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14 de abril de 2008

Salvo la FAA, la dirigencia del campo no tiene argumentos para justificar lo injustificable


domingo 16 de marzo de 2008 13:17

Panorama político nacional
Salvo la FAA, la dirigencia del campo no tiene argumentos para justificar lo injustificable


CAPITAL FEDERAL, Marzo 16 (Por Pedro Noel Romero, corresponsal de Agencia NOVA en la Casa Rosada) Los dirigencia del campo nucleada en Confederaciones Rurales Argentinas, Coninagro, Federación Agraria Argentina y la Sociedad Rural resolvieron extender hasta el próximo miércoles el paro que iniciaron el último jueves y que tuvo escasa incidencia en lo que tiene que ver con el abastecimiento pero podría generar desabastecimiento tras esta decisión de continuar con la medida de fuerza.



No se comprende tanta desmesura en los reclamos con una salvedad en la siempre vigente coherencia a la hora de alzar la voz que exhibe Eduardo Buzzi en representación de los pequeños y medianos productores del vasto territorio argentino frente a un Estado que no termina de comprender que no debe medir con la misma vara a los grupos económicos que obran de manera absolutamente monopólica con niveles de concentración y "pingües" ganancias a la hora de exportar y a los miles de pequeños trabajadores de la tierra y la hacienda que no lo pueden hacer y no podrían aún si quisieran exportar lo que producen.



Salvo por esa presencia de la Federación Agraria Argentina (FAA) en esa mesa de representantes del campo, que asemeja una mosca en la leche, los demás no tienen manera de justificar lo injustificable: Un paro agropecuario en momentos en se están llenando los bolsillos de plata que se obtiene, primero, por un dólar alto cuando la divisa norteamericana hace agua en todo el planeta, una cotización que tras la salida de la devaluación, en 2002, fue pedida y consensuada por el Estado con los industriales y esta misma dirigencia del campo.



A esa realidad cambiaria hay que sumar el dato no menor que indica que desde el 2006 hasta diciembre del 2007 los commodities y el contexto económico mundial inundó a esta región de una oleada favorable para exportar que dio como resultado la etapa más floreciente para el campo de que se tenga memoria y, como si no bastaran estos dos argumentos, este último verano se registró un aumento del 20 por ciento en los valores de la soja y el trigo que ya venían precedidos de valores altísimos en la referida etapa.



"Están levantando la plata con pala", paladas de fondos y recursos y lo que hace el Gobierno Nacional es lo que hace cualquier país serio del planeta: Interviene imponiéndole un esfuerzo al que está en condiciones de realizarlo. Interviene como lo hubieran hecho aquella Junta Nacional de Granos y la de la Carne increíblemente rifadas junto a las joyas de la abuela en los '90, para aplicar impuestos (retenciones) que operen a manera de balanza equilibradora de los valores internacionales de los granos y derivados, carnes y lácteos para con los valores que rigen fronteras adentro de la Argentina.



Pero no se trata de un robo ni mucho menos. Hay cupos determinados para exportar -con espectaculares ingresos de divisas por ese concepto- y superado ese límite y más aún, advirtiéndose los precios en alza de los granos, sobre todo de la soja, se modifican los porcentajes de las retenciones pero sobre lo que significa una "pingüe" ganancia, combinada con la obligación que tiene el Estado de asegurar la provisión de granos y derivados (aceites, por ejemplo), carnes y lácteos para el consumo interno. Si se habla de que estos puntos (7 en el caso de la soja) de aumento de las retenciones significarán un colchón extra de 2.000 millones de dólares para el Estado estamos hablando de niveles de ingreso de fondos excepcionales.



Hay una anécdota de un experimentado periodista de la Casa Rosada que fue testigo de que una vez recién asumido el dictador Jorge Rafael Videla, en un acto donde se vieron por primera vez las caras, el ex titular de la Sociedad Rural, Guillermo Alchourón, le dijo al ex presidente de facto "con usted hemos recuperado la paz y las instituciones, Sr. Presidente"; el mismo protagonista, cuando saludó por primera vez al ex presidente (radical) Raúl Alfonsín, en 1983, le confió que "con usted hemos recuperado la Democracia y cuenta con todo nuestro respaldo"; y lo mismo hizo con Carlos Saúl Menem al que, Alchourón, lo saludó con un enfático "es usted el estadista que la Patria necesita en tiempos tan difíciles como estos", habida cuenta de la Argentina venía precedida de aquella hiperinflación galopante del '88-'89.



A Raúl Alfonsín lo denostaron. No tuvieron el más mínimo respeto por su investidura presidencial. El ex mandatario no les tuvo miedo. Asistió al acto inaugural de la Exposición Rural de 1988 aún cuando todos los miembros de su gabinete le aconsejaron que no lo hiciera porque se había ido generando un clima de rechazo e irrespetuosidad que la dirigencia del campo protagonizó en una jornada que quedó grabada en la historia contemporánea, una vez recuperada la Democracia, como la de un Presidente que sufrió en carne propia la ira del campo cuando recibió una sonora rechifla poco tiempo después de haber reimplantado las retenciones.



A Menem lo aplaudieron a rabiar en los '90 pese a que la ficción del 1 a 1 y todo lo que se rifó del patrimonio nacional dejó sumida a la Argentinas a las puertas de la hecatombe que hizo eclosión en diciembre del 2001.



Hoy no tienen las puertas de los cuarteles de las Fuerzas Armadas para golpear y pedir auxilio. La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner no aludió en lo más mínimo a la medida de fuerza y su antecesor, Néstor Kirchner, dejó de asistir al acto inaugural de la Exposición Rural que ya no opera como la caja de resonancia de los poderosos que lloran miseria cuando, como contrapartida, están llenándose de oro, dólares y euros.

No es creíble una dirigencia agropecuaria cuyo Registro de Trabajadores Rurales y Empleadores indica que trabajan para el campo 1.300.000 personas de las cuales sólo 325.000 tienen su salario en blanco (registrado); con un promedio salarial de 1.500 pesos mensuales y configurando la mano de obra peor paga en la Argentina y que, sumada la realidad de los peones golondrinas que deambulan a lo largo y ancho de los extensos campos argentinos, viven, en la mayoría de los casos, bajo condiciones de absoluta precariedad. Increíblemente, se les sigue pagando con comida y viviendas derruidas en sus lugares de trabajo.



Esta realidad no la reflejan los medios del ámbito metropolitano, salvo honrosas excepciones como la nota de Alfredo Zaiat de este sábado, publicada en el diario Pág/12 y que se la puede leer en el sitio web de ese medio por medio del enlace www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-100751-2008-03-15.html.




"Ese vergonzoso panorama laboral se desarrolla en uno de los mejores períodos históricos de la actividad agropecuaria", escribió Zaiat. La Libreta del Trabajador Rural fue aprobada en diciembre de 2002 pero, pese a esa norma, los niveles de empleo en negro continuaron en el 75 por ciento. Los peones están excluidos de la Ley de Contrato de Trabajo porque se rigen por una ley específica de 1980 que, en términos generales, ofrece un nivel de protección menor. Esa norma no contempla la jornada laboral de ocho horas y a quienes trabajan por temporada no se les reconoce un vínculo permanente con el empleador.



“Confiscación” y “despojo” definieron al mecanismo de retenciones móviles, en una respuesta desconcertante porque muestran ignorancia o mezquinos intereses para comprender ese sistema, que en el actual escenario internacional de las materias primas resulta más racional y técnicamente más eficiente que las retenciones fijas: por caso, si el precio internacional baja, también lo hace el tributo, lo que brinda previsibilidad de precios, al definir uno neto de aquí en más, para la producción doméstica.



Según se desprende de informes de los organismos de recaudación de la provincia de Buenos Aires (Arba), a cargo de Santiago Montoya, y de la Nación (AFIP), manejado por Alberto Abad, sobre 8000 propiedades rurales fiscalizadas por imágenes satelitales en el núcleo sojero de Buenos Aires, las dos terceras partes no declararon actividad ni pagaron Ingresos Brutos. Montoya estimó que la evasión anual agrícola bonaerense alcanza los 1000 millones de pesos. Otra vía de evasión impositiva se da en la venta de granos a través de sociedades fantasma. Existen compañías que simulan una venta que no existió y hacen de intermediarios entre el productor y el acopiador/exportador para que a éste le llegue la mercadería en blanco.



Después, cuando la AFIP investiga, resulta que esas sociedades no aparecen y no pagaron IVA ni nada. Con el resultado del Operativo Granos 2007 de la AFIP, Abad excluyó del sistema, por negociar en negro, a 4573 operadores de granos, hizo embargos a morosos por 10 millones de pesos y, por la interrupción de esas transacciones en granos, evitó una evasión en el IVA de unos 80 millones de pesos, y en Ganancias, de 320 millones de pesos. De alguna manera, las retenciones vienen a recuperar para el fisco una parte de la millonaria evasión en el pago de impuestos del campo", concluye la nota de Alfredo Zaiat.



Es la misma dirigencia que tras la debacle del país en diciembre del 2001 y enero del 2002 fue a pedirle al Estado que impidiera el remate de sus campos. El número de damnificados trepó hasta los 45.000 y el Estado, en la mayoría de esos casos, respondió con costos que aún pagan cada uno de los argentinos.



Eduardo Buzzi (FAA)



La excepción, se insiste, se da con la Federación Agraria Argentina (FAA) que intenta que el Gobierno Nacional comprenda la causa de pequeños y medianos productores porque en el medio del conflicto del campo con el Gobierno nacional por el aumento de las retenciones a las exportaciones agrícolas persiste una realidad generada por los sectores agropecuarios más poderosos como los pooles de siembra y la concentración de la tierra.



Eduardo Buzzi habla permanentemente de esta problemática. Carga sobre sus espaldas la dura realidad de miles de productores pequeños que, día a día, sucumben ante estos grandes pooles de siembra que no son otra cosa que grandes contratistas rurales que operan a una escala nunca antes conocida. Irrumpieron hace 40 años en el escenario agropecuario nacional y se hicieron fuertes en los años 90 -por algo los poderosos como Alchourón silbaron a Raúl Alfonsín y aplaudieron tanto a Menem- para apuntalar una modalidad que se consolidó en los últimos cinco años.



Las consecuencias son visibles y contundentes porque se expresan con una concentración de la propiedad de la tierra, la práctica generalizada del monocultivo, el éxodo de chacareros que sigue en aumento y el desplazamiento del sistema agropecuario de los pequeños y medianos productores, que no pueden afrontar los nuevos montos de arrendamiento por hectárea.



El problema es concreto, la práctica de los grandes inversionistas eleva los precios y las posibilidades de financiamiento y perjudica a un chacarero común.



Si bien el grupo Grobo (de los hermanos Grobocopatel) es el inversionista agropecuario líder porque, por ejemplo, llegan a sembrar más de 150 mil hectáreas en tres países, existen también otros grupos económicos como El Tejar, Irsa y Lavas. Actualmente, hay en el país más de 100 mil millones de dólares invertidos en fideicomisos de este tipo y desde la Federación Agraria Argentina (FAA) dijeron a que las superficies sembradas en grandes pooles alcanzan los 150 mil y hasta 180 mil hectáreas.



Para muestra, sirva el ejemplo que se da en la región de Necochea, Balcarce y Tres Arroyos, donde los aranceles por hectárea aumentaron un 83 por ciento en los últimos años. Antes de la aparición de estos grupos, el precio por hectárea, sujeto a variaciones en el precio internacional del cereal, rondaba los 300 pesos, hoy asciende a 550.



El Gobierno va a tener que sentarse alguna vez con la dirigencia de la Federación Agraria Argentina con la que tuvo buen diálogo hasta mediados del año pasado en que Eduardo Buzzi sintió que no era escuchado. Pero, cuando desde la FAA aseguran que el Estado, con este nuevo esquema de retenciones garantiza a la administración central unos 2.000 millones de dólares adicionales de recaudación la conclusión es que, más allá de esa realidad de los pequeños y medianos productores que el Gobierno, se insiste, tendrá que atender, en términos globales el campo nada en recursos y hasta tensa la cuerda que equilibra los niveles de exportación con la necesidad de no descuidar la demanda interna.



Buzzi aparece como una mosca en la leche frente a los poderosos hombres que recuerdan a un Guillermo Alchourón omnipotente y ejerciendo presión sobre los mandatarios de otrora. Hay una dirigencia del campo que nada en la abundancia y lo lógico, lo que corresponde, es que el Estado regule e intervenga donde sea necesario regular e intervenir para que los que viven una de las etapas más resonantes y provechosas en la economía del país paguen los impuestos que tengan que pagar.



Es la gente del campo la que debe realizar el mayor esfuerzo en esta etapa de la Argentina sino que expliquen, entre otros beneficios con que cuentan, por qué este es el único rincón del planeta donde el Estado mantiene al dólar en un precio tan alto cuando su cotización se derrumba al cruzar la frontera. Es para exportar y fue pedida, precisamente, por la gente del campo. (Agencia NOVA








http://www.agencianova.com/nota.asp?n=2008_3_16&id=49005&id_tiponota=4


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