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14 de julio de 2008

Aprender a escuchar - Hablan los economistas - las retenciones




Domingo, 6 de Julio de 2008

ALDO FERRER HABLA EN LA COMISION DE AGRICULTURA DE DIPUTADOS

Aprender a escuchar




El prestigioso economista Aldo Ferrer fue invitado a exponer en la Comisión de Agricultura de Diputados. Los representantes del campo no lo escucharon. Las barras de productores lo interrumpieron en varias ocasiones, provocando la suspensión de la sesión, reanudada horas después. Los grandes medios de prensa ignoraron esa presentación. Cash publica el texto completo de la explicación técnica y política de Aldo Ferrer sobre el conflicto del sector agropecuario.



Reunión conjunta de las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Presupuesto y Hacienda correspondiente al día 25 de junio de 2008.
En Buenos Aires, a los veinticinco días del mes de junio de 2008, a la hora 12 y 24:

Sr. presidente (Cantero Gutiérrez): –Continúa la reunión luego del cuarto intermedio al que pasáramos ayer. Agradecemos en primer lugar la presencia de nuestros ilustres visitantes, a quienes pedimos que se presenten. Tiene la palabra el doctor Aldo Ferrer.

Sr. Ferrer: –Soy Aldo Ferrer, profesor de Estructura Económica Argentina de la Universidad de Buenos Aires.

Señor presidente, señoras y señores legisladores, señoras y señores: el tema que nos convoca, el de las retenciones, a mi juicio ha sido tratado hasta ahora desde una sola perspectiva, que es la de la redistribución del ingreso, la distribución de una renta que emerge no sólo de la propia producción sino además de una situación de altos precios internacionales, con un incremento de los ingresos que surgen de la producción exportable.

El debate se ha planteado en términos de si es equitativo distribuir esa renta para defender el precio de los alimentos en el mercado interno y tener un reparto más equitativo de la riqueza, o si esa renta les corresponde plenamente a quienes producen los bienes exportables.

A mi juicio, este tratamiento es insuficiente porque en el tema de las retenciones está implícito un problema previo y muy importante, que es el de la estructura productiva. El desarrollo moderno es un proceso que se basa esencialmente en el empleo de la ciencia y de la técnica, en la gestión del conocimiento, con vistas a elevar la productividad del trabajo en todo el tejido económico y social de una nación moderna. Para que esta incorporación de ciencia y tecnología pueda producir un desarrollo en las construcciones modernas, tienen que cumplirse varias condiciones. Una de ellas es contar con una estructura integrada y diversificada, que incorpore los diversos segmentos de la producción moderna, desde la transformación de los recursos naturales hasta las industrias de tecnología de frontera, ligadas a la biotecnología, la informática y la producción de bienes de capital.

Si esto no se produce, si un sistema no tiene un suficiente grado de diversificación y no tiene capacidad de incorporar el conocimiento y gestionarlo, no puede producir el desarrollo en las condiciones contemporáneas. Esto también está muy ligado a la formación de los sistemas nacionales de ciencia y tecnología. Sólo tienen sistemas fuertes en ciencia y tecnología los países con una estructura integrada, diversificada y completa, que abarca la diversidad de las actividades productivas. No hay excepción en este sentido: no hay ningún país avanzado científica y tecnológicamente que no tenga su estructura productiva con estas características.

Por lo tanto, el desarrollo del país requiere tener –como dije– una estructura de esas características, que no puede sostenerse sobre un solo sector. Por ejemplo, no puede sostenerse sólo sobre la producción de productos primarios. Tampoco hay ningún país desarrollado en el mundo que se asiente esencialmente en la transformación y renta de sus productos primarios. Países muy ricos en petróleo, cobre, minerales o recursos tropicales no salen del subdesarrollo si no logran conformar una estructura diversificada compleja. En nuestro caso particular, la cadena agroindustrial, con todo el empleo directo e indirecto que genera, representa alrededor de un tercio del empleo de la fuerza de trabajo. Si no contamos simultáneamente con una gran base industrial no vamos a poder dar trabajo y bienestar a una población de 40 millones de habitantes. Dicho en otros términos: si no contamos con una estructura integrada, no vamos a poder tener pleno empleo y, por lo tanto, nos va a sobrar al menos la mitad de la población.

Esto nos confronta con una característica estructural de la economía argentina que, como decía el gran economista Marcelo Diamand –que también fue ingeniero y empresario–, es una estructura desequilibrada, en la cual en virtud de la gran riqueza de recursos naturales en el campo y la alta eficiencia que han demostrado muchos productores del campo que están operando en la frontera tecnológica, tenemos una agricultura que, como suele decirse, es una agricultura de precisión en muchos segmentos. Esto es revelador de la actitud de muchos productores rurales que operan con las tecnologías de frontera. Contrariamente a lo que se pensaba hace tiempo, que la agricultura era una actividad de baja densidad en el empleo de conocimiento, hoy eso no sucede. La agricultura es una actividad francamente de frontera tecnológica, que es lo que ha permitido, por otra parte, el desarrollo tan importante que ha experimentado el sector sobre la base de los recursos naturales con que el país cuenta.

Sin embargo, sucede que la economía argentina está inserta en el mercado mundial y que los precios relativos del mercado mundial no son iguales a los nuestros. Si nosotros transferimos los precios del mercado mundial...

Sr. presidente (Cantero Gutiérrez): –Pido silencio a la audiencia, ya que queremos trabajar con la mayor tranquilidad y serenidad. Sigamos escuchando al doctor Ferrer.

Sr. Ferrer: –Decía que la economía argentina, como economía moderna, está plenamente integrada al sistema internacional y que los precios relativos del mercado mundial no son los nuestros. Si nosotros transmitiéramos hacia el mercado interno los precios del mercado mundial, estaríamos determinando la estructura productiva en virtud de las señales de precios del mercado mundial.

Uno puede tomar el ejemplo contrario, de precios relativos distintos, de una región altamente industrial como lo es la Unión Europea. Precisamente, porque la Unión Europea quiere tener una estructura integrada y un agro avanzado, aplica la política agrícola común, a la cual dedica la inmensa mayoría de los recursos de la región. Si no lo hiciera así, no habría campo europeo. Ha decidido justificadamente, para conseguir la seguridad alimentaria y la integración social, defender su producción primaria con el régimen de la política agrícola común.

Nosotros estamos, en virtud de nuestro subdesarrollo relativo, en una situación contraria. Por lo tanto, un Estado moderno tiene la obligación y el derecho de administrar los precios internacionales de fronteras hacia adentro para lograr los objetivos del desarrollo nacional, que consisten precisamente en tener una estructura diversificada y completa, que abarque desde la producción de recursos naturales hasta la industria de servicios complejos, con vistas a gestionar el desarrollo, incorporar conocimiento y tecnología y, en consecuencia, crecer. Esto nos confronta con nuestra estructura desequilibrada, según la cual en los sectores productores de bienes transables, que son aquellos que producen para exportar y que en el mercado interno...

(Manifestaciones en la barra.)

Sr. presidente (Cantero Gutiérrez): –Esta presidencia invita a pasar a un breve cuarto intermedio.

Se pasa a cuarto intermedio a la hora 12 y 34. Luego de unos instantes:

Sr. presidente (Cantero Gutiérrez): –Continúe, por favor, doctor Ferrer.

Sr. Ferrer: –Decía que en el mercado interno, los bienes transables...

(Manifestaciones en la barra.)

Sr. presidente (Cantero Gutiérrez): –Perdón, pero vamos a tener que pasar a un breve cuarto intermedio.

Se pasa a cuarto intermedio. Luego de unos instantes:

Sr. presidente (Cantero Gutiérrez): –La presidencia solicita a los presidentes de bloque que nos reunamos en la sala de la Comisión de Presupuesto y Hacienda para analizar los pasos a seguir.

Se pasa a cuarto intermedio a la hora 12 y 43. A la hora 14.30:

Sr. presidente (Cantero Gutiérrez): –Vamos a continuar la reunión, luego del cuarto intermedio, agradeciéndoles especialmente a los señores expositores esta espera que han tenido. Solicito le acerquen los micrófonos al doctor Aldo Ferrer.

Sr. Ferrer: –Gracias, señor presidente.

Muy brevemente en mi exposición de la mañana señalé que, a mi juicio, el debate sobre las retenciones está centrado en el tema de la redistribución del ingreso y que hay otra dimensión más importante, que en definitiva es determinante, que es la estructura productiva y por lo tanto habría que resolver el problema desde la perspectiva del desarrollo y de la transformación de esa estructura.

Por lo tanto, tenemos que procesar las señales que vienen del mercado internacional atendiendo a esta asimetría estructural según la cual, por ejemplo, la rentabilidad en la producción de soja puede asegurarse con un tipo de cambio de dos pesos, teóricamente.

Pero si queremos exportar –y tenemos que hacerlo– y competir en el mercado interno con importaciones, para la producción de máquinas, de textiles, productos químicos y otros bienes, necesitamos otro tipo de cambio. Tiene que haber tipos de cambio múltiples, diferenciales, que le aseguren rentabilidad a la totalidad de la producción de bienes transables, desde la soja hasta las cosas más sofisticadas que podamos hacer –como por ejemplo las que hace el Invap, los reactores nucleares, las cosas muy complejas que se exportan–, necesitamos tipos de cambio diferenciales.

El objetivo es asegurar la rentabilidad de la totalidad de los sectores productores de bienes competitivos transables tanto en el mercado interno como en el internacional.

Es por eso que el Estado nacional tiene la obligación y el derecho de administrar esas señales de precio que vienen de afuera, porque si no la estructura productiva la determina el mercado mundial y no la decisión de los habitantes del propio país. Por eso los países emergentes de Asia –-que están creciendo a tasas fenomenales–, lo que hacen precisamente es administrar las señales del mercado mundial siempre con tipos de cambio competitivos para asegurar el proceso de transformación y la inclusión en su estructura productiva de las actividades de frontera.

Esto es lo que justifica la existencia de tipos de cambio diferenciales. Por lo tanto, esto se puede hacer de varias formas: con tipos de cambio múltiples, con subsidios o con retenciones de tal manera que se asegure la rentabilidad de la producción de bienes primarios y la rentabilidad de los otros sectores.

Hoy en día este desafío es muy importante y se plantea de manera muy crítica porque estamos en un momento de transformación en el mercado internacional. La incorporación de centenar de millones de seres humanos de la India, China, de Asia en general, como grandes productores de bienes complejos y grandes consumidores, está provocando esta tendencia alcista de los recursos naturales y de los commodities. Esto pasa en toda América latina y en todos los países que producen este tipo de bienes.

Ahora, si nosotros cayéramos en la ilusión de pensar –como lo hicimos a fin del siglo XIX– que Argentina tiene futuro como granero del mundo especializado en un solo sector, no zafaríamos nunca del subdesarrollo. No hay ningún caso de un país que descanse esencialmente en sus recursos naturales que sean países desarrollados, aunque tengan petróleo, cobre, minerales, tierras tropicales, etcétera. La transformación productiva es esencial.

Los países como el nuestro –por ejemplo, Canadá y Australia, con los cuales nos hemos comparado durante mucho tiempo–, con una dotación de recursos semejante, son prósperos porque tienen un gran campo y tienen una gran industria. De otra forma, serían también países rezagados, como lamentablemente sigue siendo nuestro país.

De allí, entonces, insisto en la legitimidad, la obligación y el derecho que tiene un Estado nacional de administrar esas señales. Naturalmente, lo tiene que hacer con razonabilidad, en el marco de la discusión, del diálogo y de la buena información, para asegurar una buena participación de todos los actores sociales en el proceso de construcción de las políticas.

La política de tipo de cambio es un instrumento esencial, aunque no es toda la política económica. Nosotros tenemos experiencias muy penosas de dejar de apreciar el tipo de cambio a largo plazo, produciendo efectos devastadores, en primer lugar en la industria, pero finalmente también sobre el sector más competitivo en virtud de los recursos del país.

La política de tipo de cambio tiene que ser una política que asegure a largo plazo la competitividad de toda la producción simultáneamente con otras políticas de capacitación de recursos humanos, en tecnología, de apoyo a las actividades estratégicas.

Acá se plantean algunos temas respecto de la política cambiaria: ¿cuál es el indicador para mediarla?, ¿es el dólar o es el tipo de cambio multilateral? Como ha habido un proceso de apreciación de varias monedas respecto del dólar, el euro, el real brasileño, se supone que el tipo de cambio de referencia para determinar la competitividad es el tipo de cambio multilateral. En realidad, es el dólar porque operamos básicamente en el área dólar y la inmensa mayoría de nuestro comercio exterior, tanto de exportación como de importación, se denomina en dólar.

Por eso tenemos que estar muy atentos a este elemento de la evolución del tipo de cambio real de largo plazo.

El otro tema que suele ser polémico es el de la incidencia del tipo de cambio sobre el salario real. Se suele decir que un tipo de cambio alto competitivo deprime el salario real. En realidad, el determinante del salario real es el nivel de empleo porque el 90 por ciento del gasto de los trabajadores se hace en bienes y servicios producidos en el país.

Lo que importa es el salario real en pesos y tener un salario denominado en moneda competitiva internacional que asegure la rentabilidad del conjunto de la actividad productiva.

Entonces, este debate que se ha producido en torno de las retenciones y del conflicto que hemos vivido durante estos días es una ocasión extraordinaria para superar el tema y ubicarlo en el campo de la estrategia del desarrollo nacional.

El país está enfrentado a un cambio en el orden mundial y tiene que ubicarse en ese mundo, no simplemente como un gran productor de productos primarios sino también de manufacturas complejas, para las cuales tiene que atender a la diversidad y a las características propias de la estructura productiva argentina. Creo que si hacemos esto se abre una extraordinaria posibilidad para la Argentina.

En la historia contemporánea del país nunca se dieron circunstancias más favorables para hacerlo. Un país que soporta un conflicto de esta naturaleza necesariamente lo tiene que resolver en el marco de la Constitución y de la ley. Este es un hecho muy importante en un país que cuenta con una experiencia como la nuestra.

Un conflicto de esta naturaleza se produce en el marco de una economía ordenada, que soporta el conflicto y no pierde los equilibrios fundamentales ni en el presupuesto ni en la moneda ni en el tipo de cambio, con una fuerte exposición de reservas internacionales, que ha permitido incluso enfrentar turbulencias externas como la crisis hipotecaria en Estados Unidos.

Por lo tanto, las condiciones son excepcionales. Estamos viviendo en democracia, tenemos una economía ordenada y un contexto internacional altamente favorable.

Por eso, señor presidente, creo que el mejor resultado y la conclusión que deberíamos sacar de este conflicto que hemos vivido es discutir el tema fundamental, que no son las retenciones, sino la rentabilidad.

Hay que discutir la rentabilidad de la soja, de los textiles, de las máquinas, de los productos bioquímicos y de las cosas de alta complejidad. Tenemos que discutir la rentabilidad y asumir que el Estado nacional tiene la obligación y el derecho de administrar las señales del mercado internacional, sean las tasas de interés o los precios de los commodities para defender la transformación productiva que es indispensable para que la Argentina despliegue en plenitud todo su formidable potencial.

Los recursos humanos son valiosos. Nuestro territorio nacional, como lo destaqué en la primera intervención, es el octavo más grande del mundo. Es decir que tenemos todas las condiciones dadas para construir una economía moderna y avanzada, fundada en un dinamismo del campo que ha demostrado efectivamente una extraordinaria capacidad de transformación.

Varios sectores de la agricultura argentina operan hoy en la frontera tecnológica. Tenemos lo que se llama “agricultura de precisión”, que está operando en las fronteras, con los más altos niveles de productividad.

Creemos que ésta es una base fundamental de la riqueza argentina. Tenemos que integrarla en una visión transformadora de un país diversificado y complejo, capaz de dar empleo a su población con niveles crecientes de bienestar.

Vuelvo a insistir: el desarrollo moderno, como se acepta generalmente, depende esencialmente del conocimiento de la ciencia y la tecnología. Para poder cumplir con este requisito necesitamos tener una economía diversificada y compleja, generadora de empleo y de bienestar. Para eso tenemos que asumir las características de la estructura productiva y de nuestros precios relativos para administrar las señales de precios que vienen del mercado mundial, que no es el que tiene que definir la estructura económica argentina sino que tenemos que ser nosotros mismos.

Esa diferenciación de tipos de cambio múltiples, retenciones y subsidios tiene que ser el objeto de un debate permanente entre las políticas públicas y los creadores de riqueza.

Si somos capaces de hacer eso, no tengo ninguna duda de que el país va a salir ciertamente adelante, porque tiene una excepcional dotación de recursos para ponerse en marcha.

(Aplausos.)


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/cash/17-3542-2008-07-06.html



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Domingo, 13 de Julio de 2008



Documento > Exposición de Jorge Gaggero en la Comisión de Agricultura de Diputados.



Aprender a escuchar II



El domingo pasado, Cash publicó la exposición completa del profesor Aldo Ferrer en la Comisión de Agricultura de Diputados. Ahora se presenta la del economista Jorge Gaggero, realizada en esa misma sesión. Ni una ni otra fueron atendidas por los dirigentes de las entidades del campo y los grandes medios de comunicación directamente las ignoraron.

Jorge Gaggero, uno de los principales tributaristas del país y miembro del Grupo Plan Fénix FCE-UBA.
Reunión conjunta de las comisiones de Agricultura y Ganadería y de Presupuesto y Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación, correspondiente al 25/06/08.

Sr. Presidente (Cantero Gutiérrez).-Tiene la palabra el señor Jorge Gaggero, también integrante del Plan Fénix.

Sr. Gaggero: –Señor presidente: A mí me toca decir algunas palabras acerca de la cuestión fiscal, que es mi especialidad. Pero quisiera empezar resumiendo, brevemente, la última posición que el colectivo Plan Fénix tuvo a propósito de este conflicto, de abril de 2008, bajo el título de: “El país que queremos. Crisis y oportunidad para la definición de una política nacional agroindustrial”. El eje principal del discurso tuvo que ver con lo que acaba de exponer Aldo, con lo central de esta cuestión que es el tema del modelo de país que está en discusión. Por eso, lo titulamos “El país que queremos”. El doctor Ferrer ha sido suficientemente explícito acerca de esto. Entonces, debo señalar además –lo decimos en la declaración– que el debate surgió como consecuencia de la superación de la “emergencia económica” –ésta es, por lo menos, la visión que todo el mundo podía compartir al inicio del presente conflicto– tras un largo período de exigentes desafíos durante el cual la economía se recuperó, en buena medida, de la abismal crisis previa. Por lo tanto, uno de los problemas político-institucionales que está rondando es esta cuestión de la “emergencia”. En nuestra humilde opinión, hay desafíos externos fuertes y con nuestras disidencias los argentinos hemos “comprado” un conflicto mucho más serio que el que deberíamos soportar, si supiéramos procesar nuestras diferencias de un modo más civilizado. A pesar de estas últimas circunstancias –que a algunos pueden hacerlos dudar acerca de si salimos o no de la “emergencia económica” posterior a la caída de la convertibilidad– es opinión del Grupo Fénix que sería sano, institucionalmente, salir formalmente de la “emergencia económica” y recuperar para el Congreso Nacional sus facultades en la fijación y reforma de los impuestos nacionales. Que hoy está retomando, a propósito de la fijación de un nuevo nivel para las denominadas “retenciones” sobre las exportaciones, como consecuencia de una saludable decisión del Poder Ejecutivo, cuando hay interpretaciones constitucionales muy serias –que nosotros analizamos y evaluamos– acerca de que no era su obligación, en términos estrictamente legales, dado el incumplimiento por parte del Congreso de su deber de avanzar en varios planos, incluido el que involucra a sus atribuciones tributarias, para dar pleno cumplimiento a estipulaciones centrales de la Constitución reformada en 1994.

En este contexto de déficit de institucionalidad, que se debe en parte al propio Parlamento (no hablo sólo del actual sino de todos los que se han sucedido desde 1994 hasta el presente), el Poder Ejecutivo parecía tener atribuciones para tomar decisiones del tipo de la instrumentada mediante la Resolución 125. Enhorabuena, de todos modos, que la propia decisión posterior del PEN haya traído hasta aquí la definición final de la cuestión. Este debería ser el punto de partida para que comiencen a adoptarse cursos de acción acerca de las cuestiones tributarias en el Congreso Nacional. Desde el punto de vista del Grupo Fénix, el Parlamento debería reparar lo antes posible las omisiones del pasado, ya que eso es lo que permitiría superar las viejas estipulaciones del Código Aduanero y, por lo tanto, el modo en que estos temas se han resuelto hasta ahora. Como contraparte, la salida institucional de la “emergencia” permitiría al Congreso hacerse plenamente responsable acerca del gasto público. Porque debo decir –estoy obligado a señalar lo que nos enseñan la historia y la doctrina y lo que son, además, mis convicciones– que no se termina de legitimar ningún nivel de imposición si previamente no se legitima también el nivel y la estructura del gasto. Esto implica una secuencia virtuosa que comienza por la decisión, vale decir, que el Parlamento debe ser plenamente responsable de las decisiones presupuestarias, siguiendo por una ejecución debidamente controlada por parte de este cuerpo (y sus organismos satélites), que tiene la responsabilidad de hacerlo. Y, esto es obvio, con la vigilancia acerca de la necesaria transparencia que debe tener la ejecución del gasto por parte del PEN, del mencionado control y de la operación de todos los mecanismos constitucionales cuyo adecuado funcionamiento permite, en teoría, que los desvíos sean cuestionados y oportunamente corregidos.

Lo importante ahora es que esta institución, el Congreso Nacional, debería actuar consecuentemente, inspirada por la obligación de atender a este vínculo inseparable entre la necesaria legitimación de los impuestos y el indispensable consenso social acerca del nivel y la composición del gasto público nacional. Para ser claro y honesto, en este detalle acerca del ideal proceder estoy expresando un juicio personal, enmarcado en una declaración del Fénix. Repito entonces: con fervor, estoy a favor del fin de la “emergencia económica” y la más rápida recuperación por parte del Congreso Nacional de sus plenos poderes constitucionales.

Con respecto al impacto tributario de las “retenciones”, que considero un tema menor al lado de los hasta aquí expuestos, debe aclararse primero que éstas inciden sobre una compleja mezcla de “superrentas” derivadas de una situación internacional excepcional, que fue mencionada antes y que todos conocen, y de ganancias extraordinarias asociadas a un tipo de cambio real alto, derivado de una política económica que Aldo Ferrer reseñó.

En el Grupo Fénix estamos convencidos de que esta política debe ser sostenida con más vigor que hoy, porque está claro que todo retraso “estructural” del tipo de cambio atenta contra ella, toda inflación desmedida resulta en un inevitable “retraso” del tipo de cambio y toda desatención sustancial de la meta antiinflacionaria, de la necesidad de encarar una política antiinflacionaria eficaz, resulta muy disruptiva respecto del mantenimiento de las bondades de este “modelo económico” (y de la propia supervivencia del “modelo”, si estos procesos se acentuaran). Entonces diría, para poner en su contexto el tema de las “retenciones” y coincidiendo con Ferrer, que son –centralmente– un instrumento de política económica irremplazable en este contexto y en este rumbo que ha tomado la economía argentina. Constituyen, además, un menos importante instrumento “propiamente fiscal”, o sea recaudatorio. Menos importante, en particular, si se lo juzga en el contexto de los desafíos reales que está sufriendo hoy la economía argentina. Pondría en primer lugar, sin duda, al desafío que nos plantea la inflación.

Ahora bien, para decir algo más en términos “propiamente fiscales”, no resulta menor –por cierto– el aporte que se espera del total de las “retenciones” a recaudar, dado que en las circunstancias presentes, con mercados internacionales financieros internacionales “cerrados”, el mejor seguro que puede tener el país es su solvencia fiscal y externa. La política más apta desde el punto de vista de la estabilidad necesaria del proceso de crecimiento, la mejor apuesta que se puede hacer a favor de la estabilidad del rumbo macroeconómico y la redistribución de los ingresos, es, paradójicamente, sostener hoy un excedente fiscal primario muy alto. Porque si no hay financiamiento externo asequible a tasas razonables, entonces hay que apelar al excedente fiscal para pagar la deuda y no caer nuevamente en default. Sólo los intereses que hay que pagar en 2008 son del orden de 2,6 puntos del PBI. Si no hubiera opción alguna de refinanciamiento para todos los vencimientos de capital –un caso extremo que difícilmente se va a dar– y no hubiera tampoco fuente alguna accesible –hay fuentes alternativas menores, Banco Central y otras locales no fiscales, están los bonos venezolanos que cabe suponer que en alguna medida seguirán “dando una mano”– en el límite habría vencimientos externos totales a cubrir durante este año, por capital e intereses, del orden de los 4,7 puntos del PBI (el año próximo serán 5,2 puntos, excluyendo las deudas internas del sector público).

No resulta para nada desatinado, entonces, apuntar a recomponer un excedente fiscal muy importante. Insisto, por una doble razón: para asegurar la sustentabilidad de la economía y para mantener los niveles de equidad (aún muy insatisfactorios) alcanzados en estos últimos años. ¿Por qué esto último? Porque no hay procesos más inequitativos que los que se desencadenan con las crisis súbitas y profundas.

Lo que, históricamente, ha multiplicado más fuertemente y de modo más duradero la pobreza y la indigencia en nuestro país ha sido la volatilidad económica. Entonces, no hay que volver a caer en las crisis recurrentes del pasado, eso es lo central.

La redistribución por la vía fiscal es necesaria, debe complementar lo que puede proveer un rumbo macroeconómico adecuado. Yo la ubicaría en un segundo nivel de importancia hoy, pero no debe ser olvidada –de ningún modo– porque está visto que la redistribución “secundaria” –la que se hace con el financiamiento que proveen los ingresos públicos, entre ellos las “retenciones”– tiene que ser mejorada, y mucho.

En el Fénix hemos discutido acerca de la situación actual y las perspectivas del gasto público y hay problemas: se mantienen subsidios a las clases media y alta que deberían ser superados aun al costo inflacionario de sincerar tarifas para los que puedan pagarlas; se verifican también “filtraciones” en la inversión pública; claramente, hay también “filtraciones” en el modo de administrar subsidios que se destinan a agentes privados de un modo poco transparente, al sector del transporte y en beneficio de otras áreas de la actividad privada.

Sr. Presidente (Cantero Gutiérrez): –Pido un poco de silencio para seguir escuchando con atención a nuestro visitante.

Sr. Gaggero: –Entonces, es clave que el Congreso retome lo más rápido posible su responsabilidad respecto de estas cuestiones, en una perspectiva de corto y también de mediano y largo plazo.

Sr. Presidente (Cantero Gutiérrez): –Nuevamente solicito silencio a los colegas.

Sr. Gaggero: –Creo que hay tres cosas más que tengo para decir en el plano institucional. Lo resumo brevemente. Primero y obvio: ninguna decisión de política pública puede ser contestada, en democracia, fuera de los canales institucionales aptos para definirlas. En el momento en que lo dije, se trataba principalmente de asegurar el respeto de las atribuciones constitucionales del Poder Ejecutivo Nacional; ahora están implicadas tanto las del Poder Ejecutivo como las propias del Congreso Nacional. En consecuencia, el Congreso Nacional no debe ceder a la tentación del “facilismo” ni del “cortoplacismo” para decidir de modo adecuado problemas tan complejos como estos que estamos discutiendo, que tienen además un “arrastre” de mediano y largo plazo. Parece obvio recordar los “horrores” que se verifican cuando se cede a tales tentaciones y se cae en el “seguidismo”; veamos si no el caso de algunas normas penales establecidas bajo la presión de Blumberg y sus seguidores de entonces.

En segundo lugar, mencioné el corte de rutas como fenómeno de extorsión que vulnera un derecho constitucional que aún no ha sido restablecido, después de seis años de lo peor de la crisis que nos dejó la convertibilidad. Se trata de un mecanismo que fue legítimo y aceptable para el conjunto de la sociedad cuando ayudaba a “tornar visibles” a quienes la sociedad no quería ver, la gente que no tenía qué comer en 2001-2002. Hoy la situación es muy distinta, y así como están dadas las condiciones objetivas para salir de la “emergencia económica”, se han dado las circunstancias que permitieron que un recurso extremo de los más débiles –el de la “extorsión legítima”– haya sido apropiado por sectores concentrados de interés que lo usan con muy distinto propósito: el de extorsionar al conjunto de la sociedad y al Estado (y no me estoy refiriendo a los pequeños productores, con intereses legítimos a defender). Me estoy refiriendo, insisto, a intereses concentrados...

Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. Gaggero: –Déjenme hablar, si quieren que termine mi exposición. Estoy exponiendo ideas que pueden ser debatidas, pero no abucheadas. Esto no es la cancha de Boca...

Varios señores diputados hablan a la vez.

Sr. Presidente (Cantero Gutiérrez): –La presidencia solicita que se guarde silencio y se respete el uso de la palabra de todos los visitantes, personas e instituciones que hemos invitado y que van a estar exponiendo en el día de la fecha. Es imprescindible ese respeto. Continúa en el uso de la palabra el señor Gaggero.

Sr. Gaggero: –Quiero cerrar esta segunda idea diciendo que el caso límite de extorsión es el uso de la violencia y creo que la historia argentina nos ha hecho más conscientes acerca de a quiénes ha beneficiado la violencia. Yo he aportado a esa experiencia y he hecho mi autocrítica –que es pública– en relación con los resultados que brinda el ejercicio de la extorsión límite, el de la violencia cuando es aplicada por los sectores de poder. Siempre han ganado en la historia de Argentina los sectores de poder usando la violencia. Y tendrían chances de ganar esos sectores, una vez más, si persistiese un clima de extorsión sin límite, y los cortes de rutas nacionales recomenzasen sin acción eficaz de los poderes constitucionales.




El tercer punto al que quiero referirme también lo hemos discutido en el Grupo Fénix. Se trata de la cuestión de la legalidad de la aplicación de las “retenciones”. Constitucionalmente, creemos que el Poder Ejecutivo estaba habilitado a hacerlo en los niveles estipulados, pero bienvenido sea que el Congreso Nacional se ocupe de esta cuestión. A propósito de una pregunta que me hizo un diputado nacional al principio de esta sesión, quiero aclarar algo ante todos. El señor diputado presuponía que quien les habla y el Grupo Fénix veníamos aquí, sencillamente, a dar una aprobación a libro cerrado al proyecto de ley que el Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso. Lejos de nuestra intención está el venir aquí a hacer eso. Solicitamos a los señores diputados que no prejuzguen acerca de nuestro grado de acuerdo para con la medida, tal cual ha sido enviada por el PEN al Congreso. Pueden equivocarse. El Grupo Fénix es un colectivo plural donde están presentes, a través de las alineaciones de algunos de sus integrantes, todas las posiciones políticas del país. Pervive como expresión plural y a pesar (o, quizás, como consecuencia) de esa pluralidad puede elaborar las posiciones colectivas que hemos expuesto.
(...)
(Aplausos.)
http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/cash/17-3550-2008-07-13.html

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