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4 de enero de 2015

La Ciudad de Buenos Aires, sin maquillaje



04 de Enero de 2015

UNA CIUDAD EN BUSCA DE UN PROPÓSITO

El sueño porteño


Ante la evidencia del modelo macrista, se vive un momento clave para pensar qué Buenos Aires queremos.

Gabriela Cerruti

Una ciudad cada vez más rica. Una ciudad cada vez más cara. Una ciudad cada vez más endeudada. Una ciudad donde crece la mortalidad infantil y los asentamientos. ¿Es una contradicción? No, es un modelo. Es el sueño macrista para la ciudad de Buenos Aires.

Alguna vez, a principios del siglo pasado, algunos creyeron que Buenos Aires sería una ciudad europea. Construyeron mansiones y cúpulas. Los legados de ese sueño incumplido habitan hoy la Avenida de Mayo y el norte de la ciudad. Más adelante, otros creyeron que Buenos Aires sería un polo industrial pegado al puerto. Los galpones de Barracas y el sur de la ciudad dan cuenta de ese proyecto incumplido. En los noventa, la clase media que viajaba a Miami soñó con una Buenos Aires en paralelo: encerrada en los shopping durante la semana y viviendo en los suburbios en los días no laborables.
En ese sueño abreva el macrismo que conduce hoy los destinos de la ciudad. Por eso en su momento de mayor crecimiento económico, las obras de infraestructura que se llevan adelante no son para mejorar los servicios públicos, ni los hospitales o las escuelas, ni para extender el subterráneo o cubrir el déficit de vivienda.

Por eso crece la mortalidad infantil, en contra del ritmo general del país. Y crece, más que tristemente, la mortalidad infantil asociada a causas previsibles: porque faltan enfermeras en los hospitales, porque faltan recursos en las salas de neonatología. La mortalidad infantil en la ciudad de Buenos Aires subió de 7,3 en el año 2008 a 8,9 en el año 2013, según datos de la Dirección de Estadísticas y Censos de la Ciudad de Buenos Aires. Esta cifra es consecuencia de que aumenta en ocho de las 15 comunas de la Ciudad y en otras dos comunas la cifra se mantiene constante (según el domicilio de la madre). Sólo en cuatro comunas el número desciende. El aumento más pronunciado se da en las comunas 3,7 y 10, en donde se incrementa en tres puntos o más. No casualmente, claro, estas comunas representan las zonas más castigadas del sudeste y sudoeste de la ciudad. Pero quizás el dato más grave es que en 13 de las 15 comunas aumenta el número de "muertes reducibles", que son aquellas que podrían evitarse con "acciones en el sistema de salud sencillas y de bajo costo".

¿No es este cuadro escandaloso en una ciudad que en el mismo período pasó de un presupuesto de 8500 millones de pesos a un presupuesto recientemente sancionado de alrededor de 87 mil millones de pesos?

La mortalidad infantil es tal vez el emergente más claro de la ausencia del Estado. En el lugar más vulnerable, sus recién nacidos, se expresa con mayor notoriedad que en ninguno y muchas veces más tempranamente que en otros el retiro del Estado.

Es que el modelo que se está implementando en la ciudad de Buenos Aires persigue, como lo venimos denunciado desde hace años, una ciudad donde pocos, aquellos que puedan pagarlo, vivan bien. Tengan sus lugares de diversión y esparcimiento garantizados, por la mano del Estado o de los privados, y expulsen de la ciudad, de su movimiento diario, de su espacio público, a quienes no cuentan con los recursos para vivir en una ciudad que poco a poco se va convirtiendo en la más cara de Latinoamérica.
Es, una vez más, el sueño de una Buenos Aires "blanca", como describen los historiadores de la ciudad, que en diferentes momentos de su historia quiso preservarse de la diversidad cultural y social, expulsando a los pobres y los provincianos a las orillas, o refugiándose en los shopping y barrios cerrados.
Hay cifras que resultan inexplicables.
El peaje en la autopista Illia habrá aumentado una vez que entre en vigencia el último incremento dispuesto, un 2500 por ciento. El último aumento dispuesto para el sistema de acarreo (de por sí cuestionado en su legitimidad, licitación y eficacia) lleva el incremento al 580% desde que se inició esta gestión. La nueva ley de ABL votada en 2011 y que incrementó en algunos casos el pago de ese impuesto a cifras cercanas al 400% prevé que se actualice anualmente hasta un 30 por ciento. El estacionamiento medido concesionado (y que ahora se extendió a casi toda la ciudad) pasó en un año de uno a cuatro pesos por hora. Mientras las playas de estacionamiento aumentaron más del 500% desde 2007.

Pero si alguien quisiera decir que esta política tiene que ver con desincentivar el uso del automóvil, resulta paradójico que, al mismo tiempo, aumentó también la tarifa del taxi y del subte, y no se tomó ninguna medida que favoreciera la red de transporte público en la ciudad, permitiendo por ejemplo que quienes ingresan por la autopista porque no tienen otra forma de ingreso tengan una forma alternativa de hacerlo por transporte público.

Todos queremos que haya menos autos en la ciudad. Una ciudad sustentable no es aquella donde todos los pobres tienen auto, sino donde todos los ricos viajan en transporte público. Lo cierto es que para esto, hay, primero, que mejorar el transporte público.

No existe contrato social posible donde se le pidan responsabilidades a la comunidad, si antes no las cumplió el Estado. El vecino que paga su ABL y separa su basura en origen, qué respeto puede tener por un Estado que no logra controlar a las empresas o los sindicatos que cobran fortunas (250 mil pesos anuales por cuadra) por mantener a la ciudad limpia y no cumplen con su obligación.
Estos aumentos en la ciudad de Buenos Aires superan ampliamente cualquier índice de inflación tomado por entes públicos o privados, nacionales o de la ciudad misma. Ninguno de todos esos índices marca más de 320% en estos siete años, cifra superada, duplicada o mucho más por cualquier aumento en la ciudad de Buenos Aires.


¿Son errores? ¿Manía recaudatoria? No. Es un modelo, es un proyecto.

Si se le incrementa el ABL en un 300% a una familia que vive en la zona de Lugano o Mataderos, de las más postergadas de la ciudad, pero no se implementa un impuesto a la vivienda ociosa o la construcción para especulación, no hay error, hay modelo. Si se concesionan predios públicos para empresas privadas y se sigue insistiendo con la construcción de nuevas torres y nuevos shopping en barrios donde los vecinos claramente se oponen, pero además ya no hay infraestructura que soporte, no hay error, hay modelo. Si se entrega el Teatro Colón a los empresarios amigos para shows privados y se cierran los centros culturales barriales, no hay error, hay modelo.

Estamos en un momento clave, de disputa por el propósito, el proyecto, el modelo, de la Ciudad de Buenos Aires.

Que ya sabemos que no será solamente la glamorosa París y sus salones, ni la pujante Liverpool y su industria portuaria. Que no queremos que sea la ciudad de los shopping y la derecha americana, cara y para pocos, dividida y profundamente injusta. Que soñamos parte de la diversa y colorida Latinoamérica, heredera de la Europa de muchos de nuestros padres, hermana de otras ciudades argentinas y profundamente rioplatense. Una Buenos Aires donde cada porteño, cada porteña, nazca con derecho a soñar su felicidad, y buscarla, como parte de una comunidad justa, fraternal y solidaria. -


http://tiempo.infonews.com/nota/141790/el-sueno-porteno
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