Lo que circula por los medios

19 de septiembre de 2014

Mitos sobre la pobreza - El caso Noruega







La crisis económica mundial desde el punto de vista de Bernardo Kliksberg. El economista argentino reflexiona, en veinticinco capítulos, sobre la exclusión, la reconstrucción del Estado, la idea del capital social, la ética, la construcción de una economía con rostro humano, entre otros temas. Una mirada estadística y positiva para conocer soluciones posibles.
Duración: 28 minutos
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EL CASO NORUEGA



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Algunos mitos sobre la pobreza

Año 3. Edición número 153. Domingo 24 de abril de 2011
Por Bernardo Kliksberg, economista
politica@miradasalsur.com
En Escándalos éticos, Bernardo Kliksberg derrumba el mito de que “pobres hubo siempre”, transformado en un lugar común por el discurso neoliberal.
OTRAS NOTAS

La mirada optimista de la Cepal
Según las estadísticas de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), la Comunidad de Estados Latinoamericanos (Celac), que nació este fin de semana en la capital venezolana con la adhesión de los 33 países que integran la región, reúne en su seno unos 580 millones de habitantes, con un ingreso per cápita que promedia los 8.980 dólares y un Producto Interno Bruto (PIB) que suma 5.212 billones de dólares. Puesto en términos globales: se trata del 8% de la producción mundial y del 8,5% de la población del planeta.

Los niños más pobres de Europa
El último informe de Cáritas Europa pone de manifiesto que “las políticas de austeridad han fallado a la hora de solucionar problemas”. La tasa de riesgo de pobreza en menores alcanza casi el 30%, nueve puntos por encima de la media europea
Tres de cada diez niños españoles viven en riesgo de pobreza y exclusión social.

Escándalos éticos
La crisis mundial ha agravado una serie de "escándalos éticos" que deberían estar en el centro de la atención colectiva.

Difícil ser joven
La OIT los llama en un riguroso informe reciente "la generación perdida". Se refiere a los jóvenes que han abandonado la búsqueda de trabajo porque no ven posibilidad alguna de encontrarlo en un mundo en donde la juventud ha sido duramente afectada por la crisis económica generada según Obama por la falta de políticas reguladoras y la "codicia desenfrenada" de grandes operadores financieros.

Miseria en estado puro
La pobreza no es linda, es sucia y dura. Hay que mirarla desde afuera para verla con simpatía. La pobreza es como un bicho, como una enfermedad incurable que avanza comiéndose el cuerpo y, lo peor de todo, la cabeza. Porque la pobreza, como la sífilis, termina adueñándose hasta del mundo de los sueños para convertirlo en locura, en infamia, en miseria.
Tal vez la comparación suene exagerada cuando se la remite al hecho que dispara esta posdata: en Valencia un partido de ultraderecha reparte comida a los hambrientos que tengan documentos españoles. Sólo a los que acrediten ser españoles.

Más allá de Fukushima
La pareja es propietaria de una tienda de comestibles en la principal calle comercial del pueblo de Manie que quedó llena de escombros. Y su casa, a más de tres kilómetros, estaba en ruinas tras el tsunami que arrasó la zona. “Desde hace décadas trabajamos duro para tener una vida estable y desapareció en pocos minutos. Nuestro futuro es incierto”, se lamentó Shinohara a la agencia IPS mientras hacía cola para registrarse en un refugio temporal.

Miradas al Sur presenta a modo de anticipo una sección del nuevo libro de Bernardo Kliksberg, Escándalos Éticos. Las dos obras anteriores del autor, Profesor Honorario de la UBA y asesor especial de la ONU, son los best sellers internacionales Más ética, más desarrollo y Primero la Gente
El mito de la pobreza como fatalidad inexorable. El Presidente de los ’90, reaccionaba ante la interrogación periodística sobre por qué seguía subiendo la pobreza en lo que llamaba “Argentina potencia”, señalando que “pobres hay en todos lados”, y que “pobres hubo siempre”.
Sintetizaba la idea de que la pobreza es inevitable. Por ende, es ajena a toda responsabilidad de las políticas públicas, y siquiera de las sociedades. En algún momento ubicado mucho más allá en el tiempo se reducirá como efecto del “derrame económico” que el modelo que preconizaba traería a todos los sectores.
El razonamiento de la “inevitabilidad” y por ende “de la falta de responsabilidades” sigue muy presente en la visión usual.
Se cae, en cuanto se lo confronta con la realidad. No hay pobreza en todos lados.
En Noruega casi no existe, y lo mismo sucede en los países nórdicos en general. En Japón es del 4%. Puede erradicarse totalmente de una sociedad.
Por otra parte, como sucede normalmente con los mitos, son útiles para eludir las gradaciones. No es lo mismo tener un 58% de pobreza como Argentina en el 2002, a tener 18% como en Costa Rica. Las diferencias significan millones de personas con vidas comprometidas severamente, y grados mínimos de libertad real.
La otra parte del mito, la permanencia de la pobreza en el tiempo, tampoco resiste el cotejo básico con los hechos. En la Argentina de inicios de los ’60, con diversos problemas, bajaba de un dígito, era más de cuatro veces menor a la que tenía el país cuando terminaron los ’90. Así que no resulta cierto que la “hubo siempre”.
Cuando se cae el mito aparecen las responsabilidades. En países con las potencialidades de la Argentina, la pobreza es un constructo histórico-social. Sus niveles estarán ligados a la calidad de las políticas gubernamentales, y las actitudes y acciones de la sociedad.
Así, el hecho de que Costa Rica haya tenido en el último medio siglo niveles de pobreza menores a la mitad de los de América latina, tiene que ver con el establecimiento de políticas sociales de largo plazo, en áreas como educación y salud. Es uno de los pocos países de la región que ha tenido “Políticas Sociales de Estado” en este campo, que se han continuado con sus especificidades en diversas administraciones.
En Chile, la dictadura militar, a pesar de progresos económicos, llevó a que la pobreza se duplicara. Entre el inicio y el final de la era de Pinochet pasó de un 20 a un 40% de la población. La democracia, hizo de ella una prioridad, y el gobierno Bachelet finalizó con un 13% de pobreza.

El mito de que la responsabilidad de la pobreza es de los pobres. La argumentación toma múltiples formas, pero el argumento central es que hay ciertas características en el comportamiento de los pobres que generan y mantienen la pobreza. Puede llenarse con prejuicios variados: beben demasiado, tienen poca inclinación a esforzarse, no les interesa educarse.
Tras el mito subyace un implícito, la pobreza sería un problema de conductas individuales. Si se superaran estos rasgos, desaparecería. En definitiva, sería culpa de sus mismas víctimas.
El mundo simplificado que ofrece el mito es muy diferente del real. En América latina hay actualmente 189 millones de pobres. Casi uno de cada tres latinoamericanos está por debajo de la línea de la pobreza. Puede alguien atribuirlo a comportamientos personales. No resulta evidente que hay ausencia de oportunidades de cambio para un amplio sector de la población.
En el 2009, según los estimados de la Cepal, se agregaron ocho millones más como consecuencia de los efectos de la crisis mundial, entre ellos la caída de las exportaciones, de las inversiones, del turismo y el descenso de las remesas migratorias. ¿Dónde está la culpabilidad de los pobres?
El tema es inverso. Una de las dificultades mayores de la situación es que muchos de los pobres están viviendo en “trampas de pobreza”. En sociedades tan desiguales como las latinoamericanas tiende a conformarse el “accidente de nacimiento”. Según el estrato social, la región geográfica y las condiciones del hogar donde se nace, habrá posibilidad de recibir buena educación y protección en salud, o sucederá lo contrario. El niño que nace en un hogar pobre estará expuesto a riesgos de salud más severos, en muchos casos trabajará desde pequeño, sus padres pueden darle una dedicación limitada porque su esfuerzo está en la supervivencia diaria, tendrá altas probabilidades de no terminar el colegio secundario.
Sin secundaria completa, será difícil actualmente que sea contratado por ninguna empresa de la economía formal, aunque sean empleos no calificados. Deberá subsistir en la marginalidad, y la informalidad, con trabajos precarios y sin protección.
Si no median políticas públicas activas que rompan las “trampas de pobreza”, probablemente los grupos familiares que conforme van a reproducir destinos similares. Así, en la región, si se toma el grupo de hijos de padres que terminaron la universidad, el 91,4% de esos hijos finaliza la secundaria, y el 71,7% la universidad. En cambio, en el grupo de hijos de padres con primaria incompleta, sólo el 31,7% logra completar la secundaria, y un porcentaje ínfimo, el 2,9%, termina la universidad.
En su informe como Relator a la Cumbre Social Mundial convocada por la ONU en Copenhague (1995), señalaba el presidente Patricio Aylwin que este mito no tenía ninguna base. Resaltaba que en los hechos, los pobres, cuando se les ofrecían oportunidades de educación y trabajo las tomaban con todo interés y compromiso.
Nuevamente, la gran funcionalidad del Mito es que al culpabilizar a las víctimas deja libres de responsabilidades a los otros actores de la sociedad.

El mito de la oposición entre “dar pescado” y “ayudar a pescar”. 
Las políticas sociales son cuestionadas con frecuencia en el país a partir de esta expresión casi mágica. Ayudar, otorgar subsidios, a niños, jóvenes u hogares en pobreza y pobreza extrema sería fomentar el “asistencialismo”. Eso debe ser combatido y debe ponerse todo el esfuerzo, en cambio, en proporcionar trabajo.
El mito crea una falsa oposición. Así, es fundamental que se ayude ya a los más de cuatro millones de niños hijos de trabajadores informales que no tenían ningún sistema de protección hasta la reciente creación de un subsidio universal para ellos. La pobreza tiene una característica muy especial. Muchos de los efectos que produce no son reversibles después. Como demostró la Unicef, si no se ayuda ya a un niño con hambre, su cerebro será afectado, no se formarán las conexiones interneuronales, y tendrá atrasos para toda la vida.
Se debe ayudar con la mayor urgencia posible, pero al mismo tiempo hacerlo a través de políticas y programas que empoderen, capaciten, creen oportunidades productivas y laborales. Ésa es una de las metas centrales de la buena gerencia social. Hoy los más de 80 programas de transferencias condicionadas, existentes en casi toda la región, instrumento que por su efectividad se ha extendido rápidamente, tratan de combinar ambos grupos de objetivos.
El ataque masivo a las políticas de ayuda lleva a desacreditarlas, y las debilita. No solucionan el problema, pero son imprescindibles para proteger ya mismo a los desprotegidos.

http://sur.infonews.com/notas/algunos-mitos-sobre-la-pobreza

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JESUS MULTIPLICO LOS PANES Y LOS PECES
Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, el de Tiberíades, y mucha gente le seguía porque veían las señales que realizaba en los enfermos. Subió Jesús al monte y se sentó allí en compañía de sus discípulos.
Estaba próxima la Pascua, la fiesta de los judíos. Al levantar Jesús los ojos y ver que venía hacia él mucha gente, dice a Felipe: «¿Donde vamos a comprar panes para que coman éstos?» Se lo decía para probarle, porque él sabía lo que iba a hacer. Felipe le contestó: «Doscientos denarios de pan no bastan para que cada uno tome un poco».
Le dice uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro: «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?»
Dijo Jesús: «Haced que se recueste la gente». Había en el lugar mucha hierba. Se recostaron, pues, los hombres en número de unos cinco mil. Tomó entonces Jesús los panes y, después de dar gracias, los repartió entre los que estaban recostados y lo mismo los peces, todo lo que quisieron.
Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: «Recoged los trozos sobrantes para que nada se pierda». Los recogieron, pues, y llenaron doce canastos con los trozos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.
Al ver la gente la señal que había realizado, decía: «Este es verdaderamente el profeta que iba a venir al mundo». Dándose cuenta Jesús de que intentaban venir a tomarle por la fuerza para hacerle rey, huyó de nuevo al monte él solo.

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Mitos, falacias y racionalizaciones sobre la pobreza y la desigualdad


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Mitos sobre la pobreza

La pobreza es tema central en el discurso político latinoamericano. Frente a la crisis que amenaza aumentar fuertemente la pobreza en la región, urge terminar con los mitos, y las excusas, y hacer consono el discurso con la acción.

Por Bernardo Kliksberg, 26 de agosto de 2009
gran_pobreza-4La pobreza es tema central en el discurso político latinoamericano. Todos dicen estar preocupados por ella, y prometen dedicarle la mayor atención. Sin embargo, a pesar de ser un Continente de excepcional potencial económico las cifras son alarmantes. Hay varios mitos, muy difundidos que deberían ser superados para poder mejorarla a fondo y de modo sostenible.


1.La pobreza desaparece cuando hay crecimiento económico

Es fundamental hacer todo lo posible para que la economía crezca. Pero en América Latina que es muy desigual ello no se revierte automáticamente en mejora de la pobreza. En los tres años anteriores mientras crecía fuerte el Producto Bruto regional (4.7%), seguían aumentando la desnutrición, la mortalidad materna, y la deserción escolar. El crecimiento es una condición imprescindible pero no suficiente, debe haber políticas que garanticen alimentación, educación, y salud, y abran oportunidades reales de trabajo.

2.La pobreza es un problema importante, pero hay otros

La pobreza debería ser lo primero, porque no es neutra, mata y enferma. Mueren en la región 23.000 madres por año al dar a luz, y 30 niños de cada 1000 no llegan a los 5 años por ella. La pobreza tiene una característica: sus efectos destructivos no son reversibles después.

3.La pobreza es un tema económico

Para los pobres es mucho más. Cuando se les pregunta en las encuestas que es lo que más les duele de la pobreza, contestan que “la mirada de desprecio” de los demás. Sienten que por ser pobres son percibidos como subpersonas, inferiores, y con frecuencia tratados como tales. Ser pobre en sociedades como muchas de las latinoamericanas, no es un mero status económico desfavorecido, es un “estigma”. Funcionan discriminaciones activas, desde cruzar a la vereda de enfrente ante un pobre, hasta las marcadas segregaciones residenciales.

4.La culpa de la pobreza la tienen los pobres

Con frecuencia se escucha: “sino fueran indolentes no serían pobres”, “mientras nosotros nos esforzamos ellos se alcoholizan”, “no les interesa ir a la escuela”. Los razonamientos son insostenibles. Hay 190 millones de pobres en América Latina, una de cada tres personas. Obviamente que no es una elección personal, detrás de esta enorme cifra, hay malas políticas, y falta de solidaridad, que los arrojaron en la pobreza. Así lo dicen todos los estudios existentes. Echarles la culpa es una racionalización para no enfrentar las causas reales.

5.La pobreza es una maldición ancestral. Siempre habrá pobres

En Noruega, Finlandia, y Suecia no los hay. Hubo para ello políticas activas creadoras de derechos para todos, inclusión, e igualdad. En la Biblia los profetas de Israel pioneros de la justicia social, dicen al pueblo: “no habrá pobres entre vosotros”. Están diciendo, la divinidad ha entregado un universo infinitamente rico, que no haya pobres, depende de Uds., de cómo organicen su sociedad.

Frente a la crisis que amenaza aumentar fuertemente la pobreza en la región, urge terminar con los mitos, y las excusas, y hacer consono el discurso con la acción.

http://spanish.safe-democracy.org/2009/08/26/mitos-sobre-la-pobreza/#sthash.4D2CowHm.dpuf
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DEPENDE: POBREZA
Febrero-marzo 2010
Bernardo Kliksberg
Es el mayor dilema moral del planeta y el más grave delito contra los derechos humanos del siglo XXI. La
globalización no acabó con ella y la crisis económica no ha hecho más que agudizarla.
El crecimiento económico reduce la miseria
Ojalá. La realidad ha demostrado ser mucho más compleja. El
crecimiento económico es condición imprescindible, pero no
suficiente. Hay muchos obstáculos en el camino a la hora de
transformarlo en mejoras importantes en la existencia humana. El
crecimiento viaja de forma macro y la vida de la gente transcurre en
lo micro.
En primer lugar, hay distintos tipos de crecimiento. Puede ser
polarizado, focalizado en algunos sectores económicos, circunscrito
geográficamente, producir “islas de crecimiento” o no llegar a la
gran mayoría. A ello se suma que, si la sociedad es muy desigual,
se reduce la posibilidad de que penetre en los estratos más bajos.
Eso es lo que ocurre en el mundo actual, cuyos grados de
desigualdad han sido calificados de “groseros” en los informes de
Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el
Desarrollo (PNUD) y tildados de “disparidades hirientes” en la última
encíclica de la Iglesia católica. El 20% más rico de la población
mundial tiene más del 80% del producto bruto, el comercio, las
exportaciones, las inversiones, y más del 90% del crédito. El 20%
más pobre, menos del 1%. La desigualdad en la distribución de los
ingresos pasó de 30 a 1 en 1960 a 74 a 1 en 1997, y ha seguido
aumentando. La del capital acumulado que midió la Universidad de la ONU en 2006 es aún mayor. El 10% más rico tiene el 85% del capital mundial, el 50% inferior sólo el 1%.
Las grandes desigualdades bloquean el desarrollo económico, pero además impiden que se propague entre los más desfavorecidos. Hay sociedades con el mismo grado de riqueza, pero en unas a la gente le va mucho mejor que en otras, porque hay mayor igualdad entre las clases.La cuestión central es cómo alcanzar un crecimiento inclusivo, en el que quepan todos. Porque ése es, además, el único camino para obtener un desarrollo sostenible. La movilidad social no es una consecuencia del crecimiento, sino el motor fundamental del mismo. Las economías más exitosas de años recientes como las nórdicas, y
algunas del sureste asiático, han apostado muy fuerte por sus ciudadanos. Han invertido en educación y en salud.
Encabezan las mediciones de rendimiento educativo del informe PISA y las tablas de esperanza de vida.
Los pobres son responsables de su situación
Un mito. Yo lo llamo “la gran coartada”. Para justificar la pobreza, nada mejor que echarle la culpa a las víctimas.
El argumento es que los pobres carecen de ambiciones, no se esfuerzan, no estudian, actúan de forma irracional.
La pobreza sería un tema de responsabilidad individual. Sería entonces una decisión personal integrarse en el
bando de los exitosos o quedarse estancando. La tesis viene acompañada de una formulación semántica: hay
“perdedores” y “ganadores”. Los últimos presentan cualidades opuestas. Si la responsabilidad es individual, deja
de ser colectiva.
La realidad derrumba a diario ese mito. Hay 1.400 millones de personas en el mundo que viven en la pobreza
extrema (menos de 1,25 dólar diario). Casi la mitad del género humano (3.000 millones) son pobres (menos de
dos dólares diarios). Resulta inconcebible no ver que no son malas decisiones individuales, sino graves
insuficiencias estructurales las que llevan a esos resultados.
En un mundo con una ola de revoluciones tecnológicas que han multiplicado la capacidad de producción de bienes
y servicios, 1.200 millones de personas no tienen agua potable y 2.000 millones carecen de electricidad. ¿Acaso
es su responsabilidad personal?
La FAO informó de que en 2008 se produjo la segunda mayor cosecha de la historia. Ese mismo año y según
Acción Internacional, cinco millones de niños murieron de hambre. Está demostrado que el planeta puede producir
alimentos para una población mayor que la actual. Sin embargo, 1.020 millones sufren hambruna (1 de cada 6,5) y
el año pasado se incorporaron cien millones más.
Los pobres no son los responsables de vidas con hambre, sin agua y sin electricidad. Hay desigualdades
abismales y deficiencias fundamentales de organización social. El problema del hambre no es sólo una cuestión
de producción de alimentos (cuanto mayor, mejor), también de acceso a los mismos y de equidad. En realidad, no
hay ganadores y perdedores. Con estos grados de exclusión somos todos perdedores. Se debilita la cohesión
social y se crean situaciones conflictivas, que generan violencia, y sociedades enfermas.
La ayuda humanitaria no soluciona nada
Otro mito. Se opone “asistencialismo” a
“ayudar” y a “dar trabajo”. Se descalifican y se
debilitan las políticas sociales. En realidad, se
trata de un falso dilema. La extensión y la
profundidad de la pobreza requiere respuestas
inmediatas.
La miseria mata a diario a mujeres y a niños.
Unas 500.000 madres mueren durante el
embarazo o el parto, el 99% de ellas en países
en desarrollo. La cifra es escalofriante: una por
minuto. A pesar de los avances médicos, la
tasa de mortalidad materna no ha mejorado
desde 1990. Entre las causas, las hemorragias
y las anemias, dos problemas que pueden
evitarse consumiendo a diario cápsulas de
hierro que apenas cuestan unos centavos que
las madres pobres no tienen. Las cesáreas, que son necesarias en uno de cada 10 partos y que cuestan menos
de 100 euros, tampoco están a su alcance.Más de nueve millones de niños mueren al año antes de cumplir los cinco. Entre un 33% y un 50% por culpa de la
desnutrición. La causa de la muerte suele ser la diarrea, pero tras ella se esconden déficits agudos de
micronutrientes básicos. Unos 2 millones de niños fallecen por neumonía. Los antibióticos para tratarla cuestan 27
centavos de dólar. Sus familias carecen de ellos. En total, 18 millones de personas mueren al año por causas
vinculadas a la pobreza. Son muertes evitables que la crisis está agravando. Jugar al casino financiero no sale
gratis. El Banco Mundial estimó que 22 niños más morirían por hora en 2009 (uno cada tres segundos) por motivos
prevenibles.
Se necesitan respuestas inmediatas. La mayor característica de la pobreza es que genera con frecuencia daños
irreversibles. Según Unicef, si un niño no se alimenta bien en los primeros años tendrá las conexiones
interneuronales de su cerebro incompletas y un retraso severo para toda la vida. La pobreza no puede esperar. Es
urgente incrementar las inversiones en salud y educación, y montar mayores redes de protección. No hay
contradicción en proteger a los vulnerables y hacerlo a través de programas que, al mismo tiempo, favorezcan la
articulación y la organización de la comunidad, inviertan en el desarrollo de sus líderes y potencien su capital
social. Los programas más efectivos de reducción de mortalidad materna en poblaciones indígenas han sido los
que se han apoyaron en el fortalecimiento de la misma comunidad y la conminaron a cogestionar el proyecto.
La pobreza no es sólo cuestión de dinero
Es mucho más. Cuando a los pobres se les pregunta en las encuestas qué es lo que más les duele de su
situación, la respuesta suele sorprender a los investigadores. Se quejan de las carencias, de la falta de ingresos y
de que sus hijos no pueden terminar la escuela primaria, pero lo que en verdad les genera más dolor es “la mirada
de desprecio”. Sienten que amplios sectores de la población les observan como a una especie inferior, seres de
baja categoría, subhombres y submujeres o que, en el mejor de los casos, les tratan con compasión.
La devaluación del pobre como persona prepara el terreno para su discriminación y, en última instancia, para su
demonización. Es un sospechoso en potencia. Uno de los grupos más discriminados es el de los jóvenes en
situación precaria. Un estudio de la prestigiosa ONG Periodismo Social, en el que se analizan 120.000 noticias
sobre niños y adolescentes en 22 diarios argentinos, extrae conclusiones que pueden aplicarse a otras latitudes:
“Pocas fuentes, pocas estadísticas, muchos términos peyorativos… las palabras para referirse a los chicos y
chicas que supuestamente cometen delitos son estigmatizantes y discriminatorias… son títulos que condenan
antes que lo haga la justicia”. Los pobres son seres humanos iguales a todos. Perciben la mirada degradante. Por
algo, cuando se les interroga sobre las organizaciones que más valoran, sitúan en primer lugar a las que crean
ellos mismos como las organizaciones indígenas, de campesinos pobres o de habitantes de zonas marginales
urbanas. En esas agrupaciones el trato es horizontal y ellos son los actores, recuperan su imagen humana. Es lo
que sucedió por ejemplo con Villa El Salvador en Perú, municipio autogestionado de pobres que obtuvo por sus
logros algunos de los mayores reconocimientos internacionales, entre ellos el Príncipe de Asturias.
La pobreza es un complejo de ataques a la dignidad humana. Los economistas convencionales se equivocan por
completo cuando abordan temas como el paro o el desempleo como una mera pérdida o merma de ingresos. La
falta de trabajo vulnera las aspiraciones más básicas del ser humano. Un reciente estudio de la Universidad de
Rutgers, en Estados Unidos, centrado en ciudadanos desempleados, mostró que el 68% estaban deprimidos, el
61% se sentían inútiles y el 55% estaban muy enojados. En el 58% de ellos, el paro estaba afectando a sus
relaciones familiares y un 52% evitaban encontrarse con amigos o conocidos. La causa principal: sentían
vergüenza por su situación.
América Latina nunca saldrá de la miseria
Es un caso paradigmático. Como experto en el tema y a pesar de que la primera palabra que viene a la mente
cuando uno piensa en pobreza es África, puedo argumentar esta afirmación: el continente latinoamericano tiene un
tercio de las aguas limpias del planeta, algunas de las mayores reservas de materias primas estratégicas en su
subsuelo, fuentes de energía barata, excepcionales posibilidades de producción agropecuaria y una inserción
agroeconómica privilegiada. Sin embargo, más de un tercio de su población está por debajo de la línea de la
pobreza (189 millones), mueren 30 niños de cada 1.000 antes de los 5 años frente a 3 en Suecia o en Noruega,
perecen 90 madres por cada 100.000 nacimientos frente a 6 en Canadá. La pregunta es: ¿por qué tanta pobreza
en un lugar potencialmente tan rico?La razón principal es que es la más desigual de
todas las regiones. El 10% más rico tiene más de
40 veces lo que el 10% más pobre, frente a 10
en España, y 6 en Noruega. Hay fuertes
desigualdades en ingresos, acceso a la tierra, a
la salud, a la educación y al crédito, y ahora, a
las nuevas tecnologías. La región produce
alimentos para tres veces su población. Sin
embargo, el 16% de los niños padecen
desnutrición crónica. En el 20% más pobre sólo
uno de cada 3 jóvenes termina la secundaria y
sólo uno de cada 100 accede a la Universidad.
La desigualdad genera “las trampas de pobreza”.
Si un joven nace en una villa miseria, un caserío
indígena, una zona rural pobre, tendrá problemas
nutricionales, trabajará desde pequeño (el 11% de los niños menores de 14 años lo hacen), no podrá finalizar la
escuela primaria o la secundaria, y, sin ella, no conseguirá trabajo en la economía formal. Un 25% de los jóvenes
están fuera del mercado de trabajo y del sistema educativo.
De las “trampas de pobreza” se sale con políticas públicas activas que intenten universalizar los derechos reales a
la alimentación, a la salud y a la educación, que democraticen el crédito, fortalezcan las posibilidades de generar
microemprendimientos y pymes y que abran oportunidades para todos. En los últimos años, la participación
creciente de la sociedad civil, y su presión para que se adoptaran políticas incluyentes, generaron cambios
importantes que muestran que sí es posible combatir la pobreza y que lograrlo pasa por mejorar la equidad.
Entre ellas, el gigantesco programa social Bolsa Familia, montado por Lula da Silva en Brasil y que cubrió las
necesidades básicas de 45 millones de pobres entre los pobres; los programas del Gobierno uruguayo que
reformaron la salud y permitieron que todos los niños de las escuelas públicas tengan un ordenador; los
programas de protección a toda la población adulta en Chile y Argentina; el subsidio universal a los niños pobres
en este último país; la reducción a tasas mínimas de la mortalidad materna y la infantil aumentando la inversión en
salud en medio de la crisis en Costa Rica, y otras similares en otros países.
La acción de políticas públicas enfocadas hacia las prioridades reales de la población, y el apoyo a las mismas por
parte de empresas socialmente responsables y una sociedad civil movilizada por la solidaridad, pueden mejorar la
difícil vida de gran parte de la población de América Latina. Pero todavía queda un largo camino por recorrer.
Siempre ha habido y habrá pobres
Coartadas. Muchas élites adjudican a la pobreza una suerte de maldición ancestral. Por ejemplo, cuando los
periodistas acosaban al ex presidente argentino Carlos Menem por el aumento de la pobreza en la Argentina de
los 90, consecuencia directa del modelo ortodoxo liberal que él aplicó, solía argumentar: “Pobres hubo siempre”.
Las cifras difieren y son tozudas. En ese país, la pobreza era inferior al 10% a principios de los 60 y después de
Menem alcanzó el 58% a finales de 2002. En Noruega, líder mundial en Desarrollo Humano, hay cero pobreza. En
España, los indicadores actuales no tienen nada que ver con los de la época de Franco.
Los profetas, creadores de la idea de justicia social, dicen en la Biblia: “No habrá pobres entre vosotros”. Se
refieren a que los recursos potenciales están en todas las sociedades, y dependiendo del modelo de organización,
la pobreza puede erradicarse.
Con la manida visión de la “maldición ancestral” se borra la relación entre pobreza y desigualdad y se evita hacer
los cambios imprescindibles. Asimismo, se aprovecha al máximo la falta de capacidad de lobby de los pobres, los
pobres no cuentan. Como señaló el premio Pulizter, Nicholas Kristoff, en The New York Times, refiriéndose a las
elevadas tasas de mortalidad femenina en el Tercer Mundo en una era de avances médicos espectaculares, estas
cifras no despiertan interés porque “sus víctimas son pobres, rurales, no educadas, y mujeres”. La lucha contra la
pobreza pasa, en primer lugar, por romper la falta de sensibilidad actual. Ante tantas víctimas de las políticas
neoliberales de las ultimas décadas, la opinión pública comenzó a percibir a los niños de la calle, a los ancianos mendigos, a las madres que piden con sus bebes, a los sin techo como si fueran parte de la naturaleza de las
ciudades, como “si lloviera”.
No se conmueven ante el sufrimiento. Es necesario recuperar la capacidad del ser humano para rebelarse contra
las injusticias. Y eso es la pobreza: una injusticia éticamente inadmisible.
Los pobres son culpables del cambio
climático
Al contrario. El cambio climático avanza con
mucha más rapidez de lo que se creía. El
dióxido de carbono retenido en la atmósfera es
de 385 partes por millón frente a 339 en 1980.
El aumento de las temperaturas está
fundiendo los glaciares y produciendo un
aumento de 3 milímetros por año en el nivel
del mar, el doble que en el siglo XX.
El aumento de las temperaturas y de las lluvias
genera un ambiente propicio para la
transmisión de enfermedades infecciosas.
Aumentan las inundaciones y se expanden
enfermedades como el dengue, la malaria, el
cólera y la fiebre amarilla. Los más afectados
son los más vulnerables: los que viven al
borde de zonas inundables, en viviendas precarias; los pequeños agricultores afectados por las sequías; los
relegados del planeta a sus sitios más hostiles.
Se estima que el cambio climático está produciendo 300.000 muertes por año. Crecen los refugiados climáticos,
que se acercan a los 50 millones. Han debido irse de sus lugares de origen y ni siquiera el Derecho Internacional
tiene ninguna figura para amparar a este tipo de exiliados.

Los informes estiman que los habitantes de los países pobres tienen 78 veces más posibilidades de resultar
afectados por el cambio climático que los de las naciones ricas. Se trata de una de las mayores desigualdades, la
vulnerabilidad totalmente disímil.
Además, está claro que ellos no son los generadores del envenenamiento del ambiente, en el que tienen una
participación marginal. Los datos no mienten, pero también en este apartado la élites del planeta culpan a los más
desfavorecidos, mostrando la capacidad infinita del género humano para fabricar pretextos y no enfrentarse los
desafíos morales que tienen por delante. Resulta imprescindible superar ésta y todas las otras coartadas,
pretextos e insensibilidades frente a la pobreza, la gran violación de los derechos humanos del siglo XXI, para
avanzar en la construcción del mundo mejor que reclaman los ciudadanos. Gandhi, como buen visionario, lanzó
una advertencia que sigue en plena vigencia: “La diferencia entre lo que hacemos y lo que somos capaces de
hacer bastaría para solucionar la mayoría de los problemas del mundo”.El autor de este artículo, Bernardo Kliksberg, ha escrito en colaboración con el indio Amartya Sen,
premio Nobel de Economía, el libro Primero la gente. Una mirada desde la ética del desarrollo a
los principales problemas del mundo globalizado (6ª edición actualizada, Editorial Temas, Buenos
Aires, 2009). También destacan sus obras Más ética, más desarrollo, Bernardo Kliksberg (Editorial
Temas, Buenos Aires, 2009) y Es difícil ser joven en América Latina. Los desafíos abiertos, del
que es compilador, junto a Joseph Stiglitz, Rebeca Grynspan y otros (Editorial Sudamericana, Random
House Mondadori, 2010).
Otras obras imprescindibles para analizar las causas y el impacto de la pobreza son: The Life you
Can Save: Acting Now to End the World Poverty, Peter Singer (Editorial Random House, Nueva
York, 2009); ‘Impact in Latin America: Economies are Better Prepared to Face the Global Crisis,
People are Not’, Rebeca Grynspan, Foreign Policy (Latin America Social Forum, 2009),
http://www.foreignpolicy.com/files/LASF_2009_Web_1.pdf [1] ;‘Corporate Social Responsibility in
Latin America: not a Waste of Time or Money’, Rebeca Grynspan y Bernardo Kliksberg, Foreign
Policy (Latin America Social Forum, 2008), http://www.foreignpolicy.com/promotions/lasf2008.pdf. [2]
Dirección de origen:
http://www.fp-es.org/depende-pobreza
Links:
[1] http://www.foreignpolicy.com/files/LASF_2009_Web_1.pdf
[2] http://www.foreignpolicy.com/promotions/lasf2008.pdf

http://www.consejo.org.ar/noticias10/files/Pobreza.pdf


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Bernardo Kliksberg: Presidente de la Red Iberoamericana de Universidades por la Responsabilidad Social Corporativa, integrada por 120 Universidades de la región y España.
Bernardo Kliksberg ha obtenido 5 títulos universitarios, entre ellos dos Doctorados, en economía y management, ha escrito más de 40 libros y centenares de artículos técnicos activamente utilizados internacionalmente. Se lo ha designado Profesor Honorario, Profesor Emérito, Doctor Honoris Causa de diversas Universidades del Continente y huésped ilustre de diversas ciudades. Ha sido invitado a disertar sobre sus trabajos y obras en Harvard, New York University, Georgetown University, South California University, el Instituto de Ciencias Políticas de Paris, la Universidad de Oslo, la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Encuentro Sociedad-Empresa de España, el Congreso Mundial de Desarrollo Organizacional, el Parlamento Latinoamericano, el Congreso Argentino, el Congreso de Brasil, el Club de Roma y muchos otros centros y organizaciones de primera línea del mundo.

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Ver más
http://www.encuentro.gov.ar/sitios/encuentro/programas/ver?rec_id=119049

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