Lo que circula por los medios

17 de diciembre de 2011

Papel Prensa:Debate de la Ley de Papel para Diarios + Fontevecchia de revendedores y beneficios personales


Papel Prensa: Agustin Rossi cierra el Debate de la Ley de Papel para Diarios 

 


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12/12/2011


LIBERTAD DE EXPRESIÓN PARA TODOS 
Papel prensa: Diarios cooperativos apoyan iniciativa oficial

Las Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina (Fadiccra), expresó este lunes su adhesión a la iniciativa del Gobierno Nacional de declarar de interés público la producción de papel para la prensa gráfica.

Mediante un comunicado difundido este lunes, Fadiccra manifestó su beneplácito ante “la posibilidad de dar un paso importantísimo para garantizar la libertad de expresión, como lo es el proyecto de ley de declaración de utilidad pública de la producción del papel para diarios”.

El comunicado completo

Fadiccra reafirma la postura a favor de la iniciativa que ya fuera explicitada por representantes de las cooperativas que la integran en diversos foros, entre los que se cuentan las audiencias públicas a las que convocara el Congreso de la Nación en el año 2010. Allí se expresó que los diarios cooperativos sufren en carne propia los efectos del monopolio ejercido por la empresa Papel Prensa, controlada mayoritariamente por los diarios Clarín y La Nación.

Las dificultades para acceder a la producción de Papel Prensa y el encarecimiento permanente de los costos son un calvario permanente que condiciona el desarrollo de los diarios cooperativos, igual que el de otras miles de publicaciones en todo el país, lo que supone un fuerte condicionamiento a la pluralidad de voces en la prensa gráfica, condición fundamental para el cumplimiento de los derechos a la libertad de expresión y el acceso a la información del conjunto de la población.

Fadiccra insta a los legisladores nacionales y a los distintos sectores políticos y sociales de la Argentina a no olvidar que el hecho que más atenta contra la libertad de imprenta consagrada constitucionalmente es el manejo arbitrario del principal insumo de la industria del sector, el papel, por parte de dos empresas que desde los oscuros años de la dictadura militar regulan el mercado de acuerdo con sus intereses, lo que va en desmedro de la democracia y la institucionalidad, que necesitan garantías de igualdad de oportunidades y amplitud en el ámbito de la prensa y la comunicación.

La aprobación de la declaración de utilidad pública del papel para diarios confirmaría el camino de apertura y libertad iniciado con la ley de medios audiovisuales, cuya plena vigencia también se reclama desde Fadiccra.

http://redaccionrosario.com.ar/noticias/node/15273 


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Diarios cooperativos piden acceso al papel 

DESTACADAS, EL PAÍS — FEBRERO 9, 2011 A LAS 13:00 

 “Garantizar papel para diarios con precio y condiciones de comercialización accesible para todas las publicaciones gráficas del país es una necesidad que consideramos urgente; y estamos trabajando para poder dar una respuesta positiva desde nuestra Cámara cuanto antes”, dijo el presidente del bloque de diputados nacionales del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, que aceptó un reciente pedido de audiencia de la Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina (Fadiccra).

En principio, el encuentro de Rossi con los representantes de Fadiccra –entidad en la que el diario La Posta del Noroeste ejerce la vicepresidencia- estaba previsto para el pasado miércoles 2 de febrero, pero debió posponerse por cuestiones de agenda. “Estamos buscando una nueva fecha, confirmó Rossi. Vamos a recibir a los editores de los diarios cooperativos porque nos han manifestado su temor a que se demore el tratamiento del proyecto que busca garantizar la provisión de papel para todos, que ya tiene despacho de comisión”, indicó luego el titular del bloque kirchnerista de la Cámara baja.

“Son muchos los editores de diarios, cooperativos y también privados, que han remarcado que se trata de garantizar la pluralidad de voces y la libertad de expresión, que se ven afectadas si se dificulta el acceso a un insumo tan básico para la actividad como es el papel”, dijo también Rossi, consultado por el diario digital Redacción Rosario, que edita la cooperativa de trabajo La Masa, integrante de la federación de los diarios cooperativos.

Desde Fadiccra se anunció que el encuentro con el presidente del bloque del Frente para la Victoria es el primero de una serie de reuniones similares que la organización pretende sostener con los titulares de las distintas bancadas, para solicitar el rápido tratamiento y aprobación del proyecto de ley que declara de interés público la producción, distribución y comercialización de papel de diario y pasta de celulosa. Repudio a la política comercial

A comienzos de este año, Fadiccra emitió un comunicado mediante el cual expresaba su rechazo a la decisión de los accionistas privados de Papel Prensa SA. –la empresa que monopoliza el mercado nacional de papel para diarios- de restaurar un esquema de precios diferenciados. 

“Rechazamos enérgicamente este paso atrás en la libertad de expresión y la lucha por la democratización de la información. La deslealtad competitiva y el desabastecimiento de papel para diarios hace irrealizable la libertad de expresión”, advirtió Juan Diego Turraca, presidente de Fadiccra.

En este sentido, el dirigente amplió: “Esta embestida contra los diarios del interior no hace más que confirmar dos cuestiones que veníamos denunciando desde siempre.

Por un lado, demuestra el grado de impunidad con el que los accionistas privados de Papel Prensa (Clarín y La Nación) se manejaron todo este tiempo. La decisión del Directorio se tomó en ausencia de los representantes del Estado y desconoce la Resolución 1/2010 del Gobierno nacional”.

 Y agregó: “Por otro lado, demuestra que teníamos razón cuando denunciábamos que Clarín y La Nación se beneficiaban con la diferenciación de precios, abasteciéndose de papel a un precio muy por debajo de lo que pagan los diarios del interior”. 

http://www.lapostadelnoroeste.com.ar/2011/02/09/diarios-cooperativos-piden-acceso-al-papel/


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+ Fontevecchia de revendedores y beneficios personales  
Fontevecchia  habla mirandose el ombligo

Lecutra d eFontevecchioa cargada de una visión "ombliguista", es decir  desde ujna mirada que contempla solo susu intereses personales. ¿Una ley puede analizarse solo desde el beneficio persoal y decir que ese análisis es objetivo?


Mienten con Papel Prensa Por Jorge Fontevecchia
16/12/11 - 11:43

Mienten con Papel Prensa
TV K: me muestra como mascota de Magnetto.


Desde que el Gobierno se enfrentó a Clarín, varias veces sentí el abrazo del oso de los kirchneristas tratando de sumarme o usarme para sus intereses. Frustrados por el rechazo y reavivados esta semana por Papel Prensa, desde la televisión oficialista me acusan de ser “esbirro (persona pagada por otro para actuar violentamente en su lugar) de Magnetto”, y desde los diarios oficialistas, de padecer síndrome de Estocolmo por ser víctima del abuso de posición dominante de Clarín y La Nación y defenderlos. 


El propio jefe de la bancada de diputados del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, en su argumentación a favor de la aprobación de la ley que declara de interés nacional la fabricación de papel para diarios, citó las críticas que fui formulando sobre Clarín.


Es cierto que Perfil padece la fuerte competencia de Clarín y La Nación más que ninguna otra editorial del país. A comienzos de este año, el mismo día que esta empresa lanzaba el diario popular Libre, Clarín lanzó otro similar llamado Muy, algo inédito en la historia de los diarios del mundo. Y con la advertencia de que si Libre costaba más barato Clarín también bajaría el precio de sus diarios, el sistema de distribución no permitió que Libre se vendiera a la mitad del precio de los otros diarios, como es lo normal en diarios populares de todo el planeta. 


Pero casi en la misma fecha La Nación sí pudo lanzar una competencia directa de la revista Caras, de Editorial Perfil, con un precio significativamente menor. 
Esto sólo por contar los conflictos de este año.


Pero el dolor que dejan los golpes en las batallas no puede alterar la percepción de la realidad. Personalmente, sigo juzgando inadecuada la intervención del Gobierno sobre Papel Prensa, lo que no quiere decir que Clarín y La Nación no merezcan críticas por Papel Prensa. Trataré de ser lo más equitativo posible con ambas partes en pugna.


Clarín y La Nación sostienen que hoy (en el pasado no era así) no se le produce ningún perjuicio a quien no tenga cupo para comprar papel de Papel Prensa y deba buscar papel de otra procedencia, porque el precio del papel importado es de US$ 680 la tonelada cuando el de Papel Prensa es de 753. Siguiendo la escuela del Gobierno, todos mienten a medias.




A US$ 680 la tonelada sólo pueden comprar Clarín, La Nación y Perfil, los tres mayores importadores de papel del país, porque para conseguir ese precio es necesario hacer una compra de 5 mil toneladas juntas y pagar al contado US$ 3,5 millones. Además, tener depósitos para almacenar dos meses de stock. 


La mayoría de los diarios, y ni qué hablar los diarios pequeños del interior a los que no les vende Papel Prensa, deben comprar de a diez toneladas a un revendedor local, un mayorista que compra para fraccionar y revender (la diferencia entre el Mercado de Liniers y la carnicería) y pagar desde el 20% más caro.




Pero miente más el Gobierno cuando dice que al declarar de interés público la fabricación de papel beneficiará a todos los excluidos de Papel Prensa. El Gobierno declara que su plan es aumentar el capital de Papel Prensa con inversiones que permitan producir 30% más de papel: hoy fabrica 175 mil toneladas y el consumo de todos los diarios del país es 225 mil. 


El objetivo supuesto es que las 50 mil toneladas de papel que hoy se importan se fabriquen en el país. Si así fuera, Editorial Perfil, que sí puede comprar su papel importado a US$ 680 dólares la tonelada, podría estar obligada a comprárselo a Papel Prensa a 753. ¿Cómo obligarían a Perfil a comprar su papel en Papel Prensa? Prohibiendo la importación de papel o colocándole un arancel a la importación de forma que el papel importado cueste más caro que el nacional. En cualquiera de los casos, ningún beneficio.




¿Por qué Clarín y La Nación no hicieron las inversiones necesarias que el Gobierno demanda para abastecer todo el consumo argentino?


Primero, porque no tienen el poder del Estado para garantizarse que todos los diarios estén obligados a comprarle a Papel Prensa. Perfil, más varios de los revendedores que compran grandes cantidades para fraccionar, preferirían seguir comprando papel importado que hoy se puede conseguir 10% más barato.


Segundo, porque no ganarían nada si Papel Prensa produjera todo el papel que Clarín y La Nación precisan más el de todos los diarios que deseen comprarle. 




Tendrían que invertir en una actividad que no da ganancia y que hoy (reitero, en el pasado fue distinto) les cuesta más barato importar lo que les falta para completar su consumo.


Clarín y La Nación se abastecen en el 90% de Papel Prensa e importan alrededor del 10% de su consumo. Así, la empresa puede justificar ante los diarios pequeños por qué no tienen más cupo para venderle, siendo que hasta sus propios accionistas deben importar papel.




¿Y, entonces, para qué Clarín y La Nación tienen Papel Prensa si ya no les trae ningún beneficio? Hay dos respuestas: en el pasado sí les trajo muchos beneficios. Y la respuesta actual sería que si la Argentina tuviera seguridad jurídica, Clarín y La Nación ya deberían haber vendido Papel Prensa como sí lo hicieron los diarios O Globo y O Estado de São Paulo, que eran dueños de la equivalente a Papel Prensa de Brasil. La fábrica se llama Pisa y hace diez años la vendieron a la multinacional noruega del papel Norske, que también es dueña de una de las dos empresas de Chile que fabrican papel para diarios: Bio-Bio. En Chile hay otra empresa similar que se llama Inforsa.
De las cuatro fábricas de papel en Sudamérica (dos en Chile, una en la Argentina y otra en Brasil), Norske es la única que actúa en dos países –Brasil y Chile– y hace algunos años quiso entrar a la Argentina ofreciéndole a La Nación y Clarín (fueron explorados en ese orden) comprar Papel Prensa. El precio que propusieron equivalía al 120% de las ventas. En 2003, Papel Prensa producía 150 mil toneladas y el precio por tonelada entonces era de US$ 500, lo que daba un valor total para el 100% de la empresa de US$ 90 millones. Hoy, con 175 mil toneladas de fabricación y US$ 753 dólares por cada una, el valor del 100% de Papel Prensa sería US$ 158 millones. La Nación recibiría por su 22,5% de las acciones alrededor de US$ 35 millones y Clarín por su 49%, alrededor de 77 millones.


Pero no venden por la falta de seguridad jurídica, algo que no padecen Brasil y Chile, donde a diferencia de la Argentina no existen mayorías legislativas aplastantes que pueden cambiar las leyes de importación o funcionarios con el poder de Moreno para imponer trabas a la importación de todo tipo o a la adquisición de divisas. 


Tampoco existe en Brasil y Chile la volatilidad cambiaria que hubo en la Argentina y tener una fábrica de papel con costos y precios de venta en pesos, que abastezca sin necesidad de pedido de permisos de importación, resulta un seguro que no necesita ningún diario brasileño o chileno.


Actualmente, el papel se importa con licencia automática, es decir, sin tener que esperar autorización del Estado, pero si esto fuera modificado y/o se colocaran gravámenes que encarecieran la importación de papel, allí se estaría produciendo la paradoja de que “papel para todos” sea papel preferentemente para los amigos.




Entre las voces de la oposición que se escucharon en el Congreso, la frase más lograda fue la de Eduardo Amadeo, quien dijo: “La verdadera intención del oficialismo es declarar de interés público (no al papel sino) al libre pensamiento para que pueda ser objeto de control de Estado”.


Mañana PERFIL publicará una excelente columna de Jorge Lanata, donde recorre la historia del peronismo con el papel, los diarios y el periodismo, y empíricamente se comprueba que cuando se declaró de interés público el papel fue para quitarlo de la esfera privada y darle el control arbitrario al Estado.


La falacia kirchnerista está muy bien construida: ¿quién se puede oponer a que todo el mundo tenga al mismo precio todo el papel nacional que quiera, y todos, amigos y no amigos, en las mismas condiciones? 


Nadie mientras no sea ésa la única alternativa y se pueda comprar libremente y sin encarecimientos papel importado. De lo contrario, el fin declamado termina siendo el opuesto al logrado.




Otra garantía jurídica que se debe cumplir será el justo resarcimiento a Clarín y La Nación por los cambios de condiciones. Si el Estado piensa aumentar el capital de Papel Prensa para producir más pero, también, para dejar en minoría accionaria a estos dos diarios, debería preguntarles si desean continuar siendo socios de la empresa en estas nuevas condiciones y, en el caso de que prefirieran dejar de ser socios, que se los indemnice comprando sus acciones al valor que podrían haberlas vendido en el mercado.




Aquí aparece la otra paradoja de esta construcción: si Clarín y La Nación dejaran de ser dueños de Papel Prensa, que es lo que correspondería si el Estado los indemnizara, ¿para qué Clarín y La Nación querrían comprarle el papel a Papel Prensa y no comprar en su lugar papel importado, que cuesta 10% menos? 


Y en ese caso Papel Prensa quebraría, porque hoy Clarín y La Nación compran el 74% de todo el papel que se fabrica allí. No tendrían a quién vendérselo y mucho menos si invierten en ampliar la fábrica para que produzca un 30% más. En esa hipótesis, Papel Prensa pasaría a fabricar 225 mil toneladas por año y solamente tendría compradores por alrededor de 70 mil.




Claro, siempre y cuando no prohíban la importación. Todo indica que para que se cumplan los propósitos de la nueva ley el Gobierno prohibiría o limitaría drásticamente la importación, en cuyo caso el remedio sería peor que la enfermedad. He escuchado a tanta gente opinar sin conocer y, manipulada por las usinas del Gobierno, con buena intención creer que es bueno aquello que puede ser malo porque carecen de la información completa, que es compleja y requiere un conocimiento técnico profundo.




Por último, para ser justos, deseo criticar a Clarín. Cuando dice que el Gobierno hará con el papel lo mismo que hizo con la publicidad oficial, esto es, repartirlo entre amigos y castigar a adversarios, sería justo decir que también Clarín hizo eso con el papel de Papel Prensa: mientras el papel nacional fue más barato que el importado, Editorial Perfil no tuvo acceso a comprar en Papel Prensa. Y lo mismo se podría decir de la publicidad: el diario PERFIL no puede contar con los avisos de grandes vendedores de electrodomésticos porque Clarín tiene contratos de exclusividad que expresamente penalizan a esos anunciantes por publicar en medios competidores.




O sea, el Gobierno y Clarín se comportaron igual tanto con la publicidad como, se supone ahora lo harán, con el papel. Pero siempre serán más graves malas prácticas en el Estado que en cualquier privado, tenga el tamaño que fuere, como bien quedó demostrado en la última dictadura.

http://www.perfil.com/ediciones/2011/12/edicion_635/contenidos/noticia_0021.html 


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DE ¿QUIEN EXAGERA CON EL PAPEL? - Sep 04




columnistas
Papel Prensa

Por Jorge Fontevecchia | 28.08.2010 | 22:47


Al revés. Todas las materias primas, hasta la madera, duplicaron en promedio su precio la última década. Pero el papel es la única commodity que bajó.

Editorial Perfil es la mayor importadora de papel de diario de la Argentina. No sólo utiliza ese insumo para su propio diario, sino para algunas de sus revistas y varios diarios de terceros que imprime con papel incluido. También Editorial Perfil fue la más perjudicada cuando el precio de Papel Prensa era más barato que el importado y tuvo siempre que importar todo su consumo porque no le vendían papel nacional.

Pero a pesar de haber padecido Perfil –quizá más que ninguna otra empresa– la ventaja competitiva de Clarín y La Nación en Papel Prensa, prefiero que el Estado no intervenga. Me sentiría más incómodo con regulaciones gubernamentales al mercado de papel que con el eventual abuso de posición dominante que pudieran ejercer en el futuro Clarín y La Nación.

Es que el Gobierno atrasa, llega tarde y tiene una mirada anacrónica sobre el tema del papel. Hace veinte años, tener o no tener acceso al papel que producía Papel Prensa era determinante, porque diferencias de precio del 30% al 50% respecto del papel importado hacían casi inviable cualquier competencia. Pero en la última década hubo cambios sustanciales. Mientras el cobre, la soja, el petróleo, hasta la madera y todas las materias primas, duplicaron en promedio su precio en diez años, el papel es la única commodity que cuesta menos.

No es muy difícil adivinar por qué: las ventas de diarios en todo el mundo se redujeron un tercio y las fábricas de papel tienen exceso de capacidad ociosa. Se están cerrando plantas de papel de diario en distintos países porque pasaron a perder dinero.

Hace veinte años, el 90% del papel de diario importado se traía en barcos desde Finlandia, que tardaban casi un mes en llegar, y había que contar con un stock de varios meses porque cada tanto surgían problemas logísticos en la provisión, lo que obligaba a las editoriales a contar con grandes depósitos y enormes recursos financieros para anticipar casi medio año su principal materia prima. Hoy se sigue importando papel de diario desde el hemisferio norte (ya no mayoritariamente de Finlandia o Canadá sino de Rusia, China y decenas de países), pero cada vez menos porque, a menudo, resulta más económico y eficiente traerlo de países limítrofes, especialmente de Chile, donde llega por camión a Buenos Aires en cuatro días.

Antes se fabricaba papel con árboles de países muy fríos; avances en los sistemas de producción hicieron posible hacerlo con madera de árboles de zonas cálidas. Y para completar el cambio tecnológico, antes se colocaban las fábricas de papel en lugares cercanos a plantaciones de árboles, pero en el hemisferio norte se están ubicando fábricas de papel de diario cerca de ciudades donde se editan los principales diarios, porque la materia prima ya no es la madera sino el propio papel de los diarios leídos que se recicla de la basura.

Esto no quiere decir que Clarín y La Nación no continúen obteniendo beneficios por Papel Prensa, aunque sean cada vez menores. Tampoco sería lógico que el Gobierno quisiera imponer el mismo precio para todos porque iría en contra de la lógica económica de menores precios a quien compra mayores cantidades: es lo que se enseña en cualquier facultad de ciencias económicas como bonificación por volumen.

Al revés, no creo que si el Estado fuera dueño de Papel Prensa pudiera dejar de venderle a Clarín y La Nación, porque sin esos dos compradores, aun abasteciendo al cien por ciento de todos los diarios del país, Papel Prensa se quedaría con la mitad de su papel sin vender.

Exagera el Gobierno al decir que –hoy– quien controla Papel Prensa controla los diarios. Y exageran Clarín y La Nación al decir que si el Gobierno controlara Papel Prensa, correrían el riesgo de que los dejara sin papel salvo que prohibiera o limitara su importación.

Otra discusión falsa es presentar como algo deseable el autoabastecimiento de papel de diario y que todo el papel de diario que se consuma se produzca en la Argentina. Me encantaría que hasta exportásemos papel de diario, porque eso indicaría que somos más eficientes que los extranjeros, pero me atemoriza la palabra autoabastecimiento: temo que resulte una condena, porque eso se logre obligando a los diarios a comprar papel nacional de peor calidad y más caro simplemente colocando impuestos a la importación lo suficientemente altos.

Al igual que la publicidad oficial, lo ideal sería que todo lo relacionado con la producción de contenidos se rigiera por criterios económicos donde el Estado interviniera para desmonopolizar, penar el abuso de posición dominante y garantizar –precisamente– la libre competencia, no para sustituir al mercado.



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AHORA
¿QUE DECIA FONTEVECCHIA EN EL 2009?
Sábado 10 de Octubre de 2009
Año V Nº 0407
Buenos Aires, Argentina


Papel Prensa
No hace trampa quien puede ganar sin ella. El mal es otra forma de pobreza, una carencia de recursos. Es el atajo que utiliza la ambición cuando la capacidad es inferior a ella.


Por Jorge Fontevecchia



No hace trampa quien puede ganar sin ella. El mal es otra forma de pobreza, una carencia de recursos. Es el atajo que utiliza la ambición cuando la capacidad es inferior a ella.


El secretario de Comercio Guillermo Moreno es brutal porque compensa con fuerza tosca su falta de otros atributos. Una mente más sofisticada habría analizado los antecedentes de los representantes del Estado en Papel Prensa antes de hacerles confesiones que le harían daño al Gobierno si trascendieran, y hubiera así advertido que uno de ellos había sido empleado de Clarín, a pesar de representar formalmente al Estado, como informa PERFIL en la página 16. Igual que en el caso del operativo de la AFIP a Clarín, el victimario se daña a sí mismo por primitivo.


Moreno creyó que con sólo advertirles a los funcionarios citados que “afuera están mis muchachos, expertos en partirle la columna y hacerle saltar los ojos a quien hable” alcanzaba. Creyó que con “sus muchachos” no hacía falta gastar esfuerzos en inteligencia previa. Y se llevó un chasco porque el licenciado Carlos Collasso, consejero titular de vigilancia de la empresa Papel Prensa representando al Estado, pero ex empleado de Multicanal, la primera empresa de cable de Clarín, denunció frente a un escribano público lo que había escuchado. Por ejemplo: “Que era su intención (de Moreno) que el Estado sea el que compre las acciones de Papel Prensa a los privados (...) que luego de preguntar por el valor de las acciones manifestó que había que encontrar el modo de hacerlas bajar o si no el Estado iba a tener que expropiar la sociedad”.


Al poco elaborado método que usa Moreno para lograr su objetivo se agrega que su objetivo parte de un error de diagnóstico. Papel Prensa representa para Clarín hoy una ventaja competitiva menor de lo que fue durante las tres décadas de su existencia, porque la crisis mundial, que redujo el consumo de todo, sumada a la sustitución de lectores de papel por lectores de Internet, hizo que desde fines de 2008 el precio internacional del papel se desplomase, y la misma tonelada de papel para diarios por la que se pagó 860 dólares hoy se puede comprar hasta por la mitad.


En enero, mientras esa tonelada de papel importado costaba 860 dólares, la de Papel Prensa se vendía a 610 dólares a aquellos clientes que no fueran sus accionistas que, como es sabido, son los diarios Clarín y La Nación. Al ser más barato que el papel importado, hasta enero Papel Prensa no les vendía a todos los que quisieran comprarle. De las 170 mil toneladas que fabrica por año, 40 mil son consumidas por La Nación, 100 mil por Clarín y apenas 30 mil se venden a otros diarios . El resto de los diarios compra su papel en el exterior; el total de esas importaciones fue 84 mil toneladas en 2008, y se prevé que esa cantidad se reduzca a la mitad en 2009.


A lo largo del año el precio del papel no sólo bajó sino que la relación entre el precio de Papel Prensa y el papel importado se invirtió. Lo mismo que sucede con la nafta, que sube o baja junto con el petróleo en el resto del mundo pero su precio en la Argentina no se modifica, pasa con el papel importado, que bajó el 36% mientras el de Papel Prensa bajó sólo el 11% (siempre para clientes que no sean Clarín y La Nación) y hoy se vende a 610 dólares la tonelada cuando el papel importado se vende a 550 dólares. Corolario: ahora que su papel es más caro, Papel Prensa sale a ofrecerlo a todos los diarios cuando hasta enero era imposible comprarle.


Que el papel de Papel Prensa sea hoy el 11% más caro que el importado no quiere decir que Clarín y La Nación lo paguen más caro, porque el precio del papel para sus accionistas es de 500 dólares, todavía el 10% más barato que el importado.


Pero en el pasado esa diferencia de precio fue en promedio 30% más barato, llegando en los momentos de grandes devaluaciones a costar la mitad. Esto benefició a Clarín en mucho mayor proporción que a La Nación, que consume sólo un tercio de Clarín. Pagar el papel entre un tercio y la mitad fue una ventaja competitiva insuperable para cualquier competidor, y cuanto mayor fuera la cantidad de ejemplares a imprimir, peor era la situación del diario que compitiera con Clarín. Por ejemplo, Crónica, que cuando se fundó Papel Prensa vendía 700 mil ejemplares por día contra 300 mil de Clarín, fue cayendo progresivamente hasta ser hoy menos del 10% de aquella venta, mientras Clarín aumentó respecto de hace treinta años.


En un diario como Crónica el papel llegaba a representar más de la mitad de todos los costos, y al pagar hasta el doble de precio por él, tuvo que vender un diario con la mitad de páginas de Clarín pero al mismo precio. Así, a lo largo de las décadas, muchos de los lectores que iba perdiendo Crónica se pasaron a Clarín porque les daba más por menos. Después de una generación acostumbrada a Clarín, ¿quién podría cambiar ese hábito? Hasta Crónica terminó vendiéndose a un grupo de sindicalistas afines a Moyano.


Cuentas claras. Si Clarín no tuviera Papel Prensa gastaría 10 millones de dólares más en papel por año por mayor precio.


Pero además tendría que tener un stock de dos meses más de papel, que hoy no necesita porque siendo el dueño de la fábrica no precisa cubrirse frente a la falta de provisión. Dos meses son 17 mil toneladas, a 500 dólares cada una, son otros 8,5 millones de dólares que debería inmovilizar. Quizá comenzando a abrir el paraguas, hace tres días, justo después de haberse difundido el exabrupto de Moreno, Clarín salió a comprar 15 toneladas de papel al mercado internacional, después de no haber comprado ni una sola en los nueve meses de 2009, y logró comprarle a la fábrica canadiense Abitibi 5 mil toneladas a sólo 450 dólares cada una (el precio normal es 500 dólares la tonelada, pero como Abitibi atraviesa un concurso de acreedores bajó 10% más su precio, pero sólo por esa partida, y no podría regularmente abastecer a ese precio).


Además, Clarín, en lugar de pagar el papel entre 90 y 120 días, como hoy se lo cobra Papel Prensa, pasaría a pagar al contado (o a inmovilizar crédito en cartas de crédito). Tres meses y medio de crédito de consumo de papel equivalen a pagar anticipadamente otras 30 mil toneladas, que a 500 dólares cada una suman otros 15 millones de dólares de caja.


En síntesis, habría una pérdida económica de 10 millones de dólares anuales por mayor precio, más una inmovilización de caja por mayor stock y pago no financiado de otros 18,5 millones de dólares (8,5 y 10 millones, respectivamente). En total, un primer año de Clarín sin que existiera Papel Prensa le quitaría 28,5 millones de dólares, más de cien millones de pesos.


Pero si el Estado comprase a los privados Papel Prensa, Clarín recibiría por el pago de sus acciones en esa empresa aproximadamente 42 millones de dólares. En el pasado, las fábricas de papel de diario valían el equivalente a las ventas de dos años de papel, pero con la crisis mundial se valúan según las ventas de un año. Papel Prensa, que fabrica 170 mil toneladas anuales a 500 dólares cada una, alcanza ventas anuales –y al mismo tiempo un valor de compañía– de 85 millones de dólares. Clarín tiene el 49% de las acciones, por tanto le corresponderían 42 millones de dólares.


Se podría decir que con lo que cobraría por la venta de sus acciones cubriría el agujero de caja que le generaría el capital de trabajo por mayor stock y el pago al contado del papel más la pérdida de poco más de un año. Si a los 42 millones de dólares que recibiría se le restaran los 28,5 de capital de trabajo, quedarían sólo 13,5 millones de dólares para una pérdida anual por mayor precio de 10 millones de dólares por año. Al segundo año, Clarín comenzaría a tener un flujo neto negativo, habiéndose consumido 42 millones de dólares de su patrimonio.


A estudiar. Si el licenciado Moreno hubiera estudiado –como hace cualquier banco de inversión– el negocio sobre el que desea intervenir, tomándose el tiempo de consultar a los expertos de venta, fabricación y consumo de papel en Argentina, hubiera obtenido estos datos y en lugar de apelar a bravuconadas hubiera podido construirse un diagnóstico que le permitiera trazar un plan.


Si los recursos no fueran un problema, éste sería el mejor momento para comprar una fábrica de papel porque el precio es el menor. No hay necesidad de “encontrar el modo de hacerlas bajar (el precio de las acciones) o si no el Estado iba a tener que expropiar la sociedad” por varios motivos. Primero porque el precio ya es bajo para los volúmenes de dinero que está acostumbrado a manejar el Estado, y no resulta conveniente tener comportamientos patoteros que destruyan aún más el prestigio del Gobierno por hacer descender el 20 o el 30 por ciento de los eventuales 42 millones de dólares que debería pagarle a Clarín y los 19 millones de dólares que proporcionalmente le corresponderían a La Nación por sus acciones, si la valuación total de la empresa fuera de 85 millones de dólares. Papel Prensa no es Aerolíneas Argentinas, donde las cifras alcanzan los 1.000 millones de dólares: tiene mucho valor para los diarios pero poco precio en términos macroeconómicos.


Y segundo, porque ni Clarín ni La Nación van a vender acciones de Papel Prensa a ningún precio, porque ya han rechazado ofertas de compra de empresas extranjeras como la noruega Norske Skog, que compró la papelera chilena Bio-Bio, y la brasileña Pisa. Tanto Bio-Bio como Pisa producen 200 mil toneladas, cifras similares a las de Papel Prensa. La brasileña Pisa fue un caso similar al de Papel Prensa, porque fue fundada en el estado de Paraná, fronterizo con la provincia de Misiones, hace también tres décadas, por dos diarios: O’Estado de São Paulo y O’Globo, de Río de Janeiro.


La única forma que el Estado tiene para quedarse con el 72% de las acciones que le falta para ser dueña del 100% de Papel Prensa será consiguiendo que el Congreso vote su nacionalización, algo que sólo podría –y remotamente– lograr antes del próximo diciembre, porque ni a Clarín ni a La Nación les convendría venderla a ningún precio.


Sí podrá el secretario de Comercio molestar, como denunció el consejero de Papel Prensa Carlos Collasso ante escribano al decir que “el licenciado Moreno habló también del Sindicato del Papel, manifestando que iba a llevar a Papel Prensa a los sindicatos y en especial a los agresivos, con intención de que hagan manifestaciones e intervengan la sociedad con huelgas”, como también denunciar sobre contaminación e incumplimiento de normas ambientales de su fábrica.


El último temor que le queda a Clarín trasciende lo económico. Así como muchos importadores se quejan de que la Aduana no les aprueba las licencias automáticas de importación (área que supervisa directamente Moreno) y, por ejemplo, no se consiguen neumáticos de autos importados, o los muebles demoran ocho meses en ser liberados del puerto, algo similar podría suceder con el papel importado una vez que eventualmente el Estado hubiera nacionalizado Papel Prensa.


Actualmente, el papel está dentro de las partidas arancelarias que no requieren autorización previa de importación, pero bastaría una mera reclasificación para que Moreno pudiese regular la cantidad de papel que dispondría cada diario volviendo a lo que hizo Perón en los años 50, cuando no se fabricaba papel en el país y todo era importado, apelando a un organismo centralizador de importaciones –IAPI–, que lograba que el diario opositor La Prensa padeciera tal desabastecimiento que sólo podía aparecer con cuatro páginas diarias. Si bien esa amenaza afecta a todos los diarios, quien más la sufriría sería Clarín, porque su modelo de negocios es el de utilizar más intensivamente el papel como ventaja comparativa frente a sus competidores, porque es el que siempre da más.


http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0407/articulo.php?art=17352&ed=0407

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