Lo que circula por los medios

12 de diciembre de 2016

Un año de gobierno privado






12 de diciembre de 2016
Pagina12 | El país | Por Eduardo Aliverti
OPINIÓN
Un año de gobierno privado

Por: Eduardo Aliverti
Las líneas que siguen sólo son observaciones remarcadas sobre el primer año del Gobierno. No pretenden ser un balance, o en todo caso se plantean preguntas y aseveraciones sobre los diferentes balances que se pueden hacer. Asimismo vale prevenir que son, estrictamente, reflexiones acerca de la gestión macrista. Más adelante y si cabe, por aquello de las costumbres de fin de año, corresponderá echar una mirada sobre el conjunto de los actores sociales. Esto último siempre es bueno subrayarlo, porque en política suele olvidarse que los aniversarios también los cumplen los gobernados.

Una alternativa es pararse desde lo que Cambiemos prometió en campaña. De hacer eso, sin contar la prosa de escuela primaria en cuyas frases vacuas persisten Macri y equipo, el arqueo da un contraste estremecedor. No se produciría devaluación alguna; el impuesto a las Ganancias para los trabajadores pasaría a mejor vida por completo, en rango de juramento primordial; las inversiones lloverían de la noche a la mañana por el solo efecto de abrirse al mundo; las pymes ocuparían un lugar de privilegio, al igual que Ciencia y Tecnología; la inflación sería el problema atacable de entrada; el Poder Judicial se convertiría por fin en un órgano independiente (la situación de Milagro Sala y los presos políticos jujeños eximen de cualquier otro comentario) y el Fútbol para Todos habría de mantenerse. La lista continúa y es larga, desde ya, pero abre el interrogante de si acaso era sensato creer en que un gobierno de naturaleza neoliberal explícita podría ejecutar semejantes promesas. Está bien: eso entraría en el campo de la responsabilidad de quienes lo votaron. Sin embargo, desde la Alianza gobernante se podría retrucar, respecto de esas ofrendas de campaña insatisfechas, con comentarios y justificaciones diversos. Que no hubo devaluación sino sinceramiento básico, que el compromiso sobre Ganancias se relacionaba con una herencia que no percibían tan catastrófica, que el combate a la inflación debe ser visto a mediano plazo y así, sucesivamente, más que después de todo apenas llevan un año y las facturas hay que pasarlas cuando se cumpla el período total. La discusión, entonces, se torna algo estéril porque (les) cabe el beneficio de inventario de que todavía falta. Luego, apreciado desde los intereses de la clase dominante para la que administran en nombre propio, un tipo de balance diría que han sido eficientes y que merecen un 10 o un 15, no un 8, por la forma en que multiplicaron las ganancias del sector. Pero otra pauta de razonamiento señalaría que la impericia de Macri ya no sólo como conductor, sino como mero articulador político, pone en riesgo la estabilidad del Gobierno y, con ello, la tranquilidad futura de sus socios. No la individual, sí la corporativa. Es indesmentible que cooptaron al Estado, pero es incierto –y muchísimo más en una sociedad con amplios reflejos combativos o conflictuales– que sus capacidades gerenciales en el mundo privado sirvan para comandar un país. No una empresa.

En el libro Plan Macri, Argentina gobernada por las corporaciones, cuyo compilador es el colega Ari Lijalad, las sociólogas Paula Canelo y Ana Castellani trazan una radiografía del gabinete nacional del gobierno macrista. Para los desmemoriados que más que faltar sobran, junto con quienes por razones generacionales o de vagancia intelectual no suelen revolver antecedentes gubernamentales, se recuerda que la extendida presencia de CEOs en altas esferas de la administración pública no es un fenómeno nuevo. “(…) En varios momentos de nuestra historia reciente hubo empresarios o dirigencia corporativa integrando gabinetes nacionales, sobre todo en las áreas de gestión económica y financiera y (…), en especial, en dictaduras y en los años de aplicación de reformas estructurales”. Recorren luego los argumentos que se esgrimen para incorporar a estos ejecutivos en campos decisorios. “La supuesta ‘expertise’, ‘eficiencia’, ‘modernización’ que traerían a la gestión estatal. (…) Si construyeron carreras laborales exitosas en el mundo privado, son ‘los mejores’ (meritocracia). (…) Como ya gozan de posiciones acomodadas, no se enriquecerán a costa del erario público. (…) Como no provienen de la política partidaria, tendrán independencia para aplicar criterios de gestión tecnocráticos”. Pero al cabo de esa sarta de cinismo o ingenuidad, subyacen “las lealtades que traen al seno del Estado y del Gobierno quienes desarrollaron sus trayectorias en el sector privado (no en cualquiera sino en el determinante, cabe añadir); las dificultades para cohesionar un cuerpo de funcionarios caracterizado por compromisos políticos débiles, y la extrapolación de criterios organizacionales propios del management a la administración pública”. La síntesis se pregunta qué es lo inédito o distintivo del primer gabinete nacional de Macri. La respuesta es que nunca se había visto, ni en cantidad ni calidad, semejante conquista del Gobierno y del Estado. Y en particular, “los CEOs desbordaron el área económica, donde tendían a posicionarse, para colonizar el área política del gabinete, transformándose así en actores decisivos”.

¿Qué puede esperarse de ese tipo de actor, en tanto cuadros empresariales en el mejor de los casos, para ofrecer “soluciones” al contexto local y global del capitalismo? Mónica Peralta Ramos, otra destacada socióloga con la virtud de ejemplificar en política económica concreta los exámenes de laboratorio, dio una contestación vertebral en el artículo publicado en PáginaI12 del martes pasado. Tras una descripción notable de un escenario mundial representado por la caída del empleo industrial y la circulación de papelitos de colores, resume que “la política de apertura al mundo de Macri ha derivado en un endeudamiento (externo e interno) cercano a los 90 mil millones de dólares. Por su rapidez y magnitud, este endeudamiento no tiene precedentes en la historia del país”. Hay “la enconada lucha entre los sectores monopólicos locales por apropiarse de una mayor cuota del excedente, de la renta (…) y de los ingresos de la población. A pesar de que apoyaron abiertamente a Macri en las elecciones, estos sectores desconfían de la política oficial y pelean por asegurarse –vía aumentos de precios– una mayor cuota de la torta a repartir”. Se “ha colocado al país ante un futuro cierto de mayor ajuste, creciente inestabilidad política y nuevo default de la deuda externa”. Su conclusión de que, sin embargo, también se han creado condiciones únicas para impulsar un amplio movimiento social y político, capaz de dejar atrás el sectarismo y los errores e invitando a aprovechar esta (nueva) oportunidad histórica, tiene el desafío de qué figura lo lideraría y con cuáles entusiasmos desde los sectores populares. Hoy por hoy, transcurrido un año de que los mandantes de Macri dejaran claro –como si hubiera hecho falta– que tutelan sólo para sí, la profundidad y rasgos más conservadores de la sociedad argentina dificultan pensar con optimismo. Los índices de popularidad que conserva el Gobierno, a pesar del elefante que está a la vista enseñando de qué se trata el destino por esta ruta, revelan el aún de cómo juegan los versos de la herencia recibida.

Empero, el manual de lo imprevisible también dice que, hace pocos años, en uno de los peores momentos de la historia argentina, alguien supo leer la ocasión porque el clima de época lo generó. No hay quien esperara la anomalía surgida en 2003 en medio de un desierto que, ahora, dista de ser tal. Se constató la probabilidad de un rumbo diferente, que está más o menos equiparado entre los votos que no alcanzaron, ni alcanzan, y una energía significativa que la derecha no tiene. El macrismo cumple su primer año de gobierno sin enamorar absolutamente a nadie. Los ajenos lo aborrecen. Los propios le desconfían porque carece de liderazgo. Y los dichosos fluctuantes, que oscilan de un lado a otro según humores y sensibilidades pasajeras, comenzarían a advertir que hasta el último 10 de diciembre se estaba, de piso, bastante mejor que en la actualidad. Después de todo, lo que el kirchnerismo afectó no fue el bolsillo, ni de los pudientes ni de los sectores medios, sino los símbolos más caros del odio de clase y el individualismo racista. Primero sucedió la insolencia de un pingüino casi desconocido que hasta mandó bajar el cuadro de Videla del Colegio Militar. Y después una yegua plebeya, una Fernández, una figura sin la capacidad de construcción política en el barro peronista que tenía su marido pero suficientemente firme, atractiva, sin par entre la fauna, oradora extraordinaria, que los puso nerviosos. Muy nerviosos. Y todavía los pone.

Que la excepcionalidad haya ocurrido una vez no quiere decir que necesariamente vuelva a acontecer. Sólo invita a pensar que en política nada está dicho. Por ejemplo, el bifrontismo Macri-Massa, que por estas horas atraviesa una disputa matrimonial no ideológica, puede salirle bien a la derecha. Y mal también.
https://www.pagina12.com.ar/8280-un-ano-de-gobierno-privado


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06 de diciembre de 2016
Pagina12 | El país
OPINIÓN
La apertura al mundo de Macri



Por: Mónica Peralta Ramos
Corren vientos de primavera pero no traen la lluvia de inversiones ni pobreza cero reiteradamente prometidos por este gobierno. En su lugar, furiosas ráfagas desparraman la hojarasca de promesas incumplidas y exponen la inminencia de una “tormenta perfecta”: rápido vaciamiento del país, acumulación de miseria y creciente inestabilidad política. En un contexto global de crisis del capitalismo, la política de apertura al mundo ha colocado al gobierno de Macri en un callejón sin salida. El acceso de Donald Trump al gobierno de los Estados Unidos no hará más que apresurar el ritmo de las turbulencias económicas tanto en el mundo como en nuestro país. En lo que sigue sintetizamos los fenómenos que explican esto último.

La dinámica actual del capitalismo global lleva de un modo inevitable a una crisis del sistema financiero internacional. Mientras el desarrollo de alta tecnología y la creciente robotización de la producción contribuyen rápidamente a la caída del empleo industrial en el mundo, el planeta está hoy mas endeudado que en ningún otro momento de la historia de la humanidad. Ni el mundo, ni las economías más desarrolladas pueden generar hoy los ingresos necesarios para enfrentar 200 trillones de dólares de deuda global pública y privada, a los que hay que sumar más de 600 trillones de deuda financiera con derivados (contratos financieros atados al valor de otros activos)

En las tres últimas décadas la acumulación del capital ha generado una tendencia estructural al estancamiento crónico de la producción. La introducción de alta tecnología al proceso productivo, el de- sempleo creciente, el estancamiento de los salarios, la menor demanda de consumo, la menor rentabilidad, la sobreproducción y la deflación han culminado en periódicas crisis cíclicas resueltas siempre a partir de un mayor endeudamiento. Hoy el crecimiento letárgico de la producción, la magnitud del endeudamiento acumulado y la “magia” del interés compuesto han dado lugar a una brecha creciente entre la tasa de crecimiento de la economía real y el crecimiento exponencial de la deuda y sus intereses, generando así las condiciones para una crisis sistémica de índole global e inédita.

Desde la crisis financiera del 2008 la Reserva Federal y la banca central de los países desarrollados han adoptado una política de facilitación monetaria (QE) con bajas tasas de interés que fluctúan en torno a cero en los Estados Unidos y son negativas en Japón y otros países europeos. Los objetivos de esta política –estimular la producción y eliminar la deflación– no han sido logrados. En su lugar, la especulación financiera multiplica las burbujas en los mercados de bonos y acciones, la concentración económica ha crecido y los grandes bancos siguen enormemente expuestos a la deuda con derivados (PáginaI12: 15/7/2014; 6/1/2015). Este contexto ata las manos de la Reserva Federal quitándole munición para enfrentar una crisis: cualquier aumento de la tasa de interés por más gradual que sea, puede hacer estallar las burbujas financieras.

Hoy no existen fondos disponibles en el sistema financiero que permitan a las bancas centrales de los países desarrollados enfrentar una corrida bancaria. Se estima que –sin considerar la deuda con derivados–, los Estados Unidos tienen hoy más de 63 trillones de deuda total. Esta cifra contrasta dramáticamente con los 3.8 trillones de dólares en circulación. A pesar de ello, el monto del endeudamiento público y privado sigue creciendo. En un contexto de falta de liquidez disponible, el rápido endeudamiento privado genera una situación insostenible para las grandes corporaciones norteamericanas. En el 2015 la deuda global de las grandes corporaciones evaluadas por Savings & Poor (S&P) fue tres veces mayor que sus ingresos. Un tercio de las mismas tiene hoy gran dificultad para cubrir el costo de su endeudamiento con los ingresos que generan.

En este contexto global, la especulación con divisas adquiere cada vez más importancia. Este mercado, escenario de todo tipo de transacciones con monedas, es el mercado más líquido y alerta del planeta. Su volumen diario de operaciones es veintiséis veces superior al volumen de las operaciones diarias en el mercado global de acciones. Cualquier alteración en el valor de las divisas fuertes reverbera inmediatamente sobre la economía mundial y en particular sobre la economía de los países emergentes endeudados en dólares y otras monedas fuertes. En un escenario de caída global de los precios de los commodities –principal fuente de divisas de la mayoría de estos países– la apreciación del dólar potencia el peso de la deuda externa y acerca el default. Esta exposición a la deuda en dólares no sólo genera gran vulnerabilidad económica en los países emergentes, es también fuente de gran desestabilización del sistema financiero internacional.

El cambio de gobierno en los EE.UU. anuncia el inicio de una nueva etapa de enormes turbulencias en el agujero negro de las finanzas internacionales. Uno de los ejes de la política anunciada por el presidente electo Donald Trump es un ambicioso proyecto destinado a reactivar la economía norteamericana con masivas inversiones públicas en obras de infraestructura. Esto implica necesariamente mayor endeudamiento público e inflación y llevará necesariamente a un aumento de las tasas de interés y a una apreciación del dólar. El mero anuncio de estas medidas por el presidente electo Trump ha provocado la venta masiva de bonos públicos y una notable apreciación del dólar en relación a todas las monedas del mundo. Ambos fenómenos impactan sobre nuestra realidad inmediata y anuncian la inminencia de serios problemas para el gobierno de Macri.

En los once meses transcurridos la política de apertura al mundo de Macri ha derivado en un endeudamiento en dólares (externo e interno) cercano a los 90.000 millones de dólares. Por su rapidez y magnitud este endeudamiento no tiene precedentes en la historia del país. Paradójicamente, esta política de apertura ha puesto al descontrol de la inflación y al creciente empobrecimiento de la población en el centro de la escena política. Como en otros períodos de gobierno en democracia, el nudo gordiano que constituye la estructura de poder argentina se ha vuelto mas visible (PáginaI12:13/11/2011;20/1/2014; 14/3/2014). Sus lazos: la inflación, la corrida cambiaria y la fuga de divisas exponen a la luz del día la enconada lucha entre los sectores monopólicos locales por apropiarse de una mayor cuota del excedente, de la renta monopólica y de los ingresos de la población. A pesar de que apoyaron abiertamente a Macri en las elecciones pasadas, estos sectores desconfían de la política oficial y pelean por asegurarse –vía aumentos de precios– una mayor cuota de la “torta” a repartir. La apertura al mundo de Macri agudiza esta lucha al plantear la posibilidad de una reducción de la masa del excedente e ingresos a ser apropiada por los monopolios locales, y al institucionalizar nuevas rutas de extracción y fuga del excedente, los ingresos y la riqueza acumulada en el país con el servicio de la deuda externa y nuevas rentas financieras y de servicios (PáginaI12: 13/ 4 /2016; 4/7/2016).

En este escenario, el tarifazo –crecientemente invisibilizado por el Gobierno– constituye una ventana abierta a estos conflictos. Con este tarifazo el gobierno ha dolarizado las tarifas y sus futuros aumentos, profundizando así las ataduras de nuestra economía a los turbulencias de la crisis capitalista mundial y a los movimientos del dólar. Asimismo, el tarifazo ha colocado a las corporaciones multinacionales del petróleo en la posición privilegiada de determinar la evolución futura de todos los precios de la economía, incluidos los precios de los sectores más concentrados. Esto último, conjuntamente con el cambio de gobierno en los Estados Unidos y la subsiguiente apreciación del dólar a nivel global, aseguran un futuro de continuo descontrol de la inflación local, de corridas cambiarias, de fuga de capitales y de continua sequía de inversiones en el proceso productivo.

Así, la apertura al mundo de Macri ha colocado al país ante un futuro cierto de mayor ajuste, creciente inestabilidad política y nuevo default de la deuda externa. Sin embargo, también ha creado condiciones únicas para impulsar un amplio movimiento social y político que –dejando atrás el sectarismo y los errores de políticas del pasado– sepa nuclear a la población tras un proyecto de país verdaderamente representativo, soberano e inclusivo. Sepamos pues, aprovechar esta oportunidad histórica.

* Socióloga. Autora de La economía política argentina. Poder y clases sociales.
https://www.pagina12.com.ar/7173-la-apertura-al-mundo-de-macri


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