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17 de marzo de 2022

Historia de Argentina y el FMI


¿Qué pasó con la deuda pública argentina desde el "default" de 2001?

La tercera mayor economía de América Latina atraviesa una dura crisis económica empeorada por la pandemia de coronavirus, a casi 20 años de declarar la mayor cesación de pagos de la historia. En DW, una breve cronología.   

2001: Brutal crisis económica, social y política. Recesión. Caída de casi 30 % del PIB. Desempleo de más del 20 %. "Corralito financiero": restricción de la libre disposición de dinero en efectivo de plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorros impuesta por el Gobierno. Cesan los préstamos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Protestas y saqueos, con más de una veintena de muertes. Renuncia del presidente Fernando de la Rúa. 

Mayor moratoria (default) de la historia: el presidente interino Adolfo Rodríguez Saá cesa los pagos de una deuda de 144.279 millones de dólares (que representaba el 53,8 % del PIB, y de la cual el 97 % se había contraído en moneda extranjera, 70 % con acreedores privados, 22 % con organismos internacionales). 

2002: Eduardo Duhalde asume la presidencia. Devalúa el peso en un 60 % tras 11 años de convertibilidad con el dólar. 

2003: Néstor Kirchner asume la presidencia. Firma un acuerdo de stand by a tres años con el FMI. 

2005: Argentina sale del default por 81.800 millones de dólares, tras reestructurar la deuda con el 76 % de los acreedores privados, sin los fondos buitres de Wall Street, con recortes de entre 45 % y 75 %. 

2005-2008: El país pierde financiamiento externo, salvo del Gobierno de Venezuela, que adquirió bonos soberanos por valor de más de 6.000 millones de dólares, a tasas más altas que las del mercado.

2006: Cancela en su totalidad su deuda con el FMI por 9.500 millones de dólares.

Infografik Schulden Argentinien ES

2007: Cristina Fernández de Kirchner (CFK) asume la presidencia.

2010: El Gobierno llega a reestructurar la deuda con más del 90 % de los acreedores privados, sin que se sumen los fondos buitres de Wall Street. 

La deuda externa argentina baja a 164.433 millones de dólares (que representan un 45,8 % del PIB, de los cuales el 59 % se ha contraído en moneda extranjera, el 38 % acreedores privados y el 11 % organismos internacionales). 

2012: Un tribunal de Nueva York falla un reembolso de 4.650 millones de dólares a favor de fondos buitres.

2014: Argentina incumple obligaciones de deuda por casi 20.000 millones de dólares, tras no pagar intereses por 539 millones de dólares.

2015: Mauricio Macri asume la presidencia.

2016: Argentina llega a un acuerdo con los fondos buitres y otros acreedores renuentes y recupera el acceso a los mercados internacionales de deuda.

2018: El peso se devalúa en un 50 % frente al dólar. El Gobierno negocia el mayor rescate en la historia del FMI: 57.000 millones de dólares, a cambio de un severo programa de austeridad. El Banco Mundial concede otro crédito por 950 millones de dólares.

Macri elimina varios ministerios y restablece impuestos a las exportaciones agrícolas, las que más divisas generan. Argentina termina 2018 con 47,6 % de inflación, la más elevada desde 1991.

Infografik Schulden Argentinien ES

2019: Macri aumenta el salario mínimo, reduce el impuesto al valor agregado (IVA) para alimentos y el impuesto a la renta. Congela los precios de los combustibles. El peso argentino sigue depreciándose. Se instaura un control cambiario que limita a 10.000 dólares mensuales la adquisición individual de divisas y restringe las transferencias empresariales al exterior.

En medio de protestas, el Parlamento aprueba una ley de emergencia alimentaria que incrementa los fondos para los más vulnerables.

Macri endurece los controles de cambio para frenar la caída de las reservas, ante la victoria de Alberto Fernández, que asume la presidencia, con Cristina Fernández de Kirchner como vicepresidenta.

2020: Argentina lleva dos años en recesión con una contracción del PIB de 2,2 % en 2019. Tiene al 33 % de su población en la pobreza, una inflación anual de más de 50 % y una deuda externa total de 323.065 millones de dólares, que representa el 89 % de su PIB. 

El 78 % de esta deuda fue contraída en moneda extranjera. Casi 40 % con acreedores privados como Allianz, Fidelity, BlackRock, Northern Trust, AllianceBernstein,  HSBC, Prudential Financial, Ivesco, Ashmore, Eaton Vance, HBK, Monarch, Oaktree, Pharo, Redwood, VR Capital Group, Gramercy, Fintech Advisory, Ashmore. Y 22 % con organismos internacionales como el FMI. El resto se les adeuda a agencias del sector público del propio Estado argentino.

Fernández anuncia que no solicitará el desembolso del último tramo del préstamo del FMI, que queda así en 44.000 millones de dólares. Está en negociaciones con el FMI para replantear los plazos, el capital y los intereses de la deuda. El FMI pide a los acreedores privados una quita parcial de la deuda, para hacerla "sostenible". 

Fernández gira por Europa, recabando apoyo de los Gobiernos de Alemania, Italia, España y Francia para convencer a los acreedores privados de sumarse a un eventual acuerdo con el FMI. Anuncia medidas de emergencia como un 30 % de impuesto sobre las compras y gastos en moneda extranjera.

Abocado a la crisis sanitaria y económica mundial por la actual pandemia de coronavirus, el Gobierno de Alberto Fernández está negociando intensamente con acreedores privados la reestructuración de bonos de deuda emitidos bajo ley extranjera por 66.238 millones de dólares.

Por segunda vez en este siglo, Argentina entra en un default, que las autoridades siguen calificando de virtual porque siguen negociando con sus acreedores, tras incumplir un pago de 500 millones de dólares.

Infografik Schulden Argentinien Timeline ES

(few)

https://www.dw.com/es/qu%C3%A9-pas%C3%B3-con-la-deuda-p%C3%BAblica-argentina-desde-el-default-de-2001/a-53843691

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Quién es responsable de la enorme deuda de Argentina (la más grande de América Latina) - BBC News Mundo

Quién es responsable de la enorme deuda de Argentina (la más grande de América Latina)

  • Veronica Smink
  • BBC News Mundo, Argentina

En 2002 Argentina se declaró en default en medio de grandes protestas.

Cada vez que asume un nuevo presidente, los argentinos escuchan la misma expresión: "la pesada herencia".

Es un eufemismo que utilizan los gobiernos para resumir los problemas económicos que heredan de la administración anterior.

En el caso del actual mandatario, Alberto Fernández, una de las herencias más pesadas que recibió es, sin dudas, la deuda pública.

Apenas asumió en diciembre pasado, Fernández y su ministro de Economía, Martín Guzmán, debieron ponerse a negociar con los acreedores del país para ver cómo afrontan los más de US$320.000 millones que se le deben a bonistas, organismos de crédito y agencias del sector público.

Por ahora, Argentina ha postergado -o "reperfilado", según la jerga local- el pago de algunos vencimientos, mientras busca reestructurar su deuda y evitar una nueva cesación de pagos (o default), como el que se declaró en 2001.

Entre sus principales acreedores está el Fondo Monetario Internacional (FMI), que entre 2018 y 2019 le entregó al gobierno anterior, liderado por Mauricio Macri, uno de los préstamos más grandes de su historia, por más de US$44.000 millones.

Una delegación del FMI llegó a Buenos Aires el pasado 12 de febrero y estuvo negociando una semana a puertas cerradas con el gobierno.

En una presentación ante el Congreso el mismo día que llegaron los representantes de ese organismo, Guzmán afirmó que Argentina tenía "voluntad" pero no "capacidad" de pagar su deuda.


El ministro de Economía, Martín Guzmán, dijo ante el Congreso que Argentina quiere honrar sus deudas pero por ahora no puede.

Por su parte, el FMI afirmó este miércoles, al concluir esta visita de exploración, que la deuda pública de Argentina no es sostenible, por lo que los acreedores privados de la misma deberán hacer una "contribución apreciable" para subsanar este problema.

El gobierno actual culpa al anterior por haber endeudado al país más allá de sus posibilidades.

Sin embargo, representantes del macrismo afirman que debieron buscar financiamiento para pagar "la fiesta kirchnerista", es decir, el alto gasto público que generó un fuerte déficit fiscal durante la administración anterior.

En otras palabras: "la pesada herencia".

Problema histórico

Lo cierto es que si bien es indudable que Argentina atravesó un ciclo de fuerte endeudamiento durante el gobierno de Macri, los problemas no empezaron con él.

Argentina tiene una larga historia de endeudamiento.

El primero que pidió un préstamo en moneda extranjera fue Bernardino Rivadavia, quien fue el primer presidente de Argentina.

Ocurrió antes de asumir ese cargo, cuando era ministro de Gobierno de Buenos Aires, en 1824, cuando Argentina todavía ni siquiera se llamaba así, sino las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El país tardó más de un siglo en poder cancelar esa deuda con la Baring Brothers de Inglaterra por 1 millón de libras esterlinas (de las cuales, tras una serie de deducciones, solo recibió la mitad).

En el ínterin, los sucesivos gobiernos continuaron endeudándose. En 1880 la élite gobernante, conocida como la "Generación del 80", casi triplicó la deuda extranjera, que pasó de 14 a 38 millones de libras.

Ya no solo se le debía a los ingleses, sino también a los franceses y alemanes.


La deuda externa argentina empezó con Bernardino Rivadavia, quien en 1826 se convirtió en el primer presidente del país.

La espiral ascendente continuó. Con la llegada del siglo XX, Argentina debía 78 millones de libras.

La problemática historia con el FMI

Pero las crisis económicas que han aquejado a Argentina en las últimas décadas, y que en 2001 llevaron al país a declarar el mayor default en la historia en ese momento, tuvieron su origen después de la Segunda Guerra Mundial.

Los historiadores apuntan a dos factores que, combinados, resultaron fatídicos: la llegada de los militares al poder y la creación de los organismos multilaterales de crédito.

Si bien el gobierno de Juan Domingo Perón se rehusó a formar parte de los flamantes FMI y Banco Mundial en los años de posguerra, los militares que lo sacaron del poder a mediados de la década de 1950 firmaron el ingreso argentino a ambos organismos.

Durante los tres años que gobernaron, la deuda creció de US$57 millones a más de US$1.000 millones (es decir, se multiplicó por 18).

Pero las cosas empeorarían aún más con el regreso de los militares en los años '60 y '70.

El FMI no solo le prestó dinero a estos gobiernos de facto, también empezó a tener injerencia en las decisiones económicas argentinas.

En solo dos décadas, Argentina pasó a deber 40 veces más.

Un cartel que dice "Fuera FMI" frente al Congreso, en 2018

Argentina tiene una historia traumática con el FMI.

Cuando la democracia finalmente regresó de forma definitiva, en 1983, el país arrastraba una deuda de más de US$44.000 millones.

El presidente Raúl Alfonsín debió afrontar un default ante la imposibilidad de repago a los acreedores externos.

El enorme peso que suponía esta carga fue uno de los principales motivos que llevaron a Argentina a un colapso económico en 1989, obligando a Alfonsín a dejar el poder de forma anticipada.

El "uno a uno"

Lejos de solucionar el problema de la deuda, el sucesor de Alfonsín, el peronista Carlos Menem, llevaría al país por otro período de endeudamiento en la década de 1990.

Para contener una "hiperinflación", Menem decidió fijar la paridad de la moneda local, el peso, al dólar estadounidense.

Esto logró frenar el alza de precios, pero la fuerte demanda por billetes verdes se tornó insostenible.

Así, se agudizó un problema que, según le dijo a BBC Mundo el economista Eduardo Levy Yeyati es "el talón de Aquiles de Argentina": la llamada restricción externa (o falta de acceso a divisas).

El columnista del diario La Nación Joaquín Morales Solá lo resumió así: "En los años '90 se nos ocurrió a los argentinos que un peso valía un dólar, y como no podíamos vivir con los dólares que había, porque no producimos dólares ni tampoco teníamos posibilidad de emitirlos, entonces pedíamos dólares a granel prestados".


La "convertibilidad" -que ató el peso al dólar- le terminó saliendo cara a Argentina.

La deuda se triplicó y superó los US$150.000 millones.

El sucesor de Menem, Fernando de la Rúa, de la Unión Cívica Radical (UCR), duró apenas dos años en el poder antes de que un nuevo colapso de la economía lo obligara a renunciar, en medio de violentas protestas.

En declaraciones a BBC Mundo diez años más tarde, De la Rúa señaló que la gota que derramó el vaso había sido la decisión del FMI de suspender un préstamo acordado con Argentina.

Sin embargo, representantes del organismo defendieron la decisión, señalando que el país debía poner sus finanzas en orden para seguir recibiendo ayuda.

  • El default

En 2001 Argentina declaró lo que, en su momento, fue el default soberano más grande: casi US$145.000 millones.

Cuando se puso fin a la paridad con el dólar y se pesificaron los depósitos bancarios, el peso se derrumbó, perdiendo tres cuartos de su valor frente a la moneda estadounidense.

La deuda en cesación de pagos pasó a representar más del 160% del Producto Interno Bruto (PIB).

Néstor Kirchner

Néstor Kirchner pagó la deuda con el FMI en 2005, poniendo fin a las auditorías del organismo en Argentina.

Pero a pesar del tremendo impacto que tuvo la crisis -que sumió a la mitad de la población en la pobreza- el país logró repuntar en poco tiempo.

La fuerte devaluación del peso tuvo una contracara positiva: hizo que los productos de exportación argentinos se tornaran muy competitivos.

Eso, sumado al precio récord de las materias primas, llevó a un boom comercial que fue aprovechado por el gobierno de Néstor Kirchner, elegido en 2003.

Dos años más tarde, con una tasa de crecimiento cercana al 8%, Kirchner logró acordar con el 76% de los acreedores de Argentina y reestructuró gran parte de la deuda.

También realizó un gesto de fuerte valor simbólico: pagó toda la deuda con el FMI (US$9.800 millones), poniendo fin a la injerencia de ese organismo en el país.

Su sucesora -y esposa- Cristina Fernández de Kirchner, reabrió la negociación con los tenedores de bonos en 2010, aumentando la cantidad de deuda reestructurada al 93%.

Sin embargo, hubo un 7% -los llamados "holdouts", que consistían principalmente de "fondos buitre"- que no aceptaron la quita ofrecida por Argentina.

Por ese motivo, los Kirchner no tuvieron acceso al mercado de capitales durante sus 12 años de gobierno y acudieron a otras fuentes de financiación, como su aliado Hugo Chávez, de Venezuela (que recibió generosas tasas, por encima del 10%, el doble de lo que ofrecía el FMI).


El último ciclo de endeudamiento

Durante el kirchnerismo (2003-2015) la deuda nominal de Argentina siguió aumentando: de unos US$180.000 millones a más de US$240.000 millones.

No obstante, su peso real sobre la economía se redujo drásticamente, llevando a los Kirchner a afirmar que habían "desendeudado" al país.

Esto se basaba en dos cosas: primero, que la relación entre deuda y PIB bajó muchísimo, reduciéndose al 52%.

Pero además, la proporción de deuda en dólares se achicó y empezó a haber más deuda en moneda local (en 2001 solo el 3% de la deuda era en pesos, para 2015 representaba casi un tercio del total).

Eso se revirtió con la llegada de Mauricio Macri. Apenas asumió, Macri acordó pagarle a los "holdouts", reabriendo el camino de Argentina al crédito.

La deuda argentina volvió a dispararse. Para el final de su mandato, superaba los USD320.000 millones.

En relación al PIB, llegó a estar por encima del 90% en 2019, el último año de gobierno macrista.

También la composición de la deuda cambió (de forma perjudicial para el país): ahora cerca del 80% está en dólares.

Y un quinto es con organismos internacionales, como el FMI.


La negociación con "el Fondo"

De hecho, la decisión de emitir títulos de deuda en moneda extranjera -en un país con restricción externa- fue lo que llevó al gobierno de Macri a tener que pedir ayuda al "Fondo", como le dicen los argentinos.

El ministerio de Economía reveló que cuatro de cada cinco de los dólares que le prestó el FMI se utilizaron para cancelar deuda pública en moneda extranjera.

Para Fernández y su vicepresidenta, Cristina Kirchner, se trata de dinero que fue "fugado".

A través de su cuenta en Twitter, la exmandataria acusó al FMI de violar sus propios reglamentos, que le prohíben prestar dinero para financiar una salida de capitales.

El portavoz del organismo, Gerry Rice, rechazó las acusaciones, asegurando que no existió tal violación.

También afirmó que el diálogo entre el gobierno argentino y la delegación del FMI que visitó al país en estos días fue "constructivo".

Según lo que dijo Guzmán durante su informe ante el Congreso la semana última, Argentina necesita primero crecer para poder pagar sus deudas.

El ministro estimó que la economía argentina dejará de estar en déficit recién en 2023, el último año del gobierno actual.

Es por ello que la mayoría de los analistas considera probable que el país busque postergar sus compromisos hasta entonces, quizás también con importantes quitas para los tenedores de bonos.

https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-51540061

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AP explica: la ríspida historia de Argentina y el FMI

Por ALMUDENA CALATRAVAtoday

BUENOS AIRES (AP) — El Senado argentino trata un proyecto de ley que autoriza al gobierno del presidente Alberto Fernández a refinanciar la deuda por unos 45.000 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, con el cual Argentina mantiene una dependiente y a la vez tirante relación desde hace décadas.

La aprobación de la iniciativa, que ya tiene el aval de la Cámara de Diputados y lograría luz verde en el Senado pese a las fuertes discrepancias en el seno de la coalición gobernante, busca que el país sudamericano evite la caída en un eventual cese de pagos, tan frecuentes en su historia, que desestabilice aún más su frágil economía.

¿EN QUÉ CONSISTE EL ACUERDO DE REFINANCIACIÓN CON EL FMI?

Luego de largas y difíciles negociaciones, el gobierno de Fernández cerró el 3 de marzo un acuerdo con el FMI que reemplaza al de 2018, suscrito durante el gobierno del presidente Mauricio Macri (2015-2019). El nuevo programa de Facilidades Extendidas permitirá refinanciar la deuda con el organismo, que asciende a unos 45.000 millones de dólares.

¿POR QUÉ SE CONSIDERA QUE ES UN PRÉSTAMO RÉCORD?

Originalmente el acuerdo del gobierno de Macri contemplaba un préstamo por unos 50.000 millones de dólares, que se amplió ese año a unos 57.000 millones. Pero finalmente Argentina recibió 45.000 millones por decisión de Fernández. Pese a ese recorte es el préstamo más alto en la historia de los créditos acordados entre el FMI y el país.

¿QUÉ SUPONE ESTE NUEVO ACUERDO PARA REFINANCIAR LA DEUDA?

Por el acuerdo de 2018 Argentina enfrenta vencimientos de pagos en 2022 y 2023 por unos 19.000 millones de dólares y 20.000 millones respectivamente, que no puede pagar. Con el nuevo entendimiento esos vencimientos serán solventados con desembolsos del FMI. Argentina gozará de un periodo de gracia de cuatro años y medio para pagar la deuda, lo que implica comenzar a hacerlo a partir de 2026 y hasta 2034.

¿CUÁNDO SE HARÁ EFECTIVO EL ACUERDO?

Una vez que el Parlamento apruebe la ley que está en debate, el directorio del FMI puede respaldar el acuerdo para que entre en vigor. La ley debe ser aprobada antes del 22 de marzo, cuando el país debe desembolsar 2.800 millones de dólares para los cuales no tiene fondos propios.

¿HAY CONSENSO POLÍTICO SOBRE EL ACUERDO CON EL FMI?

El pacto genera rechazo en filas oficialistas y opositoras. Dentro del oficialismo el sector de centroizquierda que responde a la vicepresidenta y exmandataria Cristina Fernández (2007-2015) es muy contrario al FMI porque considera que sus políticas de ajuste han perjudicado a la economía y acentuado la pobreza, que hoy afecta a más de 40% de la población. La izquierda también lo rechaza mientras que la coalición de centroderecha Juntos por el Cambio -a la que pertenece Macri- tampoco lo ve con buenos ojos porque obliga a cumplir un programa económico que no resolvería problemas crónicos. Además, teme el costo político de un ajuste a largo plazo.

¿PELIGRA LA APROBACIÓN DE LA LEY?

La aprobación estaría asegurada porque la mayor parte de la clase política considera que no hacerlo conduciría a Argentina a un nuevo cese de pagos dañando aún más su frágil economía.

¿CUÁL ES LA DEFENSA QUE HACE EL GOBIERNO DEL ACUERDO?

El gobierno sostiene que, además de evitar el cese de pagos, el pacto lograría la acumulación de reservas internacionales, la estabilidad fiscal y un fortalecimiento monetario. Afirma que no conllevará un recorte de las jubilaciones ni una reforma laboral y tampoco inhibirá la incipiente recuperación económica. Pero con el acuerdo Argentina se compromete a reducir la inflación y el déficit fiscal. El objetivo es lograr un déficit primario del 2,5% del Producto Interno Bruto en 2022, del 1,9% en 2023 y de 0,9% en 2024, según uno de los memorandos incluidos en el acuerdo. También incluye 10 revisiones del organismo que se realizarán de manera trimestral.

¿CUÁNDO SE INICIARON LAS RELACIONES ENTRE ARGENTINA Y EL FMI?

Argentina ingresó formalmente al FMI en 1956, durante el gobierno militar de Pedro Eugenio Aramburu (1955-1958), que recibió un primer préstamo por unos 75 millones de dólares. Desde entonces, gobiernos democráticos y dictatoriales han recurrido al organismo de crédito para obtener préstamos y diseñar su política económica pese a ciertos momentos de tensión como los ocurridos durante la década de 1990, bajo la presidencia de Carlos Menem (1989-1999).

¿CUÁNDO SE AGUDIZÓ EL RECHAZO SOCIAL HACIA EL FMI?

Durante el gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001) Argentina recibió un nuevo desembolso millonario que acarreó la obligación de alcanzar un déficit cero en un contexto de crisis, lo que derivó en un cese de pagos histórico, la caída del gobierno y un periodo de desestabilización y aguda pobreza que incrementó el rechazo social al organismo. El país recibió dos ayudas posteriores a la renuncia de De la Rúa en 2002 y 2003.

¿CUÁNDO SE PRODUJO EL DISTANCIAMIENTO CON EL FMI?

En 2006, luego de renunciar a firmar un nuevo acuerdo de financiación dos años antes, el presidente Néstor Kirchner (2003-2007) -antecesor y fallecido marido de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner- quiso terminar con la dependencia de Argentina con el organismo y pagó en una sola vez la deuda contraída por unos 9.500 millones de dólares, tras lo cual se interrumpieron las revisiones que hacía el organismo al país.

¿CÓMO HA SIDO LA ÚLTIMA ETAPA?

En 2016, bajo el gobierno de Macri, Argentina aceptó de nuevo las revisiones anuales del FMI. Dos años después, en medio de una crisis monetaria, se concretó el acuerdo que garantizó el préstamo que hoy se pretende refinanciar. Un informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso basado en datos del FMI indica que Argentina es actualmente el principal deudor, con más de 29% del total de los 146.450 millones de dólares que el Fondo mantiene como stock de préstamos.

https://apnews.com/article/noticias-2833d1fc21d146fa7266be271e4ccc6d


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Discurso de Néstor Kirchner sobre el pago al FMI

15/12/2005

 

Tenemos la firme convicción de superar la Argentina de los viejos y recurrentes problemas.

 

Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política, sabemos que ésta es la oportunidad del cambio, de la transformación profunda. El cambio que puede consolidarse no depende de una persona, ni de un grupo de elegidos o iluminados; es tarea colectiva, diversa, plural.

 

Somos conscientes de estar transitando un momento histórico  fundamental y estamos decididos a ser protagonistas de este cambio de época. Nos han educado durante mucho tiempo para la impotencia,  para el no se puede, nos quieren hacer creer que lo nuestro nada  vale, que no tenemos la capacidad o la constancia para valernos  como nosotros, como país.

 

Nos quisieron meter en el alma la certeza de que la realidad  es intocable, nos quieren convencer que son tan grandes las  dificultades que es mejor que nada cambie. Quieren hacernos creer que no hacer nada nuevo es la única opción realista.

 

Creemos, sin embargo, que nuestro futuro será hijo de nuestra  capacidad para articular respuestas colectivas y solidarias de  nuestro compromiso con la defensa del interés conjunto. Intentando  superar el infierno en que caímos, sabemos que estamos recuperando  la esperanza y que debemos adueñarnos de las herramientas para  construir nuestra autonomía.

 

Para dar continuidad al cambio se deben superar de raíz los  problemas de arrastre, creando las condiciones para una estrategia  de desarrollo a largo plazo.Un problema de arrastre central y  condicionante, es nuestra deuda.

 

En el día de la fecha, hemos tomado las decisiones  institucionales, que nos permitirán destinar nuestras reservas de  libre disponibilidad al pago de la deuda total con el Fondo  Monetario Internacional. Hace 50 años que viene siendo  motivo de nuestros desvelos.

 

La República Argentina abonará anticipadamente al Fondo  Monetario Internacional, a fin de año, la suma total adeudada de  capital de 9.810 millones de dólares. Nuestros vencimientos para  el 2006 sumaban 5.082 millones de dólares; en el 2007 ascendían a  4635 millones de dólares, para complementar en el 2008 unos 432  millones, de igual moneda, anticipando de este modo nuestros pagos  para la cancelación total, concretamos un ahorro en intereses de  casi mil millones de dólares.

 

Como el costo de financiamiento con el organismo supera el  rendimiento obtenido por colocación de las reservas, la diferencia  se incluye en aquel ahorro directo. Al destinarse el pago de  reservas de libre disponibilidad se garantiza un efecto monetario  neutro.

 

La medida puede adoptarse en función de la solidez que el  modelo de producción, trabajo y crecimiento sustentable, con  inclusión social, que venimos aplicando va adquiriendo. Sin apoyo  alguno del Fondo Monetario Internacional y sobre la base de la  sustentabilidad del superávit fiscal y externo que mantenemos, así  como la solvencia económica lograda.

 

A su vez la magnitud de este fuerte desendeudamiento, junto  con el nuevo perfil de la deuda que ya hemos reestructurado,  contribuirá al fortalecimiento y la previsibilidad del proceso de  recuperación, expansión y transformación, que venimos  protagonizando los argentinos.

 

Sobre la base de la solvencia fiscal, la sustentabilidad  externa, la flexibilidad cambiaría, una política monetaria  prudente, predecible y transparente y una política financiera  sólida y anticíclica, podemos dar este paso que contribuirá a su  vez a reafirmar un ambiente económico previsible.

 

Podemos hacerlo por la continuidad del notable esfuerzo en  materia fiscal, que permite dar consistencia a sucesivos  superávit, como por el dinamismo exportador creciente, que permite  contar con superávit comercial y dar cuenta corriente de la  balanza de pagos, que contribuya a la generación de un ambiente  macroeconómico estable. Podemos hacerlo porque hemos acumulado  reservas que llegan casi o ya están llegando a los 27.000 millones  de dólares y que hemos multiplicado más de tres veces, desde el  mínimo de 8.250 millones, registrados a comienzo de 2003 y que  respaldan un cambio flexible y una política monetaria prudente,  que no abandonaremos.

 

Concretamos, con esta medida, nuestra estrategia de reducción  de deuda, a un nivel compatible con nuestras posibilidades de  crecimiento y pago, ganando, además, grados de libertad para la  decisión nacional.

 

La deuda que cancelamos con el Fondo Monetario Internacional,  similar a la suma que ese organismo prestó para sostener un  régimen de convertibilidad, condenado al fracaso, ha resultado  lejos la más condicionante, aún cuando a diferencias de otros  países que experimentaron situaciones críticas no recibimos ayuda  del Fondo para superar la difícil situación que enfrentamos.

 

Esta deuda ha sido constante vehículo de intromisiones,  porque está sujeta a revisiones periódicas y ha sido fuente de  exigencias y más exigencias, que resultan contradictorias entre sí  y opuestas al objetivo del crecimiento sustentable.

 

Además, desnaturalizado como está en sus fines el Fondo  Monetario Internacional ha actuado, respecto de nuestro país, como  promotor y vehículo de políticas que provocaron pobreza y dolor en  el pueblo argentino, de la mano de gobiernos que eran proclamados  alumnos ejemplares del ajuste permanente. Nuestro pueblo lo  corrobora. En los últimos 30 años hemos visto avanzar la continua  dependencia de programas que Argentina acordó con el Fondo  Monetario Internacional. Formamos parte de la triste realidad de  integrar el grupo de países en los que esa institución ha aplicado  y monitoreado mucho de sus 150 planes de ajuste. El resultado ha  sido exclusión, pobreza, indigencia, la destrucción de aparato  productivo.

 

A la sombra de esos programas hemos visto concentración de  ingreso en unos pocos y chocados contra la imposibilidad de  combinar crecimiento macroeconómico con desarrollo social y pleno  empleo.

 

Hoy podemos decir que cada vez que nos endeudábamos, no sólo  nos debilitábamos ante el mundo, sino que fuimos perdiendo nuestra  capacidad de resolver.Esta lógica siempre defendida por adalides  locales de modelos que no tienen en cuenta ni las necesidades ni  las realidades de los pueblos, llevó a consolidar una verdadera  adicción al endeudamiento, en la que cada vez más nuestros  acreedores encarecieron sus intereses, endurecieron su auditoria,  su control y sus exigencias.

 

La más reciente experiencia argentina ha dado prueba  suficiente de que ese organismo internacional respaldó, primero,  verdaderos fracasos políticos y luego no aportó ni una moneda de  ayuda para la superación de la crisis ni para la reestructuración  de la deuda, que concretamos con la aceptación del mercado.

 

Antes bien, nosotros debimos abonar 6.484 millones de dólares  al organismo, sin que nos prestaran suma alguna, mientras  desembolsaron 3.000 millones de dólares, a dos meses de la caída  del Gobierno del Doctor De la Rúa. Esa misma experiencia puso en  evidencia  el desacierto de condicionalidades estructurales innecesarias y exigencias exageradas para un país en nuestra  situación.

 

Este pago anticipado entonces, que implica saldar una deuda no  podrá ser interpretado como un obstáculo en la relación con el  Fondo, y nos dará más fuerza y autoridad para seguir reclamando  una profunda reestructuración de ese organismo.

 

Nuestro reclamo de que esa institución cumpla un rol  contracíclico, que no es más que exigir el cumplimiento de la  finalidad para la que fue creado, evite el sistema de  condicionalidades cruzadas, aumente el grado de transparencia de  sus operaciones, reduzca el costo de su funcionamiento y mejore su  capacidad de préstamo, adquirirá aún mayor fuerza.

 

La República Argentina ha podido concretar exitosamente este  año el más gigantesco canje de deuda en cesación de pagos de la  historia mundial, y lo ha hecho en el marco de la concreción de la  quita más grande de su historia, que supera los 67 mil millones de  dólares. Por su complejidad, en cuanto a número de títulos,  monedas y jurisdicciones involucradas, por su monto, por las  particularidades de la situación mundial que determinaron la  ausencia de ayuda crediticia, por haberse realizado en el marco de  una reducción neta de la deuda con los organismos multilaterales  de crédito internacional, el proceso ha resultado único y  excepcional.

 

Por primera vez en la historia argentina un proceso de  reestructuración de deuda ha culminado con una drástica  disminución del endeudamiento del país.

 

El paso que damos hoy es de idéntica magnitud; hace dos años  y medio, al tiempo de asumir, ambos logros parecían imposibles de  alcanzar ni en el más temerario de nuestros sueños. Sin embargo,  entre todos los argentinos lo hemos logrado.

 

El pueblo argentino, paulatinamente, lo está logrando, nos  estamos demostrando lo que somos capaces de hacer juntos: una  integración más digna al mundo, y más inteligente, sobre la base  de la solidez que está adquiriendo nuestro país, dejando atrás un  modelo de irresponsable endeudamiento que nos aislaba.

 

Con equilibrio macroeconómico, en base a solvencia fiscal,  seriedad y transparencia en el manejo de las cuentas públicas,  fortaleceremos esa integración.

 

El Ministerio de Economía y Producción y el Banco Central de  la República Argentina tendrán a su cargo la ejecución en detalle  de las operaciones que concretarán el pago anticipado ante el  Fondo Monetario Internacional.

 

Estamos con este pago sepultando buena parte de un ominoso  pasado, el del endeudamiento infinito y el ajuste eterno.

 

Como  dijimos a comienzo del año ante la Asamblea Legislativa, tomamos  sobre nuestras espaldas, con decisión y convicciones, las  responsabilidades que el ahora reclama a quienes contamos en este  momento histórico con iniciativa política, ratificada, lo que  agradecemos profundamente, rotundamente en las urnas, el pasado 23  de octubre.

 

Queremos superar las terribles heridas que produjeron las  políticas herradas aplicadas en el pasado, queremos superar entre  todos con la frustración que nuestra crisis nos sumiera. Soñamos  con dejar a quienes nos sucedan un país mejor, donde el próximo  gobierno pueda dedicarse a consolidar, a imaginar, a crear, a  crecer con dignidad.

 

Nuestras crisis recurrentes han obstaculizado la permanencia  de las políticas correctas, nuestros errores han impedido que se  continúe el mismo rumbo. No queremos volver a ese pasado, queremos  con memoria, verdad y justicia construir las bases de un sólido  futuro.

 

Por eso incansablemente trabajamos con el objetivo de lograr,  para el final de nuestro mandato, que la desocupación, que ya en  octubre ronda el 10 por ciento, se ubique en un dígito; que la  indigencia que ya ha caído a la mitad, también se ubique en un  dígito; que la pobreza, que ha bajado significativamente, cuando  esté terminando nuestro mandato pueda estar en la mitad de la que  tuvimos cuando nos tocó empezar nuestra gestión, en el momento en  que asumimos, el 25 de mayo del 2003.

 

Lo estamos logrando después de haber crecido casi un tercio  del Producto Bruto Interno, con cifras anuales entre el 8 y el 9  por ciento, lo lograremos, si el año que viene, como confiamos y  lo hemos enviado presupuestariamente, podemos volver a crecer al 4  por ciento.

 

En el centro de la construcción de aquel futuro está  recuperación de la dignidad nacional, la revalorización de la  autoestima del pueblo argentino y la superación de la crítica  vacía, el mal augurio constante y el refugio en el escepticismo. Queremos dejar atrás el tiempo de la profecía autocumplida, que  apuesta siempre al fracaso de los demás y anuncia siempre que todo  va a salir mal.

 

Se trata de un paso largamente conversado con los señores  presidentes del MERCOSUR en general, y especialmente con el  presidente Lula Da Silva, a quienes agradecemos, como también  tenemos en cuenta el agradecimiento a la ayuda permanente a la  ayuda permanente recibida de la República Bolivariana de  Venezuela.

 

Queremos dar este paso, se trata de un paso trascendental,  que nos permitirá mirar sin imposiciones, con autonomía y  tranquilidad, sin urgencias impuestas, sin presiones indebidas la  marcha de nuestro futuro. Un paso que con toda responsabilidad nos  ayuda a construir un futuro más justo, inclusivo y equitativo, con  una mayor flexibilidad en el diseño y la ejecución de la política  económica, un paso que liberará recursos para afrontar con mejores  herramientas la lucha por el crecimiento, el empleo y la inclusión  social. Un paso que es ponerle fin a una época, un paso que  debemos dar todos juntos.

 

El saber que administrando con responsabilidad, con seriedad,  creyendo en el futuro de esta Patria, con los aciertos y errores  que tenemos todos los seres humanos, saber que a partir del 1   de  enero el trabajo argentino ya no va a ir más para pagar la deuda o  al Fondo en forma permanente.

 

Cuando estemos levantando las copas el 31 de diciembre  sabremos que el trabajo argentino estará volviendo a los  argentinos, y que el gran desafío será encontrar los caminos, no  de cruzarnos, no de tratar que el otro fracase, sino de imaginar,  de crear, de demostrarle al mundo que somos capaces de tener una  Argentina solidaria con el mundo, solidaria internamente, con  capacidad, con decisión, y que toda esa potencialidad que tiene la  podamos desarrollar.

 

Desde que empezamos nuestra gestión muchas cosas parecían  imposibles, desde el punto de vista institucional, económico,  desde el punto de vista de la verdad, de la memoria, de la  justicia. Claro que falta muchísimo, desde acá hacemos un llamado  permanente a que en la diversidad, en la pluralidad, en el  consenso, pensemos que la Argentina puede lograr muchas cosas. Pero no con la máquina de impedir y el no se puede, sino tratando  de superar y calificando cada propuesta que cada uno de nosotros  tenga. La calificación de la propuesta, prepararse y saber que  nadie es el dueño de la verdad absoluta, entender que cada uno de  nosotros tiene la verdad relativa.

 

Argentinos y argentinas, a quienes nos acompañan acá y a  quienes nos miran desde su casa: en esta temporalidad que nos toca  ejercer la iniciativa política en la Argentina estamos dejando  todo, tratando de hacer las cosas lo mejor posible. Les pido que  nos ayuden, porque el éxito no va a ser de un gobierno, va a ser  de todos los argentinos.

 

Un país que se desbarrancó por la acusación, la imputación  falsa y la descalificación, un país que tiene toda su  potencialidad en el campo empresario, sindical, en las entidades  libres del pueblo, en las organizaciones sociales, para crear un  destino distinto. Creo que entre todos lo podemos hacer, sí, desde  la diferencia, con pluralidad y con consenso. Todos nosotros  sabemos, los empresarios, los trabajadores, los gobernantes, las  organizaciones sociales, que a partir del 1 de enero ya por lo  menos sabemos que empezamos a recuperar el esfuerzo argentino.


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