Lo que circula por los medios

30 de diciembre de 2010

Joaquin Morales Sola fue citado a declarar como testigo de un Operativo en la Dictadura - Morales Sola aparece en una foto en un Centro Clandestino de detención


17:15 - POLITICA
Citaron a declarar a Morales Solá como testigo del Operativo Independencia en la dictadura


La Justicia Federal libró hoy un oficio para que el periodista Joaquín Morales Solá declare como testigo en la causa que investiga en Tucumán el Operativo Independencia de la represión terrorista de Estado.

El juez Daniel Bejas citó a Morales Solá a raíz de la divulgación de una fotografía de 1975 en la que éste aparece junto al represor ya fallecido Acdel Vilas en la "Escuelita" de Famaillá, donde funcionó el primer centro clandestino de detención del país.

Ese centro de torturas y exterminio, por el que pasaron unos 2.000 prisioneros políticos, fue utilizado por los represores Vilas y Antonio Domingo Bussi desde la gestación del Operativo Independencia y durante la última dictadura (1976-83).

Actual columnista del diario La Nación y conductor de un programa del canal de cable TN, perteneciente al grupo Clarín, Morales Solá deberá prestar declaración testimonial el 21 de febrero en el marco del pliego de preguntas ofrecido por la Fiscalía General.

En 1975, Morales Solá integraba la redacción de La Gaceta y era corresponsal en Tucumán del diario Clarín.

El juez Bejas citó también para que declare en esa fecha como testigo al periodista Oscar Armando Gijena, actual secretario general de la Asociación de Prensa de Tucumán.

Consultado para una reciente nota publicada por el semanario Miradas del Sur, Gijena relató cómo funcionaba la redacción del diario La Gaceta en la época del Operativo Independencia.

"Había algunos periodistas que por miedo o temor a perder sus familias publicaban todo lo que Bussi les decía en las reuniones que se realizaban en su despacho militar. Lo hacían porque no les quedaba otra. Pero había casos como el de Joaquín Morales Solá, que lejos de tener miedo, alentaban la publicación de los escritos militares o mejor dicho arengaban a la tropa", afirmó.

Con las citaciones a Morales Solá y Gijena, Bejas hizo lugar al pedido de la Fiscalía General número 1, que tiene una unidad fiscal ad hoc que se encarga de causas de delitos de lesa humanidad.

La fotografía de Morales Solá con Vilas y otros militares fue divulgada por Miradas del Sur el pasado 5 de diciembre.

Según el director de esta publicación, Eduardo Anguita, la foto es de fines de 1975, cuando había "por lo menos 150 detenidos ilegales en la "Escuelita" de Famaillá".


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 ver




LA SIP POR FONTEVECCHIA Y OTRAS VOCES - Dec 28

 Sep 01

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La Justicia cita a Joaquín Morales Solá

[ 30 de Diciembre de 2010 02:11 ]

El periodista deberá explicar sobre la foto en la que aparece junto al represor Acdel Vilas, en la “escuelita” de Famaillá.

Por pedido del fiscal federal Carlos Brito, el juez federal Nº 1 de Tucumán, Daniel Bejas ordenó la declaración, en calidad de testigo, de Joaquín Morales Solá.

La causa se inició por la fotografía, de 1975, en la que aparece el periodista junto al represor fallecido Acdel Vilas en la Escuelita de Famaillá, en el marco del Operativo Independencia y busca indagar, también, sobre el papel de los medios, como La Gaceta “para conocer qué grado de control tenían los militares sobre los medios. Allí se difundían datos sobre las víctimas fatales, y se cree que gran parte de esa información provino del Tercer Cuerpo del Ejército, como parte de la “guerra psicológica” que después se difundió en todo el país para crear un enemigo, el subversivo”, tal lo retracta un artículo de Tiempo Argentino.

La fotografía de Morales Solá fue difundida por el semanario Miradas del Sur en su edición del 5 de diciembre pasado, acompañada por una columna del escritor Eduardo Anguita. En ese artículo, según recuerda el sitio del diario Tiempo Argentino, Anguita recordó que: “según dos fuentes calificadas, el edificio al cual va a ingresar la comitiva (de Acdel Vilas) es la tenebrosa Escuelita de Famaillá”, el primer centro clandestino de detención del país, donde Vilas y su sucesor Antonio Domingo Bussi utilizaron como campo de concentración para secuestrar y torturar a más de 2.000 presos políticos.
“La foto con el entonces comandante Vilas fue capturada a fines de 1975. En ese momento Morales Solá trabajaba como periodista de La Gaceta de Tucumán y era corresponsal del diario Clarín. Se calcula que en noviembre de ese año había por lo menos 150 detenidos ilegales en la Escuelita de Famaillá”, se detalla en tiempo.elargentino.com.

Morales Solá será llamado a declarar el 21 de febrero de 2011. Ese día, también deberá declarar el secretario general de la Asociación de Prensa de Tucumán, Oscar Gijena.

El juez Bejas también citó a declarar el mismo día, pero en Tucumán, al secretario general de la Asociación de Prensa, Oscar Gijena, para constatar si existe un registro en el gremio de la situación que supuestamente padecía Morales Solá. En una nota de Miradas al Sur, Gijena recordó –según los registros de la memoria de los directivos del gremio en ese entonces- que “lejos de tener miedo, muchos (por periodistas) alentaban la publicación de los escritos militares, o mejor dicho, arengaban a la tropa”. (PrimeraFuente)

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Edición del 6/12/2010
Morales Solá, en un operativo militar

El columnista del diario La Nación, Joaquín Morales Solá apareció ayer en una foto publicada por Miradas al Sur junto al jefe del Operativo Independencia en Tucumán, general Acdel Vilas y otros oficiales a fines de 1975.

Según el artículo "Morales Solá al descubierto", firmado por Eduardo Anguita en el semanario Miradas al Sur -que publica la foto en tapa y en la página 3- en la imagen los mencionados se disponen a ingresar en "la tenebrosa Escuelita de Famaillá, el principal centro de exterminio por entonces". Solá era por entonces periodista del diario La Gaceta de Tucumán y corresponsal de Clarín.
En diversas ocasiones, de acuerdo a lo que señaló la nota periodística del dominical Miradas al Sur, "se publicaron varias informaciones que daban cuenta de la estrecha relación del actual columnista estrella del diario La Nación con el represor Vilas y con quien lo sucedió en sus genocidas tareas, Antonio Domingo Bussi".
"Quedará en manos de los peritos de la Justicia Federal tucumana determinar con precisión qué hacía allí Morales Sola", agrega la nota.
Anguita añade que este testimonio fue brindado por dos fuentes, pero que una tercera sostiene que "se trata de otro lugar de torturas y eliminación de detenidos ubicado en las instalaciones
del ingenio Santa Lucía".
El artículo cita una nota publicada por Morales Solá en "Clarín" el 12 de noviembre de 1975 donde señala: "Han pasado ya 36 semanas, el tiempo de una gestión" y agrega que "ha cambiado, sin duda, la imagen revoltosa, rebelde y disconforme que Tucumán supo
formarse a través de largos años".
Al respecto, indica que "la presencia militar ha aquietado las aguas siempre turbulentas y, como barridas por un fuerte viento, han desaparecido huelgas, manifestaciones y disturbios".
Anguita menciona que Morales Solá viajó a Buenos Aires por "una combinación que conjugó las necesidades de flamantes autoridades periodísticas de Clarín y la recomendación de un
importante general, mano derecha de Videla. Se trataba de José Rogelio Villareal, quien estuvo al frente de la Quinta Brigada del Ejército en la última fase del Operativo Independencia".

Abogado de Clarín
El abogado Juan Félix Marteau fue una de las principales fuentes de información de la embajada de Estados Unidos "para la redacción del cable 1257 sobre lavado de dinero en la Argentina enviado al Departamento de Estado el 1 de diciembre de 2009", según informó el diario Tiempo Argentino.
Según el diario porteño, en un artículo firmado por Hernán Cocchi en la edición del domingo, el abogado "especialista en delitos financieros y blanqueo de capitales también asesoró a la diputada Elisa Carrió, y es uno de los letrados del Grupo Clarín".
En ese sentido, de acuerdo al diario, Marteau es letrado del Grupo Clarín "en una causa iniciada luego de la denuncia de Hernán Arbizu, ex directivo del banco de inversiones norteamericano JP Morgan, quien hizo pública una megamaniobra de Ernestina Herrera de
Noble, Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro mediante la cual creaban sociedades en el exterior para realizar operaciones financieras fraudulentas y evadir impuestos".
El artículo señala que "uno de los más destacados especialistas en la materia en la Argentina -como lo define el proyecto de ley contra lavado de divisas presentado por la legisladora de la Coalición Cívica junto a Horacio Piemonte- defiende al multimedio más grande del país en una investigación por el blanqueo de más de 300 millones de dólares".
Tiempo Argentino señala que "el 24 de octubre pasado, Tiempo Argentino denunció cómo el Grupo Clarín había creado cinco empresas en paraísos fiscales para evadir impuestos".
"Ese mismo día, este diario contaba como Juan Félix Marteau y Alejandro Pérez Chada se presentaron en las oficinas de la Unidad de Información Financiera (UIF) como apoderados del multimedio para exigir el acceso a los expedientes que se siguen contra la empresa de Ernestina Herrera de Noble y Héctor Magnetto", añade el artículo periodístico.


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Joaquín Morales Solá, la vergüenza de haber sido...
Viernes, 23 de Abril de 2010 12:29 El País - Represores

El periodista Pablo Llonto, además de un reconocido y respetado periodista, es el abogado de la familia de Diego Muñiz Barreto, un ex diputado peronista que fue asesinado durante la dictadura y por cuyo crimen está acusado Luis Patti, reveló anécdotas de Morales Solá referidas a la etapa que ambos trabajaban en diario Clarín.
Según Llonto, el ahora paladín de la libertad de expresión y víctima de una campaña oficial, mientras estaba a cargo de la redacción de Clarín en tiempos de democracia, prohibió que se escribiera " Che Guevara" en las notas e hizo echar a periodistas de política que fueran candidatos en agrupaciones de izquierda.

Al mismo tiempo, Llonto ratificó que el ahora columnista de La Nación escribió en 1978 el panorama político elogioso del dictador Jorge Videla.

Llontó explicó que si bien la columna no está firmada, la autoría del artículo se la confirmó una fuente confiable, además de que el texto tiene el estilo de Morales Solá y que éste era uno de los tres encargados de ese espacio. Llonto desafió al columnista de La Nación a que diga si no fue él quién redactó el texto.

En idéntico sentido, a fines del año 2003 el periodista Hernán López Echagüe desenmascaró a Morales Solá en el marco de la crítica a una nota firmada por este último, publicada en La Nación el 19 de diciembre de 2003, en la cual el calvo periodista realizó una insólita defensa de Ernestina Herrera de Noble, por entonces detenida por un pedido judicial.

Morales Solá sostuvo que "El contexto de 1976 no era el de hoy. Aún las personas que luego formarían la trágica saga de desaparecidos, en aquel año no eran consideradas como tales por ningún argentino que no estuviera en el corazón del poder militar".

En respuesta a esa columna, López Echagüe escribió: "Resulta asombroso corroborar en estos días el temor que ha infundido en los grandes medios de comunicación el arresto de la señora de Noble. (...) ha sido Joaquín Morales Solá, columnista de La Nación y fiel escriba del diario Clarín en tiempos de la dictadura, quien ha elevado la hipocresía al grado de arte...".

En otra parte de su texto, López Echagüe da cuenta de un asado que en marzo de 1976 compartieron con "el general genocida" Antonio Domingo Bussi, Leo Gleizer, René Sallas, Marcos Taire y Morales Solá entre otros periodistas. "Al cabo del ágape, el general obsequió a cada uno de los periodistas presentes un pergamino en el que agradecía 'su colaboración en la lucha contra la subversión'. Sin ocultar el contento, Morales Solá tomó el suyo y acto continuo buscó el abrazo del general" agregó.

Las palabras de López Echagüe provocaron el enojo y la inmediata desmentida de Morales Solá, lo cual produjo, a su vez, una ampliación del tema por parte del primero:
"He leído con suma atención la respuesta de Joaquín Morales Solá en la cual refiero, entre otros hechos, la conferencia de prensa que en marzo de 1976 organizó el general genocida Antonio Domingo Bussi, en San Miguel de Tucumán (...)

La respuesta de Morales Solá, por su vaguedad, mueve al asombro. Cita el periodista de La Nación el mail que, efectivamente, me envió el 20 de diciembre, un mensaje escueto donde, entre otras cosas, dice: 'Lo que no puedo aceptar es el dato deliberadamente falso. Cuando se publicó tu libro sobre Bussi, te llamé (...) para desmentir categóricamente que yo haya estado en un asado con Bussi en Tucumán. Te dije más aún: en 1976 yo estaba en Buenos Aires y no en Tucumán.
Y nunca hablé con Bussi, bajo ninguna circunstancia, cuando estaba en Tucumán. Te pedí que hicieras esa aclaración en la segunda edición, no que sacaras el párrafo. Me extraña que tu memoria sea tan sesgada para el recuerdo de los hechos'.

Sesgada, frágil y antojadiza parece la memoria de Morales Solá.

Primero, en su llamado telefónico, repito, habló de 'pecados de juventud' y me pidió que, en caso de una reedición, suprimiera de mi libro el párrafo en que narro el encuentro con Bussi; recuerdo, incluso, haber comentado el episodio a los directores de Editorial Sudamericana. Segundo, el pasado jueves 2 de enero, durante un almuerzo con otros periodistas, Marcos Taire volvió a ratificar la presencia de Morales Solá en dicha conferencia de prensa. Tercero, el propio Morales Solá, en una nota publicada en el diario El País, de Madrid, el 24 de marzo de 2001, escribió: 'En la triste y absorta madrugada del 24 de marzo de 1976 me tocó cubrir como periodista el ungimiento del prepotente general Antonio Domingo Bussi como gobernador de Tucumán ...'. Presumo que si cubrió 'el ungimiento' de Bussi no tuvo más remedio que verlo, compartir con él un espacio físico en común, y muy probablemente, pues para eso lo habían enviado, formularle alguna pregunta.

No conozco casos de periodistas que realicen coberturas desde una azotea, o metidos en una escafandra. Por lo demás, en tanto el infortunado Morales Solá cubría la asunción de Bussi, decenas de periodistas que habían comprendido que resultaba imposible ejercer su oficio bajo un régimen que tenía como principio amordazar la libertad, eran perseguidos, secuestrados, torturados, asesinados. No recuerdo ningún artículo de Morales Solá denunciando tamaña barbarie.

(...) ¿De qué periodismo independiente puede hablar Morales Solá, hombre que, en los inicios de los ochenta, solía tener como informante a Guillermo Cherasny, entonces oficial de Inteligencia de la Marina? Si acaso no lo recuerda, sus encuentros en el Florida Garden, Paraguay y Florida, eran habituales. ¿Con qué autoridad puede hablar sobre ética periodística un hombre que ofició de escriba de los militares genocidas en los diarios La Gaceta y Clarín, periódicos que, cabe recordar, recibieron de brazos abiertos a Bussi, Videla, Agosti, Massera y sus feroces grupos de tareas?
Si ejercer el oficio de columnista político durante la dictadura, sometiéndose sin rodeo alguno a censuras, engañando, ocultando información, ya comporta una conducta digna de reproche, más llamativo resulta que el crecimiento de Morales Solá como periodista hubiera ocurrido, precisamente, al amparo de los dictadores.
En fin, el melancólico propósito de Morales Solá de presentarse hoy como paradigma del periodismo independiente y albacea de los principios éticos, suena a insulto, a burda ocurrencia. Equivale, por ejemplo, a considerar a Carlos Menem como el hacedor de un país digno, justo y soberano".
Elocuencia aparte.

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Cita en el Florida Garden
Enviado por Gisela Carpineta el Dom, 05/12/2010 - 03:16.
in

* Política

Año 3. Edición número 133. Domingo 5 de diciembre de 2010
Por
Marcos Taire, periodista
politica@miradasalsur.com
Ricardo Kirschbaum (foto) contactó a Marcos Taire con Joaquín Morales Solá.



Le pidió trabajo a Joaquín Morales Solá, éste lo citó en el Florida Garden pero no fue. En su lugar llegó una patota

Llegamos a Buenos Aires a fines del caluroso enero de 1977. Gracias a la solidaridad de los maestros bonaerenses, nos alojamos en un hotel del Suteba que estaba ubicado en la esquina de avenida Caseros y Bolívar. Había conocido a esa gente por mi amistad con Isauro Arancibia, el más grande dirigente de los maestros tucumanos y uno de los mayores gremialistas de Tucumán, que había sido asesinado el 24 de marzo de 1976, a minutos de lanzado el golpe de Estado.
El hotel era una vieja casona que, según decían, había sido la residencia de la familia Canale, los de las galletitas. De su esplendor quedaban muy pocos vestigios. Era, entonces, un caserón en mal estado, con sólo un baño en cada piso, que debíamos compartir todos los pasajeros. Para nosotros, con un hijo de apenas un año, se nos hacía difícil vivir allí, pero no teníamos recursos para otra cosa. En un viejo calentador Bram Metal mi mujer se las ingeniaba para cocinar, apuntando hacia la ventana que daba a la calle Bolívar, a espaldas de los administradores, porque eso estaba prohibido. Lo hacíamos, sin embargo, a pesar de la culpa que sentíamos.
Desde el primer día encaré la tarea de buscar trabajo. No tenía casi contactos en la gran ciudad. Sin embargo, había tucumanos que tenían cargos importantes en el diario Clarín y hacía allí fui. Me presenté en portería y pregunté por el Colorado Ricardo Kirschbaum, quien me recibió en la redacción. Mi impresión fue que no le causó gracia que yo me apareciera por allí, pero de todas maneras me alegró que me atendiera. Le expliqué mi difícil situación y se atajó diciéndome que no tenía posibilidades de conseguirme un puesto en la redacción. Le aclaré que no pretendía un laburo como periodista y que estaba dispuesto a cualquier cosa, hasta limpiar los baños si fuera necesario, con tal de tener un salario para mantener a mi familia. Me reiteró que él no podía hacer nada. De todas maneras, le pregunté si me hacía el favor de gestionarme una entrevista con Joaquín Morales Solá, que era la segunda autoridad de la redacción. Se levantó, fue hasta una puerta que estaba al fondo, a la izquierda de la redacción y entró. Demoró poco, apenas un par de minutos y regresó con un papel que me entregó, diciéndome que era el teléfono particular de Morales Solá, que lo llamara al día siguiente antes del mediodía. Y me fui.
En el hotel mi mujer no se sorprendió que el Colorado me hubiera echado flit, como decíamos en esa época. Y fue pesimista respecto de la llamada que haría a Morales Solá. A pesar de no tener muchas esperanzas, al día siguiente, poco antes del mediodía lo llamé. Me saludó con frialdad, pero me citó para una reunión esa misma tarde, a las cinco, en el bar Florida Garden. Tuve que preguntarle dónde era, porque ni lo había escuchado nombrar. Florida y Paraguay, me dijo.
Cuando llegó el momento me bañé, me puse el único traje que tenía, una linda camisa celeste que había comprado en Casa Muñoz y una corbata que hacía juego. Estuve sentado en una mesa del Florida Garden durante más de una hora. El lugar me pareció extraño. Había una fauna muy rara y, por vicios de militancia, deduje que había servis a granel. Pero esperé y a cada rato me tranquilizaba a mí mismo relativizando la demora que finalmente fue faltazo. Pagué el café que consumí y me fui.
Esa noche casi no dormí. Tenía bronca e impotencia. Las imágenes se sucedían acentuando el sabor amargo, la humillación del hombre al que no le gusta pedir, que debe pasar inadvertido y necesita desesperadamente trabajar, en lo que sea, para mantener a su familia. Qué tiempos duros, por favor… Pero había que seguir.
A media mañana salí a buscar un teléfono y desde un bar que estaba sobre Caseros, casi llegando al Museo Histórico Nacional, llamé a Morales Solá. Se mostró sorprendido al principio, pero después justificó su ausencia por una reunión en no sé qué ministerio que se había prolongado más de lo previsto. Volvió a citarme a la misma hora en el mismo lugar.

Apenas le conté a mi mujer lo charlado con Morales Solá, me disparó sin dudar: “no vayás, ese te va a entregar”. Discutimos, pero le demostré que no tenía fundamentos para semejante sospecha. Esa tarde llegué a la esquina de Florida y Paraguay un par de minutos antes de las cinco. Eché un vistazo al interior del bar, comprobé que el hombre no había llegado y salí a la calle. Caminé unos metros por Florida y me quedé bajo un portal desde el que podía ver la entrada y salida de los parroquianos del Florida Garden. Me reprochaba a cada instante que la advertencia de mi mujer hubiera impactado tanto como para hacerme dudar e impedido quedarme sentado en una mesa y tomado un café. Así fueron pasando los minutos y a las cinco y media de la tarde de ese caluroso febrero de 1977 ocurrió algo que por años quedó grabado en mi memoria. Varios autos particulares, todos Ford Falcon, llegaron a la esquina y de ellos bajaron una decena de personajes muy típicos del momento. Estaban de civil pero todos sabíamos que eran policías, como diría años después Rubén Blades en su inolvidable Pedro Navaja. Efectivamente, entraron al Florida Garden. Algunos ocuparon lugares estratégicos, mientras otros recorrían las mesas pidiendo documentos de identidad a los presentes. Todo no duró más de cinco o diez minutos. Como llegaron, salieron, subieron a sus autos y se fueron. Después de ellos yo también me fui. Desde ese día siempre le dije a mi mujer que le debía la vida por su advertencia.
Unos días después conseguí trabajo, gracias a la solidaridad de un par de amigos maravillosos, Pancho Martini y Mario Monteverde. Entré a trabajar en la madrugada de Radio Rivadavia y desde allí hice una carrera sencilla pero satisfactoria. Trabajé en media docena de medios de Buenos Aires y me fue bien, regular y mal, como son las cosas de la vida. Tuve actuación pública, milité en el gremio de prensa y cuando llegó la democracia en 1983 fui designado director de Radio Excelsior.
En los años que llevo vividos en Buenos Aires, nunca me llamó Morales Solá para pedirme disculpas, ni para justificar porqué no llegó a esa cita.

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Cuando Morales Solá no tenía miedo
 05/12/2010 - 03:24.
in
Política
Año 3. Edición número 133. Domingo 5 de diciembre de 2010
Por
Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com

El jueves se cumplieron 35 años de la voladura de la casa de la familia Lea Place por una patota integrada por militares y policías.* || El general Acdel Vilas, en ropa de fajina, es saludado por un oficial del Ejército en la zona rural tucumana en pleno Operativo Independencia. A la derecha, con campera, vaqueros y el pelo largo, Joaquín Morales Solá, por entonces periodista de La Gaceta de Tucumán y corresponsal de Clarín en la provincia del norte del país.
La fotografía que encabeza la portada de la edición de hoy de Miradas al Sur es un documento inédito. Esta imagen nítida fue tomada a fines de 1975, en pleno desarrollo de la eliminación física de la militancia popular tucumana a manos del general Acdel Vilas, el jefe del Operativo Independencia y defensor confeso de la tortura y el exterminio físico de quienes consideraba sus enemigos. Vilas puso especial énfasis en la persecución de maestros, profesores, psicólogos y cualquiera que pudiera ser un ideólogo.
Por entonces, Joaquín Morales Solá trabajaba en La Gaceta de Tucumán y era corresponsal de Clarín en esa provincia. Se publicaron varias informaciones que daban cuenta de la estrecha relación del actual columnista estrella de La Nación con el represor Vilas y con quien lo sucedió en sus genocidas tareas, Antonio Domingo Bussi. Sin embargo, nunca pudo verse, como ahora y por primera vez, a Morales Solá de paisano, con una comitiva de militares con uniforme y casco de combate en pleno operativo.
Esta foto, que fue guardada celosamente durante años por quien la registró, habría sido tomada en el lugar más escabroso del exterminio en Tucumán. En efecto, según dos fuentes calificadas, el edificio al cual va a ingresar la comitiva es la tenebrosa Escuelita de Famaillá, el principal centro de exterminio por entonces. Una tercera fuente calificada también consultada por Miradas al Sur, considera, en cambio, que se trata de otro lugar de torturas y eliminación de detenidos, ubicado en las instalaciones del Ingenio Santa Lucía. Quedará en manos de la Justicia Federal tucumana definir el lugar y tratar de averiguar las circunstancias que llevaron a Morales Solá a acompañar al carnicero Vilas a un operativo. El trabajo de los periodistas es buscar aquellos documentos que contribuyan a echar luz sobre lo actuado por personas e instituciones. También el de consultar fuentes confiables para orientar el esclarecimiento de la verdad. Lo que no puede ni debe hacer el periodismo es intentar reemplazar las actuaciones periciales que sí puede la Justicia.
Dicho esto, es preciso encuadrar lo que se vivía 35 años atrás en el llamado Jardín de la República. En su informe final, la Conadep puntualiza: “A la provincia de Tucumán le cupo el siniestro privilegio de haber inaugurado la ‘institución’ Centro Clandestino de Detención, como una de las herramientas fundamentales del sistema de represión montado en la Argentina. La ‘Escuelita’ de Famaillá fue el primero de estos lugares de tormento y exterminio…”. Una escuela en construcción fue el lugar elegido por el primer jefe de la Operación Independencia, Acdel Edgardo Vilas, para instalar el campo de concentración por el que pasaron –entre febrero y diciembre de 1975- más de 1.500 personas. La mayoría fueron asesinados, todos bárbaramente torturados.
La escuela está a unas cuatro cuadras de la plaza principal de Famaillá, en el camino que une a esa población con el ingenio Fronterita. Ahora se llama Diego de Rojas y a ella concurren cientos de alumnos de primaria. En 1975 la escuela era apenas una obra en construcción. Solo existían una galería, un patio y cinco aulas. Todo estaba cercado por una alambrada y la galería y las aulas no eran visibles desde el exterior porque estaban tapadas por lonas y plásticos, a la manera de cortinas. En dos aulas los militares mantenían en las peores condiciones a grupos que oscilaban entre 20 y 40 prisioneros. Otra aula era utilizada para descanso de las guardias, la cuarta estaba destinada a tareas administrativas y para fotografiar a los secuestrados. La quinta aula era el lugar de los tormentos.
En noviembre de 1975 La Escuelita y otros centros clandestinos de detención ya habían sido visitados por funcionarios civiles y militares de la Nación y de la Provincia, por legisladores. Algunos sobrevivientes señalaron que fueron varios obispos y sacerdotes. Sería muy útil saber si Joaquín Morales Solá estuvo en ese lugar de exterminio y, si es así, en carácter de qué fue. Cualquiera que recorra una hemeroteca y se detenga en las ediciones de La Gaceta y de Clarín encontrará gran cantidad de artículos firmados por el periodista mencionado. En ningún caso dando cuenta de la verdad que, de modo incontrastable, fue relatada en el Nunca Más y que luego encontró muchos más testimonios en los juicios que actualmente se sustancian en Tucumán.
Los militares, en 1975, ejercían un férreo control sobre lo que se publicaba en relación al Operativo Independencia. Por ejemplo, hicieron echar al corresponsal de Télam en la provincia y pusieron en su reemplazo a dos hombres de Inteligencia del Ejército, comandados por uno de los fundadores de Fasta, la organización del cura dominico filo nazi Aníbal Fósbery. En ese momento, los artículos de Morales Solá, tal como puede constatarse ahora, eran una caja de resonancia de la acción psicológica de los militares. Un artículo publicado en Clarín el 12 de noviembre –que lleva la firma del corresponsal Morales Solá- es elocuente. Se valió de la vieja metáfora de la parición, del alumbramiento, de la vida para explicar lo que era, en realidad, la matanza que llevaban a cabo las hordas de Vilas: “Han pasado ya 36 semanas, el tiempo de una gestación”. Se trataba de “el primer síntoma de que las Fuerzas Armadas adoptaban una posición ofensiva frente a la intolerancia ideológica”. También expresó su apoyo incondicional: “Ha cambiado, sin duda, la imagen revoltosa, rebelde y disconforme que Tucumán supo formarse a través de largos años”. Más adelante agrega: “La presencia militar ha aquietado las aguas siempre turbulentas y, como barridas por un fuerte viento, han desaparecido huelgas, manifestaciones y disturbios”. El informe de la Comisión Bicameral que investigó las violaciones de los derechos humanos en Tucumán dedicó un párrafo muy elocuente a esa desaparición de huelgas, manifestaciones y disturbios a los que se refiere Morales Solá, al señalar que se montó “un vasto aparato represivo, que orienta su verdadero accionar a arrasar con las dirigencias sindicales, políticas y estudiantiles”. La Comisión Bicameral concluyó, en su informe, que “nueve de cada 10 personas, fueron secuestradas en sus domicilios, lugares de trabajo o en la vía pública” y que “en la mayoría de los casos, estas acciones se desarrollaron en horas de la noche”.
Como muestra la foto que da soporte a este artículo, Morales Solá fue tomado in fraganti con los militares en por lo menos un operativo. Alguien consideró que ya era hora de que tanto cinismo sea confrontado con documentos gráficos incontrastables.
En aquel Tucumán desangrado día a día, con centenares de destacados dirigentes políticos, gremiales y estudiantiles secuestrados y desaparecidos, donde noche a noche las bandas de Vilas y el comisario Roberto -el Tuerto- Albornoz -recientemente condenado a prisión perpetua- colocaban explosivos y hacían volar por los aires locales partidarios, casas de familias y sedes de la Universidad, Morales Solá no tenía miedo.
Hasta ahora, Morales Solá eludió hablar de su vida en esos años. Las pocas veces que hizo referencias, quedó en evidencia que no está dispuesto a decir la verdad. En una polémica con el periodista Hernán López Echagüe dijo que en 1976 ya no estaba en Tucumán, por lo cual mal se lo podía acusar de cercanía con Antonio Domingo Bussi. El sitio Diarios sobre Diarios probó, con fotografías, que no era verdad lo que decía. Es más, él mismo escribió, en una nota en el diario El País de Madrid, que había asistido a la asunción de Bussi la noche del 24 de marzo de 1976. También dijo, en esa nota en el diario español, que había huido de Tucumán por haber sido amenazado por la Triple A. Los dirigentes de la Asociación de Prensa tucumana de aquellos tiempos, que sufrieron persecución y atentados terroristas, lo desmintieron. Ellos llevaban un registro diario de las amenazas y agresiones y aseguraron que Morales Solá nunca fue molestado. En realidad, su viaje a Buenos Aires fue una combinación que conjugó las necesidades de flamantes autoridades periodísticas de Claríny la recomendación de un importante general, mano derecha de Videla. Se trataba de José Rogelio Villarreal, quien estuvo al frente de la Quinta Brigada del Ejército en la última fase del Operativo Independencia y que luego saltó a jefe de Operaciones del Estado Mayor General por pedido expreso de Jorge Videla, que lo necesitaba a su lado en el momento de consumar el golpe de marzo de 1976. Villarreal jugó un papel muy importante en la política de integración de los grupos empresariales de medios y los jerarcas militares, tal como lo prueban los documentos que hoy están en sede judicial y que surgen de la comisión Papel Prensa – La verdad.
*FOTOS: El jueves se cumplieron 35 años de la voladura de la casa de la familia Lea Place por una patota integrada por militares y policías. Después del atentado, los encapuchados asesinaron a balazos en medio de los escombros a Arturo Lea Place, padre de Clarisa, uno de los mártires de Trelew, y de Luis, preso en Rawson.

El jueves se cumplieron 35 años de la voladura de la casa de la familia Lea Place por una patota integrada por militares y policías.* || El general Acdel Vilas, en ropa de fajina, es saludado por un oficial del Ejército en la zona rural tucumana en pleno Operativo Independencia. A la derecha, con campera, vaqueros y el pelo largo, Joaquín Morales Solá, por entonces periodista de La Gaceta de Tucumán y corresponsal de Clarín en la provincia del norte del país.


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PERIODISMO "MILITANTE"
Lo que "Miradas al Sur" no mostró de la foto de Morales Solá con militares
La imagen fue usada para vincular al periodista con la represión de 1975. Pero, sin recortes, la foto tiene una sensible diferencia con la publicada.

27.12.2010 | 16:45

La tapa de "Miradas al sur" y la verdadera foto de Joaquín Morales Solá con militares en 1975. Abajo se ve la cámara del fotógrafo, un "clásico" de cualquier nota periodística. | Foto: Cedoc
Ampliar Fotogalería
El 5 de diciembre el diario ultrakirchnerista Miradas al Sur publicó en su tapa una foto que mostraba al periodista Joaquín Morales Solá parado junto a varios militares durante un operativo en Tucumán en 1975. “Morales Solá al desnudo”, titulaba la nota de tapa, que pretendía obviamente vincular al hoy columnista de La Nación, por entonces corresponsal de Clarín en Tucumán, con la represión. Lo que no dijo el diario K es que esa foto estaba recortada para omitir un detalle que le daba sentido claramente periodístico.

En efecto, la imagen que publicó el medio K -y replicó al unísono el aparato paraestatal de medios oficialistas como 6,7,8- está recortada y en la original, a la que tuvo acceso Perfil.com, puede verse que junto a Morales Solá al fotógrafo del diario que lo acompañaba en ese momento, con la cámara en mano para retratar la noticia.

“Esa foto es de 1975, tenía 25 años y estaba amenazado por la Triple A”, afirmó el periodista en una entrevista con la revista Noticias, al ser consultado por la nota. “En el momento que me sacan esa foto estaba trabajando, cubriendo un hecho, haciendo periodismo”, agregó.

Más allá del llamativo recorte de Miradas al Sur, Morales Solá explicó que “esas fotos no son prueba de nada y lo bueno que tienen es que seguramente me han pasado por todos los filtros y lo único que encontraron fue eso, que no tiene ningún grado de culpablidad para ningún periodista que se precie”.

“En esa foto tenía la misma edad que Héctor Timerman cuando se fotografiaba sonriente con Videla y mucho menos edad que Kirchner cuando se fotografiaba con un general represor sin ninguna razón profesional porque él nunca fue periodista”, agregó el conductor de Desde el llano en TN.

“Desde hace dos años tengo información de compañeros que aún están en Tucumán de que la SIDE buscó todos los antecedentes míos en la provincias”, aseveró el periodista, que contó que la tarea de los espías era revisar los archivos del diario La Gaceta de Tucumán, donde Morales Solá trabajó. "Y solo encontraron esa foto en la que estoy trabajando para el diario", concluyó.

La tapa de "Miradas al sur" y la verdadera foto de Joaquín Morales Solá con militares en 1975. Abajo se ve la cámara del fotógrafo, un "clásico" de cualquier nota periodística. | Cedoc













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