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15 de marzo de 2017

Había algo que crecía, la fuga de capitales






15 de marzo de 2017 | Economía
LAS COMPRAS DE DIVISAS PARA ATESORAMIENTO Y TURISMO CONSUMIERON LA MITAD DE LA DEUDA TOMADA POR EL ESTADO NACIONAL
Había algo que crecía, la fuga de capitales
El Banco Central informó que en febrero siguió la venta masiva de dólares para ahorro y turismo. Fueron 3089 millones y 1049 millones, respectivamente. La demanda sigue en niveles record a pesar de que la cotización del billete verde está planchada.
Entre atesoramiento, divisas compradas por grandes operadores y turismo, en el primer bimestre hubo una demanda bruta de 9000 millones de dólares.
Entre atesoramiento, divisas compradas por grandes operadores y turismo, en el primer bimestre hubo una demanda bruta de 9000 millones de dólares.
(Imagen: Bernardino Avila)

Por Tomás Lukin
La fuga de capitales no afloja. En el primer bimestre de 2017 la demanda de dólares para atesoramiento y turismo consumió la mitad de los fondos obtenidos por el Estado nacional a través de la colocación de títulos en moneda extranjera y la solicitud de préstamos a bancos internacionales. El Ministerio de Finanzas y el Banco Central tomaron deuda por una suma cercana a los 18.000 millones de dólares mientras que la dolarización de carteras y las divisas compradas para viajes se ubicaron en términos brutos en 9000 millones de dólares. Cuando se computan la deuda tomada por empresas y provincias, la fuga de capitales pasa a representar 3 de cada 10 dólares que ingresaron en el año. Las estimaciones elaboradas a partir del Balance Cambiario que el BCRA difundió ayer exponen la creciente vulnerabilidad externa de la economía a los movimientos de capitales.




En el Central no piensan igual. El endeudamiento externo y el ingreso de capitales especulativos no solo financian la fuga sino que le permiten acumular reservas y planchar el dólar. Funcional a la estrategia de corto plazo del Gobierno para disciplinar la inflación con apreciación del tipo de cambio –programa que también se vale de la apertura importadora e incremento del desempleo–, esa dinámica engrosa los compromisos por pago de intereses, expone la economía a los vaivenes del mercado financiero y agudiza las dificultades comerciales.



Los datos del Balance Cambiario publicados ayer evidencian que la formación bruta de activos externos, el ítem donde se imputa la demanda de billetes para atesoramiento y la demanda de divisas para transferencias al exterior, ascendió hasta los 3089 millones de dólares en febrero. El mismo dato había llegado a 3428 millones de dólares en enero y alcanzado los 4854 millones de dólares en diciembre pasado. La marca del finales de 2016 fue la más elevada desde noviembre de 2011 cuando el gobierno anterior decidió regular y limitar el acceso al mercado cambiario.



En tanto, la compra de moneda extranjera para turismo en el exterior demandó 1049 millones de dólares: 959 fueron para pagar gastos y 90 para pasajes. En enero la cifra global había trepado hasta 1433 millones de dólares. El giro de utilidades realizado por las multinacionales se ubicó en 125 millones de dólares en febrero y acumula 182 millones durante el primer bimestre de 2017. La inversión extranjera directa fue de 98 millones de dólares y suma 345 millones en el mismo período.



“Es preocupante que luego de más de un año desde la asunción del Gobierno y con un Banco Central que ha desregulado por completo el mercado cambiario y la cuenta de capital, los argentinos siguen ‘apostando al dólar’, y la apuesta es cada vez más grande”, sostiene la ex presidenta del BCRA, Mercedes Marcó del Pont. El último informe de la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) que dirige la economista explica que “el abundante ingreso de dólares financieros provenientes de la colocación de deuda nacional y provincial está permitiendo compensar con creces esta demanda, acumular reservas y planchar el tipo de cambio. Con igual signo se ha sumado el blanqueo de capitales lanzado por el Gobierno durante el año pasado. Sin embargo, esta dinámica no es sostenible en el tiempo, en la medida que se acentúa el desequilibrio de la cuenta corriente y el creciente endeudamiento engrosa los compromisos por pago de intereses en moneda dura”.



El informe de la entidad presidida por Federico Sturzenegger precisa que las compras de billetes ascendieron hasta 2335 millones y fueron concretadas por 862.000 clientes, cantidad 11 por ciento menor a las que accedieron al mercado de cambios para adquirir moneda extranjera en enero. El 12 por ciento de esas operaciones para compra de billetes físicos fueron por más de 2 millones de dólares. Como se vendieron 608 millones de dólares, la demanda neta para formación de activos externos de libre disponibilidad totalizó 1865 millones en febrero.



“La salida de capitales financiada por la deuda externa es un problema endémico de la economía argentina. La dinámica actual no es sustentable a menos que ingresen dólares genuinos, comerciales o inversiones extranjeras. En esquemas de atraso cambiario como pasó con Martínez de Hoz y al final de la convertibilidad te endeudás hasta que no te prestan más”, advirtió Aldo Pignanelli, ex presidente del BCRA y economista del Frente Renovador.



Tomar deuda en sí no es malo, el problema es el uso que se da a esos flujos. Los procesos de endeudamiento externo como el que caracterizó a la Argentina entre 1976-2001 no tuvieron un correlato con procesos de desarrollo económico, ampliación de la capacidad productiva y mejoras sostenidas en la infraestructura del país. En cambio, incrementaron la vulnerabilidad externa, generaron nuevas fuentes de volatilidad macroeconómica, tensionaron las cuentas públicas y profundizaron los problemas en la balanza de pagos. La reinserción plena del país en el mercado financiero internacional lograra por la administración Macri reprodujo hasta el momento esa lógica ignorando la existencia de un escenario internacional adverso.



@tomaslukin


https://www.pagina12.com.ar/25786-habia-algo-que-crecia-la-fuga-de-capitales

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15 de marzo de 2017 | El país
OPINIÓN
Derechos “por derrame”


(Imagen: Pablo Piovano)

Por Washington Uranga
Entre varios de los observadores del escenario político se plantea una diferencia para calificar la actitud que asume en estos momentos la coalición gobernante encabezada por el PRO y su persistente determinación para negar lo que es evidente, incluso aquello que ponen de manifiesto las fuentes más confiables para el oficialismo. Si el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, cuestionado metodológicamente desde varios lugares de la oposición pero siempre ponderado por quienes hoy gobiernan, afirma que hay un millón y medio de nuevos pobres, resulta casi patético que los funcionarios, encabezados por el Presidente, sostengan que estamos cada vez mejor. Si el propio Indec ofrece datos de inflación por encima de las estimaciones de los funcionarios políticos y asegura que en enero pasado la industria solo utilizó el 60,6% de su capacidad instalada, es difícil asegurar que el país sigue floreciendo. Es verdad que el propio Mauricio Macri encuentra la manera y los espacios para reeditar la fórmula menemista del “estamos mal pero vamos bien” con la finalidad de reafirmar la idea del camino correcto y no modificar ni un ápice el rumbo económico.

Para ello el Gobierno tiene que hacer oídos sordos tanto a los reclamos de los maestros como a la multitud de trabajadoras y trabajadores congregada la semana anterior hasta desbordar a sus propios dirigentes. Cinismo, dicen algunos. Ideología, dicen otros.

Un poco de cada cosa para alimentar la fórmula que pretende poner en práctica el macrismo y sus aliados. Salvo que alguien quiera pensar que “el mejor equipo de los últimos cincuenta años” es sencillamente incapaz en todos los sentidos (algo que no cree quien escribe estas líneas) es imposible desconocer que en todas y cada una de las afirmaciones que hacen los funcionarios –desde el Presidente hasta cada uno de sus ministros– hay una cuota grande de cinismo. No se puede negar lo evidente. O, siguiendo la consigna del PRO y sus aliados, “sí se puede”... afirmar que estamos mejor mientras aumentan los pobres y decir que no aumentó el desempleo cuando casi 250 mil personas fueron despedidas o suspendidas de sus trabajos desde que Cambiemos asumió el gobierno. Y esto para citar solo algunos datos que están al alcance de la mano. Se necesita una cuota de cinismo para seguir afirmando, contra toda evidencia, que el país está mejor y que recuperamos la economía mientras nos seguimos endeudando a nivel récord en la historia del país. Salvo que el Presidente y los suyos solo miren a sus más cercanos, es decir, a los grandes empresarios agroindustriales o a los grupos financieros, que no cesan en sus agradecimientos a una política de transferencia de ingresos que los beneficia en desmedro de los asalariados y las personas de bajos recursos.

La otra hipótesis –que no descarta de modo absoluto la primera– es que la alianza gobernante hace lo que hace porque está convencida de que éste es el camino correcto... desde su posición ideológica. Macri repite, usando diversas fórmulas que “estamos en el camino correcto” y el único, asegura que “falta mucho más” y sigue pidiendo “esfuerzo” aún a quienes reclaman por sus salarios devaluados.

¿Miente el presidente Macri? Puede decirse que –como todo dirigente político y como todo gobernante– construye su relato y trata de que sus afirmaciones resulten creíbles. Aun contra toda evidencia. Pero tampoco es ilógico pensar que Macri y los suyos exponen su punto de vista de buena fe, porque esa es su perspectiva ideológica. Parte de esa construcción es que los trabajadores vivieron en la última década en un mundo irreal, ficticio. Como bien lo sostuvo en su momento el actual presidente del Banco Nación, Javier González Fraga, advirtiendo sobre la gravedad de hacerle “creer a un empleado medio que su sueldo medio servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”.

Por ese mismo motivo el Presidente sostiene cada vez que puede que “a mí me duelen muchas de estas medidas que he tenido que tomar, pero las he hecho desde la convicción absoluta de que es el camino”.

Macri sabe a quienes favorece y a quienes perjudica con el rumbo adoptado. No ignora que lo que está haciendo es una enorme transferencia de recursos a los sectores más ricos y poderosos de la economía y que ello va en contra de los asalariados y los pobres. Pero está convencido de que esa es la fórmula, que ese es el camino. Y cuando dice que “pobreza cero” es un “horizonte” no le preocupa cuan lejano está el mismo, porque según su mirada solo con ricos más ricos algún día (sin apresuramientos ni urgencias) habrá menos pobres. El tan proclamado y nunca visto “derrame”. Pero antes, mucho antes, estos pobres y grandes sectores de la clase media tendrán que seguir haciendo “esfuerzos” para hacerse acreedores a un “premio” que llegará... en algún momento.

Esa es su convicción, esa es su ideología. Ese es su modelo de sociedad. Y lo que rechaza el Presidente y su equipo, es precisamente “la mentira” que durante años “le hizo creer” a muchos trabajadores y trabajadoras que “su sueldo medio servía para comprar celulares, plasmas, autos, motos e irse al exterior”. Por eso el Presidente habla ahora de “sinceramiento” y de “transparencia”. Porque según su perspectiva ideológica él encarna la Argentina real, donde los ricos mandan y son cada día más ricos, y los pobres (lejos de sus ilusiones) solo pueden obedecer y aceptar sumisamente su pobreza.

También por eso Macri habla de “palos en la rueda” cuando los maestros reclaman mejores remuneraciones, cuando los obreros industriales pretenden el cese de los despidos o cuando todos y todas los laburantes exigen la recuperación de sus niveles salariales. Es la convicción ideológica del Presidente la que lo mueve también a utilizar todos los recursos de los que dispone –legales e ilegales, legítimos e ilegítimos– para que nada ni nadie pueda torcer su plan. Incluyendo dentro de ese abanico de herramientas el uso indiscriminado de la chequera para quebrar voluntades y doblegar convicciones. Es también una manera de entender la democracia y esa ha sido la “práctica política” de la alianza gobernante desde que asumió. Y para quienes no accedan o persistan en sus demandas también hay lugar para el látigo. Llámense maestros, gremialistas, trabajadores, políticos, gobernadores o intendentes. Todos estos y muchos más pueden quedar incluidos en la categoría de “los que ponen palos en la rueda”. La etapa del látigo parece ser la que estamos iniciando. Dado que, al fin y al cabo, según la ideología de Cambiemos, “sí se puede”... a partir del convencimiento de que los derechos tampoco son para todos y que llegarán, algún día, por derrame... aunque estemos en democracia.



https://www.pagina12.com.ar/25780-derechos-por-derrame

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