Lo que circula por los medios

2 de marzo de 2016

El relato PRO



Alejandro Grimson

El antropólogo desmenuza el primer día del "relato macrista" en su columna en el programa Siempre es hoy, de Daniel Tognetti, en Radio del Plata.


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De la euforia al optimismo realista
Eduardo Fidanza
PARA LA NACION
SEGUIREduardo FidanzaSÁBADO 27 DE FEBRERO DE 2016
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Los sondeos que recogieron la opinión de los argentinos luego de dos meses de haber asumido las nuevas autoridades reflejan una experiencia universal: el tránsito del placer y la euforia a la realidad. No es la primera vez que sucede este fenómeno ni será la última. En rigor, se repite cíclicamente: a partir del 20 de diciembre, la gente se concentra en las Fiestas; luego siguen las vacaciones, hasta Carnaval. A partir de entonces, la sociedad inicia el regreso a las obligaciones, un camino que concluye con el comienzo del calendario escolar. Es cuando se dice, con resignación e incomodidad, como si la ciudad no pudiera albergar a la multitud: "Ya estamos todos". Inadvertido y fatal, llegó marzo, con las responsabilidades ineludibles, el recuento de gastos, las múltiples restricciones y enojos que impone la cotidianidad.

A esa experiencia repetida debe agregarse este año, al menos para la mitad de los argentinos, un mix feeling: por un lado, la alegría y la expectativa favorable en relación con el nuevo gobierno, al que han votado; por el otro, la angustia y el desagrado por el pico inflacionario, que amenaza con arrasar cualquier presupuesto familiar. "Simpatizo con Macri, creo que va en buen camino, pero la plata cada vez me alcanza menos", es la frase que podría resumir este sentimiento ambivalente. La buena disposición se mezcla con temores adormecidos. El descontrolado aumento de los precios no agota el cuadro de problemas; empieza a incrementarse una preocupación que había disminuido en los últimos años: el miedo a perder el empleo.


¿Significa todo esto el fin prematuro del optimismo que caracterizó el inicio del verano? La respuesta es no. Podría decirse, en cambio, que la sociedad está redefiniendo sus sentimientos positivos: abandona la euforia, se desprende poco a poco del optimismo pueril y se sitúa en lo que puede denominarse un "optimismo realista". Esta expresión proviene, entre otras fuentes, de la llamada psicología positiva, que centra sus preocupaciones en los estados de bienestar, antes que en las patologías psíquicas. Esta corriente distingue dos tipos de optimismo: el absoluto e incondicional, que considera una forma de evasión, y el inteligente, que asimila a un modo realista de encarar el futuro con actitud afirmativa.

La evaluación de la situación actual del país y la visión sobre su futuro inmediato, dos preguntas convencionales de los sondeos de opinión, permiten establecer, en el plano empírico, una aproximación a esas categorías teóricas. Según los resultados de la última encuesta nacional de Poliarquía, para el 21% de los entrevistados, a los que podría denominarse "optimistas incondicionales", el país está bien y estará mejor dentro de un año; para el 26%, a los que podría llamarse "pesimistas", el país está mal y estará igual o peor. Finalmente, para el 44%, la Argentina está regular o mal, pero estará mejor. Este último grupo está conformado por los que los psicólogos llaman "optimistas realistas". Ellos no se engañan sobre las dificultades, las reconocen y las sufren, pero ese hecho no les impide proyectar un futuro mejor.


¿Quiénes conforman estos segmentos? ¿Cuáles son sus preferencias? Como sucede en toda clasificación, los extremos son previsibles. La mayoría de los optimistas incondicionales votaron a Macri en la primera vuelta y en el ballottage; casi todos tienen una excelente opinión de él, se muestran menos sensibles a la inflación, no temen perder el trabajo y no esperan una crisis económica en el corto plazo. Los pesimistas están en las antípodas: detestan al Presidente, desaprueban sus políticas, temen despidos, sufren la inflación, añoran a Cristina y votaron a Scioli. Los optimistas realistas comparten con los incondicionales cierta simpatía por Massa, aunque muchos votaron a Macri sólo en el ballottage, aprueban al oficialismo con menos énfasis y reconocen la gravedad de los problemas actuales. Por así decirlo, le están haciendo "el aguante" al nuevo gobierno, con deseos de que le vaya bien. Pero a no engañarse: son optimistas por espanto al populismo antes que por amor a Macri.

Si bien el apoyo al Gobierno estará probablemente determinado, a mediano plazo, por el bienestar económico, lo que aclara las posiciones ahora son las razones políticas. No existen otros factores que expliquen las causas del optimismo o del pesimismo. Ellas provienen de las creencias y de los sentimientos de la población respecto de sus líderes. Por eso, para algo más de una quinta parte, es la identificación con Macri lo que sostiene el optimismo incondicional, y para otra cuarta parte, es la adhesión al kirchnerismo y el rechazo al Presidente lo que justifica el pesimismo. La tan mentada "brecha" sigue siendo la clave interpretativa.

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No obstante, estas dos posiciones son minoritarias. Casi la mitad de la sociedad, como se ha mostrado, exhibe un optimismo realista, equidistante y crítico. El comportamiento de este segmento será decisivo en los próximos meses. Constituye una prioridad para el Gobierno. Si permanece junto a él, le garantizará solidez política. Si se baja, lo debilitará, yéndose, a su pesar, detrás de algún peronismo con rostro amable.

http://www.lanacion.com.ar/1874768-de-la-euforia-al-optimismo-realista

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Una nueva épica
Carlos Pagni
LA NACION
Carlos PagniMIÉRCOLES 02 DE MARZO DE 2016
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Dejó expuesto Mauricio Macri en su discurso de ayer ante el Congreso el mapa de la política oficial. De sus alianzas, de sus instrumentos, de sus objetivos, de su ideología. Como se presumía, proporcionó una descripción detallada del país que dejó Cristina Kirchner. Era inevitable. Las consignas más o menos abstractas de la campaña comenzaban a ser insuficientes para la administración. La devaluación, el aumento de tarifas, la inflación estimulada por esas dos decisiones, el recorte de gastos, la exoneración de empleados públicos contratados a última hora, no pueden ser tolerados sin una caracterización del punto de partida.

Todo reordenamiento requiere de una épica. Y no hay épica sin narración. El discurso de Macri no difiere del de Alfonsín, de Menem o de Kirchner: explica cómo el líder emancipa a sus seguidores de una esclavitud, cualquiera sea, para llevarlo a una tierra prometida. En el fondo de toda política palpita, mitológico, un plan de salvación. Ni los budistas de Pro están eximidos de ese karma.


Hay un segundo motivo, más prosaico, por el que Macri se demoró en la situación heredada. El país carece de estadísticas. En medio de la bruma, cualquier ajuste es caprichoso.

La tercera razón es que el desaguisado que produjo Cristina Kirchner no desembocó en un estallido. Es una dificultad porque, dada su experiencia histórica, los argentinos necesitan de un colapso para admitir la existencia de una crisis. Pero esta vez el colapso se fue demorando a través de un desborde del gasto y un vaciamiento de las reservas cuyas consecuencias la ex presidenta transfirió a su sucesor. Sólo describiendo esta secuencia Macri podrá demostrar que las restricciones están determinadas por los desajustes en que incurrió su predecesora.


La explicación del Presidente responde a una demanda de la opinión pública. Sobre todo la de quienes, aun habiendo votado por él, necesitan del recuerdo del pasado kirchnerista para seguir prestándole adhesión. O para colaborar con su gobierno. Esa franja incluye a los dirigentes de la UCR y de la Coalición Cívica, y se extiende a los gobernadores y sindicalistas del PJ. También se dirige a los inversores. El vicejefe de Gabinete Mario Quintana repite desde la campaña electoral: "La percepción de lo que había hará que los mercados nos esperen". De modo que para Macri la denuncia del legado kirchnerista es una forma de consolidar su coalición y asegurarse gobernabilidad.

La presentación tuvo un molde clásico. El líder reprocha a sus antecesores haber dejado tierra arrasada y, sobre esa base, convoca a realizar sacrificios en nombre de la unidad nacional. La peculiaridad de la reunión de ayer es que los acusados estaban en la sala. Para encontrar una escena similar hay que remontarse a 1989, cuando Carlos Menem describió el infierno de la híper delante de los radicales que abandonaban el poder. Los dos discursos tienen similitudes sorprendentes (https://www.youtube.com/watch?v=Q3aq-5eaZAI).

El kirchnerismo ayer cumplió con el papel que le habían asignado. Levantó carteles de protesta y gritó "gorila", como si Macri estuviera leyendo el libro negro de la tercera tiranía. Máximo Kirchner, obediente a la consigna del trotskista Nicolás del Caño, no apareció. Delegó su queja en Mayra Mendoza, la ex mujer de José Ottavis, también dirigente de La Cámpora. Como invalorable bonus track, Diana Conti tuvo otra memorable irrupción en la TV. En vez de defender la era Kirchner como una irrepetible edad de oro, admitió: "Nosotros la inflación la íbamos llevando?". Marcos Peña no pedía tanto.

Toda la coreografía corroboró que "la unidad de los argentinos" limita con un conflicto con el kirchnerismo. Mientras Macri pronunciaba su discurso, desde tribunales llegó otro argumento: la jueza Fabiana Palmaghini pasó la investigación de la muerte de Alberto Nisman al fuero federal, aceptando la hipótesis de que el Estado, por acción o encubrimiento, tuvo que ver con la tragedia. Fue una consecuencia de la extensísima declaración de Antonio Stiuso, quien sostuvo tres argumentos: Nisman fue asesinado por sus investigaciones sobre el atentado contra la AMIA y su posterior encubrimiento; los iraníes tuvieron que ver; la escena de los hechos fue adulterada por funcionarios del gobierno anterior. De tomar el curso que le estaría fijando Stiuso, la secuencia sería la siguiente: hubo un atentado terrorista perpetrado por iraníes; la señora de Kirchner intentó encubrirlo pactando con Ahmadinejad; Nisman fue eliminado con participación oficial por denunciar esa maniobra, y el kirchnerismo encubrió ese nuevo crimen. Stiuso distribuyó, a propósito de diversos pormenores, responsabilidades entre la ex presidenta, Carlos Zannini y Cristóbal López.

Como si ya conociera estas novedades, el Presidente recordó que había defendido la inconstitucionalidad del acuerdo con Irán y sugirió que comienza a haber indicios que esclarecen la muerte del fiscal. Discurso de Macri y declaración de Stiuso: la señora de Kirchner tuvo ayer su "supermartes".

Para entender cómo Macri pretende ubicarse en el tablero hace falta observar cómo argumenta sus reproches. La inflación generó más pobreza. El copamiento clientelar destruyó al Estado. La negligencia en la negociación regaló millonadas de dólares a los buitres. El despilfarro energético generó una nueva dependencia. La pretensión de Macri, y de su keynesiano ministro Alfonso Prat-Gay, es conciliar las reglas del arte económico con el imperativo de la promoción social. El eterno arbitraje entre igualdad y libertad. En síntesis: para Macri, el kirchnerismo debe ser condenado en nombre del progresismo. Quien mejor definió esta posición fue Fernando Henrique Cardoso al escribir, en 2010: "No vamos a caer en la trampa de identificar al populismo, autoritario y regresivo, con la izquierda". El recuerdo del "nunca más" fue, en esa línea, un intento de arrebatar al kirchnerismo el monopolio de la reivindicación de los derechos humanos.

La enumeración del desastre heredado, agravado por la corrupción, tiene una segunda derivada: expone la fractura del PJ. La mayor parte de los gobernadores y legisladores de ese partido se abstuvo de defender a quien hasta anteayer fue su jefa inapelable. El estoico Miguel Pichetto apenas alegó, en obsequio a la unidad de su bloque, que Macri había sido sesgado e injusto. Por culpa de una experiencia de gobierno impugnada a escala regional, el PJ ha quedado sin discurso. Para peor, el Presidente le mostró ayer los peores rebenques: el voto electrónico y, quizá, la boleta única.

En estas condiciones, dirigentes como Juan Manuel Urtubey o Diego Bossio prefieren discutir quién ha sido el culpable de la derrota. Ayer recibieron a La Cámpora con la foto de Macri y la leyenda "El candidato es el proyecto". Esos peronistas también denuncian la herencia recibida. Sergio Massa, en cambio, se sustrae del problema. Ayer adhirió a las propuestas de seguridad de Macri. Son banderas que él interpreta como propias y con las que espera enfrentar al oficialismo en las elecciones bonaerenses.

Macri recordó sus alianzas. Tuvo un elogio hacia Elisa Carrió, por su proyecto de asignación universal, y acarició a los radicales homenajeando a Hipólito Yrigoyen, a quien llamó "don", tal cual exige la nomenclatura partidaria. Como si fuera una pequeña fe de erratas, también mencionó al hierático Jorge Bergoglio, a quien llamó, maldito lapsus, "Santo Papa". Padre hay uno solo.

Más allá de esas concesiones exogámicas, el Presidente sigue apostando a que su experimento disimule toda historicidad. Quiere ser visto como una novedad absoluta. Típico producto de la hecatombe de 2001, el macrismo mantiene una tensión general con la política.

En su tramo final, Macri volvió a ser Macri. Apeló al optimismo de la voluntad como eje de la vida colectiva. Para él, el entusiasmo individual frente al "aquí y ahora" es la mejor refutación del kirchnerismo. Imposible no advertir el sello del nietzscheano Alejandro Rozitchner, según quien, detrás de la disconformidad última de la izquierda con la realidad, late una pulsión de muerte.

http://www.lanacion.com.ar/1875885-un-mensaje-para-una-nueva-epica

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iércoles, 02 de marzo de 2016


EL PAIS › MAURICIO MACRI INAUGURO LAS SESIONES ORDINARIAS DEL CONGRESO Y RECIBIO CRITICAS DEL KIRCHNERISMO
Con un tono agresivo y unas pocas propuestas
El Presidente habló una hora. Se quejó de la herencia, defendió el ajuste y justificó los despidos. Sin dar precisiones, enumeró propuestas sobre la deuda externa, rebajas en el IVA, cambios en Ganancias y la reforma judicial y política.







Por Sebastian Abrevaya
Con un tono agresivo hacia la gestión anterior, Mauricio Macri dio ayer su primer discurso de apertura de sesiones frente a la Asamblea Legislativa. Tal como le reclamaban algunos de sus socios y un sector del PRO, el Presidente dedicó buena parte de su exposición a quejarse de la denominada “herencia” kirchnerista, utilizó algunos minutos para enumerar genéricamente la agenda legislativa que buscará impulsar y por último retomó los slogans de campaña sobre “los desafíos” de su mandato: pobreza cero, narcotráfico y “unir a los argentinos”. Durante una hora exacta, Macri despertó aplausos de los legisladores oficialistas y recibió críticas y gritos por parte de los del Frente para la Victoria, que le recordaron los miles de despidos provocados a partir del 10 de diciembre, la represión de la protesta social y la existencia de una “presa política”, en referencia a Milagro Sala. En su tramo más sustancioso, el Presidente retomó la receta neoliberal: defendió el ajuste del Estado, criticó el déficit fiscal y la elevada presión tributaria, atribuyó la inflación a la emisión monetaria y habló de “volver al mundo”. Sin grandes anuncios, a los legisladores les pidió apoyo para iniciativas como derogación de la ley cerrojo y sorprendió al pedir que la modificación de las escalas del Impuesto a las Ganancias se trate “lo antes posible”.

Pasadas las 11 de la mañana Macri hizo su ingreso al Palacio Legislativo. No sólo la poca gente en las calles sino la composición de los palcos pintaban un paisaje totalmente diferente al de las aperturas de sesiones anteriores. En el interior no había banderas, no estaban los emblemáticos organismos de Derechos Humanos ni los movimientos sociales. Sí volvió a verse al sindicalista Hugo Moyano, que hace años no asistía. A su lado se sentó Gerónimo “Momo” Venegas, de los peones rurales. Funcionarios como Miguel de Godoy, Laura Alonso o Alberto Abad convivían en el primer piso de los palcos junto al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y el cacique Qom Félix Díaz, designado al frente del INAI. Uno de los lugares preferenciales lo ocupó Luis Miguel Etchevehere, de la Sociedad Rural. A los costados de la Presidencia se ubicaban, de un lado todos los ministros y los miembros de la Corte y del otro gobernadores y las delegaciones extranjeras.

Macri arrancó su discurso con una breve referencia al “contexto de optimismo que se vive hoy en la Argentina” pero ya en los primeros párrafos apareció la crítica a su antecesora, Cristina Fernández, a quien nunca mencionó personalmente. “Venimos de años en los que el Estado ha mentido sistemáticamente, confundiendo a todos y borrando la línea entre la realidad y la fantasía”, dijo Macri, dando inicio a un largo tramo sobre la “herencia”.

El primer planteo fue por el déficit fiscal: “el Estado gastó más de lo que podía, emitió de manera irresponsable y generó inflación”, dijo y agregó que le dejaron “un Banco Central en crisis” porque al asumir contaba con 25 mil millones de dólares. Esa fue la antesala para hablar de la deuda y la negociación con los holdouts, que se llevaron una mención especial: “Ahora dependerá de este Congreso si terminamos o no de cerrar este conflicto que lleva quince años”, afirmó. El mensaje tenía un destinatario y un objetivo claro: que el Frente Renovador y un sector de la oposición acompañen la eliminación de la ley de Pago Soberano y la Ley Cerrojo para permitir una nueva emisión de deuda y pagarle a los fondos buitre.

En línea con los miles de despidos que se produjeron en la administración macrista, el Presidente cargó varias veces contra el empleo público. Sostuvo que se utilizó para “camuflar” la desocupación y que se encontró con “un Estado plagado de clientelismo, despilfarro y corrupción”. “Un Estado que se puso al servicio de la militancia política y que destruyó el valor de la carrera pública”, insistió. El titular del Ejecutivo fue hilvanando empleo público con corrupción, corrupción con inseguridad, e inseguridad con narcotráfico. Uno de los aplausos más largos lo cosechó cuando prometió que la Justicia deberá investigar si ese escenario “fue fruto de la desidia, la incompetencia o la complicidad”.

En cuanto a la educación pública, señaló que “tiene severos problemas de calidad” y cuestionó a las nuevas universidades porque “han sido espacios de militancia política más que de excelencia académica”. Un marco similar planteó al hablar del “despilfarro y corrupción” en la Salud, junto al uso de recursos “para la militancia política”.

Mientras el diputado del FpV, Andrés Larroque, levantaba carteles señalando las obras públicas otorgadas a Nicolás Caputo y Angelo Calcaterra, amigo y primo del Presidente respectivamente, Macri habló de la “decadencia” encontrada en infraestructura vial, energética y ferroviaria. Si bien las críticas al kirchnerismo se mantuvieron durante todo el discurso, el Presidente dio ahí por cerrado su “diagnóstico” y prometió “publicar los datos área por área, para que todos los argentinos sepan el estado en el que estaba la Argentina en diciembre de 2015”. Desde las bancas de Cambiemos aplaudieron y se pusieron de pie.

Sobre sus casi tres meses de gestión sostuvo que trabajó para “normalizar el país”, reivindicó la eliminación de las retenciones, el levantamiento del cepo, restablecer las relaciones internacionales, entre otras cuestiones. “Es momento de unir a los argentinos y respetar nuestras diferencias”, aseguró Macri, despertando la reacción de Mayra Mendoza, la diputada de La Cámpora que le gritó “basta de represión” y le pidió que hablara de los despidos.

En su corta alusión a los derechos humanos, Macri recordó que se cumplen 40 años del golpe militar y dio una versión propia del Nunca Más: “Aprovechemos para gritar todos juntos Nunca Más a la violencia institucional y política”, sostuvo el Presidente, poniendo en un mismo plano al terrorismo de Estado y a las organizaciones armadas.

Durante buena parte del discurso los legisladores kirchneristas se salían de sus casillas por responder hasta que el líder del PRO los responsabilizó por la inflación. “La inflación existe porque el gobierno la promovió”, dijo Macri y parte del kirchnerismo lo abucheó y se paró en sus bancas levantando sus carteles reclamando por Milagro Sala, la suba de precios, los despidos y la concentración mediática. El diputado Andrés Larroque se acercó hasta la presidencia y le acercó una foto de la mujer baleada por la espalda en la represión a los despedidos de La Plata.

La vicepresidenta Gabriela Michetti tuvo que pedir silencio en varias ocasiones y la tensión subió todavía un poco más cuando Macri reclamó “respetar el voto de la democracia”. La tribuna oficialista acompañó con su mantra: “Sí, se puede. Sí, se puede”.

Al momento de las propuestas, Macri no abundó en precisiones. No se privó de recordar al fiscal Alberto Nisman y de afirmar que “poco a poco, comienzan a aclararse” las circunstancias de su muerte. Precisamente ayer se conoció el pase de la causa al fuero federal, tal como pedía la familia y la ex esposa, Sandra Arroyo Salgado, quienes sostienen la hipótesis del homicidio.

Le hizo un pequeño guiño a los gremios, al señalar que “el complemento imprescindible” de la modificación de las escalas en Ganancias “deberá ser tratado por el Congreso lo antes posible”. Sin embargo, les pidió “responsabilidad” frente al “estado de fragilidad” de la economía. Sobre la pérdida del poder adquisitivo, sostuvo que eliminará el IVA de los productos de la canasta básica.

Le dedicó un mimo especial a Elisa Carrió, al prometer la ampliación de la Asignación Universal por Hijo y reconocerle a la chaqueña la autoría del proyecto de Ingreso Universal a la Niñez.

En el plano judicial marcó como “prioridad” la reforma del Código Procesal Penal, la ley del arrepentido y el decomiso de bie- nes provenientes del crimen organizado, así como una nueva reforma al Consejo de la Magistratura, al ministerio público fiscal y una ley de subrogancias. Pidió el voto para completar la Corte Suprema y señaló, además, que promoverán la sanción de la ley de acceso a la información pública junto a una nueva ley de compras. Universalizar la educación inicial desde los tres años y un nuevo instituto de evaluación de la calidad educativa fueron los dos ítems sobre educación. Por último, ratificó el deseo de aprobar este año la reforma política.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-293638-2016-03-02.html

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