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15 de agosto de 2008

Los “sí” y los “no” de la pampa húmeda


Los “sí” y los “no” de la pampa húmeda

07/23/2008 - 12:19:00
Autor: Orlando Barone






¿Por qué no nos detenemos en la partícula negativa “No”? Hay tratados sicológicos acerca del “no”, tan de moda actualmente a partir del gran “no” de Cobos acompañado de otros “no” cuantitativos. La sicología suele considerar la patología del negativismo como un manierismo. El riesgo del que lo padece es que implica la ejecución de acciones opuestas a las demandadas. La de hacer lo que no se quiere o no se debe. Ay , si hubiera dicho que sí, pero dije que no. Y ya es tarde.

Entre un si y un no hay un abismo. Por decir siempre “no” las solteronas antiguas se apagaban vírgenes. Es probable que esa partícula negativa sea una irresistible tentación narcisística. Da un halo más inobjetable que el si. El “si” luce remolón y gratuito; el “no” presume ser pensado e insobornable. Por adicción al “no” hasta los bebés se malcrían negándose a tomar la sopa y se hacen expertos. Y si de grandes ejercen en política están en la “Oposición”, porque el “si “ del oficialismo los aburre. Para ser “oficialista” en política, o hay que militar; o hay que ser temerario y asumir el riesgo de ser mirado con sospecha. Para ser “Opositor” también hay que ser militante; o hay que ser cómodo: porque negando se luce independiente del oficialismo. La ventaja es que ser oficialista de la oposición no merece la desgracia que supone ser oficialista del oficialismo.

Hace unos años se publicó un famoso libro de autoayuda, de Walter Riso, que se titula “Aprenda a decir No” y que se recomienda para aumentar la autoestima.

Hay que tener cuidado con abusarse de ella porque de tanto mover la cabeza negativamente uno puede llegar a parecerse a un péndulo de sistemática monotonía. También de tanto decir “ Si” abunda el género de las mujeres de camas ligeras. Y el de los alcahuetes.

Pero ahora es el “No” el que intensificó su reinado. Nótese esta paradoja ambiental: ¿Por qué si la pampa húmeda es fértil y fecunda, y rinde buenos negocios, es tan proclive al “no” en vez de al “sí”? Cualquiera podría deducir que quien es favorecido por los hados de la fortuna estaría más propenso a la aquiescencia que a la resistencia. Pero por alguna razón – no sé si derivada del paisaje solitario- a la cultura campestre no le gusta el sí. Lo niega. Si llueve mucho no, si sale el sol mucho tampoco; no, si cae granizo; no, si se atrasa el verano y no si crece el arroyo.

Borges había descubierto que el paisano o el hombre de campo frecuentaba el diminutivo para esconder alguna ventaja. El paisano dice “patroncito” para conseguir un beneficio que excede al que le corresponde. O dice que gana “poquito” para escabullir el bulto. O dice que se toma un “matecito” y se toma el equivalente de veinte pavas de agua y cuatro kilos de yerba. Es que en la pampa húmeda- por su misma abundancia- se acuñó el concepto de retacearla. Por las dudas los forasteros se tienten.

En esa cultura, el “sí” contiene una enzima delatora.


http://www.continental.com.ar/noticias/637697.asp

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