Lo que circula por los medios

29 de agosto de 2011

La Boleta única y ¿la oposición en la busqueda de una solución mágica?




Victor Hugo Morales. y Federico Martelli 26082011 debate sobre la boleta única
Federico Martelli, Director de Comunicación del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.



http://www.divshare.com/download/15631089-f1b
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Martes, 9 de agosto de 2011 | Hoy
EL PAIS › OPINION
Mitos y realidades de la boleta única

Por Juan Manuel Abal Medina *

Algunos años atrás, desde ciertos sectores de la política, de los medios de comunicación y de la sociedad civil se sostenía que la democracia argentina nunca funcionaría adecuadamente hasta que no se eliminara la llamada “lista sábana”. El tópico era repetido con insistencia, hasta volverse un sentido común ampliamente difundido. Los especialistas en sistemas electorales, en cambio, eran escépticos: las alternativas a la “lista sábana” tenían sus propios defectos, algunos de los cuales (como la eliminación de la proporcionalidad en la distribución de bancas o el fin del cupo femenino) resultaban aún peores que aquello que supuestamente se venía a remediar. Con el tiempo, la prédica por el voto uninominal como reemplazo a las “listas sábana” terminó languideciendo.

En tiempos más recientes el reclamo pasa por la llamada “boleta única” como alternativa a las boletas partidarias que tradicionalmente han existido en nuestro país (y que siguen vigentes en países como Francia, España, Suecia, Israel o Uruguay). Esta iniciativa fue particularmente reclamada en el transcurso del Diálogo Político que el Gobierno, a instancias de la Presidenta, mantuvo con todas las fuerzas de la oposición partidaria durante la segunda mitad del año 2009. En esos debates y en los que tuvieron lugar en el ámbito parlamentario cuando el Ejecutivo envió su proyecto de ley, referentes políticos y académicos de la oposición llegaron a descalificar el conjunto de medidas que el Congreso aprobó en la ley 26.571, señalando que sin la boleta única la reforma no tenía ningún sentido.

Así, muchos sostuvieron que iniciativas como la publicidad audiovisual equitativa, la modernización del padrón electoral o las primarias abiertas, obligatorias y simultáneas carecían de interés mientras se mantuviera un formato de boleta partidario que “favorece el clientelismo”. En verdad, como ya lo estamos viendo hoy con sólo encender la televisión, la reforma contenía una serie de medidas fundamentales que tienden a democratizar la competencia política, mejorando cuestiones que son claramente más estructurales que el tipo de boleta a utilizar. Hoy, fuerzas políticas de escasos recursos pueden difundir ampliamente su propuesta en los medios masivos de comunicación, fortaleciendo notablemente la calidad de nuestro régimen democrático.

Pero volvamos a la cuestión de las boletas. Los partidarios de la boleta única afirman que ésta termina con una serie de prácticas impropias de la democracia, como el robo de boletas a los partidos que carecen de fiscales en los centros de votación. A diferencia de los distritos uninominales antes reclamados, la boleta única efectivamente presenta ciertas virtudes que obligan a considerarla con atención. Las experiencias recientes de Santa Fe y Córdoba revelan aspectos positivos que pueden incorporarse también al ámbito nacional en futuras elecciones, pero también sugieren ciertos inconvenientes que debemos analizar y que los partidarios acérrimos de la boleta única no suelen tomar en cuenta.

Los elevados niveles de voto blanco y nulo para las categorías legislativas (en torno del 20 por ciento en ambas provincias) deben ser contemplados. ¿Obedeció esto a una falta de información de los votantes sobre la operatoria de la boleta? ¿Se trató de una confusión al votar o de una deliberada abstención a emitir opinión sobre esos cargos? Puede que no sea objetable que una parte de los votantes no tenga información suficiente sobre las categorías legislativas y decline voluntariamente seleccionar a una lista, pero debemos precisar si éste es el caso y no, por ejemplo, que el sistema penalice a los votantes menos informados, que no conocen que también deben marcar ese cuerpo de la boleta y no sólo el cargo Ejecutivo.

Una segunda cuestión a analizar tiene que ver con la tensión entre la mayor libertad que se otorga al votante con la boleta única (algo indudablemente positivo) y los efectos que ello pueda tener en materia de gobernabilidad. El caso santafesino sugiere que la boleta única favorece la probabilidad de que ocurran gobiernos divididos, dada la mayor facilidad para realizar un voto cruzado entre distintos partidos en diferentes categorías. En cambio, la boleta partidaria aplicada en elecciones concurrentes favorece el arrastre entre categorías y, así, quien triunfa en el Ejecutivo suele ser también el partido más votando en el Legislativo. Es decir que dos valores que habitualmente consideramos positivos (como ampliar la libertad del votante y contar con gobiernos respaldados legislativamente) pueden estar en tensión, y ello requiere cierta atención.

Un tercer aspecto a considerar refiere al impacto de la boleta única sobre los partidos políticos. En la medida en que los candidatos de cada categoría deben realizar sus propias campañas (ya que no hay efecto arrastre entre ellos), puede tenderse a una personalización del voto que reduzca el ya debilitado peso de las organizaciones partidarias. Cuando esto se combina con un régimen federal, el fenómeno puede expresarse en una mayor territorialización de la política, que separe la competencia política nacional de lo que ocurre en cada provincia. Los politólogos coinciden en que contar con partidos políticos nacionales, que sean algo más que una confederación de estructuras provinciales, es fundamental para dotar de calidad a la democracia. En este sentido, pienso que el impacto de la boleta única puede ir en un sentido contrario al deseado.

Todas estas cuestiones no invalidan la aplicación de la boleta única, que debe ser analizada y que tiene indudables virtudes. Simplemente apuntan a marcar que, como cualquier procedimiento electoral que se elija, la boleta única tiene sus propios problemas, que deben ser tenidos en cuenta para minimizarlos o resolverlos. Pero, en definitiva, mi mayor duda con la boleta única refiere a algo similar a lo que sucedía con el grito por el fin de la “lista sábana”.

Nuestro régimen electoral funciona razonablemente bien, con garantías de transparencia, sin que medien denuncias serias de anomalías importantes. El tipo de boleta utilizada no hace ganar o perder elecciones a nadie. Por lo tanto, entiendo que se colocan demasiadas expectativas sobre la boleta única, que es un mecanismo en ciertos aspectos virtuoso, pero que no altera sustantivamente el funcionamiento del sistema electoral. Es cierto que no habría robo de boletas (un fenómeno, por otra parte, que nadie ha podido cuantificar), pero los partidos seguirían precisando fiscales de mesa. Y para esto último, con cualquier tipo de boleta que se utilice, se necesitan ante todo partidos fuertes, con arraigo social y una militancia comprometida.

* Secretario de Comunicación Pública.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-174050-2011-08-09.html

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BOLETA ÚNICA ¿QUE ES? ¿QUÉ SIGNIFICA?
Boleta única ¿Una solución mágica?


Pese a los anuncios de la oposición, el sistema propuesto genera dudas entre algunos especialistas. Preocupación por la utilización de celulares para generar un voto cantado.

Por Pablo Winokur


Improvisación y soluciones mágicas. Esas parecen ser las dos expresiones que sintetizan la actitud de la mayoría de los dirigentes, organizaciones y periodistas frente a la tan mentada reforma política. Existe una percepción de que cambiando dos o tres leyes electorales se genera una reforma política y que eso redundará en un beneficio directo en todo el sistema institucional argentino. Luego, la realidad demuestra que esto no es tan así.


Durante años se habló de que la solución a todos los problemas argentinos era generar internas abiertas y simultáneas, como en Estados Unidos. Cuando se instituyeron en 2002, pocos partidos llegaron a implementarlas y, en general, terminaron en escándalo. El sistema no se aplicaba al esquema de partidos argentino y hubo que derogar la ley. Durante años se habló de la eliminación de las listas sábanas. Pero pocas veces se comenta que provincias como Santa Cruz, San Juan o La Rioja las han eliminado y eso generó un mal mayor: la oposición y las minorías casi no tienen representación en sus respectivas legislaturas. También se habla de las ventajas del voto electrónico, pero se desconoce que el sistema fracasó en la mayoría de países del mundo, y que incluso en Estados Unidos analizan volver a la tradicional papeleta.


Hoy, el nuevo caballito de batalla de la oposición, medios y ONGs es la boleta única. La idea es reemplazar las cientos de listas con cada candidato en el cuarto oscuro y reemplazarlo por una única boleta que tenga todos los nombres, de todos los candidatos. El elector tildaría su voto sobre uno de ellos, lo guardaría en un sobre y emitiría su sufragio.
Esto evitaría el robo de boletas y el voto en cadena. Además reduciría el peso de los fiscales a la hora de controlar una elección, lo cual beneficia a los partidos más pequeños.
Hasta aquí las ventajas del sistema. Pero no todo lo que reluce es oro. Cabe aclarar que las siguientes líneas no intentan desacreditar la idea de las boletas únicas, sino aclarar que no es una solución mágica y que seguramente conllevarán problemas.


Todas las voces, todas

El único proyecto oficialmente presentado hasta el cierre de esta edición es el del senador Samuel Cabanchik, que ofrece algunas alternativas válidas. La pregunta es si serán o no verdaderamente aplicables.


El tema generó una infinidad de percepciones. Desde el oficialismo el primero en hablar fue el ministro de Justicia, Aníbal Fernández quien aseguró que la BU tendría el tamaño de “la bandera nacional de ceremonia de una escuela” y consideró que la oposición “curra” con este tema. “Si hiciéramos esto que quieren hacer de una boleta única donde todas estuvieran incluidas, la boleta tendría más o menos el tamaño de la bandera nacional de ceremonia de una escuela, algo así como 1,50 por 1,20”, dijo.


El titular de la Cámara baja, Eduardo Fellner también se mostró contrario a la idea "La oposición lo quiere hacer aparecer como una panacea cuando en realidad es imposible llevarlo a la práctica. Es una propuesta ridícula porque eso significa que en una sola boleta se ubiquen todas las boletas que se pueden ver en el cuarto oscuro, eso es imposible".


Sin embargo, dentro del oficialismo también ha habido voces disidentes, que se muestran a favor de un cambio de sistema. Por ejemplo, el hombre de Movimientos Libres del Sur, Humberto Tumini, quien aseguró que es “una excelente idea”. “El dinero para imprimir las boletas, que la ley determina, es entregado sistemáticamente fuera de los tiempos adecuados a los partidos, y debe correr por cuenta de estos el costo de la impresión de las mismas. Como es sabido, no todos los partidos cuentan con los mismos recursos para ello”, dijo. “Por cierto no desconocerá además el Ministro que prácticamente nunca se suspende la votación si en una mesa no hay boletas de algún partido participante del comicio”.

Por supuesto, todo el arco opositor salió a respaldar la medida. Desde Federico Pinedo, Oscar Aguad y Adrián Pérez (PRO, UCR y CC, respectivamente) hasta otros miembros de sus partidos.

También en la provincia de Buenos Aires, legisladores opositores reclamaron la medida. Cabe recordar que fue allí donde se sufrió principalmente el problema de las “colectoras”, en las que varios candidatos a intendente (por ejemplo), llevaban el nombre de Cristina Kirchner como presidenta y eso traccionaba votos a su favor. “El objetivo es evitar la listas colectoras –que tuvieron su auge en la última elección-, para fortalecer el debate de ideas dentro de los partidos políticos y evitar que estos diriman sus internas en la elección general”, aseguró el legislador platense, Mor Roig, quien además es miembro de las mesas de conducción provincial y nacional de la CC.


El legislador del PRO, Christian Gribaudo también habló a favor del tema. “Con la boleta única estamos planteando por ejemplo la eliminación de las famosas listas colectoras. Hemos visto en los últimos procesos electorales las consecuencias del abuso de esta práctica que sólo provoca confusión en los electores y serios trastornos en el acto comicial, que atenta directamente contra la libre elección de los ciudadanos”, dijo y reclamó además hacer una discusión de reforma política más profunda.

Contras

Pero no todo es color de rosas. El primer gran inconveniente que suscita la Boleta Unica (en adelante, BU) es que sucederá en el elecciones en las que existe la denominada lista sábana vertical: por ejemplo, la lista de diputados de la provincia de Buenos Aires. ¿Se debe incluir la lista de todos los candidatos de cada partido o sólo los primeros? Si se ponen todos los candidatos, de todos los partidos la lista sería gigantesca y, por lo tanto, el sistema inaplicable. Si se excluyen ciertos nombres, sería injusto porque el elector carecería de toda la información a la hora de emitir su sufragio.


La oposición, pareció encontrar una solución. La BU sólo llevará el logo del partido y los nombres de los tres primeros candidatos, pero en el cuarto oscuro habrá afiches gigantes con todos los nombres de todos los postulantes de cada lista. ¿Pero no terminaría esto confundiendo aún más al ya muy confundido votante? ¿Qué pasaría además si alguien rompe los carteles de algún partido? ¿Quién lo repondría?

Por supuesto, este problema es sólo para elecciones de diputados. Pero aquí no terminan los problemas, porque en varios puntos los proyectos existentes no quedan del todo claro.
¿Quién entregaría á la BU al elector? ¿El presidente de mesa antes de ingresar al cuarto oscuro o el correo en el domicilio del elector?


Esto último podría generar un complejo problema de logística, así que se deduce que será el presidente de mesa. En ambos esquemas, no habría nada que imposibilite –como por allí se dice- el denominado “voto en cadena”. Simplemente el votante debería entregarle a un puntero político una BU sin marcar, éste le daría a cambio su recompensa y le entregaría al próximo votante la BU marcada con el voto impuesto.


Aquí entra otro cuestionamiento. ¿Cómo se tiladará a qué partido votar? ¿Será con lápiz o con tinta indeleble? El sentido común indica lo segundo; con el lápiz será fácil que cualquiera cambie el sufragio y por ende el resultado. Sin embargo, eso también se puede hacer hoy haciendo desaparecer algunos votos que estén en las urnas. El problema si se hace con marcador indeleble o birome es que por un lado no evitaría el tan criticado voto en cadena. El segundo punto es que hoy sería muy sencillo obligar al elector a ingresar al cuarto oscuro con un celular diminuto y hacerlo sacar una foto de su boleta marcada, que además será inmodificable (porque es marcador indeleble).


Otro inconveniente formal, que de todos modos existe hoy también con el sistema actual es cómo se determinará el orden de los sellos partidarios en la boleta. Estar en los primeros lugares otorgaría mucha más visibilidad, lo cual significaría una leve ventaja para aquellos.
Por último, habría que pensar qué se haría en casos de elecciones en que se vota para varias categorías de cargos. ¿Habría una boleta única kilométrica, varias boletas, varias urnas…?
Estos son sólo algunos interrogantes. Está claro que todos ellos son solucionables. Pero demuestra que una reforma de estas características no se puede dar en el marco de improvisaciones, sino que debe ser hecha de manera seria y en base al consenso entre las distintas agrupaciones políticas. Y probablemente, sería mejor pensarlas en un año no electoral.

El debate por el voto electrónico

Otro de los puntos sobre los que se suele hablar cuando se reclama la reforma política es el voto electrónico. Se dice que es muy sencillo, que la gente votaría por computadora y que los resultados estarían en pocos minutos.

Sin embargo, los expertos que han estudiado el tema lo miran con recelo. ¿Por qué? Por empezar porque es mucho más complicado fiscalizar la transparencia del comicio. ¿Quién se haría cargo de evaluar que las computadoras no estén hackeadas? ¿Cómo se controlaría que los datos lleguen correctamente a destino para su recopilación? ¿Habría o no una forma “testigo” de controlar que efectivamente los votos se hayan emitido de manera correcta? ¿Qué pasará con los analfabetos digitales que no saben usar una computadora?

En la mayoría de países en que se usa el voto electrónico hay disconformidad. Algunos incluso han tenido que retomar la votación tradicional. Incluso en Estados Unidos se analiza volver al viejo sistema. Una de las pocas experiencias exitosas al respecto, es Brasil.


¿Por qué funcionaría bien en la Argentina? Esto no implica desestimar la herramienta. Pero debe ser aplicada de manera cuidadosa, para no empañar una elección.


“Cómo garantizar la seguridad en todo lo que es el proceso previo a la jornada electoral, con instancias clave que tienen que ver con la auditoría del software y la inseminación del software en cada una de las urnas electorales. El proceso de fiscalización electoral previo a la jornada electoral creo que es una de las cuestiones que hoy más se critica, en las cuales entonces hay que poner el acento”, explica María Inés Tula, autora del libro “Voto electrónico, entre votos y máquinas”.

Antecedentes

La implementación de la boleta única no sería original. "En Córdoba ya se ha aprobado la reforma y se ha introducido la boleta única. Este sistema lo implementó Australia en 1856, Nueva York en 1898, y hoy, en el año 2009, todos los países de América Latina, con excepción de Brasil, que ya tiene voto electrónico, y de Uruguay, que tiene un sistema de Ley de Lemas, tienen incorporado el tema de la boleta única", explicó Daniel Zovatto, director del Instituto para Desarrollo de la Democracia y Sistema Electoral. También en Alemania existe una boleta similar.


En la provincia de Córdoba se aprobó el 4 de diciembre pasado una reforma similar a la que ahora se propone. Así dice la redacción de la ley: "Boleta única. Será la herramienta de votación. Reemplazará a la boleta partidaria que imprime cada agrupación política. La boleta única será impresa por la Justicia Electoral y entregada a cada elector, el día de la votación, por el presidente de mesa. Es una papeleta de proporciones similares a una hoja A3, que presenta a todos los candidatos de todos los partidos que participan en los comicios. Tendrá un casillero en blanco al lado de cada postulante para que el elector pueda marcar con una lapicera al que prefiere. Las dimensiones finales y el diseño general quedarán a criterio de la Justicia Electoral."


MODELO DE BOLETA ÚNICA UTILIZADA EN ELECCIONES A GOBERNADOR POR LA PROVINCIA DE SANTA FE:




Fuente: El Parlamentario

http://www.carrerasytrabajos.com.ar/elecciones/boletaunica-elleciones-2011-argentina.html

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Leuco entrevista Randazzo

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El país / Edición Impresa
GERARDO SCHERLIS, ESPECIALISTA DE LA UBA EN TEMAS ELECTORALES
“La boleta única sería un avance”


Es una voz estrictamente académica, ajena a los intereses que suelen guiar al
oficialismo y la oposición. Valora una eventual reforma pero advierte que no borra
la posibilidad de fraude. La diferencia entre sábanas, vertical y horizontal.

24-02-2009.


¿La boleta única oficial por cargo electivo elimina los problemas electorales? No. Ni siquiera extirpa
el peligro del fraude electoral. Pero contribuiría a limitar algunas (“sólo algunas”) de las formas más
grotescas del clientelismo. No mejorará sustancialmente el funcionamiento del sistema, pero es
mejor que el modelo actual, que además es “una rareza en el derecho electoral comparado a favor
del cual cuesta encontrar algún argumento sustancial, más allá de que estamos acostumbrados a
él”. En rigor, la Argentina constituye el único caso en toda América Latina en el que cada partido
presenta una boleta individual. Todas estas conclusiones pertenecen al especialista en ciencias
políticas Gerardo Scherlis (UBA, actualmente doctorando en la Universidad de Leiden, Holanda),
autor de numerosos trabajos sobre cuestiones electorales, quien también advierte sobre la
verdadera “lista sábana”, que es horizontal, como la cama que nos hacen con ella.

“Es un avance en relación con el método actual de boleta por partido. La boleta única para cada
cargo electivo diseñada, impresa y distribuida por la autoridad estatal pondría fin a la práctica de
sustraer boletas del cuarto oscuro. Es difícil establecer la real dimensión de este problema, pero
aunque el porcentaje de votos afectados fuera ínfimo, el problema existe”, explica Scherlis en
diálogo con Crítica de la Argentina.
–Usted suele advertir que la llamada lista sábana vertical no es un verdadero problema.
¿Podría explicarlo?
–Que sea o no un problema depende de qué se pretenda del sistema electoral. Es difícil
compatibilizar la representación proporcional con un sistema en el que el votante no elija a un
conjunto de varios candidatos reunidos en una lista. En teoría, los partidos cumplen precisamente la
función de agrupar candidatos que, uno puede suponer, trabajarán en forma conjunta y votarán en el
Congreso de modo similar. Es cierto que la gente quiere votar personas, y el proceso de
personalización de la política es un fenómeno global. Pero aun así, los partidos suelen cumplir ese
rol. Por eso, en Madrid o Barcelona a nadie le parece nada mal que se voten listas de más de 30
diputados, o en el distrito de San José de Costa Rica 21, o en Holanda 150 con todo el país como
distrito único, etc. Uno vota al partido –o al líder del partido– con la intención de que ese partido
consiga la mayor cantidad de bancas para tener más peso en el Parlamento. El problema aquí
parece ser justamente el inverso. En las elecciones para cargos nacionales la llamada sábana existe
sólo en los cuatro o cinco distritos más grandes y sólo para elegir diputados. La mayoría de las
provincias elige, cada dos años, dos, tres o cuatro diputados. Allí no hay lista sábana; en cambio lo
que hay es un sesgo mayoritario que deja sin posibilidades a partidos que obtienen hasta un 20 por
ciento de los votos. Desde ya, tampoco hay ni podría haber lista sábana para senadores (se eligen
tres por provincia). Ello por un lado nos permite comparar si, efectivamente, el problema de la
representación se acentúa cuando se eligen más representantes en una lista. Yo diría que no. Pero,
en todo caso, ¿el problema está en elegir a varios representantes bajo una misma lista o tiene que
ver con la ausencia de partidos de cuyos representantes pueda esperarse que mantengan una
posición relativamente coherente y consistente con ciertos valores y principios de políticas públicas
más o menos permanente? Mi opinión es que el problema no está tanto en la lista la lista cerrada y
bloqueada (o sábana) sino en los partidos que compiten.

DE SÁBANAS Y CAMAS. Scherlis explica que la verdadera lista sábana es la que no obtiene la
atención que merece. No es vertical sino horizontal: es aquella por la cual se juntan elecciones de
muchos cargos diferentes –incluyendo cargos nacionales, provinciales y municipales– en una misma
boleta. Así, el ciudadano puede encontrarse en una misma boleta con candidatos a presidente y
vice, senadores nacionales, diputados nacionales, gobernador y vicegobernador provincial,
senadores provinciales, diputados provinciales, intendente y concejales municipales o consejeros
escolares. En una punta puede llevar a Kirchner de presidente y en la otra al monstruo de Frankenstein a intendente, con lo cual este último aumenta sus chances de ser elegido. Sí, se puede
cortar boleta; pero eso requiere una información no siempre al alcance del elector. El voto se
desnaturaliza si el objetivo de juntar todos los cargos es lograr el “efecto arrastre” de un candidato
hacia los otros.
–¿Se soluciona con la boleta única o requiere otras disposiciones?
–Es bueno que el elector pueda diferenciar claramente el cargo a elegir, lo cual podría
perfectamente hacerse con el sistema de boleta única. También se puede optar por separar las
fechas de elecciones, como hacen algunas constituciones provinciales. Pero con fechas fijadas de
antemano en la ley) y no sujetas a la discreción de cada gobernador.

http://criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=20420



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Viernes, 26 de agosto de 2011 | Hoy
EL PAIS › DIFICULTADES DE UN CAMBIO
No hay panaceas


Por Raúl Kollmann

Los jueces electorales consideran imposible instrumentar el sistema de boleta única para las elecciones de octubre, aunque la Cámara Nacional Electoral (CNE) ya hizo pública su postura de que el sistema electoral argentino se tiene que amoldar a los nuevos tiempos. Los jueces sostienen que debe tenerse en cuenta que ya al final de la próxima semana, todos los partidos deberán oficializar sus candidatos –faltarán 50 días para la elección– y, tal como se lo señaló un magistrado a este diario, “un cambio como el establecimiento de la boleta única requiere de una largo y profundo proceso de educación y explicación al ciudadano”.

Las dos experiencias recientes, Santa Fe y Córdoba, demuestran que cambiar el sistema electoral no es fácil. Por ejemplo, en Santa Fe hubo que computar 151.527 votos en blanco, el 8,13 por ciento, porque la gente no marcó candidatos en distintas categorías. Además, hubo 148.320 votos nulos, correspondientes a ciudadanos que marcaron más de un candidato por categoría. En total, entonces, hubo casi 17 por ciento de votos equivocados con el nuevo sistema.

En Córdoba ocurrió lo mismo. Se computaron 18,67 por ciento de votos en blanco, producto de que los ciudadanos no marcaron su voto a diputados, a lo que se sumó un dos por ciento de voto nulo, un porcentaje ya más habitual. Lo cierto es que 337.000 votantes cordobeses se equivocaron.

“Piense usted que en esos dos distritos hubo un largo proceso de explicación –insistió ante este diario un juez electoral–. Cuando se establezca la boleta única en todo el país, significa que habrá que explicarlo no sólo en las grandes ciudades sino en los montes y en el interior profundo. Indudablemente eso no se puede hacer este año. Al mismo tiempo, hay que establecer un sistema distinto del actual, porque no podemos seguir imprimiendo y distribuyendo millones de boletas.”

El ministro Randazzo y el secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina, ya hicieron públicas sus dudas respecto del sistema de boleta única. Por un lado, creen que la tarea militante-partidaria de distribuir boletas, de convencer al vecino con la boleta en la mano, constituye una movilización positiva. Pero, además, el sistema ha planteado problemas de gobernabilidad por la facilidad que brinda para hacer lo equivalente a un corte de boleta. Eso es lo que ocurrió en Santa Fe, donde el gobernador electo, el socialista Antonio Bonfatti, tendrá que gobernar su provincia con las dos Cámaras legislativas con mayoría del Frente para la Victoria que, con María Eugenia Bielsa a la cabeza, ganó en esa categoría.

Otra objeción no menor es que los partidos seguirán necesitando de fiscales y tal vez más que ahora. Si un ciudadano marca un candidato, resulta muy fácil anular su voto, marcándole en la boleta a otro candidato más. De manera que el ciudadano aparece votando a dos candidatos distintos y el voto, por lo tanto, es nulo.

En el mundo, el voto electrónico está retrocediendo, por las pocas garantías de control para los ciudadanos. Por ejemplo, la Corte Suprema de Alemania declaró inconstitucional el voto electrónico. Lo que sigue primando es el mecanismo de la boleta y en ese terreno hay naciones en las que rige la boleta única y en otras como Francia, España, Uruguay, Israel se utiliza el mismo que en la Argentina. El argumento de que roban las boletas ha perdido bastante peso, aunque se lo siga exhibiendo mediáticamente: ni en 2007 ni en 2011 se presentó una sola denuncia por robo o falta de boletas. La CNE proveyó este año, a cada escuela, de una bolsa de boletas adicionales de todos los partidos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-175359-2011-08-26.html

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