Lo que circula por los medios

11 de noviembre de 2016

Las tensiones por la distribución del ingreso







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Jueves, 10 de diciembre de 2015 | Hoy

EL PAIS › 2008
Distribución del ingreso


Por David Cufré
¿Qué es la distribución del ingreso? ¿Cómo se hace si no es (avanzando) sobre aquellos sectores que tienen rentas extraordinarias? La distribución del ingreso es algo que siempre se declama pero muy pocas veces se cumple. ¿Por qué? Porque hay que tocar intereses muy poderosos y eso cuesta”, decía Cristina Fernández de Kirchner el 25 de marzo de 2008. El alzamiento de las corporaciones agropecuarias contra la Resolución 125 de retenciones móviles transitaba su tercera semana. El país estaba partido, con piquetes en las rutas y manifestaciones masivas en Plaza de Mayo en respaldo al Gobierno. La Presidenta había asumido apenas cuatro meses antes con un amplio triunfo sobre la oposición, que se abroqueló detrás de la Mesa de Enlace. Incluso con sectores de centro izquierda e izquierda marchando codo a codo con Hugo Biolcati, de la Sociedad Rural, y convirtiéndose en figuras en los canales de televisión de los grandes grupos mediáticos.

En la madruga del 18 de julio de aquel año, el vicepresidente Julio Cobos, radical mendocino, pedía a la historia que lo juzgue y anunciaba en el Senado su voto no positivo. Aquellos que celebraron la victoria del empresariado rural se entusiasmaron con la interpretación de que el Gobierno tendría que abandonar el camino de la redistribución del ingreso para aplicar políticas “más realistas”. Se ilusionaron hasta con la renuncia de la Presidenta, a quien empezaron a llamar “la yegua” y diagnosticaron como “bipolar”.

Apenas tres meses y tres días más tarde, el 21 de octubre, Cristina Fernández se presentaba en la Anses para anunciar la estatización de las AFJP. “Todas las grandes crisis han representado una fenomenal transferencia de ingresos de los sectores menos favorecidos, llámense trabajadores, pequeños ahorristas, jubilados, pequeñas empresas, a favor de las grandes concentraciones económicas”, explicaba, para asegurar que esta vez sería distinto, que el estallido de la crisis internacional por la estafa de las hipotecas subprime en Estados Unidos no tendría como respuesta el ajuste ortodoxo por el que clamaba la derecha, sino que era una oportunidad para terminar con “el despojo” que significaron las AFJP para los trabajadores y para las arcas del Estado.

La distribución del ingreso y la convicción política para convertirla en realidad, asumiendo desafíos que parecían imposibles, contra resistencias golpistas de medios hegemónicos, grupos empresarios, sectores judiciales, embajadas extranjeras y aventureros políticos fueron los últimos doce años una prioridad y una práctica constante. Un antes y un después. En ocasiones, como ocurrió con la Resolución 125, las estrategias para lograrlo fracasaron y generaron divisiones con sectores afines que deberían haber sido aliados de la transformación popular, aunque eso no los exime de su responsabilidad por la traición a esas causas. El kirchnerismo prometió no ser neutral y no lo fue. En una sociedad con enormes desigualdades avanzó como no había ocurrido en décadas para restablecer derechos a los trabajadores, a los jubilados y a actores sociales históricamente postergados. Ahora le tocará defenderlos desde la oposición.


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-287913-2015-12-10.html

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Domingo, 25 de mayo de 2014 | Hoy



ECONOMIA › OPINION
Distribución del ingreso

Por Alfredo Zaiat

La información del Indec sobre el cambio de base de cálculo del Producto Interno Bruto incluyó otro reporte sobre cómo se distribuye el ingreso. El marcado sesgo hacia las finanzas ha reducido el análisis de la nueva serie estadística a que no se creció tanto desde 2004 como se había difundido, aunque igualmente a tasas elevadas, y, en especial, a que no se pagará este año a inversores bursátiles el aguinaldo Lavagna-Nielsen, el Cupón PBI como es denominado en el mercado. Además de la estimación base 2004 del PIB, el Indec publicó la serie “Cuenta de generación del ingreso y distribución funcional del ingreso”. Este indicador muestra cómo es el reparto de la riqueza producida durante un año entre el capital y el trabajo. Es un dato que dejó de publicarse de manera oficial en 1974, y el Indec volvió a hacerlo con una revisión inicial para el período 1993 y 2005, para luego informarlo cada año. El último fue para 2013 con el siguiente resultado: el trabajador asalariado se apropió del 51,4 por ciento del PIB. Es una participación muy elevada en términos históricos, en línea con otros máximos alcanzados en 1954 y 1974. Es una cifra que facilita la comprensión acerca del origen de las actuales tensiones económicas.

El reparto del “valor agregado bruto a precios básicos” (PIB) en 2005 era de 31,9 por ciento para la “remuneración al trabajo asalariado” y el 62,3 por ciento para el “excedente bruto de explotación” (retribución al capital). En cada uno de los años siguientes el factor trabajo fue mejorando posiciones en esa distribución, con un estancamiento en 2009 y 2010, en el 41,6 y 41,5 por ciento, respectivamente, hasta alcanzar el mencionado 51,4 por ciento. En el último año el factor capital recibió el 42,2 por ciento. La suma de ambos porcentajes no es 100 porque en la evaluación se considera un sector denominado “ingreso mixto bruto”, constituido por cuentapropistas y autónomos, tareas donde no puede diferenciarse la porción del ingreso correspondiente a la retribución al trabajo de la del capital. En ese período, la participación de ese grupo en el reparto del ingreso también ha subido del 5,8 al 6,5 por ciento de 2005 a 2013.

Varias de las tensiones que se están registrando en la economía se originan en la puja sobre cómo se reparte la riqueza, y la tendencia que ha adquirido en estos años. La distribución progresiva del ingreso no es un suceso mágico. Es un espacio de disputas donde intervienen sujetos económicos con intereses antagónicos. El Estado a través de diversas medidas participa también en el modo en que se reparte la riqueza. Lo hace a través de cómo cobra impuestos y cómo orienta el gasto público. Las estructuras tributaria y del gasto público influyen entonces en cómo se construye el bienestar social.

En ese sentido el sistema de seguridad social se ha convertido en un potente redistribuidor de ingresos hacia los sectores más vulnerables. Lo hizo a través de la moratoria previsional, los aumentos de las jubilaciones, las asignaciones familiares (del régimen general y la universal por hijo) y el más reciente plan Progresar. El dinero de la Anses de cada uno de esos derechos sociales y económicos está aplicado en mayor proporción a la población de más bajos recursos. Puede parecer una obviedad que fondos de la seguridad social tengan como destino a los grupos más vulnerables. En años pasados no era así. Había una distribución bastante pareja entre los hogares más pobres y los más ricos. Esa forma regresiva de direccionar el dinero de la seguridad social fue virando en los gobiernos de CFK y ahora se ha convertido en un importante vehículo de redistribución progresiva del ingreso.

El cuadro adjunto muestra ese cambio: el 10 por ciento de los hogares más pobres recibía transferencias monetarias de la Anses que equivalían al 14 por ciento de sus ingresos totales en 2003 saltando al 44 por ciento en la actualidad, mientras que el 10 por ciento más rico descendió del 11 al 8 por ciento. Esta orientación de la cobertura social tiene impacto en la reducción de la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres. En términos comparativos, en 2003 el sistema de seguridad social tendía a ser neutro al no acortar distancias entre ricos y pobres. Ahora la reduce.

El gasto social beneficia en una magnitud varias veces superior a los tramos de ingresos más bajos, mientras que esta proporción decrece a lo largo de los deciles. Esto se refleja en la evolución del índice de Gini, indicador que cuanto más cercano a 1 sea el valor mayor es la desigualdad en la distribución del ingreso. El gasto público y los impuestos pueden intervenir además para mejorarlo. Es lo que se ha verificado en los últimos años. En la investigación “Impacto del Presupuesto sobre la equidad”, publicada por el Cefid-Ar, Jorge Gaggero y Darío Rossignolo realizaron un cálculo para 2010, con el siguiente resultado: el Gini retrocede de 0,479 a 0,227 pre y post acción fiscal del gasto público y recursos necesarios para financiarlo. La intervención del Estado disminuye a la mitad el índice. Esto significa que la distribución del ingreso determinada por el mercado es definida hacia una mayor progresividad por el Estado.

Es una corrección del Gini por intervención de políticas públicas. En un artículo publicado en este diario el pasado 16 de mayo, Javier Lewkowicz destaca un reciente estudio de la Cepal, “Pactos para la igualdad: hacia un futuro sostenible”, que muestra que un Estado interventor incentiva el desarrollo en lugar de trabarlo al mejorar la distribución del ingreso. Ese documento detalla que en Finlandia el Estado corrige el Gini de mercado en un 46 por ciento, en Alemania lo reduce en un 42 por ciento, en Dinamarca y Noruega en un 41, Francia en un 40, y Suecia en un 39 por ciento. Según el cálculo de Gaggero y Rossignolo, la Argentina también tiene un factor de corrección del Gini de esa magnitud por la intervención del Estado: el tipo de gasto público y los impuestos han mejorado la distribución del ingreso. Este resultado es por la combinación de la disminución de la desigualdad (mejora de la distribución entre el trabajo y el capital, como arriba se indicó) y luego por la directa intervención vía cobro de impuestos (16,6 por ciento de lo recibido por la Anses proviene del Impuesto a las Ganancias) y destino del gasto público (ampliación de la cobertura social).

Por ejemplo, la Asignación Universal por Hijo involucra el 0,6 por ciento del PIB. Un informe de la OIT indica que en comparación con los programas de transferencias condicionadas en otros países de la región, la Argentina es el país que más recursos destina en relación con su PIB. Ese 0,6 por ciento deja en segundo lugar a Uruguay, con el 0,5 por ciento, y luego se ubica Brasil, con el 0,4 por ciento. México invierte 0,2, Perú 0,1 y Chile 0,06 por ciento de sus respectivos PBI en ese tipo de cobertura social. El documento de la OIT “Aportes para la construcción de un piso de protección social en Argentina: el caso de las asignaciones familiares”, coordinado por Fabio Bertranou, afirma que “Argentina ha ido aumentando, en el tiempo, las capacidades fiscales para incrementar el gasto público, particularmente el gasto público social. Tan es así que para el contexto de América latina, junto con Brasil y Uruguay, el país presenta los mayores indicadores en relación con su PBI”.

La convención política postula el deseo colectivo de mejorar la distribución del ingreso. Pero cuando las palabras pasan a los hechos emergen tensiones porque empiezan a colisionar las frases políticamente correctas de querer un país con menos pobres, de mayor inclusión social, con la realidad de quienes deben disminuir un poco sus privilegios en términos relativos para poder alcanzar el objetivo redistributivo. Esto ha quedado en evidencia con el régimen de seguridad social, que pasó a ser un relevante actor de la redistribución del ingreso porque se clausuró el negocio financiero especulativo de las AFJP y, de ese modo, se recuperaron recursos a manos del Estado que permitieron mejorar el financiamiento del sistema de cobertura social. Sólo afectando algunos privilegios, en este caso del sistema financiero, lo que no implican que no sigan gozando de muchos otros, se puede avanzar en la distribución del ingreso.

azaiat@pagina12.com.ar

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-247021-2014-05-25.html

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Sábado, 23 de junio de 2012 | Hoy



ECONOMIA › PANORAMA ECONOMICO
Los ricos y sus riquezas

Por Alfredo Zaiat
Investigaciones académicas, organismos internacionales, opiniones en medios de comunicación y discursos políticos se ocupan de la pobreza. Proponen planes, realizan diagnósticos, financian programas asistenciales y prometen combatir la desigualdad. Los estudios sobre los pobres abundan. No desbordan, en cambio, centros estadísticos, cátedras universitarias ni congresos mundiales dedicados a explorar a los ricos y sus riquezas. Están protegidos de estudios molestos que puedan exponer las inequidades sociales y las políticas que hacen posible su existencia y desarrollo. La mención tradicional que los involucra está en referencia a los pobres, por índices de distribución del ingreso. Pero son escasos los datos específicos sobre los ricos en el mundo, evolución, características e ingresos. Existen publicaciones dedicadas a la frivolidad que muestra la ostentación de millonarios o a relatar historias edulcoradas de cómo construyeron sus fortunas. La lista Forbes es superficial y no brinda elementos sustanciales sobre acumulación de riquezas. Una aproximación sobre la cantidad de personas millonarias y magnitud de riqueza concentrada en pocas manos la brindan con más información dos documentos. Uno preparado por Merrill Lynch y Capgemini, y el otro por Wealth-X, firma que ofrece a las grandes compañías el perfil de los ultra ricos.

Existe una idea naturalizada en el espacio público que dice que en las grandes crisis todos pierden. Algunos más, otros menos, pero que todos contabilizan una reducción de patrimonio. Trabajadores y jubilados porque padecen el recorte de sus ingresos o pierden el empleo; y empresarios y banqueros porque disminuyen ventas y ganancias, bajan las acciones y bonos, o porque quiebran y tienen que ser rescatados por el Estado. Esto que parece tan lógico en el discurso y teoría no se verifica en los hechos. Desde que estalló la crisis en 2008 aumentó la cantidad de desocupados y pobres en Estados Unidos y Europa, y también subió la cantidad de ricos. La descripción sobre que el capital financiero es el dominante en esta etapa del desarrollo del capitalismo global, y que líderes políticos de las potencias están subordinados a proteger esos intereses, se expresa con nitidez en los resultados de los últimos informes dedicados a los ricos realizados por esas firmas.

El “World Ultra Wealth Report 2011” define como Ultra High Net Worth Individuals (Uhnwi) a personas con activos superiores a 30 millones de dólares, sin contabilizar sus casas y bienes de colección (obras de arte, entre otros) y de consumo durable (autos, aviones, yates). El informe contabiliza el efectivo y los activos de fácil realización. Por lo tanto, esos ricos tienen una riqueza superior a esos 30 millones de dólares de inmediata disponibilidad. La investigación tiene como objetivo ofrecer un estudio de mercado para profesionales de las finanzas dedicadas a la gestión de patrimonios privados (lo mismo que hace el diputado Alfonso Prat Gay con la riqueza y posterior herencia de Amalita Lacroze de Fortabat), para las principales marcas de lujo o para ONG que “trabajan con la comunidad de ricos o quieren entrar en ese mercado”, explica David Leppan, titular de Wealth-X, en la presentación de la página web de la compañía.

Según el último reporte, con datos compilados a partir de más de 1100 fuentes en 109 países, en 2011 había en todo el mundo 185.795 Uhnwi con una riqueza global de 25 billones de dólares. De ese total, 57.860 estaban en Estados Unidos y 54.325 en Europa. Esos 25 billones de dólares duplican el PIB de la Unión Europea de 27 países, y también son dos veces el Producto de Estados Unidos. Esa inmensa fortuna equivale entonces a casi la mitad del PIB mundial, y está concentrada en apenas 185.795 personas, el 0,002 por ciento de la población mundial.

Brasil lidera la tabla en América latina, con 4725 ultra ricos, seguido por México, con 2900, cerrando el podio Argentina, con 1050.

En España, modelo económico elogiado por conservadores durante las últimas dos décadas, hoy el borde de la quiebra, contabiliza 1875 ultra ricos. En el ranking europeo se ubica en el sexto puesto, detrás de Alemania, Reino Unido, Suiza, Francia e Italia. La existencia de esa elite española millonaria convive con el desempleo más elevado de Europa, cercano al 25 por ciento en promedio, que sube al 50 por ciento en los jóvenes, con el retroceso del salario real y la pérdida de derechos laborales.

En 2009, según el otro informe elaborado por Merrill Lynch y Capgemini, los Uhnwi eran un grupo formado por 93.100 personas con una riqueza conjunta de 13,8 billones de dólares. En dos años se han multiplicado por dos tanto los ultra ricos como sus riquezas acumuladas. Merrill Lynch era uno de los bancos de inversión líderes de Wall Street, absorbido por el Bank of America para evitar otra quiebra como Lehman Brothers. Capgemini, compañía no tan conocida como Merrill Lynch, tiene más de 90.000 empleados en todo el mundo y presta servicios de consultoría, servicios tecnológicos y outsourcing. Merrill Lynch y Capgemini trabajan para los ricos. Saben de lo que informan.

En esa investigación se evalúan, además de los ultra ricos, las personas con grandes patrimonios que parten de un activo líquido (efectivo) de un millón de dólares. Según Merrill Lynch y Capgemini, en esa categoría hubo 8,8 millones de personas con patrimonios elevados en el mundo en 2005, una cifra que subió a 9,5 millones en 2006 y a 10,1 millones en 2007. En 2008, con el inicio de la crisis económica, la cifra se redujo a apenas debajo de los niveles de 2005, con 8,6 millones. Para 2009, aumentó a 10 millones, casi lo mismo que en 2007, año previo a la crisis.

En este período de turbulencia económica global, la riqueza conjunta de esas personas fue de 33,4 billones de dólares en 2005, 37,2 billones en 2006, 40,7 billones en 2007, cayendo a 32,8 billones de dólares en 2008. En 2009, subió a 39,0 billones de dólares. El último reporte indica que en 2010 había 10,9 millones de ricos que en conjunto reunieron una riqueza de 42,7 billones de dólares. Ese monto es 9,7 por ciento más alto que el registrado el año anterior, superando el nivel precrisis de 2007, que de por sí ya había sido el más alto hasta entonces.

Esta sucesión de cifras ofrece una conclusión impactante. Transcurrido un lapso de cinco años de la peor crisis económica global desde la depresión del ’30 del siglo pasado, sin un horizonte cercano de su fin, aumentó la cantidad de ricos y el monto acumulado de sus riquezas.

¿Cómo se llega a ese resultado cuando no hay día en que no haya noticias sobre el drama social y profundidad de la crisis económica global?

Daniel Raventós, profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad de Barcelona, brinda una pista en uno de sus artículos mencionando una declaración de Neil M. Barofsky, quien fuera inspector general del programa de rescate por 700 mil millones de dólares del sistema financiero de Estados Unidos, conocido como Troubled Asset Relief Programm (TARP), hasta febrero de 2011. Este funcionario escribió en The New York Times que hoy “los grandes bancos son un 20 por ciento más grandes que antes de la crisis y controlan una parte de nuestra economía mayor que nunca. Asumen de forma razonable que el gobierno los rescatará de nuevo si fuera necesario”.

El auxilio a la banca ha venido acompañado de recortes en el gasto social, en eliminación de derechos laborales para abaratar los despidos y en poda de salarios. Esa protección a banqueros se complementa con la política de no tocar privilegios de los ricos, no subir impuestos a los grandes patrimonios y sí al consumo, y cuidando de no afectar el funcionamiento de los paraísos fiscales, refugios donde ricos y ultra ricos resguardan sus riquezas.

La brecha entre los ricos y los pobres de los países desarrollados reunidos en la OCDE es de ese modo la más grande de los últimos 30 años, según el reciente informe de esa organización “Divided we stand: why inequality keeps rising?”. En una de sus conclusiones destaca que el coeficiente de Gini, una medida de la desigualdad de ingresos que oscila entre 0 (distribución equitativa) a 1 (máxima desigualdad), se situó en un promedio de 0,29 en los países de la OCDE a mediados de 1980. En 2010 se había incrementado casi 10 por ciento, al ubicarse en 0,316.

Si muchos quieren saber el motivo del estallido de la crisis y por qué los líderes de las potencias no pueden orientar sus economías para superar la debacle que está afectando al resto del mundo, el aumento de la desigualdad en esos países y esas cifras de ricos y ultra ricos es el comienzo de la respuesta.

azaiat@pagina12.com.ar
http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-197055-2012-06-23.html


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Sábado, 24 de mayo de 2014 | Hoy


ECONOMIA › PANORAMA ECONOMICO
Los ricos






Por Alfredo Zaiat
Las elites económicas heredan la riqueza y la concentración del capital es cada vez mayor, porque el retorno de ese patrimonio es superior al crecimiento global de la economía. Este es el postulado central de El capital en el siglo XXI, del economista francés Thomas Piketty, al analizar la evolución del capitalismo en países desarrollados, libro que está provocando un fuerte impacto mundial y fue reseñado hace dos sábados en esta columna. Al siguiente, continuando esa línea analítica para Argentina, se abordó el aspecto de los herederos, el proceso de reproducción de la riqueza y la transformación de las elites económicas en el país a partir de una investigación de Ana Castellani y Gastón Beltrán. Hoy se presenta un estudio sobre Argentina referido a la otra cuestión planteada por Piketty: la participación de los ricos en la distribución del ingreso. Esa investigación tiene la particularidad que forma parte de otra obra de Piketty realizada junto al británico Anthony Barnes Atkinson: Top Incomes. A Global Perspective, publicada por la Universidad de Oxford.

El libro son dos volúmenes y el primero se ocupa de países desarrollados (Francia, Alemania, Países Bajos, Suiza, Australia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda, Reino Unido y Estados Unidos). El segundo incluye países de Asia y de América latina, sólo representada por Argentina (los autores dicen que hubieran querido incluir a Brasil, pero la información de series estadísticas largas no estaba disponible). Cada capítulo de este último volumen ha sido escrito por una red informal de académicos, estudiantes de doctorado y miembros de institutos de investigación. Son casi 800 páginas que incluyen, además de Argentina, el análisis de los ricos en India, China, Japón, Indonesia, Singapur, Suecia, Finlandia, Noruega, España, Portugal, Italia.

“Los ricos en Argentina en el siglo XX, 1932-2004” es el capítulo del libro de Piketty y Atkinson escrito por Facundo Alvaredo, investigador del Conicet y del Paris School of Economics. En la introducción explica que el uso de la información estadística del impuesto sobre la renta personal –sendero nunca explorado antes en el país, dice–, le permite cubrir un período extenso para llenar un vacío en el análisis de la dinámica a largo plazo de la concentración del ingreso en Argentina. Los muy ricos son el objeto de su investigación. En términos generales, Alvaredo menciona que tradicionalmente Argentina ha sido identificada como una de las economías con menor desigualdad relativa en América latina, a pesar de sus recurrentes crisis económicas. Pero apunta que durante los ochenta y noventa el aumento de la desigualdad en el país ha superado el promedio de América latina.

Las declaraciones del impuesto a los ingresos acumuladas en la administración tributaria son la principal fuente. El impuesto sobre la renta personal se aplicó por primera vez en 1932 (en ese año comienza la investigación con referencias estadísticas de Alvaredo), en respuesta al impacto negativo de la crisis mundial sobre el Presupuesto nacional. Pese a no contar con esa fuente estadística, afirma que entre 1875 y 1914 “fue la época dorada del proceso de desarrollo del país, cuando los ricos propietarios de las grandes estancias de la Pampa construyeron palacios urbanos en Buenos Aires, a imagen y semejanza de aquellos que vieron durante sus viajes a Europa. “Muchos observadores independientes han comentado extensamente sobre la riqueza extrema de los argentinos ricos de comienzos de siglo”, indica. Sin embargo, Alvaredo dice que el origen de la concentración de la riqueza no tiene que ser tratado sólo a partir de la estructura de propiedad de la tierra en la Pampa junto con el favorable patrón de inserción internacional del país, sino que “también fue el resultado de un proceso de construcción no tan pacífica de la nación”. Calcula que “es probable que antes de 1930 la proporción de los ingresos apropiados por los ricos haya sido más alta que el nivel de 1932 (18,7 por ciento para el 1 por ciento de la población) y, probablemente, incluso más alto que el máximo global del 25,9 por ciento en 1943.

El documento precisa que los años de Perón (1946-1955) coinciden con una clara disminución de la participación de los ricos (el grupo del 1 por ciento) en el reparto de la riqueza, que bajó a 15,3 por ciento en 1953. Ese 1 por ciento representa a 119.165 personas. “El gobierno (peronista) se embarcó en una fuerte política redistributiva durante tres años (entre 1946 y 1949), estableciendo las bases para el Estado del Bienestar y el desarrollo de la poderosa clase media que caracterizó al país hasta fines de la década de 1960”, explica. Para agregar que “este es el período en que permaneció en la ‘memoria colectiva’ como la expresión más clara de las políticas económicas del peronismo”. Alvaredo puntualiza que esa mejora no fue provocada por el desarrollo de un sistema de tributación progresivo –“que desempeñó un papel secundario”–, sino que la redistribución fue alcanzada por la ayuda pública directa, la tasa de interés subvencionada, los controles de precios, la política de salario mínimo y el control del comercio exterior.

Alvaredo calculó las pérdidas sufridas por los más ricos durante el peronismo en la participación sobre el ingreso total. El 1 por ciento de la población acomodada bajó de 25,9 a 15,3 por ciento de 1943 a 1953. Los más afectados fueron los más ricos entre los ricos: el 0,1 por ciento superior disminuyó de 11,6 por ciento a 5,1 por ciento y el 0,01 por ciento superior disminuyó del 4,1 por ciento al 1,4 por ciento en el mismo período. También menciona que ese proceso coincidió con una mejora general en términos de distribución del ingreso, como lo indica el hecho de que la participación de los asalariados en el ingreso total aumentó en 8 puntos porcentuales entre 1945 y 1954: la proporción de los salarios sobre el PIB alcanzó un máximo histórico de 50,8 por ciento en 1954, un año antes del golpe militar que depuso a Perón, consigna Alvaredo, tomando como referencia una investigación de la Cepal de Oscar Altimir y Luis Beccaria.

Después de 1955, los ciclos repetidos de expansión y contracción corta, elevada inflación y debilidad institucional fueron lo dominante. En ese período hubo un marcado aumento en la captura del ingreso por parte del top 0,1 por ciento (21.450 personas) y del ultra top 0,01 por ciento (2383 personas) de la población rica. Este último grupo duplicó su participación en la riqueza entre 1953 y 2004.

Entre 1975 y 1980 la desigualdad del ingreso experimentó un fuerte aumento, y esa tendencia creciente continuó, alcanzando un máximo en 1989 (hiperinflación). En términos de crecimiento, Alvaredo define que los ochenta fue la “década perdida”. Para los noventa indica que la política económica de convertibilidad, apertura y privatizaciones no fue neutral en términos de distribución del ingreso. La desigualdad global creció de manera constante en esos años, junto con los niveles de desempleo y pobreza. En ese período, la desigualdad aumentaba durante los años de crecimiento, y aumentaba aún más durante las recesiones, hasta que “la crisis 2001-2002 empujó esos indicadores a niveles sin precedentes”, indica. El 1 por ciento pasó de 12,4 por ciento en 1997 a 16,8 por ciento en 2003, y los muy ricos del 0,01 por ciento duplicaron su participación en el ingreso, al pasar de 1,4 al 2,8 por ciento.

Alvaredo concluye que “la crisis genera una redistribución masiva a favor de los muy ricos, que tienen una parte importante de sus ingresos en moneda extranjera debido a su participación en el comercio internacional”. Siguiendo la guía Piketty, a partir de un ciclo largo de la distribución de la riqueza en Argentina, el estudio de Alvaredo muestra que en los años del primer y segundo peronismo fueron los ricos quienes perdieron participación en el reparto de la torta, lo que permite entender la histórica resistencia de esos sectores a ese movimiento político. Hay que esperar a que Alvaredo extienda la investigación para los años posteriores al 2004 y a partir de ese resultado comprobar si el origen del rechazo de los sectores acomodados al actual ciclo político tiene ese mismo motivo.

azaiat@pagina12.com.ar

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-246993-2014-05-24.html

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Domingo, 1 de julio de 2012 | Hoy



EL PAIS › OPINION
Regresivo


Por Alfredo Zaiat
Los niveles de pobreza siguen siendo significativos, la informalidad laboral alcanza a un tercio de la población y aún persisten importantes bolsones de desigualdad. El déficit habitacional es agudo, un porcentaje de la población no accede a infraestructura básica de servicios esenciales y todavía existen sustanciales brechas educativas según estratos socioeconómicos. El desempleo y el subempleo involucran al 14,5 por ciento de la población económicamente activa, el regresivo Impuesto al Valor Agregado se ubica en un elevado 21 por ciento y las jubilaciones mínimas son insuficientes. Este marco general convive con años donde han avanzando indicadores sociales, económicos y laborales, mejoraron las condiciones materiales de los trabajadores y a la vez se revirtió la tendencia negativa en la distribución del ingreso, ganando posiciones los sectores postergados por décadas. Esto significa que pese a la recomposición de la situación sociolaboral aún se mantienen rasgos estructurales de profunda desigualdad.

En el espacio de disputa política, algunos enfatizan la primera parte de ese cuadro, que la oposición con legitimidad señala, y otros destacan la segunda parte, que lo hace el Gobierno también con legitimidad para mostrar logros de su gestión. El escenario socioeconómico tiene la suficiente complejidad como para no poder reducirlo a esquemas analíticos binarios. Esas posiciones enfrentadas generan acalorados debates. Unos pueden estar más o menos de acuerdo con una u otra perspectiva. Pero la discusión sobre el impuesto a los ingresos de los trabajadores en relación de dependencia, conocido como Impuesto a las Ganancias Cuarta Categoría, ha alterado ese choque de ideas. La ha conmovido porque quienes critican el deterioro del panorama social y empleo y reclaman iniciativas transformadoras para repartir mejor la riqueza se movilizaron y protestaron para eliminar ese tributo, o subir el mínimo no imponible, que hoy alcanza a apenas el 8 por ciento del total de los ocupados, y al 19 por ciento de los trabajadores registrados.

La renta financiera está exenta del Impuesto a las Ganancias. Los ingresos de los jueces no están gravados. La ganancia de capital tampoco está alcanzada por el impuesto. Las mineras preservan un esquema tributario privilegiado. La alícuota del IVA es muy alta y todavía no se dispuso su exención para, al menos, el consumo con la tarjeta de los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijos. El aspecto más desconcertante de la protesta es que la existencia de todas esas inequidades tributarias, que el Gobierno mantiene, ha sido el principal argumento para proponer una medida que tornaría más regresivo el sistema impositivo. O sea, si el régimen es injusto, habría que eliminar entonces sus contornos progresivos para equilibrarlo hacia lo malo del sistema. Todo dicho levantando la bandera de pelea por una mejor distribución del ingreso.

Un documento de estudio que está en preparación por un grupo de investigadores del Conicet, liderado por el economista Demian Panigo, evalúa en términos de reparto de riqueza la propuesta gremial de eliminación del Impuesto a las Ganancias para trabajadores en relación de dependencia y también del tope de 5200 pesos para asignaciones familiares. Las conclusiones preliminares de esa investigación brindan resultados sustanciales para medir con rigurosidad el impacto sobre la distribución del ingreso del reclamo sindical, que ha estado acompañado por la denominada centroizquierda y una fracción de la izquierda.

El avance de la investigación arroja los siguientes resultados:

Si se eliminara el Impuesto a las Ganancias Cuarta Categoría, el Estado dejaría de recaudar unos 21.000 millones de pesos en el año. Monto calculado según la Encuesta Permanente de Hogares, sin incluir a la población rural. Por lo tanto, esa suma sería un piso.

Estos 21.000 millones de pesos quedarían casi en su totalidad en manos de la población que ocupa el primer decil de ingresos. O sea, el grupo que integra el 10 por ciento que más gana en la estructura de ingresos totales.

El 98 por ciento de esos recursos pasaría a bolsillos del primer decil de ingresos.

Ese reparto de dinero tendría como saldo que aumentaría un 11 por ciento la desigualdad medida por brecha de ingresos, y casi 2 puntos porcentuales más en el Coeficiente de Gini.

En otras palabras, para los tres deciles de ingresos más bajos, es decir, los más pobres, esa reforma no los beneficiaría en nada. No recibirían ni un peso adicional a sus magros ingresos.

Gustavo Arballo desarrolló en su blog “Saber leyes no es saber derecho” varios ejemplos para mostrar cómo impactaría la suba del mínimo no imponible entre los trabajadores alcanzados por el tributo según la escala de ingresos. El resultado es que favorecería proporcionalmente más a los trabajadores de más altos ingresos. “El impacto es regresivo –el impuesto en su todo sigue siendo progresivo–, pero el beneficio resultante del aumento favorece a los que más ganan”, asegura. Dice que no representaría una ventaja perceptible para los que ganen de 6000 a 10.000 pesos, en el caso soltero sin hijos que tiene menos deducciones para hacer y, por lo tanto, es el más exigente. Para casados con dos hijos, el beneficio sería mínimo.

Respecto de las asignaciones familiares que perciben los asalariados registrados, un reciente informe de Cifra-CTA destaca que entre 2008 y 2011, los salarios registrados crecieron por encima del nivel de aumento de precios (Cifra no toma en cuenta el IPC Indec, sino el IPC-7 provincias) pero, al mismo tiempo, no se actualizaron en la misma magnitud los montos salariales que marcan los límites para cobrar asignaciones familiares. La mejora del salario real junto a esa desactualización ha llevado a que haya disminuido el porcentaje de asalariados que percibe la asignación familiar por hijo del régimen contributivo. El informe no menciona que una parte de esos trabajadores pasaron a deducir de la base imponible del impuesto a las ganancias la carga por hijos, lo que implica indirectamente la cobertura de la asignación familiar. Los trabajadores que quedaron sin asignación familiar por hijo son los que cobran 5201 pesos hasta el monto del mínimo no imponible, de soltero o casado. Ese espacio nebuloso debe ser abordado por el Gobierno, además del aumento del monto de las asignaciones, tanto del régimen general como de la AUH.

El estudio de esos investigadores del Conicet incluyó también la evaluación de la propuesta gremial de eliminar el tope de 5200 pesos de salario para asignaciones familiares. El resultado de esa medida sería que la Anses tendría un costo de 2500 millones de pesos, y más del 50 por ciento de eso monto sería redistribuido en los primeros tres deciles (30 por ciento) de la estructura de ingresos.

La eliminación del Impuesto a las Ganancias Cuarta Categoría y del tope de 5200 pesos para asignaciones familiares implicaría una merma de recursos del Estado de por lo menos 24.000 millones de pesos. El 90 por ciento de esos fondos se destinaría a los estratos de altos ingresos. “Equivalen a dos presupuestos anuales de Asignación Universal por Hijos”, calculó el equipo de Panigo. Dividiendo los ingresos por mes y por persona en cada familia del país, la propuesta gremial significaría un aumento promedio de 21 centavos para cada trabajador de bajos ingresos y más de 155 pesos para cada uno de altos ingresos. En el debate sobre progresividad del sistema tributario y distribución de la riqueza, ese proyecto se considera regresivo.

azaiat@pagina12.com.ar

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-197624-2012-07-01.html


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Sábado, 16 de marzo de 2013 | Hoy



ECONOMIA › PANORAMA ECONOMICO
Ultramultimillonarios


Por Alfredo Zaiat

Las economías más importantes del mundo están transitando el sexto año de estancamiento o recesión. Estados Unidos, Europa y Japón no pueden salir del atolladero con políticas que combinan expansión monetaria para rescatar bancos y restricción fiscal en el ámbito sociolaboral. Pese a los resultados insatisfactorios, las potencias persisten en esa estrategia. Existe una idea naturalizada en el sentido común que postula que en las grandes crisis pierden todos. Ricos y pobres; trabajadores y empresarios. No es así. También predomina la noción de que el deterioro general no le conviene a nadie. A unos pocos, sí, o les resulta indiferente puesto que sus riquezas son tan grandes que no se ven afectados. Esto se ratifica en un estudio realizado por Wealth-X, firma que ofrece el perfil de los ultra ricos para profesionales de las finanzas dedicados a la gestión de patrimonios privados. En su página web informa que trabaja con ocho de los principales bancos privados mundiales y se jacta de que su base de datos ofrece detalles exclusivos de los ultramultimillonarios, incluyendo su riqueza, ingresos, pasiones, intereses filantrópicos, orientación política, sus asesores, las familias y biografías. Elaboró un ranking de países con mayor cantidad de Ultra High Net Worth Individuals (Uhnwi), personas con activos superiores a más de 1000 millones de dólares, sin contabilizar sus casas y bienes de colección (obras de arte, entre otros) y de consumo durable (autos, aviones, yates).

La inestabilidad económica en los últimos años no ha afectado a ese reducido grupo que concentra patrimonios inmensos, superiores en algunos casos al PBI de países periféricos. La cantidad de ultramultimillonarios se ha incrementado como también su riqueza, pese a la prolongada incertidumbre global. Wealth-X calculó que esas fortunas aumentaron en 760.000 millones de dólares el año pasado. Confeccionó el ranking de los diez países con más ultramultimillonarios y la riqueza en conjunto registrada por esas personas.

1 Estados Unidos: 480 2,05 billones de dólares

Con 333 ultramultimillonarios más que el competidor más cercano, China, Estados Unidos lidera cómodamente el ranking. Pese al estancamiento de su economía, el año pasado se sumaron 25 nuevos muy ricos. En promedio, cada uno acumula una fortuna de 4300 millones de dólares. Según la última lista Forbes, Bill Gates (Microsoft) está al tope con 67.000 millones de dólares, seguido por Warren Buffett con 53.500 millones. El estado preferido de residencia de los ultra ricos es California seguido por Nueva York, Texas, Florida e Illinois.

2 China: 147 380.000 millones de dólares

Por cantidad, China se ubica segunda, pero está por detrás de Alemania y el Reino Unido en términos de riqueza total. Los chinos muy ricos tienen 2600 millones de dólares cada uno en promedio. Shanghai, Guangzhou, Shenzhen, Beijing y Hangzhou son las cinco ciudades con más presencia de ultra ricos. Zong Qinghou, que comanda el Grupo Hangzhou Wahaha, empresa líder de bebidas de China, ocupa el liderazgo con 11.600 millones de dólares, según Forbes.

3 Reino Unido: 140 430.000 millones de dólares

En el Reino Unido habita la mayor cantidad de ultra ricos de Europa, con un promedio de 3100 millones de dólares cada uno. En 2012, pese a la recesión, la cantidad de millonarios británicos creció 0,2 por ciento y su riqueza global un 4,0 por ciento.

4 Alemania: 137 550.000 millones de dólares

Está ubicada cuarta, pero en términos de riqueza es segunda, superando a China y Reino Unido. Hay menos alemanes millonarios pero tienen en promedio más patrimonio, con una media de 4000 millones de dólares cada uno. Hamburgo, Munich y Düsseldorf son las tres ciudades con la cantidad de más ultra ricos. El número uno es Karl Albrecht con 26.000 millones de dólares, dueño de Aldi Sud, una gigante cadena alemana de supermercados, con 4600 tiendas en nueve países.

5 India: 109 190.000 millones de dólares

En una de las economías considerada nueva potencia, la cantidad de multimillonarios pone de relieve la magnitud de la riqueza que se está creando en ese país, a la vez de la ampliación de la inequidad social. La India es la tercera mayor economía de Asia junto con China y Japón. Ese trío representa alrededor del 75 por ciento de los ultra ricos de la población de la región. Cada uno de los multimillonarios de la India tiene un patrimonio en promedio de unos 1700 millones de dólares, con Mukesh Ambani (petroquímica, petróleo, gas) en el tope, con 21.500 millones.

6 Rusia: 97 380.000 millones de dólares

Son menos pero en riqueza promedio se ubican muy cerca del segundo en el ranking: cada uno acumula una media de unos 3900 millones de dólares. Y cada vez son más: la cantidad de multimillonarios rusos aumentó 17 por ciento el año pasado. El más rico de todos es Alisher Usmanov, con 17.600 millones de dólares.

7 Hong Kong: 64 190.000 millones de dólares

Hong Kong es el centro financiero clave de Asia, donde también se encuentran algunas de las personas más ricas de la región. Ka-shing Li, de 84 años, es el hombre más rico de Hong Kong, con una fortuna de 31.000 millones de dólares, según el último listado Forbes.

8 Suiza: 57 125.000 millones de dólares

Pese a la crisis europea, la fortuna de los ultra ricos suizos aumentó un 3 por ciento el año pasado respecto del período anterior, y en cantidad de personas subió 7 por ciento. La consultora Wealth-X se pregunta en el informe: “¿Qué atracción tiene Suiza para los ultra ricos?”. Responde: “Sus beneficios tributarios y las leyes de privacidad, ya que pueden mantener su dinero incluso sin vivir permanentemente en el país”.

9 Brasil: 49 300.000 millones de dólares

Es el único país latinoamericano en el top ten. El año pasado, con una economía estancada, Brasil mostró un incremento del 3,5 por ciento en la cantidad de ultra ricos en la población. Eike Batista es el hombre de más fortuna, estimada en 19.400 millones de dólares según Forbes.

10 Canadá: 40 105.000 millones de dólares

Las filas de ultramultimillonarios del mundo han vuelto a alcanzar máximos históricos, informa Forbes 2013: ahora están integradas por 1426 nombres, con un valor patrimonial neto total de 5,4 billones de dólares. Esa lista junto con el ranking de países con más cantidad de millonarios y sucesión de cifras ofrecen una conclusión inquietante. La peor crisis económica global desde la Depresión del ’30 del siglo pasado sigue sin un horizonte cercano del final, mientras aumenta la concentración de riquezas en unos pocos ultra ricos.

azaiat@pagina12.com.ar

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-215916-2013-03-16.html

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"Las tensiones por la distribución del ingreso "




"Las tensiones por la distribución del ingreso"

Por Rubén Garrido, Sociólogo
1 de julio de 2012

Independientemente de cómo se lo enuncie desde discursos y prácticas en Argentina se está discutiendo la distribución del ingreso, cómo repartir lo producido y sus beneficios.

Siempre el ingreso se distribuye y por lo tanto siempre hay opiniones sobre la forma que adquiere esa distribución, sus beneficiarios y los perjudicados y temas circundantes.

El estar discutiendo es distinto a cuando se emiten opiniones. La discusión implica que más de un sector con intereses particulares (no en el sentido de pequeños sino en el de propios) se siente con el derecho y la fuerza de plantear que esa distribución debe adquirir uno u otro sentido.

Discutir la distribución es discutir qué parte de lo producido y sus beneficios corresponderá al salario entendido tanto como masa de dinero y como masa de población que estando solo en condiciones de intercambiar fuerza de trabajo por una retribución logra hacerlo) y cuánto al capital, ya sea en su forma productiva o rentística.

Pero las fuerzas del capital y el trabajo no se enfrentan solas sino que lo hacen mediadas por los gobiernos y sus políticas.

Esas políticas afectan la distribución mediante el establecimiento de impuestos y otras formas de reasignación de recursos (como retenciones, promociones arancelarias, costos diferenciales de moneda extranjera y varios mecanismos más) y además mediante el establecimiento de políticas que retornan parte de la recaudación impositiva en prestacions diversas.

Muchas de estas prestaciones tienen un efecto directo sobre el salario e indirecto sobre el capital. Por ejemplo, los subsidios al transporte benefician de manera directa a los empresarios dedicados a la actividad y a los usuarios (en un 95% población asalariada) que hace uso de los mismos. Pero también de manera indirecta al conjunto de los empleadores, reduciendo los costos de reproducción de la fuerza de trabajo (el dinero que necesitan los empleados para vivir y les permite regresar a cumplir con sus labores, descanados y alimentados y criar a la generación futura de empleados, quienes los reemplazarán dentro de unos años). Esa reducción de costos los beneficia en una reducción de remuneraciones.

Obviamente los subsidios entregados como remuneración directa a parte de población (como la asignación universal por hijos) también intervienen como un subsidio al capital, en algunos casos desembozado (no faltan quienes contratan personal en negro a mitad de costo “para permitir que no pierdan la posibilidad de seguir cobrando la asignación”) y en otros muy ocultos: el porcentaje de ahorro de lo cobrado en ese concepto no debe alcanzar al 5%. Quiere decir que el 95% de esa masa de dinero se transforma en consumo, en ventas de productos y servicios, o sea, como mecanismo que permite realizar la producción y por lo tanto que el capital cumpla su ciclo.





Toda esta larga introducción al tema tiene como objetivo establecer qué entiendo que está implicado cuando digo que se está discutiendo la distribución: la parte que se lleva el capital como ganancia o renta (muchas veces, aunque afecte a una ínfima proporción de población, disfrazada como retribución de mano de obra, pensando en salarios de directores y altos cargos ejecutivos), lo que se lleva la masa de trabajadores (de muy distintas calidades y jerarquías), lo que se apropia el Estado mediante impuestos, tasas y otros mecanismos y la parte que de ello regresa en forma directa (subsidios) e indirecta (ejecución de políticas sociales en salud, educación, créditos para vivienda, etc.), más la parte que va directamente a las arcas del gran capital mediante pago de deuda

Entonces, decíamos que la posibilidad de discusión (muy diferente a una escaramuza puntual) tiene que ver con que más de un actor se siente con la fortaleza (al menos moral) de cuestionar la forma en que la distribución se viene dando.

En ese momento la escaramuza trasborda los límites de la empresa o de la rama de actividad y se dirige al único lado donde se tratan las cuestiones generales, aquellas que regulan y afectan al conjunto, las políticas de gobierno.

Esta discusión sobre el reparto de los ingresos y beneficios tiene muy larga data en el país y adquiere mayor fuerza y presencia cuanto mejores condiciones de vida tiene la parte más débil. Como bien se advertía en un artículo de La Nación hace un par de años, había una preocupación creciente por el aumento de la tasa de empleo ya que a mayor empleo mayor fortaleza en las negociaciones de la parte asalariada.

En el papel que juega el Estado como mediador en el reparto de los ingresos, desde hace un tiempo ya bastante extenso, paralelo al dominio que asume el capital financiero en la economía desde mediados de los ’70, éste se ha venido desempeñando decididamente en contra del sector asalariado (en el sentido amplio al que nos referimos en el comienzo).

Recorte en políticas sociales, gran quita de recursos destinados a salud y educación, además de la configuración de una política tributaria profundamente regresiva, en la que pierde peso el pago proporcional a la riqueza. En una nota de Página 12, (“Contrato Social”, 30 de Junio de 2012) Alfredo Zaiat describe varias inequidades tributarias: “…Un IVA de altísima alícuota sin excepciones o sin una tasa reducida para los pobres, en alimentos básicos y vestimenta, como es usual en los países avanzados. No están gravadas las ganancias de capital que obtienen las personas físicas, un privilegio fiscal que constituye uno de los aspectos más regresivos del sistema impositivo. Tampoco está alcanzada la renta financiera, entre otras inequidades”.

Reforzando lo que decía sobre la mediación estatal en la distribución de los ingresos:
“…Desde este punto de vista y en lo que más importa aquí, desde mediados del siglo XX hasta ahora, la estructura tributaria argentina ha avanzado muy poco en materia de reformas tendientes a mejorar la distribución del ingreso. Por el contrario, gran parte de las medidas adoptadas tuvieron efectos regresivos, esto es, los impuestos generan desigualdad…
“…Valgan sólo un par de ilustraciones del fenómeno. La primera concierne al impuesto a las ganancias, uno de los tributos que se consideran progresivos por excelencia. La mayor parte de lo que se percibe por este concepto es abonado entre nosotros por las sociedades comerciales y no por las personas físicas. Aunque el lector no tenga por qué saberlo, se trata de una diferencia crucial, al punto de que expertos como Gómez Sabaini o Cetrángolo opinan que, en estas condiciones, el impuesto tiende a ser regresivo y no progresivo.
“…¿Por qué? Porque dado el alto grado de concentración económica que existe en el país, abundan las ramas dominadas por muy pocas empresas, que actúan como formadoras de precios. De resultas de ello, toda vez que pueden les trasladan el tributo a sus compradores a través del precio que les fijan a los bienes y servicios que proveen. Esto es, que lo terminan pagando los consumidores finales, como usted o como yo.
“…Desde un punto de vista redistributivo, el problema es doble. En primer lugar, en lo que hace al volumen global de los aportes por ganancias (sociedades y personas físicas) medido como porcentaje del PBI, la media de los países avanzados es casi tres veces superior a la nuestra, aunque esta haya aumentado en los últimos años al 5,5%. Y, a la vez, la propia composición del tributo restringe considerablemente sus alcances progresivos. A lo cual se suma el gravísimo problema de la evasión, que se estima en mucho más del 50%. Si se le añade la elusión fiscal, la conclusión es que una parte sustancial de este impuesto simplemente no se recauda.
“…Es claro que quienes no pueden escapar de él son los trabajadores en blanco pues se les deduce de su salario. Y este es el otro meollo de la cuestión: un 80% de lo recaudado por ganancias personales proviene de los salarios y sólo el 20% restante corresponde a otras fuentes. ¿Cuál es la causa de esta disparidad? Las numerosas exenciones que benefician a las rentas del capital que poseen los individuos, tales como las que se generan por la compraventa de acciones, por los dividendos, por las transacciones financieras, por los intereses de los títulos públicos, etc.” (José Nun, “Acerca de la desigualdad y los impuestos”, Voces Nro 14, publicación del Grupo Fénix)
(http://www.vocesenelfenix.com/content/acerca-de-la-desigualdad-y-los-impuestos)

En un artículo del 23 de Junio en Página 12 de Alfredo Zaiat (“Los ricos y sus riquezas”), hablando sobre los efectos de la crisis en EE.UU. y la percepción que de ellas se traslada a la sociedad de que todos pierden, daba cuenta de que ello no era así y describía situaciones fácilmente trasladables a las últimas crisis en el país: ”El auxilio a la banca ha venido acompañado de recortes en el gasto social, en eliminación de derechos laborales para abaratar los despidos y en poda de salarios. Esa protección a banqueros se complementa con la política de no tocar privilegios de los ricos, no subir impuestos a los grandes patrimonios y sí al consumo, y cuidando de no afectar el funcionamiento de los paraísos fiscales, refugios donde ricos y ultra ricos resguardan sus riquezas”.




En ese contexto de profundización de inequidades y continuas postergaciones de reversión del proceso aparece un ciclo inverso con lo que se llama el kirchnerismo, con políticas de impulso del consumo y el empleo, o sea, con la consecuencia del fortalecimiento del sector asalariado.

Las políticas de activación del empleo, la promoción del consumo, la mejora redistributiva (a la recuperación del salario debemos sumarle la asignación universal por hijo, el reajuste en jubilaciones, los subsidios en servicios), fueron mejorando las condiciones en las que el conjunto de la masa de trabajadores (logren o no incorporarse al mercado del empleo y ya en una relación salarial o “en negro”) se encuentra. Y con esa recuperación material, es lógico, emerge su rearme moral: sentirse con el derecho a ser partícipes en la fijación de políticas y lineamientos de acción. Es algo en donde la parte empresaria y los bancos siempre se sienten con derecho.

Si bien en los últimos años se ha revertido en parte esa tendencia en la distribución del ingreso en nuestro país siempre es bueno recordar que el piso desde el cual se parte debe ser el más inequitativo al menos desde 1945.

Por eso sobre una misma situación, algunos ven que no se hace nada, otros que se avanza muy lentamente, otros que vamos camino a la implementación de un socialismo o de un peligroso populismo estatizante y, algunos, tratan de desagradecidos a quienes reclaman apurar la marcha.

Al menos desde el 40 hasta el 70 el movimiento obrero había desplegado su estrategia con una pelea en dos frentes: contra el capital por mejorar sus condiciones de vida y al interior de la alianza que lo albergaba mayoritariamente (el peronismo) para convertirse en fuerza dirigente.

Los fuertes cambios en la estructura del mercado laboral que se producen con la etapa del dominio del capital financiero, con la dispersión geográfica de procesos productivos y la tercerización de diversas fases a su interior debilita la fortaleza del movimiento obrero en su pelea por la mejora de condiciones de vida (además de las condiciones políticas y la fuerte represión que literalmente barrió con toda una generación de cuadros dirigentes).

La crisis de los partidos políticos como parte del mismo proceso donde cada vez quedan más al arbitrio de la esfera privada territorios de la disputa estatal le suma a la debilidad en la lucha por las mejorasen sus condiciones de vida, de reproducción, el quiebre de la alianza política que la albergaba, donde ya deja de existir en tanto partido político, con cuerpos más o menos orgánicos de discusión y participación.

El “partido” queda reducido a alianzas y agrupamientos personales, sin o con las mínimas estructuras orgánicas que le den sustento.

Una fracción del movimiento obrero, aquella que fue puntal en la pelea contra el neoliberalismo se siente con derecho a solicitar posiciones en la dirección del proceso que está revirtiendo esa tendencia. No los encuentra en los inexistentes espacios de conducción orgánica de la alianza en funciones de gobierno, tampoco se sienten invitados a formar parte de sus listas electorales o si lo son, asumen que es en posiciones bastante relegadas en función de su contribución.

Cabría preguntarse aquí si fueron relegados por dirigentes de igual o mayor probidad en sus peleas contra el viejo modelo neoliberal. Y digo esto en función de todos los análisis que en las últimos días denigraron los reclamos de una fracción del movimiento obrero sacando a relucir curriculums e historias de vida, lo cual puede quedar pictórico para un artículo periodístico pero poco aporta a un análisis de posicionamientos en los enfrentamientos sociales (sería muy doloroso e igualmente inconducente, aplicar la misma metodología de análisis para la fracción en funciones de gobierno).

Sólo en el marco de toda esta contextualización debe analizarse el giro en la disputa entre la fracción “moyanista” del movimiento obrero y el gobierno.

Me corrijo, además de analizarla dentro de este marco, se lo debe hacer con suma responsabilidad sobre el destino al que se quiera contribuir en el actual proceso.

En su desarrollo, y de acuerdo a las disponibilidades de fuerza con que cuenta, varios debates y acciones han sido postergados, muchos de ajuste fino y demasiados de ajuste grueso. No es una crítica sino una realidad. Alfredo Zaiat comienza su nota del domingo 1 de Julio en Página 12, “Regresivo”, de la siguiente manera:

“Los niveles de pobreza siguen siendo significativos, la informalidad laboral alcanza a un tercio de la población y aún persisten importantes bolsones de desigualdad. El déficit habitacional es agudo, un porcentaje de la población no accede a infraestructura básica de servicios esenciales y todavía existen sustanciales brechas educativas según estratos socioeconómicos. El desempleo y el subempleo involucran al 14,5 por ciento de la población económicamente activa, el regresivo Impuesto al Valor Agregado se ubica en un elevado 21 por ciento y las jubilaciones mínimas son insuficientes”.
Contribuir a la ruptura de las alianzas que hoy fortalecen el proceso redistributivo sólo ayuda a su debilitamiento.


No hablo aquí de los grupos económicos e intereses financieros (e inclusive otros principalmente opuestos desde perspectivas ideológicas o desde políticas puntuales) que desde hace ya un tiempo suficientemente extenso bregan por la discontinuidad de este proyecto y, por lo tanto, de las alianzas donde se apoya y cobra sustento.

El problema en estos momentos se ha instalado al interior de la alianza que impulsa el proceso redistributivo y en este proceso de ruptura no es conducente buscar responsabilidades en un solo lado: la fracción moyanista tiene una gran responsabilidad en esto e importantes sectores dentro de la alianza en el gobierno y los discursos de las diversas organizaciones que le brindan apoyo y sustento contribuyen en igual sentido.

Deben cambiarse los discursos de agitación, aquellos que sólo se preocupan en la consigna sin la explicación y explicitación de la propuesta superadora. De esta manera si bien se consigue sumar voluntades, luego veremos que en las mismas el único punto de coincidencia es la oposición. Y cuando hay oposición sin plan superador los únicos que se benefician son los partidarios de que todo quede como está. No importa si esta actitud es asumida por la fracción en el gobierno, por la fracción “moyanista” o por quien sea.

Por ejemplo, no es bueno solicitar el no cobro del impuesto a las ganancias sobre los salarios o criticar por antisolidaria esa actitud, sin hablar y explicar las terribles injusticias que se cometen (al amparo del Estado y, nos guste o no, avalado por acción u omisión por el gobierno) en la aplicación de ese impuesto o el de bienes personales, sin mencionar la terriblemente injusta estructura tributaria argentina para con los sectores más postergados.

Por eso, los aportes a este debate, deben hacerse con la responsabilidad sobre el destino al que se quiera contribuir en el actual proceso. O sea, desde mi perspectiva, apuntalando al desarrollo de un proceso donde definitivamente el pueblo trabajador se erija en conductor de su destino. Un futuro en el que las actuales condiciones de inequidad y postergación de las mayorías del país se superen por relaciones inclusivas y solidarias, por un destino para las mayorías y dirigido por ellas, con los dirigentes que se sepan dar.


http://conapla.blogspot.com.ar/2012/07/las-tensiones-por-la-distribucion-del.html

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