Lo que circula por los medios

4 de mayo de 2013

SOBERANIA MONETARIA - DOLAR




Zaiat _20121106 Economia - Dolares

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Domingo, 3 de junio de 2012 | Hoy
ECONOMIA › OPINION
Drogadólar dependiente


Por Alfredo Zaiat
Las operaciones de compraventa de dólares en el mercado marginal son ilegales. Están alcanzadas por la ley penal tributaria, al suponer que ese movimiento de dinero proviene de fondos no declarados al fisco, y por la ley penal cambiaria, que sanciona esas transacciones. Estas condiciones del circuito irregular de divisas no es información confidencial. Pese a que se conocen esas características de una actividad penada por la ley, en estos días analistas y comunicadores sociales han reiterado en varias ocasiones que si alguien recibe la validación de la AFIP resulta conveniente la compra de dólares en el mercado oficial para luego venderlos en el paralelo. La impunidad, la casi nula condena social y la ausencia de una advertencia de compañeros de trabajo a esa convocatoria a la ilegalidad están naturalizadas por el objeto fetiche en cuestión: el dólar.

El Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) con el dólar provoca que desaparezcan represiones y se traspasen límites que se cuidan en otras actividades o negocios, al menos en la forma. Hasta el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, se interesa en que se conozca una insólita reunión que mantuvo con cambistas para “ordenar” la dinámica y la cotización en ese mercado. Es difícil encontrar opiniones aprobando el contrabando o justificando públicamente la evasión impositiva. En cambio, con el dólar todo es válido. Presentar amparos judiciales para comprar 10 dólares; viajar a Colonia para conseguir dólares en el casino, simulando jugar con fichas previamente obtenidas entregando pesos; y hasta hacer contrabando hormiga de divisas a través de Bolivia, Paraguay o Chile. Eso sí, todos los que de una u otra manera participan de esta anomalía luego levantan el dedo admonitorio por la falta de justicia, la corrupción y los niveles de pobreza.

El TOC con el dólar es un síntoma que se arrastra desde hace años, con manifestaciones de mayor o menor intensidad, pero ahora se ha descompensado a partir de la abrupta medida de la AFIP de impedir la compra de divisas sin importar el monto demandado ni la capacidad patrimonial del interesado. Es una decisión desproporcionada en función de que el régimen de control instaurado a principios de noviembre del año pasado ya había adquirido fluidez y aceptación, o resignación. Como en los tratamientos a los alcohólicos, la terapia de cura es gradual para evitar brotes de desesperación por un shock de abstinencia. Abordar al drogadólar dependiente con esa última estrategia, interrumpiendo casi todas las transacciones de compra de billetes verdes, ha generado un exagerado cuadro de incertidumbre económica. Esta situación se agudiza por la ausencia de una comunicación oficial contundente sobre el origen y el objetivo de la medida, como sí la hubo cuando el Estado recuperó el control de YPF con las exposiciones de Axel Kicillof. Ahora quien explica es Aníbal Fernández.

A diferencia de otros momentos históricos, en el actual existe más margen para recuperar plenamente la soberanía monetaria afectada gravemente por la convertibilidad, que aún hoy sigue irradiando sus efectos perversos sobre el funcionamiento de la economía. Existe un dato contundente, ocultado por el coro afinado de economistas del establishment que alienta la dolarización y una fuerte devaluación: el dólar ha ingresado en una etapa de declive a nivel internacional. Una referencia ineludible de ese ciclo es la nueva etapa que se abrió anteayer, cuando China y Japón, la segunda y tercera potencias económicas mundiales, comenzaron a intercambiar directamente sus divisas para operaciones comerciales sin emplear el dólar. El movimiento comercial entre ambos países asiáticos demanda un elevado monto de divisas, más de 350.000 millones de dólares al año, que ahora será canalizada con yenes y yuanes.

La inmensa tarea de ampliar la soberanía monetaria en un contexto internacional convulsionado requiere información precisa, tranquilizadora, regulaciones de compraventa de moneda extranjera que se respeten y explicaciones sobre la disponibilidad de divisas, compromisos de deuda y condiciones económicas locales e internacionales. Además de intervenir en una fuerte disputa política y económica en el terreno del dólar, el Gobierno debe ser consciente de que el TOC con el dólar es un extendido síntoma social más allá de qué sectores compran billetes verdes. Como apuntó el lector Aníbal Perpetua, desde Bahía Blanca, “Argentina es el único país del mundo donde el cemento se vende en pesos, los ladrillos se venden en pesos, la mano de obra se paga en pesos y los departamentos cotizan en dólares”.

Las manifestaciones de ese trastorno se presentan en forma tan aguda que el resultado de inversiones financieras de los últimos diez años, con el dólar siendo la peor alternativa, es negado. Los economistas Estanislao Malic y Andrés Asiain elaboraron el documento “El dólar, ¿la mejor opción para el ahorrista?” que compara el rendimiento acumulado que obtuvo un ahorrista que optó por invertir en la Bolsa local, accediendo a través de cualquier fondo común de inversión comercializado por bancos líderes –cuyo rendimiento se expresa en la evolución del índice de acciones líderes Merval–, otro que optó por un plazo fijo y un tercero que prefirió comprar dólares (midiendo su cotización al cambio oficial y al paralelo). Tomaron como base enero de 2003 definiendo que los tres invirtieron 10.000 pesos. El análisis de los rendimientos muestra que el ahorrista que compró acciones es el más favorecido debido a que sus ahorros en mayo de 2012 alcanzaron los 43.000 pesos. El que optó por un plazo fijo en pesos (lo menos riesgoso) pasó a tener 21.400 pesos. En cambio para quien eligió el dólar sus ahorros pasaron a representar 13.100 pesos, y si se arriesga a la ilegalidad y busca cambiarlos al valor del paralelo tendría 17.000 pesos. “Es decir, menos aún que quien optó por la tranquilidad de un plazo fijo”, afirman Malic y Asiain, para agregar que el objetivo de ese informe es “desnudar la falsedad de una de las principales fábulas financieras que circulan por la city local, ésta es, que el dólar es la mejor opción de ahorro”.

Ante la contundencia de este recorrido financiero, economistas de la city argumentan que la corrida hacia el dólar es una estrategia defensiva frente a la inflación. Sólo el TOC con el dólar de sus interlocutores les facilita la tarea a esos profesionales de pronósticos equivocados. Si el objetivo es mantener el poder adquisitivo del capital, además de las opciones financieras mencionadas, el camino es adquirir bienes muebles, inmuebles o cualquier otra mercadería, no la compra de dólares. En un reciente informe de la consultora Econométrica elaborado por Ramiro Castiñeira se afirma que “la inflación explica en buena medida por qué el sector privado prefiere ahorrar en activos externos y preferentemente sin intermediación de instituciones locales, ya sean públicas o privadas”. El aspecto notable de esta sentencia es que en ese mismo documento se destaca que “el sector privado duplicó su tenencia de activos externos de 50 a 100 mil millones de dólares entre 1991 y 2001”. Esos fueron años de la convertibilidad cuando el índice de precios estaba deprimido por el congelamiento cambiario y la apertura importadora indiscriminada.

En esos años de estabilidad de precios, la tenencia de activos externos del sector privado pasó de 25 a 35 por ciento del PBI, según Econométrica. Esto significa que sin inflación, en la convertibilidad se aceleró la fuga de capitales. “Esta proporción actualmente se mantiene. El sector privado hizo crecer su cartera de activos externos a igual ritmo que la economía”, afirma el informe. O sea, en estos años de inflación no aumentó la proporción de dólares en manos del sector privado en relación con la dimensión de la economía. En el trabajo se menciona que en 2010 los activos de residentes en el exterior sumaban 173 mil millones de dólares, equivalentes al 36 por ciento del PBI.

La adaptación de una definición del novelista vasco Pío Baroja sobre la existencia de distintas clases de españoles realizada a principios del siglo pasado colabora para acercarse al comportamiento de argentinos con el dólar. Esa conducta se manifiesta en siete situaciones

1. los que no saben;

2. los que no quieren saber;

3. los que odian saber;

4. los que sufren por no saber;

5. los que aparentan que saben;

6. los que triunfan sin saber, y

7. los que viven gracias a que los demás no saben.

Estos últimos se llaman a sí mismos “economistas profesionales”, conocidos por su debilidad por el establishment y por circular por los grandes medios con el objetivo de alimentar la ansiedad del drogadólar dependiente.


http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-195534-2012-06-03.html

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Zaiat soberania monetaria 05112012




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Zaiat soberania monetaria 07112012




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¿Alguien piensa que en Brasil o en otros países de Europa o incluso en los Estados Unidos dicen: Ah, bueno, hagan lo que quieran con nuestra moneda y ustedes pueden ahorrar con otras monedas? La verdad es que no, porque nadie rifa su soberanía monetaria.

En la Argentina, desde 1976 -y especialmente desde 1977 con la reforma financiera de Martínez de Hoz- se liberalizó el mercado financiero y cambiario como en pocos lugares del mundo: se hizo un mecanismo ultra liberal de acceso a la moneda extranjera. Con los 10 años y medio de la fantasía de la
convertibilidad, donde gran parte de la población quedó atrapada del engaño del 1 a 1 -que un peso es igual a un dólar-, se profundizó esa dolarización y se rifó la soberanía monetaria.

Recuperar la soberanía monetaria

Las medidas de administración de divisas a partir de noviembre de 2011 aspiran a empezar a recuperar la soberanía monetaria con un esquema de administración de moneda extranjera como existe en otros países. ¿Alguien piensa que en Brasil o en otros países de Europa o incluso en los Estados Unidos dicen: Ah bueno, hagan lo que quieran con nuestra moneda y ustedes puedan ahorrar con otras monedas? La verdad es que no, porque nadie rifa su soberanía monetaria.

Un periodo tan largo, desde 1976 hasta 2011, explica esta obsesión con el dólar. Antes había control y fiscalización, había un sistema bancario donde el estado tenía una intervención, regulaba la tasa de interés, no ibas a cualquier casa de cambio y comprabas dólares, y no había este exagerado límite de dos millones de dólares mensuales que podían comprarse. Esto agudizaba un comportamiento rentístico y especulativo.

Reinversión vs. fuga de capitales

¿Cómo es un circuito virtuoso? Donde los excedentes de capital se reinvierten en el sector productivo y no en la especulación o en una moneda extranjera que va al exterior, ya sea por fuga de capitales, depósitos en el exterior o compra de propiedades en el exterior o porque se guardan en el colchón o en cajas de seguridad. Es decir, salen del circuito productivo.

En el periodo 2007-2011, haciendo números redondos, esas seis corridas cambiarias fueron 70.000 millones de dólares. Eso fue en las seis corridas pero también hubo otros meses en que se siguió fugando o comprando o atesorando dólares. En total fueron casi 80.000 millones de dólares. ¿Se imaginan, no digo todo, si solo la mitad de ese capital hubiese quedado en reinversión en la Argentina o hubiese sido depositado a plazo fijo -que en este periodo fue una mejor inversión que comprar dólares?

Los devaluadores

El comportamiento tradicional de lo que se llama las elites empresarias, las burguesías, los sectores con gran capacidad de ahorro y excedente de capitales en la Argentina, precisamente por ese régimen que rifó la soberanía monetaria, buscan las crisis cíclicas. ¿Qué significa esto? Que el camino para valorizar ese capital es la devaluación: hay una crisis, una devaluación, endeudamiento y ellos tienen acumulado un capital en dólares, que se valoriza.

Durante todo 2011 se insistía permanentemente en la devaluación, se buscaba la devaluación, se presionaba hacia la devaluación. ¿Cómo se puede presionar a un gobierno para que devalúe? Claramente, uno puede ir a la historia y ver lo que pasó con Alfonsín, puede ir a la historia y ver lo que pasó con el corralito.¿Por qué se instala el corralito? No fue algo natural que cayó del cielo, el corralito
se pone por la fenomenal fuga de capitales.

El interés nacional

La devaluación es el ciclo tradicional de valorización de capital que tienen las elites empresarias argentinas hace muchísimas décadas. ¿Y por qué están con tanta bronca? Porque no hubo devaluación, no hubo ese desenlace tradicional típico de las crisis argentinas. ¿Qué significa la devaluación? Caída del salario real, inestabilidad económica. Y cuando vos salís del circuito de la moneda nacional y vas al dólar ¿qué pasa? No estás dentro de lo que es el destino de la economía nacional, ya estás afuera, entonces lo que pase con las crisis te es indiferente, porque vos ya escindiste tu interés de lo que es el interés nacional. Esto es lo que hacen los grandes capitales en el país, donde por diferentes vías buscan la profecía autocumplida, con los economistas del establishment que le sirven como amplificadores de sus intereses, con los grandes medios, que conforman todo ese andamiaje informativo.

Según un informe del gobierno de Estados Unidos en 2005, en Brasil había 6 dólares per cápita, en Argentina había 1300 dólares per cápita. Y hoy alcanzaría a un promedio de 2000 dólares per cápita. No hay en el mundo, obviamente fuera de Estados Unidos, ningún país en el que haya tantos dólares per cápita. ¿Por qué pasa esto si Brasil tuvo las mismas características en las crisis económicas que la
Argentina? Tuvo dictadura militar, tuvo alta inflación, tuvo híper inflación, tuvo cesaciones de pago, tuvo inestabilidad económica. Entonces¿por qué en Brasil no hubo una dolarización tan fuerte? Por lo que decía al principio: no rifaron su soberanía monetaria ni con un sistema ultra liberal de acceso a la divisa y mucho menos con la convertibilidad.

La cultura rentística

Otro elemento que explica la alta dolarización de la economía argentina, que tiene componentes sociológicos e históricos, es la conducta rentística histórica de lo que uno puede denominar burguesía argentina o elites empresarias, que parte desde la propia constitución del estado nacional y tiene que ver con la propiedad de la tierra. Hoy hay una pretensión, una política, que aspira a recuperar la soberanía monetaria y requiere de medidas que también acompañen esta decisión política como generar alternativas de inversión atractivas. Uno de los nudos principales es el mercado inmobiliario que tiene un problema muy importante porque cambiar las conductas no es una cuestión voluntarista.

Exposición realizada en el programa 678, emitido por la Televisión Pública


http://cada17.com/notas/alfredo-zaiat-economista-nadie-rifa-su-soberania-monetaria.html

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Presión especulativa sobre el dólar




Publicado el 20/03/2013
Columna de Economía de Raúl Dellatorre. De Mendiguren: "No se justifica el ruido en el mercado cambiario". A su regreso de Roma, el presidente de la UIA afirmó que "en la Argentina no hay una situación" como para que el dólar paralelo haya registrado aumentos como en los últimos días. Emitido por Visión 7, noticiero de la TV Pública argentina, el miércoles 20 de marzo 2013.

http://www.youtube.com/watch?v=ganuHiOXm7c
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EL MODELO ECONÓMICO KIRCHNERISTA

Por Juan Santiago Fraschina*

El golpe de Estado de 1976 tenía fundamentalmente dos objetivos centrales y fuertemente entrelazados: desperonizar la sociedad argentina, al mismo tiempo que romper con el modelo de industrialización por sustitución de importaciones. El general Aramburu creía que simplemente prohibiendo los símbolos y las liturgias relacionadas con el peronismo, la sociedad en general y la clase obrera en particular se olvidarían del legado de Juan Domingo Perón y de Eva Duarte. Sin embargo, y a contraposición de lo pensado por los autores del golpe de Estado de 1955, el resultado fue el crecimiento y la radicalización de la resistencia peronista, que obligaron a los militares a permitir el retorno del general Perón a la escena política en los comienzos de la década del setenta.

Por tal motivo, los militares que pergeñaron el golpe de 1976 llegaron a la conclusión de que la única forma de poder efectivamente desperonizar a la sociedad argentina era a través de la destrucción del modelo económico que significaba el fortalecimiento de la columna vertebral del peronismo, es decir, el movimiento obrero organizado. Esto suponía desindustrializar a la economía argentina para debilitar a la clase obrera y sostener la construcción de un nuevo modelo económico a favor de los sectores dominantes. Este El nuevo régimen de acumulación fue el modelo neoliberal de valorización financiera, que tuvo distintas etapas en su construcción y consolidación y que implicó la apertura comercial, la libre operación de los mercados de capitales, la desregulación de los mercados, la flexibilización laboral y un proceso de privatizaciones.

La dictadura militar y la implementación del modelo neoliberal (1976-1983): la implementación del modelo neoliberal durante la dictadura militar tuvo dos etapas. La primera etapa consistió en la concentración del ingreso a través de tres medidas que se tomaron durante el primer año de la dictadura. En efecto, el congelamiento del salario nominal, la eliminación del control de precios de las mercancías, junto con una fuerte devaluación de la moneda, generaron una significativa reducción del salario real de los trabajadores a partir del proceso inflacionario que se desató.

Este fenómeno generó una transferencia de ingresos desde los asalariados a los sectores dominantes, rompiendo con la “sociedad del empate” que se había constituido durante la industrialización sustitutiva y fundamentalmente a partir de los dos primeros gobiernos de Perón. De esta manera, la clase trabajadora pasó de participar del 44% del PBI en 1975 al 28% en 1976, por lo que el capital que se apropiaba del 56% del producto en 1975 pasó a participar del 72% en 1977. Por lo tanto, durante el primer año del modelo neoliberal se produjo una fuerte concentración del ingreso, generando una pauperización social, y rompiendo con uno de los rasgos centrales que había caracterizado a la sociedad argentina durante el modelo de industrialización por sustitución de importaciones.

Luego de pulverizar el salario real, concentrar el ingreso y comprimir el mercado interno, se desarrolló la segunda etapa en la implementación del modelo neoliberal: la construcción de un modelo de valorización financiera y la desarticulación del aparato manufacturero nacional. Este objetivo se logró a través de la reforma financiera introducida por la dictadura militar en 1977, que consistió básicamente en dos puntos. Por un lado, la liberalización de la tasa de interés y la prohibición al Banco Central de la República Argentina de financiar el déficit fiscal. De esta manera, a partir de la reforma el desequilibro fiscal comenzó a ser financiado a través del endeudamiento público. El resultado fue un crecimiento de la tasa de interés local.

Junto con la reforma del sistema financiero, la dictadura militar estableció la liberalización de la cuenta de capital de la balanza de pagos, permitiendo de esta forma que el sector privado, y básicamente los grandes grupos económicos, pudieran pedir prestado dinero en el extranjero y fugar sus recursos libremente. A partir de estas medidas se modificaron en la economía argentina las rentabilidades relativas de los distintos sectores económicos; al ser más rentable el sector financiero que invertir en la producción industrial. Además, debemos agregar la tablita cambiaria impuesta por Martínez de Hoz, que implicaba un tipo de cambio fijo y devaluaciones pre-anunciadas. En otras palabras, todos loas agentes económicos sabían qué día y cuánto el gobierno nacional devaluaría la moneda.

En este modelo de valorización financiera, junto con el crecimiento de la deuda pública tanto interna como externa para poder financiar el déficit fiscal, se produjo un significativo crecimiento de la deuda externa privada, como consecuencia de la denominada “bicicleta financiera”. A partir del fuerte crecimiento de la liquidez del sistema financiero internacional como resultado de la aparición de los petrodólares a principios de la década del setenta, la tasa de interés internacional era reducida en comparación con la tasa de interés interna, que aumentó con la reforma financiera de 1977.

En este contexto, el capital concentrado interno comenzó a endeudarse en el extranjero a una tasa de interés relativamente reducida; luego compraban pesos en el mercado local y los depositaban en el sistema bancario interno, que les daba una tasa de interés más alta de a la que se habían endeudado. Es importante destacar que la tasa de interés de los depósitos en pesos era mayor a la que podían recibir en dólares, por tal motivo cambiaban los dólares por pesos, teniendo en cuenta que el tipo de cambio era fijo y que conocían de antemano cuándo se devaluaría la moneda.

De esta manera, obtenían una renta financiera a partir de la valorización de la masa dineraria que obtenían de endeudarse en el extranjero. Además, a esa ganancia que obtenían luego la fugaban al extranjero. Es así como al mismo tiempo que crecía abruptamente la deuda externa privada, se expandía la fuga de capitales al extranjero de los grandes grupos económicos. La renta financiera era superior a la renta productiva, por lo que esto se tradujo en una de las causas centrales del proceso de desindustrialización y crecimiento del desempleo durante la dictadura militar.

Por último, en 1982 Domingo Cavallo, siendo presidente del Banco Central, decidió estatizar la deuda externa privada. Es decir, la deuda externa de los grandes grupos económicos pasó al Estado nacional, por lo cual la tuvo que pagar la población argentina a través del pago de los impuestos. Se estatizó la deuda externa de los grandes empresarios pero no los dólares que tenían fugados en el extranjero, esto es, se estatizaron los costos pero no las ganancias que la “bicicleta financiera” le había generado al capital concentrado interno. De esta forma, una de las consecuencias más nefasta del modelo neoliberal y de la dictadura militar fue la deuda externa pública, que pasó de 8.600 a 46.000 millones de dólares aproximadamente. El legado de la dictadura a partir de la instauración del modelo neoliberal fue, entonces, la desarticulación del aparato manufacturero nacional, el aumento del desempleo, la pobreza y la indigencia, la concentración del ingreso, la desaparición de una gran cantidad de pequeñas y medianas empresas, y un aumento abrupto de la deuda externa y la fuga de capitales. Este modelo económico pudo ser instaurado a partir del terrorismo de Estado, que generó el inició de la despolitización de la sociedad argentina.

Legitimación y profundización del modelo neoliberal (1986-2003): el retorno de la democracia implicó un incipiente retorno de la política como eje ordenador de la sociedad argentina. Sin embargo, la legitimación y profundización del modelo neoliberal se tradujo en un alejamiento creciente de la sociedad en general y de la juventud en particular con respecto a la política. Despolitización y modelo neoliberal son dos caras de la misma moneda.

Con el gobierno de Alfonsín, la Argentina inició el camino de la subordinación al FMI, que comenzó a actuar como representante de los acreedores externos. De esta manera, el organismo internacional empezó a imponerle a la Argentina distintos modelos económicos con el único objetivo de garantizar el cumplimiento del pago de la deuda y sus intereses a los acreedores.

En este sentido, el FMI refomentó dos programas de reformas estructurales para la economía y la sociedad argentina. El primero fue el programa de ajuste estructural impuesto en la década del ochenta al gobierno radical, que consistía en la reducción del gasto público para generar un superávit fiscal suficiente a fin de poder pagar los distintos servicios de la deuda pública. Dicho de otra forma: el gobierno de Alfonsín redujo los gastos del Estado en educación, salud, gasto social e infraestructura con el objetivo de utilizar esos recursos para pagarle a los acreedores externos. Pagar la deuda externa con el hambre y la pobreza de los argentinos. La década del ochenta terminó con una de las peores crisis económicas y sociales de nuestra historia: la crisis hiperinflacionaria de 1989, que implicó la salida anticipada de Alfonsín de la presidencia.

En este contexto, el FMI redobló la apuesta. Según el organismo internacional, el problema había sido que la reducción del gasto público no fue acompañada por una reforma estructural de la economía nacional. De esta forma, nos impuso en la década del noventa el Consenso de Washington, el cual se caracterizaba por la disciplina fiscal junto con un conjunto de políticas neoliberales, como por ejemplo las privatizaciones, la apertura comercial, la desregulación de los mercados y la liberalización financiera.

El gobierno de Menem, junto con el modelo de Convertibilidad que replicaba la tablita cambiaria de Martínez de Hoz, se encargó de imponer las políticas recomendadas en el Consenso de Washington. Luego, este modelo fue legitimado y profundizado a través de distintas medidas como, por ejemplo, la flexibilización laboral establecida por el gobierno de la Alianza, encabezado por el radical Fernando De La Rúa. El nuevo paquete del FMI terminó en la crisis de 2001, la peor crisis económica y social de la historia argentina en términos de caída del producto y en cuanto al aumento de la pobreza y a la indigencia que generó.

A partir de la crisis se fue delineando la salida neoliberal de la crisis de la misma diseñada por el FMI: la salida duhaldista. El proyecto económico de Duhalde era una maxi devaluación de la moneda acompañada por un congelamiento del salario nominal, que se tradujo en un proceso inflacionario que provocó una caída del salario real de los trabajadores, con el objetivo de beneficiar exclusivamente a los grandes exportadores. La salida neoliberal de la crisis de 2001 era una nueva transferencia de recursos desde los sectores asalariados (caída del salario real) a los sectores dominantes, en este caso los grandes exportadores del sector agrario e industrial.

Nos esperaba nuevamente la desolación. Nos esperaba nuevamente más pauperización social y económica, más despolitización, más impunidad. La sensación era que la degradación de la Argentina no tenía final. Sin embargo, la resistencia popular que terminó con dos muertos a partir de la represión policial ocasionó el adelantamiento de las elecciones y el triunfo de un desconocido: Néstor Carlos Kirchner, quien asumió la presidencia en mayo del 2003.

El kirchnerismo rompió con treinta años de neoliberalismo, dependencia económica y despolitización. La construcción de un modelo de reindustrialización con inclusión social y distribución del ingreso fueron los rasgos centrales de la economía argentina a partir del 2003. Esto necesitó de dos cosas. Por un lado, el pago al FMI con el objetivo de aumentar los márgenes de independencia económica para la construcción del nuevo modelo de desarrollo. Por otro lado, volver a poner a la política en el centro de la sociedad argentina para la defensa por parte de los sectores populares del nuevo modelo. Modelo nacional y popular y politización de la sociedad argentina son dos caras de la misma moneda. Por todo esto y mucho más, Gracias Néstor, Fuerza Cristina.

*Economista del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP) www.geenap.com.ar


http://www.revista2010.com.ar/economia/EL-MODELO-ECONOMICO-KIRCHNERISTA.php

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