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8 de mayo de 2008

PARTE 1 Una serie de notas: Sin gases ni palos - Lo que nos enseñó D´ Elía y otras


UN SERIE DE NOTAS QUE NOS DEVUELVE NUESTRO REFLEJO...

PARTE 1 Una serie de notas: Sin gases ni palos - Lo que nos enseñó D´ Elía y otras

PARTE 2 Una serie de notas: Sin gases ni palos - Lo que nos enseñó D´ Elía y otras





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PRIMERA PARTE
Nota 1:

Domingo, 06 de Abril de 2008

DESPUES DE LA CONFRONTACION
Sin gases ni palos


Durante la sublevación patronal las fuerzas de seguridad no dispararon una bala de plomo ni de goma, no arrojaron una ampolla de gas lacrimógeno, ni dieron un palazo. Apenas forcejearon con sus escudos para despejar algunos puntos estratégicos. El gobierno sólo apeló para manejar la crisis a medios políticos. Esto no había ocurrido nunca antes en la Argentina y no valorarlo es una forma de tomar partido.


Por Horacio Verbitsky

Vi los piquetes empresarios y el acto de la Plaza de Mayo por televisión desde Estados Unidos, donde participé en un seminario sobre los juicios por violaciones a los derechos humanos, en la Facultad de Derecho de la Universidad de Yale. Esta aclaración previene al lector sobre la falta de elementos de contexto que ninguna selección editorial de un canal de noticias puede proveer, sobre todo una tan sesgada como la que ha seguido al bloqueo patronal de las ciudades, desde la noche en que una movilera informó que espontánea gente bien vestida, hombres con traje y corbata y mujeres elegantes que no querían confrontar con nadie, había sido corrida de la plaza por una patota.


En vivo y editado

Al poner el cuerpo en la primera línea de cualquier conflicto los camarógrafos y movileros cumplen una función de gran valor social. Pero la misma importancia de su tarea requeriría criterios más estrictos de selección y formación, mejores sueldos y formas de control editorial posterior, correctivas de las gaffes inevitables como la mencionada. Ellos cuentan como pueden lo que tienen a la vista, pero la redacción central debe organizar luego esa información y darle sentido, exponiendo los antecedentes de aquello en disputa y las distintas posiciones involucradas. Nada de ello ocurre hoy en la Argentina. Por el contrario, la línea editorial transmitida por los comunicadores con mayor experiencia sigue a la joven movilera que creyó asistir a la irrupción de los bárbaros en la polis de los ciudadanos. Tampoco es indiferente dónde se planta una cámara y a quién se le abre el micrófono, porque así se determina la selección de las imágenes y las palabras que llegarán al espectador.

Una de las grandes posibilidades de la transmisión en vivo es el registro completo de una situación, aunque en las repeticiones posteriores se practique una selección que puede recortar su sentido. Se transmitió una y otra vez la desagradable imagen en que el líder de un movimiento social kirchnerista asesta un directo a un piquetero de Gualeguaychú que trastabilla, pero sólo quienes estaban despiertos y mirando en el momento en que ocurría saben que ese hombre lo provocó a lo largo de cien metros con insultos muy agresivos, porque era consciente, como explicó luego, de que la escena se estaba viendo en todo el país y pensó que las cámaras lo protegían. ¿Qué podría esperar un solitario borracho del tablón que a la entrada del Monumental o de la Bombonera se acercara a la hinchada de Boca gritando bosteros putos?

Menos disculpa tiene aún la prensa escrita. El académico Ariel Armony vive desde hace muchos años en Estados Unidos, donde ha realizado una valiosa producción intelectual. Su interesante columna “Lo que nos enseñó D’Elía”, publicada ayer en La Nación vincula el racismo y la injusticia social en la Argentina. Pero da por buena una frase endosada al dirigente kirchnerista, acerca de su voluntad de matar a todos los blancos de Barrio Norte. Hace ya diez días D’Elía distribuyó la grabación del reportaje, en el que se lo oye decir todo lo contrario de lo que le atribuyó la agencia DYN: “la oligarquía no tendría problema en matarnos, como hicieron tantas veces”. Debido a la distancia, es razonable que Armony lo ignore, pero esta disculpa no se aplica a su editor en La Nación, que el 28 de marzo publicó la desmentida.

También tuvo amplio eco la patada que un desconocido le tiró al editor Jorge Fontevecchia y su discusión posterior con la diputada Victoria Donda. No gozó de la misma cobertura la agresión de un grupo de productores de San Genaro al joven José Luis Cesana, a quien le abollaron a sillazos y patadas el auto en el que viajaba con su mujer y sus hijitas de uno y dos años, o al cineasta Santiago Giralt, a quien según Cesana, le destrozaron parte de su equipo en Venado Tuerto. La cobertura informativa tampoco le prestó mucha atención a la tragedia de la joven brasileña aplastada por un ómnibus cuando volvía al camión parado de su compañero y la columna detenida se puso en marcha.


El hecho extraordinario

Terminada esta primera fase de la confrontación, que las cámaras patronales amenazan con reanudar dentro de un mes, el análisis mediático ha omitido el hecho más extraordinario de estas tres semanas: las fuerzas de seguridad tuvieron conducción política e instrucciones estrictas y no dispararon una bala de plomo ni de goma, no arrojaron una ampolla de gas lacrimógeno, ni dieron un palazo. Apenas forcejearon con sus escudos para despejar algunos puntos estratégicos, como la entrada del túnel subfluvial.

Esto no había ocurrido nunca antes en la Argentina ante semejante desafío y ratifica la línea que Kirchner fijó en el segundo año de su mandato, que lo obligó a despedir al ministro de Justicia, al secretario de Seguridad y al jefe de la Policía Federal que se resistían a esa innovación, porque entendían demasiado bien su carácter transformador y las posibilidades que abría para la expresión libre de la sociedad. “Traigan los rifles”, gritaba el energúmeno de Gualeguaychú, dispuesto a todo para llevarse por delante al ambiguo Eduardo Buzzi, amplificando sus mismas herramientas, del discurso radical y la práctica reaccionaria. Alfredo De Angeli ya había advertido que si “mandan a los gendarmes manden también las ambulancias”. Todo lo contrario. El gobierno decidió enfrentar la peor crisis en años sólo con medios políticos.

El diario La Nación sintió que no podía ignorarlo, pero con la generosidad que caracteriza a los intereses que representa lo atribuyó a falta de efectivos para reprimir, lo cual es menos que una verdad a medias: carecía de fuerza para controlar sin reprimir cada piquete, que es algo muy distinto. Por eso eligió concentrarse en ciertos puntos de importancia superior. Si hubiera optado por el camino que prefirieron todos los gobiernos anteriores en la historia argentina, le habría sobrado la fuerza para desalojar cada ruta e impedir que volviera a cortarse. Hubiera podido hacerlo incluso con orden judicial, porque la tentativa de cercar a las ciudades con la amenaza del hambre es un delito grave.
No lo hizo, porque privilegió la solución negociada, desde una posición de legitimidad institucional y de fuerza política. Los mismos que no le reconocen hoy esa actitud y prefieren considerarla debilidad, se la reprochan por pasiva cuando la aplica a los piquetes de los desheredados de tierra y trabajo, cuando cortan por unas horas una calle o un puente, sin propósito de desabastecer a nadie, sólo de mostrar que aún sobreviven.


Los medios y el gobierno

El gobierno nacional no ha hecho gran cosa para conseguir el equilibrio informativo que faltó en un conflicto tan intenso. Por el contrario, con un simple decreto prorrogó por diez años todas las licencias de radio y televisión, lo cual congela un espectro conformado durante la dictadura, el alfonsinismo y la abominada década del ‘90, obstruye la competencia económica y de ideas y así empobrece el debate democrático. La corrección posterior, que permitió la existencia de emisoras representativas de organizaciones sociales y cooperativas y no sólo de intereses económicos, reparó una de las arbitrariedades heredadas, pero se trata de ondas locales que no compensan la concentración de los medios de alcance nacional. En la última semana de su presidencia, Néstor Kirchner no tuvo mejor idea que autorizar la fusión de las dos principales cadenas de televisión por cable, a las que además preserva de la competencia que reclaman las compañías telefónicas, inhibidas de transmitir televisión por Internet.

Durante las tres semanas del conflicto tanto los medios audiovisuales del grupo Clarín como los de Telefónica compitieron en la presentación distorsionada de los hechos, naturalizando el alzamiento de un sector contra la legalidad democrática, como si se tratara de un debate entre dos partes equivalentes.

En muchos momentos exhibieron incluso su simpatía por los patrones. Precisar esa diferencia fue el eje del discurso presidencial, en el que, a pesar de la multitud exaltada, CFK habló de conciliación, tolerancia y acuerdo, sin resignar su convicción acerca de la legitimidad, la justicia y el carácter progresivo de las decisiones adoptadas frente a un interés sectorial indiferente al destino colectivo. Su mensaje, sin marcha partidaria, sin la retórica amenazante que usaba Perón cuando hablaba de incendios o de alambre de enfardar, ratifica que el gorilismo y su discurso de odio y desprecio está mucho más vivo que el peronismo, que fue apenas una parte de la plaza.


Sin resortes


La tentativa de comparar al gobierno argentino con el venezolano se extingue por falta absoluta de hechos que la avalen.
Los gobernantes argentinos no hablan en cadena; sus mensajes son breves, a veces demasiado, lo cual dificulta llegar al fondo de cada cuestión; no han revocado ninguna licencia sino que las han prorrogado; no han sancionado ninguna ley que restrinja la libertad de información como la bolivariana de Responsabilidad Social en Radio y Televisión (Resorte); no han copado la Corte Suprema de Justicia con adictos sino por el contrario, han designado jueces limpios que ya han puesto límites a la discrecionalidad oficial en la distribución de avisos del Estado, tal como lo reconoció la SIP en su Congreso realizado en Caracas; no han modificado las leyes para endurecer penas por delitos de opinión ni han querellado a un solo periodista en cinco años, a diferencia de lo que era norma en el país. Su mayor pecado en este campo es excluir de la pauta publicitaria estatal a las publicaciones de la editorial Perfil, un despropósito que esos mismos jueces sin duda corregirán.


Equivocar el enemigo

Pero Cristina incluyó en su discurso una frase imperdonable, sobre el carácter mafioso que atribuyó a una caricatura de Hermenegildo Sábat, donde aparece con una venda en la boca.
Dijo que era la ofensiva de los generales multimediáticos, que hoy acompañaban a la Sociedad Rural en lugar de los tanques de 1976. Eso sí que es equivocar el enemigo. La actitud de Kirchner y de Cristina de discutir con los medios y sus periodistas estrella es intrépida y constructiva, porque nadie puede sustraerse al escrutinio de sus opiniones y de sus actos, de su pasado y de los intereses que defiende. Pero rozar con la sombra de una sospecha al gran maestro del periodismo, que desde hace cuarenta años regala excelencia y ética, a una persona exquisita como Menchi Sábat, que cuestionó las peores atrocidades cuando nadie se animaba, es una tontería indigna de quien la cometió. Sábat no es Clarín, como antes no fue La Opinión, ni Primera Plana, ni Atlántida.

Es un artista maravilloso y el mejor analista político del país. Su obra admirable requiere de un esfuerzo de interpretación. CFK entendió que era un mensaje para que no dijera algo. Pero, ¿por qué dar por sentado que el autor del mensaje es Menchi y no que, gracias a su impresionante sensibilidad para detectar corrientes profundas de la sociedad, interpretó con ese dibujo la intolerancia de las patronales rebeldes, que intenta silenciar a quien apenas lleva cien días de gobierno?
La obra de un gran artista no es obvia ni unívoca. En cualquier caso, Sábat tiene derecho a opinar lo que quiera sin que nadie ponga en duda que lo hace de buena fe, como cada acto de su vida, de trabajador austero y obsesivo. Por eso, éste sí es un mensaje mafioso. Los admiradores incondicionales del Maestro decimos: “No se metan con el Menchi”.

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-101981-2008-04-06.html





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NOTA 2
Lo que nos enseñó D´ Elía
Por Ariel Armony

Para LA NACION
Sábado 5 de abril de 2008 Publicado en la Edición impresa

WATERVILLE, Maine

Durante los últimos días, dediqué buena parte del tiempo a leer en Internet los cientos de comentarios de los lectores de La Nacion y de otros diarios sobre las declaraciones de Luis D’Elía en la FM Reporter 650.

A mi entender, cuando el conflicto sobre la retenciones al agro se resuelva por completo, lo que continuará vivo es el odio públicamente expresado por D’Elía y por tanta otra gente. Resulta escalofriante ver que el grado de resentimiento es intenso y mutuo.

El “odio visceral” de D’Elía se centra en “los blancos de Barrio Norte”. El odio de algunos de quienes le responden se focaliza en los “negros de mierda”. Mientras que D’Elía confiesa no tener inconveniente en “matarlos a todos”, una mayoría de comentarios de lectores expresan la misma intención. En esto todos se parecen.

Hay que examinar las palabras de D’Elía con mucho cuidado. Su apelación a la violencia es inadmisible. No queda la menor duda. Nunca más deberíamos escuchar este tipo de desbordes, ya sea en los medios de comunicación masiva o en la intimidad del hogar. Pero una parte de las declaraciones de D’Elía, la que menor atención ha recibido, conlleva un significado muy importante. “Sépanlo de mi boca –dijo el ex funcionario–. Ustedes piensan que nosotros somos inmundicia, escoria, barbarie.” La dolorosa realidad es que D’Elía, cuando dice esto, tiene razón.

Muchas cosas están cambiando en la Argentina y en América latina. Una de ellas es el discurso público sobre cuestiones raciales. No es novedoso que se hable despectivamente de los “negros” en nuestro país. Lo he escuchado en mi casa, en el club, en la escuela. Lo que sí es nuevo es que se identifique públicamente a los “blancos” como responsables, o al menos cómplices, de la injusticia social.

La Argentina intenta seguir viviendo la ilusión de ser un país racialmente homogéneo, mayormente europeo y, por ende, blanco, donde la discriminación no existe. Es lamentable que los exabruptos de un individuo como D’Elía sean los que nos digan a los gritos que la Argentina no es ese país que muchos se emperran en seguir imaginando.

De la crueldad de los chistes (“¿Cuánto tarda una boliviana en sacar la basura? Nueve meses”) a la crueldad de la arquitectura (el baño de la “habitación de servicio” que no tiene conexión de agua caliente). De las pésimas escuelas en innumerables pueblitos del país a los colegios privados que piden una “foto familiar” como parte del proceso de admisión. Del apartheid en los ascensores de cientos de edificios al valor casi inexistente de la dignidad de una niña violada en una provincia del Noroeste. Esta es la realidad que subyace al comentario “nosotros somos inmundicia, escoria, barbarie”.

D’Elía no merece ser tratado como un vocero legítimo de aquellos que sufren la realidad de la discriminación y la falta de acceso a una vida digna. El titular de la Federación de Tierras y Vivienda debería ser llevado ante la Justicia para rendir cuentas por sus agresiones y su incitación a la violencia. Sin embargo, el resentimiento y la bronca que expresan sus palabras no deben ser ignoradas.

Obviamente, no todos los “blancos” maltratan a sus compatriotas de menores recursos (muchos de ellos son los “nuevos pobres” del siglo XXI) ni todos los “negros” son víctimas de la marginalización y la discriminación.

Sin embargo, no puedo creer que una persona con un mínimo de dignidad y contacto con la realidad pueda dudar de que la Argentina es un país en el que las divisiones entre “blancos” y “negros” (por más difícil que sea distinguir a veces entre unos y otros) son reales y tangibles.

Nos guste o no, Luis D’Elía es parte de quienes somos. Es parte de la Argentina. Como tantos otros matones asociados a la política, representa a un país que continúa resolviendo las diferencias por medio de la violencia, la agresión y las amenazas.

Esto todos lo sabemos y no vale la pena ponerse a explicarlo. Lo relevante es que D’Elía también encarna un país que no ha conseguido crear una comunidad de ciudadanos, que continúa negando un pasado y un presente de discriminación e intolerancia y que, por sobre todas las cosas, tiene mucha bronca.

Podemos seguir alimentando las divisiones, los rencores y el odio. Podemos continuar pensando la Argentina en función de antinomias: peronistas y antiperonistas, blancos y negros, piqueteros de la miseria y piqueteros de la abundancia. Este es un camino que desemboca en el cinismo, un estado que conocemos muy bien.

La alternativa es aceptar que somos un país que necesita reevaluar su pasado más allá del neoliberalismo, de los militares y de Perón. No necesitamos considerar el pasado para abrir heridas sino para aceptar el presente con mayor sinceridad, para ver la realidad tal como es. Aunque me duela aceptarlo y más me duela decirlo, hay algo que D’Elía puede enseñarnos.

El autor es director del Goldfarb Center, dentro del Colby College, en el área de estudios latinoamericanos.

http://www.lanacion.com.ar/opinion/nota.asp?nota_id=1001407

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RELACIONADAS

nota a la que se hace referencia en el artículo 1: http://www.lanacion.com.ar/archivo/Nota.asp?nota_id=999361 D´Elía: "Me moviliza el odio visceral contra la oligarquía"
El piquetero calificó a los ruralistas de "golpistas genocidas" 28 de marzo de 2008 MAS ABAJO TEXTO COMPLETO




GUALEGUAYCHU - PARO AGROPECUARIO - ALFREDO DE ANGELIS

TRAIGAN LOS RIFLES!! IMAGENES VIOLENTAS QUE HABLAN DEL CONFLICTO POR SI SOLAS


CQC
http://registromundo.blogspot.com/2008/04/informe-cqc.html


Peña-D´Elia

http://registromundo.blogspot.com/2008/04/carta-abierta-de-fernando-pea-cristina.html

http://registromundo.blogspot.com/search/label/D`Elia%20Luis


MEDIOS

“Manejo cuestionable de la información”


“Se busca domesticar a la democracia”


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RETENCIONES - SABIAS????

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según como baila el mono???

Piqueterización de la sociedad

Piquetes, orden público y Justicia - Martes 30 de agosto de 2005http://www.lanacion.com.ar/734255

Piqueteros: que impere la ley - Sábado 8 de noviembre de 2003 http://www.lanacion.com.ar/543265 o en registromundo:http://registromundo.blogspot.com/2008/03/segn-como-baila-el-mono.html


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