Lo que circula por los medios

11 de agosto de 2011

Economia Modelos, exportación e inflación


El debate sobre la inflación Juan Santiago Fraschina
18.12.2009 


Existen varios especialistas que pronostican para el año que viene un recrudecimiento de la inflación. En el 2009 la discusión económica giró desde el aumento de precios a los efectos de la crisis financiera internacional en la economía argentina. Fue por el menor crecimiento verificado en este año, que se produjo porque la repercusión de la crisis iniciada en los Estados Unidos provocó una desaceleración en la suba de los precios. 
Sin embargo, la mayoría de los pronósticos anuncian una recuperación de la economía argentina para el 2010, con lo que vuelve a escena el debate sobre la inflación. 
En este contexto surge una pregunta central: ¿cuál es la política antiinflacionaria más efectiva que debe aplicar el Gobierno para evitar la caída de los ingresos reales de la población?


Para responderla es fundamental entender primero las causas centrales que en los últimos años han provocado la suba de precios. En otras palabras, para poder controlar la inflación en forma exitosa se debe entender en primer lugar el motivo que la genera. En efecto, la inflación es un fenómeno multicausal, es decir, son varias las causas que pueden desencadenar en una
economía la suba generalizada de los precios. De esta forma, es imprescindible, a la hora de establecer una política antiinflacionaria, comprender cuál de todas las causas es la más importante en la actualidad en la economía argentina.


TRADICIONALES. Según la ortodoxia económica, son dos las causas centrales del proceso inflacionario. Por un lado, la denominada inflación por costos. Dicho de otra forma, una de las causas centrales del aumento de los precios es el incremento de los costos de los empresarios.


En este caso, los economistas ortodoxos ponen su énfasis en el aumento de los salarios de los trabajadores al traducirse en una suba de los costos que luego los empresarios trasladan a los precios. Por lo tanto, para la visión tradicional el incremento de salarios es una de las causas fundamentales que generó el aumento de los precios en los últimos años en la economía
argentina.
Por otro lado, la otra causa central para estos economistas es la inflación por demanda. Esto es, que el crecimiento de la demanda genera aumento de precios. Por lo tanto, la expansión del consumo y del gasto público se traduce automáticamente, para esta visión, en un incremento en el nivel general de precios.
En resumen, para la ortodoxia económica la inflación generada sobre todo a partir de la etapa kirchnerista se debió al aumento de los salarios de los trabajadores junto con el crecimiento del consumo y del gasto público que provocaron un aumento de la demanda efectiva.


Para estos economistas, entonces, la política antiinflacionaria del Gobierno debería ser la contención en el aumento de las remuneraciones y el "enfriamiento" de la economía. Es decir, para contener la inflación se debe desarticular básicamente dos de los pilares del nuevo modelo de desarrollo instaurado en el 2003: las paritarias salariales y el incremento del gasto
público.
Es importante destacar que esta visión de la inflación no es casual. La política antiinflacionaria recomendada por la ortodoxia económica es totalmente funcional a los intereses de los sectores dominantes argentinos. Para los grandes empresarios industriales que exportan y/o venden sus
productos al mercado interno a los sectores medios-altos y altos y que, por lo tanto, sus ventas no dependen del consumo de los sectores populares, el estancamiento de los salarios implica un aumento en su tasa de ganancia.


Para estos capitalistas la remuneración de los trabajadores es vista exclusivamente como un costo y no como un factor de demanda de sus productos. De esta manera, la reducción de salarios se traduce en forma automática en un aumento de sus beneficios.








Por otro lado, para los grandes terratenientes la reducción del consumo provoca un aumento del saldo exportable y de la renta agraria. En otras palabras, si el consumo interno se reduce, los productores de alimentos tienen más mercancías para exportar, lo cual les permite obtener gran
cantidad de divisas.


Es así como la política antiinflacionaria recomendada por la ortodoxia económica implicaría un aumento de la ganancia de los grandes industriales y terratenientes a partir de la contención de los salarios, la caída del consumo y la disminución del gasto público generando una reducción del mercado interno; la desaparición de una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas, y el aumento de la desocupación y de la pobreza. Es decir, para la visión económica tradicional y los sectores dominantes la causa de la inflación es por culpa de los sectores populares que quieren trabajar, ganar más y consumir.



ESTRUCTURALISTAS. Sin embargo, los economistas estructuralistas, que surgieron en la década del '50, dieron una visión completamente distinta. Según estos economistas, todo proceso de crecimiento y desarrollo como la industrialización sustitutiva presenta presiones inflacionarias. 


Los estructuralistas latinoamericanos argumentaron que el aumento generalizado de precios en la región se debía a rigideces estructurales del lado de la oferta. Para este enfoque, la inflación era el resultado de la interacción de dos componentes:


Las presiones fundamentales que generaban aumentos de precios y que se debían a rigideces estructurales.
Los mecanismos de propagación que se encargaban de transmitir el aumento inicial de la inflación al resto de la economía.
Para el paradigma estructuralista era imprescindible atacar las presiones fundamentales para terminar definitivamente con el problema de la inflación.
Es decir, la raíz del problema inflacionario se encontraba en las presiones fundamentales y no en los mecanismos de propagación.


En este sentido, para estos economistas, existían dos presiones fundamentales que originaban el aumento en el nivel general de precios durante el modelo de industrialización por sustitución de importaciones: la débil productividad de la agricultura debido a la concentración de la tierra
y los desequilibrios en el sector externo a partir de los "cuellos" de botella que se generaban como resultado de la importación de los productos de la industria pesada.
Según esta visión, la inflación en la industrialización sustitutiva se debía a que este nuevo modelo de acumulación, que generaba puestos de trabajo y aumentos salariales, provocaba un incremento del consumo que no podía ser satisfecho por la baja productividad del campo. 


Pero, al mismo tiempo, el crecimiento económico en la industrialización sustitutiva conducía a un déficit comercial debido al boom importador de maquinas e insumos industriales que se solucionaba con una devaluación de la moneda. Ambos fenómenos se traducían en un crecimiento de los precios. A partir de este momento comenzaban a funcionar los mecanismos de propagación, transfiriendo esta presión inflacionaria al resto de la economía.


Ahora bien, para atacar la inflación la solución no era, según los estructuralistas, reducir la demanda, sino más bien eliminar las rigideces estructurales a través de una reforma agraria que permitiera una producción intensiva de la tierra y el desarrollo de la industria pesada en la
Argentina.


En efecto, debido a que el origen de la inflación era estructural, la única manera de eliminarla era superando los cuellos de botella. De esta manera, la forma de eliminar el aumento generalizado de precios era por medio de la profundización del desarrollo económico para superar las rigideces estructurales.


Para estos economistas la reducción de la demanda puede reducir la inflación. Sin embargo, esto lo logra a costa del crecimiento económico y además sin atacar la raíz del problema. Es decir, la reducción de la demanda sólo ataca los factores de propagación pero no las presiones fundamentales que generaba el aumento de los precios.


En la actualidad, a partir del proceso de reindustrialización de la economía argentina desde la etapa kirchnerista aparecieron nuevamente presiones inflacionarias. Sin embargo, y a contraposición de la visión tradicional, se debe complejizar, como los estructuralistas latinoamericanos, el análisis de las causas de la suba de los precios para poder diseñar una política antiinflacionaria exitosa.
Las rigideces estructurales y la puja distributiva se encuentran en el centro de la generación de la inflación actual. Por lo tanto, el mayor desarrollo económico y social y la desconcentración económica deben ser las principales políticas de contención de la suba generalizada de los precios.
Juan Santiago Fraschina (Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)


http://www.elargentino.com/nota-70243-El-debate-sobre-la-inflacion.html


http://indecquetrabaja.blogspot.com/2009/12/el-debate-sobre-la-inflacion-juan.html

http://www.comision-economia.com.ar/2009/12/20/el-debate-sobre-la-inflacion/




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OMINGO, 24 DE ENERO DE 2010


ENFOQUE


Nadie defiende lo que no conoce






Por Juan Santiago Fraschina *


Existe la creencia generalizada de que la función principal y casi excluyente de los economistas heterodoxos es oponerse a la visión neoliberal y que, por lo tanto, propugnar por un Estado intervencionista, por la integración latinoamericana, el proteccionismo, el aumento de salario para los trabajadores y el fortalecimiento del mercado interno debe ser la misión principal de dichos economistas.


En este sentido, los economistas heterodoxos están convencidos de que lo peor del “vendaval” neoliberal fueron sus políticas económicas y sus nefastas consecuencias económicas y sociales.


Las políticas aplicadas a partir de mediados de la década del setenta y profundizadas en los distintos gobiernos democráticos posteriores hasta el 2003 se caracterizaron por la apertura comercial, la desregulación de los mercados, el programa de privatizaciones y la flexibilización laboral. Las consecuencias del modelo rentístico-financiero-neoliberal son bien conocidas: fuerte proceso de desindustrialización, primarización de la economía argentina, crecimiento de la deuda externa y la fuga de capitales, vulnerabilidad económica frente al sistema financiero internacional, la concentración económica como resultado del quiebre y desaparición de una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas y el aumento de la exclusión social a partir del incremento de la desocupación, la subocupación, el trabajo no registrado, la pobreza y la indigencia y la desigualdad social.


En otras palabras, la aplicación del paradigma monetarista-neoliberal impulsado por los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional en representación de los países centrales y de los sectores dominantes internos implicó para la Argentina una pauperización económica y social.


En este contexto, los economistas heterodoxos se oponen a la concepción monetarista de la economía y desarrollan una disputa intelectual con los economistas ortodoxos acerca de la necesidad de la intervención del Estado para la aplicación de distintas políticas públicas para incentivar el desarrollo económico y social.


Es decir, según los economistas heterodoxos, las funciones más importantes son básicamente dos. Por un lado, la disputa académica a partir de la participación en jornadas, seminarios y congresos, la publicación de distintos artículos en revistas especializadas y la ocupación de funciones en diferentes cátedras de la universidad. Por otro lado, la ocupación de cargos estratégicos en el sector público para así de esta manera influenciar en la aplicación de las políticas públicas para poder revertir los efectos del neoliberalismo en nuestro país.


La primera función la desarrollaron a partir de la misma aplicación del modelo neoliberal. Pero con la llegada del kirchnerismo y la instauración de un nuevo modelo de desarrollo de valorización productiva a partir del proceso de reindustrialización con inclusión social, gran parte de estos economistas heterodoxos pudo efectivamente acceder a distintos puestos en la administración pública.


En efecto, con la asunción de Néstor Kirchner a la presidencia en mayo de 2003 se empezó a aplicar buena parte de las políticas recomendadas por la heterodoxia. Esta coincidencia ideológica permitió la llegada al Estado de los economistas que se opusieron intelectual y académicamente en las décadas anteriores a la aplicación del paradigma neoliberal.


Este nuevo modelo de desarrollo estructurado a partir de la intervención del Estado en distintas áreas permitió el inicio de la reconstrucción económica y social de la Argentina, a partir de la recomposición del aporte manufacturero, la reducción de la deuda externa, la disminución del desempleo y subempleo y la baja en la pobreza y la indigencia.


Sin embargo, luego de haber transcurrido seis años y acercándose las próximas elecciones presidenciables en 2011, se percibe una sensación de fragilidad del nuevo modelo de desarrollo. En efecto, se intuye que si gana la oposición no encontrará gran resistencia para la aplicación nuevamente de las políticas ortodoxas.


En este sentido, que los sectores dominantes, a los cuales beneficiarán estas políticas neoliberales, no se opongan es lógico. Pero existe la sensación de que gran parte de los sectores populares y medios, a los cuales ese modelo perjudicará, tampoco se van a oponer. La defensa del modelo de valorización productiva con inclusión social por parte de los sectores medios y populares es débil y, por lo tanto, la sostenibilidad del mismo depende casi con exclusividad del triunfo del oficialismo en las elecciones de 2011.


Pero entonces surge una pregunta central: ¿Por qué si este modelo redujo el desempleo, la subocupación, el trabajo en “negro”, la pobreza y la indigencia, mejoró la distribución del ingreso, reindustrializó y aumentó la sustentabilidad económica, entre otras cosas, su perdurabilidad depende de una elección presidencial?


Para responder esta pregunta entonces es fundamental entender la consecuencia más perversa de los economistas ortodoxos. Es cierto que una de las peores herencias que nos dejó el paradigma neoliberal fueron sus consecuencias económicas y sociales. Pero si sólo fuera esto, la solución es fácil: un gobierno como el de Néstor Kirchner que comience a aplicar políticas distintas.


Sin embargo, la tarea para los economistas heterodoxos es más difícil, debido a que el peor legado de la ortodoxia fue la privatización de la ciencia económica. Uno de los grandes triunfos de la ortodoxia fue crear la concepción de que la economía es una ciencia oculta e inalcanzable para el individuo común. Por lo tanto, según esta visión, la discusión económica es sólo para expertos, quedando excluidos de dicho debate los sectores no autorizados por la academia.


En este sentido, el economista, en última instancia, les explicará a los “no entendidos” sobre economía (el hombre vulgar debe escuchar y preguntarle al economista, pero nunca opinar sobre las problemáticas económicas, debido a que son temas sumamente complicados y que llevan mucho tiempo de análisis).


La matematización de la economía propuesta por la ortodoxia va en esta dirección. La introducción de derivadas, logaritmo y funciones para la creación de modelos económicos en base a las matemáticas contribuyó a la reducción del debate económico y al alejamiento de los sectores populares sobre la discusión económica. Los neoliberales junto con los sectores dominantes excluyeron del debate económico a los sectores populares para quitarles de esta manera una herramienta fundamental en la defensa de sus propios intereses.


Gran parte de los economistas heterodoxos contribuyó con el proceso de privatización de la ciencia económica. Al utilizar las mismas herramientas y metodologías para demostrar las ideas contrarias, contribuyen con la visión de la economía como una ciencia oculta.


Este proceso se agravó con la situación educacional que nos dejó el neoliberalismo. La pauperización económica de los sectores medios y bajos a partir de la instauración del modelo neoliberal implicó la exclusión de los sectores populares de la educación formal en general y de las universidades en particular. Por lo tanto, es imposible que los sectores más vulnerables accedan en la actualidad a los debates económicos por vía de la educación y la universidad pública.


De esta manera, escribir artículos en revista especializadas, presentar trabajos en congresos y seminarios, ocupar cargos estratégicos en el sector público y en las cátedras de las universidades no rompe con la consecuencia de la ortodoxia, es decir, el alejamiento de los sectores populares y medios del debate económico.


La disputa ideológica, intelectual y de cargos es importante y debe ser sostenida. Pero la función central en la actualidad de la heterodoxia debe ser la popularización de la ciencia económica. Esto es, volver a introducir en el debate económico a los sectores medios y bajos. Este es el único camino que puede permitir que los sectores que se perjudicarían con el régimen neoliberal defiendan el nuevo modelo de desarrollo instaurado en 2003. Pues nadie defiende lo que no conoce.


* Del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP),www.geenap.com.ar




http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/33-4165-2010-01-24.html


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ECONOMIA Y MODELO



Economia Modelos, exportación e inflación - 11 Ago
El debate sobre la inflación...(mas)

Economía: industria - campo - industrialización y crecimiento - 11 Ago
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DOS MODELOS EN DISPUTA EN LA SOCIEDAD
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Domingo, 26 de julio de 2009
ENFOQUE

Plan de los sectores dominantes

Por Juan Santiago Fraschina *
Luego de las elecciones y de la derrota oficialista en la provincia de Buenos Aires, los sectores dominantes comenzaron a profundizar el diseño de su “nuevo” plan económico. En efecto, tanto la Mesa de Enlace como la Unión Industrial Argentina redoblaron sus presiones al Gobierno para la imposición de su modelo económico, coincidiendo en sus rasgos esenciales.

Uno de los pilares fundamentales del programa económico de los sectores dominantes es la devaluación de la moneda nacional. En este sentido, es imprescindible discutir algunos puntos. En primer lugar, la devaluación no es mala ni buena en sí misma.

Es más, la fuerte recuperación económica que permitió la generación de puestos de trabajo a partir de la salida de la convertibilidad fue en gran parte gracias al tipo de cambio competitivo.

Mientras que en la década del noventa el atraso cambiario generó un “boom” importador y desalentó las ventas externas que llevaron a un proceso de desindustrialización y a un consiguiente incremento de la desocupación y de la exclusión social, el crecimiento post convertibilidad a partir del tipo de cambio alto permitió una reindustrialización de la economía asociada a una fuerte generación de puestos de trabajo y una reducción de la pobreza y la indigencia.

En otras palabras, el nuevo modelo de desarrollo caracterizado por la valorización productiva y la inclusión social se debió en gran medida al tipo de cambio competitivo como resultado de la devaluación de la moneda nacional.

Sin embargo, los efectos de la devaluación dependen de las políticas económicas que la acompañan. En tal sentido, la “recomendación” de los sectores dominantes es que, junto con la devaluación de la moneda nacional, se apliquen las siguientes medidas económicas:

- Reducción o eliminación de las retenciones.

- Fin de los acuerdos de precios.

- Eliminación de las paritarias.

Las consecuencias de estas políticas económicas son claras. En primer lugar, la devaluación junto con una disminución o desaparición de las retenciones provocarán el aumento de las exportaciones de los productos agrarios ganaderos. Esto, combinado con la desregulación de los precios, conducirá a un proceso inflacionario de los productos de primera necesidad.

Este aumento de los precios, sumado al congelamiento del salario nominal como resultado de la eliminación de las paritarias, conduciría a una pulverización del salario real de los trabajadores. Esto es, se reduciría el poder de compra de los asalariados.

Los integrantes de la Mesa de Enlace experimentarán un aumento mayor de su renta extraordinaria al incrementar las ventas externas, mientras que los miembros de la Unión Industrial Argentina, que representa a los grandes industriales del país, verificarán una disminución de sus costos salariales como consecuencia de la reducción de la remuneración real de los obreros.

Pero el programa económico de los sectores dominantes continúa. A esto debemos sumarle una reducción del gasto público. Efectivamente, tanto los dueños de la tierra como de las grandes empresas coinciden en que el aumento del gasto público en los últimos años fue exorbitante.

Por lo tanto, según los sectores dominantes, el aumento del gasto del Estado obligó al incremento permanente de la presión tributaria. De esta forma, si reducimos las erogaciones del sector público podemos bajar los impuestos, como por ejemplo las retenciones a las exportaciones.

Pero, además, si la baja del gasto público no permite compensar la reducción de la recaudación tributaria como consecuencia de la disminución de los impuestos a los sectores dominantes, lo cual generaría un déficit fiscal, podemos recurrir al Fondo Monetario Internacional.

Es decir, cubrir el desequilibrio fiscal con un nuevo proceso de endeudamiento externo del sector público. Volver a endeudarnos para sostener un incremento aún mayor en la rentabilidad de los dueños de los campos y del capital concentrado interno.

En resumen, la devaluación de la moneda nacional, el congelamiento del salario nominal, la desregulación de los mercados, la disminución de los impuestos a los sectores altos, la reducción del gasto público y el retorno al Fondo Monetario Internacional forman parte esencial del modelo económico de los sectores dominantes.

Los resultados de este modelo son bien conocidos. Reducción del mercado doméstico como consecuencia de la caída del poder de compra de los trabajadores y de la reducción del gasto público generando el quiebre y desaparición de una buena parte de las pequeñas empresas, provocando el aumento de la desocupación, la pobreza y la indigencia. Esto es, el modelo de concentración con exclusión social que predominó durante la década del noventa y el modelo de convertibilidad.

Los perjudicados de este programa son también conocidos. Por un lado, los sectores populares que verán reducido su ingreso real. Por otro lado, las pequeñas y medianas empresas que dependen en gran medida del mercado interno

* Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP).



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ASOCIADAS: AUMENTOS O SUBSIDIOS - Jul 24

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ver:

Domingo, 5 de Abril de 2009

enfoque
Dos modelos en disputa

Por Juan Santiago Fraschina *

Ante la nueva ofensiva de las entidades patronales del campo surgen algunas preguntas interesantes. En primer lugar, ¿el nuevo lockout patronal se debió a la desaparición de la rentabilidad debido a la caída de los precios internacionales de los productos agrarios como consecuencia de la crisis mundial? La respuesta es no.

Es cierto que se produjo una caída en el precio de los productos primarios, fundamentalmente de la soja. Sin embargo, los precios internacionales siguen siendo en términos históricos elevados. El precio internacional de los bienes agropecuarios se encontraba sumamente elevado por dos causas centrales. Por un lado, el aumento de la demanda como resultado del crecimiento de Asia, fundamentalmente de China y de India. Por otro lado, debido a causas especulativas. Pero con la crisis económica desatada en Estados Unidos y que pone en duda la misma globalización financiera desapareció esta última causa que generó el aumento internacional del precio de los productos agropecuarios. Pero todavía perdura la otra causa debido a que el crecimiento de China y la India todavía no se detuvo y esto implica que la demanda de bienes agrarios a nivel mundial siga siendo sumamente alta. Si bien los precios de la soja, maíz y trigo se redujeron, todavía siguen siendo elevados en comparación a otros períodos históricos, y principalmente en comparación a la década del noventa. Por lo tanto, la rentabilidad del “campo” sigue siendo alta.

Surge entonces la segunda pregunta: ¿por qué las entidades agrarias retoman la ofensiva contra el Gobierno? La respuesta es que van por el modelo económico. El conflicto agrario denota la disputa de dos modelos económicos que en algunos aspectos son contradictorios.

Ahora, la tercera pregunta: ¿cuáles son esos dos modelo en disputa?

Para explicarlos es necesarios introducir un concepto central en este debate: el saldo exportable. Esto es, de la producción interna el monto destinado a las exportaciones. Ese saldo depende del nivel de producción y del consumo interno. Ahora bien, en el corto plazo el aumento del saldo exportable depende casi con exclusividad del consumo interno. En otras palabras, cuanto mayor es el consumo interno menor es el saldo exportable, y viceversa. ¿Qué le conviene a las entidades agrarias? Que el saldo exportable sea lo más grande posible, así de esta manera poder exportar la mayor cantidad de bienes y obtener la mayor rentabilidad posible. De esta forma, para las entidades agrarias el consumo interno se transforma en un problema. Por tales causas, históricamente los terratenientes en la Argentina se opusieron a todo intento de industrialización de la economía. Esto se debe a que la industria genera puestos de trabajo, los puestos de trabajo generan que la gente tenga dinero y esto produce que el consumo interno aumente y al incrementarse el consumo interno se reduce el saldo exportable.

¿Qué significa ese proceso? Que todo intento de industrialización es contraproducente para los dueños y productores del campo al atentar contra su renta extraordinaria al tener que destinar una producción creciente al mercado interno. Por lo tanto, para las entidades agrarias el desempleo, la pobreza, la indigencia y la concentración del ingreso son funcionales a sus propios intereses debido a que restringen el consumo popular y esto aumenta el saldo exportable e incrementa de esta forma su rentabilidad.

Otra pregunta: ¿qué modelo económico prefieren entonces las entidades agrarias? La historia argentina es demostrativa de los intereses de los terratenientes. El modelo agroexportador que se desarrolló entre 1880-1930 se estructuró alrededor de las exportaciones de productos primarios a los países del centro y la importación de productos industriales. Durante ese modelo los dueños de las tierras se oponían a la industrialización de la economía. Hoy las entidades agrarias añoran ese modelo. ¿Cuál sería el país ideal para los dueños de la tierra? Simple: un país sin industria, que genera desempleo y pobreza, lo cual implicaría un incremento abrupto del saldo exportable al reducirse el consumo de los sectores populares.

Por lo tanto, en la actualidad los dos modelos económicos en disputa son:

1. Las entidades agrarias que proponen, implícita o explícitamente, el retorno del modelo agroexportador. Es decir, estructurar la economía como exportadora de productos primarios, lo cual implica la inserción periférica en el comercio internacional y el liberalismo económico como filosofía para restringir la intervención estatal.

2. Del otro lado se plantea la necesidad de profundizar el proceso de industrialización a partir de una fuerte intervención del Estado y una integración latinoamericana como vehículo del desarrollo industrial.

Ese proceso debe cumplir una doble función. En primer lugar, reducir el desequilibrio externo con los países centrales. En segundo lugar, el desarrollo del sector manufacturero permite reducir los desequilibrios internos al posibilitar mejorar la distribución del ingreso al disminuir la desocupación y con esto la pobreza y la indigencia. Este objetivo se debe lograr básicamente a través de dos fenómenos: una fuerte intervención estatal y la integración regional.

Para la industrialización de la Argentina es fundamental la intervención del Estado en la economía. El libre juego del mercado condujo a la economía hacia el modelo agroexportador que se tradujo en un desequilibrio internacional al alejarnos del nivel de desarrollo de los países centrales y a un desequilibrio interno al consolidarse una economía fuertemente heterogénea. Por lo tanto, para poder generar una transformación estructural de las economía nacional a partir del proceso de industrialización es fundamental la intervención del Estado.

En este sentido, el Estado debe realizar un conjunto de medidas para direccionar el proceso de industrialización, es decir, promover al desarrollo manufacturero a través de un programa planificado. De esta forma, las principales funciones del Estado deben ser la de acelerar la acumulación del capital intensificando la sustitución de importaciones a través de diferentes medidas como el proteccionismo; construir la infraestructura necesaria para el proceso de industrialización; orientar los recursos financieros hacia la inversión productiva; estimular la inversión privada y promover el desarrollo tecnológico.

De la correlación de fuerzas depende la imposición de alguno de los dos modelos. Y de la imposición de algunos de los dos modelos depende el futuro del país.

* Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP).


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LOS DOS MODELOS ECONÓMICOS EN DISPUTA

El estructuralismo latinoamericano:

El estructuralismo latinoamericano, que se consolidó en la década del cincuenta y sesenta a partir de las discusiones mantenidas con la ortodoxia económica representada por el Fondo Monetario Internacional, estuvo fuertemente asociado a la creación de la Comisión Económica para América Latina y el caribe (CEPAL) en 1948 por las Naciones Unidas.

En efecto, uno de los estructuralistas latinoamericanos más reconocidos fue el primer director de la CEPAL: Raúl Prebisch. Por lo tanto, las tesis estructuralistas estuvieron esencialmente asociadas a los escritos de la CEPAL.

El paradigma estructuralista surgió durante la consolidación de un nuevo modelo económico y social en América Latina que se denominó Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI). La industrialización sustitutiva se inició en el continente Latinoamericano a partir de la Gran Depresión de 1929. Esta crisis que comenzó en Estados Unidos, pero que luego se extendió al resto de los países, se tradujo en medidas proteccionistas por parte de los países desarrollados.

Esta política económica de los países desarrollados generaron la crisis del modelo agroexportador que se venía desarrollando en América Latina desde el siglo XIX. Este modelo consistía básicamente en la exportación de bienes primarios a los países desarrollados y la importación de productos manufacturados desde los países centrales.

Sin embargo, el proteccionismo impuesto por los países desarrollados durante la crisis de 1929 desarticuló la lógica del modelo agroexportador. La imposibilidad de exportar los productos primarios también generaba la incapacidad para importar bienes industriales al no disponer de las divisas necesarias. De esta forma, el modelo agroexportador latinoamericano entró en una crisis que anunciaba la necesidad de construir un nuevo modelo económico y social.

En este contexto, surgió en la región, en algunos países con más fuerza que en otros, la industrialización sustitutiva. Este nuevo modelo económico y social consistió fundamentalmente en la producción de bienes industriales en la región, es decir, sustituir lo que antes se importaba desde los países desarrollados por producción nacional.

Es importante destacar que la primer etapa de la industrialización sustitutiva latinoamericana consistió en reemplazar bienes importados por nacionales al final de la cadena productiva. En otras palabras, inicialmente se sustituyeron manufacturas livianas, como por ejemplo los productos textiles. Esto se denominó la etapa “fácil” de sustitución de importaciones, dejando de lado la producción de bienes de capital e insumos industriales.

De esta forma, durante la Industrialización por Sustitución de Importaciones al mismo tiempo que se reducía el coeficiente de importación en relación con los niveles del modelo agroexportador se producía un cambio en su composición. Efectivamente, se importaba cada vez menos bienes industriales finales pero cada vez más bienes de capital e insumos industriales como aluminio y productos siderúrgicos en general.

Durante la consolidación de este nuevo modelo económico y social en América Latina surgió el paradigma estructuralista. Su aporte fundamental fue la de desarrollar un cuerpo teórico de sustento al nuevo modelo económico al mismo tiempo que planteaba la necesidad de profundizar la industrialización sustitutiva a partir de reformas estructurales para superar algunos problemas que planteaba el nuevo modelo económico.

La idea central del estructuralismo latinoamericano era que el subdesarrollo de la región se debían a factores estructurales. Por lo tanto, los escritos de los estructuralistas le dieron una mayor importancia a los aspectos estructurales en la descripción de las economías de América Latina.

En este sentido, el análisis estructuralistas comenzó con la descripción del papel del comercio internacional como uno de los factores estructurales centrales para entender el subdesarrollo latinoamericano.



El papel del comercio exterior:

La visión estructuralista comienza criticando a la corriente convencional sobre el papel del comercio internacional. Según la teoría neoclásica, basada en la idea de ventajas comparativas de David Ricardo, el libre comercio conduciría a reducir la desigualdad entre los países desarrollados y los subdesarrollados.

Sin embargo, para la corriente estructuralista la libertad de comercio condujo, en contraposición a lo pensado por la visión ortodoxa, a la consolidación de la división internacional del trabajo, fundada sobre la explotación de ventajas comparativas estáticas, condenando a la región Latinoamericana a una especialización empobreciente basada en la exportación de bienes primarios a los países desarrollados.

En este sentido, para el paradigma estructuralista, la tradicional división internacional del trabajo que caracterizaba al modelo agroexportador era una de las causas centrales para explicar la condición de subdesarrollo de la región latinoamericana.

Dicho de otra forma, el libre comercio que condujo a la región a la especialización en la producción y exportación de bienes primarios era uno de los obstáculos estructurales más importante para el desarrollo de América Latina. Por lo tanto, según los estructuralistas, el libre comercio en lugar de reducir las desigualdades entre las naciones generó que los países desarrollados sean cada vez más desarrollados y las regiones subdesarrolladas sean cada vez más subdesarrolladas, reforzando de esta manera las desigualdades entre los países.

Para demostrar esta tesis el análisis estructuralista desarrolló la teoría centro – periferia. Según el paradigma estructuralista la economía mundial esta compuesta por dos polos: el centro y la periferia.

Por un lado, los países centrales que presentan economías homogéneas y diversificada y donde el sector económico más importante es el industrial. Por otro lado, los países periféricos caracterizados por economía heterogéneas y escasamente diversificadas. Con heterogéneas se refieren a la existencia de una estructura productiva divergente, en la cual se presenta un sector primario – exportador con una elevada productividad junto al resto de la economía sumergida en producciones de subsistencia. Con escasamente diversificada se refieren a la especialización por parte de las economías periféricas en la producción y exportación de productos primarios con pocos efectos de encadenamientos con el resto de los sectores productivos.

De esta forma, según el estructuralismo, la división internacional del trabajo que caracterizaba al modelo agroexportador condujo a una doble heterogeneidad estructural que perjudicaba a los países periféricos. Por un lado, a una heterogeneidad a nivel nacional en la estructura económica de los países periféricos. Por otro lado, a una heterogeneidad internacional en la cual los países periféricos se especializaron en la producción de bienes primarios mientras que los países centrales se volcaron hacia el desarrollo de las actividades industriales.

En esta línea se encuentra la teoría estructuralista del deterioro de los términos de intercambio. Según esta teoría en el largo plazo la tradicional división internacional del trabajo que generó un sistema internacional asimétrico se traduce en un mayor distanciamiento de la periferia con respecto a los países centrales, produciendo de esta forma que el libre comercio sea más ventajoso para los países desarrollados.

Para la visión estructuralista este fenómeno se debe fundamentalmente al progreso técnico. En efecto, los avances tecnológicos se producen generalmente en el sector manufacturero. Por lo tanto, si los países desarrollados se especializan en la producción de bienes industriales logran monopolizar los frutos del progreso técnico, generando un deterioro secular de los términos de intercambio en detrimento de los países periféricos especializados en la producción de bienes primarios caracterizada por escasos cambios tecnológicos.

Por lo tanto, la pregunta que surgió para los estructuralistas fue: ¿cómo destruir este sistema internacional que condujo a una especialización empobreciente a los países latinoamericanos?. Para esto la visión estructuralista proponía la industrialización de la región para superar el subdesarrollo latinoamericano.



La función de la industrialización:



Para estos economistas el proceso de industrialización de América Latina debía cumplir una doble función. En primer lugar, reducir el desequilibrio externo con los países centrales. En efecto, la industrialización permitiría reducir la brecha tecnológica con respecto a los países desarrollados que era la base de la diferencia estructural entre el centro y la periferia.

En segundo lugar, el desarrollo del sector manufacturero permitiría reducir los desequilibrios internos al posibilitar mejorar la distribución del ingreso al disminuir la desocupación y con esto la pobreza y la indigencia.

En otras palabras, el proceso de industrialización reduciría la heterogeneidad internacional y nacional que había generado la tradicional división internacional del trabajo. El desarrollo industrial conduciría a consolidar economías con estructuras más diversificadas y homogéneas que permitiría al mismo tiempo reducir la desigualdad existente con los países desarrollados.

Por lo tanto, para la visión estructuralista la única manera para superar el subdesarrollo de los países latinoamericanos era transformar estructuralmente sus economías. Esto es, transformar las economías agroexportadoras en economías industriales.

Pero entonces la otra pregunta que surge es: ¿cómo pueden las economías latinoamericanas experimentar un proceso de industrialización?. Para los estructuralistas este objetivo se lograba básicamente a través de dos fenómenos: una fuerte intervención estatal y la integración regional.



El papel del Estado:



En este punto el estructuralismo latinoamericano se diferenció nuevamente de la visión ortodoxa sustentada en el liberalismo económico. Los estructuralistas poseían una visión positiva del Estado.

En otras palabras, para estos economistas era fundamental la intervención del Estado en la economía. En efecto, el libre juego del mercado condujo a las economías de América Latina hacia el modelo agroexportador que se tradujo en un desequilibrio internacional al alejarnos del nivel de desarrollo de los países centrales y a un desequilibrio interno al consolidarse una economía fuertemente heterogénea.

Por lo tanto, para poder generar una transformación estructural de las economías de la región a partir del proceso de industrialización era fundamental la intervención del Estado. En este sentido, uno de los objetivos centrales del Estado según el paradigma estructuralista era fomentar el proceso de industrialización.

Para estos economistas entonces el Estado debía realizar un conjunto de medidas para direccionar el proceso de industrialización, es decir, promover al desarrollo manufacturero a través de un programa planificado.

De esta forma, las principales funciones del Estado debían ser la de acelerar la acumulación del capital intensificando la sustitución de importaciones a través de diferentes medidas como el proteccionismo; construir la infraestructura necesaria para el proceso de industrialización; orientar los recursos financieros hacia la inversión productiva; estimular la inversión privada y promover el desarrollo tecnológico.

Incluso, para la visión estructuralista la intervención estatal en los países latinoamericanos debía ser más sustancial que en los países desarrollados. Efectivamente, en los países periféricos la fuerte intervención del Estado era fundamental para lograr una transformación estructural de las economía periféricas, objetivo que en los países centrales no era necesario.

Sin embargo, es importante destacar que si bien los estructuralistas latinoamericanos no confiaban en el libre juego del mercado para el desarrollo industrial, consideraban al mismo tiempo importante a los mercados y a la iniciativa privada. Es decir, la visión estructuralista advertía sobre la intervención excesiva del Estado. Por lo tanto, estos economistas aspiraban a una complementariedad entre el sector público y el mercado para orientar el proceso de industrialización de las economías de América Latina.



La integración latinoamericana:



Junto a la intervención del Estado era imprescindible para el desarrollo industrial de la región, según los estructuralistas, la integración latinoamericana. Pues a la incipiente industria de América Latina le resultaría al principio casi imposible competir con el sector manufacturero de los países desarrollados. Por lo tanto, la integración latinoamericana permitiría la ampliación de los mercados para la industria de América Latina.

De esta forma, la integración económica de la región haría viable la utilización de tecnologías que exigen una gran escala de producción por razones de rentabilidad. En otras palabras, la integración de América Latina daría las condiciones necesarias para que el sector manufacturero se transforme definitivamente en el motor del desarrollo de la región.

Por otro lado, para los estructuralistas la conformación de un bloque latinoamericano era fundamental no sólo desde el punto de vista económico sino también desde el punto de vista estratégico al permitir ofrecer una mayor oposición a los intereses de los países desarrollados.

Ahora bien, hasta aquí hemos desarrollado la posición de los estructuralistas en defensa de proceso de industrialización de América Latina para salir de la trampa del subdesarrollo. Sin embargo, para estos economistas era necesario profundizar los cambios estructurales con el objetivo de superar algunos problemas que se habían presentado durante el modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones. Esta postura los estructuralistas la desarrollaron en su análisis sobre la inflación.



La teoría estructuralista de la inflación:



Todo proceso de crecimiento y desarrollo como la industrialización sustitutiva presenta presiones inflacionarias. El Fondo Monetario Internacional, en representación de la economía ortodoxo, recomendaba reducir la demanda con el objetivo de disminuir el aumento de los precios. Es decir, según el organismo internacional la inflación se debía a un exceso de demanda. Por lo tanto, la única salida para disminuir el aumento generalizado de precios era a través de políticas contractivas que generaran una reducción del crecimiento.

Sin embargo, los estructuralistas latinoamericanos se opusieron a esta teoría monetaristas de la inflación y argumentaron que el aumento generalizado de precios en la región se debía a rigideces estructurales del lado de la oferta.

Según la teoría estructuralista la inflación era el resultado de la interacción de dos componentes:

- Las presiones fundamentales que generaban aumentos de precios y que se debían a rigideces estructurales.

- Los mecanismos de propagación que se encargaban de transmitir el aumento inicial de la inflación al resto de la economías.

Para el paradigma estructuralista era imprescindible atacar a las presiones fundamentales para terminar definitivamente con el problema de la inflación. Es decir, la raíz del problema inflacionario se encontraba en las presiones fundamentales y no en los mecanismos de propagación.

En este sentido, para estos economistas existían dos presiones fundamentales que originaban el aumento en el nivel general de precios: la débil productividad de la agricultura y los desequilibrios en el sector externo.

Con respecto a la débil productividad del sector agrícola se traducía en una reducida oferta de alimentos. Entonces, como la industrialización sustitutiva provocaba una creciente demanda interna de alimentos, la oferta no respondía satisfactoriamente a este aumento. Esto implicaba un incremento de los precios de los bienes agrícolas.

A partir de este momento comenzaba a funcionar los mecanismos de propagación, transfiriendo esta presión inflacionaria al resto de la economía. En efecto, al aumentar los precios de los alimentos se reducía el salario real de los trabajadores, lo cual implicaba una recomposición del salario nominal.

Sin embargo, este incremento de las remuneraciones inducía a un aumento de los costos de producción del sector manufacturero. Por lo tanto, los empresarios, para mantener sus márgenes de ganancia, aumentaban los precios de los bienes industriales.

Ahora bien, para atacar la inflación la solución no era, según los estructuralistas, reducir la demanda, sino más bien eliminar la rigidez estructural que generaba la débil productividad del sector agrícola.

En este sentido, para estos economistas, la principal causa de la rigidez de la oferta agrícola se debía esencialmente a la fuerte concentración en la propiedad de la tierra que generaba la existencia de una clase rentística con escasa propensión a la inversión.

Por lo tanto, para los estructuralistas era necesario para solucionar el problema inflacionario una reforma estructural en el régimen de propiedad de la tierra. Por tal motivo, estos economistas defendían el programa de reforma agraria dividiendo la tierra en pequeños y medianos productores.

Esta medida generaría una producción agrícola intensiva que se traduciría en un mayor nivel de inversión y por lo tanto en un incremento en la producción de alimentos eliminando de esta forma una de las causas estructurales de la inflación.

Con respecto a la segunda presión fundamental que generaba inflación, durante la industrialización sustitutiva existía una tendencia a los estrangulamientos del sector externo.

En efecto, en este modelo económico en las fases expansivas las economías tendían hacia un déficit del sector externo debido a la necesidad creciente de insumos intermedios y de bienes de capital. Pues al sustituirse inicialmente los bienes finales se debía importar los insumos que requería el sector manufacturero y las maquinarias necesarias para producir los productos industriales.

Por lo tanto, en los períodos de crecimiento económico aumentaban fuertemente las importaciones del sector industrial provocando un déficit en la balanza comercial y la necesidad de ajustar dicho estrangulamiento externo. Para corregir este desequilibrio generalmente se recurría a una devaluación de la moneda que generaba inflación. Esta presión inicial luego se transmitían al resto de la economía a través de los mecanismos de propagación.

Pero de nuevo, según los estructuralistas, la solución para la inflación no era reducir la demanda agregada sino más bien introducir cambios estructurales a las economías de la región. Para estos economistas la forma de eliminar esta causa inflacionaria era por medio de la profundización de la Industrialización por Sustitución de Importaciones a través de la industrialización hacia la manufactura pesada. En otras palabras, producir internamente los insumos industriales y los bienes de capital para de esta manera eliminar los estrangulamientos externos.

En resumen, para extinguir el flagelo de la inflación, en contraposición a lo recomendado por el Fondo Monetario Internacional, el paradigma estructuralista recomendaba dos transformaciones estructurales: la reforma agraria y el proceso de industrialización hacia la manufactura pesada.

En efecto, debido a que el origen de la inflación era estructural, la única manera de eliminarla era superando los cuellos de botella. De esta manera, la forma de eliminar el aumento generalizado de precios era por medio de la profundización del desarrollo económico para superar las rigideces estructurales.

Para estos economistas la reducción de la demanda puede reducir la inflación. Sin embargo, esto lo logra a costa del crecimiento económico y además sin atacar la raíz del problema. Es decir, la reducción de la demanda sólo ataca los factores de propagación pero no las presiones fundamentales que generaba el aumento de los precios. De nuevo, para los estructuralistas la estabilidad de los precios únicamente se puede lograr a partir de un desarrollo económico por medio de cambios estructurales.



La disputa de los dos modelos en la Argentina:



A partir de la resolución 125 que establecía, entre otras cosas, las retenciones móviles a la soja, volvió a la Argentina la disputa entre los dos modelos económicos.

Por un lado, las entidades agrarias que proponían, implícita o explícitamente, el retorno del modelo agroexportador. Es decir, estructurar a la economía argentina como exportadora de productos primarios, lo cual implica la inserción periférica de nuestra economía en el comercio internacional y el liberalismo económico como filosofía para restringir la intervención estatal.

Del otro lado se planteó la necesidad de profundizar el proceso de industrialización a partir de una fuerte intervención del Estado y una integración latinoamericana como vehículo del desarrollo industrial.

Al mismo tiempo, la disputa también se observa en relación al tema de la inflación. En efecto, el incipiente crecimiento del sector manufacturero que se produjo a partir de la fase expansiva post convertibilidad se tradujo en un cierto aumento de los precios.

Nuevamente, la disputa en torno a este problema es si realizamos políticas contractivas para detener el crecimiento de la demanda y de esta forma reducir la inflación o profundizamos el desarrollo económico para eliminar los cuellos de botella que generan el aumento de los precios.

La primer receta es funcional al retorno del modelo agroexportador, pues, al aplicar políticas contractivas y reducir la demanda, disminuye el consumo; lo cual genera un aumento del saldo exportable de productos agrarios – ganaderos al achicarse el mercado interno.

La segunda opción es funcional al proyecto industrialista debido a que para eliminar los cuellos de botella se necesita profundizar el desarrollo industrial al mismo tiempo que destinar cada vez más productos agrarios – ganaderos para abastecer el mercado interno y reducir de esta forma las presiones inflacionarias.

De la correlación de fuerzas depende la imposición de alguno de los dos modelos. Y de la imposición de algunos de los dos modelos depende el futuro del país. O retomamos al modelo agroexportador que nos conducirá nuevamente a una heterogeneidad internacional y nacional o profundizamos el proceso de industrialización para lograr un mayor desarrollo económico y social.



http://www.geenap.com.ar/informes7.html







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Argentina's economy
Happy-go-lucky Cristina
Who cares about austerity? That may come, but not until the day after tomorrow
Aug 19th 2010 | BUENOS AIRES | from the print edition
EARLIER this year, Cristina Fernández de Kirchner (pictured above), Argentina’s president, proffered some advice to European governments facing recession and market panic. Its essence was “stuff the IMF and carry on spending.” It is what she and her predecessor and husband, Néstor Kirchner, have practised since 2003. Argentina is one of only a handful of countries that refuse all dealings with the IMF. Almost a decade after it defaulted on $90 billion of debt when its economy collapsed, it still has few financial ties with the world and very little bank credit. Yet contrary to repeated forecasts of doom from orthodox economists, the economy is roaring.


Or at least it seems to be. The numbers are a matter of dispute: in 2007 the government meddled in the statistics institute (called INDEC), and official figures now have little credibility. They show GDP as having risen by 0.9% last year, despite the world recession and a severe drought that hurt Argentina’s all-important farmers. But independent economists, who say the economy contracted by 2-2.5% last year, now forecast growth of up to 8% this year.


Like the expansion of 2003-08, this recovery is due mainly to fortunate circumstances. The drought has ended and Argentina, and especially its car industry, is benefiting from strong growth in Brazil. But the third element in the recovery is Ms Fernández’s expansionary policies, which are fuelling a consumer boom. And that is where the arguments start.


When the economy began slowing, Ms Fernández carried on spending: she gave loans to multinational carmakers and subsidies to keep workers in jobs. With tax revenues falling, she paid for these measures by raiding the national lottery and the pension system, which she nationalised in November 2008. In January this year the government siphoned off $6.6 billion from the Central Bank’s reserves in order to pay debt (a decision which prompted the resignation of the bank’s president, Martín Redrado). According to a senior official, these were emergency measures which saved jobs and welfare payments and the alternative, a fiscal squeeze, would have made the downturn worse.


Tax revenues are rising again and reserves have climbed to $50 billion, thanks to a healthy trade surplus (and despite the steady flight of capital from Argentina). But Ms Fernández’s measures are running up hidden costs. The first is inflation. Although the official consumer-price index rose by only 11% in the year to July, the government has tacitly endorsed the much higher estimates by independent economists by granting wage increases of around 25% to workers and recently raising tax brackets by 20%.


Second, the government’s unorthodox methods have unnerved investors. Officials are completing a second swap of bonds on which Argentina defaulted in 2001-02. That ought to open the way for the government to return to the bond markets, to cover debt payments falling due in 2011. But it would have to pay a punitive interest rate: because of the government’s lack of credibility, the credit-default-swap spread on Argentine debt stands at 8.2% (similar to that for Greece). Lowering it would require the government to clean up INDEC, commit itself to a more transparent fiscal and monetary policy and re-establish ties with the IMF, says Daniel Marx, an economic consultant in Buenos Aires. The last item may be too much for the Kirchners, who like to blame the fund for Argentina’s largely self-inflicted collapse of 2001-02.


The Kirchners have been extraordinarily lucky that their time in power has coincided with a surge in Argentina’s terms of trade (see chart). Asia’s rising demand for food has pushed up the price of exports of soyabeans and other products from the bounteous pampas in relation to the price of the country’s imports. The first couple have extracted much of the farmers’ windfall in higher taxes, which they have recycled as subsidies and payments to poorer urban families.


In the late 1940s a similar policy, with similarly beneficial terms of trade, turned Juan Perón into a popular hero, and his Peronist movement (to which the Kirchners belong) into the country’s dominant political force. But the Kirchners have been clumsy: their efforts to squeeze the farmers prompted a successful tax revolt in 2008 and made Ms Fernández unpopular.


In an election last year the opposition deprived the Kirchners of a clear majority in the Congress. As well as a measure to reform INDEC, Congress is discussing a bill that would raise pensions by almost 50% to compensate for inflation. If it passes, it will be harder for the government to use the pension system as a piggy bank.


If world food prices were to fall suddenly, the Kirchners’ fiscal conjuring trick might blow up in their faces, setting off a spiral of devaluation and inflation. But for now their luck looks as though it will hold—at least until a presidential election next year. The opposition is fissiparous. Ms Fernández’s approval ratings (though not those of her husband) are reviving in tandem with the economy. She may yet squeak through for a second term.


There is a third cost to the Kirchners’ methods. The government is proudly pursuing an industrial policy, with officials claiming the credit for persuading car firms to stay in Argentina rather than move to Brazil, and for attracting some sneaker factories. The first couple’s harassment of private businesses they dislike, price controls and protectionist measures have been less blatant than those of their friend, Hugo Chávez, in Venezuela, but in the long term they will deter investment and make the economy less efficient. Although Argentina’s economy is twice as big as Chile’s, it has attracted barely half as much foreign investment as its neighbour since 2007, according to the United Nations Economic Commission for Latin America and the Caribbean. The doomsayers have been wrong about Argentina, but they may yet be proved right in the end.


http://www.economist.com/node/16846418 from the print edition | The Americas




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La economía de Argentina
Happy-Go-Lucky Cristina
Que se preocupa por la austeridad? Que pueden venir, pero no hasta el día después de mañana
19 de agosto 2010 | BUENOS AIRES | de la edición impresa




A principios de este año, Cristina Fernández de Kirchner (en la foto), presidente de Argentina, ofrecido algunos consejos a los gobiernos europeos frente a la recesión y el pánico en el mercado. Su esencia era "cosa del FMI y llevar a cabo el gasto." Es lo que ella y su predecesor y marido, Néstor Kirchner, ha practicado desde 2003. Argentina es uno de los pocos países que se niegan todas las relaciones con el FMI. Casi una década después de pagar $ 90 mil millones de la deuda, cuando su economía se derrumbó, aún tiene algunos vínculos financieros con el mundo y el crédito bancario muy poco. Sin embargo, contrariamente a las previsiones de la repetida condena de los economistas ortodoxos, la economía está rugiendo.


O al menos lo parece. Las cifras son motivo de controversia: en 2007 el gobierno se metió en el instituto de estadística (llamado INDEC), y las cifras oficiales tienen ahora poca credibilidad.Ellos muestran que el PIB de haber subido un 0,9% el año pasado, a pesar de la recesión mundial y una severa sequía que perjudican a todos los productores importantes de Argentina.Sin embargo, economistas independientes, que dicen que la economía se contrajo un 2-2,5% el año pasado, ahora se pronostica un crecimiento de hasta un 8% este año.


Al igual que la expansión de 2003-08, esta recuperación se debe principalmente a circunstancias afortunadas. La sequía ha terminado y Argentina, y especialmente su industria automovilística, se benefician de un fuerte crecimiento en Brasil.Pero el tercer elemento de la recuperación de políticas expansivas de Fernández, que están alimentando un auge del consumo. Y ahí es donde los argumentos de inicio.


Cuando la economía comenzó a frenar, la Sra. Fernández lleva en el gasto: ella dio a los préstamos a los fabricantes multinacionales y los subsidios para que los trabajadores en puestos de trabajo. Con los ingresos fiscales caen, que pagó por estas medidas por asalto la lotería nacional y el sistema de pensiones, que se nacionalizó en noviembre de 2008. En enero de este año, el gobierno desvió 6,6 mil millones dólares de las reservas del Banco Central para pagar la deuda (una decisión que provocó la dimisión del presidente del banco, Martín Redrado). De acuerdo con un funcionario de alto rango, se trataba de medidas de emergencia que salvó a puestos de trabajo y prestaciones sociales y la alternativa, un apretón fiscal, habría hecho la recesión empeore.


Los ingresos fiscales están aumentando de nuevo y las reservas han subido a $ 50 mil millones, gracias a un saludable superávit comercial (ya pesar de la fuga constante de capitales de Argentina). Pero las medidas de Fernández se están ejecutando los costos ocultos. La primera es la inflación.Aunque el oficial de precios al consumidor aumentó en un índice de sólo el 11% en el año hasta julio, el Gobierno ha aprobado tácitamente las estimaciones mucho más altas por economistas independientes mediante la concesión de aumentos salariales de alrededor del 25% de los trabajadores y, recientemente, levantando tramos del impuesto en un 20%.


En segundo lugar, los métodos poco ortodoxos del gobierno a los inversores nerviosos. Las autoridades están completando un segundo intercambio de bonos en el que Argentina dejó de pagar en el 2001-02. Que debería abrir el camino para que el gobierno de volver a los mercados de bonos, para cubrir los pagos de deuda con vencimiento en 2011. Pero tendría que pagar una tasa de interés punitiva: debido a la falta del gobierno de la credibilidad, la propagación de crédito-default-swap de la deuda argentina se sitúa en el 8,2% (similar a la de Grecia). La reducción se requeriría que el gobierno para limpiar INDEC, comprometerse a una política más transparente fiscal y monetaria y restablecer los lazos con el FMI, dice Daniel Marx, un asesor económico de Buenos Aires. El último elemento puede ser demasiado para los Kirchner, a quienes les gusta culpar a los fondos para gran parte de Argentina autoinfligidas colapso de 2001-02.




Los Kirchner han sido extraordinariamente afortunados de que su tiempo en el poder ha coincidido con un aumento en la Argentina los términos de intercambio (véase el gráfico). La creciente demanda de Asia por los alimentos ha hecho subir el precio de las exportaciones de soja y otros productos de la generosa pampa en relación con el precio de las importaciones del país. Los dos primeros han extraído la mayor parte de extraordinarios de los agricultores en el aumento de los impuestos, que se han reciclado como los subsidios y los pagos a las familias más pobres urbanas.


A fines de 1940 una política similar, con términos igualmente beneficiosa del comercio, se volvió Juan Perón en un héroe popular, y su movimiento peronista (al que pertenecen los Kirchner) en la fuerza política dominante del país. Pero los Kirchner han sido torpes: sus esfuerzos para exprimir a los agricultores provocó una revuelta fiscal éxito en 2008 y se hizo la Sra. Fernández impopular.


En una elección el año pasado a la oposición privada de los Kirchner de una clara mayoría en el Congreso. Así como una medida para la reforma del INDEC, el Congreso está discutiendo un proyecto de ley que elevar las pensiones en casi un 50% para compensar la inflación. Si se aprueba, será más difícil para el gobierno de utilizar el sistema de pensiones como una hucha.


Si los precios mundiales de los alimentos fueron a caer de repente, engañar a los Kirchner fiscal magia podría estallar en la cara, lo que desencadenó una espiral de devaluación e inflación. Pero por ahora su suerte parece que se mantendrá al menos hasta las elecciones presidenciales del próximo año. La oposición es separatistas. Clasificaciones de la Sra. Fernández de aprobación (aunque no los de su esposo) están reviviendo a la par con la economía. Ella todavía puede chirriar a través de un segundo mandato.


Hay un tercer costo a los métodos de los Kirchner. El gobierno se precia de una política industrial, con los funcionarios de reclamar el crédito para persuadir a las empresas de coche para estar en la Argentina en lugar de trasladarse a Brasil, y para la atracción de algunas fábricas de calzado deportivo. El acoso de la primera pareja de las empresas privadas que no les gusta, los controles de precios y medidas proteccionistas han sido menos evidentes que las de su amigo, Hugo Chávez, en Venezuela, pero en el largo plazo van a desalentar la inversión y hacer que la economía sea menos eficiente. Aunque la economía de la Argentina es el doble de grande de Chile, que ha atraído a casi la mitad de la inversión extranjera tanto como su vecino desde 2007, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe. Los agoreros se han equivocado en Argentina, pero aún puede tener razón al final.


de la edición impresa | Las Américas
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NICOLÁS ARCEO
"Fue la industria y no el campo la que traccionó el crecimiento de la Argentina"
ECONOMÍA / El economista analiza en un nuevo libro la salida de la convertibilidad y los cambios estructurales que se dieron luego de la devaluación de la moneda y explica por qué cree que el 82% móvil para los jubilados no es financiable y la AUH es primordial para mantener la demanda interna.
30.09.2010 | 00.30 |
Para Arceo, la industria fue la que recuperó la economía local, ya que creció un 10% desde el 2002.Por Jonathan Rippel


A pocos días de haber presentado el libro La economía argentina de la posconvertibilidad en tiempos de crisis mundial, que escribió junto a Mariana González, Nuria Mendizábal y Eduardo M. Basualdo, el economista Nicolás Arceo recibió aBuenos Aires Económico y explicó cuáles fueron los cambios estructurales que registró la economía local en el último decenio.


El agro pampeano, las medidas económicas que se podrían tomar en los próximos meses, la asignación universal por hijo (AUH), las AFJP y el proyecto de llevar las jubilaciones al 82% del salario son algunos de los temas que toca el libro y sobre los que Arceo responde.


–¿Que cambios analiza el libro puntualmente?
–La obra se propone analizar los cambios que implicó la devaluación de la moneda y la adopción del nuevo patrón de crecimiento a partir del 2002, enfocando, fundamentalmente, en la evolución que presentó el mercado de trabajo. A grandes rasgos, lo que uno puede afirmar es que a partir del 2002 se consolida un nuevo patrón de crecimiento que tiene efectos diferenciales sobre la evolución del mercado de trabajo con respecto a lo que había pasado durante las tres décadas previas. En particular, que el crecimiento haya sido liderado por sectores productores de bienes, a partir del 2002 y hasta el 2007, condujo a un aumento muy significativo en la cantidad de puestos de trabajo y a una elasticidad empleo-producto mucho mayor que la verificada a lo largo del régimen de convertibilidad. Este extraordinario crecimiento de los sectores productores de bienes y del empleo se sustentó en un aumento en la rentabilidad de dichos sectores.


–¿En qué se apoyó ese incremento en la rentabilidad?
–En dos factores: la modificación de la estructura de precios relativos, que favoreció a los transables con respecto a los no transables, y a la extraordinaria transferencia de ingresos que se produjo desde el trabajo hacia el capital como consecuencia de la devaluación de la moneda, es decir, la aguda contracción que registraron los salarios reales en el 2002, y que sólo a comienzo del 2007 retornaron a los niveles prevalecientes a fines del régimen de convertibilidad, mientras que la economía creció casi al 8,5 % anual acumulativo.


–Dedican un capítulo del libro a las transformaciones estructurales en el agro pampeano. ¿A qué conclusiones llegaron?
–Se observa que si bien el sector agropecuario pampeano mantiene elevadas tasas de crecimiento, ya vigentes desde mediados la década del ’90, no fue un sector que haya traccionado el crecimiento de la economía argentina. Por el contrario, si bien creció a una tasa del 5% anual acumulativo hasta el 2007, es una cifra notoriamente inferior a la verificada por el complejo manufacturero, que creció casi al 10% anual acumulativo.


–¿Qué medidas económicas debe tomar el Gobierno en los próximos meses para seguir creciendo sin ser afectado, de modo dramático, por la crisis europea?
–Me parece central, en un contexto de inflación como el actual, mantener e incrementar los salarios reales. Es central para conservar el nivel de actividad interna que los aumentos nominales vayan por encima de la tasa de inflación, de manera que los trabajadores participen un poco más de la riqueza generada en la economía argentina de los últimos diez años. Digo, si bien este nuevo patrón de crecimiento permitió un incremento muy sensible del nivel de empleo y del valor agregado generado en la economía argentina, los trabajadores sólo participaron de esa riqueza extraordinaria a través de la expansión del empleo, pero no por medio de un aumento significativo y sistemático en las remuneraciones reales.


–¿Qué papel juega la AUH en la posibilidad de que los trabajadores participen de la riqueza generada en la economía argentina?
–Es una medida de estricta equidad distributiva. En primer lugar, porque está dirigida a los sectores más vulnerables de la población, con menores ingresos y, por otro lado, porque el sistema de seguridad social en nuestro país no sólo está financiado por los trabajadores activos sino también por el conjunto de la sociedad argentina. Cerca del 40% de los recursos de la seguridad social hoy provienen de rentas generales, es decir, de impuestos (IVA, Ganancias, etcétera). En ese contexto, me parece que es estrictamente equitativo que parte de esos recursos se destinen a financiar la niñez en los hogares más desprotegidos. Todas las estimaciones indican que la AUH puede llegar a permitir que la indigencia baje casi a la mitad. Si bien no tiene efectos sensibles en los niveles de pobreza, más allá de una baja de 3-4 puntos porcentuales, la AUH sí permite una notoria disminución de los niveles de indigencia. Además, en línea con sostener la demanda agregada interna, es un elemento más que contribuye al aumento del consumo de los sectores populares.


–El tercer capítulo de libro analiza la reestatización del sistema previsional argentino. ¿Qué opina de la reestatización de las AFJP?
–Si uno evalúa casi quince años de sistema previsional privado, sus resultados fueron claramente desalentadores. En primer lugar, una porción significativa de los aportes de los trabajadores fueron apropiados, en términos de comisiones, por parte de las AFJP. Pero más allá de eso, el sistema privado de jubilación y pensión no logró cumplir con las promesas con las que fue generado. Es decir, no se consiguió una mayor cobertura del sistema jubilatorio en la Argentina. Por el contrario, la cobertura se mantuvo estancada y, en términos relativos, decreciente a partir de 1994. Por otro lado, no permitió ni favoreció la disminución del empleo no registrado, que aumentó sistemáticamente desde mediados de la década del ’90 dejando a porciones significativas de la población por fuera del sistema jubilatorio. Además, la moratoria previsional y el régimen de jubilación anticipada van a permitir que se jubilen 2 millones de personas que en términos del régimen privado no podrían haberse jubilado nunca, porque no tenían los aportes ni las contribuciones requeridas. Por otro lado, tampoco el sistema de las AFJP logró dinamizar un mercado de capitales privado en la Argentina.


–¿Cuál fue, para usted, el negocio de las AFJP?
–Las AFJP obtenían los recursos de sus asociados, cobraban una comisión muy significativa sobre esos aportes, y esos recursos se los prestaban al Estado a una tasa muy elevada. Si uno analiza lo que ocurrió con el Fondo de Garantía de la Sustentabilidad, que son los fondos que apropió la ANSES a partir de la reestatización del sistema, se observa que más del 60% de esos fondos están constituidos en títulos públicos. Es decir, el Estado había cedido recaudación a las AFJP para que después éstas se la prestaran nuevamente al Estado, pero a una tasa muy onerosa. La privatización del sistema de jubilaciones y pensiones del ’94 fue uno de los elementos centrales y constitutivos del déficit fiscal que asoló a la economía argentina a lo largo de la década del ’90, y que determinó un incremento extraordinario del endeudamiento externo. En este sentido, me parece progresiva la reestatización del sistema porque restituye para el Estado los fondos que había cedido Domingo Cavallo en el ’94.


–¿Qué le pareció la idea de llevar las jubilaciones mínimas al 82% del salario?
–Es un reclamo justo, pero con la estructura actual, y con los recursos actuales de la seguridad social no es financiable. Lo que hay que destacar, no obstante, es que si bien se revirtió la privatización del sistema previsional, no se modificó otro rasgo de la reforma provisional del ’94: la rebaja en las contribuciones patronales. Es decir, hoy éstas se encuentran 9 puntos porcentuales por debajo de las existentes en el ’93. Sin la restitución de las contribuciones patronales, garantizar el 82% móvil para el conjunto de la población pasiva es hoy financieramente inviable, porque si bien se puede usar el Fondo de Garantía de la Sustentabilidad para abonar el déficit durante algunos años, esto sería de corto aliento.
http://www.elargentino.com/nota-108460-Fue-la-industria-y-no-el-campo-la-que-tracciono-el-crecimiento-de-la-Argentina.html


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SÍNTESIS


 Entre 1993 y 2010 el valor agregado generado por el sector Comercio y Servicios dentro de la economía argentina se incrementó un 82%, lo que implica una tasa de crecimiento promedio anual de 3,6 por ciento. Desde 2002 el sector crece al 6,9% promedio anual.






 En los últimos años el sector Comercio y Servicios incrementó su participación en el PIB argentino, alcanzando en 2010 el 67,3 por ciento. Es decir, Comercio y Servicios genera más de dos tercios del PIB del país.






 Dentro del agregado Comercio y Servicios, el sector Comercio mayorista, minorista y reparaciones es el sector con mayor participación, con un 20,6 por ciento, seguido por Actividades inmobiliarias y de alquiler, con un 17,9 por ciento.






 La Ciudad Autónoma de Buenos Aires es la jurisdicción en donde Comercio y Servicios tiene una mayor participación en el PIB, con un 78,2 por ciento. Le sigue en importancia Río Negro, con un 70,1 por ciento.






 En 2010, el sector Comercio y Servicios fue el principal motor de la economía argentina, ya que explicó más del 60% del avance del PIB.


Departamento de Economía Cámara Argentina de Comercio 3


Valor Agregado de Comercio y Servicios


(en millones de pesos de 1993)


Valor Agregado Sector Comercio y Servicios


Participación de Comercio y Servicios en el PIB (eje derecho)


A nivel mundial, desde mediados del siglo XX el sector Comercio y Servicios se ha convertido en un motor clave para el impulso del crecimiento de las economías nacionales. Este fenómeno característico de la nueva economía ha tomado más fuerza en los últimos años, posicionando a Comercio y Servicios como el sector con mayor participación en el PIB de numerosos países. Distintos factores explican esta tendencia. Uno muy relevante es la elevada elasticidad ingreso que presenta la demanda de servicios, lo que hace que al incrementarse los ingresos de la población, la demanda de servicios aumente más que proporcionalmente. También es importante la evolución demográfica: al incrementarse la participación de los grupos de edades más avanzados, lo que impulsa por ejemplo la demanda de servicios de salud. Los países desarrollados tienen un elevado ingreso per cápita, y una población relativamente envejecida. Esto explica el hecho de que en estos países la participación de los servicios dentro del PIB sea muy elevada, superando en algunos casos –como ser Reino Unido o Luxemburgo– el 80 por ciento.


Fuente: Departamento de Economía CAC en base a INDEC


En el período 1993 – 2010, el valor agregado generado por el sector Comercio y Servicios en Argentina presentó un avance de 82%, lo que significa una tasa de crecimiento promedio anual de 3,6 por ciento. Dado que esta tasa fue superior a la tasa agregada de crecimiento de la economía argentina, durante el período analizado Comercio y Servicios aumentó su participación en el PIB, alcanzando en el año 2010 el 67,3 por ciento. Entre el piso alcanzado en el año 2002, en el marco de la severa crisis política y económica que afecto a Argentina, y el año 2010 acumuló un alza de 70,4%, lo que representa un crecimiento anual promedio de 6,9 por ciento. Departamento de Economía Cámara Argentina de Comercio 4


Participación del Sector Comercio y Servicios en el PIB por jurisdicción


(última información disponible, a precios de 1993)


Durante el período considerado el sector más dinámico fue Transporte, almacenamiento y comunicaciones, que creció al 6,8% promedio anual, acumulando un avance de 207%, seguido por Intermediación financiera, con una crecimiento promedio de 5,3% anual, y un avance acumulado de 139 por ciento. Por su parte Comercio tuvo un alza de 66 por ciento. Analizando la composición de Comercio y Servicios en el año 2010, se observa que el sector que presenta una mayor participación es Comercio mayorista, minorista y reparaciones, con un 20,6%, seguido por Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler, con un 17,9 por ciento.


Fuente: Departamento de Economía CAC en base a INDEC


El siguiente gráfico representa la contribución al valor agregado que realiza el sector Comercio y Servicios en cada una de las 24 jurisdicciones del país.


Fuente: Departamento de Economía CAC en base a Direcciones Estadísticas Provinciales Departamento de Economía Cámara Argentina de Comercio 5


Contribición el crecimiento del PIB


(año 2010 vs. año 2009)


Se observa que existe una gran dispersión en esta medida. El extremo superior lo ocupa la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde el sector genera el 78,2% del PIB. Dentro de este total se destaca Intermediación financiera y otros servicios financieros, con un 13,3% del producto –valor elevado en comparación con el resto de las jurisdicciones–. También se observan participaciones muy elevadas en las provincias de Río Negro y Chaco. En el otro extremo se ubica la provincia de Neuquén, donde el sector Comercio y Servicios contribuye con sólo el 34% del PIB –derivado del gran peso del sector Minas y Canteras, que genera más del 50% del producto provincial–. En la provincia de Buenos Aires –la jurisdicción subnacional más grande en cuanto a nivel de producto–, Comercio y Servicios genera el 59,9% del PIB, destacándose dentro de éste Servicios inmobiliarios, empresariales y de alquiler, con un 15,4% del valor agregado provincial. El segundo puesto es para Transporte, almacenamiento y comunicaciones, con un 13,4%, seguido de cerca por Comercio mayorista y minorista, con un 12,1 por ciento.


Fuente: Departamento de Economía CAC en base a INDEC


En el último año, el Sector Comercio y Servicios fue el principal motor del crecimiento de la economía nacional. En concreto, explicó el 60,4% del avance que mostró el PIB en el año 2010. El segundo lugar lo ocupó la Industria manufacturera, con un 19,6 por ciento. Sólo comercio explicó el 20% del avance del producto de Argentina durante 2010. Aún no se disponen de datos oficiales para el presente año, pero investigaciones privadas indican que el Comercio ha sido el sector de la economía nacional que presentó un mayor dinamismo durante los primeros meses de 2011. Esto permite estimar que durante 2011 el sector volverá a tener un desempeño destacado como impulsor del crecimiento del país. Departamento de Economía Cámara Argentina de Comercio 6


Economista Jefe


Gabriel Molteni


gmolteni@cac.com.ar


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Analistas


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+5411-5300-9077


Lucía Gíudice


economia5@cac.com.ar


+5411-5300-9079


Asistente


Paula Pellegrini


economia3@cac.com.ar


http://www.cac.com.ar/documentos/53_Serie%20Relevancia%20-%20Informe%20PIB%20-%20Abr2011.pdf
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Análisis & Opinión
Argentina: crecimiento económico, integración y derechos civiles
Moisés Bittán
Experto en comercio internacional, ex presidente de la Cámara de Comercio Venezolana Colombiana (Cavecol).
Vie, 09/17/2010 - 11:56 La actividad económica de Argentina en el mes abril registró un crecimientos de 9,7% frente a igual mes del año anterior y de 1,3% respecto de marzo. De esta forma, el primer cuatrimestre de 2010 cerró con una expansión del Producto Bruto Interno (PIB) de 7,5%.


En consecuencia, tal como ha venido sucediendo los últimos años, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández contará con recursos excedentarios, que podrán ser destinados a varios programes sociales y a cubrir déficit fiscales adquiridos en pasadas administraciones.




De acuerdo con cálculos de fuentes gubernamentales del sector económico, Argentina se expandirá alrededor de 6% en 2011 gracias a la sostenida marcha de su economía, producto de la ejecución de un modelo de desarrollo con fuerte proceso de inversión, diversificación de sus exportaciones y fortalecimiento del consumo interno.


Sectores clave. El avance económico registrado en abril de este año se produce a favor de la fuerte recuperación que se registró en sectores clave de la economía. Por ejemplo, laproducción industrial mostró un progreso de 9,9% por la recuperación de los sectores automotor y siderúrgico. En tanto la construcción exhibió un progreso interanual de 13,1%. A su vez, la actual cosecha de cereales está batiendo records en todos sus productos. Las exportaciones aumentaron 23%, mientras que las importaciones tuvieron un alza de 48%.


Los indicadores de consumo acompañaron el avance con aumentos interanuales de 10% en la utilización de servicios públicos, en este caso a favor de lo que sucede en el sector telefónico.


Manufactura y construcción: mayores contribuyentes al PIB.


La industria manufacturera argentina es el sector que más valor aporta al PIB, con 19,6% del total (2009). Ésta también es la principal generadora de empleo (junto con el comercio y el sector público), con 12%, según el Censo de 2001, aunque es probable que actualmente ese porcentaje haya aumentado y la industria sea el mayor generador de empleo directo del país.


Por su parte, la industria de la construcción aporta 5% del PIB (2005) y ha sido la principal impulsora de la recuperación del empleo después de 2002 y 2003. A partir de 2003, la industria ha tenido un proceso de revitalización competitiva, la actividad industrial está mayormente orientada a sustituir importaciones, la industria de los automotores aporta 7% de las exportaciones, mientras que el sector siderúrgico aporta 3% del total. Otros sectores industriales importantes son el textil y calzado, alimentario, químico, papelero, maderero y cementero.


En lo que se refiere al sector industrial alimentario, en los últimos años se han desarrollado, en muchas provincias, economías de tipo agroindustrial, mediante la creación de industrias de procesado y envasado, sobre todo de productos frutícolas, hortícolas, lácteos, vitivinícolas y cárnicos.


En Buenos Aires está aún el área industrial más importante del país, pues se concentra la mayor parte de la actividad fabril de Argentina. Otros centros industriales importantes existen en Córdoba, Rosario, Tucumán y Mendoza, San Luis y Tierra del Fuego, muchos de ellos fomentados para descentralizar la industria.


Cuando se analizan las variables que motorizan las inversiones, se utiliza el argumento de la seguridad jurídica, de la solidez del Estado de Derecho. Esto es importante, sin duda alguna. Pero para un país como Argentina y el resto de los países latinoamericanos, hay un factor especialmente significativo, que es la solvencia fiscal y externa. Un crecimiento alto, si el gobierno no se excede con el gasto público, va a permitir seguir consolidando las cuentas fiscales a largo plazo.


Argentina: el G-20 y el FMI. Argentina es miembro activo del Grupo de los 20, que reúne a los países industrializados y a los emergentes más importantes. Junto a Brasil logró que se no se incluyera en la declaración de la Cumbre de Londres una propuesta sobre flexibilidad laboral, e impulsó la incorporación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) al grupo como miembro participante.


Desde la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Argentina es renuente a las auditorías del organismo al ser consideradas como una intromisión en la soberanía económica, lo que ha hecho que algunos sectores especulen con la salida del país de este organismo multilateral, hecho que no ocurrió finalmente.


El FMI, a pesar de ser públicamente rechazado, ha facilitado la confección de acertadas políticas económicas con las cuales Argentina ha visto fortalecidas sus cuentas externas y desempeño de su gasto público.


Argentina y el Mercosur. Argentina considera que la profundidad y solidez de la integración regional se constituyen en dos pilares básicos de la política exterior del gobierno. Están conscientes de la importancia cada vez mayor de los procesos de integración, no sólo porque fortalecen las economías sino también porque impulsan relaciones más amplias y comprensivas, más mercado, más recursos para atender las cada vez más crecientes necesidades sociales, y más inversión.


Con el Mercosur, Argentina fortaleció y profundizó el proceso de reforma de su economía -a pesar de continuas disputas con Brasil-. Su mayor tamaño del mercado brindó la posibilidad de atraer volúmenes crecientes de inversión extranjera directa y permitió aumentar la potencialidad de integración de las pequeñas y medianas empresas a los mercados mundiales. Ello, porque el "efecto Mercosur" no se concentró en unos pocos sectores o grandes empresas, sino que contribuyó fuertemente con las exportaciones de Pymes.


En el caso particular argentino, hay una alta correlación entre su reciente mejora en desempeño económico y el cambio de sus perspectivas como nación: la mejora progresiva del respeto a los derechos civiles gracias al fortalecimiento del sistema de alternancia democrática en los últimos 25 años. Si bien no han sido pocos los casos controvertidos que han acompañado la restitución de la democracia, no es menos cierto que pronto Argentina recuperará el esplendor que la acompañó durante las primeras décadas del siglo XX.


Formulo votos para que el interés creciente de nuestros gobiernos en fortalecer sus vínculos económicos conlleve, producto de esta integración comercial, a las mismas mejoras civiles y económicas que han experimentado los argentinos a nuestros conciudadanos.


Esta columna fue publicada por El Mundo.com.ve


http://www.americaeconomia.com/economia-mercados/finanzas/argentina-un-caso-de-crecimiento-economico-integracion-y-derechos-civiles

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