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19 de julio de 2008

JULIO COBOS ¿QUE DUDAS CABEN?


JULIO COBOS. ¿QUÉ DUDAS CABEN?



¿Es ético justificar el propio error aduciendo que otros legisladores del mismo partido lo cometieron? ¿Es correcto actuar en contra del programa de gobierno que votaron todos los argentinos? No hace falta ser muy perspicaz para saber a qué apuntó Julio Cobos, vicepresidente de la Argentina, cuando con su voto apoyó la protesta del campo en contra de la voluntad del oficialismo y de la presidenta Cristina Kirchner. Es evidente que vio la oportunidad de crear un espacio político propio, espacio que jamás hubiese tenido si permanecía como ex gobernador de la provincia argentina de Mendoza.



Es de sospechar que el “beso de Judas” de Cobos a los Kirchner no fue decidido ayer, 16 de julio, a las 4 y 25 de una madrugada casi tibia. Ese beso fue pensado en el mismo momento en que Julio Cobos aceptó ser el vicepresidente de los argentinos. Luego, ayer, llegó la oportunidad tan esperada. Con la voz entrecortada, propia de quien está a punto de llorar, armó el teatro con el cual traicionó al gobierno que lo había cobijado en nombre de una “concertación”.

La traición quedó confirmada en el viaje de Cobos en auto a su tierra natal, Mendoza. En cada pueblo una parada, en cada parada un saludo, un aplauso. Extraña conducta para quien casi llora al tomar su decisión. Un poco de modestia no hubiese quedado mal. Pero son los saludos y los aplausos del dinero, de las ganancias fáciles, de la especulación: cuatro páginas en Clarín y otras tantas en los otros medios. Las radios, la televisión mostrando su gesta heroica una y otra vez. La gloria soñada.

Las multinacionales, que especulan con los alimentos porque el dólar enfermó, se salieron con la suya: herir con munición gruesa al gobierno que quiso frenar el proyecto de expansión incontrolada de la soja en el suelo argentino.

Antecedentes

Hace casi un año, al leer la entrevista que Jorge Fontevecchia le hizo a Julio César Cleto Cobos en Perfil.com, envié un mail personal para comunicar mi asombro por el contenido de algunos tramos del reportaje, en los que manifestaba un compromiso demasiado tibio con el gobierno del que formaría parte.
Este es el pasaje en el cual consideré que la respuesta de Cobos al insólito planteo de Fontevecchia era por lo menos insuficiente:
“Pregunta: Algunos analistas pronostican que Cristina Kirchner podría no terminar su mandato en 2011. ¿Estaría usted preparado intelectual, política y emocionalmente para asumir la Presidencia en el caso de que fuera necesario?
“Respuesta: Sé que asumir el cargo de vicepresidente implica los reemplazos en determinadas circunstancias: viaje al exterior, enfermedad o lo que sea, así que uno tiene que estar preparado para lo menos y para lo más. Sé que por ahí se menosprecia la figura del vicepresidente, pero es ser el número dos del país: uno tiene que estar preparado para todo. Yo creo que después de ser gobernador de una provincia importante quedan dos escalones, son esos dos”.

Mi mail de protesta hacia Cobos fue escrito para reprocharle de inmediato lo que me parecía un atrevimiento: no desmintió que Cristina no llegaría al 2011, aún cuando fuera dicho como hipótesis. Debería haber respondido que no veía un horizonte tan dramático. Que era una pregunta teórica que conducía a un planteo teórico… Sin embargo ahora se aprecia mejor el sentido de aquella respuesta. La traición estaba calculada, estaba escrita en su frente, como dice el viejo proverbio árabe.

Ya desde entonces se podían observar distintas contradicciones en los dichos de Cobos. En otra parte del reportaje se lee esta pregunta: “También la historia muestra innumerables casos de enfrentamientos del presidente con el vicepresidente que pretende sucederlo, como en el caso de Duhalde con Menem. ¿Se anima a asegurar que su relación con Cristina Kirchner no tendrá ningún enfrentamiento en los cuatro años de mandato, si ganan?”.
“Respuesta: Uno no se puede animar a asegurar eso, lo que sí uno va a tratar es de generar el marco adecuado de tolerancia y de acompañamiento prudente y pongo el ejemplo de Mendoza. En la historia de Mendoza no creo que haya habido tan buena relación como la que hemos tenido con el vicegobernador actual, que es de una línea interna distinta a la nuestra. Obviamente hemos tenido posiciones encontradas pero ha sido muy de respetar la decisión final del gobernador, y así debe ser”.
Aunque eso fue posible en su provincia, ahora, puesto en la misma situación, Cobos actuó exactamente al revés de lo que predicaba.

Más adelante en la entrevista declara que “Cristina será como la llegada del verano”, una curiosa comparación con el agua obtenida en invierno por la caída de la nieve, que se utiliza en verano en Mendoza. La imagen de la “llegada del verano” expresa el deseo de lograr una mejor distribución de la riqueza y la erradicación de la pobreza durante esta segunda administración kirchnerista. Nada de eso le permitieron. Cuando éste gobierno era un crisol en nacimiento, intentaron quiebrarlo.

Estados Unidos: tres pájaros con un tiro

Pero éste tema de la distribución es tabú para quienes tienen de verdad el poder en América Latina. Su objetivo principal es impedir que se apliquen políticas económicas exitosas en esta región. Los éxitos consolidan el apoyo del pueblo, refuerzan el poder y la independencia de criterios de los gobiernos populares. Los poderes económicos perderían así su hegemonía en América latina. ¿Tan simple? Sí, tan simple.
La verdad tiene delante un telón tan inmenso que nos tapa la visión.Con la decisión del vicepresidente de la Argentina, Estados Unido consiguió bajar tres pájaros con un tiro. Primero: Desestabilizar la estantería de un gobierno demasiado fuerte que casi era inviolable por una oposición de pobre poder. Segundo: restablecer la posibilidad que en la Argentina la soja se pueda volver a sembrar sin límites impositivos. Tercero: mandó en orbita a una nueva estrella política para planes futuros en la región.

Es lo que le ocurrió a Ignacio “Lula” Da Silva, presidente de Brasil. Conozco a Lula desde los tiempos en que era secretario del sindicato de metalúrgicos. Me pareció muy firme en sus propósitos el día que me confesó que quería acabar con el hambre en su país. Años después, ya presidente, quiso hacer realidad aquella promesa. ¿Qué hizo el oculto organismo de una potencia extranjera para que esto no sucediera? Muy simple. Montó un peligroso escenario teatral donde hizo confesar a un opositor que había sido objeto de sobornos para apoyar con votos al oficialismo. La amenaza concreta para Lula era que lo obligaran a renunciar. Finalmente todo volvió a la normalidad cuando Da Silva se olvidó de aquella promesa electoral y mantuvo las condiciones endémicas de hambre en el Brasil.

Ahora los medios y la oposición se deshacen en elogios hacía un Lula que mantiene standars de crecimiento y de desarrollo limitados en su país. Pero Lula es hábil, tiene puesto un ojo en la Argentina, para aprender, como observador silencioso; se queda tranquilo y finge obediencia para esconder su juego. Sin embargo, hay pocas esperanzas para Brasil. También allí los enemigos invisibles son demasiados fuertes.

Parece que los gobiernos de Latino América son vigilados por un poderoso ojo omnipresente, el omnipotente “Gran Hermano” que todo lo sabe y toma con rapidez las decisiones que harán de esta parte del continente un movimiento perpetuo de los deseos incumplidos de independencia, desarrollo, bienestar económico y liderazgo tecnológico.

¿La caída de la Argentina puede estar próxima? Este shock aniquilador ha dejado sin habla al ciudadano que apostaba al programa de la presidente Kirchner como a una política correcta para contribuir al progreso y bienestar del país. Néstor Kirchner siempre dijo: “Conmigo salimos del infierno, con Cristina saldrán del purgatorio”, aludiendo al creciente bienestar económico que se instalaba en la Argentina. Ahora, no sólo los partidarios han quedado sin respiro. El mismo gobierno está hoy obligado a repensar toda su estrategia para construir una nueva relación con una oposición que no ganó las elecciones pero que debilitó al oficialismo como si éste hubiera sido derrotado en las urnas.

Por primera vez la gente común pudo ver en vivo y en directo como un país lanzado en un camino de bienestar, con las cuentas en orden, con superávit fiscal, con un crecimiento económico del 8 o 9% anual durante cinco años y medio consecutivos (un record histórico) y sin ninguna amenaza a la vista que pudiese enturbiar el horizonte, caía en un estado de debilidad por el accionar ilegal de un sector, el agro, con el apoyo incondicional de los medios de comunicación y el soplo evangelizador de la política exterior de Estados Unidos. Este último ha sido el autor intelectual del complot y la parte ejecutiva de todas las maniobras y, con toda probabilidad, ha contribuido a través de la planificación de la CIA al fracaso de los Kirchner. ¿Que dudas caben? Pensemos en Irak; lo de la Argentina ha sido un paseo con sonrisas.

Los errores del gobierno

¿Qué crítica se le puede hacer al gobierno en este contexto?
La primera crítica, según mi opinión, es que el gobierno no se compenetró con la suficiente profundidad en el manejo de los medios de comunicación. Estos han sido el arma principal con la que fue atacado. Debería haber emprendido el oficialismo una lucha frontal en este ámbito, porque muchas veces al doblar la apuesta los enemigos se retiran. Por ejemplo, podría haber financiado la edición de un diario fuerte: un millón de ejemplares de distribución gratuita en toda la republica, antes de que la protesta se instalase. Porque no caben dudas que el gobierno sabía que esto iba a ocurrir tarde o temprano gracias a los objetivos políticos que se proponía alcanzar.

Los Kirchner no necesitaron (ni necesitan) ser cruentos, pero hubieran debido tomar las precauciones necesarias para enfrentar a los poderes adversos. Por ejemplo, tener en cuenta que Clarín “el gran diario argentino” no es argentino como dice su slogan. Sus acciones están dando la vuelta al mundo en manos de poderosos fondos de inversiones que también invierten en soja en la argentina. El mismo diario afirma que se ha globalizado (clic aquí). Esto quiere decir que en el manejo de las noticias para el país se dará prioridad a sus intereses externos. Clarín con su monopolio de noticias representa el 80 por ciento de la difusión periodística en la Argentina, todos los noticieros basan su información en lo publicado por Clarín.
La segunda crítica es que no han actuado con energía para reprimir al campo cuando comenzaron sus acciones de desobediencia cívica, cortes de ruta y desabastecimiento. Confiaron demasiado en ganar mostrando la superioridad de un gobierno que ejerce la política de los derechos humanos y que no reprime la protesta, cuando en verdad enfrentaban concretos actos delincuenciales que deberían haber sido reprimidos sin miramientos. De haber procedido con rigor, no hubieran perdido a una parte importante del electorado, como ocurrió. Es un hecho cultural: la gente prefiere que se castigue utilizando métodos fuertes y decididos cuando hay razones candentes. Esto hubiese sido el deseo de cada ciudadano, pero en el gobierno priorizaron la prudencia, que fue interpretada como signo de debilidad.

Crítica tres: no actuar con la velocidad de la luz para solucionar los problemas de los pequeños productores. Si el gobierno hubiera practicado una reducción drástica de las retenciones a los pequeños productores (por ejemplo, que pagaran solo hasta el 20 por ciento), se hubiera neutralizado la razón principal del reclamo, (aún sabiendo que la verdadera razón del mismo son las retenciones móviles que molestan a las grandes multinacionales de la soja). Si con una reducción importante no se hubiese llegado a un acuerdo, hubieran quedado claras las intenciones de las multinacionales. Esto podría haber significado unos mil millones de dólares menos, pero hubiera dejado el conflicto al desnudo, sin pretextos. Ahí al señor Buzzi se lo obligaba a negociar. Y, cosa importante, destapando las razones ocultas, se hubiera intimidado a la oposición y a la prensa, generando también un enardecimiento de la gente hacía las multinacionales. Así, tal vez, hubiese sido más fácil apagar el incendio de la revuelta. Pero estas son suposiciones de un observador externo. Hay que ver cuantas verdades aún escondidas se ocultan en el corazón del mismo gobierno y de la oposición revoltosa.

La soberbia del campo

La gente del campo anda por los medios como vírgenes luego de su primera relación sexual. Llenos de si mismos, manifestando una auto importancia que delata aquello que siempre fueron: patrañeros, dueños de la verdad y faltos de tacto. Se sienten victoriosos. Exigen que la presidente los llame de inmediato y que derogue la resolución 125 de las retenciones móviles. ¡Hecho, señores del dinero patraña, Ya está! No entienden los tiempos, son cortos de visión. Se preguntan, perdidos en la estratosfera: ¿Cómo, aún no nos llama la presidenta? Vamos a esperar un tiempo prudencial… Luego vamos a actuar. Como siempre, prepotentes. “Nosotros somos pacientes”, asegura Buzzi, a quien llamo el cow boy americano, el Alan Ladd de las mujeres histéricas y frustradas, al leer su Blog en Peril.com. El dinero es prepotente pero también es mentiroso. Se presenta ahora con el nombre de la “libertad”, la “eliminación de la pobreza”, la construcción de una Argentina mejor, la presunción de una sociedad justa. Cosas que siempre se dicen…

visitas interesadas

También hay historias que no coinciden: Las dos llegadas de Tomas Shannon a la Argentina en tiempos inoportunos, cuando, por una cuestión de protocolo debería haber aparecido en momentos más auspiciosos, durante la asunción de Cristina en diciembre del 2007. En esa época fue imposible para Shannon presenciar el evento: dos días después de asumir la presidenta, Estados Unidos disparó el escándalo de la valija de Antonini Wilson. El disparo al aire de preaviso…

Estas visitas últimas a destiempo dan lugar a suspicacias. Nadie supo las verdades de esos encuentros. Especialmente el último. Luego de encontrarse con la presidente, Shannon se citó con Mauricio Macri, jefe de la Ciudad de Buenos Aires, y con Lorenzetti, presidente de la Suprema Corte de Justicia. ¿Para qué? Boh… Alguien que conozca todos los vericuetos de la política, puede llegar a argüir que vino para verificar en loco, aprobar el desarrollo de los hechos y avalar sustanciosos depósitos en dólares que convencieron a la oposición y a algunos partidarios del gobierno de la necesidad de abroquelarse en contra del oficialismo. Que es lo que en realidad sucedió.

¿Qué dudas caben? Piensen en Irak. La Argentina ha sido apenas un paseo con sonrisas y amabilidades.


Reportaje a Julio Cobos, link:
http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0188/articulo.php?art=2140&ed=0188



por Luigi Lovecchio


FUENTE NOTA.

http://www.losbuenosvecinos.com.ar/articulos/articulos.ver.php?idcategoria=25&idarticulo=219




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“Cristina será como la llegada de un verano”
El gobernador radical de Mendoza y candidato a vicepresidente por el Frente para la Victoria se declara defensor del rol de la mujer en la política y lo más alejado del machismo. Cree que su compañera de fórmula, Cristina de Kirchner, no lo humillará como le sucedió a Scioli con el Presidente, y que el Gobierno necesita un cambio en la política de medios.
Por jorge fontevecchia


—¿En homenaje a quién lo bautizaron Julio César Cleto?

—Cleto se llamaba mi abuelo y fue en honor a él, un tipo al que yo apreciaba mucho: toda mi familia es de Buenos Aires, de Villa del Parque, y mi mamá de Chacabuco, y yo me venía todas las vacaciones acá, a ver a mi abuelo. Seguí la tradición con mi hijo, y se llama Agustín Cleto (tiene dos hijas: Virginia, de 24, y María Eugenia, de 22).

—¿Y Julio César, que es como usted firma, fue una premonición de sus padres porque sería político como el cónsul romano?

—Julio César... no sé por qué se les habrá ocurrido a mis padres.

—¿Usted no habrá nacido por cesárea como Julio César y por eso le pusieron también César?

—No, nací de parto normal.

—Como otra premonición del destino, su esposa se llama también Cristina...

—Sí, Cristina Cerutti.

—Evocativa coincidencia.

—No sé, entre dos Cristinas... puede ser.

—¿Y Cristina Cerutti conoce a Cristina Kirchner?

—Sí, se conocen muy bien. Por lo menos en los encuentros que hemos tenido se llevan muy bien.

—¿Y a su esposa no le da un poco de celos la superposición de “Cristinas” en su vida?

—Yo creo mucho por ahí en el destino, me han pasado cosas en la vida que a veces uno después las va atando; por eso ahora, cuando me pasa algo y a veces no es muy bueno digo: “Bueno, por algo pasará”, y uno, por ahí más adelante, encuentra la explicación.

—Cuando Bielsa era la pareja de candidatos junto con Cristina Kirchner, él en la Ciudad y ella en la Provincia, resultaba evidente que no podía dejar de mirar a la esposa del Presidente como a una mujer atractiva. ¿Cómo piensa arreglarse con ese tema?

—Uno no puede dejar de negar que es una mujer linda pero uno se ubica en la relación y en la función y no creo que haya inhibición ni una especie de atracción fuera de contexto.

—¿Está psicológicamente preparado para un matriarcado?

—Si me conociera más, se daría cuenta de que le he dado importancia al rol de la mujer. Es más, en mi gabinete, cuando asumí, la mitad fueron mujeres además de varias subsecretarias. Yo aposté mucho a la mujer.

—No es lo mismo.

—Bueno... una cosa es tenerla abajo y otra cosa, arriba.

—¿Alguna vez tuvo una experiencia así?

—No, pero creo que la sociedad ha evolucionado bastante y la mujer ha ido ocupando nuevos roles. Mi señora es ingeniera y cuando estudiaba eran pocas la que se animaban y ahora hay muchas más, las cosas han ido evolucionando.

—En la Cancillería hay solamente nueve embajadoras.

—Primero, creo que hay que evaluar la capacidad, la profesionalidad y después si es mujer u hombre es indistinto. A lo largo de la historia las mujeres no han tenido todas las oportunidades.

—¿Su mamá era una personalidad fuerte que constituía con su padre, como se dice ahora, una pareja democrática, o su papá era un clásico varón dominante?

—Mi viejo era un muy buen tipo, una persona muy afable. Mi mamá, una persona más charlatana. Era una relación equilibrada. Cuando mi papá trabajaba, mi mamá cosía para afuera para ayudarlo un poco, así pudo brindarles a sus tres hijos estudios universitarios, siendo él un empleado.

—¿Y con su esposa tiene una relación de equilibrio?

—Sí, hay mucho equilibrio. Cada uno tiene su rol, nos complementamos bien. Llevamos 27 años de casados y cinco de novios. Me casé muy joven, era la época en que uno se recibía y se casaba.

—¿Se psicoanaliza?

—No.

—¿Nunca se psicoanalizó?

—No, nunca.

—¿Se imagina a Vilma Ibarra, entre otras, ejerciendo el mandato de Cristina en el Senado?

—Con Vilma Ibarra he hablado una o dos veces por teléfono por el tema elecciones.

—¿Tomó nota de que el Senado, que usted presidirá si es electo, es el poder del Estado con mayor influencia femenina?

—Yo creo que no es para asombrase ni para asustarse, va a ser una relación distinta.

—¿No tiene ningún resabio machista?

—No, en absoluto. En mi formación siempre he tratado de no discriminar a nadie, lo siento así, no lo disimulo ni nada.

—No me refiero a casos extremos como la discriminación sino al machismo cultural. Hay personalidades donde la masculinidad es asumida paternalmente; su profesión, los ingenieros, por ejemplo, concentran una mayor proporción de hombres con tendencia a la acción y, a veces, a una actitud más dominante.

—Yo, que fui docente en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Tecnológica de Cuyo y algunas carreras, por ejemplo Sistemas, veía a más mujeres que hombres.

—Pero no en Ingeniería civil.

—En Ingeniería civil, menos. Pero ahora hay un poquito más.

—Cristina es lo que los psicólogos denominarían una mujer fálica, o los biólogos, una hembra alfa. Imagino que a usted lo habrán elegido como su compañero de fórmula porque, al evaluar su comportamiento, concluyeron que se trataba de un hombre superado en ese aspecto.

—A lo mejor han tomado referencias por alguna cercanía con alguna legisladora mendocina y habrán evaluado eso, no sé.

—El peor enemigo del gobernador de Misiones, Rovira, es Puerta, su predecesor. Usted también mantiene una relación más que conflictiva con el gobernador de Mendoza que lo precedió, Roberto Iglesias, quien hasta el año pasado presidió el radicalismo. ¿Hay en la política una ley física que determina que todo sucesor encuentra en su predecesor a su principal adversario, salvo que los destruya y viceversa?

—Yo creo que es al revés, el antecesor es el que tiene algo con el sucesor porque parece que cuesta delegar el poder, ése es el problema. No se da al revés la relación, por eso yo he jurado no meterme con quien me suceda, ojalá sea quien estamos apoyando nosotros, César Biffi.

—También la historia muestra innumerables casos de enfrentamiento del Presidente con el vicepresidente que pretende sucederlo, como en el caso de Duhalde con Menem. ¿Se anima a asegurar que su relación con Cristina Kirchner no tendrá ningún enfrentamiento en los cuatro años de mandato si ganan?

—Uno se puede animar a asegurar eso, lo que sí uno va a tratar es de generar el marco adecuado de tolerancia y de acompañamiento prudente y pongo el ejemplo de Mendoza. En la historia de Mendoza no creo que haya habido tan buena relación como la que hemos tenido con el vicegobernador actual, que es de una línea interna distinta a la nuestra. Obviamente hemos tenido posiciones encontradas pero ha sido muy de respetar la decisión final del gobernador, y así debe ser.

—¿No teme padecer alguna situación de desprecio o humillación como la que sufrió Scioli?

—Espero que no. Justo lo que quiero es que esto arranque bien desde antes de asumir y sabiendo que uno ocupó un rol importante y que tiene que acompañar.

—¿No cree que eso mismo esperaba Scioli?

—No sé.

—Casualmente se trata de una persona reconocida por su tolerancia y adaptabilidad.

—Yo creo que no se va a dar.

—¿Porque Cristina es diferente al Presidente?

—La relación puede ser distinta. A veces una complementación une más.

—¿En qué se diferenciará el papel de Scioli como vicepresidente del de usted?

—No he sido legislador, nunca. No he sido concejal, nunca. Tres cargos ejecutivos he ocupado en mi actividad política, no tengo mucha actividad política tampoco. Fui tres años subsecretario de Urbanismo y Vivienda en la Municipalidad de capital (de Mendoza), después ministro de Obras Públicas un año y después gobernador y después decano de la Facultad. Son todos cargos ejecutivos, así que quisiera tratar de darle ejecutividad al Congreso porque también como gobernador veo la necesidad de contar con instrumentos para gobernar. Para gobernar hay que hacerlo todos los días y esas piezas administrativas se necesitan rápido. Soy una persona de seguir muy de cerca los problemas, a veces de meterme mucho en las cosas chicas.

—¿En eso de meterse en las cosas chicas se parece a Néstor Kirchner?

—Sí, por ahí nos parecemos bastante en esas cosas. Lo que pasa es que a la administración pública cuesta mucho moverla y si no se está en el detalle todos los días, qué pasó con esto y qué pasó con aquello, las cosas se van o se frenan por una pavada.

—¿El hecho de que usted no sea peronista le crearía una situación más difícil que la que tuvo Scioli, quien sí es peronista?

—Pensamos contar con una parte importante de lo que es el radicalismo y otros sectores sociales que ven por nuestra vía la forma de llegar y sumarse a esta concertación. Me voy a sentir respaldado y mucho más respetado.

Algunos analistas pronostican que Cristina Kirchner podría no terminar su mandato en 2011. ¿Estaría usted preparado intelectual, política y emocionalmente para asumir la Presidencia en el caso de que fuera necesario?

—Sé que asumir el cargo de vicepresidente implica los reemplazos en determinadas circunstancias, viaje al exterior, enfermedad o lo que sea, así que uno tiene que estar preparado para lo menos y para lo más. Sé que por ahí se menosprecia la figura del vicepresidente, pero es ser el número dos del país: uno tiene que estar preparado para todo. Yo creo que después de ser gobernador de una provincia importante quedan dos escalones, son esos dos.

—La mayoría de los gobernadores no está preparada para ser presidente de la Argentina.

—Intelectualmente no fui una persona muy culturosa, a pesar de que he sido una persona formada académicamente. Con respecto a lo emocional, a lo largo de la vida uno ha vivido momentos duros, momentos difíciles.

—Su predecesor y aspirante a sucederlo en Mendoza, Roberto Iglesias, lo acusa de no saber enfrentar situaciones críticas llegando incluso hasta desmayarse como sucedió en la puerta de su casa. ¿Por qué se desmayó?

—Terminábamos de cerrar una campaña y ante un reclamo fuerte, uno termina agotado de todas esas cosas, sufrí una baja de azúcar, me recuperé y salí de escuchar los reclamos de los vecinos.

—¿Fue psicosomático o tiene problemas clínicos?

—Fue emocional.

—Otro ejemplo que coloca Iglesias es que durante la crisis económica que se avecinaba en 2001 usted optó, en sus palabras, “por desertar” y renunció como ministro de Gobierno para volver a ser decano de la Facultad Tecnológica de Mendoza.

—Cuando Iglesias me convoca, yo llevaba un año y medio de decano y me insistió en esa convocatoria y yo le dije que sólo por un año porque es lo máximo que puede pedir de licencia. Estaba aclarado desde el principio. Lo que no hubiera sido moralmente correcto para mí, y él lo sabe, es que no hubiera cumplido con eso. Por eso volví y al año le dije “me voy”, y me fui. Si no, no sé para qué me fueron a buscar después.

La revista “Noticias” publicó que el analista de Cristina Kirchner le diagnosticó bipolaridad, y también que la bipolaridad , dependiendo de los grados, no inhabilita para gobernar. Por ejemplo, Churchill la padecía. ¿Qué opinión tiene al respecto?

—No lo he tenido en cuenta. Me enteré de lo que salió en la revista, no lo he leído, pero bueno...

—¿Comentó el tema con ella?

—No, para nada.

Sigue
—Usted se definió como “un hombre común al que se le dieron grandes oportunidades”. ¿No teme que los Kirchner casualmente lo hayan elegido por eso, para que no les hiciera sombra?

—No creo. La elección parte por una relación que hemos tenido durante estos años que ha sido buena, y que en sus principios comenzó mal. En su principio hubo problemas con la promoción industrial, el decreto que sacó Lavagna, una demanda que yo continué y la terminamos arreglando.

—¿Usted tiene independencia de criterio?

—Sí, sí.

—¿No teme que la Argentina tenga un vice rengo porque, como le pasó a De la Rúa, no lo apoyen los propios radicales y finalmente los peronistas tampoco por no ser de su partido?

—Es un desafío que estoy dispuesto a transitar, así que vamos a ir ganando el consenso antes de la elección y después. Soy una persona que consensúa mucho y me tengo fe para lograr acuerdo.

—¿Y por qué De la Rúa no logró?

—Son caracteres distintos. De la Rúa se encerró mucho en su propia realidad y no veía lo que estaba pasando.

—Usted se definió como un “torazo en campo ajeno”...

—(Interrumpe)... eso fue cuando me chiflaron en Maipú.

—Casualmente, ¿ese acto con Kirchner lo turbó?

—A nadie le agrada que lo chiflen, ¿no? Pero era un grupo reducido, identificado. A los dos días volví a un acto, ahí en Maipú, y la gente que estaba me aplaudió.

—Pero ya no eran peronistas como en el acto con Kirchner. ¿No teme que ése sea un presagio de lo que le suceda con los peronistas si es presidente del Senado?

—Pienso que no.

—Sería el primer radical en presidir el Senado.

—Y el primer vicepresidente en la historia de Mendoza. Siempre hay una primera vez.

—Dijo Cristina Kirchner en el Congreso de Filosofía: “Ahora los gobernantes en América latina se parecen a los gobernados”, mientras usted adhería desde la primera fila y luego resaltó esa frase como una de las más destacadas. Explíqueme por qué le gustó y qué significa.

—Bueno, porque al ver las críticas que yo recibo por ahí, “que soy un hombre común”, “que siendo gobernador tendría que ser destacado”... bueno, uno es así. Lo cierto es que los que eligen están buscando figuras que se parezcan cada vez más a ellos mismos

—Como usted dice, podría ser una persona común, pero Cristina claramente no lo es y está por arriba del promedio.

—Bueno, pero ése es el concepto que ella está expresando.

—¿No teme que, ante el menor gesto de autonomía, Cristina o sus representantes lo traten como ella trataba a Scioli antes de que descubrieran que era el mejor candidato para la provincia de Buenos Aires?

—No, no. No lo tengo.

—¿No cree que las múltiples denuncias de corrupción, sumadas a la crisis energética, abran las puertas de un ballottage?

—Hoy por hoy, no. A ver, creo que la comida no se juzga por un café. Hay un conjunto de situaciones que pondera la sociedad y creo que a la hora de votar, más allá de que estas cosas obviamente a nadie le gusta que le pasen, hoy por hoy, no inclinan la balanza.

—Faltan tres meses para las elecciones: ¿estaremos en el café, en el postre o todavía con el plato principal?

—Hay un proceso, obvio que en toda elección, y más en elección a presidente, se potencia todo. Hay que estar preparado, acorazado, y salir a defender la situación en cada uno de los casos.

—¿Se acuerda de los últimos tres meses de Alfonsín?

—Sí, un fracaso porque se tuvo que ir antes, pero en el promedio, sacando el café digamos, Alfonsín hizo un buen gobierno, por lo difícil que era.

—¿Y no teme que a Kirchner, como a Alfonsín, también se lo termine juzgando por lo que usted denomina el café?

—Bueno, son dos cosas: el gobierno y el candidato. Uno puede decir: “Yo hice un buen gobierno”, pero el candidato que viene no enamora al electorado, creo que (en el caso de Alfonsín) hubo una responsabilidad del candidato (Angeloz).

—¿Dónde estaba usted el 19 y 20 de diciembre de 2001?

—Era decano de la Facultad, con suma preocupación. Me acuerdo que había unos chicos en Alemania, becados, y me estaban esperando allá. Me insistían que me mandaban el pasaje por Chile, y yo les decía: “Imposible, nos estamos quedando sin país, yo de acá no me muevo”. Así que, bueno, siguiendo obviamente como todo argentino qué es lo que pasaba a cada rato cuando cambiábamos de presidente o cuando veíamos cómo el país se deshilachaba

—¿Mendoza resistió mejor la crisis que el resto del país?

—Fue similar. Por ahí la ventaja que tiene Mendoza es la cercanía con Chile, y la conveniencia que tiene para los chilenos el paso hizo que Mendoza fuera saliendo más rápido de la crisis. Mendoza, a su vez, tiene un pueblo trabajador por su historia. Nos ha costado transformar este desierto, el desierto en oasis, así que Mendoza siempre se recupera más rápidamente, mérito del pueblo.

—Mendoza es una de las provincias más ricas de Argentina. ¿Qué porcentaje del producto bruto total genera Mendoza?

—Estamos en 4%.

—¿Y por qué Mendoza tuvo grandes casos como Giol, Grecco, el Banco de Mendoza y otros?

—Fueron consecuencia de malas administraciones y por ahí del sector privado, que tampoco ha acompañado como corresponde. Claro, nos complicaron las deudas, porque Mendoza no era una provincia endeudada. A mí me tocó renegociar parte del Bono Aconcagua y lo hicimos bien. Pero la fortaleza de Mendoza está en la gente, en el trabajo.

—En un momento la provincia amagó un desarrollo industrial muy importante, pero los altos precios de los commodities parece que volvieron a colocarla en un plano esencialmente agroexportador y agroindustrial.

—Estamos pensando en una Mendoza logística, una Mendoza que hilvane bien todos los puertos del Pacífico, por eso estamos haciendo muchas obras de infraestructura, estamos haciendo doble vía desde San Luis, que ya tiene doble vía, para transformar esto en un corredor importante con el Paso Pehuenche, los dos pasos más importantes los va a tener Mendoza: el Pehuenche por Malargüe, que está totalmente en ejecución, y el Cristo Redentor, que lo estamos mejorando. Así tendremos una logística internacionalizada. Tenemos que brindar competitividad al sector productivo porque uno de los temas más importantes del país son los costos logísticos, que son muy grandes.

—¿Mendoza mira al Pacífico?

—Sí. Todos han mirado siempre a Buenos Aires, por eso nosotros hemos tenido una mejor relación regional con Chile que nacional.

—¿Por qué la Argentina no logra atraer más inversores del exterior?

—Creo que el sector empresario es el que tiene que generar las riquezas, el trabajo, la inversión. Y desde el Estado, hay que acompañar, hay que establecer bien la relación contractual. Desde el Estado, brindarle las obras, servicios, el crédito, lo que necesita el empresario para desarrollar su actividad, y el recurso humano: capacitación y profesionalidad. Cuando uno va a invertir, ¿qué busca? Busca una mano de obra buena, o busca técnico, o busca especialistas y busca servicios, y busca caminos asfaltados. Por eso desarrollamos en Mendoza un programa que se llama Mendoza Productiva, definimos siete anillos productivos con estos componentes: obras, servicios, capacitación, créditos y articulación. Y muchos planes sectoriales, el Estado es el que, de alguna manera, debe definir y trabajar en conjunto, también con el sector privado, en la planificación de los sectores: agrícola, ganadero, maderero, inmueble, en la uva...

—¿Cómo es su relación con los empresarios?

—Es una relación buena.

—¿Cree que, así como en la política de medios, hay necesidad de producir cambios en la relación con los empresarios, que es otra de las asignaturas pendientes de este Gobierno?

—Sí, siempre. A ver, uno tiene que tratar de tener buena relación con todos los sectores, pidiéndoles el esfuerzo a los que más tienen. Creo que, en lo que es la distribución de la riqueza, son asignaturas tanto del Estado como del sector empresario. Porque cuando hablamos de riqueza, el Estado también tiene que llevar mejor educación, tiene que llevar salud.

—¿Qué cree que Cristina va a modificar sobre este gobierno?

—Puede tener una visión más internacionalizada de Argentina. Los trazos gruesos de la campaña los vamos a definir pronto.

—¿En dos semanas lanzan la fórmula?

—Creo que el 14 va a ser la conjunta.

—¿Cuál es su propuesta?

—Mi propuesta es que creo que hay que trabajar en tres ejes: profundizar una mayor institucionalidad, desarrollo económico y la inclusión social.

—Deme un párrafo de cada una de ellas.

—Institucionalidad: velar por un país más federal, modificando la relación Estado nacional-provincia con medidas de control, evaluación y ponderación. Se puede empezar por fondos específicos que hoy los maneja Nación, como temas viviendas u obras viales, eso podría ser un principio y una buena señal. Desarrollo económico: dentro de esto hay un punto de partida positivo: una balanza comercial positiva, pero hay que planificar más los sectores de nuestra economía, el sector ganadero, por ejemplo, para ver bien qué es lo que podemos hacer.

—¿Qué cambios propondría?

—Es que uno tiene que saber en cada una de las cosas cuál es la realidad del sector, qué es lo que está faltando, cuál es la visión compartida del sector empresarial y del Estado. Hay sectores que requieren una cosa y hay sectores que requieren otra cuestión. Me parece que en un trabajo conjunto, Mendoza tiene muchos modelos de participación como Pro Mendoza Público Privada, el Instituto de Desarrollo Rurales, el Instituto de Desarrollo Industrial, y nos fue bien trabajando en conjunto. Entonces, a lo mejor ese modelo uno lo podría irradiar hacia Nación

—¿Y el tercer punto?

En lo que es inclusión social, uno tiene que hablar de educación, de seguridad, de distribución del ingreso, de trabajo. Se dismuyó el desempleo pero, ocurre en Mendoza, hay trabajo informal.

—Algunos economistas opinan que en el nuevo gobierno será necesario modificar varios elementos del actual modelo, por ejemplo: reducción de los subsidios, una política de control de la inflación diferente, y una actualización de las tarifas de servicios públicos. ¿Qué opina?

—Un ajuste del modelo es un acomodamiento de variables. En mi provincia, me tocó aumentar dos veces el boleto. Y uno, claro, piensa: “Se va a armar la hecatombe”. Esto hay que hacerlo de forma gradual. Si a la gente le dice: “Vamos a tener mejor servicio en transporte, el micro va a pasar limpio, nuevo, que no contamina y con determinada frecuencia”, lo acepta. Cuesta mucho convencer cuando el servicio sigue siendo malo.

—¿Le tocó aumentar, además del transporte, la luz?

—Sí y ahora en Obras Sanitarias estamos en audiencia pública para un aumento del 20%.

—¿La inflación en Mendoza fue igual o superior a la nacional?

—Es una de la más altas del país. Pero creo que es producto de la reactivación. Creo que llevamos un acumulado del 9% al 10% hasta ahora, que es alto, y se pronostica un 15%.

—O sea, 6 puntos por arriba...

—(Interrumpe)... del año pasado. Pero digo que los porcentajes de ponderación son si la gente pierde o no el poder adquisitivo, o si es mayor.

Manzano, Moneta y los medios
—¿Cómo es la situación de la publicidad oficial en Mendoza? ¿Su gobierno distribuye la publicidad oficial entre los distintos diarios ecuánimemente?

—Todos los medios reclaman... pero realmente es una prensa totalmente independiente, le puedo asegurar que con el Gobierno es una relación de empresario a Estado, y tratamos de distribuir con equidad, conforme a determinadas pautas, y creo que hay un marco de entendimiento.

—Si dependiera de usted, un funcionario de medios como Albistur ¿debería continuar o no en un eventual segundo gobierno del Frente para la Victoria?

—Si de mí dependiera, obviamente buscaría una persona de confianza mía.

—Si se le pidiera consejo, ¿usted recomendaría un cambio de política similar a la que dice hacer en Mendoza, donde se distribuya con equidad?

—Por supuesto.

—¿Recomendaría mejorar la relación con la prensa en un segundo turno?

—Sí.

—¿Le gusta que una empresa de medios mendocina, como el Grupo Uno, se haya esparcido a varias provincias?

—Uno trata de que a todo empresario mendocino le vaya bien en su proyecto. Yo creo que hay un tema pendiente: una ley de radiodifusión. Creo que hay que tratar de no concentrar tanto los medios, eso sería bueno también.

—¿Cuál es su relación con Vila y con Manzano?

—Una relación normal, como puede ser con cualquiera de los otros empresarios de medios.

—¿Y con Manzano en particular?

—Poco y nada, nos hemos juntado, hemos tenido audiencia, me he encontrado en alguna inauguración de alguna obra por Tupungato, pero no tengo una relación directa.

—¿Y cuando él fue ministro del Interior?

—Yo estaba alejado de la política.

—¿A qué cree que obedece que recurrentemente mendocinos importantes consideran a los medios un factor de poder y adquieran medios como en su momento Moneta con el CEI?

—Quien maneja medios obviamente tiene poder y lo ideal sería que se concentraran en esa única actividad porque por ahí se presta a malas interpretaciones.

—¿Cómo fue su relación con Moneta?

—No he tenido relación tampoco. Me llamó una o dos veces cuando asumí para terminar algún tema que estaba pendiente del Banco de Mendoza. No me acuerdo qué resolución sacaba, algunas cosas las dimos, otras no. He hablado una vez o dos por teléfono.

—¿Cómo tratan a su gobierno los diarios “Los Andes” y “Diario Uno”?

—Los dos mantienen total independencia, por ahí uno ve una seguidilla de noticias que no le agrada pero es indistinto uno con otro.

—¿Alguno de los dos diarios interpretó mejor su gobierno?

—Esporádicamente uno y esporádicamente otro.

—¿Fueron igual de críticos?

—Sí, y demasiado.

—¿Qué piensa de la relación de Kirchner con los medios?

—A mí también me ha costado alguna expresión hacia los medios porque a veces cuesta rectificarse: las noticias salen en primera plana y si hay que rectificar algo salen por ahí escondidas. La sinceridad que tiene Kirchner, sé que no cae bien. A veces pasa en la relación con los medios, cuando uno ve que se está interpretando la realidad de una manera distinta. El se enoja.

“Voté a López Murphy en 2003”
—En 2003 usted fue elegido gobernador como candidato del radicalismo pero también de Recrear, de López Murphy. ¿Cómo se lleva hoy con él, que es tan anti K?

—Ayer lo saludé en un programa pero en 2003 la decisión de que yo fuera candidato a gobernador también por Recrear no fue de él sino más una decisión de los mendocinos. Fue más casero el asunto, no es que hicimos algo estratégico con López Murphy, fue una cuestión más local.

—Pero los partidarios locales de López Murphy tienen afinidad con López Murphy.

—Sí, pero quien estaba entonces después se fue, renunció al partido, y alguna gente (de Recrear), muy poca, está trabajando en mi gobierno.

—¿Por quién votó usted para presidente en 2003?

—Por López Murphy. El Comité Provincial nos había dado libertad de acción para no votar a Moreau, cosa que ahora nos costó la intervención.

—Y como López Murphy había sido radical hasta las elecciones anteriores, le resultó más digerible que votar a un peronista. Pero también Carrió había sido radical hasta la misma fecha. ¿En algún momento dudó de votar a Carrió?

—Sí. La veía como una persona con muchos principios, lo que pasa que por ahí es muy pesimista sobre el futuro.

—¿Y hoy se siente más cerca de López Murphy que de Carrió?

—Estoy en el medio.

—¿Son más diferentes entre sí de lo que eran hace cuatro años?

—Así es. Pero quiero aclarar que en 2003, cuando después surgió la opción de tener que votar entre Kirchner y Menem y me preguntaron a quién votaría, dije: “Kirchner”.

—¿Se le pasó por la cabeza que iba a ser uno de los más oficialistas de la fórmula que no votó?

—No. Nunca. Nunca.

—¿Qué contradicciones le genera la situación en su entorno familiar?

—Al no haber transitado una historia política, mi familia no está, de alguna manera, preparada en todas estas cosas. De todas maneras, mis hijos son grandes y la que queda que me “banque” es mi señora.

—Su papá era peronista.

—Sí, funcionario de Martínez Baca.

—¿Y su radicalismo de dónde vino?

—Mi radicalismo lo formé en el año ’91. Yo voté a Allende en el ’83.

—¿Y se afilió en el ’91?

—Sí, porque en la Universidad estaba más proclive al radicalismo. Yo era muy joven, estaba recién recibido, me dieron la oportunidad sin preguntarme si era radical, de ocupar un cargo –fueron 6 meses– de gerente en realidad (no lo menciono como un cargo político). Ese gesto lo ponderé. Después, ganó Bordón y yo podría haber vuelto a la planta, pero renuncié y me fui, aunque quedé cerca del radicalismo por esa historia.

—Usted se afilió al radicalismo en uno de sus peores momentos.

—Así es. Y fuimos a una interna, en ese momento las internas eran cerradas, y estaban Fayad-Genoud, yo miraba mejor a Fayad, entonces nos afiliamos, fuimos a la interna, se ganó la interna y se perdió en la reelección.

—¿No hay radicales en su familia?

—Tengo dos hermanas licenciadas en Ciencias Políticas y ellas eran más bien de izquierda pero ahora son radicales. Una de ellas, Alicia Cobos, fue en la época de Felipe Llaver la primera subsecretaria de Educación.

—¿Sus padres viven?

—Mi padre falleció en el ’91 y mi mamá tiene mal de Alzheimer. Ninguno de los dos ha podido darse cuenta de que el hijo llegó a gobernador.

—Votó por De la Rúa, supongo...

—Sí.

—Cuando empezaron a surgir los radicales K, usted señaló que Kirchner venía a hacer lo que la Alianza no pudo. ¿Néstor Kirchner es “un De la Rúa con más habilidad y poder”?

—Después de la crisis, la gente nos decía: “¿Por qué no se pondrán de acuerdo los políticos y que se respeten independientemente del color político?”; nos pusimos en ese sentido. Las cosas que esperaba la gente de la Alianza las concretó el presidente Néstor Kirchner.

—¿Kirchner era el presidente que hubiera deseado para la Alianza en 1999?

—Sí. Así es.

—¿El error de De la Rúa fue continuar la convertibilidad?

—Sí, exactamente. No aumentar los impuestos, teníamos que generar más competitividad para el sector interno. Pero bueno, era una decisión difícil y alguien dudaba en tomarla.

—Bordón, el otro gobernador mendocino que compitió en una fórmula presidencial con posibilidades de éxito, también para acceder a esa posibilidad tuvo que romper con su partido, en su caso el peronismo para pasar al Frepaso. ¿El cambio de partido es un karma de los mendocinos con aspiraciones ejecutivas electivas a nivel nacional?

—A todos nos cuesta saltar el cerco pero a veces, cuando ve que las acciones de otros, como el caso nuestro de intervenciones tras intervenciones, y no poder ni avanzar… Pero para mí es una etapa ya superada. Bordón fue un buen gobernador, tengo una buena relación con él, lo apoyamos y lo apoyó el radicalismo en el acuerdo que hizo Bordón con Fayad en su momento, lo voté en su posibilidad, pero ya creo que cumplió una etapa en la historia argentina.

Alfonsín y la transversalidad
—¿Por qué el radicalismo está en crisis?

—Lo está manejando desde hace mucho tiempo la misma gente. Mandan, no conducen, y no se ha respetado la opinión, ni siquiera, de los que estamos gobernando.

—Antes usted rescató la presidencia de Alfonsín (ver reportaje), ¿critica a Alfonsín como conductor de la UCR?

—Hay tiempo para todo. Creo que uno lo que tiene que formar no son seguidores sino nuevos líderes. Alfonsín siempre ha estado como un padre protector, guiador e indicador.

—¿Le critica que se haya quedado demasiado tiempo?

—Y, sí.

—¿Acepta que la identidad peronista es la más potente de la historia argentina?

—Sí.

—¿Kirchner es o no es peronista?

—Es una de las expresiones del peronismo. El peronismo tiene muchas, como lo tiene todo partido grande, el radicalismo también, desde socialdemócratas hasta liberales, caso López Murphy, Carrió. Bueno, en el peronismo se da exactamente lo mismo.

—¿Cree que la transversalidad terminará con los dos principales partidos políticos?

—Yo tengo otra idea y pienso más en el modelo chileno. En notas que me hacían periodistas extranjeros, en épocas de vendimias nos visitan muchos periodistas de países vecinos, les costaba interpretar el bipartidismo de peronistas y radicales, porque en principio nos ven parecidos.

—En los Estados Unidos también el bipartidismo de demócratas y republicanos tiene superposiciones.

—Claro, pero yo lo digo al revés. Los radicales y los peronistas son más bien partidos populares parecidos en muchas cosas, diferenciados en otras. En Chile tienen más la expresión ideológica de la derecha y de la izquierda, entonces les cuesta entender cómo el bipartidismo eran peronistas y radicales, que nacieron de un tronco común. Allá los unió Pinochet. Acá no se da esa situación.

—¿Usted cree que está naciendo algo nuevo?

—Y... algo nuevo está naciendo...

—¿Qué es eso que estaría naciendo?

—Mire, cada vez que se habla de un tercer movimiento o algo así, después ha fracasado. Así que hay que mirarlo con prudencia, con expectativa, pero estamos viviendo un cambio de época, me parece.

El dique de Kirchner
—Tales de Mileto le atribuye al agua el origen de todas las cosas, ¿decidió estudiar y especializarse en ingeniería hidráulica porque el agua lo motiva especialmente o por cuestiones prácticas?

—Primero me recibí como ingeniero en construcciones, en esa época estaba todo más orientado al cálculo de edificio, al cálculo estructural, y no teníamos una muy buena formación en el tema de hidráulica.. Así que, bueno, me apasionó porque el universo, la naturaleza y todos los fenómenos físicos o químicos como el comportamiento del agua son muy complicados.

—El fundamento de la hidráulica es el principio de Pascal, que establece que la presión aplicada en un punto de un fluido se transmite con la misma intensidad a cada punto del mismo. ¿Cómo aplica ese principio en la política?

—Cuando uno dice: “Si hago esto acá, lo puedo irradiar a todo lo demás”, sería el principio de Pascal. Eso es lo que intentaremos. Las cosas que hemos visto, que han funcionado en Mendoza, esparcirlas al país.

—La hidráulica es una rama de la física y la ingeniería que se relaciona con el estudio de las propiedades mecánicas de los fluidos ¿El ser un experto en medir y calcular presiones y fuerzas lo ayudó a comprender antes que a otros gobernadores el método Kirchner de construcción de poder y acercarse a él?

—Creo que el haber ganado con poco porcentaje, y sobre todo en Mendoza: él siempre recuerda que en Mendoza lo votó sólo el 9%, sabía que una de las debilidades que tenía que transformar en fortaleza era recuperar la autoridad presidencial que se había perdido. Por eso, cuando se lo califica de hegemónico o de autoritario, yo siempre he dicho que en este país si no actuaba de esta forma hoy Kirchner no sería presidente. En una segunda etapa tiene que distribuir. Le voy a poner otro ejemplo de la hidráulica. Mendoza tiene ríos que tienen origen en la nieve, es decir que normalmente el agua que transita es producto de que caiga nieve que escurra y que después con las temperaturas se derrita. Como tenemos el agua escasa, construimos presas, de manera que lo que hace la presa es en invierno acumular el agua como si fuera un almacén porque no la necesitamos regar para nuestros cultivos, y acumulamos esa agua en la presa para luego distribuir en verano. Eso es lo que ha hecho Kirchner: acumular, acumular agua, y en esta etapa creo que hay que distribuirla.

—¿A los efectos de la hidráulica, Cristina sería el verano?

—Claro.

—Newton afirma que la aceleración de un objeto es proporcional a la fuerza neta a que está sometido. Estos cuatro años de Kirchner han sido frenéticos: ¿cuál fue la fuerza que produjo esa aceleración: la crisis 2001/2002 y la necesidad de recuperación, el vacío de poder que dejó la crisis u otras?

—Yo creo que a Kirchner lo motivó el desafío, él me dice: “Si yo hubiera arreglado el tema de la deuda, hoy no estaría acá”. Creo que eso lo motivó y lo encaminó para actuar con ese comportamiento hiperactivo y por inercia continua de esa misma forma. El tuvo que salir con un discurso político muy fuerte porque era difícil sentarse en la negociación con otros países por el tema del default. A Kirchner le gusta la economía, la sigue de cerca.

—¿A usted le gusta la economía?

—No, no tanto.

—¿Qué opina de Lavagna como ministro?

—Como ministro, muy bueno, eso lo reconocí cuando él se fue en una carta que le mandé. Si bien tuve encontronazos con Lavagna, porque cuando yo empecé a negociar la deuda de Mendoza él quería que primero se negociara la deuda externa argentina, porque nosotros en realidad no estábamos en default. Para mí era más difícil negociar la deuda pero bajé los intereses a la mitad, fue una buena negociación y al principio Lavagna no me apoyaba en esto, hasta que un día hablo con el jefe de Gabinete, y me dice: “Yo lo voy a negociar o negociar”, y me dieron de alguna manera luz verde y, aunque no me la hubiesen dado, yo lo hubiese hecho igual. Pero era distinto hacerlo. Después sí tuvimos un trato fluido con Lavagna porque Mendoza sorteó tres juicios en Nueva York y eso le permitió jurisprudencia a la negociación, o sea que vino bien.

—¿Lavagna es un buen candidato para la UCR?

—Creo que no. Fue un buen ministro de Economía, no sé si tiene ganas de ser presidente.

—¿Lo siente radical?

—No. El ha dicho que es peronista, no un tipo por ahí de fuerte impronta peronista, por ahí más abierto, una persona respetuosa, yo no tengo nada que decir.

—Es conocida la metáfora sobre el efecto que produce la rotura de una presa de agua: produce en cadena la ruptura progresiva de todos los diques que continúan. ¿Se podría decir que al Gobierno le está sucediendo lo mismo, primero las elecciones de Misiones y luego las de la Ciudad de Buenos Aires y Tierra del Fuego, Skanska, la “bolsa” de Miceli, la crisis energética, la inflación?

—No se ha roto una presa, si se rompe una presa no queda nada abajo. Lo que puede haber es alguna pérdida por infiltración, que eso se produce en todo tipo de presa.

—¿No teme que la “infiltración” termine rompiendo la presa?

—No, no tengo miedo de que se rompa la presa


http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0188/articulo.php?art=2140&ed=0188



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