Lo que circula por los medios

17 de marzo de 2011

¿Vargas Llosa, Videla sigue siendo General?


Opinión
Piqueteros intelectuales
Mario Vargas Llosa
Para LA NACION

Precisamente, la única vez que he padecido un veto o censura en la Argentina, parecido al que pedían para mí los intelectuales kirchneristas, fue durante la dictadura del general Videla, cuyo ministro del Interior, el general Harguindeguy, expidió un decreto de abultados considerandos prohibiendo mi novela La tía Julia y el escribidor y demostrando que ésta era ofensiva al "ser argentino". Advierto con sorpresa que los intelectuales kirchneristas comparten con aquel general cierta noción de la cultura, de la política y del debate de ideas que se sustenta en un nacionalismo esencialista un tanto primitivo y de vuelo rasero. Porque lo que parece ofender principalmente a Horacio González, José Pablo Feinmann, Aurelio Narvaja, Vicente Battista y demás partidarios del veto, por encima de mi liberalismo es que, siendo un extranjero, me inmiscuya en los asuntos argentinos. Por eso les parecía más justo que abriera la Feria del Libro de Buenos Aires un escritor argentino en consonancia con las "corrientes populares".



registromundo - Gal
Vargas LLosa dice q censurado "fue durante la dictadura del general Videla" Vargas Llosa, Videla sigue siendo General?
http://twitter.com/#!/registromundo/status/48560267998666752


Domingo 13 de marzo de 2011 | Publicado en edición impresa

Piqueteros intelectuales

Mario Vargas Llosa
Para LA NACION

MADRID.- Un puñado de intelectuales argentinos kirchneristas, vinculados con el grupo Carta Abierta, encabezados por el director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, pidió a los organizadores de la Feria del Libro de Buenos Aires, que se abrirá el 20 de abril, que me retirara la invitación para hablar el día de su inauguración. La razón del veto: mi posición política "liberal", "reaccionaria", enemiga de las "corrientes progresistas del pueblo argentino" y mis críticas a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.
Bastante más lúcida y democrática que sus intelectuales, la presidenta Cristina Fernández se apresuró a recordarles que semejante demostración de intolerancia y a favor de la censura no parecía una buena carta de presentación de su gobierno, ni oportuna, cuando parece iniciarse una movilización a favor de la reelección. Obedientes, pero sin duda no convencidos, los intelectuales kirchneristas dieron marcha atrás.
Me alegra coincidir en algo con la presidenta Cristina Fernández, cuyas políticas y declaraciones populistas en efecto he criticado, aunque sin llegar nunca al agravio, como alegó uno de los partidarios de mi defenestración. Nunca he ocultado mi convencimiento de que el peronismo, aunque haya impulsado algunos progresos de orden social y sindical, hechas las sumas y las restas ha contribuido de manera decisiva a la decadencia económica y cultural del único país de América latina que llegó a ser un país del primer mundo y a tener en algún momento un sistema educativo que fue un ejemplo para el resto del planeta.
Esto no significa, claro está, que aliente la menor simpatía por sus horrendas dictaduras militares cuyos crímenes, censuras y violaciones de los derechos humanos he criticado siempre con la mayor energía en nombre de la cultura de la libertad que defiendo y que es constitutivamente alérgica a toda forma de autoritarismo.
Precisamente, la única vez que he padecido un veto o censura en la Argentina, parecido al que pedían para mí los intelectuales kirchneristas, fue durante la dictadura del general Videla, cuyo ministro del Interior, el general Harguindeguy, expidió un decreto de abultados considerandos prohibiendo mi novela La tía Julia y el escribidor y demostrando que ésta era ofensiva al "ser argentino". Advierto con sorpresa que los intelectuales kirchneristas comparten con aquel general cierta noción de la cultura, de la política y del debate de ideas que se sustenta en un nacionalismo esencialista un tanto primitivo y de vuelo rasero.
Porque lo que parece ofender principalmente a Horacio González, José Pablo Feinmann, Aurelio Narvaja, Vicente Battista y demás partidarios del veto, por encima de mi liberalismo es que, siendo un extranjero, me inmiscuya en los asuntos argentinos. Por eso les parecía más justo que abriera la Feria del Libro de Buenos Aires un escritor argentino en consonancia con las "corrientes populares".
Si tal mentalidad hubiera prevalecido siempre en la Argentina, el general José de San Martín y sus soldados del Ejército Libertador no se hubieran ido a inmiscuir en los asuntos de Chile y Perú y, en vez de cruzar la cordillera de los Andes impulsados por un ideal anticolonialista y libertario, se hubieran quedado cebando mate en su tierra, con lo que la emancipación hubiera tardado un poco más en llegar a las costas del Pacífico sudamericano. Y si un rosarino llamado Ernesto "Che" Guevara hubiera profesado el estrecho nacionalismo de los intelectuales kirchneristas, se hubiera eternizado en Rosario ejerciendo la medicina en vez de ir a jugarse la vida por sus ideas revolucionarias y socialistas en Guatemala, Cuba, el Congo y Bolivia.
Fuego de artificioEl nacionalismo es una ideología que ha servido siempre a los sectores más cerriles de la derecha y la izquierda para justificar su vocación autoritaria, sus prejuicios racistas, sus matonerías, y para disimular su orfandad de ideas tras un fuego de artificio de eslóganes patrioteros. Está visceralmente reñido con la cultura, que es diálogo, coexistencia en la diversidad, respeto del otro, la admisión de que las fronteras son en última instancia artificios administrativos que no pueden abolir la solidaridad entre los individuos y los pueblos de cualquier geografía, lengua, religión y costumbres pues la nación -al igual que la raza o la religión- no constituye un valor ni establece jerarquías cívicas, políticas o morales entre la colectividad humana.
Por eso, a diferencia de otras doctrinas e ideologías, como el socialismo, la democracia y el liberalismo, el nacionalismo no ha producido un solo tratado filosófico o político digno de memoria, sólo panfletos a menudo de una retórica tan insulsa como beligerante. Si alguien lo vio bien, y lo escribió mejor, y lo encarnó en su conducta cívica fue uno de los políticos e intelectuales latinoamericanos que yo admiro más, el argentino Juan Bautista Alberdi, que llevó su amor a la justicia y a la libertad a oponerse a la guerra que libraba su propio país contra Paraguay, sin importarle que los fanáticos de la intolerancia lo acusaran de traidor.
Los vetos y las censuras tienden a imposibilitar todo debate y a convertir la vida intelectual en un monólogo tautológico en el que las ideas se desintegran y convierten en consignas, lugares comunes y clisés. Los intelectuales kirchneristas que sólo quisieran oír y leer a quienes piensan como ellos y que se arrogan la exclusiva representación de las "corrientes populares" de su país están muy lejos no sólo de un Alberdi o un Sarmiento, sino también de una izquierda genuinamente democrática que, por fortuna, está surgiendo en América latina, y que en países donde ha estado o está en el poder, como en Chile, Brasil, Uruguay, ha sido capaz de renovarse, renunciando no sólo a sus tradicionales convicciones revolucionarias reñidas con la democracia "formal" sino al populismo, al sectarismo ideológico y al dirigismo, aceptando el juego democrático, la alternancia en el poder, el mercado, la empresa y la inversión privadas, y las instituciones formales que antes llamaba burguesas. Esa izquierda renovada está impulsando de una manera notable el progreso económico de sus países y reforzando la cultura de la libertad en América latina.
¿Qué clase de Argentina quieren los intelectuales kirchneristas? ¿Una nueva Cuba, donde, en efecto, los liberales y demócratas no podríamos jamás dar una conferencia ni participar en un debate y donde sólo tienen uso de la palabra los escribidores al servicio del régimen? La convulsionada Venezuela de Hugo Chávez es tal vez su modelo. Pero allí, a diferencia de los miembros del grupo Carta Abierta, la inmensa mayoría de intelectuales, tanto de izquierda como de derecha, no es partidaria de los vetos y censuras. Por el contrario, combate con gran coraje contra los atropellos a la libertad de expresión y la represión creciente del gobierno chavista a toda forma de disidencia u oposición.
De quienes parecen estar mucho más cerca de lo que tal vez imaginan Horacio González y sus colegas es de los piqueteros kirchneristas que, hace un par de años, estuvieron a punto de lincharnos, en Rosario, a una treintena de personas que asistíamos a una conferencia de liberales, cuando el ómnibus en que nos movilizábamos fue emboscado por una pandilla de manifestantes armados de palos, piedras y botes de pintura. Durante un buen rato debimos soportar una pedrea que destrozó todas las lunas del vehículo, y lo dejó abollado y pintarrajeado de arriba abajo con insultos. Una experiencia interesante e instructiva que parecía concebida para ilustrar la triste vigencia en nuestros días de aquella confrontación entre civilización y barbarie que describieron con tanta inteligencia y buena prosa Sarmiento en su Facundo y Esteban Echeverría en ese cuento sobrecogedor que es El matadero .
Me apena que quien encabezara esta tentativa de pedir que me censuraran fuera el director de la Biblioteca Nacional, es decir, alguien que ocupa ahora el sitio que dignificó Jorge Luis Borges. Confío en que no lo asalte nunca la idea de aplicar, en su administración, el mismo criterio que lo guió a pedir que silenciaran a un escritor por el mero delito de no coincidir con sus convicciones políticas. Sería terrible, pero no inconsecuente ni arbitrario. Supongo que si es malo que las ideas "liberales", "burguesas" y "reaccionarias" se escuchen en una charla, es también malísimo y peligrosísimo que se lean. De ahí hay solo un paso a depurar las estanterías de libros que desentonan con "las corrientes progresistas del pueblo argentino".
© El País, SL


http://www.lanacion.com.ar/1357024-piqueteros-intelectuales

---------------------------------------------------------------------------------
Adrián Ventura
Sustracción de menores
Un planteo del ex general Videla divide a la Corte Suprema
Se estudia mantener la causa abierta
Domingo 05 de mayo de 2002 | Publicado en edición impresa
Compartir

Gana terreno en la Corte Suprema de Justicia la posición de que el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla debe continuar sujeto a proceso penal por la apropiación de hijos de desaparecidos ocurrida durante la dictadura militar.

Hace un año, tres de los nueve ministros habían votado por considerar que el sumario que actualmente instruye el juez federal Rodolfo Canicoba Corral debía ser cerrado: Augusto Belluscio, Eduardo Moliné O´Connor y Julio Nazareno firmaron dos votos en ese sentido.

Pero en las últimas semanas el expediente volvió a circular, cada vez con mayor celeridad, entre los distintos despachos, y Enrique Petracchi, Carlos Fayt y Gustavo Bossert estamparon sus firmas en otros tantos proyectos de sentencia en los que sostienen que la causa por la sustracción de menores debe continuar abierta.

La investigación sobre la sustracción de menores comenzó hace seis años, en 1996, con una denuncia que presentaron las Abuelas de Plaza de Mayo.

En 1998, el entonces juez federal Adolfo Bagnasco procesó al ex general Videla, al ex almirante Eduardo Emilio Massera, a los generales retiraros Cristino Nicolaides y Reynaldo Bignone, y a otros altos oficiales, entre ellos el ex marino Jorge "El Tigre" Acosta (detenido en Campo de Mayo), por apropiación de hijos de desaparecidos y sustitución de identidad.

Además, les dictó la prisión preventiva, aunque varios de los ex oficiales y militares retirados cumplen desde entonces arresto domiciliario pues son mayores de setenta años.

Los ex militares plantearon en su momento diversas defensas. Todos los tribunales y también la Corte rechazaron un primer pedido que hicieron para que el caso fuese ventilado, no ya ante la justicia federal, sino ante el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

Pero en una defensa más de fondo, Videla fue el primero de los imputados en recorrer el camino que llevó el caso a la Corte: planteó que él, cuando fue juzgado en 1985 por la Cámara Federal en la llamada causa 13, en la que se lo condenó por sustracción de mayores de edad, también fue investigado por la desaparición de varios menores.

Ocurre que en esa oportunidad, ante la imposibilidad material de procesar todo el material disponible sobre distintos hechos, la Cámara dejó asentado que se pronunciaba sobre algunos casos que tomaba como ejemplo.
Cosa juzgada

Por eso, según Videla, la pesquisa que se lleva actualmente adelante viola el principio de la cosa juzgada, desconociendo que nadie puede ser juzgado dos veces por el mismo hecho.

La Sala I de la Cámara Federal, con las firmas de Luisa Riva Aramayo y Horacio Vigliani, rechazó el planteo de Videla. Pero el ex militar presentó un recurso extraordinario ante la Corte.

El procurador general de la Nación, Nicolás Becerra, dictaminó a favor de mantener abierta la investigación, pero los votos de Belluscio, Moliné O´Connor y Nazareno intentaban poner fin al juzgamiento de hechos que ocurrieron hace casi tres décadas.

Luego, los avatares políticos en los que quedó enredada la Corte, a la cual el Poder Ejecutivo le promovió el juicio político, hicieron que quedara en el olvido la causa Videla, así como algunas otras. Por ejemplo, el procurador Becerra acaba de dictaminar que la Corte debería rechazar el recurso que presentó Repsol-YPF contra una millonaria multa que le impuso la Secretaría de Industria y Comercio, y que la petrolera tacha de arbitraria, un asunto que generará un fuerte debate en el seno del alto tribunal.

Pero ahora, con los ánimos más tranquilos, y cuando el juicio político contra los ministros de la Corte parece haber perdido impulso, el máximo tribunal comienza a salir de su parálisis.

Fayt, Petracchi y Bossert dicen que aquella causa 13 sirvió para juzgar hechos vinculados con desaparecidos mayores de edad, pero que el juzgamiento de los secuestros de menores no está cubierto por las leyes de amnistía ni por los indultos y que, según el derecho internacional, se trata de hechos imprescriptibles.
Tres a tres

En este momento, hay un virtual empate de tres votos contra tres. Y resta que se pronuncien tres magistrados: Antonio Boggiano, Adolfo Vázquez y Guillermo López.

Se descarta que el primero se inclinará por respaldar la continuidad del juzgamiento, por aplicación de los tratados internacionales suscriptos por la Argentina y que Boggiano siempre insiste en respetar.

Si lo hace, este criterio contaría con el respaldo de cuatro jueces de la Corte. Uno menos que el número necesario para hacer mayoría de cinco magistrados sobre nueve. Por su parte, Vázquez y López habitualmente se inclinan por posiciones más conservadoras. Pero la situación de Vázquez genera cierta incertidumbre, pues pidió licencia y no se sabe hasta cuándo la prolongará.

http://www.lanacion.com.ar/394112-un-planteo-del-ex-general-videla-divide-a-la-corte-suprema


 ---------------------------------

0 comentarios:

Entrada destacada

¿No se crearon puestos de trabajo en los últimos 4 años?

Víctor Hugo transmitió en vivo. 9 de septiembre a las 8:50 · Facebook Mentions · Es #falso que en los últimos años no se creó #emple...

Blog Archive

Etiquetas