Rosas no cedería a una intervención armada: "se refugiaría en la pampa y desde allí hostilizaría a los puertos".

A su juicio la intervención irá a un completo fracaso; mejor era dejar las cosas como estaban y tratar con Rosas de igual a igual "sacándole los beneficios comerciales posibles".

Abrantés está de acuerdo, en parte, con De Lurde. Pero no cree que la intervención iría a un completo fracaso. Combinadas Inglaterra, Francia y Brasil, su fuerza sería irresistible; a Rosas podría perseguírselo hasta el fondo de la pampa. Pero, eso sí, deberían emplearse todos los medios para obtener el triunfo.

En caso de no emplearse medios eficaces (expedición marítima y fuerzas de desembarco en número aplastante), mejor era olvidarse de una intervención y "no exponerse a la irritación de un hombre como Rosas".

Ouseley trae le palabra de Inglaterra. Nada de expediciones de desembarco que por dos veces habían fracasado en Buenos Aires (1806 y 1807).

Lo que se buscaba era otra cosa, para lo cual el gobernante argentino carecía de fuerza para oponerse: una gran expedición naval que levantara el sitio de Montevideo, tomara posesión de los ríos, y gestionara y mantuviera la independencia del Uruguay, Entre Ríos y Paraguay.

De Montevideo se haría una factoría para las grandes naciones comerciales; de común acuerdo entre las nacionales comerciales y Brasil, se fijarían los límites de los nuevos Estados del Plata.

Buenos tratados de comercio, alianza y navegación los unirían con las naciones comerciales.

Abrantés se desconcierta ante esa repetición de "las naciones comerciales" que parecerían excluir a Brasil, y pregunta cuál sería la participación del Imperio en la empresa. "El ejército brasileño operaría por tierra concluyendo con Oribe".

Abrantés protesta, pues eso sería "recibir solo la animosidad de Rosas, pues las fuerzas de Rosas se manifestarían por tierra, si los tres aliados participaban en común, también en común deberían emplearse".

Cowley corta: Inglaterra no enviará expediciones terrestres.

Mackau no quiere la participación de Brasil "que complicaría la cuestión". Ouseley añade que por una fuerte expedición naval podrían cumplirse los objetivos de la intervención: en cuanto a Rosas y su Confederación Argentina, aislados al occidente del Paraná, no podrían oponerse a lo que se hiciera a oriente de este río.

Guizot resume las opiniones como final del debate.

Se emplearían "solamente medios marítimos", a no ser que Brasil quisiera, usar su ejército de tierra; la acción naval sería suficientemente poderosa para hacer a los aliados dueños de los ríos, del Estado Oriental, de la Mesopotamia y del Paraguay, cuya "independencia se garantizaría".

Estos Estados se unirían con sólidos lazos comerciales y de alianza con los interventores.

Brasil se retira Abrantés informa esa noche a su gobierno. Ha comprendido que muy diplomáticamente no se quiere la participación brasileña.

No solamente Aberdeen le ha exigido la renovación de los leoninos tratados de alianza y de tráfico de esclavatura como previos a la alianza, sino Brasil no obtendría objetivo alguno en la intervención.

Todo sería para las naciones comerciales; que fijarían los límites de los nuevos Estados con el Imperio (desde luego, en perjuicio del Imperio), y serían las solas dueñas de las nuevas repúblicas. Brasil vería cortarse para siempre su clásica política de expansión hacia el sur.

Además, dejarle la exclusividad de las operaciones terrestres contra Rosas era una manera de obtener el retiro del Imperio, pues Brasil no tomaría exclusivamente semejante responsabilidad. Y dando por terminada su misión se retira de París.

Empieza la Intervención Gore Ouseley, portando el ultimátum previo a la intervención, viajó a Buenos Aires. Exigió el retiro de las tropas argentinas sitiadoras de Montevideo, juntamente con las orientales de Oribe y el levantamiento del bloqueo que el almirante Brown hacía de este puerto.

Se descartaba su rechazo por Rosas. Poco después llegaba el barón Deffaudis con idéntico propósito en nombre de Francia.

Mientras Rosas debate con los diplomáticos el derecho de toda nación, cualquiera fuere su poder o su tamaño para dirigir su política internacional sin tutela foráneas, se presentaron en Montevideo las escuadras de Inglaterra y Francia comandadas respectivamente por los almirantes Inglefield y Lainé.

Pendientes aún las negociaciones en Buenos Aires, ambos almirantes se apoderaron de los buquecillos argentinos de Brown que bloqueaban Montevideo, arrojaron al agua, la bandera Argentina y colocaron al tope de ellos la del corsario Garibaldi.

Ante ese hecho -ocurrido el 2 de agosto de 1845- Rosas elevó los antecedentes a la Legislatura, que lo autorizó "para resistir la intervención y salvar la integridad de la patria". Ouseley y Deffaudis recibieron pasaportes para salir de Buenos Aires. La guerra había empezado.

Obligado (20 de noviembre) El 30 de agosto la escuadra aliada íntima rendición a Colonia, que al no ser acatada es desmoronada a cañonazos al día siguiente. Garibaldi, con los barcos argentinos, de los que ahora es dueño, participa en este acto y se destaca en el asalto que siguió.

El 5 de septiembre los almirantes se apoderan de Martín García: Garibaldi, con sus propias manos -que más tarde serían esculpidas en bronce en una plaza de Buenos Aires-, arrió la bandera argentina.

De allí la escuadra se divide. Los anglofranceses remontan el Paraná, mientras Garibaldi toma por el Uruguay y sus afluentes: el corsario se apodera y saquea Gualeguaychú, Salto, Concordia y otros puntos indefensos, regresando a Montevideo con un enorme botín de guerra.

Mientras tanto Hontham y Trehouart navegan el Paraná en demostración de soberanía, y para abrir comunicaciones con su ejército "auxiliar" que, al mando del general Paz, obraba en Corrientes.

Pero el 20 de noviembre, al doblar el recodo de Obligado, encuentran una gruesa cadena sostenida por pontones que cerraban el río, al mismo tiempo que baterías de tierra iniciaban el fuego.

Es el general Mansilla, que por órdenes de Rosas ha fortificado la Vuelta de Obligado y hará pagar caro su cruce a los interventores.

Al divisar los buques extranjeros ha hecho cantar el Himno Nacional a sus tropas y abierto el fuego con sus baterías costeras.

Hontham y Trehouart contestan y llueven sobre la escasa guarnición Argentina los proyectiles de los grandes cañones de marina europeos.

Siete horas duró el combate, el más heroico de nuestra historia (de las 10 de la mañana a las 5 de la tarde). No se venció, no se podía vencer.

Simplemente, quiso darse a los interventores una serena lección de coraje criollo. Se resistió mientras hubo vidas y municiones, pero la enorme superioridad enemiga alcanzó a cortar la cadena y poner fuera de combate las baterías.

Bizarro hecho de armas, lo califica Inglefield en su parte, desgraciadamente acompañado por mucha pérdida de vidas de nuestros marinos y desperfectos irreparables en los navíos.

Tantas pérdidas han sido debidas "a la obstinación del enemigo", dice el bravo almirante.

¿Se ha triunfado? La escuadra, diezmada y en malas condiciones, llega a Corrientes, y de allí intenta el regreso.

En el Quebracho, cerca de San Lorenzo, vuelve a esperarla Mansilla con nuevas baterías aportadas por Rosas. Otra vez un combate, otra vez "una victoria" -el paso fue forzado- con ingentes pérdidas.

Desde allí los almirantes resuelven encerrarse en Montevideo; transitar el Paraná es muy peligroso y muy costoso.

Se deshace el proyecto de independizar la Mesopotamia gestionado por los interventores en el tratado de Alcarás porque Urquiza ya no se sintió seguro. Se deshace la intervención.

Poco después -13 de julio de 1846- Samuel Tomás Hood, con plenos poderes de Inglaterra y Francia, presenta humildemente ante Rosas el "más honorable retiro posible de la intervención conjunta". Que Rosas lo haría pagar en jugoso precio de laureles.

Por eso el 20 de noviembre, aniversario del combate de Obligado, es para los argentinos el Día de la Soberanía.

Algunos panegiristas de Varela han negado la imputación de Paz, por no referirse las instrucciones de Varela a la independencia de la Mesopotamia. Pero nada tenían que decir estas instrucciones del gobierno de Montevideo sobre un asunto que le era ajeno. Por otra parte, la imputación de Paz no puede asombrar a quien conozca la política de esos años: la independencia de la Mesopotamia era un viejo propósito acariciado por quienes buscaban fragmentar en mayores porciones al antiguo virreinato. Lo quisieron Inglaterra y Francia en 1845; lo quiso Brasil en 1851. No lo pudieron cumplir los primeros por la enérgica repulsa de Rosas; no lo pudo hacer el último por la oposición inglesa a crearse una republiqueta en beneficio de Brasil. En beneficio suyo -como en 1845 y 1846- era otra cosa. Urquiza no fue ajeno a ambas propósitos de desmembrar la Argentina.

Volviendo a Varela. Pese a la radical expresión de la Historia de la Academia "La acusación de desmembrar la mesopotamia hecha a Varela -no tenía más falta que la de ser equivocada-. Si llega a formularse nuevamente deberá ser calificada de infundada" VII, 2º sc., p.265), lo cierto es que Varela, Carril y la mayor parte de los unitarios y aún el mismo Urquiza querían desmembrar la Mesopotamia. La prueba documental es terminante y decisiva.

En realidad, poco importa lo que dijera o pretendiera Florencio Varela. La desmembración de la Mesopotamia no hubiera sido lo más lamentablemente deplorable de su triste misión. Quién tenía instrucciones para ofrecer la tutela permanente de Inglaterra en el Plata, importa poco que hubiera querido dividir administrativamente a su patria en dos o catorce porciones. (Télam)


(*) Historiador (1906-1991)

http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&dis=1&sec=1&idPub=204099&id=387330&idnota=387330

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POLITICA

Vuelta de Obligado y la autoafirmación nacional, por Francisco José Pestanha


El notabilísimo pensador entrerriano Fermín Chávez supo percibir en la batalla de la "Vuelta de Obligado" un verdadero jalón de nuestra autoafirmación nacional.

Para quienes no la recuerdan, dicha conflagración constituyó una de las más importantes de la epopeya independentista argentina, y tuvo lugar el 20 de noviembre de 1845 en un recodo del río Paraná a escasos 20 kilómetros de la localidad de San Pedro, provincia de Buenos Aires. Protagonizaron la contienda por un lado las tropas de la Confederación Argentina liderada en aquél entonces por Don Juan Manuel de Rosas, y por el otro, las compuestas por la "entente cordiale", una alianza entre Inglaterra y Francia, dos de las potencias mas aventajadas de la época.

El enfrentamiento se prolongó por un lapso aproximado de 9 horas, logrando las tropas enemigas perforar las líneas de grandes cadenas que atravesaban el río. Muchos historiadores coinciden que las huestes al mando de Lucio N. Mansilla profesaron una perspicacia y un heroísmo dignos de subrayar, y que la estrategia militar adoptada por el restaurador fue brillante.

Los daños producidos a la "entente" en Obligado, y posteriormente en Tonelero, San Lorenzo y Punta Quebracho, obligaron a los enemigos a desistir de una "intervención en el Río de la Plata" que si bien estuvo orientada (aunque encubiertamente) a garantizar sus propios intereses comerciales, escondía alguna intención inducida "desde adentro" para independizar la Mesopotamia.

José de San Martín desde el exilio comprendió como pocos la importancia estratégica de este acontecimiento manifestando en alguna oportunidad: "Ya sabía la acción de Obligado; ¡que iniquidad! De todos modos los interventores habrán visto por este échantillon que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca". El libertador a su muerte en reconocimiento a éstas y otras acciones, legará por disposición testamentaria a Rosas el sable con el que luchó por la independencia.

La autoafirmación es un mecanismo psicológico mediante el cual reforzamos las propias ideas, poderes, fortalezas y habilidades. En su faz colectiva, constituye un dispositivo de cohesión social mediante el cual nos reconocemos positivamente como parte de un todo entrelazado por la solidaridad. La autoafirmación es, en definitiva, un dispositivo de autovaloración.

Obligado en particular pero en especial el rechazo a un bloqueo impuesto por dos potencias coloniales, constituye un evento que habla nítidamente de una de una capacidad colectiva subyacente, y el Poder Ejecutivo Nacional, comprendiendo su magnitud, acaba de decretar felizmente al 20 de noviembre como feriado nacional.

Anhelamos que esta festividad constituya un espacio para la reflexión sobre ciertas potencialidades que efectivamente poseemos, pero que por alguna razón extraña, solemos ejercitar una vez cada tanto.

http://www.telam.com.ar/vernota.php?tipo=N&dis=1&sec=1&idPub=204099&id=387333&idnota=387333

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