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9 de mayo de 2018

Harapos para el rey desnudo




06 de mayo de 2018
Ajuste recesivo para enfrentar una impactante corrida disparada por el cierre del grifo de dólares de Wall Street
Harapos para el rey desnudo
La corrida cambiaria estuvo potenciada porque la economía macrista se quedó sin financiamiento externo, dejando expuesta su vulnerabilidad. Antes de la devaluación, el JP Morgan fue privilegiado porque compró a un precio barato parte de los dólares rifados por el Banco Central. Casi 680 mil millones de pesos en Lebac vencen dentro de dos martes.
Por Alfredo Zaiat

El flujo de dólares del exterior se frenó a fines de enero. El cierre de esa puerta es el disparador clave para entender la impactante corrida de las últimas dos semanas. La leve suba de la tasa de interés internacional, el impuesto marginal a las Lebac en manos extranjeras, la disputa política de baja intensidad con la oposición por las tarifas o las conocidas peleas de gabinete con la consiguiente descoordinación de la gestión fueron movimientos que, si Wall Street no hubiera cerrado la canilla de dólares, no habrían generado la reacción de huída de grandes fondos de inversión. Esos factores no pudieron ser motivos para provocar la mayor devaluación después de la aplicada en los primeros días del gobierno de Mauricio Macri, debido a que ya estaban presentes antes de la intervención más abultada de la historia del Banco Central. Esos argumentos justificatorios del veloz ajuste del tipo de cambio, desplegados por economistas del establishment, desvían la atención sobre lo importante. El único pulmotor para mantener con vida la economía macrista, que estructuralmente es insustentable por la fragilidad de su sector externo, es el financiamiento del exterior. Si esa vía de auxilio queda desconectada, como ha sucedido en estos meses, el ahogo es tan inmediato como implacable. Sin el flujo constante de dólares, ya sean provenientes de la emisión de deuda o tentados por la bicicleta financiera de la Lebac, el rey queda desnudo. El gobierno lo vistió rápido con algunos harapos, con el objetivo de volver a seducir a los dueños de los dólares financieros, lanzando en forma desesperada medidas que profundizan el ajuste por vía de las restricciones monetaria (alza de la tasa de interés) y fiscal (reducción del gasto público).

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Por Alfredo Zaiat
La última bocanada de oxígeno fue recibida a principios de este año (4 de enero) por 9000 millones de dólares. El monto total fue 10.750 millones de dólares incluyendo las emisiones de bonos corporativos: Genneia por 150 millones (23 enero); MSU Energy por 600 millones (25 de enero) y Aysa por 500 millones (25 enero), de acuerdo al seguimiento que realiza la firma Research for Traders. No sólo dejaron de ingresar dólares financieros por la colocación de deuda, sino que empezaron a irse en cantidad los que vinieron a obtener una renta extraordinaria con el juego especulativo propuesto por el Banco Central de Federico Sturzenegger.

El ministro de la Deuda, Luis Caputo, afirmó en la conferencia de prensa, que compartió con el secretario de Hacienda con cargo de ministro, Nicolás Dujovne, que “en 2018 no tomaremos más deuda en el mercado internacional”. Es una versión compasiva de lo que, en realidad, fue el portazo que recibió de sus amigos de Wall Street. Caputo decía que tenía asegurado el 75 por ciento del plan de financiamiento de este año, porcentaje que ahora elevó de 80 al 85 por ciento con el ajuste fiscal anunciado anteayer. Al mencionar que el saldo restante será cubierto con emisión de deuda en el mercado local, reconoció que Wall Street le cerró la puerta.

A principios de marzo pasado, Caputo viajó a Nueva York junto con sus colaboradores más estrechos para reunirse con bancos y administradores de grandes fondos de inversión, recibiendo como respuesta que lo quieren mucho porque lo consideran uno de ellos, pero le indicaron que no intente emitir más deuda argentina en el exterior. La versión oficial maquilló este fracaso de seducción a capitales financieros diciendo que el gobierno decidió no colocar nuevos bonos en el exterior para no afectar las cotizaciones de los papeles ya emitidos.

La última prueba de amor de Wall Street hacia la Argentina fueron esos 9000 millones de dólares de nuevos bonos, billetes que casi todos ya fueron dilapidados por el Banco Central para atender la corrida. En enero ingresaron por la puerta de la deuda, y a fines de abril se fueron por la puerta de la fuga.

La sequía
El cierre del grifo de Wall Street no fue sólo para el gobierno, sino que se extendió a empresas y provincias. La seguía de dólares financieros es generalizada. Córdoba no pudo emitir papeles de deuda por 500 millones de dólares y Buenos Aires iba a colocar bonos en el exterior, pero no pudo y decidió lanzarlos en la plaza local. Lo mismo le sucede a otras provincias necesitadas de financiamiento.

Ni bonos corporativos ni nuevas acciones de firmas argentinas quieren comprar los fondos del exterior. Los planes de colocación de esos papeles fueron postergados una y otra vez en estos meses. Varias empresas quisieron salir a distribuir una porción de sus acciones en el mercado y no pudieron hacerlo: Bioceres, Raghsa, Distribuidora Gas del Centro, Molinos Cañuelas y Laboratorio Richmond. El Banco Hipotecario también postergó la decisión de ampliación de capital y oferta pública de acciones.

Cuando hubo empresas que igual continuaron con el plan de venta de una porción de sus acciones, el precio obtenido fue por debajo del piso establecido en la oferta inicial. Ese fue el saldo para Central Puerto y Corporación América, que recaudaron menos de lo previsto.

Los casos más destacados de las firmas que fueron a buscar fondos con la emisión de bonos y no pudieron fueron el Banco Ciudad, por hasta 500 millones de dólares con bonos regidos bajo la ley Nueva York, nominados en peso-linked (ajustado por el tipo de cambio), siendo los bancos HSBC y Nomura organizadores de la operación; Petroquímica Comodoro Rivadavia, por 400 millones de dólares; Camuzzi Gas Pampeana, por 300 millones; y Telecom, por 1000 millones de dólares, bonos que tenían demanda pero los inversores exigían una tasa más elevada que la empresas no quiso convalidar.

El 26 de abril pasado, Transportadora de Gas del Sur pudo abrir una pequeña grieta en el muro de Wall Street, al emitir bonos por 500 millones de dólares, pagando una tasa de 6,75 por ciento anual. Esta colocación abre expectativas entre operadores y funcionarios de Finanzas a una reapertura del mercado internacional para bonos argentinos y, de ese modo, poder reconectar el pulmotor a la economía macrista.

Liquidación
Con la insólita estrategia financiera y cambiaria de vender reservas y luego devaluar (ver aparte), el Banco Central perdió 8682 millones de dólares. La secuencia fue la siguiente: en marzo, rifó 2040 millones; en abril, 4730; y en tres días hábiles de mayo, 952 millones. No hay antecedentes de semejante liquidación de reservas en tan corto período, ni en los meses más críticos de fuga del primer gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, antes de la instrumentación de un régimen restrictivo de acceso a divisas.

La corrida fue veloz y violenta porque había condiciones para que así sea debido a la amplia desregulación del mercado cambiario que implementó la gestión de Federico Sturzenegger en el Banco Central. Eliminó cualquier control sobre capitales especulativos, medida prudencial que recomienda hasta el Fondo Monetario Internacional. Suprimió la obligación de liquidar dólares a los exportadores, minimizando que una restricción estructural de la economía argentina es la escasez de divisas y que, en situaciones de corrida, esos billetes resultan fundamentales. Fomentó un endeudamiento de cortísimo plazo generando una inmensa burbuja especulativa de Lebac, que no sirvió para impulsar un proceso de baja de la inflación, como se lo había propuesto Sturzenegger, y ahora actúa como una amenaza latente sobre las reservas.

El próximo vencimiento es dentro de dos martes (15 de mayo) y es récord por la magnitud, al sumar casi 680 mil millones de pesos, equivalente al 55 por ciento del stock total. La muy fuerte suba de la tasa de interés pretende seducir a inversores en Lebac para que no abandonen ese activo para pasarse al dólar. El JP Morgan y otros grandes operadores del mercado financiero aceleraron el desarme de sus posiciones en Lebac, decisión que se reflejó en la fuerte caída de reservas internacionales.

La suba de la tasa de interés es el anzuelo para seguir cautivando a los capitales para que no abandonen las Lebac. Colocar la tasa en el 40 por ciento anual, nivel que provoca irritación y desconcierto, no necesariamente es alta en términos nominales si las expectativas de inflación y de devaluación se han disparado. La meta del 15 por ciento no existe; la estimación del 20 por ciento en el promedio de los pronósticos de la encuesta REM del Banco Central es irreal ni la del 25 por ciento que estiman algunos consultores luego de la corrida. Con la última suba del tipo de cambio y la confirmación del sendero del tarifazo en el año (gas, luz, agua y transporte), el nuevo piso de la inflación anual se ubica cerca del 30 por ciento. En relación a ese porcentaje tiene que evaluarse el nivel de la tasa de interés para atraer a inversores extranjeros.

Dólar futuro
Las bancas centrales tienen varias herramientas de intervención en el mercado financiero para evitar la volatilidad de variables claves que afectan la estabilidad económica. La tasa de interés, la compraventa de divisas, transacciones de mercado abierto con títulos públicos, la fijación de encajes bancarios y los contratos de dólar futuro. Por razones políticas, cuyo origen es la persecución a ex funcionarios, el gobierno de Macri impulsó una ridícula causa judicial conocida como “dólar futuro”.

La judicialización de ese instrumento de la política monetaria, con argumentos disparatados, limitó al Banco Central de Sturzenegger para utilizarlos, como lo hacen las bancas centrales ante escenarios de incertidumbre cambiaria.

Esa insólita causa judicial, promovida por Alfonso Prat Gay y Federico Pinedo, puede enviarse al archivo ahora que Sturzenegger anunció que intervendrá en el mercado con contratos de dólar futuro. El comunicado del BCRA, un par de horas previas a la apertura de la plaza cambiaria de anteayer, informa que “adicionalmente a la utilización de la tasa de interés, el BCRA continuará con todas sus herramientas de intervención en el mercado de cambios. Estas operaciones podrían ser concertadas tanto al contado como a término”. Estas últimas son las que se conocen como dólar futuro.

Del mismo modo que las operaciones pactadas en la gestión anterior no eran judiciables, tampoco lo son las definidas por la actual administración, como el fomento de la bicicleta financiera de las Lebac o vender reservas a precios bajos para luego devaluar la moneda. Sturzenegger y cada uno de los miembros del directorio del Banco Central tienen ahora motivos personales para exhortar a que sea desestimada la causa judicial de dólar futuro.

Pies de barro
El Instituto Internacional de Finanzas (IIF) es una asociación de reúne a los bancos, fondos de inversión y aseguradoras más grandes del mundo. Hace poco más de un mes, manifestó preocupación por lo que considera demora de la administración Macri en avanzar en un ajuste “profundo” que garantice la capacidad de repago a la creciente deuda externa.

El fuerte ajuste presentado por la dupla Dujovne-Caputo viene a dar respuesta a esa demanda, apostando a que de ese modo se descomprimirá las tensiones cambiarias y, fundamentalmente, volver a enamorar a Wall Street para que siga financiando a la economía macrista.

Es una relación de sometimiento conocida. El endeudamiento inicial genera un estado de bonanza ficticia, que en el caso del gobierno de Cambiemos significó solamente la posibilidad de fugar capitales sin restricciones. Luego, para continuar aportando dólares, el mundo de las finanzas exige más ajuste fiscal y monetario para garantizar el cobro de los intereses de esa deuda. Ese nivel de vulnerabilidad deriva en que cualquier medida sea evaluada como clave para la viabilidad del programa económico, ya sea una reforma laboral regresiva para los trabajadores o un tarifazo de servicios públicos esenciales para la población.

Es la misma trampa a la que fue lanzada la economía durante la década del 90, y ahora se repite como si nada hubiera pasado ni nada se hubiera aprendido de esa traumática experiencia. En este caso, además, con un manejo de la crisis cuya evaluación oscila entre la impericia de aficionados y la picardía de funcionarios para facilitar negocios de bancos amigos.

La receta ortodoxa asegura que el alivio del sector externo provendrá del ajuste fiscal. Sin embargo, más allá de ese esquema analítico convencional, la economía argentina está condicionada por una dinámica del sector externo que no está vinculada al recorrido de las cuentas públicas. El desequilibrio de la Cuenta Corriente alcanzó casi los 31 mil millones de dólares en 2017, equivalente al 4,9 por ciento del PIB, con tendencia a aumentar en este año.

El reciente informe de Fide explica que la decisión de desregular plenamente la cuenta capita, en un contexto de ampliación del desequilibrio externo, que superaría el 5,0 por ciento este año, y las permanentes pulsiones dolarizadoras de los agentes económicos “redujeron sensiblemente los espacios del BCRA para garantizar una estabilidad sostenible en el tiempo”.

La restricción que enfrenta la economía macrista es que no aparecen fuentes alternativas de dólares suficientes para compensar la interrupción del flujo de financiamiento externo. Una de las principales, la proveniente del campo esta debilitada por la sequía, además por las regulaciones del Banco Central que eliminó los plazos de liquidación de divisas y por el cronograma de reducción mensual de retenciones a la soja que desalienta las liquidaciones.

Para evitar nuevos saltos del dólar la variable clave es la tasa de interés. Colocarla en el 40 por ciento anual puede restablecer transitoriamente cierta tranquilidad en el mercado cambiario. Dure días o algunos meses, la corrida, la pérdida abundante de reservas y la devaluación no deseada dejaron expuesta la inquietante fragilidad de la economía macrista.

azaiat@pagina12.com.ar

https://www.pagina12.com.ar/112847-harapos-para-el-rey-desnudo

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"EL FMI TAMPOCO CAMBIÓ”

* Por Alfredo Zaiat.

La conferencia de Mauricio Macri, anunciando que volverá a pedir un crédito al Fondo Monetario Internacional, expone dos rasgos fundamentales del rumbo que profundiza su gestión.

En primer lugar, implica que nuestro país subordina nuevamente su política económica a esas viejas recetas importadas: una cosa es tener autonomía para tomar decisiones antipopulares por iniciativa propia y otra, muy distinta, es tener que acelerarlas, profundizarlas o hacerlas todavía más regresivas, por exigencia extranjera. ¿O qué significa pedirle dinero al FMI? Volver a estar condicionados, por ellos.

En segundo lugar, solicitarles un mínimo de 30 mil millones de dólares refleja también cómo las políticas económicas implementadas desde hace dos años han agudizado las debilidades estructurales que tiene la economía nacional, evidenciadas en la falta de dólares. Y si bien se intentó disimular eso con endeudamiento externo, generando un pesadísimo lastre a futuro, hoy se derrama ese maquillaje de las políticas desfavorables, dejando a la vista las inconsistencias del este programa económico.

Históricamente, las condiciones del FMI son conocidas: mayor flexibilidad laboral, disminución de las cargas laborales en detrimento del sistema previsional, privatización parcial o total del sistema jubilatorio, mayor apertura comercial y un ajuste severo del gasto público. Claramente, el Gobierno ya venía implementando medidas en ese sentido, pero este acuerdo agudiza ese proceso.

Wall Street dejó de financiar a la Argentina y el financiamiento externo ha sido el pulmotor que mantuvo viva, hasta hoy, la economía macrista. Ahora, cuando eso se interrumpió, la respuesta se manifestó de manera contundente en el mercado cambiario, con un salto repentino en el precio del dólar. Una variable que se traduce como una fuerte devaluación, espejada en aumentos de precios y en el deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores, jubilados y titulares de la Asignación Universal por Hijo, de modo que afecta de forma global los niveles de consumo y empleo, pero fundamentalmente perjudica a los sectores populares. Otra vez, contra ésos. Otra más, contra ustedes.

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siguiente Domingo, 8 de noviembre de 2015 | Hoy

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ECONOMIA › LA PROMESA DE CAMPAÑA DE CAMBIEMOS, DE LIBERAR EL MERCADO CAMBIARIO, QUE DERRUMBARIA EL PODER ADQUISITIVO DEL SALARIO

La megadevaluación de Macri
Mauricio Macri y sus economistas adelantaron que su primera medida de gobierno sería eliminar las restricciones a la compra de dólares. El alza de la paridad oficial podría llegar a casi el 60 por ciento. La inflación se dispararía y el poder de compra del salario se destruiría.


Por Alfredo Zaiat


El economista importado por Lilita Carrió a la alianza PRO-UCR Cambiemos, Alfonso Prat-Gay, el que será ministro de Economía de María Eugenia Vidal en la gobernación de la provincia de Buenos Aires, Hernán Lacunza, el economista del PRO, Carlos Melconian, el preferido de Mauricio Macri, Rogelio Frigerio, el que fue mandado a callar por Jaime Durán Barba, Federico Sturzenegger, y hasta el propio candidato a presidente, han asegurado que la primera medida en caso de ser gobierno sería una megadevaluación. Con el estilo de cada uno, todos han asegurado que en un gobierno de Macri el viernes 11 de diciembre se eliminarán los controles y restricciones para la compra de dólares. Prat-Gay fue más explícito acerca de lo que puede suceder en treinta y tres días, al afirmar que la cotización del dólar la definirá el mercado y que subirá el tipo de cambio oficial aventurando que bajará el denominado blue. A los valores del último cierre, si cumplen con esta insólita promesa de campaña, en el primer día de gestión de la presidencia de Macri el aumento de la paridad cambiaria sería del 46 por ciento, en relación a la cotización que surge del contado con liquidación y el dólar Bolsa, o de casi 60 por ciento, en comparación a la cotización de transacciones ilegales. No hay antecedentes desde la recuperación de la democracia de una propuesta de campaña para la elección de presidente (83, 89, 95, 99 y 03) con un impacto tan regresivo sobre los grupos sociales vulnerables (clases medias, trabajadores, jubilados, comerciantes y pymes). Esos porcentajes de variación del precio del dólar los ubicaría entre la devaluación diaria más fuerte de la historia económica argentina, que teniendo en cuenta las traumáticas experiencias en esa materia, significaría un impactante shock inflacionario con el consiguiente derrumbe del poder adquisitivo de los trabajadores y jubilados.

La principal medida económica adelantada por Macri y su equipo de economistas es una megadevaluación. En caso de cumplirla se incorporará en la tabla de las seis mayores devaluaciones de la historia desde la década del cincuenta. La primera fue en octubre de 1958, cuando el flamante gobierno de Arturo Frondizi modificó la paridad cambiaria en 68,2 por ciento y la inflación se aceleró a 113,7 por ciento anual. Esta fue la primera vez en la historia argentina en que la suba de precios superó los dos dígitos. La segunda fue en abril de 1962 con el gobierno de José María Guido y el ministro de Economía, Federico Pinedo, que liberalizó el mercado cambiario y con fuertes devaluaciones mensuales el alza del tipo de cambio nominal fue de 64,5 por ciento en el año. La siguiente fue en junio de 1975, cuando el ministro de Economía, Celestino Rodrigo, ajustó 99,3 por ciento el tipo de cambio nominal, junto a una liberación de precios y suba de tarifas, con congelamiento de salarios. En 1981, el nuevo ministro de Economía, Lorenzo Sigaut, comenzó una sucesión de fuertes devaluaciones el 2 de abril hasta terminar el año con un aumento del tipo de cambio nominal de 225,8 por ciento. La quinta gran devaluación fue en febrero de 1989 cuando la paridad cambiaria subió 61,1 por ciento en relación con el mes anterior. Por último, la de enero de 2002 con el estallido de la convertibilidad y posterior devaluación violenta: la paridad trepó de 1 a 3 pesos por dólar de diciembre de 2001 a marzo de 2002.

Mauricio Macri y su equipo de economistas se sumarían a ese ranking con la megadevaluación que anuncian aplicar. Daniel Scioli y sus economistas plantean en cambio una política gradualista sobre la paridad cambiaria, descartando movimientos bruscos (ver nota aparte). No es lo mismo shock que gradualismo en relación al impacto sobre el bienestar general. Elevar 10 por ciento el tipo de cambio y luego continuar con ajustes periódicos en línea con la evolución de la inflación es un camino que se enfrentará con tensiones, pero la administración de la política cambiaria seguirá en manos del Banco Central. La megadevaluación de Macri dejará a merced del mercado financiero una variable clave y provocaría una caída abrupta del salario. Sería un potente perturbador de la estabilidad económica. La confusión y el ocultamiento de los efectos negativos de la megadevaluación es la estrategia política y comunicacional para obtener el aval a semejante ajuste regresivo de una porción importante de la población, en especial de quienes serían los primeros perjudicados.

Prat-Gay, el apoderado de la cuenta con fondos evadidos al fisco y fugados de 68,3 millones de dólares de Amalita Lacroze Fortabat y su nieta en el HSBC Ginebra, fue el encargado de detallar los argumentos de esa política. Con hábil manejo de la agnotología, que consiste en la fabricación deliberada de la incertidumbre, la duda y la ignorancia en la población con un fin determinado, el ex ejecutivo del banco JP Morgan afirmó que la fuerte suba de la paridad no será inflacionaria porque la mayoría de los precios ya está remarcado a la cotización del blue; que la devaluación ya la hizo el Gobierno; que nadie accede a un dólar a la cotización oficial de 9,60 pesos; y que ya no quedan reservas en el Banco Central por lo que el próximo gobierno encontrará una caja vacía.

Son sentencias insólitas que varios analistas las amplifican, interviniendo sin ninguna inocencia en la campaña electoral, y muy pocos las interpelan. El aspecto más notable es que, por ejemplo con la afirmación de que el Banco Central ha sido vaciado o que el monto de reservas es virtual, la información oficial diaria que difunden todos los medios de comunicación la desmiente. Todos los días hábiles se detalla la cantidad de trabajadores y monto adquirido por la ventanilla del dólar ahorro. En lo que va del mes más de 550 millones de dólares. A principios de octubre, el Banco Central desembolsó unos 6500 millones de dólares para cancelar el Boden 2015, y en estos días entregará 250 millones por la renta del bono Bonar 24. Trabajadores en relación de dependencia e inversores reciben en su cuenta los billetes verdes sin ninguna demora. Si el Central no tuviese los dólares no se hubiera podido concretar esas operaciones. Los dólares han salido de las reservas para esos pagos y seguirán saliendo para los próximos.

La afirmación que nadie puede comprar dólares a la paridad oficial también queda refutada por los hechos. Importadores, turistas y trabajadores no pueden comprar todos los dólares que quisieran, pero la suma a la que acceden es al valor del tipo de cambio oficial. El monto involucrado en esas transacciones no es irrelevante. Es el grueso de las transacciones concretadas en el mercado cambiario. De enero a noviembre de este año se importaron al tipo de cambio oficial insumos, máquinas y bienes finales por 45.000 millones de dólares. Y desde enero del año pasado, el rubro dólar ahorro acumula 8700 millones, billetes entregados a la cotización oficial más un 20 por ciento, diferencia que es devuelta por la AFIP a los trabajadores al momento de la liquidación anual de la declaración del Impuesto a las Ganancias o de Bienes Personales. Situación similar se registra en la categoría del dólar turista y tarjeta, en este caso con una diferencia del 35 por ciento que posteriormente es reintegrado por la AFIP. Todos han comprado y siguen comprando dólares a la paridad oficial.

Que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner ya devaluó es sólo una consigna electoral para distraer sobre lo que aspira a implementar el equipo de economistas de Macri: hacer creer a la población que la megadevaluación planeada no sería una decisión de Macri, sino que ya fue realizada. Algunos pueden disfrutar cuando son engañados y otros pueden preferir transitar la ignorancia, pero lo cierto es que eliminar las restricciones cambiarias y que el mercado pase a determinar la paridad del peso con el dólar es la propuesta económica de Macri. Esta medida es la que causaría una fuerte devaluación.

La definición más perturbadora para grupos sociales vulnerables la ofreció Prat-Gay cuando dijo que “va a subir el oficial, que no afecta prácticamente a nadie, y bajará el otro (el blue), que afecta a la mayor parte de la población”. Aseguró que esos movimientos no provocarían inflación porque la mayoría de los precios de la economía están referenciados en el dólar blue o en la cotización del contado con liquidación. No hay ningún economista desde los heterodoxos hasta lo más ortodoxos serios que compartan esa posición. La situación es al revés de lo que plantea el porteño Prat-Gay: la mayoría de los precios de la economía están en línea con el tipo de cambio oficial, incluso los de los bienes que se comercializan en Santiago del Estero. Una megadevaluación promoverá entonces un muy fuerte aumento de la inflación. La estructura de producción de bienes de la economía argentina brinda la información necesaria para saber que una parte de la devaluación se traslada necesariamente a precios por el componente importado, a lo que se agrega la habitual especulación empresaria que termina impactando en precios el ciento por ciento del ajuste cambiario.

La doctrina Prat-Gay, avalada por el resto de los economistas de Macri, dice que la megadevaluación no se reflejaría en los precios porque los importadores y las empresas cuya producción requiere de insumos importados se abastecen pagando a un dólar con cotización del contado con liquidación (13,90 pesos), cuando se sabe que no es así. Esas firmas no lo pueden hacer de ese modo porque estarían violando la ley penal cambiaria y, fundamentalmente, porque acceden a dólares al tipo de cambio oficial, algunos con cupos y otros con mucha paciencia en el marco de la administración del comercio exterior. Los antecedentes históricos y el más reciente de enero de 2014 revelan que la abrupta suba del tipo de cambio provoca un shock inflacionario.

En función del porcentaje de los componentes importados, las empresas trasladan inicialmente a los precios de sus bienes el alza del dólar. Javier Lewkowicz publicó en la edición del 5 de febrero del año pasado de este diario “El teorema de los precios” detallando cómo impactaba la devaluación del mes anterior en diferentes sectores. En los productos de consumo masivo (alimentos, bebidas, artículos de limpieza y perfumería), la incidencia del componente importado es del 10 al 20 por ciento. Pese que el alza de precios debería ser en magnitud a esa carga importada que es solamente un parte de los envases o la amortización de algunos bienes de capital necesarios para la producción, las empresas líderes lo trasladan en su totalidad. Lo mismo sucede con las siderúrgicas y petroquímicas que se manejan directamente con listas de precios en dólares. Son sectores donde el contenido importado es elevado: en la siderurgia es del 60 al 65 por ciento, mientras que en las petroquímicas, del 75 al 80 por ciento. En productos de línea blanca y de electrónica el contenido importado también es muy importante debido a que la mayoría de las partes y piezas no se produce en el país. En los costos totales en la industria automotriz los insumos importadores representan poco más del 40 por ciento, mientras que en medicamentos es del 20 al 25 por ciento.

Una megadevaluación determinará inicialmente una suba fuerte de precios. Después, la apertura comercial, que también prometieron los economistas de Macri, podrá mantener los precios en ese escalón más alto sin más subas porque lograrían contenerlos abriendo la economía a productos importados. Los efectos de esa política serían devastadoras para la industria nacional y para el empleo. En el caso poco probable de poder estabilizar el tipo de cambio manejado por el mercado financiero, no subiría más la inflación luego de ese shock inicial pero aumentaría la desocupación y el cierre de fábricas. De ese modo, luego de las primeras negociaciones paritarias, los trabajadores estarían en desventaja relativa para mejorar el poder adquisitivo de sus salarios. Así los economistas de Macri alcanzarían su principal objetivo, que ya lo expresó sin inhibiciones Carlos Melconian: disminuir los salarios en dólares, forma elegante de proponer una regresiva distribución de la riqueza.

https://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-285686-2015-11-08.html
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09 de mayo de 2018
Bala de plata
Por Alfredo Zaiat

El acuerdo con los fondos buitre era para no necesitar el financiamiento del FMI. Apenas dos años duró el flujo de fondos del mercado financiero internacional para la economía macrista. Wall Street cerró el grifo de dólares financieros, así la dejó desnuda y los buitres vuelven a revolotear sobre la Argentina. Los movimientos desesperados del gobierno para frenar la sangría no tienen el efecto esperado. El dólar no dejó de subir y los activos bursátiles no dejaron de bajar después del anuncio de un paquete de ajuste con recorte del gasto público de 30 mil millones de pesos en obras públicas y con suba de la tasa de interés arriba del 40 por ciento anual. Ayer, en otro intento de detener la corrida, el Banco Central vendió 200 millones de dólares a futuro (mayo) a 22,85 pesos, el gobierno se abrazó al FMI y, luego de un par de horas de pausa en el escenario de pánico financiero, las cotizaciones del billete verde, de acciones y de bonos retomaron la tendencia negativa. Convocar a la billetera del FMI, prestamista de última instancia de los países con problemas de acceso al crédito internacional, es la bala de plata de la economía macrista.

La última muestra de amor de Wall Street con la Argentina fue de 9000 millones de dólares, el 4 de enero pasado. En marzo, el ministro de la Deuda, Luis Caputo, viajó a Nueva York junto con sus colaboradores más estrechos para reunirse con bancos y administradores de grandes fondos de inversión para seguir pasando la gorra. La respuesta que recibieron fue que no intente emitir más deuda argentina en el exterior. La versión oficial maquilló ese fracaso de seducción a capitales financieros diciendo que el gobierno decidió no colocar nuevos bonos en el exterior para no afectar las cotizaciones de los papeles ya emitidos.

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Como indiqué en la edición del domingo pasado, el único pulmotor para mantener con vida la economía macrista, que estructuralmente es insustentable por la fragilidad de su sector externo, es el financiamiento del exterior. Si esa vía de auxilio queda desconectada, como ha sucedido en estos meses, el ahogo es tan inmediato como implacable. El cierre del flujo de fondos desde Wall Street no fue sólo para el gobierno, sino que se extendió a empresas y provincias. La sequía de dólares financieros es generalizada. No sólo no vienen, sino que huyen luego de aprovechar la extraordinaria bicicleta especulativa ofrecida por el Banco Central de Federico Sturzenegger.

El presidente Mauricio Macri tomó nota tarde de ese portazo en sus narices y, ahogado por la velocidad y contundencia de la corrida cambiaria, anunció que Argentina se vuelve a inclinar ante el Fondo Monetario Internacional. La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, es la primera que puede mostrar en los hechos que cumple con la consigna “vamos a volver, a volver…”

El riesgo país, que mide la tasa adicional que Argentina tiene que pagar respecto a la base de un bono a 10 años del Tesoro de Estados Unidos, ya se ubica al nivel más alto desde que asumió Macri. Es el mensaje más claro de que los capitales financieros dudan acerca de la capacidad de repago de la deuda argentina. El gobierno quiere recuperar parte de esa confianza con el pedido de una línea de apoyo al FMI que, en la city, estiman de unos 30 mil millones de dólares. El abogado especializado en finanzas Sebastián Soler ofreció un dato revelador en su cuenta de Twitter: si se confirmara el pedido argentino, ese monto sería superior al total de deuda que mantienen 13 países atados al FMI, que suma 27.500 millones de dólares.

El economista Mariano Kestelboim también ofreció otro dato clave: esos 30 mil millones de dólares son equivalentes a los 680 mil millones de pesos en Lebac, 55 por ciento del stock total de esa deuda de cortísimo plazo del Banco Central, que vencen el martes próximo. El anuncio del comienzo de la negociación para recibir el préstamo del FMI y la muy fuerte suba de la tasa de interés por arriba del 45 por ciento pretende seducir a inversores en Lebac para que no abandonen ese activo para pasarse al dólar. Es lo que ya hicieron el JP Morgan y otros grandes operadores del mercado financiero del exterior cuando aceleraron el desarme de sus posiciones en esos activos en pesos, decisión que se reflejó en la fuerte caída de las reservas internacionales.

Como se sabe, la contrapartida para recibir recursos del FMI es un ajuste mayor y aceleración de reformas estructurales, como la flexibilización laboral y la privatización parcial de las jubilaciones. El FMI presta dólares a cambio de un monitoreo semestral de la marcha de la economía, según las pautas para recibir el préstamo contingente.

No habrá controversias entre el equipo económico y los técnicos del FMI sobre el alcance de los deberes a cumplir por parte del gobierno de Macri.

Esto quedó demostrado en las reformas laboral, tributaria y previsional anunciadas por Macri en el Centro Cultural Kirchner en la semana posterior a las elecciones de medio término, en octubre pasado, que fueron favorables para el oficialismo. Esas iniciativas fueron propuestas por el Fondo un año antes, cuando concluyó la primera auditoría de la economía argentina luego de años en que los gobiernos kirchneristas la habían rechazado.

Existe coincidencia sobre el rumbo, como lo expresó Lagarde, en su visita al país, en marzo pasado. El acuerdo político con la condición del FMI está cerrado; ahora queda la parte más compleja, que es la negociación con el staff técnico. Las diferencias aparecerán cuando tengan que definir el ritmo para implementar las medidas. Ahora, ese tiempo lo marcará el Fondo. De eso se trata la auditoría fondomonetarista. Entrega en cuotas el monto definido del crédito contingente después de verificar el cumplimiento de las metas comprometidas por el país.

En el último reporte sobre la economía argentina, el Fondo reclamó acelerar las reformas (laboral y previsional), avanzar en una mayor apertura comercial y profundizar la reducción del gasto público. Si a la política económica de shock desplegada hasta ahora, el gobierno, su inmensa red de propaganda pública y privada y economistas del establishment la denominaron “gradualista”, a la nueva etapa económica que promete shock habrá que buscarle un nuevo término.

Otra enseñanza que otorga conocer el destino de los créditos de emergencia que entregó el FMI al país es que esos dólares sirven para financiar la última etapa de la fuga de capitales de los grandes jugadores del mundo financiero. Es una historia conocida.

https://www.pagina12.com.ar/113511-bala-de-plata

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