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11 de febrero de 2011

DETENCION MOMO VENEGAS


VICTOR HUGO MORALES 11 02M2011 DETENCION MOMO VENEGAS



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actualizada

Veintitres
Duhalde, Venegas y el uso político de los peones rurales
Afiliación esclava
10.02.2011 | 20.02 Comentar | FacebookTwitter


La Federación de Agrupaciones Peronistas es la estrucura con la que Venegas busca apoyos para el proyecto “Duhalde 2011"
Denuncias y testimonios exclusivos de la adhesión forzosa de trabajadores del campo al proyecto electoral duhaldista. Las pruebas del nuevo escándalo.

Por Carlos Romero

En su edición anterior, una investigación de esta revista puso en evidencia la serie de pactos sindicales, empresariales y políticos a cuyo amparo vino creciendo el “negocio” de la explotación laboral en el campo argentino, un sector donde el 75 por ciento de los peones está “en negro” y día a día se conocen nuevos casos en que la precarización llega a situaciones de verdadera esclavitud.

En su informe, Veintitrés reveló cómo la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre) y las patronales de la Mesa de Enlace acordaron delegar el supuesto control de las condiciones de empleo en el campo a una compañía vinculada al ex presidente Eduardo Duhalde. A la sombra de este armado con sello duhaldista descansa un sistema que, tranqueras adentro del “boom” agropecuario, flexibiliza a dos de cada tres peones, privándolos, a ellos y a sus familias, del sueldo y los derechos que les son propios.

Tras la publicación de ese artículo, un grupo de dirigentes y trabajadores rurales del norte de la provincia de Buenos Aires acercaron a esta revista nuevas denuncias y testimonios sobre “trabajo en negro”. El foco, una vez más, estuvo colocado en el secretario general de la Uatre, Gerónimo “Momo” Venegas, y en la alianza que mantiene con Duhalde, su jefe político de toda la vida.

Sin embargo, ya no sólo se trataría de gremialistas que hacen la vista gorda ante los abusos que sufren los peones, sino también del supuesto uso político de esa explotación. Es decir, dirigentes y punteros que, aprovechando la vulnerabilidad de los trabajadores flexibilizados, buscarían sumar adhesiones a un proyecto electoral. En este caso puntual, a las aspiraciones presidenciales del ex intendente de Lomas de Zamora y cazador amateur de tiburones.

Carnets. Julio César René es secretario general electo de la seccional 844 de la Uatre, delegación Salto, una localidad bonaerense a 200 kilómetros de Buenos Aires que, como tantas otras, en los últimos años vivió el auge de las cosechas récords y los sojadólares.

René –que tiene su delegación intervenida por un conflicto con la conducción central del gremio– asegura que punteros vinculados al “Momo” Venegas llevan adelante en Salto una campaña compulsiva de afiliación a la Uatre y al duhaldismo. Más específicamente, a la Federación de Agrupaciones Peronistas, una organización que tiene al propio Duhalde como presidente y a Venegas como secretario general.

Creada en 2009, esta Federación constituye el plafond con el cual el jefe de la Uatre busca captar entre los trabajadores del campo adhesiones para la candidatura presidencial de su padrino político. En los últimos meses, con la aceleración de los tiempos electorales, la agrupación intensificó su actividad proselitista, con la inauguración de nuevas sedes, la realización de plenarios y el anuncio de un mega acto para el próximo 9 de marzo, en el teatro Lola Membrives.

Según los dichos de René y de varios de sus compañeros, la afiliación a la Federación, así como al gremio que dirige el Momo, fue la condición exigida a un grupo de trabajadoras para poder desempeñarse en la empresa Satus Ager: una semillera con operaciones en distintos puntos del suelo bonaerense y en cuyos campos la Afip ya detectó casos de “trabajo esclavo”. La misma firma también está siendo investigada por la posible comisión de los delitos de “trata de personas” y “reducción a la servidumbre” en el caso de 31 peones traídos desde Santiago del Estero (ver recuadro).

Idéntico testimonio brindó Mario Osmar Sequeira, un estibador de granos que fue expulsado de la Uatre y de la Bolsa de Trabajo de Salto, según sus dichos, por desoír las directivas emanadas de Venegas y por su expresa militancia en el kirchnerismo.

En las últimas elecciones celebradas en la seccional 844, Sequeira se enfrentó a la lista de René, pero hoy los dos dirigentes están juntos en la lucha contra la explotación de los trabajadores en el norte de Buenos Aires. Una situación de la que hacen responsables tanto al Momo como a varios de sus laderos en la cúpula de la Uatre.

La denuncia de Sequeira y René remite al caso de las (cerca de) 200 mujeres que trabajan en la planta que Satus Ager tiene en el kilómetro 97,5 de la Ruta 191, desempeñándose en labores de deschale y selección de maíz, bajo la modalidad de contrato eventual.

“Trabajaban 12 horas en lugar de las 8 que marca la ley y reciben malos tratos por parte de dos punteras ligadas a la Uatre central: Norma Rojas y Roxana Martela. Aparte, a cada mujer que anotan le dan un carnet de afiliación. Si no, no entrás”, sostuvo René. “Te afilian de prepo o no trabajás”, agregó Sequeira.

También hablaron de “tratos inhumanos” padecidos por las operarias, con extensas jornadas en las que están autorizadas a una única visita al baño, en galpones donde el calor del verano se vuelve insoportable y sin asistencia médica dentro del predio.

Veintitrés pudo tener acceso a dos carnets de la Federación de Agrupaciones Peronistas que les fueron entregados a mujeres contratadas por la semillera en cuestión, cuyos nombres se mantienen en reserva.

En el frente de estas credenciales, junto al membrete de la Federación, se ve la leyenda “Eduardo Duhalde presidente”. En el reverso, figura el nombre de la agrupación “Mujeres Rurales” y el de su secretaria, Carolina Llanos, así como la firma de Venegas.

En el organigrama de la Uatre, Llanos es secretaria de Igualdad de Oportunidades y Género, además de coordinadora de la Red Nacional de Mujeres. Su tarea, en lo conceptual, sería la “lucha por la dignificación del trabajador, la trabajadora, los niños y niñas”.

Por último, las credenciales consignan el nombre de las afiliadas, que, al menos en los dos casos consultados por este medio, no estaban al tanto de su adhesión al proyecto duhaldista. Ambas mujeres relataron haber recibido estos carnets luego de que firmaran una planilla en blanco, un procedimiento que, aseguraron, se repitió con la mayoría de sus compañeras en Satus Ager.

“Este año, cuando nos dieron los carnets nos dijeron que teníamos que guardarlos, porque eran los carnets de las mujeres que trabajan en el campo, en el maíz”, relató una de las operarias dedicadas al deschale y selección de espigas. “Eso es algo que viene de Buenos Aires, de la Uatre, no es de la empresa”, agregó.

Por su parte, la empleada que figura en la otra credencial aportada por René y Sequeira, aseguró que a todas les hacen firmar una planilla en blanco y que si bien la mayoría desconoce con qué finalidad, tampoco dicen nada por temor a perder el empleo en la planta. “No hay mucho trabajo –explicó–. Además, las mamás que tenemos hijos estamos esperando los meses de la temporada para comprar las cosas de la escuela para los chicos”. Sobre el carnet de la Federación de Agrupaciones Peronistas, afirmó que “se lo entregan a cada una de las mujeres” y que, en su opinión, “es como si uno tuviera la obligación de votar a Duhalde”.

Por un sueldo bruto de 190 pesos, al que se le realizan descuentos que rondan el 21 por ciento, esta mujer aseguró tener que soportar una jornada laboral de 12 horas, bajo condiciones muy duras. Detalló que casi no las dejan ir al baño y que por eso “algunas chicas se orinan en la cinta de deschale”. Dijo que tampoco les dan permiso para ir a tomar agua, a pesar de estar trabajando “en un galpón donde una traga tierra, más el polvillo tóxico que trae el maíz”.

Respecto de su afiliación a la Uatre, la describió como algo que pasó sin que ella lo supiera. “Nos piden fotocopias de los documentos y con eso van y nos afilian. Pero hay gente que no se quería afiliar. Yo por ejemplo, no quería, y me hicieron afiliar así, sin saber nada”, concluyó.
Ante estos hechos, el pasado 18 de enero, la conducción gremial de Salto enfrentada a Venegas hizo una presentación en el Inadi, el organismo del Estado encargado de luchar contra la discriminación, el racismo y la xenofobia. Según explicó la vicepresidenta del Inadi, María Rachid, la denuncia se encuentra en la etapa de instrucción, donde se consulta a testigos y se pide un descargo a la empresa. También se giró una notificación a la Unidad Fiscal competente, por la posible comisión del delito de “trata por explotación laboral” (ver recuadro).

Los “changos”. Peores condiciones que las de estas trabajadoras les estarían reservadas a los “changos”, comos llaman en los campos de soja y maíz a los trabajadores golondrinas que llegan del norte del país, principalmente de Santiago del Estero y Tucumán.

“Unos días atrás –relató René –me hablaron unos muchachos. Eran unos santiagueños que me llamaron para ver si los podía ayudar. Sabían que los habían llevado a un campo en Salto, pero no me podían dar la ubicación exacta porque, en realidad, no tenían idea de dónde estaban”.

En esa localidad agraria, como en muchas otras del fértil suelo bonaerense, la época de cosecha está marcada por la llegada de cuadrillas de peones que, reclutados y subidos a un colectivo por un capataz, deberán enfrentar condiciones de trabajo rayanas con la esclavitud.

Los “changos” viven hacinados en plantaciones donde están virtualmente prisioneros, bajo el mando de encargados que, “para que no se escapen”, les retienen los documentos. Trabajan 12, 14 o más horas, con sueldos ajustados casi exclusivamente al criterio de los patrones. Y al caer la tarde, cuando terminan la fanea, se retiran a unas casillas de chapa, ubicadas a pocos metros del lugar donde trabajan.

“Y si es que tienen casillas –remarca Sequeira–. A veces, directamente, ponen un palo en el medio de una lona de camión y ahí les hacen la ranchada, al lado del bebedero donde toman agua las vacas”.

Por esta y otras situaciones escandalosas, los dirigentes de Salto responsabilizan al Momo; a Ramón Ayala, secretario de Organización de la Uatre; a Natalio Viernes Muñóz, secretario de Finanzas; a Oscar Ramón Ceriotti, presidente de la Junta Nacional, y a Pablo Miguel Ansaloni, quien tiene a su mando la delegación regional de la zona norte de Buenos Aires. “Ansaloni es delegado regional con oficina en Pergamino. Tiene unas 48 seccionales a su cargo y es la mano derecha del Momo”, sostuvo René.

Las rispideces entre la conducción de Venegas y la pequeña seccional de Salto comenzaron allá por los tiempos de la resolución 125. Sequeira, que en ese entonces era Secretario de Actas de su delegación, está convencido de que su salida del gremio responde a su pertenencia política. “A mí el Momo me echa del gremio y me suspende por dos años de la Bolsa de Trabajo porque yo soy kirchnerista”, aseguró. El estibador recordó que durante el conflicto por la 125 el Momo les mandó una carta para que se subieran a la ruta, pero que ninguno de sus compañeros siguió la orden. “Después, por la radio yo dije que él tenía que estar con los trabajadores y no con los grandes chacareros de la Mesa de Enlace. Por eso me echó”, resumió el ruralista.

El 2 de octubre pasado, luego de que se diera una situación de acefalía en la delegación, se celebraron elecciones adelantadas en la Uatre de Salto. Allí se enfrentaron la lista que integraba Sequeira con la encabezada del propio René, que contaba con el apoyo de la conducción central de la Uatre.

René ganó las elecciones y fue elegido secretario general, pero la lista de Sequeira denunció fraude. “Nos mandaron un padrón con 1.700 afiliados, cuando hasta ese momento pensábamos que los afiliados eran 600 o 700. Nunca nadie nos puso al tanto, éramos tipos ignorantes, que nos poníamos la bolsa al hombro y trabajábamos. Nada más”, se lamentó Sequeira.

En medio del conflicto, René abandonó el espacio de Venegas y se fue con la lista opositora. “En un momento, la gente del Momo me quería obligar a mandar cartas documentos contra mis compañeros de trabajo y entonces decidí irme. Además, vi bien los manejos que tenían y me di cuenta de que estaba en el lugar equivocado”, aseguró el sindicalista.

Hoy la seccional de Salto está intervenida por la Uatre, en un supuesto proceso de normalización. René y Sequiera esperan que cuando eso suceda, otras cosas también vuelvan a la normalidad. Por ejemplo, que los gremialistas defiendan los derechos de los peones a los que dicen representar.
Algo que en el campo argentino parece haber quedado sepultado por el peso de la soja, del maíz y de las complicidades.

Informe: Deborah Maniowicz

http://www.elargentino.com/nota-125818-Afiliacion-esclava.html

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Lunes, 14 de abril de 2008 | Hoy

EL PAIS › COMO CONSTRUYO SU FORTUNA EL CONDUCTOR DEL GREMIO DE TRABAJADORES RURALES (UATRE)

De peón a habitué del taxi aéreo

Gerónimo “Momo” Venegas, el sindicalista que trató de mediar en el conflicto agrario, dirige un gremio donde el trabajo en negro supera al blanqueado. Gasta cuatro mil dólares por semana en volar a Necochea para controlar una obra millonaria de Uatre.

Por Gustavo Veiga
Alguna vez fue un changuito rural. Y conoció las duras faenas del campo como fileteador, aprendiz de herrería, boyero, ordeñador, esquilador, peón, alambrador, tropero, palero y estibador. Todo eso junto, según sus propias palabras. Hoy, a los 66 años, Gerónimo “Momo” Venegas conduce las 62 Organizaciones Peronistas, el sindicato Uatre (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores), el Renatre (Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores) y también ocupa la Secretaría de Interior en la CGT. Todo eso junto, según su biografía. Pero así como abundan los antecedentes de su dura infancia y de una adultez más desahogada, poco se sabe de cómo construyó su poder y su fortuna este dirigente sindical que intentó mediar en el conflicto entre el gobierno nacional y las entidades rurales.

El Momo no parece ser un hombre de perfil alto, a no ser cuando viaja a su pago chico, la ciudad balnearia de Necochea, donde nació el 22 de agosto de 1941. Allí suele entretenerse en su último emprendimiento, el centro turístico termal Médano Blanco. Todos los fines de semana viaja desde Buenos Aires en un taxi aéreo que cuesta cuatro mil dólares (ida y vuelta) para supervisar esa obra en la que Uatre invertirá algo más de 20 millones de pesos para alojar a 400 personas en un predio de 42 hectáreas, que incluye una laguna y el casco de una antigua estancia. Venegas y la empresa Vector Construcciones SRL, que se adjudicó las tareas, descubrieron que en el subsuelo del campo hay aguas termales de 41º y propiedades curativas. La ubicación de Médano Blanco es inmejorable. Linda con la costa, 45 kilómetros al sur de Necochea. El más ambicioso de los proyectos turísticos de Uatre fue presentado en el salón cubierto de la Sociedad Rural local. Y Daniel Scioli, cuando aún era vicepresidente de la Nación, le dio su respaldo durante una visita en plena campaña electoral.

A Venegas, no obstante, le va mal en su ciudad cuando llega la hora de votar. El candidato peronista al que apoyaba, Gastón Guarracino, perdió por 1003 votos con el actual intendente, el radical Daniel Molina (23.317 a 22.314) en octubre pasado. En 2003, y sobre todo en 2005, al Momo no le había ido mejor. Salió tercero detrás de la UCR y el Frente para la Victoria. Perseverante y pese a estar enfrentado con el municipio –se quejó de que pagará 300 mil pesos la mejora de un camino para llegar hasta Médano Blanco–, dice sentirse orgulloso de su “fabuloso proyecto de aguas termales que le ofrece a Necochea romper la estacionalidad con turismo todo el año y mejorar la calidad de vida con una verdadera oferta de salud”.

De su calidad de vida, Venegas no puede lamentarse. Tiene cómo sostenerla con numerosas inversiones en la ciudad balnearia. De todas, llaman mucho la atención cinco terrenos de medidas holgadas y que figuran como baldíos en el catastro municipal. El más costoso tiene una superficie total de 720 metros cuadrados (36 por 20), su valuación fiscal es de 218 pesos, está ubicado en la vecina Quequén, cuenta con alumbrado público y su número de partida provincial es 98.345. Otro asciende a 174 pesos y también figura como baldío en Quequén (la partida es 98.344). Los tres restantes se encuentran en Necochea y valen lo mismo: 166 pesos cada uno. Una bicoca por 112 metros de frente en cada caso (partidas 2002, 2005 y 2006).

Los cinco terrenos baldíos están a nombre del dirigente gremial y no registran deuda con el fisco bonaerense. En cambio, Venegas no posee propiedades a su nombre en la ciudad, ni siquiera donde recibe las tasas que abona puntualmente en la calle 61. En varias casas de su Necochea natal, las que figuran como dueñas son Sonia Pamela Venegas y Jolani Venegas.

El Momo pertenece a una gran familia. Tuvo ocho hermanos, pero no conoció a su padre. En su terruño le atribuyen mucho más que las cinco parcelas baldías. Cuentan que son suyas La Gauchita, una estancia que explota el turismo rural y galerías comerciales ubicadas en las calles 64 y 61. Esto es difícil de probar. Y ocurre otro tanto con las habladurías que lo señalan como rentista del predio donde se está levantando el complejo Médano Blanco. En cambio, sí es sencillo probar la complicada situación de su gremio, que como el propio Venegas sostiene, “lucha contra una cultura de más de cien años de trabajo en negro, de mano de obra no registrada y de trabajo infantil”. En la Argentina, según datos actualizados de la Uatre, en el campo hay unos 900 mil trabajadores en negro y sólo 600 mil blanqueados. Sus ingresos promedian 1100 pesos más la vivienda.

Ahora bien, una proclama de buenas intenciones como la de Venegas se vuelve inocua cuando la ley que rige la actividad de los peones rurales continúa siendo de la última dictadura (es la 22.248, que permitió derogar el estatuto del peón de campo que impulsó Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944 y que reglamentó su primer gobierno en 1949). Esa norma ni siquiera contempla la jornada laboral de ocho horas y hasta habilita el pago del salario en especies. Desde cualquiera de las organizaciones que integra el sindicalista (CGT, 62 Organizaciones, el Renatre o la Fundación Argentina para el Desarrollo de los Trabajadores Agrícolas) poco se logró para terminar con el Régimen Nacional de Trabajo Agrario ideado por José Alfredo Martínez de Hoz. Una de las máximas de la fundación que Venegas creó sostiene que deberá ser “capaz de abordar y brindar soluciones a todas aquellas problemáticas sociales que presenta el sector rural”.

El Momo, quien se ofreció como mediador durante el lockout agropecuario, puede que se sienta más cómodo cuando formula anuncios vinculados al esparcimiento de los trabajadores rurales. Lo demuestra su proyecto en Médano Blanco. “Desde que este secretariado se hizo cargo del gremio hemos puesto mucho énfasis para que el trabajador se tomara el descanso que corresponde. Para eso tenemos dos hoteles y un complejo recreativo en la ciudad de Necochea y dos hospedajes en la provincia de Córdoba para el descanso y recreación de nuestros afiliados”, dijo en uno de sus mensajes. Uatre cumplirá veinte años en octubre y Venegas la conduce desde 1991, cuando lo eligieron secretario general. Su primer antecedente como militante del gremio data de 1968, cuando llegó al cargo de secretario de Actas, Prensa y Propaganda de la seccional Necochea. Allí permaneció hasta el golpe del 24 de marzo de 1976. Su biografía oficial señala: “Conoció ,, como miles de argentinos– la persecución, la cárcel por la defensa de sus ideales y la lucha clandestina”. En 1981 alcanzó la secretaría general de Uatre en su ciudad, hasta que diez años después accedió al máximo cargo en el ámbito nacional en un congreso donde lo votaron 191 de los 194 delegados presentes.

Venegas comparte la pasión por Independiente con Hugo Moyano, aunque en la política, y a diferencia del titular de la CGT, siempre estuvo más cerca de Eduardo Duhalde que del matrimonio Kirchner. Esa distancia que lo alejaba del ex presidente se ensanchó con Cristina Fernández de Kirchner. Un solo hecho basta para sintetizarlo. Su declamado papel de moderador durante el conflicto entre el Gobierno y el campo se difuminó con la decisión que adoptó uno de sus hombres de confianza, Mario Lastra, el secretario general de Uatre Necochea y líder de la CGT local. En un plenario realizado el 26 de marzo pasado, esa regional de la Confederación General del Trabajo apoyó con todo al lockout agropecuario y criticó con dureza el primer discurso de la Presidenta. Mientras tanto, Venegas pedía que las partes se sentaran “a una mesa de negociación” y, finalmente, con la cuerda tensada al máximo, decidió no ir al acto de la CGT en la Plaza de Mayo.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-102402-2008-04-14.html

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