Lo que circula por los medios

14 de marzo de 2013

Bergoglio en una causa de lesa humanidad


La justicia francesa citó a Bergoglio en una causa de lesa humanidad

13 de marzo de 2013 (Tiempo Argentino-derf) Hora: 17:36

El Tribunal de Gran Instancia de París envió un exhorto a un juez de La Rioja para que autorice la declaración como testigo del arzobispo
Revelan que en la dictadura Bergoglio sabía de las apropiaciones de bebés.
Bergoglio, una figura salpicada por sus lazos con la dictadura.
ESMA: para la querella, Bergoglio fue reticente a colaborar con la justicia.



Es la segunda vez que un tribunal requiere su testimonio por delitos durante los años de plomo.

El cardenal Jorge Bergoglio quedó a un paso de ser nuevamente citado como testigo en una causa por delitos de lesa humanidad. Esta vez es la justicia francesa la que requiere de la declaración de la máxima autoridad de la Iglesia argentina por el asesinato del sacerdote Gabriel Longueville, durante la última dictadura.
El exhorto fue enviado por la jueza Silvia Caillard, del Tribunal de Gran Instancia de París, y debe ser aceptado o rechazado por la justicia de La Rioja, donde el cura, de origen francés, fue secuestrado y asesinado en 1976.

Los sacerdotes tercermundistas Longueville y Carlos de Dios Murias fueron secuestrados juntos el 18 de julio de 1976 en la casa parroquial de Chamical, La Rioja. Fueron trasladados a la Base Aérea de Chamical, donde fueron brutalmente torturados. Dos días después, un grupo de obreros ferroviarios encontró sus cuerpos maniatados y acribillados en un predio ubicado a cinco kilómetros de la ciudad.
Si bien desde 2007 la justicia riojana investiga esos crímenes, la madre de Longueville, Marie Thérèse Abattú, radicó la denuncia en Francia, que ahora llegó a juicio en el Tribunal de Gran Instancia de París. El exhorto francés pide a la justicia federal de La Rioja que le tome declaración testimonial a Bergoglio por "una serie de consultas puntuales" sobre el crimen.

Esta no es la primera vez que Bergoglio debe declarar ante la justicia en una causa por delitos de lesa humanidad. En noviembre del año pasado, el Tribunal Oral Federal Nº 5 se trasladó al Arzobispado de Buenos Aires para tomar su testimonio por el secuestro de los sacerdotes jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics, también durante la última dictadura militar.

Al momento del secuestro, Bergoglio se desempeñaba como principal responsable de la Compañía de Jesús en el país y, según una testigo, le había quitado su apoyo a los religiosos "por cuestiones ideológicas".

En la causa por el asesinato de Longueville y Dios Murias que se lleva adelante en La Rioja, el fiscal general Alberto Lozada adjudicó la autoría material del secuestro al ex alférez Miguel Ricardo Pessetta, al capitán Miguel Ángel Escudero y al policía Juan Carlos "Bruja" Romero. También identificó como quienes emitieron la orden de secuestrar a los religiosos a los vicecomodoros Lázaro Aguirre y Fernando Estrella, jefe y subjefe de la Base Aérea de Chamical, y al coronel Osvaldo Pérez Battaglia, jefe del Batallón de Ingenieros 141. Todos se encontraban bajo la órbita del comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez.
La justicia de La Rioja también tiene en sus manos la investigación del crimen del obispo Enrique Angelelli.

En el marco de esa causa, el juez federal Daniel Herrera Piedrabuena ordenó hace diez días la detención del ex dictador Jorge Rafael Videla y de su ministro del Interior, Albano Harguindeguy, por el asesinato, en 1976, del cura. En esa investigación judicial también están imputados Estrella y Edilio Cristóbal Di Cesare, entonces jefe de Logística del Batallón de Ingenieros de Construcciones 141.
Los asesinatos de Angelelli y de Longueville y Murias -conocidos como los "Mártires de Chamical"- ocurrieron con apenas 17 días de diferencia. El 4 de agosto de 1976, Angelelli viajaba en su auto por la Ruta 38 de La Rioja, cuando su vehículo volcó en forma sospechosa luego de ser cruzado por otro automóvil. El religioso había denunciado el secuestro y asesinato de Longueville y Murias apenas unos días antes. <

http://www.derf.com.ar/despachos.asp?cod_des=542096&ID_Seccion=115

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Martes, 10 de mayo de 2011 | Hoy
EL PAIS › EN EL MARCO DEL JUICIO POR EL ROBO DE BEBES, EL CARDENAL TENDRA QUE DAR TESTIMONIO
Cita para Bergoglio en la Justicia
El Tribunal Oral hizo lugar al pedido de la querella y citó al cardenal primado de la Argentina para que declare lo que sabe sobre la apropiación de hijos de desaparecidos nacidos durante el cautiverio de sus madres. Bergoglio ya testimonió en la causa ESMA.


Por Adrián Pérez
El cardenal Jorge Bergoglio se encuentra más cerca de rendir cuentas ante la Justicia por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores que se instauró durante la dictadura militar –y que comenzó a juzgarse a fines de febrero en Comodoro Py– después de que el Tribunal Oral Federal 6 hiciera lugar al pedido formulado por el fiscal Martín Niklison y el abogado Alejo Ramos Padilla para que sea citado a declarar como testigo en relación al caso Barati-De la Cuadra. Así lo determinaron los jueces durante la audiencia de ayer, en el marco de la causa contra Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone por el robo de bebés. El tribunal dispuso que se le envíe un oficio al cardenal para que exprese si desea declarar. Por un recurso del Código Procesal Penal, Bergoglio podría hacer uso del artículo 250 que establece un “tratamiento especial” para “altos dignatarios de la Iglesia”. Según la importancia que el juez atribuya a su testimonio y el lugar en que se encuentren, esa prerrogativa determina que los funcionarios podrán declarar “en su residencia oficial, donde el juez se trasladará, o por un informe escrito”. No obstante, el artículo 250 también señala que los testigos pueden renunciar a ese tratamiento especial.

“Es un privilegio en función del credo que no puede ser aceptado”, dijo el abogado Alan Iud, quien patrocina en el juicio a Abuelas de Plaza de Mayo. De ese modo, los querellantes se opusieron a que el cardenal hiciera uso de tal prerrogativa y solicitaron que Bergoglio acudiera a la audiencia para “garantizar la publicidad de su declaración”, así como también para responder a las preguntas de las partes. Iud remarcó, además, que se trata de “un privilegio” que “no puede considerarse válido” ante “una Constitución que reconoce que el Estado es laico”.

El pedido para que Bergoglio se presente a declarar se vincula con el testimonio de Estela de la Cuadra, quien presentó una serie de cartas que su padre le había enviado al ahora cardenal –por entonces jefe de los jesuitas– para que intercediera en la búsqueda de su hija desaparecida y de su nieta, nacida en cautiverio durante la dictadura. Tal como informó Página/12, el lunes de la semana pasada De la Cuadra le preguntó al Tribunal: “¿Cómo es que Bergoglio dice que hace sólo diez años sabe del robo de bebés?” “¿Por qué no lo citan? ¿No amerita que diga qué pasó con Ana de la Cuadra?”, insistió la hija de Alicia “Licha” De la Cuadra, primera presidenta de Abuelas.

Además de sobrevivientes que estuvieron detenidos en el Pozo de Banfield, ayer se escuchó el testimonio de Carlos D’Elía Pallares, nieto que recuperó su identidad en 1995, a los 17 años. Carlos es hijo de Yolanda Ghelfi y Julio D’Elía Pallares. En Uruguay, su padre militaba en el Grupo de Acción (GAU), estudiaba Economía y era presidente del centro de estudiantes. La dictadura lo detuvo por su participación, pero fue liberado. Eso precipitó el exilio de la joven pareja, que viajó en la Semana Santa de 1974 a Buenos Aires, con la intención de regresar cuando las cosas se calmaran.

En la madrugada del 22 de diciembre de 1977, ambos fueron secuestrados en San Fernando –en un departamento ubicado en la calle 9 de Julio que habían comenzado a pagar con un crédito– por una patota de la Brigada 3 de la policía de la provincia de Buenos Aires que había coordinado el operativo con militares uruguayos. Yolanda estaba embarazada de ocho meses. Según testigos, fueron torturados en la comisaría que se encontraba a metros de la casa y luego trasladados al Centro de Operaciones Tácticas I (COTI) de Martínez, que funcionaba al mando de Ramón Camps, por entonces jefe de la Policía Bonaerense, donde “llevaban a todos los uruguayos en aquel momento”.

Una vez en Martínez, cinco detenidos uruguayos, entre los que se encontraba D’Elía Pallares, fueron devueltos a ese país por militares también uruguayos. “Es un hecho que ese traslado existió –aseguró Carlos–. Por la posición que ocupaba en el GAU, es casi seguro que lo llevaron a Uruguay. El testimonio de Luis Taub confirma haber visto a mi papá, en el COTI Martínez, a fines del ’77.” Taub también se presentó ayer ante los jueces del TOF 6. En su declaración, aseguró que estuvo por segunda vez en el Pozo de Banfield entre el 27 de diciembre de 1977 y el 1° de febrero de 1978, cuando lo enviaron a la cárcel de Devoto. Pasó la Navidad en el COTI Martínez. “Los uruguayos fueron torturados y luego trasladados al Pozo de Banfield. Ahí vi al cura (Christian) Von Wernich”, recordó.

También dijo que en el Pozo de Banfield había dos mujeres embarazadas. “Estaba en un grupo donde una chica tuvo un bebé a fines del ’77 o principios del ’78.” Lo recuerda porque, después del parto, lo enviaron a limpiar su celda varias veces. En el silencio del encierro, escuchó el llanto de un bebé. “Por lo que supe, se lo quitaron enseguida”, señaló. Durante la audiencia aseguró que la custodia del Pozo de Banfield estaba a cargo de la policía provincial. “Aunque no lo vi, sé que estuvo (Ramón) Camps.” Taub cree que el jefe de la policía pasó por el centro clandestino en dos oportunidades y que Jorge Bergés atendía los partos.

Diego Barreda regresaba de trabajar como albañil en Ensenada cuando el 14 de julio de 1978 lo secuestraron cerca de su casa. Había trabajado en el Astillero Río Santiago, pero lo despidieron durante la dictadura. En el Pozo de Banfield se le caía la piel por efecto de la picana. El apoyo de sus compañeros lo tranquilizaba, especialmente el de María. “Ella estaba embarazada y tenía el ‘privilegio’ de juntar un tarro donde hacíamos nuestras necesidades –afirmó el hombre de pelo largo y canas–. Nos higienizábamos con un trapito que ella colgaba para que se secara, en cien días nos bañamos una sola vez.”

Cuando llegó al Pozo de Banfield, al hombre de profundos ojos verdes le quitaron el mameluco y los zapatos de trabajo. Con una cobija con la que se cubría, María le cosió un chaleco para que se abrigara. En 1979, ese chaleco pasó a manos de las Madres de Plaza de Mayo. Al igual que Taub, Barreda también escuchó llantos durante su detención. “En un determinado momento tuvimos la certeza de que había nacido”, dijo. Por sus cálculos, el nacimiento se produjo entre el 10 y el 20 de septiembre de 1978. La mujer que ayer recordó Barreda es María Asunción Artigas Milo, compañera de Alfredo Moyano y madre de Victoria Moyano Artigas.

Sin saber que su padre se había volcado por esa carrera, Carlos D’Elía Pallares se recibió de economista. “Mi segundo nombre es Rodolfo y a mí nunca me gustó ese nombre”, sostuvo. Con el tiempo supo que sus padres (el marino Carlos De Luccia y Marta Leiro, su mujer) eligieron ese nombre por Rodolfo Aníbal Campos, subjefe de la policía de Camps. Carlos consideró que Campos hizo la gestión para que ellos pudieran tener ese hijo que deseaban. La pareja viajó hacia el sur del conurbano bonaerense una mañana de 1978. En una esquina una persona se acercó a su auto y dejó en los brazos de Leira un bebé envuelto en papel de diario, con manchas de sangre. “¡Martita! ¿qué hacés acá?”, le preguntó el emisario. Ese hombre era Jorge Bergés, quien había firmado la partida de nacimiento y atendió a Yolanda en el Pozo de Banfield.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-215794-2013-03-14.html


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Miércoles 13 de Marzo de 2013, 04:17 pm
Cita para Bergoglio en la Justicia
Por Adrián Pérez


El Tribunal Oral hizo lugar al pedido de la querella y citó al cardenal primado de la Argentina para que declare lo que sabe sobre la apropiación de hijos de desaparecidos nacidos durante el cautiverio de sus madres. Bergoglio ya testimonió en la causa ESMA.
El Tribunal Oral hizo lugar al pedido de la querella y citó al cardenal primado de la Argentina para que declare lo que sabe sobre la apropiación de hijos de desaparecidos nacidos durante el cautiverio de sus madres. Bergoglio ya testimonió en la causa ESMA.

El cardenal Jorge Bergoglio se encuentra más cerca de rendir cuentas ante la Justicia por el Plan Sistemático de Apropiación de Menores que se instauró durante la dictadura militar –y que comenzó a juzgarse a fines de febrero en Comodoro Py– después de que el Tribunal Oral Federal 6 hiciera lugar al pedido formulado por el fiscal Martín Niklison y el abogado Alejo Ramos Padilla para que sea citado a declarar como testigo en relación al caso Barati-De la Cuadra. Así lo determinaron los jueces durante la audiencia de ayer, en el marco de la causa contra Jorge Rafael Videla y Reynaldo Benito Bignone por el robo de bebés. El tribunal dispuso que se le envíe un oficio al cardenal para que exprese si desea declarar. Por un recurso del Código Procesal Penal, Bergoglio podría hacer uso del artículo 250 que establece un “tratamiento especial” para “altos dignatarios de la Iglesia”. Según la importancia que el juez atribuya a su testimonio y el lugar en que se encuentren, esa prerrogativa determina que los funcionarios podrán declarar “en su residencia oficial, donde el juez se trasladará, o por un informe escrito”. No obstante, el artículo 250 también señala que los testigos pueden renunciar a ese tratamiento especial.

“Es un privilegio en función del credo que no puede ser aceptado”, dijo el abogado Alan Iud, quien patrocina en el juicio a Abuelas de Plaza de Mayo. De ese modo, los querellantes se opusieron a que el cardenal hiciera uso de tal prerrogativa y solicitaron que Bergoglio acudiera a la audiencia para “garantizar la publicidad de su declaración”, así como también para responder a las preguntas de las partes. Iud remarcó, además, que se trata de “un privilegio” que “no puede considerarse válido” ante “una Constitución que reconoce que el Estado es laico”.

El pedido para que Bergoglio se presente a declarar se vincula con el testimonio de Estela de la Cuadra, quien presentó una serie de cartas que su padre le había enviado al ahora cardenal –por entonces jefe de los jesuitas– para que intercediera en la búsqueda de su hija desaparecida y de su nieta, nacida en cautiverio durante la dictadura. Tal como informó Página/12, el lunes de la semana pasada De la Cuadra le preguntó al Tribunal: “¿Cómo es que Bergoglio dice que hace sólo diez años sabe del robo de bebés?” “¿Por qué no lo citan? ¿No amerita que diga qué pasó con Ana de la Cuadra?”, insistió la hija de Alicia “Licha” De la Cuadra, primera presidenta de Abuelas.

Además de sobrevivientes que estuvieron detenidos en el Pozo de Banfield, ayer se escuchó el testimonio de Carlos D’Elía Pallares, nieto que recuperó su identidad en 1995, a los 17 años. Carlos es hijo de Yolanda Ghelfi y Julio D’Elía Pallares. En Uruguay, su padre militaba en el Grupo de Acción (GAU), estudiaba Economía y era presidente del centro de estudiantes. La dictadura lo detuvo por su participación, pero fue liberado. Eso precipitó el exilio de la joven pareja, que viajó en la Semana Santa de 1974 a Buenos Aires, con la intención de regresar cuando las cosas se calmaran.

En la madrugada del 22 de diciembre de 1977, ambos fueron secuestrados en San Fernando –en un departamento ubicado en la calle 9 de Julio que habían comenzado a pagar con un crédito– por una patota de la Brigada 3 de la policía de la provincia de Buenos Aires que había coordinado el operativo con militares uruguayos. Yolanda estaba embarazada de ocho meses. Según testigos, fueron torturados en la comisaría que se encontraba a metros de la casa y luego trasladados al Centro de Operaciones Tácticas I (COTI) de Martínez, que funcionaba al mando de Ramón Camps, por entonces jefe de la Policía Bonaerense, donde “llevaban a todos los uruguayos en aquel momento”.

Una vez en Martínez, cinco detenidos uruguayos, entre los que se encontraba D’Elía Pallares, fueron devueltos a ese país por militares también uruguayos. “Es un hecho que ese traslado existió –aseguró Carlos–. Por la posición que ocupaba en el GAU, es casi seguro que lo llevaron a Uruguay. El testimonio de Luis Taub confirma haber visto a mi papá, en el COTI Martínez, a fines del ’77.” Taub también se presentó ayer ante los jueces del TOF 6. En su declaración, aseguró que estuvo por segunda vez en el Pozo de Banfield entre el 27 de diciembre de 1977 y el 1° de febrero de 1978, cuando lo enviaron a la cárcel de Devoto. Pasó la Navidad en el COTI Martínez. “Los uruguayos fueron torturados y luego trasladados al Pozo de Banfield. Ahí vi al cura (Christian) Von Wernich”, recordó.

También dijo que en el Pozo de Banfield había dos mujeres embarazadas. “Estaba en un grupo donde una chica tuvo un bebé a fines del ’77 o principios del ’78.” Lo recuerda porque, después del parto, lo enviaron a limpiar su celda varias veces. En el silencio del encierro, escuchó el llanto de un bebé. “Por lo que supe, se lo quitaron enseguida”, señaló. Durante la audiencia aseguró que la custodia del Pozo de Banfield estaba a cargo de la policía provincial. “Aunque no lo vi, sé que estuvo (Ramón) Camps.” Taub cree que el jefe de la policía pasó por el centro clandestino en dos oportunidades y que Jorge Bergés atendía los partos.
Diego Barreda regresaba de trabajar como albañil en Ensenada cuando el 14 de julio de 1978 lo secuestraron cerca de su casa. Había trabajado en el Astillero Río Santiago, pero lo despidieron durante la dictadura. En el Pozo de Banfield se le caía la piel por efecto de la picana. El apoyo de sus compañeros lo tranquilizaba, especialmente el de María. “Ella estaba embarazada y tenía el ‘privilegio’ de juntar un tarro donde hacíamos nuestras necesidades –afirmó el hombre de pelo largo y canas–. Nos higienizábamos con un trapito que ella colgaba para que se secara, en cien días nos bañamos una sola vez.”

Cuando llegó al Pozo de Banfield, al hombre de profundos ojos verdes le quitaron el mameluco y los zapatos de trabajo. Con una cobija con la que se cubría, María le cosió un chaleco para que se abrigara. En 1979, ese chaleco pasó a manos de las Madres de Plaza de Mayo. Al igual que Taub, Barreda también escuchó llantos durante su detención. “En un determinado momento tuvimos la certeza de que había nacido”, dijo. Por sus cálculos, el nacimiento se produjo entre el 10 y el 20 de septiembre de 1978. La mujer que ayer recordó Barreda es María Asunción Artigas Milo, compañera de Alfredo Moyano y madre de Victoria Moyano Artigas.

Sin saber que su padre se había volcado por esa carrera, Carlos D’Elía Pallares se recibió de economista. “Mi segundo nombre es Rodolfo y a mí nunca me gustó ese nombre”, sostuvo. Con el tiempo supo que sus padres (el marino Carlos De Luccia y Marta Leiro, su mujer) eligieron ese nombre por Rodolfo Aníbal Campos, subjefe de la policía de Camps. Carlos consideró que Campos hizo la gestión para que ellos pudieran tener ese hijo que deseaban. La pareja viajó hacia el sur del conurbano bonaerense una mañana de 1978. En una esquina una persona se acercó a su auto y dejó en los brazos de Leira un bebé envuelto en papel de diario, con manchas de sangre. “¡Martita! ¿qué hacés acá?”, le preguntó el emisario. Ese hombre era Jorge Bergés, quien había firmado la partida de nacimiento y atendió a Yolanda en el Pozo de Banfield.


http://www.telesurtv.net/articulos/2013/03/13/cita-para-bergoglio-en-la-justicia-3012.html

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Organismos de Derechos Humanos cuestionaron a Bergoglio por la dictadura en Argentina
Bergoglio tuvo que declarar como testigo en 2 causas, una por la desaparición de dos curas y otra por robos de bebés.
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El flamante Papa, el argentino Jorge Bergoglio, fue cuestionado por organismos de derechos humanos y citado por la Justicia para declarar como testigo en causas por crímenes cometidos durante la última dictadura militar en el país.

Bergoglio recibió acusaciones de haber “colaborado” con el gobierno de facto de 1976 a 1983, sobre todo luego de prestar declaración en el juicio de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA) con motivo del secuestro y la tortura de dos sacerdotes jesuitas en ese predio, que en la actualidad funciona como Museo del Memoria.

El ex arzobispo de Buenos Aires declaró ante el Tribunal Oral Federal 5 porteño, aunque siempre negó las acusaciones.

Bergoglio era el superior de los jesuitas en la Argentina y en mayo de 1976 retiró la licencia religiosa a los curas Francisco Jalics y Orlando Yorio, dos subordinados del ex cardenal en la Compañía de Jesús y políticamente más activos que él.

Más tarde, los dos sacerdotes fueron secuestrados por un grupo de la ESMA, poco después de perder la protección religiosa, y se los envió a ese predio, en donde fueron torturados, supuestamente por su militancia en defensa de los derechos de los pobres.

Bergoglio también fue llamado a declarar como testigo, por petición de la Fiscalía y las Abuelas de Plaza de Mayo, en el juicio por el plan sistemático de robo de bebés nacidos en cautiverio durante la dictadura.

El ex cardenal fue convocado por la Justicia después de que otra testigo, Estela de la Cuadra, presentase varias cartas que su padre le había enviado a Bergoglio para que lo ayudara en la búsqueda de su hija desaparecida y su nieta.

El nuevo Sumo Pontífice de la Iglesia católica también fue citado a declarar como testigo en el marco de una causa penal abierta en ese país por el secuestro y posterior asesinato, en 1976, del sacerdote Gabriel Longueville, de origen francés y cura párroco de la localidad de Chamical, en La Rioja.

Una denuncia de la madre del religioso, Marie Therése Abattú, motorizó la investigación: Longueville y su colega Carlos de Dios Murias fueron secuestrados el 18 de julio de 1976 en la casa parroquial de Chamical por un grupo de tareas integrado por militares, policías y agentes civiles.

Desde ese lugar, los dos fueron trasladados a la base aérea de Chamical, donde fueron torturados y asesinados.

Fuente: NA.
http://www.diariouno.com.ar/pais/Organismos-de-Derechos-Humanos-cuestionaron-a-Bergoglio-por-la-dictadura-en-Argentina-20130313-0124.html


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14.10.2010 | 20:14 |
Los secretos de Bergoglio y Massera
El cardenal porteño hizo nombrar al Almirante Cero como doctor honoris causa en la Usal

Por:

Walter Goobar
En el fondo de un amplio ambiente de la catedral metropolitana, debajo de un gran tapiz de la Virgen, el hermético cardenal Jorge Mario Bergoglio se refugia en los silencios. No está rezando ni dando misa: está declarando como testigo en la megacausa Esma.

El declarante se amparó en sus fueros para evitar los estrados de Comodoro Py, por lo que los jueces del Tribunal Oral Federal Número 5 debieron trasladarse este lunes a la Catedral para escuchar durante cuatro horas las evasivas respuestas del máximo referente de la Iglesia argentina.

No se trata de revelar ningún misterio de la fe, sino de explicar ante la justicia terrenal un secreto inconfesable: el invisible rosario que lo unió al tenebroso dueño de la vida y de la muerte en las mazmorras de la Esma: el almirante Emilio Eduardo Massera.

El azar o la casualidad le jugaron una mala pasada al purpurado: a la misma hora que él se perdía en laberínticos balbuceos frente a los magistrados, el descerebrado almirante expiraba en la habitación 602 del Hospital Naval. Un paro cardíaco selló los labios del marino que se llevó a la tumba los inconfesables secretos que Bergoglio se empeña en preservar.

La desmemoria del cardenal seguramente se extiende a un evento ocurrido el 25 de noviembre de 1977 cuando él integraba la plana mayor de la Universidad del Salvador. Ese día, la Usal otorgó al jefe de la Armada, Emilio Eduardo Massera, el título de “doctor honoris causa”, en una ceremonia pública. Los datos de esa distinción al Almirante Cero desaparecieron misteriosamente de los archivos de la Universidad porque allí constan las firmas de quienes lo propusieron y cuáles eran las motivaciones para doctorar a un genocida. Pero, el cardenal hoy no recuerda el decisivo papel que jugó en ese homenaje al mandamás de la Marina.

Esa tarde, Bergoglio escuchó a Massera pronunciar un ampuloso discurso sobre la indiferencia de los jóvenes, el amor promiscuo, las drogas alucinógenas y la “derivación previsible” de esa “escalada sensorial” en “el estremecimiento de la fe terrorista”. Con una sonrisa en los labios, el dueño y señor de la Esma también aseguró que la Universidad era “el instrumento más hábil para iniciar una contraofensiva” de Occidente. Aunque aplaudió fervorosamente, el discreto Bergoglio no subió al estrado. Sí lo hicieron sus fieles discípulos de Guardia de Hierro, la poderosa organización paramilitar en la que Bergoglio militaba desde 1972 y que posteriormente intervino en la apropiación de los bienes de los desaparecidos.
Guardia de Hierro era por aquellos años la mejor escuela de cuadros que tenía la derecha peronista. Su líder, Alejandro el Gallego Álvarez, comandaba a 15 mil militantes formados bajo una férrea disciplina y adoctrinados por la ortodoxia ultramontana. La organización se autodisolvió oficialmente en 1974, pero siguió actuando y –gracias a los buenos oficios de Bergoglio, entre otros–, llegó a tener excelente relación con Massera.

El 31 de julio de 1973, Bergoglio fue elegido provincial, que es el punto máximo del escalafón de la Compañía de Jesús, una orden caracterizada por la obediencia y disciplina cuasi militar.

Un informe de inteligencia de la Side especializado en el seguimiento de los temas y los actores eclesiásticos de la época –que se conserva en un archivo de la Cancillería– sostiene que Bergoglio se proponía limpiar la Compañía de “jesuitas zurdos”.

Una de sus primeras decisiones como Provincial fue entregar la Universidad del Salvador a una asociación civil formada por laicos que militaban en Guardia de Hierro junto con él. Hacia fines de 1974, el ahora cardenal entregó la Usal a dos dirigentes de Guardia de Hierro: Francisco Cacho Piñón, que fue nombrado rector, y Walter Romero, jefe del Estado Mayor de la poderosa agrupación política, como operador oculto en la Universidad.

En ese sentido, el nombramiento de Massera como doctor “honoris causa” de la Usal se produjo casi exactamente un mes después de que los sacerdotes Orlando Yorio y Francisco Jalics fueron encontrados drogados y semidesnudos en un campo de Cañuelas. Los dos curas que desempeñaban su labor pastoral en una villa del Bajo Flores, habían permanecido casi seis meses secuestrados en la Esma.

Durante el juicio a las Juntas realizado en julio de 1985, el sacerdote Orlando Yorio –que estuvo cautivo en la Esma entre mayo y octubre de 1976– declaró: “Bergoglio nunca nos avisó del peligro que corríamos. Estoy seguro de que él mismo les suministró el listado con nuestros nombres a los marinos”.

El religioso –que falleció en agosto de 2000– repitió en más de una oportunidad: “No tengo indicios para pensar que Bergoglio nos liberó, al contrario. A mis hermanos les avisó que yo había sido fusilado, no sé si lo dijo como cosa posible o segura, para que fueran preparando a mi madre. Cuando quedé en libertad, Bergoglio me confesó que dos veces lo visitó un oficial de la policía para avisarle sobre nuestro fusilamiento. Fuera del país, en el New York Times se publicó la noticia de nuestra muerte, la Cruz Roja internacional tenía esa información”, narró Yorio. A su juicio, Bergoglio “tenía comunicación con el almirante Massera, le habrían informado que yo era el jefe de los guerrilleros y por eso se lavó las manos y tuvo esa actitud doble. No esperaba que no pudieran encontrar nada para acusarme ni que saliera vivo”.

El padre Yorio sostenía que Bergoglio estuvo presente en la casa operativa de la Armada en la que pasaron varios meses luego de salir de la Esma. “Una vez nos dijeron que teníamos una visita importante. Vino un grupo de gente a la que no pudimos ver porque estábamos con los ojos vendados, pero Francisco Jalics sintió que uno era Bergoglio”, afirmó el sacerdote.
El padre Yorio no sólo se basó en las percepciones sensoriales de su compañero de cautiverio. El propio Bergoglio reconoció ante otros familiares haber visto a Yorio y Jalics durante su secuestro y dio detalles que resultaron ser correctos.
En su libro Iglesia y dictadura, editado en 1986, cuando Bergoglio no era conocido fuera del mundo eclesiástico, Emilio Mignone lo mencionó como ejemplo de “la siniestra complicidad” eclesiástica con los militares, que “se encargaron de cumplir la tarea sucia de limpiar el patio interior de la Iglesia, con la aquiescencia de los prelados”. Según el fundador del Centro de Estudios Legales y Sociales, “en algunas ocasiones la luz verde fue dada por los mismos obispos”.
Fuentes de Guardia de Hierro, la organización que más tarde se convirtió en el brazo político del masserismo, sostienen que Bergoglio intercedió ante Massera por los dos sacerdotes y que la distinción académica de la Universidad de El Salvador fue una contraprestación de Bergoglio al marino.
Sin embargo, los testimonios de Yorio y Jalics desmienten esta teoría. Siempre aseguraron haber sido liberados gracias a una gestión del militante cristiano por los derechos humanos y ex presidente del Cels, Emilio Mignone, vía el cardenal Eduardo Pironio.
El padre Yorio le tenía tanto miedo a Bergoglio que en 1992, cuando Antonio Quarracino lo nombró obispo auxiliar, Yorio se mudó al Uruguay, donde residió hasta su muerte.
El controvertido y vidrioso papel que jugó Bergoglio en el secuestro de los dos sacerdotes le trajo consecuencias para su carrera.
El año 1979 marcó otro capítulo misterioso en la vida de Bergoglio. Mientras la historia oficial asegura que en ese entonces el ahora cardenal estaba terminando su tesis en Alemania, otras fuentes sugieren que estuvo enclaustrado como castigo en un convento jesuita en algún país europeo.
A mediados de 1988 lo confinaron a una parroquia de la provincia de Córdoba, donde sólo daba misa y confesaba.
Otro de los puntos oscuros en torno a la vida de Bergoglio es que nunca quiso presentarse ante la Justicia. Cuando se realizó el juicio a las Juntas, Yorio pidió que compareciera y fue citado pero rehusó presentarse, argumentando que estaba enfermo en Córdoba. Esa actitud de Bergoglio explica las razones personales por las que ha volcado todo el peso de la Iglesia en contra de la revisión judicial de los crímenes cometidos durante la dictadura militar.
Pero aquel confinamiento al silencio serrano fue interrumpido abruptamente en 1992 por la providencial llamada de Quarracino que lo nombró obispo coadjutor y su heredero cardenalicio.
“Líbreme el Señor de alzar la mano contra el ungido del Señor”, era y es la frase de cabecera de este maquiavélico pastor de la Iglesia que traicionó a sus hermanos y los entregó a la desaparición y la tortura por la Junta Militar en aras de una insaciable ambición de poder.

Publicado en Miradas al Sur:

http://sur.infonews.com/notas/los-secretos-de-bergoglio-y-massera

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Bergoglio y la dictadura de 1976 en Argentina
El papa Francisco ha recibido críticas por algunas de sus actitudes durante el último proceso militar en nuestro país.
13/03/2013 21:06 | Agencia AP2

El recién nombrado papa Francisco ha recibido críticas por algunas de sus actitudes durante la última dictadura.
Muchos argentinos siguen indignados con la Iglesia católica por no enfrentar abiertamente a la dictadura derechista que llegó al poder mediante un golpe de Estado en 1976 y que, en el afán de eliminar a "elementos subversivos", secuestró y mató a miles de ciudadanos.
Bajo la conducción del arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, ahora papa Francisco, la Iglesia argentina emitió en octubre de 2012 una oferta de disculpas por no defender a su grey durante la década de 1970. Pero la declaración culpó por la violencia de esa época a la junta militar y sus enemigos por igual.
La declaración llegó demasiado tarde para algunos activistas, que acusaron a Bergoglio de preocuparse por la imagen de la Iglesia más que por ayudar a la investigación de las violaciones de los derechos humanos.
En dos ocasiones, Bergoglio invocó su derecho bajo la ley argentina de negarse a comparecer ante un tribunal. Cuando finalmente lo hizo, en 2010, la abogada de derechos humanos Myriam Bregman dijo que respondió con evasivas.
Al menos dos casos lo involucraban de manera directa. Uno investigaba la tortura de dos sacerdotes de su orden jesuita, Orlando Yorio y Francisco Jalics, secuestrados en 1976 de los barrios pobres donde promovían la teología de la liberación. Yorio acusó a Bergoglio de entregarlos a los escuadrones de la muerte al negarse a decirle al régimen que apoyaba su trabajo. Jalics se negó a hablar de ello después de recluirse en un monasterio alemán.
Los dos hombres quedaron en libertad gracias a las negociaciones de trastienda realizadas por Bergoglio, quien habló de ello por primera vez en una entrevista realizada en 2010 para su biografía.
Bergoglio, jefe de la orden jesuita en la Argentina durante la dictadura, dijo al autor de su biografía que ocultó a mucha gente en propiedades de la iglesia en esa época. Pero lo hizo en secreto, mientras la jerarquía eclesiástica apoyaba públicamente a la junta y exhortaba a los católicos a demostrar su "amor a la patria" a pesar del terror que imperaba en las calles.


http://www.lavoz.com.ar/noticias/mundo/bergoglio-dictadura-1976-argentina

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Bergoglio, un Papa a la sombra de la dictadura argentina
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Aún siendo arzobispo y cardenal se negó a condenar a los dictadores
Aclara que más que denunciar, protegió a tres curas que eran perseguidos por los represores

BUENOS AIRES, ARGENTINA (13/MAR/2013).- El cardenal Jorge Bergoglio, a partir de hoy Papa Francisco, será un sumo pontífice acosado por la sombra de la última dictadura argentina, ya que fue acusado de haber entregado a un par de compañeros jesuitas a los represores.

Bergoglio ya era miembro de la Compañía de Jesús en Argentina cuando, en 1976, se impuso el último y más sangriento régimen militar de este país, que se caracterizó por el secuestro, torturas y desaparición de decenas de miles de víctimas.

Hace varios años, una denuncia periodística aseguró que Bergoglio, cuando era arzobispo de Buenos Aires, denunció ante los militares a los curas Orlando Yorio y Francisco Jalics, quienes trabajaban en una villa miseria en Buenos Aires.

Bergoglio les había pedido a sus compañeros que abandonaran su trabajo pastoral, pero ellos se negaron y entonces los denunció, por lo cual, en mayo de 1976, ambos fueron secuestrados y torturados.

También se le acusó de haber apoyado y colaborado con la Junta Militar que gobernó hasta 1983, tal y como lo hizo la cúpula católica argentina en su totalidad, sin ápice de autocrítica hasta la fecha.

El cardenal nunca se refirió a las acusaciones, hasta que en 2010 se publicó "El Jesuita", un libro con un perfil sobre él escrito a partir de una serie de entrevistas con los periodistas Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti.

En ese libro, Bergoglio advirtió que "si no hablé en su momento fue para no hacerle el juego a nadie, no porque tuviese algo que ocultar".

Contó entonces que, más que denunciar, protegió a tres curas que eran perseguidos por los represores.

"Saqué del país, por Foz de Iguazú, a un joven que era bastante parecido a mí con mi cédula de identidad, vestido de sacerdote, con el clergiman y, de esa forma, pudo salvar su vida", aseguró.

Además, dijo, "hice lo que pude con la edad que tenía y las pocas relaciones con las que contaba, para abogar por personas secuestradas".

Incluso, contó, llegó a ver dos veces al dictador Jorge Rafael Videla y al almirante Emilio Massera, dos de los personajes más tenebrosos del gobierno militar.

"En uno de mis intentos de conversar con Videla, me las arreglé para averiguar qué capellán militar le oficiaba la misa y lo convencí para que dijera que se había enfermado y me enviara a mí en su reemplazo", recordó Bergoglio en "El Jesuita".

Después, le pidió a Videla hablar con él, "siempre en plan de averiguar el paradero de los curas detenidos", aunque reconoció que "a lugares de detención no fui, salvo una vez que concurrí a una base aeronáutica...para averiguar sobre la suerte de un muchacho".

Las declaraciones de Bergoglio continuaron sembrando dudas en los organismos de derechos humanos, ya que aún siendo arzobispo y cardenal se negó a condenar a los dictadores y nunca cuestionó el apoyo que la iglesia Católica les dio a los represores.


http://www.informador.com.mx/internacional/2013/444025/6/bergoglio-un-papa-a-la-sombra-de-la-dictadura-argentina.htm

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