Lo que circula por los medios

7 de noviembre de 2012

LAS SEIS CORRIDAS EN EL GOBIERNO DE CFK, LA FUGA DE CAPITALES Y EL ATESORAMIENTO DE DOLARES


Domingo, 4 de noviembre de 2012 | Hoy

EL PAIS › ADELANTO DEL LIBRO ECONOMIA A CONTRAMANO, DE ALFREDO ZAIAT. LAS SEIS CORRIDAS EN EL GOBIERNO DE CFK, LA FUGA DE CAPITALES Y EL ATESORAMIENTO DE DOLARES
Por qué, cuántos y quiénes compraron


El control y administración de divisas fue el desenlace de una muy fuerte corrida cambiaria que buscaba una brusca devaluación. El listado de las primeras veinte personas y veinte empresas que más dólares compraron entre el 1º de enero y el 31 de octubre de 2011, previo al nuevo régimen.



Por Alfredo Zaiat
En Brasil, cada persona solo tiene en promedio 6 dólares en billetes; en Argentina, 1300, según el registro oficial de 2005, y en 2012 habría alcanzado el record de 2000 dólares per cápita. Esta anomalía de la economía argentina convierte al dólar en una variable que excede la cuestión económico-financiera, para ser un factor político y de presión sectorial. El dólar es un vehículo de disciplinamiento social y de orientación de expectativas económicas, abonadas por décadas de inestabilidad, golpes de mercado y fuertes devaluaciones.

Tanta tensión alrededor de esa moneda genera las condiciones para la dispersión de variados rumores sobre la cotización futura y de la economía en general. La fortaleza o debilidad que tuvo un gobierno para intervenir en el mercado cambiario fue definiendo su destino. El de Raúl Alfonsín fue barrido por un golpe de mercado en 1989, mientras que el de Fernando de la Rúa se desmoronó en 2001 con arcas del Banco Central exhaustas por haber intentado mantener la convertibilidad.

Esta última experiencia probó que el Banco Central debe tener una importante cantidad de reservas internacionales como dique defensivo a los intentos de instalar un escenario de incertidumbre y gobiernos frágiles. Además, sirve para enfrentar, con éxito, corridas cambiarias.

Durante los años del kirchnerismo hubo varias corridas. En especial, el primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner registró seis muy intensas. La primera fue en los meses previos a las elecciones presidenciales, que ganó. Fue el preaviso de lo que vino después. Todas las corridas fueron desarticuladas por la política preventiva de haber acumulado reservas en cantidad en el Banco Central, hasta que la última la frenó recuperando mecanismos de control y administración de acceso a divisas. Esto no inhibió a economistas de la ortodoxia a mantener la insistente prédica sobre el inminente peligro de una devaluación y a proclamar durante todos esos años que no había tantas reservas como se informaba, con el deliberado objetivo de distorsionar la realidad y horadar una base fundamental de estabilidad cambiaria.

La intensidad y la duración de la fuga hacia el dólar fueron impactantes. En 30 de los 48 meses del primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se registraron fuertes ventas de dólares del Banco Central para enfrentar seis corridas. Sólo en tres meses de ese período el saldo fue negativo en la cuenta formación de activos externos del sector privado, o sea que no hubo fuga.

La primera corrida fue durante el tercer trimestre de 2007, cuando comenzó la crisis financiera en Estados Unidos. Luego ocurrieron dos durante el año siguiente. En marzo, a partir del conflicto del sector agropecuario con el gobierno nacional, y en septiembre, cuando el sistema financiero en Estados Unidos tuvo un fuerte impacto con la quiebre de Lehman Brothers. Al mes siguiente se precipitó la cuarta gran corrida desde el momento del fin del negocio especulativo de las AFJP hasta la derrota oficial en las elecciones de medio término, en 2009. Después, en enero de 2010, se desencadenó la crisis por el recambio de autoridades en el Banco Central, para finalmente precipitarse la última gran arremetida en los meses previos y posteriores a las elecciones presidenciales de 2011.

Las seis corridas son elocuentes de la restricción de política económica que asoma de la fuga de capitales.




Las seis corridas sumaron 60.676 millones de dólares. En total, el resultado de la cuenta formación de activos externos del sector privado, o sea las compras de dólares en el período 20072011, fue de 79.281 millones de dólares.

Existen varios aspectos a considerar para evaluar el nivel de demanda de dólares en un determinado contexto local y del exterior. Por ejemplo, si el tipo de cambio está atrasado o mantiene márgenes de competitividad; si el aumento de precios domésticos o la disputa político-mediática alimenta las tensiones en el mercado cambiario; si la devaluación de la moneda brasileña (real) o el fuerte aumento del precio de los commodities agrarios, en especial la soja, actúan sobre la cotización del dólar; si el billete verde es una opción financiera rentable o sigue siendo un activo refugio pese a su devaluación por la crisis internacional.

Todos esos análisis son incompletos si no añade que la gestión de política económica en Argentina debe desarrollarse con una restricción adicional: la obsesión con el dólar, que se ha manifestado en todo momento. En períodos de crecimiento económico record o en fases recesivas del ciclo; con inflación o estabilidad de precios; con alivio por el desendeudamiento, abundantes reservas y garantía de pago de los vencimientos o con inestabilidad en el frente externo; en etapas de recrudecimiento de la crisis internacional o en lapsos de tranquilidad en los mercados bursátiles mundiales.

Vale reiterarlo. Con inflación o sin inflación.

La administración de divisas y los consiguientes controles para comprar dólares, dispuesta a partir de noviembre de 2011, generaron un estado de intranquilidad espiritual en sectores medios y altos. Sólo una baja proporción de la población impulsa la formación de activos externos. En 2011, sólo 12 de cada 100 personas mayores de edad fueron al mercado único de cambios, aun considerando aquellas personas que compraron una sola vez moneda extranjera en pequeños montos.

La compra de dólares no era un acto ilegal y tenía el generoso límite de 2 millones de dólares mensuales autorizado por el Banco Central. Por lo tanto, las observaciones sobre las corridas y la fuga son desde el punto de vista del impacto en la política económica. Los bancos imputaban la operación en el código “atesoramiento”, cuando puede ser que algunas compras hayan sido para otro tipo de transacciones, por ejemplo la compra de inmuebles.

A continuación, dos listados con los principales 20 compradores, de personas y de empresas, y al final del capítulo (en el libro) la lista completa con los primeros 100, en el período que va del 10 de enero al 31 de octubre de 2011; compras abultadas de dólares que terminaron provocando el diseño de un nuevo régimen de administración de divisas.

Las operaciones fueron en pesos, convertidas al tipo de cambio 4,30 pesos por unidad.


Cada nombre de particulares y cada empresa privada que compró dólares en cantidad pueden originar especulaciones políticas y económicas, que permitirían explicar determinadas decisiones de gobierno. No es el propósito, simplemente sirven para describir el problema estructural de la economía argentina que muchos particulares y sectores empresarios convierten a dólares sus excedentes financieros. Esta conducta, finalmente, derivó en un nuevo régimen de administración de divisas.

Existía un aceitado mecanismo para favorecer y facilitar la compra de dólares y fuga de capitales, que incluía una participación directa de grandes bancos locales e internacionales. El Estado, en general, y el Banco Central, en particular, no habían implementado ninguna medida para desalentar y restringir la salida de capitales y, con ello, resguardar sus efectos negativos en la economía. En el Banco Central había un escasísimo nivel de supervisión y control del mercado de cambios hasta que no se llegó a una situación muy delicada.

El mercado muy liberal de acceso a moneda extranjera era inequitativo para la sociedad en su conjunto. El mecanismo de control y administración de divisas fue el recurso de emergencia para evitar que unos pocos acumularan una ganancia de capital por una fuerte devaluación con costos para el resto.

Los controles tuvieron como reacción la suba del precio del dólar en el circuito ilegal, al cotizar con una brecha de precios del 30 al 35 por ciento respecto del oficial. Las operaciones de compraventa de dólares en el mercado marginal son ilegales. Están alcanzadas por la ley penal tributaria, al suponer que ese movimiento de dinero proviene de fondos no declarados al fisco, y por la ley penal cambiaria, que sanciona esas transacciones. Estas condiciones del circuito irregular de divisas no es información confidencial. Pese a que se conocen las características de una actividad penada por la ley, tienen legitimidad social. Hasta analistas y comunicadores sociales muy conocidos no se inhibieron de comentar la conveniencia de comprar dólares en el mercado oficial para luego venderlos en el paralelo. La impunidad, la casi nula condena social de esa ilegalidad están naturalizadas por el objeto fetiche en cuestión: el dólar.

La fiscalización de las operaciones con dólares es una herramienta necesaria para disminuir la evasión y combatir el lavado de dinero y forma parte de una política de administración de divisas. El movimiento de moneda extranjera no puede ser dejado a criterios de mercado si el objetivo es evitar la exacerbación de perturbaciones económicas. En países periféricos, con una estructura de comercio exterior con un peso importante de exportaciones de materias primas, cuyos precios son muy sensibles al ciclo económico mundial, las divisas son un activo estratégico. Si además son economías con necesidades de dólares para pagar deuda externa, y con una fuerte presencia de capitales extranjeros, que implica una creciente remisión de utilidades de multinacionales a sus casas matrices, el control de las operaciones con moneda extranjera es imprescindible para no quedar subordinado a los intereses de los dueños de las divisas.

La regulación del mercado de divisas fue una respuesta de emergencia ante la intensidad de la fuga de capitales. Fue una política hija de la necesidad. La mayor regulación pudo instrumentarse porque antes hubo recuperación de márgenes de autonomía en la política económica y monetaria. De todos modos, la restricción externa se acercó peligrosamente. Siendo uno de los eslabones débiles de la economía argentina, el estrangulamiento externo por el déficit de divisas tiene como desenlace la crisis con una fuerte devaluación e inflación posterior, con la consiguiente inestabilidad política y social. Evitar ese destino fue el objetivo del régimen de compra de moneda extranjera. Las opciones eran una fuerte devaluación, un ajuste fiscal o el endeudamiento a tasas de interés muy altas. Todas opciones más perjudiciales para la economía y los sectores vulnerables, incluso la clase media, que un régimen de administración de divisas.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-207111-2012-11-04.html

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actualizada



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Domingo, 4 de noviembre de 2012 | Hoy

EL PAIS › LOS EPISODIOS DE FUGA DE CAPITALES DESDE 1976
174.000 millones de dólares




La fuga de capitales iniciada en 2007 fue la de mayor magnitud desde la década del setenta, cuando comenzó el régimen de liberalización financiera.

La tablita cambiaria de Martínez de Hoz y su posterior debacle de 1978 a 1982 contabilizó una fuga de 23.874 millones de dólares.

La recesión económica por el Efecto Tequila y las posteriores crisis financieras en mercados emergentes de 1995 a 1998 sumaron una fuga de 41.039 millones de dólares.

El derrumbe de la convertibilidad 1999-2001 totalizó una fuga de 28.526 millones de dólares.

La dimensión que ha adquirido la fuga de capitales en la economía argentina es impresionante. Desde 1978 hasta 2011, acumuló unos 174.000 millones de dólares.

Cada episodio de fuga tiene rasgos propios, pero todos se unifican en que se desarrollaron en un contexto de integración de la economía nacional a las finanzas globales desreguladas y a frágiles mecanismos de control de los movimientos de capitales. La cuestión que los diferencia es el disparador para cada uno de los períodos de transferencia de riqueza local al exterior.

El aspecto notable de la gran fuga en el kirchnerismo fue que no derivó en una crisis de proporciones. Es el factor distintivo respecto a los episodios anteriores. Evidentemente tuvo un indudable impacto en la economía local, no tanto por afectar el crecimiento del PBI, sino por restringir márgenes de acción de la política económica desafiados con medidas heterodoxas, como la utilización de reservas para pagar vencimientos de deuda pública. Teniendo en cuenta las otras experiencias de fuga de capitales, ese inédito comportamiento de la economía ha desconcertado a economistas del establishment, quienes fueron sumando frustraciones porque la devaluación que proponían y el descalabro económico que anunciaban, y deseaban, no se concretaba. La decepción se acrecentaba porque la compra de dólares, las corridas y posterior fuga al exterior no tuvieron el efecto disciplinador esperado, como el que padecieron gobiernos pasados. No ha sido un dato menor el fracaso de esa tradicional estrategia de presión sobre gobiernos elegidos por la voluntad popular. Precisar las condiciones que neutralizaron el impacto de la fuga de capitales más intensa de todas brinda elementos para acercarse a una mejor comprensión del ciclo de la economía argentina durante los gobiernos kirchneristas.

Desde 2007 hasta fines de 2011, el monto de la fuga ha sido impactante: 79.281 millones de dólares. Monto que casi duplicaba la cantidad de reservas que el Banco Central acumulaba en diciembre de 2011, y representaba el 18 por ciento del Producto Interno Bruto (435.179 millones de dólares, según FMI World Economic Outlook Database, 2011). A pesar de que este fabuloso drenaje de divisas superó los registrados en otros episodios críticos desde 1976, la economía no colapsó ni el sistema bancario y cambiario necesitó de la asistencia del Banco Central. Las principales variables macroeconómicas estuvieron bajo control. Es una característica notable del ciclo económico. En las experiencias previas, la salida de capitales reflejaba una disminución significativa de las reservas internacionales debido a que el Banco Central proveía una parte importante de esos fondos. Otra parte era financiada vía endeudamiento externo.

Si bien el stock de reservas no descendió sustancialmente, la magnitud de la variación resultó muy afectada. Un simple cálculo muestra que sin fuga de capitales, el total de reservas hubiera sumado, por lo menos, 124.000 millones de dólares a diciembre de 2011. La diferencia con el stock efectivo de unos 45 mil millones de dólares es un dato contundente del costo para la economía y el esfuerzo necesario para evitar una crisis motivada por el rasgo estructural de fuga de capitales de la economía argentina.

La fuga no se financió con endeudamiento del Estado. La fuente principal fue el saldo de la balanza comercial. Gran parte de las divisas provenientes del superávit comercial de ese período no se acumularon en las arcas del Banco Central, sino que pasaron a integrar el stock de los activos externos privados no financieros. La fuga representó el equivalente a casi el 80 por ciento del saldo positivo de la balanza comercial. Sin ingreso de fondos por endeudamiento externo, la alternativa vedada a partir del default y de la renegociación de deuda con fuerte quita de capital, y con un regular flujo de inversiones extranjeras, las divisas provenientes del saldo de la balanza comercial fueron un muy importante estabilizador del mercado de cambios

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/207111-61052-2012-11-04.html

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Domingo, 4 de noviembre de 2012 | Hoy
EL PAIS › DOLAR: EL CASO BRASIL EN COMPARACION CON ARGENTINA
Historias similares con respuestas diferentes


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Prácticas económicas y conductas sociales de décadas terminaron por configurar una pauta dolarizada que requiere de una labor paciente para modificarla, de incierto resultado. No se logra en forma inmediata. El principal problema del nuevo régimen cambiario es el mercado inmobiliario, puesto que es una de las mayores expresiones de la dolarización de la economía. En un reportaje en Página/12 Héctor Valle afirmó: “Argentina es el único país del mundo donde el cemento se vende en pesos, los ladrillos se venden en pesos, la mano de obra se paga en pesos y los departamentos cotizan en dólares”.

Brasil es el ejemplo más cercano de un mercado inmobiliario local que puede concretar operaciones en moneda nacional. El dólar no es tomado como referencia para la cotización de las viviendas. Aquí es donde se expresa con nitidez que la dolarización en Argentina no es sólo un tema económico.

En no pocas oportunidades se ha explicado que la obsesión por el dólar en Argentina tiene su origen en las sucesivas crisis económicas, devaluaciones, años de alta inflación hasta hiperinflación y repudio de contratos económicos, como el default de la deuda.

En ese inventario de descalabros, sin embargo, el caso brasileño no es diferente al argentino.

Argentina no se encuentra al tope de los países defolteadores. Desde su independencia en 1816, declaró la cesación de pagos de la deuda en siete oportunidades, siendo la última de gran magnitud en 2001. Brasil defolteó la deuda nueve veces desde su independencia en 1822, siendo el último en 1983, según la investigación de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, Ocho siglos de crisis financieras. Historia mundial de los defaults.

Brasil incumplió con el pago de la deuda más veces que Argentina.

El recorrido inflacionario tiene también muchos parecidos.

Brasil registró tasas de inflación altas, por encima del 30 por ciento a partir de 1974. La variación anual de los índice de precios al consumidor, promedio anual, desde 1982 a 1994 se ubicó siempre arriba del 100 por ciento por año, con picos de 235 por ciento en 1985. Tuvo hiperinflación de 1988 a 1994, con un piso de 1000 por ciento anual y un máximo de 2946,7 por ciento en 1990. Un año antes, Argentina había tenido un aumento del índice de precios al consumidor de 3079,5 por ciento.

Brasil tuvo inflación alta e hiperinflación durante muchos años como la Argentina.

Brasil reúne entonces las mismas condiciones de experiencias económicas traumáticas de Argentina, utilizadas como factores explicativos del atesoramiento de dólares o la referencia del dólar para los valores de los inmuebles. Pero en Brasil no utilizan el dólar en sustitución a la moneda nacional. El ahorro y la compraventa de inmuebles no están dolarizados en el mercado brasileño.

Esto no implica que grandes capitales brasileños no fuguen dinero al exterior o desvíen fondos no declarados hacia paraísos fiscales o hacia la compra de inmuebles en Punta del Este y Miami. Es un comportamiento tradicional de las elites latinoamericanas. Pero el desarrollo de tran-sacciones domésticas relevantes tiene como unidad de cuenta la moneda nacional, el real.

¿Por qué segmentos influyentes de la economía argentina entonces están dolarizados?

La conducta rentista ha alterado históricamente el funcionamiento de la economía argentina, y el régimen financiero ultraliberal instalado por la dictadura de 1976 y la convertibilidad, en los ’90, definieron el carácter bimonetario de la economía. La ortodoxia y los sectores conservadores rifaron la soberanía monetaria.

La tarea de desarticular la dolarización no es sencilla ni inmediata. La dificultad de esa labor no significa resignarse y abandonarla, sino encontrar la estrategia adecuada para ir cambiando prácticas que se hicieron habituales.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/subnotas/207111-61053-2012-11-04.html

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