Lo que circula por los medios

15 de abril de 2011

DESPIDOS DE CLARIN Y PATRICIA BULLRICH DESMEMORIADA


DESPIDOS DE CLARIN



http://www.youtube.com/watch?v=VFpxUOZxc_g

FUENTE http://vimeo.com/16493994
Video subido para su difusión
24 nov 2010
http://www.perspectivastv.com/index.php/actualidad/item/205-clarin


------------------------
Viernes, 15 de Abril de 2011 11:13
Patricia Bullrich habla sobre los empleados despedidos de Clarín


¿Por qué Patricia Bullrich niega su intervención como Ministra de Trabajo en el caso de los despedidos de Clarín en el año 2000?

En el Programa palabras más, palabras menos Patricia Bullrich, manifestó no recordar durante su gestión como Ministra de Trabajo (durante el Gobierno de De La Rua) el conflicto entre empleados y Clarín del año 2000

"Yo fui Ministra de Trabajo y no recuerdo de ninguna manera y repasé todos los momentos. Yo no lo recuerdo. No fue en el momento en que fui Ministra sino lo recodaría", afirmó Patricia Bullrich durante el programa cuando la legisladora Gabriela Cerruti le recordó a Bullrich, que ella era la Ministra de Trabajo en el año 2000.


Daniel Ponzo entrevista a Patricia Bullrich el 18 de mayo de 2003, allí Patricia Bullrich se refiere al tema de Clarín y los empleados despedidos en el 2000 cuando ella era Ministra de Trabajo. *Escuchar audio



Dice Daniel Ponzo en su blog, con respecto a la entrevista: "El 18 de mayo de 2003 entrevisté en La Escoba a la ex ministra de Trabajo de De la Rúa, Patricia Bullrich. Después de muchas idas y vueltas, dijo que había intervenido en el conflicto por los despidos -117 trabajadores y la totalidad de la comisión interna- en Clarín del 4 de noviembre de 2000, con una conciliación obligatoria que jamás existió junto a la Unión de Trabajadores de Prensa (Utpba)".


Audio



Publicado originalmente en La Escoba


http://www.lapistaoculta.com.ar/index.php?option=com_k2&view=item&id=538:patricia-bullrich-habla-sobre-los-empleados-despedido-de-clar%C3%ADn&Itemid=164

fuente audio:
3 de abril de 2011

BULLRICH, LA PATA DE LA MENTIRA DE CLARÍN

Por Daniel Ponzo

El 18 de mayo de 2003 entrevisté en La Escoba a la exministra de Trabajo de De la Rúa, Patricia Bullrich. Después de muchas idas y vueltas, dijo que había intervenido en el conflicto por los despidos -117 trabajadores y la totalidad de la comisión interna- en Clarín del 4 de noviembre de 2000, con una conciliación obligatoria que jamás existió junto a la Unión de Trabajadores de Prensa (Utpba). Todo lo que dijo Bullrich es absolutamente falso y la razón de ello está expuesta, además de en su contradicción flagrante, en el hecho mismo de que Clarín no quería un conciliación obligatoria porque eso hubiera significado reconocer la existencia de una comisión interna de delegados electa y la posibilidad de ser reincorporados por ese mecanismo de conciliación. Por eso Clarín sostenía como estrategia judicial que los dos únicos delegados eran los que mantenía desde siempre, a quienes incluso defendió y representó con sus abogados ante la justicia -Carlos Quatromano, quien había sido separado de la conducción de la Obra Social del gremio por su manejo económico, luego echado del gremio en una asamblea general por su traición en el conflicto del 2000 y actualmente empleado de Clarín en la sección archivo, y Ruben Camarata sostenido por la Utpba dentro del gremio en la misma asamblea donde se echó a Quatromano. Ese supuesto desconocimiento es lo mismo que planteó la semana pasada ante la diputada Gabriela Cerruti en TN la exministra cuando dijo que no sabía que había habido un conflicto en Clarín en 2000 y es la misma estrategia que mantiene ahora Clarín respecto del conflicto en AGR http://www.youtube.com/watch?v=eVR6MDPbRpc). De hecho así también lo dijo la semana pasada el secretario general de redacción de Clarín, Ricardo Kirschbaum quien reconoció ante Jorge Rial, en una nota en Radio La Red, que había habido un conflicto y habían echado a delegados en 2000 y luego sostuvo ante su exjefe Joaquín Morales Solá que en aquel entonces en Clarín como hoy en AGR no hay conflicto alguno. Kirschbaum, con Bullrich, han reconocido entonces, después de 10 años, que sí hubo un conflicto en Clarín y que sí se echó a delegados, comisión interna, miembros de junta electoral y trabajadores y abren la puerta para nuevos reclamos judiciales en ese sentido que pueden llegar a la reinstalación de los delegados electos e ilegalmente despedidos. La patas de las mentiras suelen ser cortas...


http://la-escoba.blogspot.com/2011/04/el-18-de-mayo-de-2003-entreviste-en-la.html
---------------------------------------------------


Portada - ElArgentino.com CN23 Veintitrés Veintitrés Internacional Newsweek Diagonales 7 Días Sur
Despidos en Clarín: Plaini demostró que Bullrich era la ministra
Publicado el 15 de Abril de 2011
Mostró un decreto antisindical que firmó en la misma fecha del conflicto en el Grupo.


Fue un cruce intenso, con duras recriminaciones, especialmente por el pasado de la diputada de la Coalición Cívica (CC) Patricia Bullrich como ex ministra de Trabajo de la fallida Alianza de radicales y frepasistas, durante el gobierno de Fernando de la Rúa. “Usted es muy pobre de argumentos. Usted firmó un decreto contra los trabajadores, firmó el 13% de rebaja a los jubilados. No tiene autoridad para hablar porque no ha tenido coherencia en la vida”, le advirtió Omar Plaini, diputado nacional del Frente para la Victoria (FPV) y secretario general del gremio de los canillitas.
En ese punto, Plaini recordó que la hoy legisladora de la CC estaba al frente del Ministerio de Trabajo cuando De la Rúa firmó el Decreto 1025, del 4 de noviembre de 2000 que desregulaba la actividad de los canillitas y circunscribía a las paradas “habilitadas” la venta de diarios y revistas.
Ese decreto fue firmado precisamente para la misma fecha en la que estalló el conflicto sindical en Clarín que terminó con el despido de 120 periodistas del Diario Clarín.
Plaini presentó el documento como prueba argumental para refutar la versión de Bullrich, quien sostuvo insistentemente en los últimos días en varios programas periodísticos que durante su paso al frente del Ministerio de Trabajo no hubo ningún conflicto con despidos en Clarín.
El decreto también llevaba la firma de Bullrich, como ministra de Trabajo, y de sus entonces colegas Chrystian Colombo, al frente de la jefatura de Gabinete y José Luis Machinea, ex titular de Economía.
Los derechos de los canillitas como trabajadores fueron restituidos con un decreto de la presidenta Cristina Fernández en noviembre de 2009. Esa norma también les devolvió la exclusi vidad para la venta.
Frente a las pruebas que cer tificaban la denuncia de los tra bajadores despedidos de Clarín, Bullrich optó por disparar duras acusaciones contra el mundo sindical y, especialmente, contra la figura del líder de la CGT, Hugo Moyano. “Ustedes son todos chorros. ladrones, delincuentes. No quieren decir la plata que tienen, ni los campos ni la plata que afanaron”, puntualizó, sin distinciones, la diputada.


http://tiempo.elargentino.com/notas/despidos-clarin-plaini-demostro-que-bullrich-era-ministra
-----------------------

A 10 años de los 117 despidos de Clarín

4 de noviembre de 2010




El 4 de noviembre de 2000, los directivos del diario Clarín despidieron a 117 trabajadores de la empresa, incluyendo a los 10 periodistas que habían conformado una Comisión Interna independiente del Sindicato de Prensa.



En la actualidad, recordar este hecho se confunde, indefectiblemente, con una batalla más en la guerra entre el Gobierno y el Grupo Clarín. Esto, lamentablemente, empaña el hecho de que esta historia merece ser recordada por otros motivos que superan la disputa Gobierno - Grupo Clarín. El despido injustificado y repentino de estos empleados fue un hecho trágico no sólo para las 117 personas que se quedaron sin trabajo, sino también para la historia sindical de nuestro país, ya que refleja cuán difícil fue y sigue siendo en Argentina obtener la libertad sindical.



En ese entonces, no se le dio mucha trascendencia al hecho. Tiempo más tarde, la Revista "Veintitrés" realizó un informe sobre el caso al que bien tituló "La historia que nadie se atrevió a contar".



A continuación, un video donde los protagonistas del conflicto recuerdan la historia: cómo fue organizarse independientemente del sindicato, qué era lo que reclamaban, por qué luchaban y, además, también relatan la violencia y desmesura con que se realizaron los despidos. De hecho, los directivos del diario, ese día hicieron que la policía cerque con vallas el área del edificio de Clarín y, mientras los oficiales de infantería impedían el acceso a los empleados que habían sido despedidos, había helicópteros sobrevolando la zona.


http://www.perspectivastv.com/index.php/actualidad/item/205-clarin

----------------------------

patricia Bulrrich - el ruido de las nueces




http://youtu.be/DS5viqLkCnQ

**********************************
Gremiales de Clarín: en las páginas del diario sí, en la redacción no
04/04/2011 13 Comentarios

Por Axel Leinn

Un racconto sobre lo sucedido entre julio y noviembre de 2000, cuando el “Gran Diario Argentino” echó a casi 140 periodistas. La última gran purga de una empresa que no vacila en pagar indemnizaciones generosas a cambio de aniquilar toda actividad gremial.

“Retiro voluntario”

Todo comenzó a fines de julio de 2000. La vida interna de Clarín estaba convulsionada, pero tal convulsión se vivía de manera silenciosa, en un susurro de pasillo: la empresa estaba echando periodistas. Se los convocaba al tercer piso (hoy cuarto, por modificaciones edilicias) y se les notificaba que la empresa había decidido prescindir de sus servicios. A continuación, se les ofrecía una cantidad de dinero equivalente al 100% de una indemnización por despido sin causa a cambio de firmar su consentimiento bajo la cláusula de “retiro voluntario”.

Apenas dos años antes, Clarín había ejercido una sistemática presión sobre sus anunciantes para que no pautaran en el recién salido diario Perfil, que se proponía competirle en la preferencia de su sector de lectores más informado y de mayor poder adquisitivo. El cierre de Perfil supuso el despido de 171 periodistas sobre un total de 256 (el resto fue absorbido por otras publicaciones de la editorial), según informó el propio Clarín en su edición del 1° de agosto de 1998. Dos años después, el “Gran Diario” se acercaría a esa cifra, con 137 despidos.

En los hechos, el cierre de Perfil terminó con toda posibilidad de “ascenso en diagonal”, como se denomina a la mejora de una posición laboral a través del salto de una empresa a otra. El proyecto del diario Perfil, por ejemplo, había significado para algunos redactores de Clarín la posibilidad de dar el salto hacia un cargo de editor y una mejora salarial. El abrupto cierre de Perfil, de un día para el otro, transformó al mercado periodístico de Buenos Aires en un helado desierto. Todas las puertas se cerraron. En el caso de Clarín, el año 1998 también marcó un punto de inflexión: a partir del cierre de Perfil, dejó de incorporar nuevos periodistas por al menos cinco años.


Endeudarse y comprar

Así las cosas, hacia 2000 el Grupo Clarín, encabezado por Ernestina Herrera de Noble, Héctor Magnetto, José Aranda y Lucio Pagliaro, tenía problemas de endeudamiento. Las tasas que pagaban por los préstamos tomados para pagar las costosas adquisiciones de cientos de pequeños cables que dieron forma al coloso Multicanal, sumado a la millonaria inversión en CTI (sembraron el interior del país de antenas e infraestructura para telefonía celular) no podían ser cubiertas con las ganancias. Clarín facturaba por entonces 2.200 millones de pesos (igual cantidad en dólares) pero los intereses de la deuda se comían la rentabilidad. De modo que los cuatro accionistas salieron a buscar un socio y el 27 de diciembre de 1999 vendieron el 18% de las acciones del Grupo al banco de inversión Goldman Sachs, a cambio de 500 millones de dólares.

Al comenzar el año 2000 el presidente era Fernando de la Rúa, pero la mentalidad imperante seguía siendo la de los años noventa, en la que todo ajuste de costos comenzaba con una reducción de personal. Así lo entendió la administración del diario Clarín, la empresa madre del Grupo, ahora con ejecutivos de Goldman Sachs sentados a la mesa de decisiones. Uno de los diagnósticos fue que la Redacción de Clarín y de su diario deportivo, Olé, estaban sobredimensionados. Hacía falta un ajuste: los rumores hablaban de 45 despidos: 15 en mayo, 15 en junio y 15 en julio de ese año. Un 10% del plantel, que rondaba las 500 personas, entre redactores y colaboradores.

Buena parte del rumor comenzó a ser verificado: para el 26 de julio sumaban 20 las personas citadas al tercer piso, las que luego bajaban con el rostro pálido o los ojos cubiertos de lágrimas, tomaban unas pocas cosas de los dos pequeños cajones que tenían sus escritorios y se iban tras cambiar unas palabras con no más de dos o tres compañeros. Varios llegaron a retirarse con la cabeza gacha de la vergüenza, como si les acabaran de notificar que tenían lepra.

En cierto sentido, era cierto.


Ahora le pegamos a Menem

El diario Clarín había atravesado los años noventa como un proceso de expansión, con la incorporación de decenas de periodistas provenientes de Página 12, Gente, Somos, Ámbito Financiero, El Cronista Comercial y hasta de La Nación –previo paso de estos últimos por alguna redacción intermedia, para no quebrar el pacto no escrito entre los dos principales diarios de no robarse periodistas entre sí–.

Clarín, además, había efectivizado a más de un centenar de becarios e incorporado otros tantos redactores “junior”. El proceso había comenzado en 1991, cuando Roberto Guareschi se afianzó como secretario general de Redacción, un año después de haber reemplazado al histórico Marcos Cytrymblum. Esa redacción, asimilable al plantel más lujoso que haya podido tener Boca Juniors, había hecho un brillante trabajo de zapa durante la última parte de la etapa de Menem, desnudando a los ojos de la sociedad el costo social del modelo neoliberal y avanzando con investigaciones de la corrupción menemista. Clarín se destacó particularmente por la investigación sobre el tráfico de armas, que terminó llevando al propio Menem a la cárcel por algunos meses.

Pero el Diario también había exacerbado ese costado que hoy el oficialismo kirchnerista tanto insiste en denominar como “el principal partido político de la oposición”. Clarín había avalado con generoso despliegue en su tapa y páginas de apertura el surgimiento del Frente Grande, la Alianza y la candidatura de Graciela Fernández Meijide –que barrió con los candidatos menemistas en las elecciones legislativas de 1997– y, finalmente, con la de Fernando de la Rúa en 1999.

De modo que a mediados de 2000 la política editorial consistía en moderar las críticas sobre el ajuste que José Luis Machinea había aplicado en marzo e intentar demostrar, en vano, síntomas de reactivación de la economía, atravesada por la recesión desde la crisis del sudeste asiático en la primavera de 1998 y la posterior devaluación del real brasileño en enero de 1999.

Dentro de la Redacción persistía todavía la euforia generada por la llegada al poder de la Alianza –apenas seis meses antes–, cuyos principales referentes le daban todas las primicias a redactores y editores del Diario, muchas veces incluso antes de confiarlas a sus propios colaboradores.

Muchos periodistas de Clarín, aunque no lo dijeran en voz alta, se sentían en aquellos días parte del poder. La Alianza representaba una esperanza similar a la primavera alfonsinista de 1983-85. Se había ido Menem, un presidente de derecha y corrupto, y Clarín había sido, sin duda, el principal ariete de los medios de comunicación contra el proyecto de la re-reelección menemista. Los periodistas de Política, Economía y Opinión hablaban con los ministros de la Alianza, con el Vicepresidente, y eran ellos, los periodistas, quienes no pocas veces les daban consejos. Algunos de los editores de mayor jerarquía se sentían ejecutivos de una corporación. Habían accedido a la compra de autos Audi cero kilómetro con el increíble descuento de un 40%, concesión que les había sido otorgada desde la gerencia del tercer piso, que era quien regulaba los canjes publicitarios. Había redactores estrella que escribían en sus crónicas que el aire ausente de Fernando de la Rúa no era motivo de su cada vez más evidente incapacidad, sino de una calma “zen” frente a la crisis.

De modo que la visión de uno, dos, tres de sus colegas tomando un par de carpetas del cajón y saliendo de manera apresurada con su despido encubierto bajo el brazo no encajaba en aquel panorama de periodistas bien pagos y satisfechos de sí mismos. Aunque todos, en el fondo, sospechaban que la tormenta se venía.


Comisión interna ¿dónde estás?

Los primeros relámpagos fueron el 26 de julio. A la hora de la merienda llegó a la Redacción la noticia de que el Diario acababa de despedir a un redactor de Espectáculos, una sección ubicada por entonces un piso más abajo. Ya sumaban 20 despidos en menos de dos meses. Se armó un pequeño grupo de no más de cinco o seis personas, que se detuvieron a comentar el asunto. Más gente se sumó al grupo. Iban hablando en voz baja; cuanto más discreta era la conversación, más gente atraía. A las 17.30, media hora antes de la reunión en la que los editores definen cuáles serán los temas que irán a la tapa, ya se habían reunido entre 200 y 300 periodistas, al ingreso de la Redacción. Todos se miraban entre sí y nadie tomaba la palabra.

Ana Ale se hizo cargo de la situación. Dijo que el Diario estaba despidiendo gente, que ahora le había tocado a un redactor de Espectáculos y que estaban preguntándose qué hacer. Otro redactor, más veterano, preguntó por la Comisión Interna. Desde hacía más de una década la integraban dos muchachos: Rubén Cammarata y Carlos Quattromano, ambos representantes de la conducción que estaba al frente de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba). La reunión, espontánea, estaba por cumplir una hora y ninguno de los dos delegados se había hecho presente aún. Nadie recordaba la última vez que habían estado en la Redacción. Solían llegar para repartir algún volante, o algo por el estilo. La vida gremial en realidad estaba congelada desde el despido de Pablo Llonto, el delegado por la Lista Violeta (opositora a la conducción de la Utpba) a quien el Diario había fraguado un supuesto incidente con un jerárquico, durante una visita de Llonto a la planta de Zepita. Abogado laboralista, ex candidato a diputado por el partido trotskista MAS (hecho que le valió que lo expulsaran de la sección Política), Llonto era, además, uno de los principales especialistas en boxeo del periodismo local. Al momento de ser echado de Clarín se desempeñaba como redactor de la sección Deportes. Eso había sido en 1991 y Llonto nunca aceptó la indemnización, doble por ser delegado, que le ofreció el Diario. Recurrió a la Justicia para ser reincorporado y logró fallos favorables en primera y segunda instancias. Pero sobre el fin de la década de 1990, la Corte Suprema que encabezaba Julio Nazareno terminó por darle la razón a Clarín, que nunca aceptó los sucesivos fallos y mantuvo su apelación hasta ese momento en que esa Corte menemista le dio la razón.


Ana

Ana Ale era la compañera de Llonto, con quien tenía dos pequeños hijos. Proveniente de La Opinión, también había sido delegada dentro del Diario, entre 1979 y 1989. Pero después de una década había decidido abrirse de la actividad gremial, formar una familia y concentrarse en su carrera periodística, en la sección Economía. En 1994, Cytrymblum la convocó para integrar el staff de editores de su proyecto para relanzar el diario La Prensa, financiado por Amalia de Fortabat. Ana iba a estar a cargo de la sección Economía, pero en Clarín no la dejaron ir: le ofrecieron un cargo como editora y una mejora de su salario. Ana aceptó quedarse a cambio de que la dejaran seguir escribiendo, ya que en realidad bostezaba con sólo imaginarse como editora.

A la hora de aquella primera asamblea autoconvocada, resultó entonces natural que fuera ella, Ana, quien rompiera el hielo. Se sumaron otras voces: Olga Viglieca, editora de la sección Zona, ex Segunda Sección, y muchos redactores. Sobraban las preguntas, principalmente. Algunas respuestas fueron surgiendo: los delegados habían faltado a su responsabilidad básica, ya que en más de dos meses no habían hecho una sola gestión, ni siquiera cursaron alguna notificación al resto de los periodistas para ayudar a frenar los despidos. Nadie sabe bien quién hizo el llamado, pero cuando promediaba una hora de reunión llegó Daniel Terreno, un integrante de la Utpba. Los dos delegados, quienes trabajaban y once años después siguen haciéndolo para Clarín, no aparecían. Nunca lo hicieron.

Comenzaron las preguntas. Terreno confirmó que venía de reunirse con el gerente de Personal, Jorge Figueiras, quien había propuesto armar una mesa de discusión. Confirmó además que, a los efectos legales, una asamblea tenía carácter soberano y, por lo tanto, tenía potestad para echar a los delegados. Aquella fue la primera votación, unánime y a mano alzada. Nadie votó en contra ni se abstuvo. Quattromano y Cammarata habían dejado de ser delegados de Clarín, tal como lo establece el estatuto gremial. Claro que no iba a ser tan fácil.

La asamblea había durado más de dos horas y repercutió en los tiempos de cierre de la edición, por más que los periodistas regresaron a sus escritorios para trabajar lo más deprisa posible.

Al día siguiente se hizo otra asamblea a la que se acercó Daniel Das Neves, secretario adjunto de la Utpba, junto con Terreno y otro colaborador. Fueron recibidos ya no por Figueiras sino por su número dos, Julio Miguelez. La asamblea, nuevamente de 300 personas, estuvo centrada básicamente en los pasos necesarios para conformar una nueva Comisión Interna. El clima era espeso. Las preguntas contra Das Neves eran incisivas y cargadas de no poca agresividad. Pero se llegó a un acuerdo respecto de llevar adelante una nueva elección de delegados.


¿Por qué la mala onda contra Das Neves?

En 1979, mientras estudiaba periodismo en la Universidad de Lomas de Zamora, Das Neves había cofundado en 1979 la mítica Biblioteca Autónoma de Periodismo (BAP), un espacio de lectura y resistencia silenciosa a la dictadura. Cronista deportivo de agencia de noticias, Das Neves integró la lista de centroizquierda que ganó la votación que unificó el Sindicato de Prensa con la Asociación de Prensa de Buenos Aires (APBA) en la Utpba. Para julio de 2000 Das Neves era el número dos del gremio, secundando a Juan Carlos Caamaño. Desde la llegada del luego disidente Carlos Subiza, acumulaban 15 años al frente del gremio. Habían asistido impasibles, además, al despido de Pablo Llonto, en 1991. Desde entonces mantenían dentro del Diario una representación gremial propia, caracterizada por no hacer nada. Nada de nada.

Aquel día la asamblea terminó con el compromiso de Das Neves de notificar todo lo tratado al secretario general de Redacción, Guareschi. Pero éste se negó a recibirlo.

Hubo cuatro asambleas más hasta el 16 de agosto, día en que finalmente fue votada la nueva Comisión Interna. Ana Ale había vencido su resistencia inicial de volver a involucrarse en el campo gremial y se postuló como delegada, junto con Olga Viglieca y otros ocho periodistas, fotógrafos e infógrafos. Ana fue la más votada, con 565 adhesiones, seguida por Olga. Fueron designadas secretaria general y secretaria adjunta de la Comisión.

Es muy difícil transmitir el clima que se vivió durante esas tres semanas entre las primeras asambleas y la votación, sin duda la más masiva en la historia dentro de un medio de prensa de la Argentina. En pocos días se había pasado de un sistema de neto corte jerárquico, propio de una corporación multinacional, a otro en el cual la base de aquella pirámide se había transformado de golpe el sector más interesante dentro de la vida interna de la Redacción. El trabajo se seguía cumpliendo como siempre, respetando los cargos y las órdenes impartidas. Pero no cabía duda de que había un soplo más juvenil en el aire. Un secretario de Redacción, veterano de luchas gremiales en su juventud y ahora férreo defensor del orden establecido, lo bautizó como “una estudiantina”. Y advirtió, profético o simplemente bien informado: “Sigan así, que van a venir los tanques soviéticos”.


Comienza la guerra

Los aprestos para la guerra, de hecho, se anunciaron a través de la cartelera del Diario. En el mismo espacio donde todos los días se informaban los cumpleaños de cada empleado, la empresa comenzó a colgar comunicados de advertencia.

El 1° de agosto, Cammarata y Quattromano, nunca presentes en asamblea alguna, habían presentado un recurso judicial contra la Utpba, exigiendo su restitución como delegados. Clarín emitió un comunicado en el que informó que esa presentación judicial demostraba que se trataba de un conflicto interno del gremio que le era ajeno e instaba, por primera vez, a que se dejaran de realizar las asambleas.

La respuesta, esa misma tarde, fue una asamblea con una asistencia inédita: 400 personas. Resolvieron la constitución de una junta electoral y el llamado a elecciones internas para el 16 de agosto. Y se votó por la expulsión de Cammarata y Quattromano, ya no como delegados sino como afiliados del gremio de Prensa. No fue ensañamiento sino legalidad: ante la evidente predisposición de la Justicia a dar la razón a los ex delegados, patrocinados por el cuerpo legal de Clarín, la única manera de legitimar a la futura Comisión Interna era retirar la afiliación gremial de los ex delegados. Si no estaban afiliados al gremio, no podían ser delegados.

El Estatuto de Prensa establece que esa expulsión es válida si es votada por al menos el 10% de una redacción. La suscribieron con su firma y número de documento 427 empleados, sobre un padrón de 1.500. Casi el 30%, tres veces más de lo que exige la norma. Casi al mismo tiempo, un fallo de primera instancia resolvió en esa primera semana de agosto que Cammarata y Quattromano debían ser restituidos como delegados.

En otra asamblea, el 3 de agosto, se notificó que el Diario desconocía la validez legal del acto eleccionario y que se hacía eco de una amenaza contra sus instalaciones. ¿Qué amenaza? En una asamblea en la cavernosa redacción del Olé, una editora de Clarín propuso en joda que se saboteara la ventilación del Diario. Ni siquiera fue un chiste, de modo que nadie rió. Pero aquel comentario no sólo le sirvió al Diario para hacerse eco de “amenazas” sino que el infiltrado que pasó aquella información a la gerencia, la pasó mal: el 4 de noviembre, cuando llegaron los fatídicos 117 telegramas, uno de ellos estaba dirigido a una editora rubia que había participado de la asamblea, pero que NO era quien había hecho la broma, a la que se acusó de haber promovido aquel “sabotaje”. Nunca hubo marcha atrás con esa chica, a pesar de que en Personal admitieron que se trataba de un error. Resultó víctima ya no sólo del buchón de turno, sino de su incompetencia.


Votar sí, cambiar no

Pero recién era comienzos de agosto y faltaban años luz para noviembre. El 16 de agosto, en una Traffic de la Utpba estacionada frente a la entrada de la calle Tacuarí, votaron 551 empleados, más otros 14 de las agencias. Total: 565 votos. Ana Ale fue votada por los 565. Otros delegados obtuvieron algunos votos menos, pero el que tuvo el logro menor fue de 494.

El acoso judicial era incesante: el día anterior al acto eleccionario, una jueza de primera instancia hizo lugar a una medida cautelar solicitada por Cammarata y Quattromano.

La enumeración de esos hechos resulta por momentos engañosa, ya que denota la falsa percepción de una disputa entre partes. Efectivamente, los ex delegados hacían sus presentaciones ante la Justicia, pero llevaban semanas sin ser vistos en el Diario. A la vez, cada asamblea (hubo seis desde el 26 de julio hasta la elección) era cada vez más numerosa: se comenzó con 300 personas y se alcanzó la suma de casi 500. Algunos editores, incluso con cargos como prosecretario, participaban sin hablar, pero levantaban la mano en las votaciones. No era un gesto menor ni carente de valentía en aquel contexto. De todas maneras, entre los editores, la mayoría (unos 40 o 50) continuaban con su trabajo mientras se desarrollaban las asambleas, como si nada sucediera. Pasaban de costado, con sus páginas en la mano, rumbo a Diagramación. La joda era que en Diagramación sólo quedaban un jefe, a lo sumo dos. El resto de los diagramadores también estaban en asamblea.

Entre mediados de agosto y fines de octubre transcurrieron dos meses de aparente normalidad. La Comisión Interna no era recibida por los directivos del Diario, pero sin embargo atendía reclamos, organizaba fondos para actividades y organizaba comisiones para llevar adelante las cuestiones centrales: reclamo para bajar de 9 a 6 horas la jornada laboral (esto es, el pago de horas extra), guardería para las empleadas mujeres (a fines de los ochenta las féminas era apenas un grupete en la Redacción. Diez años más tarde rozaban la mitad del staff).

Otro tema que abordó la Comisión fue el reclamo por la regularización de los “factureros”, colaboradores sin derecho a reclamar por su efectivización o pase a condición de colaboradores permanentes.

En aquellos dos meses la disputa se libró principalmente ante la Justicia. A fines de agosto, Clarín denunció ante el Ministerio de Trabajo (que encabezaba Alberto “Banelco” Flamarique) que las asambleas eran “medidas de acción directa” contra la empresa.

Entre tanto hostigamiento, el 12 de septiembre hubo una noticia favorable: la Sala 8 de la Cámara de Apelaciones, con la firma de los jueces Horacio Bulloch y Juan Carlos Morando, declaró “abstracto” el reclamo de Cammarata y Quattromano de solicitar la anulación de las elecciones.

En este punto es necesario ingresar en otro tipo de conjeturas. Ocurre que hasta entonces, durante 45 días, la Utpba había cumplido paso a paso su rol como entidad gremial a cargo de la representación de los trabajadores de Clarín. Incluso había prestado su móvil para que se hicieran las elecciones. Pero algo pasó en el medio, porque para el 26 de octubre todo había cambiado.


Se va Chacho

Para empezar, había cambiado el panorama a nivel nacional. El 6 de octubre, tras sostener durante meses su denuncia por coimas en el Senado, Chacho Álvarez renunció a la vicepresidencia. El destinatario directo de sus denuncias, su ex colaborador Alberto Flamarique, había sido ascendido a secretario general de la Presidencia, ascenso que representó la gota que rebasó el vaso y motivó la renuncia de Álvarez. Se han escrito libros sobre esa dimisión, que una década más tarde sigue siendo objeto de controversia. Como sea, Flamarique duró menos de 24 horas en su nuevo cargo ya que renunció y puso punto final a su carrera política. Y el Ministerio de Trabajo, donde Clarín había presentado su denuncia a fines de agosto, quedó a cargo de Patricia Bullrich, desde entonces “la Piba”, tal como la bautizó con instinto maradoniano el líder de la opositora CGT de los Argentinos, Hugo Moyano.

En la noche del jueves 26 de octubre de 2000 se hizo la asamblea de la Utpba en Alsina y Piedras, donde debía ser tratado el pedido de desafiliación de Cammarata y Quattromano, aquel que había sido votado por unanimidad y rubricado por escrito por 427 periodistas. La Utpba sólo debía rubricar el mandato de los periodistas del Diario. Parecía un simple trámite. No lo fue.

Unos 30 periodistas de Clarin se hicieron presentes en la sede del gremio. Cuando ingresaron ya habían allí unas 200 personas. Adelante, sentados en sillas de plástico, había un centenar de ancianos. Detrás. de pie, periodistas y empleados de la Utpba. Entre estos últimos se ubicó el grupo de 30 periodistas de Clarín

Al frente, sentados a una mesa con micrófonos, estaban Daniel Das Neves y Lidia Fagale. Un burócrata del gremio tomó la palabra para enunciar el orden del día y Raúl Dellatorre, redactor de Página 12 y secretario del gremio a cargo de las finanzas, comentó sucintamente la memoria y balance del ejercicio 1999/2000. Las casi 200 personas, incluidos los 100 jubilados sentados al frente, levantaron la mano para aprobarlo a libro cerrado. Los 30 periodistas de Clarín se abstuvieron: no estaban allí por ese tema. Y aunque les hubiera interesado, el balance no fue abierto a consideración de la asamblea. Se lo votó tal como fue indicado por Das Neves. El siguiente punto también sería votado de la misma forma.

Das Neves anunció que se iba a tratar el “pedido” de la asamblea de Clarín para expulsar del gremio a Cammarata y Quattromano. Y le pasó el micrófono a “Luli” Fagale. La actual secretaria general del gremio encaró su discurso con tono de confesión personal. Dijo que había estado meditando esa tarde sobre el “pedido” de expulsión contra “Rubén”, compañero de tantas luchas. Y que mientras paseaba por su casa sumergida en esos devaneos, su pie pisó involuntariamente un papel que era una vieja carta de “Rubén”, referida a algún episodio de aquella entrañable lucha. Nadie osó sugerirle en aquel emotivo momento que era hora de que le mejorara el sueldo a su empleada doméstica.


Das Neves: un poco con los periodistas, otro poco con Clarín

Entonces tomó el micrófono Das Neves, serio detrás de su espesa barba gris. Tras el toque lacrimógeno de Fagale, era el momento de la conclusión, dura y terminante. Das Neves encontró el tono justo: dijo que la Comisión General Administrativa de la Utpba había resuelto aceptar la expulsión de Quattromano pero no la de Cammarata. “Es una decisión política”, dijo como toda explicación, sin mencionar por un instante que se trataba de un mandato que el gremio estaba obligado a cumplir por la norma vigente. “Estamos con los periodistas de Clarín. Pero no somos ingenuos”, remató Das Neves. Hubo un intento de replicarle, con pedidos de los periodistas del Diario, pero apenas dos pudieron expresarse. De inmediato comenzaron los gritos desde los costados, hostiles hacia los periodistas de Clarín, que estaban de pie, en la parte de atrás del salón, rodeados por los “anfitriones”. Das Neves dijo que ya no daba para más y que se procedía a votar. Mientras los jubilados alzaban sus manos, los periodistas de Clarín se retiraron en medio de insultos de los colaboradores de la Utpba.

Conclusión: Rubén Cammarata seguía siendo afiliado al gremio y, por lo tanto, no podía ser automáticamente separado como delegado de Clarín. Sus impugnaciones judiciales contra la nueva Comisión Interna seguían teniendo validez a nivel legal y, a la vez, la empresa podía mantener su argumento de que todo el asunto se trataba de una interna gremial. Todo ese andamiaje legal en favor de la empresa y en contra de la Comisión Interna pudo ser sostenido gracias a la decisión de la Utpba.

Como pudo ser comprobado más adelante, la asamblea de la Utpba había sido la preparación previa de un operativo planificado al detalle. Habían transcurrido tres meses, exactamente, entre la primera asamblea espontánea en la Redacción de Clarín y aquella otra asamblea, que Das Neves coronó con su frase “no somos ingenuos”. Ahora los tiempos se aceleraron. Apenas diez días después del escándalo en la Utpba, el sábado 4 de noviembre, 500 cartas documento fueron despachadas por el correo privado Oca hacia los domicilios de los periodistas de Clarín. Los carteros tocaron 500 timbres, entre las 7 y las 9 de la mañana de ese sábado. En rigor, 117 de esos timbrazos contenían telegramas de despido: Clarín despidió a los diez delegados, a más de diez integrantes de la Junta Electoral que había organizado los comicios para la Comisión Interna, a la totalidad de la sección Corrección y a decenas de periodistas y editores. Algunos eran de Política y Economía, pero la mayoría de los cesanteados por razones no “políticas” pertenecían a la revista Mística (de Olé), al propio diario deportivo y a suplementos de Clarín que dejarían de aparecer en adelante.


La Gestapo en la puerta

El Diario amaneció vallado. La Argentina no había entrado todavía en las convulsiones sociales y políticas de 2001, y los saqueos de la hiperinflación de 1989 eran, a esa altura del año 2000, un recuerdo borroso. De golpe, la memoria se les refrescó a unos cuantos. En la puerta del Diario, había parapetado un cuerpo de choque que se desplegaba a lo largo de un pasillo entre la pared y las vallas. Allí se apostaron unos cinco policías de uniforme, entre dos y tres ordenanzas del Diario que trabajaban en el acceso y dos gigantes gordos, de un metro noventa. Uno de ellos, calvo con bigotes y anteojos negros, era llamativamente parecido a aquel personaje que se observa en las películas documentales sobre la Triple A: es el personaje que, en una escena tomada de la masacre de Ezeiza, enarbola con sus dos manos un rifle, en lo alto del palco. Tan parecido a este otro gordo que, con actitud de mando, sostenía en la mano un listado donde chequeaba el nombre de cada periodista que se acercaba a la entrada de Clarín.

En las dos esquinas de Tacuarí, sobre Finochietto e Ituzaingó, el tránsito estaba cortado por vallas y motos policiales. Los telegramas de despido variaban en sus textos. A los integrantes de la Comisión Interna y de la Junta Electoral, el Diario los acusó de comportamiento “desleal” hacia la empresa, tras lo cual les notificaba de su despido “sin causa”, que era lo mismo que decir que tenían a su disposición la indemnización. A los demás despedidos se les omitió la palabra “desleal”. En cuanto al resto de los periodistas, recibieron una larga carta firmada por el gerente general del Diario, Héctor Aranda (hermano menor de José, uno de los dueños), en la que en tres ocasiones se refirió al “proceso de reorganización” de la Redacción y remataba con una advertencia: “Contamos con usted para esta nueva etapa”.

Los tanques soviéticos habían finalmente llegado. Era noviembre, pero ese día Clarín decretó el fin de la primavera.

A las 11, varios de los despedidos ya estaban en la puerta, incluida la totalidad de la Comisión Interna. Fueron llegando los periodistas que trabajaban ese sábado, pero no se animaban a acercarse a la puerta de ingreso. Tampoco había una asamblea organizada en la calle. Eran grupos, corrillos, que hablaban y, sobre todo, se miraban entre sí. En aquellos días, la mitad de la Redacción de Clarín tenía menos de 35 años. El operativo policial que ahora los rodeaba les recordaba aquellos otros operativos, los de los años de la represión, cuando muchos de ellos estaban en el jardín de infantes o ni siquiera habían nacido.

En medio de la desorientación, los delegados recomendaron que todos los que no hubieran sido despedidos ingresaran de inmediato al Diario. No sabían qué medidas iban a tomar, pero una alternativa no descartada era tomar las instalaciones desde adentro. Antes del mediodía, todos los periodistas que ingresaron –tras pasar por la mirada inquisidora del gordo Triple A– supieron que no había el menor margen para hacer algo adentro. La Redacción estaba copada por agentes de seguridad privados y policías de uniforme. Algunos editores de altísimo cargo, habituados a pasearse como patrones de estancia, se mostraban apesadumbrados y comunicativos, como si ellos mismos fueran una víctima más de ese mal trago.


Conspirando con los celulares

Los teléfonos celulares ya estaban difundidos por aquella época, menos que ahora, pero la mitad más uno de los periodistas tenía su propio teléfono portátil. Con esa red, se comenzó a articular el paso siguiente: la Comisión Interna convocó a una asamblea en la calle Taucarí, frente al vallado de la puerta. Antes de las 15, unas 300 personas (la mayoría no trabajaba ese sábado) votaron por un paro general a partir del día siguiente, en respuesta a los despidos y al desconocimiento del estatus de delegados de la Comisión Interna. Das Neves, de la Utpba, se hizo presente pero no dijo nada.

Desde adentro de la Redacción se impartió una orden tajante: los editores debían llamar a sus redactores para que ese domingo ingresaran al Diario y desconocieran la decisión del paro.

Cita textual del número 3 de Clarinete, el periódico que la Comisión Interna editó durante aquellos días: “A la noche, unos 40 compañeros se dan cita en los talleres gráficos de Clarín, sobre la calle Zepita. Se ubican frente a las salidas de los camiones y provocan una demora de dos horas en la distribución del Diario”. En aquellos días, la protesta era frente a los camiones. Los camioneros estaban en otra.

El domingo del paro, 5 de noviembre, amaneció con piquetes, sobre Tacuarí y también sobre Piedras. El vallado con los policías de uniforme, los ordenanzas y los dos gordos estaba reforzado por un batallón de 10 efectivos de Infantería, con cascos, bastones, chalecos antibalas y escopetas, en la esquina de Tacuarí e Ituzaingó. Un carro de asalto y otro hidrante completaban la escenografía. Poco antes del mediodía, el carro de asalto comenzó a avanzar –a contramano– desde Tacuarí e Ituzaingó hacia la puerta del Diario. Se lo impidió una sentada de todos los periodistas, si bien para entonces mezclados con manifestantes a quienes nadie conocía de redacción alguna. Hoy algún referente del gobierno los denominaría “militantes”. No tenían bandera alguna, se mezclaron entre los periodistas y sin duda se entendían sin necesidad de muchas palabras con algunos de los delegados. Avanzaron entonces los policías antidisturbios, en lo que terminó siendo el único incidente concreto de esos días, con algún bastonazo o culatazo de Itaka al hígado de los que estaban al frente. Fotógrafos del Diario iban registrando la escena, que duró apenas unos instantes: de inmediato, el jefe del operativo ordenó a los policías antidisturbios volver al carro.

Varios periodistas que habían participado de las asambleas no estaban esa tarde. Eran aquellos que inician su semana de trabajo los domingos, generalmente hasta el siguiente jueves. Habían sido sistemáticamente bombardeados por llamados telefónicos de sus editores, a sus casas y a sus celulares. Se los conminó a presentarse al Diario y para ello tenían que dar el presente en Canal 13 y en el hotel Intercontinental. Los que aceptaron la presión y dieron el presente en esos puntos de reunión fueron subidos a combis. No puede decirse que la empresa haya hecho mucho para que dejaran de sentir que estaban dando la espalda al resto de sus compañeros: las combis entraron al Diario por el portón destinado al camión recolector de residuos.

Pero el objetivo de neutralizar el paro había sido eficaz: con algo menos de 50 editores y redactores dentro del Diario fue suficiente para redondear una edición de lunes similar a cualquier otra, salvo la ausencia de muchas de las firmas habituales.


Utpba, la última visita

Afuera, la asamblea se hacía escuchar con un sistema de amplificación instalado en el ajado Volkswagen Gol de Ana Ale. Algunos prestaban atención a los discursos que se sucedían, sobre todo por parte de los delegados. Era la típica situación de una asamblea callejera, donde lo más importante es llenar el aire con palabras para ir sosteniendo la situación. Pero había grupos de gente dispersos. Hacia las 17 se hizo presente Juan Carlos Caamaño, el secretario general de la Utpba. Antes de tomar el micrófono, recibió algunos chiflidos. Caamaño no inició su arenga con alusión alguna contra la empresa que acababa de despedir a 137 personas sino contra los “compañeros” que “propician la división”. Uno de los delegados, de piel muy blanca y enrojecida por el sol y la furia, se le quiso ir encima. Los colaboradores de Caamaño amenazaron con responder y otros “militantes” saltaron. Pero no voló una sola trompada. Caamaño y los demás integrantes de la Utpba primero retrocedieron, y finalmente se fueron con aire ofendido. Fue la última vez que un directivo del gremio –al menos de manera pública y visible– se hizo presente ante los trabajadores de Clarín en más de diez años. Hasta hoy, nunca han regresado: se limitan a mandar a sus militantes más jóvenes a la puerta del Diario a repartir volantes, una o dos veces por año.

Pero también estaba en el aire la sensación de que el paro no había tenido éxito. Los propios compañeros que habían entrado en combis se comunicaban desde adentro, algunos llorando o pidiendo disculpas. Pero el Diario ya estaba listo, en uno de sus cierres más veloces. Eran las 6 de la tarde. Tras el incidente con Caamaño, la asamblea resolvió un cuarto intermedio: se pidió a los periodistas de otros medios y a los “militantes” que dejaran sesionar sólo a los compañeros del Diario. Resolvieron suspender la medida de fuerza hasta el martes siguiente, el primer día de la semana de presentismo pleno (por la lógica del sistema de francos, el plantel de una redacción diaria coincide en su totalidad sólo los martes, miércoles y jueves).

El martes 7 amaneció lluvioso. Adolfo Pérez Esquivel y Luis Farinello pidieron hablar con autoridades del Diario. Los recibió Jorge Rendo, gerente de Comunicaciones del Grupo, quien les confirmó que la empresa no estaba dispuesta a reincorporar a nadie. Salieron y lo informaron, micrófono en mano. La presencia de esos dos referentes sociales fue una de las pocas que recibió la asamblea, a la cual ningún político quiso hacerse presente. Ni desde el Gobierno ni tampoco desde el peronismo, entonces la principal fuerza opositora. La asamblea comenzó a las 15, sólo entre la gente del Diario: se pidió a los “invitados” que se ubicaran a los costados.

Reporte del Clarinete: “La Comisión Interna manifiesta su convicción de que el paro es la medida adecuada para enfrentar los despidos, pero instan a que si no hay consenso sobre esa decisión, que la asamblea lo exprese. Se presenta una moción para levantar el paro. Obtiene 79 votos a favor, 55 en contra y 49 abstenciones”.

El paro estaba levantado, pero antes de que alguien se alzara del suelo surgió una segunda moción. La hizo un redactor de manera espontánea, tal como aseguraron a plazademayo el propio periodista y otros tres compañeros que hoy trabajan en Clarín. Propuso que todos los despedidos por razones disciplinarias (los 10 delegados y otros 10 integrantes de la Junta Electoral) tuvieran las manos libres para negociar su indemnización. A esa altura resultaba evidente que la mayoría de ellos hubiera conservado su puesto de trabajo si no se hubieran involucrado en aquella lucha. Hubo 173 votos a favor, 6 votos en contra y 4 abstenciones. Los diez que no votaron a favor eran los delegados. Dos días más tarde la ministra Bullrich recibiría a la Comisión Interna y un delegado de la Utpba, en lo que fue una dilatación formal del gobierno de Fernando de la Rúa, que no quiso en ningún momento decretar la conciliación obligatoria. Eso hubiera obligado al Diario a retrotraer la situación al instante previo al conflicto y aceptar que ingresaran a la Redacción los 117 despedidos, incluidos los delegados. Pero el gobierno de la Alianza pagó su deuda con la empresa: el pronunciamiento de la “Piba” Bullrich fue que no había conflicto dentro de Clarín, de modo que no había ninguna conciliación obligatoria que declarar.

Cualquiera que haya participado de la desconcentración de aquella última asamblea del martes 7 –lo aseguran aún hoy los periodistas que siguen en Clarín– revive la escena con escalofríos. Comenzaron a ingresar al Diario bajo la lluvia, mientras se abrazaban con sus compañeros despedidos, a moco tendido. Era el momento del desgarro en sí.

Había algo paradójico: se suponía que los que entraban seguían conectados al cordón umbilical que representa el trabajo estable, el salario asegurado el primer día del mes y la obra social o la prepaga cubierta. Pero la sensación de estar en un cementerio estaba adentro del Diario. No afuera.

Epilogo



Tras los despidos, el movimiento gremial en Clarín se apagó por completo. Hubo dos conatos, apenas: aplausos en el tercer piso del diario, donde está el corazón de la redacción, durante cinco minutos en cada ocasión. Funcionó una colecta solidaria que, como suele ocurrir, fue generosa en las primeras semanas y luego fue menguando.

Los diez delegados terminaron cobrando su indemnización. La última en percibir sus haberes fue Ana Ale, un año después de ser echada. El diario les pagó indemnización doble, la que corresponde a los delegados gremiales. Los ex delegados, los que habían sido echados por toda la redacción, siguen cobrando su sueldo del diario.

Ana enfermó de cáncer en 2003 y falleció en 2005. En su funeral -una ceremonia íntima de sus familiares y amigos, en una plaza donde Ana llevaba a jugar a sus hijos– Olga Viglieca dejó sentado lo irrefutable: se pueden hacer mil conjeturas sobre por qué se enfermó. Pero Ana no pudo disponer durante su tratamiento de la asistencia con que había contado durante los veinte años en que trabajó para el diario. Dejó dos niños pequeños. Su viudo, Pablo Llonto, se alejó de la militancia con la lista Violeta y sus aliados de la Naranja. Hoy está más cercano a la Gremial de Prensa, una agrupación que muchos asocian al kircherismo.

Hace diez años y medio que los periodistas de Clarín no tienen ni siquiera una comisión interna formal. Perciben sus salarios el primer día de cada mes, con aumentos que corren de atrás, aunque por muy poco, a la inflación real. El último aumento, en octubre de 2010, fue escalonado y totalizó 23%.

Para Clarín el dinero es un problema, pero un problema menor. En cambio la cuestión gremial, está visto, es otra cosa.

http://www.plazademayo.com/2011/04/gremiales-de-clarin-en-las-paginas-del-diario-si-en-la-redaccion-no/
-----------------------




































 6 de octubre de 2000


RELANZAMIENTO DEL GOBIERNO: SE FUERON NICOLAS GALLO, RODOLFO TERRAGNO Y RICARDO GIL LAVEDRA
De la Rúa renovó la mitad de su gabinete y se fortaleció Machinea


# Economía controlará el área de Infraestructura Flamarique es secretario de la Presidencia
# Y Patricia Bullrich, ministra de Trabajo
# Colombo pasó del Banco Nación a ser jefe de Gabinete



DANIEL JUR
Todavía no habían logrado reponerse de la noticia y ya estaban jurando como ministros. Fue lo que les pasó ayer a muchos de los funcionarios que asumieron a las seis en punto de la tarde, en el marco del recambio del gabinete de Fernando de la Rúa.

De hecho, tanto los que se fueron como los que llegaron fueron notificados oficialmente de la novedad recién ayer a la mañana. La sorpresa fue además mayor porque, contrariamente a lo que se venía anunciando, el recambio tuvo más un perfil económico y de gestión que político, lo que es decir: poco parece haber tenido que ver en la decisión del Presidente el prolongado y desgastante escándalo del Senado por los supuestos sobornos, caballo de batalla sobre el que libró una guerra propia el vicepresidente Chacho Alvarez.

Ayer hubo un claro ganador: el ministro de Economía, José Luis Machinea, que ahora, de todas formas, deberá ponerle el pecho al desafío. Fue él quien sugirió algunos de los nombres de los ministros, quien logró que el Ministerio de Infraestructura que comandaba Nicolás Gallo volviera a su órbita y que Gallo se volviera definitivamente a su casa. "El o yo", dicen que le dijo en las últimas horas, terminante, a De la Rúa. Machinea logró además que la AFIP —uno de los mayores dolores de cabeza del Gobierno: la recaudación— y la Aduana fueran absorbidas por la Jefatura de Gabinete que, por si fuera poco, encabezará un economista: el ex titular del Banco Nación Chrystian Colombo. La pelota quedó así en su campo de juego. Y la demorada reactivación económica, bajo su exclusiva responsabilidad.

Machinea es, hoy por hoy, uno de los nombres que reúne mayor consenso entre los socios de la Alianza: tanto Chacho Alvarez como Raúl Alfonsín lo han venido respaldando sin titubeos.

"El propósito es reforzar la marcha de la economía", dijo De la Rúa ayer, minutos antes de tomarles juramento a los nuevos ministros. Detrás, muy serio, Alvarez escuchaba el breve discurso presidencial. Algo quedó claro: el recambio lo decidió el Presidente en la soledad de su despacho. Chacho lo supo el miércoles a la tarde. Raúl Alfonsín, algunas horas después: "Ya me enteré por las radios" le dijo el ex presidente a De la Rúa cuando éste lo llamó para comentarle los cambios.

A diez meses de haber asumido el Gobierno, la Alianza ya empezó a sentir los latigazos del poder. La sola lista de pases e ingresos al Gobierno parecen demostrarlo:

# Los que llegaron:

—Chrystian Colombo es el nuevo jefe de Gabinete. Ocupa el lugar de Rodolfo Terragno, quien, curiosamente, se mostró sonriente durante todo el acto. Colombo es un hombre muy cercano a Enrique "Coti" Nosiglia, aunque, dicen, construyó últimamente un vínculo directo con De la Rúa. Su buena relación con los gobernadores parece haberle dado el empuje final.

—La designación de Patricia Bullrich al frente del Ministerio de Trabajo, en lugar de Alberto Flamarique, fue una de las mayores sorpresas. Se trataba, aparentemente, de una decisión difícil: era un lugar ocupado por el Frepaso. Bullrich llegó a la Alianza de la mano de los frentistas pero tiene una excelente relación con el hijo del Presidente, Antonio de la Rúa, y también con Nosiglia. El Frepaso venía proponiendo para ese lugar a Juan Pablo Cafiero. Dicen que De la Rúa nunca vio con buenos ojos la idea de incorporarlo al gabinete y encontró en Bullrich la posibilidad de una salida más o menos salomónica.

# Los enroques:

—Jorge De la Rúa pasó de la Secretaría General a Justicia, en lugar de un Ricardo Gil Lavedra muy asombrado por el recambio. La explicación entre los hombres del Presidente: "De la Rúa quería dejar a Jorge en un lugar relevante. Estaba claro que donde estaba no funcionaba como él había esperado y el mejor lugar era Justicia."

—Alberto Flamarique seguirá en un cargo relevante. Luego de su ascenso y abrupta caída al frente del Ministerio de Trabajo, salpicado por las acusaciones de soborno, y cuestionado por quien fue su principal sostén, Chacho Alvarez, ahora ocupará el lugar dejado por Jorge de la Rúa. Una movida que revela la decisión del Presidente de salir al cruce de quienes cuestionaban su falta de decisión. "Eso va dirigido a los que cuestionaban su falta de liderazgo", le dijeron ayer a Clarín hombres cercanos —y fieles— al Presidente que, sorprendentemente, no avalaban esta designación: "Es casi una provocación a Chacho", decían. En el Frepaso eran más duros. "Todo esto estaba en un menú que De la Rúa le había pasado a Chacho. El problema son las combinaciones finales que hizo de ese menú", decían ayer los hombres de Alvarez.

# Los que se quedan:

Seguirán en sus cargos, obviamente Machinea (ahora sumando Infraestructura), Federico Storani en Interior, Adalberto Rodríguez Giavarini en la Cancillería, Graciela Fernández Meijide en Desarrollo Social —otra sorpresa, ya que se descontaba que dejaría el gabinete—, Ricardo López Murphy al frente de Defensa, Hugo Juri —que reemplazó hace unas pocas semanas a Juan José Llach— y Héctor Lombardo en Salud. Otra novedad: la Secretaría de Turismo que comanda Hernán Lombardi tendrá rango de Ministerio.

También, quedará en la SIDE otro de los cuestionados: Fernando de Santibañes, por lo menos, dicen, hasta que se clarifique la supuesta participación de su Secretaría en el escándalo de los sobornos. Por eso, ayer hubo opiniones divididas. Unos decían que De la Rúa había logrado mantener los equilibrios de la coalición. Otros lo admitían sorprendidos. Sobre todo, por las características de ese extraño equilibrio que terminará sumando más delarruismo a las reuniones de gabinete.


http://edant.clarin.com/diario/2000/10/06/p-00315.htm


-----------------------------------------------------
Apr-15-2011 | más aquí »
Apr-10-2011 | más aquí »
Apr-09-2011 | más aquí »
Apr-08-2011 | más aquí »
Apr-08-2011 | más aquí »
Apr-05-2011 | más aquí »
Apr-04-2011 | más aquí »
Apr-02-2011 | más aquí »
Mar-31-2011 | más aquí »
Mar-31-2011 | más aquí »
Mar-31-2011 | más aquí »
Mar-30-2011 | más aquí »
Mar-29-2011 | más aquí »
Mar-29-2011 | más aquí »
Mar-28-2011 | más aquí »
Mar-28-2011 | más aquí »
Mar-28-2011 | más aquí »
Mar-26-2011 | más aquí »
Mar-24-2011 | más aquí »
Mar-22-2011 | más aquí »

0 comentarios:

Entrada destacada

¿No se crearon puestos de trabajo en los últimos 4 años?

Víctor Hugo transmitió en vivo. 9 de septiembre a las 8:50 · Facebook Mentions · Es #falso que en los últimos años no se creó #emple...

Blog Archive

Etiquetas