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5 de septiembre de 2008

LA CULTURA DE LAS CLASES MEDIAS - LA CLASE MEDIA Y ALTA


NOTAS Y VIDEOS
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Jueves, 31 de Julio de 2008 Hoy

EL PAIS › REFLEXIONES SOBRE LA DISPUTA RURAL

Enigmas y desafíos tras el conflicto



Opinión

La cultura de las clases medias


Ana Wortman *


Entre los múltiples temas que salieron a la luz junto con el larguísimo conflicto que se desató en la Argentina a propósito de la implementación de las retenciones móviles estuvieron presentes, en forma intermitente, las enigmáticas clases medias argentinas.

En las formas de representación de la realidad promovidas por los medios, en particular televisivos, las clases medias opinaron generalmente en contra de la medida, descalificándola más a partir de supuestas actitudes personales de la Presidenta que del contenido conceptual de la ley: el sentido común estuvo a la orden del día.

Esta sumatoria de tergiversaciones y prejuicios suscitadas a partir de una medida económica sectorial nos invita a formularnos una sucesión de preguntas. ¿Por qué las clases medias en general se pusieron del lado del mediáticamente llamado “campo”? ¿Por qué descalifican más a los malos dirigentes de los sectores populares que a los dirigentes de las organizaciones de poder económico? ¿Qué hay en la imagen de CFK que despierta tantas pasiones, negativas en su mayoría? ¿Por qué los medios de comunicación, en su mayoría, se apoyan en un cierto sentido común de las clases medias para erosionar el consenso al Gobierno legítimamente elegido en 2007? ¿Por qué se adopta un tono moral para reivindicar a las clases medias como exponentes de la libertad de conciencia y descalificar por inmorales a los sectores populares “manipulados” que asisten a los actos del Gobierno?
Responder a todas estas preguntas supondría la realización de una serie de investigaciones, aquí sólo vamos a hacer referencia a una hipótesis en torno de la primera pregunta: la adhesión casi primitiva al “no” de Cobos, como ejemplo de la libertad individual y de no sumisión, y la identificación primaria con la convocatoria de la Mesa de Enlace en el Monumento de los Españoles en contra del debate parlamentario junto con las clases sociales que aquélla representa: las viejas y nuevas clases dominantes.

Es notable –o no tanto para mis ojos de socióloga– el posicionamiento ideológico explícito de estas nuevas clases medias en relación con el conflicto entre el Gobierno y entidades rurales representativas de intereses más poderosos, ya que en realidad esta medida poco tenía que ver directamente con ellas. Lo más llamativo de este enfrentamiento es la presencia mediática de los menos afectados. Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli, de la Federación Agraria Argentina y de la FAA de Entre Ríos, respectivamente, concitaron la atención de las clases medias urbanas y del campo, a partir de su apelación constante y confusa a los llamados pequeños productores y su aparente situación diferente con respecto al resto.

Es importante recordar que la clase media argentina se constituyó a partir de singulares procesos de movilidad social ascendente posibles por la existencia de un Estado que garantizó la educación, la salud y la seguridad social. Es decir que su historia no puede deslindarse de su relación con el Estado. También fueron las clases medias en consonancia con procesos políticos de intensa conflictividad social las que participaron en proyectos de cambio político y renovación de numerosos planos de la vida social y cultural.

Las numerosas clases medias, con altos estándares de bienestar, las más educadas en términos de inserción en el sistema educativo formal medio y universitario, la más importante de América latina, comenzaban a fragmentarse, en una sociedad que tendía crecientemente a la polarización. Debe destacarse en su singularidad su particular vinculación con los proyectos e iniciativas culturales renovando y democratizando la formación de públicos del arte en general.

La Argentina supo tener un vastísimo público de cine, formó tempranamente un masivo público lector ávido de consumir propuestas culturales, a la vez que sensible a los problemas sociales. Este proceso adoptó un giro negativo a partir de 1975. El debilitamiento del Estado, en un contexto del creciente imperio del mercado, incidió en la disminución, fragmentación y emergencia de nuevas cosmovisiones de mundo. La creciente derechización del gobierno peronista de 1974 que finalizó en el golpe militar de 1976 detuvo este proceso de innovación y cambio cultural. Por su parte, la fuerte oposición a la medida en cuestión supone la emergencia de un nuevo ethos, una creencia fuerte en que los proyectos personales deben centrarse casi exclusivamente en ganar dinero y construir un estilo de vida, como diría Bourdieu, fundado en el “deber del placer” y que se manifiesta como rechazo a la intervención del Estado en la regulación del orden social.

Los años ‘90 consagraron lo que ya se había iniciado durante la dictadura. De una sociedad progresista no sólo en el ámbito de la vida cotidiana, sino en el sentido original de la palabra, de una sociedad que vinculaba las transformaciones progresivas en la vida cotidiana con el logro de cambios sociales, se pasó a una sociedad profundamente individualista, donde el valor, el sentido subjetivo de la acción ya no estaría puesto en valores, muchos de ellos vinculados con la cultura y la solidaridad con lo más desposeídos, sino en el logro de objetivos materiales. Históricamente, ser progresista no suponía acceder a cierto tipo de consumos y estilos de vida, sino que fundamentalmente se sostenía en el valor de la emancipación no sólo de la clase, sino del conjunto social. Como dice Bauman, el consumo produce individuos, no genera lazos sociales.

Es sabido que durante la crisis de 2001 las clases medias ocuparon la escena política, social, mediática y sociológica como nunca antes en la historia argentina. Profundamente denostadas por la literatura ensayística de corte nacionalista, estudiadas sistemáticamente por primera vez por Gino Germani y abandonadas después por un exceso de interés por las clases populares, retornan definitivamente, pero ahora con manifestaciones y representaciones diferentes. Si históricamente la Argentina se pensó y se imaginó a sí misma como un país de clase media, este imaginario parecía estar cayéndose.

Contrariamente a lo que suele afirmar alguna literatura que evalúa los acontecimientos trágicos de 2001 como la manifestación de un sentido renovado de la acción política frente a la crisis de los partidos, las identidades y formas de representación, la salida de las clases medias a la calle no supuso una acción política del estilo de los ’60 y ’70 en consonancia con proyectos colectivos: salieron a defender sus ahorros, salieron a defender cierta irracionalidad del consumo en un país semidesarrollado, una clase media ilógicamente endeudada. Y esto es lo que los medios aplaudieron en ese momento, como “espontaneidad” de las acciones de las clases medias, frente a las “manipuladas” e “irracionales” acciones de las clases populares.

Hacer de una sociedad una sociedad exclusivamente consumista incidió en la despolitización y desinvolucramiento de las cuestiones públicas, como lo demuestran el decreciente nivel de participación en los actos eleccionarios. El consumismo está lejos de la participación política, no produce sujetos colectivos. Se podría afirmar que las clases medias han sido cooptadas en lo imaginario por las clases altas, en un proceso inverso al iniciado en los albores del siglo XX. La hegemonía cultural, en el sentido gramsciano de dirección cultural e intelectual, parece haber sido recuperada por las clases dominantes en todas sus versiones. De todos modos, para no ser fatalistas ni apocalípticos, aún siguen manifestándose en formas fragmentarias aspectos emprendedores de las clases medias en el plano cultural en forma autogestionada. Cierto capital social producido por varios años de acumulación de proyectos e iniciativas culturales vuelve a reaparecer, con contenidos renovados que dan cuenta de una cierta reserva cultural sobre la que vale la pena trabajar y recomponer sentidos transgresores del orden social excluyente y un orden político destituyente.

* Socióloga, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).




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LEIDA EN http://porlaliberacion.blogspot.com/

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Jueves, 31 de Julio de 2008 Hoy

Por Guillermo Greco *

Massa, Cheppi, Aerolíneas, movilidad jubilatoria, salario mínimo; pareciera ser que el Gobierno va saliendo del marasmo en que lo sumió el voto de Cobos. La oposición siempre apuntó a banalizar el conflicto por las retenciones. Semejante conmoción, se dijo, fue producto del estilo político de los Kirchner: soberbia, polarización, falta de diálogo, necesidad de hacer caja, etc. Eso fue todo. Ellos, que se envolvían en la bandera nacional, no reconocían que la pelea era por el reparto de la torta. Pero el gran diario argentino del sábado 19 de julio informó que los ruralistas se quedaron con 1250 millones de dólares y que se estima que el Gobierno deberá postergar un aumento a los jubilados, y se plantean dudas sobre la suba del mínimo no imponible de Ganancias. Pero hubo algo más. No fueron golpistas pero sí destituyentes. Si los ruralistas fueran la patria misma nos privan de ser argentinos a todos los que tenemos intereses diferentes de los que tienen ellos y, lo que es peor, pretenden quitarle la argentinidad al mismísimo gobierno nacional. Y lo dijeron con todas las letras: quienes votaran por la posición del Gobierno deberían ser acusados de traición a la patria. Hasta se animaron a amenazar: ¡los traidores a la patria deberían desaparecer!

Los ruralistas nunca quisieron negociar, siempre pidieron la anulación de la Resolución 125. Querían la rendición incondicional del Gobierno. Lo tenía muy claro la Presidenta cuando recordó el fatídico “la casa está en orden” del principio del fin del alfonsinismo. La retención a las exportaciones es una medida de la que ningún gobierno se puede privar, pero, hay que decirlo, la Resolución 125 fue un fenomenal error político. Hay múltiples indicios de que el Gobierno lo sabía: la renuncia de Lousteau, las compensaciones, el reconocimiento de que habían subestimado la capacidad de respuesta de los ruralistas, la justificación de cómo se iba a gastar lo recaudado; lo sabía pero no acertó con la respuesta adecuada y quedó atrapado entre una causa justa devaluada por un error propio y un adversario que no daba ni pedía clemencia. Ya sabemos el resultado de la contienda: el Gobierno a ellos no los gobierna. Si los distintos sectores sociales lograran el mismo privilegio ya no habría gobierno nacional. Y eso es destituyente.

El Gobierno contribuyó a la conformación de una amplia coalición opositora en la que ahora se cobija la clase media. D’Elía y Moreno han sido los mejores convocantes a los cacerolazos. También equivocó las alianzas. Ayer Chacho Alvarez, hoy el kirchnerismo se empeñaron en reflotar a un radicalismo que se hundía por sus propias incapacidades y que, como se ha visto, paga siempre con la misma moneda. El voto negativo transformó al vicepresidente en opositor al gobierno al que pertenece, será héroe o traidor pero ya nunca más radical K, todo cambió, ya nada es lo que era antes. Es que votar es un acto y los actos se miden por sus consecuencias, no por las razones con las que se pretende justificarlos. Es sabido, el camino al infierno está sembrado de buenas intenciones.

Solá y Reutemann votaron en defensa de sus intereses ruralistas. ¿Qué defendió Cobos? El lo dijo: la tranquilidad de su conciencia y de su familia. La banalización del conflicto apunta a ocultar que la oposición no tiene idea de qué es el bien común. Es diferente el caso de Proyecto Sur. Creo que ni sospechan cuán grave fue lo ocurrido en el Senado.

Claudio Lozano también hizo eje en el estilo político del Gobierno y concluyó: ¡Kirchner conduce el justicialismo de los ’90! Es obvio que el justicialismo no es el guardián de la virtud, pero no se pueden ignorar ni las modificaciones que se introdujeron en la Corte Suprema ni la política en materia de derechos humanos. Hay cuestiones que no se pueden pasar por alto tan irresponsablemente.

El voto de Cobos le dio una victoria parcial a un intento de desplegar un modelo agroexportador que, seguramente, hará crecer el producto bruto y en el cual los pequeños productores de la Federación Agraria podrán convivir tranquilamente con los pools de siembra. Pero, ¿cuánto empleo generará? ¿Cuántos argentinos sobran en ese granero del mundo? Cuando De Angelis nos dijo que el lomo se debería vender a 80 pesos el kilo, nos anticipó cuál es el futuro con el que sueñan los ruralistas: el mercado interno de alimentos y energía deberá regirse por los precios internacionales, y los que no tengan ingresos suficientes para acceder a esos consumos, que les pidan ayuda a Caritas o a Miguens por medio de Castells. Además, quedaremos sujetos a los cambios de precios de los alimentos en el mercado internacional, sobre los que no tendremos ninguna incidencia, o a las variaciones climáticas o la devaluación del dólar que, como es sabido, se define en otras latitudes. En el sueño ruralista la clase media siempre escupe para arriba.

Pero todavía estamos a tiempo. Hoy los ruralistas pueden anular una medida de gobierno, pero no están en condiciones de imponer su programa al conjunto de la sociedad. Sin embargo, hay riesgos de que el impulso destituyente llegue a impactar sobre la investidura presidencial aun cuando no haya posibilidades de golpe de Estado. El Gobierno está debilitado, la oposición anida en su interior y Buzzi nos recuerda que el conflicto no terminó. Ellos van por todo. Es posible que las elecciones legislativas del próximo año sean definitorias.
* Psiconanalista, participante del espacio Carta Abierta.




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El viernes pasado, segundos después de que el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, anunciara que todo volvía atrás, a Buzzi lo llamaron de un canal de televisión y el periodista, que en estos cuatro meses nunca lo había incomodado, casi lo retó por sus reclamos. “La verdad que no se entiende mucho su planteo”, “¿No era que pedían que se derogara la resolución 125?”, “Me parece que está corriendo el arco”, fueron algunas de las frases del entrevistador que escuchó el presidente de la Federación Agraria.


Fuente: HISTORIA ARGENTINA- VOL IV- PRODUCCION: FELIPE PIGNA

Argentina, el pais de la Oligarquia - parte 1



http://es.youtube.com/watch?v=OdIA4G9ACVY



Argentina, el pais de la Oligarquia- parte 2



http://es.youtube.com/watch?v=bYkBirSGb1A



Argentina, el pais de la Oligarquia- parte 3




http://es.youtube.com/watch?v=3gVbEeoIMbo


Argentina, el pais de la Oligarquia- parte 4




http://es.youtube.com/watch?v=3gVbEeoIMbo


Argentina, el pais que añora la oligarquia-parte 5



http://es.youtube.com/watch?v=sBY_DGaiheA

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